Introducción
Capítulo 1: Conociendo a los estoicos antiguos
Capítulo 2: Un CEO conoce a los estoicos
Capítulo 3: El control según los estoicos
Capítulo 4: Entendiendo el control
Capítulo 5: ¿Qué es el carácter?
Capítulo 6: Construyendo integridad como líder
Capítulo 7: Animales sociales
Capítulo 8: El equipo estoico en los negocios
Capítulo 9: Enfrentando retos
Capítulo 10: El camino para convertirse en un líder estoico
Capítulo 11: Decidir de manera estoica
Capítulo 12: Reflexiones sobre la toma de decisiones
Capítulo 13: Reflexión sobre el tiempo
Capítulo 14: La gestión de tiempo del CEO estoico
Capítulo 15: El panorama general
Capítulo 16: Una visión estratégica desde lo alto
Capítulo 17: Pasos a seguir
Capítulo 18: La disciplina estoica diaria
Capítulo 19: Reflexiones finales
Lecturas adicionales
Agradecimientos
Notas

El empresario y excandidato presidencial estadounidense Steve Forbes describió Meditaciones, la colección de escritos personales del filósofo estoico y emperador romano Marco Aurelio, como “una lectura obligada para los líderes empresariales”.1 El expresidente de Estados Unidos Bill Clinton afirmó en una ocasión que Meditaciones era uno de sus libros favoritos.2 Antes, en el siglo XVIII, el emperador prusiano Federico el Grande describió a Marco Aurelio como “Mi héroe, mi modelo”.3 Tiene sentido que las personas en puestos de poder y liderazgo se sientan atraídas por las obras de grandes líderes del pasado; sin embargo, lo más sorprendente es que las Meditaciones de Marco Aurelio contienen pocos fragmentos que hablen directamente sobre cómo ser un gran líder. No ofrecen información relevante sobre cómo gobernó el Imperio romano. Lo que encontramos, en cambio, son reflexiones profundamente personales sobre cómo sobrellevar los altibajos de la vida y cómo ser una buena persona, pensamientos inspirados en la sabiduría y las enseñanzas de la filosofía estoica. La respuesta personal de Marco a la pregunta de cómo ser un buen líder era simple: ser estoico. Esto no significaba ser “estoico” en el sentido común del término, sino seguir las enseñanzas de la antigua escuela griega del estoicismo.
Otros filósofos estoicos sí hablaron de lo que significa ser un buen líder. El estoico romano Musonio Rufo, durante la visita de un rey sirio, declaró que era fundamental que cualquier persona que ocupara un lugar de liderazgo estudiara filosofía, en específico, la filosofía estoica.4 Musonio sostenía que un buen líder debía desarrollar lo que los estoicos llamaban “las cuatro virtudes cardinales”: justicia, templanza, valentía y sabiduría. El papel de un líder consiste en asegurarse de que el país, la organización o la empresa a su cargo prospere y de que las personas también lo hagan. Pero, pregunta Musonio, ¿cómo puede alguien liderar de esta forma sin saber discernir con claridad entre lo bueno y lo malo? Un buen líder debe tratar con justicia a las personas dentro y fuera de su organización; necesita ser justo y, por tanto, debe entender qué es la justicia. Necesita tomar decisiones con autocontrol, es decir, tener la virtud de la templanza o moderación. En ocasiones, tendrá que tomar decisiones difíciles y eso requerirá valentía. Lo más importante es que deberá desarrollar su habilidad para decidir, convirtiéndose así en un experto en tomar decisiones desde la calma, de forma racional e informada. Esa es la virtud de la prudencia o la sabiduría.
En este libro te presentaremos las ideas fundamentales del estoicismo y te mostraremos cómo pueden practicarse en el contexto del liderazgo empresarial. Para ello, nos basaremos en nuestras diferentes experiencias: John es un académico que ha pasado las últimas décadas leyendo, escribiendo y enseñando la teoría del estoicismo, mientras que Justin se ha beneficiado de las ideas estoicas a lo largo de su carrera, primero como CEO exitoso durante décadas y hoy como presidente de varias empresas. Los capítulos se alternan entre las experiencias de ambos y se organizan en torno a una serie de temas clave. En un inicio aprenderás las ideas del estoicismo antiguo y luego verás cómo aplicarlas en un entorno empresarial. A lo largo del camino, reflexionaremos sobre las ideas de algunos estoicos, especialmente de Marco Aurelio, tomando ejemplos de cómo aplicaron el estoicismo en el mundo antiguo. Nosotros no vemos a estas figuras históricas como modelos ideales a seguir, sino como seres humanos imperfectos que, igual que nosotros, hicieron lo mejor que pudieron para enfrentar los desafíos de su vida tanto en el terreno personal como en el profesional. No creemos que estas dos cosas puedan separarse completamente —nunca se trata “solo de negocios”—, por lo que el camino para convertirse en un mejor líder también es el camino para convertirse en un mejor ser humano. ¿Qué meta podría ser más importante?
John Sellars

Nosotros los estoicos no somos súbditos de ningún tirano; cada uno reclama su propia libertad.
Seneca, Cartas 33.4

Zenón: hijo de un comerciante de Chipre y fundador del estoicismo.
Cleantes: segundo líder de la Stoa. Fue boxeador y trabajaba de noche regando jardines para poder filosofar durante el día.
Crisipo: tercer líder de la Stoa, originario de Turquía. Tenía un intelecto formidable y fue un lógico notable.
Diógenes de Babilonia: inmigrante del Medio Oriente que llegaría a ser líder de la Stoa.
Antípatro: originario de Tarso, hoy Turquía, quien también llegaría a ser líder de la Stoa.
Panecio: originario de la isla griega de Rodas, asociado con el famoso general romano Escipión el Africano.
Séneca: principal representante del estoicismo romano, originario de España. Tutor del joven Nerón y, más tarde, su consejero.
Musonio Rufo: estoico romano activamente involucrado en la política, que enseñó en Roma.
Epicteto: esclavo originario de Turquía que obtuvo su libertad, asistió a las lecciones de Musonio y fundó su propia escuela de filosofía en Grecia.
Hiérocles: escritor cuya actividad intelectual data aproximadamente de los primeros siglos después de Cristo. Autor de Elementos de la ética.
Marco Aurelio: emperador romano y autor de Meditaciones.
No existe algo como el estoicismo; solo existen los estoicos. Esto sucede en dos sentidos. Primero, la filosofía estoica floreció en la Antigüedad durante unos quinientos años, y cada uno de sus exponentes principales interpretó las ideas fundamentales a su manera, abandonando los elementos que consideraba menos convincentes y adaptándolos según sus propias circunstancias y experiencias de vida. No existe una fuente única ni una autoridad que establezca de manera categórica qué es el estoicismo. Segundo, aunque los antiguos estoicos desarrollaron teorías complejas sobre una gran variedad de temas —desde la cosmología y la meteorología hasta la lógica y la gramática—, para ellos, y para muchos otros pensadores de la Antigüedad, la filosofía se trataba en esencia sobre cómo vivir. Era algo que debía ponerse en práctica en la vida propia. Como lo comentó Séneca, uno de los estoicos más notables, la filosofía no se trata —ni debería tratarse— de palabrería compleja, sino que “moldea y construye el alma, ordena nuestra vida, guía nuestra conducta, nos muestra lo que debemos hacer y lo que debemos dejar sin hacer”.1 El objetivo es vivir una vida estoica; convertirse en un estoico.
Marco Aurelio es probablemente el estoico más famoso y Meditaciones es, sin duda, el texto estoico más leído en la actualidad. Marco no fue solo un filósofo, sino también un emperador romano y, por lo tanto, líder del mundo occidental. Él no nació designado a ese papel, sino que llegó a él a través de una serie de vicisitudes complejas. Todo comenzó con la muerte de su padre cuando Marco tenía apenas tres años. Fue adoptado y criado por su abuelo, y otros miembros de su familia extendida lo guiaron. Cuando Marco era joven, el emperador Adriano, en busca de un heredero, decidió adoptar a Antonino Pío, pero estableció como condición que Antonino adoptara, a su vez, al joven Marco. Esto colocó a Marco en la línea sucesoria del Imperio romano.
Marco se ganó la reputación de ser un gobernante justo y equitativo, aunque, de manera inevitable, algunos historiadores modernos han cuestionado algunas de sus acciones. Como emperador, participó en guerras y defendió las fronteras del Imperio cuando estaban bajo amenaza. Pasó los últimos años de su vida principalmente en el frente en Europa central, defendiendo la frontera norte del Imperio de las incursiones de tribus germánicas locales. Es probable que haya escrito Meditaciones durante este periodo, mientras dirigía al ejército romano en la primera línea. En el libro se menciona que al menos una parte fue escrita mientras se encontraba en Carnuntum, una base militar romana situada no muy lejos de la actual Viena, cuyo yacimiento puede visitarse hoy en día.
MEDITACIONES
Es muy probable que Meditaciones no fuera escrito para que lo leyeran muchas personas. Se trata de una serie de anotaciones en las que Marco Aurelio reflexiona sobre una amplia variedad de temas, desde su propia mortalidad hasta cómo lidiar con otras personas. Contiene una buena cantidad de repeticiones, pues reflexiona una y otra vez sobre los mismos temas. También contiene citas de obras que leía en ese momento. El libro ofrece una vista privilegiada a sus procesos de pensamiento y a algunos de los desafíos que enfrentó como emperador. Meditaciones es su título moderno; su título griego registrado se traduce como “Para sí mismo”. Es muy probable que Marco no le haya puesto nombre: estos escritos simplemente eran sus cuadernos personales.
Marco nos cuenta que uno de sus maestros le dio una copia de las Disertaciones del filósofo y pensador estoico Epicteto, y queda claro que la obra fue una influencia importante en su pensamiento. A primera vista, Marco y Epicteto no podrían haber sido más distintos. Marco era un emperador proveniente de los círculos más altos de la sociedad romana, mientras que Epicteto fue un esclavo de Asia Menor, sin dinero ni poder, llevado a Roma contra su voluntad. Después de décadas de servidumbre obtuvo su libertad y, poco después, salió de Italia para fundar una escuela de filosofía en el oeste de Grecia. Las Disertaciones, tal como las conocemos, son apuntes de clase escritos por uno de sus alumnos, basados en las lecciones que impartió en su escuela.
Epicteto no parecía tener mucho interés en la política ni en los negocios, aunque es probable que muchos de sus alumnos descendieran de familias romanas adineradas y estuvieran destinados a desempeñarse en esos ámbitos. Solía reiterarles que, antes de estar en condiciones de gobernar, debían aprender a gobernarse a sí mismos.
Muchos de los temas centrales de las Disertaciones de Epicteto también se pueden encontrar en el trabajo de otro maestro estoico que había estado activo en Roma: Musonio Rufo. Se dice que Epicteto asistió a las clases de Musonio, quizá cuando aún era esclavo. Los registros que tenemos de las lecciones de Musonio muestran un enfoque en cuestiones cotidianas y sumamente prácticas, como el matrimonio, la educación de los hijos, la vestimenta, la decoración del hogar y el corte de cabello. Musonio también participó de forma activa en la política romana: estuvo vinculado de manera muy cercana con un grupo de senadores —también conocido como “la oposición estoica”— que intentó derrocar al emperador Nerón, y su conducta íntegra, basada en sus valores estoicos, lo llevó al destierro. La filosofía de Musonio era una guía práctica sobre cómo vivir y ejerció una gran influencia en Epicteto.
LAS DISERTACIONES Y EL MANUAL
Aunque solemos dar crédito a Epicteto por dos trabajos, las Disertaciones y el Manual, en realidad ninguno es de su autoría. Las Disertaciones fue escrito por uno de sus pupilos, Arriano, quien se convirtió en un destacado historiador y se desempeñó como líder político y militar. Este trabajo recopila las conversaciones que ocurrieron en el salón de clases de Epicteto en su escuela de filosofía en Nicópolis, en el oeste de Grecia. Es probable que los cuatro libros de las Disertaciones que conocemos hoy representen solo la mitad de lo que Arriano escribió. El Manual, mucho más breve, también fue compilado por Arriano, quien extrajo las ideas principales de las Disertaciones para crear un resumen de bolsillo sobre la filosofía de Epicteto. En la Edad Media fue adaptado y utilizado para instruir a los monjes.
Otro de los famosos estoicos romanos es Lucio Anneo Séneca. Al igual que su contemporáneo Musonio, fue un pensador sumamente práctico que recurrió al estoicismo para sobrellevar los altibajos dramáticos de su vida. De origen español, Séneca participó en los niveles más altos de la política romana, donde una disputa con el emperador Calígula casi le costó la vida. Después, fue exiliado por el emperador Claudio, es probable que haya sido por razones políticas y debido a cargos —quizá falsos— de adulterio. Fue durante su exilio, en la isla de Córcega, que Séneca escribió varias de sus primeras obras. Finalmente fue llamado de nuevo a Roma, con la condición de instruir a un joven de la familia imperial: Nerón. Cuando Nerón llegó a ser emperador, Séneca se encontró en el corazón mismo del poder romano, desempeñándose como su consejero. También fue un hombre de negocios exitoso y llegó a ser una de las personas más ricas de Roma. Sin embargo, a medida que Nerón se volvió más desconfiado de quienes lo rodeaban, Séneca se encontró en una situación en extremo peligrosa. Retirarse de la vida pública no era una opción; hacerlo habría parecido un rechazo al emperador. Cuando se gestó una conspiración para derrocar a Nerón, Séneca fue acusado de participar en ella y, a la postre, Nerón le ordenó quitarse la vida.
DIÁLOGOS, CARTAS Y MÁS
Séneca escribió una serie de ensayos cortos sobre cómo vivir feliz, cómo manejar el enojo, la importancia del ocio y la brevedad de la vida. Estos textos son conocidos como los Diálogos. Dos ensayos mucho más extensos tratan temas profundamente relacionados a la política: Sobre la clemencia y Sobre los beneficios. Más tarde, Séneca escribió una serie de cartas a su amigo Lucilio, conocidas como Cartas morales. Dado que poseía múltiples talentos, también escribió sobre temas de física en su obra Cuestiones naturales y escribió una serie de tragedias. En conjunto, los escritos de Séneca constituyen el cuerpo más extenso de textos estoicos que se conserva de la Antigüedad.
Todos los estoicos que hemos mencionado hasta ahora estuvieron activos durante los dos primeros siglos d. C., durante el Imperio romano. Para entonces, el estoicismo ya era una filosofía con varios siglos de existencia, fundada mucho antes en Atenas, el hogar espiritual de la filosofía antigua. El más famoso de todos los filósofos griegos, Sócrates, vivió en Atenas en el siglo V a. C. y fue juzgado y ejecutado en el año 399 a. C., acusado de corromper a la juventud. Sócrates se convertiría en un ejemplo para muchos pensadores posteriores, incluidos los estoicos. Epicteto dijo la siguiente frase célebre: “Si aún no eres un Sócrates, deberías dedicar tu vida a intentar ser como él”.2 En el siglo siguiente, Platón y Aristóteles vivieron y enseñaron en Atenas, en la Academia y el Liceo. En algún momento alrededor del 30 a. C., Zenón de Citio comenzó a enseñar en la Stoa Poikilé, un conjunto de columnas techado en el extremo norte del mercado central de Atenas. A sus seguidores se les conoce como “estoicos”; es decir, “las personas que se reúnen en la Stoa”.
Su biografía clásica señala que cuando Zenón viajó a Atenas desde su hogar, en Chipre, para encargarse de los negocios de su padre, su barco naufragó. Aunque sus mercancías se perdieron, él logró llegar a la costa. Mientras se reponía de la experiencia, comenzó a curiosear en un puesto de libros cercano. Allí empezó a leer un relato de las conversaciones filosóficas de Sócrates escrito por el filósofo y soldado Jenofonte. Zenón quedó impresionado por lo que leyó. Le preguntó al librero dónde podía encontrar a alguien como Sócrates y, en ese momento, pasó por ahí un filósofo llamado Crates. El librero dijo: “Siga a ese hombre”.3
Zenón fue seguidor de Crates durante un tiempo y luego pasó una temporada estudiando en la Academia de Platón. Al final, no quiso ser solo un discípulo de otra persona y comenzó a enseñar sus propias ideas. Pronto atrajo a una audiencia, entre quienes, se dice, estaba Cleantes, que trabajaba todas las noches regando los jardines de Atenas para poder estar libre y escuchar a Zenón durante el día.4 Después de que Zenón murió, Cleantes asumió la dirección de esta nueva escuela filosófica, la Stoa. A su vez, él fue sucedido por Crisipo, un lógico perspicaz que escribió extensamente sobre la naturaleza y el tratamiento de las perturbaciones emocionales. A menudo se dice que Crisipo fue el más importante de estos primeros estoicos atenienses y que desempeñó un papel central en la sistematización y organización del pensamiento estoico. Una vez establecida, la escuela estoica prosperó en Atenas hasta mediados del siglo I a. C. Entre los estoicos atenienses posteriores, los más notables son Panecio de Rodas y Antípatro de Tarso, a cuyas ideas regresaremos en capítulos posteriores.
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Como podemos ver, los estoicos fueron un grupo cosmopolita, proveniente de diversas partes del Mediterráneo y de todos los estratos sociales —aristócratas y esclavos, emperadores e inmigrantes—, unidos por una serie de creencias y valores compartidos. Esto coincidía por completo con el pensamiento estoico, que sostiene que debemos considerar a toda la humanidad como miembros de una sola comunidad global, unidos por una racionalidad común.