Introducción
Nuestra historia
Éramos muy jóvenes cuando nos conocimos; ambos estábamos todavía en la búsqueda de nuestro camino en la universidad, pero tan pronto como nos encontramos, Sara y yo sentimos una atracción innegable que nos unió aún más. Primero nos hicimos amigos; hablábamos, conectábamos, disfrutábamos de estar juntos hasta altas horas de la noche, compartiendo historias, y nos poníamos atención como si fuera la primera vez que alguien nos escuchaba de verdad. Ambos experimentábamos una nueva sensación de alegría que se desataba cuando estábamos juntos. Nos sentíamos alejados de todos los demás, incluso alejados del tiempo, como si existiera en un espacio que era solo para nosotros dos. Nos encantaba estar en nuestro propio mundo, un lugar donde podíamos compartir nuestros secretos y pensar juntos. Era estimulante y, a veces, absorbente. Pronto, nuestros sentimientos mutuos crecieron, y la amistad ya no podía contener la profundidad de nuestra conexión. Después de solo dos semanas de ser oficialmente pareja, nos dijimos “te amo”; los dos lo decíamos muy en serio, pero ni ella ni yo nos dábamos cuenta aún de que el amor es más que un sentimiento: es una práctica que requiere intención, cuidado y habilidad.
Pasaron los meses, y las diferencias en nuestra capacidad de amar comenzaron a salir a la superficie de un modo doloroso y tenso. A menudo discutíamos con amargura; y respondíamos a la ira con ira; cada uno hacía todo lo posible por ganar cada pequeña batalla. La culpa se convirtió en nuestra forma habitual de comunicarnos. Proyectábamos nuestra tensión interna, nuestro estrés y nuestra irritación en el otro, y lo queríamos culpar cuando no nos sentíamos bien por dentro. No podíamos asumir la responsabilidad de nuestro mal humor e intentábamos sin descanso arrastrar al otro a la oscuridad que sentíamos en nuestra mente. Estos momentos de intensidad eran bastante frecuentes. Sentíamos mucho el uno por el otro, pero no sabíamos cómo cuidar nuestras propias emociones ni cómo apoyar la felicidad del otro. ¿No debería bastar con el hecho de que queríamos crear una vida juntos? Los dos sentíamos que algo iba mal, pero no lográbamos arreglarlo. ¿Por qué discutíamos siempre? ¿Cuándo se daría cuenta el otro de que tenía que comportarse mejor?
En nuestros primeros años juntos, nos vimos atrapados en un estado de confusión. Se sentía como un huracán emocional que se movía con diferentes niveles de intensidad. Con trabajos logramos superar ese período; de hecho, terminamos varias veces y nos tomamos algunas pausas porque no sabíamos si estar juntos era lo correcto para nosotros. Cada vez que terminamos y cada ruptura fueron breves porque no podíamos soportar estar separados, pero la dificultad era que tampoco sabíamos cómo estar juntos. En última instancia, decidimos que queríamos luchar juntos en lugar de estar separados. A pesar de que la discordia era frecuente, decidimos seguir enfrentándola con la esperanza de encontrar una forma mejor. Vivimos así durante seis años, navegando entre momentos de calma efímera y tormentas terribles.
La conexión era innegable, pero ninguno de los dos sabía cómo amar bien. No sabíamos por dónde empezar ni qué objetivo perseguir. No sabíamos que el equilibrio que buscábamos y la paz que tanto deseábamos no podían venir de que alguno se los diera al otro, sino que tenían que venir de dentro de cada uno de nosotros. Cultivar la paz y la compasión en nuestras propias mentes era la única forma de crear un puente entre nosotros que fuera lo suficientemente estable como para sostener una relación más enriquecedora. El inicio de nuestra relación fue tan tormentoso porque éramos completamente inconscientes de nuestros mundos interiores individuales y, por supuesto, no sabíamos que lo que sentíamos en nuestro interior influía siempre en nuestras percepciones y acciones. Ni ella ni yo nos dábamos cuenta de que la conexión por sí sola no podía llenar la inmensidad del amor y que la innegable atracción que sentíamos el uno por el otro no era suficiente para crear paz entre nosotros.
Es una mentira que las relaciones
deban de ser fáciles.
Tienes que aprender a amar al otro bien
pues la relación nos muestra un espejo
sobre las formas en que cada uno necesita crecer.
Aceptarlo es un gran reto.
Nuestra única experiencia del amor fue caótica porque ninguno de los dos entendía cómo nuestra falta de madurez emocional y conciencia de nosotros mismos creaba bloqueos que nos impedían relacionarnos de una manera más sabia y más compasiva.
Después de años de lucha, la respuesta llegó silenciosamente a nuestras vidas. Un querido amigo nuestro comenzó a meditar, y tanto Sara como yo sentimos un impulso instintivo de intentarlo también. Estábamos agotados por la tensión personal y de pareja y queríamos encontrar una respuesta al enigma del sufrimiento y la angustia que pesaban constantemente sobre nuestros días como individuos y como pareja. Estábamos cansados de la lucha y abiertos a intentar algo nuevo.
En ese momento, no podíamos saber que acabábamos de pasar a una nueva etapa en nuestra relación. Quiénes éramos y cómo actuábamos fue evolucionando poco a poco a medida que seguíamos asistiendo a retiros de meditación en silencio, y finalmente cada uno de nosotros comenzó su propia práctica diaria. Pequeños fragmentos de paz comenzaron a entrar lentamente en nuestras vidas, pequeños rayos de luz comenzaron a iluminar la abrumadora oscuridad que ambos llevábamos dentro. Meditar no solo nos ayudó a ser mejores versiones de nosotros mismos, sino que esa conciencia de nosotros mismos que ambos estábamos cultivando comenzó a motivarnos a tratarnos con más delicadeza. La sanación que experimentábamos desde lo más profundo se traducía en mentes más tranquilas, mayor presencia y más compasión por nosotros mismos y por el otro. El juego de culparnos mutuamente en el que estábamos atrapados se reveló con el tiempo como del todo contraproducente. No era necesario que cada discusión terminara con un ganador y un perdedor claros; la luz de la conciencia reveló que lo que en verdad faltaba era escuchar con sinceridad y comprender.
Sabes que la conexión es especial
cuando la persona que quiere estar contigo
también entiende que necesita
poner energía en aprender
a amarte bien.
Sabe que el amor no es automático,
sino que surge de la escucha profunda
y de hacer todo lo necesario para satisfacer
tus preferencias de un modo que se sienta genuino.
Meditar lo cambió todo para nosotros. Nos enseñó a amar mejor, y lo hizo ayudándonos a ambos a cultivar cualidades mentales que nos faltaban, como la conciencia, la capacidad de no reaccionar y la compasión. Éramos conscientes de estos conceptos y acciones, pero eran cualidades de la mente que, por desgracia, estaban poco desarrolladas. Gran parte de la infelicidad que compartíamos provenía de nuestra incapacidad para dar espacio a nuestras propias emociones difíciles. Ambos comenzamos a meditar como una forma de alcanzar la paz interior; no nos dimos cuenta de que este entrenamiento mental era también el remedio que nuestra relación necesitaba con desesperación. Carecíamos de la conciencia necesaria para ver que nuestro dolor interior estaba intrínsecamente ligado con nuestra lucha exterior y nos hacía reaccionar de forma inconsciente con tensión el uno hacia el otro.
Meditar no lo solucionó todo de inmediato. Pero la verdad es que aplicar la meditación a nuestra vida cotidiana durante un largo periodo (muchos años) es lo que en última instancia transformó nuestra relación para mejor. A medida que cada uno de nosotros crecía en la práctica de la meditación, a medida que aceptábamos más responsabilidad por cómo nos sentíamos y comprendíamos mejor lo que en verdad necesitábamos el uno del otro para prosperar como pareja, la paz empezó a entrar poco a poco en nuestra relación.
Nuestra relación hoy en día no es perfecta. Seguimos discutiendo y discrepando de vez en cuando, pero ahora tenemos la fortaleza interior para apoyarnos con compasión mientras procesamos lo que sentimos. Las discusiones ya no se convierten en huracanes, sino en oportunidades para que ambos nos escuchemos por turnos y podamos intentar ver más allá de nuestras propias perspectivas, llegando a la raíz auténtica de lo que nos molesta. No esperamos que nuestra relación sea eternamente pacífica y alegre, pero ahora tenemos las herramientas para navegar por los momentos difíciles con mayor facilidad y rapidez.
El poder de la meditación no solo reside en el hecho de que nos ayudó a sanar de forma en verdad profunda a nivel personal y, con el tiempo, nos unió como pareja de una manera más armoniosa, sino que también aclara ciertas verdades universales que pueden aplicarse a las personas y a las relaciones.
He pasado los últimos doce años meditando de manera seria. Durante ese tiempo, completé más de doce mil horas de práctica. No me considero en absoluto un experto. De hecho, me beneficia mucho más verme como un estudiante perpetuo, y espero seguir meditando en el futuro para poder continuar creciendo y aprendiendo. Aun así, esta dedicación a la práctica interior ya ha transformado mi vida y me ha ayudado a adentrarme con confianza en el mundo de la escritura. Bajo el seudónimo de Yung Pueblo, he centrado mi escritura en la intersección entre el crecimiento personal y las relaciones. Considero que la atención que prestan a mis escritos es una responsabilidad que asumo de todo corazón. Quiero tratar su confianza con sinceridad y delicadeza. Lo que puedo ofrecerles son los conocimientos y las exploraciones que han traído paz a mi mente y a mi vida, y más armonía a las relaciones que aprecio.
En este libro ofrezco mis reflexiones sobre el amor. El tema principal del libro será exactamente lo que indica su título: Cómo amar mejor. Aunque me centraré en el amor de pareja, todo lo que aquí se expone puede aplicarse a todas las relaciones importantes de nuestra vida. Todos sabemos algo sobre el amor porque somos seres humanos. Y todos conocemos las diferentes emociones: las experimentamos a diario, luchamos con ellas, las disfrutamos y aprendemos de ellas. El propósito de este libro gira en torno al hecho de que, aunque estamos familiarizados con nuestro propio abanico emocional, podemos beneficiarnos al mejorar nuestra comprensión de nosotros mismos y de cómo nos relacionamos con lo que sentimos. Al conocerte mejor a ti mismo, podrás amar mejor a tu pareja y permitir que el amor impulse tu crecimiento personal. El amor y el crecimiento deben ir de la mano para que la armonía sea una posibilidad real en una relación.
La relación, sin duda, es el espejo en el que te descubres a ti mismo… Ser es relacionarse; relacionarse es existir.
—Jiddu Krishnamurti
El amor tiene la forma
y la cualidad del agua.
Es al mismo tiempo
fluido y poderoso.
Puede adaptarse y rugir con fuerza,
o nutrir en silencio.
No busques
a alguien “perfecto”,
busca a alguien
que no tenga miedo a crecer.
Los comienzos de las relaciones
no siempre son fáciles.
Aunque la conexión sea intensa,
es necesario aprender intencionadamente
a amarse bien.
1
Cómo ayudar a que el amor fluya
El amor es uno de los sentimientos más puros que puede experimentar un ser humano, pero es demasiado enigmático como para darle una definición concreta. Es como intentar atrapar el agua con las manos: los límites exactos del amor son, con razón, difíciles de definir, pero aun así, podemos acercarnos a expresar con palabras su profundidad.
El amor es un sentimiento poderoso y liberador, que emana e irradia por todo tu cuerpo. El amor es una luz que puede brillar intensamente desde tu interior incluso cuando estás solo, y también es una luz que se intensifica entre dos personas cuando la atracción entre ellas es innegable. El amor es una energía que te motiva a actuar. Ayuda a la mente a ver con claridad y desinterés. El amor te ayuda a conectar con tu fuerza y tu valentía. Te permite decir aquello que antes temías expresar. El amor puede ayudarte a decir “no” y, del mismo modo, puede ayudarte a decir “sí” con todo el corazón. Te ayuda a discernir lo que es importante y lo que no lo es.
En el panteón de las emociones humanas, el amor se erige como la experiencia más preciada. Es algo que buscamos de forma activa y pasiva. Podemos buscarlo en forma de amor propio como una manera de sanarnos y liberarnos, o en forma de una relación sana y enriquecedora. En cualquier caso, alcanzar alguna de estas formas de amor proporciona un gran nivel de descanso, consuelo y felicidad a nuestro ser. Todas las amistades y relaciones cercanas en las que invertimos energía y atención también forman parte de los cimientos de nuestra vida. Somos seres relacionales: no solo dependemos de los demás para sobrevivir, sino que prosperamos en las relaciones con los demás.
El amor no es algo pequeño. Es la energía del amor la que a menudo cambia vidas e incluso la historia misma. El amor tiene el poder de derribar muros y abrir puertas. También tiene el poder de preservar, crear límites y tomar decisiones difíciles. El amor es profundamente personal y muy situacional. La forma en que una persona se ama a sí misma puede ser totalmente diferente de cómo otra persona activa el amor propio en su vida. La manera en que una pareja expresa el amor puede estar a años luz de la de otra. Aunque el amor puede parecer distinto para cada persona, siempre tiene esa cálida sensación de seguridad y libertad cuando se hace realidad.
El propósito de este libro es explorar en profundidad cómo se manifiesta el amor en las relaciones de pareja y responder a la pregunta: “¿Cómo puedo amar mejor?”.
Dónde luchamos y cómo nos levantamos
La verdad profunda es que la mayoría de los seres humanos no llegan a una relación sin haber sufrido los altibajos de la vida. Desde la infancia hasta la edad adulta, la vida deja su huella en tu mente muchas veces, y estas huellas se transforman en patrones que a menudo son mecanismos de defensa o tácticas defensivas que adoptaste mientras estabas en modo de supervivencia. El dolor acumulado moldea tu forma de percibir la realidad e incluso puede levantar muros que hay que derribar para poder amarte plenamente a ti mismo y a los demás.
Para que seas capaz de amar bien a tu pareja, es necesaria una profunda reflexión en la que te des cuenta de que cómo te amas y te sanas a ti mismo, y cómo esto tiene una conexión directa con la forma en que te relacionas. La relación que tienes contigo mismo tiene un claro impacto en la relación que tienes con tu pareja. Si quieres amar mejor a tu pareja, entonces necesitas desarrollar un enfoque en dos vertientes:
1. Mejorar tu relación contigo mismo dejando atrás el peso que llevas en tu mente.
2. Trabajar para cambiar externamente tus comportamientos, de modo que favorezcan una relación armoniosa.
El amor no es fácil y, sinceramente, requiere mucho trabajo. El amor es un poderoso espejo en el que no puedes evitar verte con claridad; te muestra cómo has crecido y en qué dirección debes crecer. Estar en una relación no se trata de vivir en un torrente constante de placer. Hasta las relaciones más sanas estarán llenas de altibajos y de retos imprevistos. Por supuesto que una relación debe proporcionar comodidad, alegría y una sensación de seguridad, pero también debe convertirse en combustible para tu evolución. Una vez que aceptas tu crecimiento, la nueva armonía que comienza a fluir dentro de ti te ayudará a mantener la armonía en tu relación.
Una de las cosas internas más importantes que hay que superar para que el amor fluya mejor entre dos personas es el apego. La mente humana tiene una poderosa tendencia a desear que las cosas sean tal cual de la manera que nos gusta, pero a veces esta tendencia convierte un deseo inocuo en un apego tan fuerte que ha acumulado tanta tensión mental que nos sentimos molestos cuando la realidad se desvía de lo que imaginábamos inicialmente. El impulso de disponer las cosas a nuestro gusto puede convertirse en control si no se contiene. El amor está destinado a brindar una sensación de libertad cuando estás con tu pareja, pero el apego puede arruinar esa sensación cuando insistes en que las cosas ocurran como tú quieres.
La clave de la armonía en una relación es encontrar el balance entre asegurarte de que se satisfacen tus necesidades genuinas y establecer compromisos claros y voluntarios que ayuden a apoyar la felicidad del otro. Ambos saben que no pueden hacer directamente feliz al otro, porque la felicidad es algo que surge de la mentalidad personal, pero juntos pueden crear las condiciones y el entorno donde sea más fácil sentir alegría y plenitud en presencia del otro. Una pareja puede traer mucha alegría a tu vida, pero solo tú puedes aclarar tu perspectiva para permitir que la alegría entre y experimentes la felicidad con mayor frecuencia.
Establecer estos compromisos ayuda a reducir el apego y la confusión. Los compromisos son la aplicación de una comunicación honesta y abierta para que ambos aprendan cómo amarse bien expresando sus necesidades. Cuando escuchas las necesidades del otro, puedes conectar contigo mismo y ver qué de todo eso encaja contigo y si puedes comprometerte a ello. Esto les permite a ambos mostrarse en su relación de una manera que se siente impulsada por el deseo de amar bien a su pareja, en lugar de sentirse presionados por ella para comportarse de una determinada manera.
Forzar, controlar, ser posesivo, manipular y demás son todas variaciones del apego. Son obstáculos inconfundibles que impiden que el amor fluya y crean presión en la relación, lo que acaba rompiendo la conexión. El amor está destinado a elevar, una relación está destinada a nutrir, y el apego hace lo contrario. Es un enfoque egocéntrico de la relación que puede acabar con algo maravilloso antes incluso de que haya comenzado.
Si crees que una relación
debe ser un escape
o que solo debe ser gozosa,
entonces no has entendido.
El amor es suave y nutritivo,
pero también es duro y revelador.
Te mostrará los aspectos de ti mismo
en los que debes trabajar.
El altruismo es uno de los elementos más importantes del amor. Esto significa conocerte lo suficientemente bien como para ver más allá de tu propio ego, tus deseos y tus apegos, y ser capaz de entrar en la relación con la intención de hacer de la felicidad de tu pareja una prioridad tan importante como la tuya. El altruismo te ayuda a nutrir el equilibrio entre dar y recibir: es importante que los miembros de la pareja trabajen en estas cualidades. Ambos deben ser capaces de dar para que el otro se sienta cuidado, y ambos deben ser capaces de recibir para que el esfuerzo de su pareja no sea en vano. El altruismo es lo que permite que la paciencia, la escucha y la comprensión prosperen de verdad.
Tres cualidades fundamentales que pueden ayudarlos a amar mejor
1. Amabilidad. La amabilidad está infravalorada y es clave para que le demuestres a tu pareja que te importa. Tratar a tu pareja como a un amigo y a un ser querido, incluso cuando atraviesan momentos difíciles, es una clara muestra de amabilidad. Cuando surge una discusión, es posible que tengas que recordarte a ti mismo que tu pareja no es tu enemigo, que no es una lucha de tú contra él o ella, sino que en realidad son ustedes dos en contra de sus propias diferentes interpretaciones o falta de comunicación.
Ser amables como un medio de interacción entre ustedes es una señal directa de su amor. La amabilidad es una forma de gentileza que ayuda a suavizar sus acciones. Dado que tu pareja es tu compañero más cercano en la vida, con quien pasas más tiempo, tiene sentido tratarla con amabilidad de forma intencionada.
Es fácil estancarnos en modos en los que muchas veces le damos a nuestra pareja lo peor de nosotros mismos. Nos ve cuando estamos más enojados o molestos, y en realidad esto se debe a que nos sentimos tan cómodos con ellos que por fin podemos bajar la guardia y ser nuestra versión más auténtica. Nuestra pareja nos ve cuando estamos abrumados y exhaustos, ve las partes más ásperas de nuestro carácter, y en realidad es muy hermoso poder mostrarnos vulnerables con ella, pero es necesario que haya un equilibrio para que ella también puedan disfrutar de lo mejor de nosotros.
Y así como podemos mostrarnos ante nuestra pareja con las partes más crudas de nuestras emociones, debemos tratarla con amabilidad de forma intencionada para que la relación no se vea abrumada por los momentos bajos.
2. Crecimiento. Una de las mejores maneras de amar mejor a tu pareja es aceptar el crecimiento y el desarrollo como un viaje que dura toda la vida. Cuando tienes la humildad de darte cuenta de que te queda mucho por aprender y que puedes beneficiarte mucho cuando sales de tu zona de confort, tu evolución personal se producirá de forma más natural.
Esta capacidad de acoger el crecimiento en tu vida es uno de los mayores regalos que puedes hacerte a ti mismo y a tu pareja. Nadie entra en una relación completamente sanado, sabio o perfecto en su capacidad de amar. El amor verdadero requiere aprender, adaptarse, dejar ir y alcanzar nuevos niveles de paz y comprensión.
En especial, cuando se busca una relación seria, esta cualidad es la más positiva de todas. Nadie es perfecto y todos cometemos errores, pero encontrar a alguien que asume su responsabilidad y está dispuesto a corregir sus errores y a superar sus límites demuestra que es más probable que tenga la fuerza interior y las habilidades necesarias para superar los momentos difíciles de una relación.
Cuando los dos miembros de la pareja aceptan el crecimiento, florece la verdadera magia. Sin esta cualidad, los momentos difíciles de la relación se convierten en obstáculos insuperables. Con ella, puedes ver las dificultades, examinar por qué existen, comprender el papel de cada uno en este reto y cultivar nuevas cualidades que los ayuden a perseverar y alcanzar un nuevo nivel.
El amor no es estático, fluye. El amor ama el cambio. Cuando cada uno puede aceptar que son seres en constante cambio, es más fácil adaptarse cuando sus preferencias y comprensiones evolucionan a medida que pasan tiempo juntos. Quienes son al comenzar su relación no son quienes serán a medida que su relación avance en el río del tiempo. El cambio es inevitable y, si lo permiten, puede fortalecer aún más su amor.
Esto tiene sentido cuando te das cuenta de que la relación pasará por diferentes etapas, y que la forma en que se aman en una etapa puede cambiar en otra. El compromiso con el crecimiento facilitará la transición de una forma de amarse a otra. En especial si llevan juntos años o décadas, la forma en que se demuestran su amor tendrá que adaptarse para satisfacer sus cambiantes preferencias. Los seres humanos estamos orientados por naturaleza al cambio; ya sean pequeños o grandes, los cambios siempre están ocurriendo.
Una mentalidad orientada al crecimiento les ayudará a ser lo suficientemente flexibles como para ver el amor como un proyecto a largo plazo y a ustedes mismos como eternos estudiantes.
3. Compasión. Esta es probablemente la diferencia más grande e importante entre las relaciones que tienen armonía y las que no. Una forma esencial de mostrar compasión es practicar de forma intencionada ponerse en el lugar de tu pareja. Intenta ver el mundo y las situaciones de forma desinteresada a través de sus ojos. Se necesita mucha humildad y fuerza para dejar de lado tu propia perspectiva por un momento y ponerte en el lugar de tu pareja, sobre todo cuando atraviesan momentos difíciles o están en medio de una discusión.
La compasión es una habilidad muy necesaria porque te ayuda a descubrir cuáles son tus propios bloqueos. Cuando sales de tu propia perspectiva, puedes ver más, literalmente. Es más fácil quedarte con tu propio punto de vista, pero el amor te desafía a crecer tomando en serio las emociones de tu pareja. Si solo puedes ver las cosas a tu manera, te costará mucho apoyar la felicidad de tu pareja.
La compasión no solo te ayuda a ver mejor a tu pareja, sino que también te ayuda a conocer su mente y su corazón. La compasión es la energía que utilizas para aprender más sobre su historia emocional; te ayuda a estudiarla para que puedas familiarizarte con sus detonantes y sus preferencias. Sin compasión, tu pareja seguiría siendo un misterio para ti. La comunicación siempre es parte de la solución, pero no se habla lo suficiente de la importancia que tiene ponerte en su lugar para ver desde su perspectiva, que es igual de importante que la tuya.
La compasión está íntimamente relacionada con la amabilidad porque ambas contienen el elemento de la gentileza, pero la compasión va más allá pues combina la gentileza con una perspectiva más amplia y la acción. No solo intentas comprender mejor a tu pareja, sino que también intentas actuar en función de lo que sabes de ella.
Por supuesto, estas tres cualidades solo funcionan si los dos se esfuerzan activamente por cultivarlas. Las relaciones unilaterales, en las que una persona asume toda la carga emocional, suelen ser insostenibles. Esto no significa que ambos tengan que comportarse de la misma manera o tener las mismas preferencias. Sin duda, cada uno tendrá sus puntos fuertes en la relación, pero debe haber equilibrio y la sensación de que ambos están recibiendo lo suficiente. Se necesitan dos para alimentar una relación y que esta realmente funcione.
Para muchas personas, las relaciones sanas en las que se fomenta la conciencia de uno mismo, en las que la comunicación es clara y abierta, en las que se da la bienvenida al crecimiento, son un fenómeno novedoso. Parece que vivimos en una época en la que millones de personas en todo el mundo están aprendiendo a quererse mejor a sí mismas y a los demás. Estamos tratando de romper con la vieja idea del amor, según la cual nuestras relaciones deben ser siempre perfectas y facilitarnos la vida, para adoptar una visión más matizada y realista del amor. El tipo de amor en el que no tenemos miedo de los momentos difíciles y los retos, porque sabemos que superarlos elevará el amor que se comparte entre dos personas.
Muchos de los medios de comunicación y los cuentos de hadas sobre el amor ocultan la realidad de que el amor requiere mucho esfuerzo para que sea vibrante. Dos personas pueden sentirse enamoradas, pero cada vez somos más los que entendemos que se necesita tiempo para aprender realmente a cuidarnos el uno al otro. También estamos aprendiendo lo importante que es conocernos a profundidad para que nuestro pasado no nos impida amar plenamente a nuestra pareja. El amor no crea un hogar de inmediato, sino que debe construirse con cuidado y de forma intencionada por dos personas pacientes que se sienten seguras para mostrarse tal y como son con el otro. El amor es un viaje.
Las relaciones que nutren
no surgen sin esfuerzo.
Hay que diseñar una cultura
que tome en cuenta las historias emocionales,
las necesidades, los estilos de comunicación,
las metas de cada uno y algo más.
Ser abierto sobre la forma
en que quieres ser amado
prepara a tu pareja para el éxito.
Cómo amar mejor
Entramos en una relación con muchas imperfecciones. Dependiendo de la persona y de su historia emocional, puede haber una gran variedad de cuestiones internas sin resolver: heridas del pasado, patrones de comportamiento negativos, expectativas poco realistas, temores, etcétera. Hay muchas cosas que pueden bloquear el flujo del amor y dificultar que conectemos de manera profunda.
Dado que el ego es tan predominante en la vida cotidiana, impedirá de forma natural y constante el altruismo, la amabilidad y la paciencia necesarias para mantener la armonía en una relación. El apego y el deseo de control, que están entrelazados con el ego, son también obstáculos que cada individuo debe ir superando de forma gradual si quiere disfrutar de una relación serena y satisfactoria.
En muchos sentidos, una relación es una oportunidad para aprender a amar mejor. Cuando aceptamos este enfoque, resulta más fácil usar las lecciones que surgen para transformar nuestro comportamiento, en beneficio propio y de nuestra pareja. Aunque el amor implica sus propios desafíos, la profundidad de la conexión crea un incentivo inmediato para intentar trabajar en nosotros mismos, y así poder tratar mejor a nuestra pareja y darle a la relación una mejor oportunidad de prosperar.
Nueve estrategias que pueden ayudarles a amar mejor
1. Cuando ambos se toman en serio su propia sanación, la relación sale ganando. Tú y tu pareja llevan a cuestas el bagaje de su pasado. Aunque no hayan experimentado un trauma profundo, existen tendencias y patrones que se desarrollaron con el tiempo porque la forma en que reaccionan se acumula en la mente. Cuando aprenden a soltar, pueden evitar que los patrones improductivos del pasado tomen el control. Desarrollar el amor propio es la base necesaria que sustentará todas las relaciones de tu vida. Aprender lo que necesitas hacer para cuidar de ti y ponerlo en práctica de forma constante para que puedas mostrar la mejor versión de ti mismo no es egoísmo. Recuerda que tú y tu pareja pueden necesitar diferentes herramientas de sanación, pero asegúrate de utilizar algo que en verdad te haga más consciente de ti mismo y que te dé ligereza mental. La meditación y la terapia han ayudado a millones de personas. Encuentra lo que funciona para ti.
2. Entra en la relación sabiendo que tendrás que crecer para que funcione. Aceptar tus imperfecciones es un superpoder que abre la puerta a la evolución personal. Las relaciones de pareja pueden ser un poderoso catalizador para el crecimiento cuando aceptas el reto. Tan pronto como empiece la conexión, comienza a reflexionar sobre tus principales patrones del pasado y piensa en lo que puedes hacer de forma diferente esta vez para crear un entorno próspero entre tu pareja y tú.
3. No todo es culpa del otro. Es muy fácil que la tensión distorsione tu razonamiento y que culpes a tu pareja cada vez que surge un conflicto. A veces tu pareja cometerá errores y te pedirá perdón, pero en ocasiones, serás tú quien cometa errores y tendrás que disculparte. Ser capaz de reconocer y asumir que fuiste tú quien inició una discusión es una gran señal de fortaleza interior. Cuando los dos son capaces de reflexionar en sí mismos y de tratar de encontrar la verdadera raíz de la tensión, esto ayuda a disminuir la intensidad de una discusión.
4. En medio de una discusión, recuerda que se trata de la persona que amas y que no es tu enemigo. Tu pasado puede nublar tu percepción y puede hacer que te pongas a la defensiva. Aprende a salir del modo de supervivencia. Ser capaz de mantener los pies en la tierra puede ayudarte a dejar ir el enojo y pasar de tener una discusión a simplemente escuchar la versión del otro para poder encontrar un término medio saludable. Reformula tu idea de una discusión: deja de verla como una batalla y considérala una oportunidad que les ayudará a comprenderse mejor.
5. Si ambos se centran en dar, cada uno recibirá más. Esto solo funciona si ambas personas están de verdad comprometidas a cuidar de su pareja de muchas maneras. Solo con las manos abiertas se puede dar y recibir; el amor es una expresión activa de este sentimiento. La forma en que se dan el uno al otro puede no ser siempre la misma, ya que cada persona tiene diferentes fortalezas y preferencias.
6. Actúa con honestidad y amabilidad. La verdad, aunque sea difícil de decir o de aceptar, al final los acercará más. Las mentiras y las verdades ocultas crean bloqueos en su relación. La verdad debe expresarse de manera compasiva y con tacto. Hablarse con amabilidad, aun cuanto estén en un momento de tensión, les ayudará a mantener la calma.
7. Pregúntense mutuamente “¿Cómo puedo amarte mejor?” y actúen en consecuencia. Es útil recibir información directa de tu pareja porque, al igual que tú, es un ser en constante cambio. Sus preferencias cambiarán poco a poco con el tiempo y conocerlas te ayudará a brindarle un mejor apoyo en sus momentos buenos y difíciles. Las relaciones pasan por diferentes etapas, por lo que es bueno hacer un balance periódico.
8. Considérense mejores amigos; esto les ayudará a tener una comunicación profunda y agradable. Intenten no caer en la rutina de hablar solo de temas mundanos, como el trabajo y las tareas domésticas; por supuesto que son importantes, pero hay mucho más que explorar juntos. Sigan aprendiendo el uno del otro mediante conversaciones sobre sus creencias, examinando cómo su pasado ha influido en su presente, qué está pasando en el mundo, cómo creen que funciona el universo, sus objetivos futuros, las direcciones en las que les gustaría crecer y cualquier otro tema que sea enriquecedor y estimulante.
9. No intenten controlarse el uno al otro. El amor siempre se tratará de libertad. Las relaciones sanas mantienen vivo el sentimiento de libertad. Por supuesto, diseñarán su vida juntos y se comprometerán voluntariamente el uno con el otro de formas que les hagan sentir bien a ambos, pero ninguno debería sentirse nunca coaccionado o como si no tuviera voz ni voto en la manera en la que vive su vida. En última instancia, son dos individuoss que están creando un hogar juntos, pero ambos tienen sus propias vidas de las que ocuparse. Son dos arroyos que han elegido fluir juntos, lado a lado. Amarse mejor se trata de apoyar mutuamente la felicidad del otro.
El amor no es solo comodidad, también es crecimiento. Negarse a entender esta verdad es lo que rompe muchas relaciones. Muchas veces pensamos en el amor en términos de lo que queremos de él, pero no en términos de las formas en que necesitamos crecer para nutrirlo. Las relaciones son intrínsecamente reveladoras, en especial cuando la conexión es profunda e innegable. Lo complicado es que puedes sentir amor por una persona sin saber cómo practicar el amor de una manera que sea mutuamente satisfactoria y edificante. El otro reto es que la práctica del amor consiste en que dos personas creen un mundo para ellos mismos que no solo sea generativo y enriquecedor, sino que también esté diseñado para satisfacer las necesidades, los deseos y los compromisos únicos y personales de su relación. Sin importar cómo evoquen la práctica del amor, es necesario comprender que el amor les mostrará dónde necesitan crecer. Les ayudará a ver las partes de cada uno de ustedes que necesitan más luz y les dará la oportunidad de cultivar hábitos y estilos de comportamiento que produzcan armonía y comprensión. Si quieren amar bien en el presente, tendrán que trabajar para dejar atrás el pasado.
Preguntas para reflexionar
•¿Cómo es tu relación ideal? ¿Cómo se siente?
•¿Eres capaz de ver las perspectivas de los demás?
•¿Qué has aprendido sobre ti mismo que te ha ayudado a mejorar en tu relación?
•¿Qué necesitas para sentirte amado?
•¿Tu pareja y tú se preguntan mutuamente “cómo puedo amarte mejor”? Si aún no lo hacen, ¿se atreven a hacerlo?