Índice

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN: ANTES DEL PARTIDO

PRIMERA PARTE: AGUDIZA TU CONCIENCIA

Principio núm. 1 del pong:

TEN CUIDADO CON LO QUE MIDES, Y POR QUÉ

Con Katrín Jakobsdóttir

Principio núm. 2 del pong:

ES UN JUEGO DE RITMOS

Con Scott Page

Principio núm. 3 del pong:

CUANDO ENGAÑAR ES JUGAR LIMPIO

Con Nolan Bushnell

Principio núm. 4 del pong:

APRENDE CON ELEGANCIA

Con Erik Oberholtzer

Principio núm. 5 del pong:

DEJA LA MODA PARA LAS PASARELAS

Con Vicky Tsai

Principio núm. 6 del pong:

¿CUÁL ES TU POSICIÓN DE PREPARACIÓN?

Con Will Shortz

SEGUNDA PARTE: SUPERA LOS OBSTÁCULOS

Principio núm. 7 del pong:

APRENDES MÁS DE LAS DERROTAS QUE DE LAS VICTORIAS

Con Aman Bhutani

Principio núm. 8 del pong:

NO TRATES DE CONQUISTAR EL MIEDO; APROVÉCHALO

Con Alison Levine

Principio núm. 9 del pong:

ACEPTA TUS PECULIARIDADES

Con Valorie Kondos Field

Principio núm. 10 del pong:

NO ESCRIBAS EL GUION (ANTES DE SABER CÓMO TERMINA LA ESCENA)

Con Annie Duke

Principio núm. 11 del pong:

EL TRIUNFO DE LO MUNDANO

Con Rob Angel

Principio núm. 12 del pong:

NO INTENTES ARREGLAR UN PROBLEMA INTERNO CON UNA SOLUCIÓN EXTERNA

Con Shelley Paxton

TERCERA PARTE: MEJORA TU JUEGO

Principio núm. 13 del pong:

CONOCE LA FÍSICA (DE LO QUE ESTÉS CONSTRUYENDO, JUGANDO O PROMOCIONANDO)

Con Neil deGrasse Tyson

Principio núm. 14 del pong:

BUSCA LA EXCELENCIA, NO LOS RESULTADOS

Con Lavinia Errico

Principio núm. 15 del pong:

UN GOLPE AUDAZ

Con Patrick Lee

Principio núm. 16 del pong:

JUEGA FUERA DE LA MESA

Con Cliff Kapono

Principio núm. 17 del pong:

APROVECHA TUS ESFERAS DE INFLUENCIA

Con Claudia San Pedro

Principio núm. 18 del pong:

MARCA LAS CASILLAS, Y LUEGO VE MÁS ALLÁ

Con John “Gucci” Foley

CONCLUSIÓN: DESPUÉS DEL PARTIDO

REFERENCIAS

ANEXO: REGLAS BÁSICAS DEL TENIS DE MESA

AGRADECIMIENTOS

SOBRE EL AUTOR

SOBRE ESTE LIBRO

SEMBLANZA

CRÉDITOS

INTRODUCCIÓN:

ANTES DEL PARTIDO

La desesperación dice: no puedo golpear con la velocidad de mi oponente.

La felicidad dice: no lo necesito.

Jonathan Safran Foer

Una vez vi a una niña delgaducha de 10 años dar una paliza a un jugador de hockey profesional de 24. Golpe tras golpe, la niña era implacable. Y él no tuvo ninguna oportunidad.

No, no le hizo daño físico. Se trataba de un partido de tenis de mesa (también conocido como ping pong) en un torneo en Los Ángeles. Resultó que ella había entrenado mucho en ese deporte. Él era alto, fuerte y atlético, pero era un recién llegado al tenis de mesa de alto nivel. Para ser sincero, verlo fue sobrecogedor, como ver a David y Goliat, por decirlo de algún modo.

En este deporte único y universal hay muchas lecciones que aprender. La edad, el género, los ingresos, la religión, la complexión, la política… todo se desvanece con el primer saque. No es de extrañar que el ping pong sea uno de los deportes que más se practica en el mundo (según Olympics.com).

EL JUEGO DEL LIDERAZGO

Nolan Bushnell, fundador de la icónica compañía de videojuegos Atari, me dijo que “un buen juego es fácil de aprender, pero difícil de dominar”. Se podría decir que el ping pong encaja con esa descripción.

También se podría decir que el liderazgo es fácil de aprender, pero difícil de dominar. Ojalá el juego del liderazgo fuera tan divertido e intuitivo como el del ping pong.

Un ligero apunte sobre el término liderazgo: en este libro se usa en su sentido amplio. Es pertinente para quienes guían activamente a los demás o a sí mismos hacia un mayor rendimiento, oportunidad y éxito. Un líder podría ser cualquiera, desde un diseñador web autónomo al dueño de un restaurante, o de un gerente regional de ventas a un CEO dentro de la Fortune 100.

Hoy en día, existen muchos libros publicados que prometen convertirte en un mejor líder. En algunos se encuentran comentarios útiles de escritores brillantes. En otros, no. Entre el flujo constante de ofertas, las palabras de moda y los trucos de desarrollo personal parecen surgir y luego desvanecerse. Los tratados académicos pueden abrumar con datos duros y cifras.

En definitiva, ¿cuántas guías de liderazgo son relevantes para tu marco de referencia? ¿Cuántas contienen principios duraderos que se te queden grabados? ¿Cuántas te resultan entretenidas?

EL PREMIO

El ping pong esconde una magia innegable. Es probable que la hayas experimentado en algún momento de tu vida, para estrechar lazos con tu familia, amigos, colegas o compañeros de clase en un partido casual (o intenso). Quizá hayas jugado en torneos, de mayor o menor categoría. Ese deporte acepta a todo el mundo.

El ping pong ha permitido incluso que los líderes mundiales entablen un diálogo entre naciones distantes: la famosa “diplomacia del ping pong” descongeló las gélidas relaciones entre Estados Unidos y China en 1971, mediante partidos amistosos para romper el hielo. La diplomacia del ping pong trataba de abrir puertas. El liderazgo del ping pong da el siguiente paso, para mostrar a los líderes cómo cruzar las puertas y crear el cambio que quieren ver.

Si eres un líder, o aspiras a serlo, entonces creo que te gustarán las historias de este libro… y aprenderás de ellas. Si, además, te gusta el ping pong, es tu día de suerte: este libro está hecho a tu medida.

Conforme vayas leyendo, verás surgir tu potencial de liderazgo en tu negocio y otras tareas que emprendas mediante la singular perspectiva del ping pong. Puede que te sientas más seguro cuando asumas retos más grandes, sabiendo que hubo muchos antes que tú que lograron triunfar gracias a los principios que quizá ya comprendas muy dentro de ti como jugador de ping pong.

QUÉ ENCONTRARÁS EN SU INTERIOR

Dieciocho “principios del pong” constituyen el núcleo de este libro. Cada uno se refiere a cuestiones fundamentales de liderazgo en los negocios, los deportes, la cultura y la autoconciencia en la vida.

Cada capítulo está dividido en tres partes:

La primera, “En el partido”, ofrece una introducción al principio del pong y a su origen en el juego del ping pong.

La segunda parte de cada capítulo, “En el liderazgo”, conecta el principio del pong con el mundo real. Verás la forma en la que un líder innovador puso en práctica el principio en su campo para triunfar.

La tercera parte, “Puntos de partido”, te mete en el juego. Las preguntas te guiarán sobre cómo aprovechar ese principio del pong para mejorar tus habilidades de liderazgo. Dedícales todo el tiempo que necesites; están diseñadas para ofrecerte una nueva forma de aprovechar tu sabiduría interior.

Puedes echar un vistazo para encontrar algunos principios del pong que se adapten a tus intereses.

Lo que este libro no es: un compendio de los últimos “trucos y consejos” sobre liderazgo. En lugar de una lista exhaustiva de tácticas que se volverán obsoletas, la idea es ofrecer ejemplos memorables de principios reveladores que te inspirarán en tu empresa y tu vida durante los próximos años.

¿POR QUÉ ESCRIBÍ ESTE LIBRO?

Durante décadas viví en mundos paralelos.

Comencé a jugar tenis de mesa a los seis años, cuando apenas podía ver por encima de la vieja y destartalada mesa de nuestro sótano. En resumidas cuentas, sobreviví al acoso en la preparatoria cuando me di cuenta de lo divertido que era machacar a los enormes jugadores de futbol y basquetbol en el ping pong… ¡y de paso ganarme un poco de respeto! Unas cuantas décadas después tuve la suerte de entrenar con algunos de los mejores del mundo: campeones nacionales, mundiales y olímpicos. Con el tiempo, me emocioné al conseguir medalla en un par de US Open y campeonatos nacionales.

En mi “otra vida” como abogado y estratega de marketing también he tenido la suerte de trabajar y aprender de CEO pioneros y otras personas en Disney, Sony, Honda, Qualcomm, Union Bank, XPRIZE y más. Al final, al ver cómo otros líderes de éxito triunfaban, fracasaban y seguían adelante, me di cuenta de que los principios básicos que utilizan los mejores jugadores para ganar en el ping pong también se traducen en triunfos en el liderazgo. Por eso compilé 18 principios del pong que funcionan tanto en el ping pong como en el liderazgo. Después entrevisté a 18 líderes que viven bajo estos principios para contar aquí sus historias.

Sigo topándome con desafíos empresariales, tareas frustrantes, personas molestas y tensiones mentales y emocionales. No tengo una varita mágica para eliminarlos. Pero normalmente puedo encontrar un principio del pong que me ayuda a despejarme y gestionar el problema… y tú también puedes hacerlo.

Todos tenemos varias mesas en nuestra vida donde trabajamos, estudiamos, jugamos, socializamos y soñamos. Muy pronto te enfrentarás a cada una de ellas con una nueva caja de herramientas para triunfar.

La primera categoría de seis principios del pong, “Agudiza tu conciencia”, es un buen punto para orientarte. Esos principios están diseñados para abrirte los ojos a tu entorno, para que puedas mantener la concentración en lo que importa.

¡Empecemos el peloteo!

PARTE UNO

AUMENTA TU CONCIENCIA

Hay momentos en los que tienes que seguir tus instintos y otros en los que hay que ser receptivo ante la sabiduría que te rodea. Hay momentos en los que debes establecer un ritmo y otros en los que hay que romperlo. Hay momentos para medirse y momentos para imaginar.

Cuando tomas conciencia de todas las posibilidades que te rodean, amplías tus opciones… y tus probabilidades de éxito.

PRINCIPIO NÚM. 1 DEL PONG TEN CUIDADO CON LO QUE MIDES, Y POR QUÉ

La cifra del velocímetro no siempre indica la velocidad con la que llegas a tu destino.

Después de todo, podrías estar manejando en círculo, muy rápido.

—Seth Godin

Medidas. Macrodatos. Indicadores clave de rendimiento. Las llames como las llames, las cifras duras pueden ser atractivas cuando se intentan cuantificar las actividades complejas. Los medios de comunicación, la economía, la política, los deportes… hoy en día prácticamente todas las facetas de la vida moderna se cuantifican con todo lujo de detalles en esta era digital. Los datos son muy útiles, por supuesto; la medición permite centrarse, obtener información y mejorar los resultados.

El afán por medir no es nuevo. La humanidad lleva siglos midiendo cosas. Los antiguos egipcios usaban el codo (la distancia del codo hasta la punta del dedo medio) en la construcción y el paisajismo. Las medidas comunes de peso, tiempo y volumen permitieron la previsibilidad del comercio. Más adelante, la medición de precipitaciones, temperaturas y horarios solares permitió que floreciera la agricultura. El análisis de las medidas anteriores ayudó a predecir el futuro y a proporcionar una sensación de control sobre lo incontrolable (la sequía, el rendimiento de las cosechas o las campañas publicitarias). Y hoy en día medimos la media de usuarios mensuales de una plataforma de redes sociales y el valor del tiempo de vida del cliente de una marca.

El reto consiste en interpretar cuidadosamente los datos brutos para poder emitir juicios sensatos fundados en ellos. La ley de Campbell (del científico social Donald Campbell) pone de relieve los escollos de este proceso. Esta ley afirma que cuanto más importante es una medida en la toma de decisiones de índole social, más probable es que la gente la distorsione de formas no relacionadas con lo que se está midiendo.

En resumen: si se puede medir, medirlo mal puede ser fácil y tentador. O, en palabras del economista Ronald Coase, ganador del premio Nobel: “Si torturas los datos el tiempo suficiente, confesarán lo que sea”.

El autor Seth Godin lo llama “confusión en el velocímetro” (consulta la cita al principio de este capítulo) y ofrece los siguientes ejemplos:

  • Dinero frente a felicidad
  • Peso frente a salud
  • Ingresos frente a habilidades
  • Ventas de libros frente a impacto
  • Dinero recaudado frente a votos obtenidos
  • Seguidores de Twitter frente a cualquier otra cosa

EN EL PARTIDO

En cualquier deporte de competencia podría decirse que el fin último es simplemente ganar. Pero hay muchos objetivos secundarios necesarios para alcanzar el nivel en el que puedes ganar, y hacerlo de forma constante. Para alcanzarlos, deberías saber qué vale la pena medir.

¿Qué estás mirando?

Hace unos años, en un torneo regional, escuché una conversación esclarecedora entre una entrenadora y su joven alumno. Faltaban solo unas semanas para los campeonatos nacionales de Estados Unidos, y muchos jugadores participaron para prepararse antes del evento principal. Este niño tenía unos 12 años más o menos, ya poseía habilidades increíbles y sujetaba con orgullo su trofeo del segundo puesto de la división júnior sentado al lado de su entrenadora en las gradas del gimnasio al final del día.

Mientras guardaba mi equipo unos asientos más arriba, no pude evitar escucharlos hablar sobre su rendimiento. La conversación fue básicamente algo así:

Entrenadora: A ver, ¿qué calificación te pondrías hoy?

Jugador: Bueno, ¡creo que un 10! O un 9, quizá. No estaba seguro de si iba a llegar a la final y, aun así, se lo puse difícil.

Entrenadora: Dime todas las cosas en las que basas tu calificación.

Jugador: Okey, conseguí un 7-1 hoy, y solo perdí en la final. ¡Y les gané a dos jugadores de mayor ranking que yo!

Entrenadora (con un tono severo, pero comprensivo): Yo hoy te pondría un 8.

Jugador: ¿En serio?

Entrenadora: Lo primero, felicidades por el trofeo. Has entrenado mucho, y mereces algo de reconocimiento. Pero ¿recuerdas cuáles eran nuestros objetivos para hoy? Poner a prueba la mejoría en las áreas en las que nos estamos enfocando para los Nacionales.

Jugador: Cierto…

Entrenadora: ¿Cuál es tu mejor arma?

Jugador: Mi derecha con efecto liftado.

Entrenadora: Exacto. Conté unos 70 intentos en tus ocho partidos. Ni siquiera son 10 por partido. Un porcentaje demasiado bajo para ser tu arma principal. No pasa nada si fallas, mientras pruebes en los partidos lo que estuviste practicando. ¡Y eres bueno en eso! Además, hoy fallaste seis de tus saques, demasiados tantos regalados… ¡casi uno por partido!

Jugador: Sí…

Entrenadora: Y hay que hablar de tu temperamento. Gritaste muy enojado dos veces y pusiste un poco de mala cara en el segundo partido. Te pusiste nervioso y perdiste un set… y casi el partido. Estas son las cosas por las que te califico, porque van a mejorar tu juego y te ayudarán a triunfar en los Nacionales. No por el número de victorias de hoy ni las puntuaciones exactas de los oponentes. Pero ¿sabes una cosa? Estoy orgullosa de lo mucho que trabajaste y entusiasmada por tu progreso.

Lo que esconde una cifra: el juego de las puntuaciones

Ay, las puntuaciones del tenis de mesa. Es una cifra alta y seductora que valida nuestro ascenso en la tabla de clasificación. O nos hunde de abatimiento cuando vemos que nuestra cifra cae en picada tras una dura derrota.

USA Table Tennis (USATT) es el organismo rector de este deporte en Estados Unidos y emplea un sistema de clasificación para los jugadores que compiten en torneos oficiales. Es útil para colocar a los jugadores en las competencias. Las puntuaciones van desde 0 a cerca de 2 700 para los profesionales mejor clasificados. Como en el ajedrez, los jugadores ganan o pierden puntos dependiendo de a quién vencen o contra quién pierden. Algunos jugadores se obsesionan con su puntuación. Al fin y al cabo, es la única medición objetiva de la que dispone la mayoría de los competidores. Es la versión en el ping pong del SAT, el riguroso examen que emplean muchas universidades estadounidenses para seleccionar a los candidatos (aunque en la actualidad lo exigen cada vez menos escuelas). Reduce las supuestas promesas académicas de un estudiante a una cifra brutal que determina su futuro académico.

Cualquier sistema de clasificación tiene sus pros y sus contras. Pero tantos factores (como la habilidad atlética, el deseo, la técnica, la experiencia, la estrategia y la compostura) condensados en una única cifra de puntuación de tenis de mesa pueden tener consecuencias no deseadas.

Algunos jugadores temen perder puntos a tal grado que evitan jugar en muchos torneos oficiales. Eso, sin duda, va en contra del objetivo del USATT de aumentar la participación en dicho deporte. Pocos jugadores utilizan una estrategia desleal y poco ética que consiste en dejarse ganar en los partidos fáciles para que su puntuación baje a propósito. Así, pueden entrar en una competencia de puntuaciones bajas (por ejemplo, por debajo de 1 200) y ganar un trofeo con mayor facilidad.

“No pienses en tu puntuación; solo sal y juega” es una frase habitual entre los entrenadores de jóvenes. Algunos evitan que sus alumnos se fijen en las puntuaciones de sus oponentes antes de un partido para que no se sientan intimidados… o se confíen más de la cuenta. Quieren que los jóvenes se centren en mejorar su técnica y su estrategia, no en una cifra que puede ser cruelmente volátil y nada predictiva.

¿Y qué me dices de los beneficios de la actividad física? ¿Qué hay de entrenar con jugadores que también son buenos amigos, o de la posibilidad de ejercitar el músculo de la mente aprendiendo algo nuevo? En algún momento todos nos enfrentamos a la pregunta de por qué jugamos. Hay muchos motivos para entrenar duro, jugar duro y desear ganar que poco tienen que ver con lo que arroja la computadora de puntuaciones.

Porque no existe ninguna cifra que pueda medir todo lo que genera el éxito. A fin de cuentas, tu puntuación nunca ganará un partido por ti (ni en tenis de mesa ni en ninguna otra disciplina), pero la preparación física y mental sí puede.

GOLPE RÁPIDO

JUGAR EN CONTRA DE LOS DATOS

El excampeón mundial Stellan Bengtsson, de Suecia, ha estudiado este deporte más que nadie en su medio siglo de trayectoria como jugador y entrenador de tenis de mesa profesional. Registra notas estadísticas detalladas (mentales y escritas) de cada partido para el que entrena. Stellan cree que las medidas son una herramienta crucial para trazar planes de juego ganadores. Pero también es muy consciente de sus limitaciones: los conjuntos de datos son una instantánea retrospectiva.

“Si eres un jugador predecible, los datos sobre ti son útiles. Pero no interesa ser predecible”, dice Stellan. A su colega sueco Jan-Ove Waldner se le conoce mundialmente como el Michael Jordan o el LeBron James del tenis de mesa. Es uno de los pocos europeos que ha ganado todos los grandes premios del deporte en la categoría individual… y venció a los mejores jugadores chinos. “Y los chinos nunca supieron cómo jugar contra Waldner porque jugaba en contra de los datos”, recuerda Stellan. Waldner, un jugador increíblemente creativo e intencionalmente poco predecible, mantenía en vilo a sus oponentes. “Podía cambiar cualquier tipo de golpe para adaptarse a la situación. Era capaz de esperar la pelota hasta ver hacia dónde te dirigías antes de darle”.

Hay pocos datos que ayuden a responder ante una improvisación magistral.

Si las puntuaciones te sirven de motivación a medida que asciendes en el escalafón de habilidades o algo parecido, me parece justo.

El encanto de las cifras nos acompaña desde hace mucho tiempo. Pueden ser guías útiles, pero también atractivos engaños. En los deportes, los negocios, la naturaleza y la política, vale la pena ser consciente de lo que estás midiendo y de lo que no.

EN EL LIDERAZGO

La mesa de Katrín Jakobsdóttir es un escritorio diáfano y moderno.

Y uno muy importante: es el escritorio de la primera ministra de Islandia, situado en la ciudad de Reikiavik. Ocupa el más alto cargo de este país nórdico desde 2017.

Valor de fundición

Algunos objetos preciosos desafían nuestros métodos usuales de medición.

El Okjökull tuvo una vida larga, y al final le hicieron una conmovedora ceremonia conmemorativa en 2019. Al acto asistieron científicos, poetas, dignatarios y la primera ministra en persona. Tras décadas de calentamiento en la zona, el Okjökull (“el glaciar Ok”) ya no disponía de la masa de nieve y hielo suficiente para poder avanzar bajo su propio peso; por tanto, el glaciólogo principal de Islandia lo declaró un glaciar “muerto”. Hoy ocupa el lugar de un hermoso lago de montaña, pero un siniestro mensaje yace en las profundas aguas azules.

Puede que la primera ministra no hubiera previsto una ceremonia conmemorativa para un glaciar como parte de sus actividades oficiales. Sin embargo, le da prioridad al cambio climático como un problema fundamental —una crisis, en realidad— para su país, situado en el círculo polar ártico. El cambio climático en el Ártico está ocurriendo mucho más rápido que en otras regiones. Para los islandeses va más allá de la ciencia. “En Islandia nos sentimos profundamente conectados con la naturaleza —explica—. Cuando vemos un ejemplo tan drástico de cambio en el medio ambiente, nos hace pensar en el costo diario para nuestra tierra, y para lo que somos”.

En una placa de bronce colocada en el antiguo glaciar se lee lo siguiente: “Ok es el primer glaciar islandés que pierde su estatus como glaciar. Se espera que en los próximos 200 años todos nuestros glaciares sigan el mismo camino”. La placa también menciona la concentración mundial actual de dióxido de carbono en el aire: 415 partes por millón (ppm). El nivel de CO2 de 415 ppm es sin duda una medida útil, al igual que otros marcadores de peligro medioambiental consensuados por la mayoría de los científicos: el aumento de la temperatura global, la subida del nivel del agua y la producción global de carbono.

Ahora bien, existen otras formas de contar. Oddur Sigurdsson, el glaciólogo que declaró muerto al Ok, hizo un inventario de los glaciares islandeses en el año 2000.

Encontró poco más de 300 dispersos por todo el país insular. En 2017, 56 de los glaciares más pequeños ya no existían. Las pérdidas no son algo irrelevante para los islandeses, que crecieron aprendiéndose los nombres de sus glaciares como una parte habitual de sus lecciones de geografía.

Parece que las mediciones convencionales no tienen en cuenta el valor social de un glaciar tan antiguo y querido como el Ok. Como dijo Sigurdsson: “Nos ha dejado un buen amigo”.

GOLPE RÁPIDO

ABRÓCHENSE LOS CINTURONES… Y ESPEREN

El educador Rick Hess relata un cuento con moraleja sobre la ley de Campbell en los cielos. En 1999 un vuelo de Nueva York a Seattle tardaba 22 minutos y 48 segundos más que una década antes, a pesar de que la tecnología de los aviones a reacción había mejorado. ¿Qué ocurría? ¿Un cambio en los vientos de cola? No exactamente. En 1987 el Departamento de Transporte de Estados Unidos empezó a hacer un seguimiento de los “porcentajes de llegadas puntuales” de las compañías aéreas. Se trataba de una cifra única para medir la puntualidad. Las aerolíneas respondieron embarcando antes y retrasando las horas de llegada previstas. Esto aumentaría las probabilidades de que los vuelos fueran declarados “puntuales”. En última instancia, esto significaba que los pasajeros pasaban más tiempo sentados en la pista. El énfasis en la “puntualidad” alargó el tiempo total de tránsito en 130 millones de minutos entre 1989 y 1999. Gracias por volar…

Lo que queda de nosotros

Más allá de los glaciares, la primera ministra pasa mucho tiempo pensando en una medida concreta reconocida mundialmente. Y en cómo falla. En que necesitamos una más inclusiva, saludable y detallada. Como líder política de la nación, es responsable de dirigir la salud social, económica y medioambiental de su país. Se pregunta por qué, desde siempre, estamos tan atrapados en esta medida limitada del estado de una nación.

Esa medida es el producto interno bruto (PIB), que es el valor monetario total de los bienes y servicios de un país que se producen dentro de sus fronteras en un periodo de tiempo concreto (normalmente un año o un trimestre). La cifra tiene cierta relevancia como medida comparativa global. Suele considerarse una radiografía de la salud económica de un país, y se utiliza como indicador de su avance en general.

GOLPE RÁPIDO

DESCARGANDO EL ÉXITO… Y MIDIÉNDOLO MAL

El psicólogo organizacional Adam Grant habla de un estudio sobre el rendimiento laboral llevado a cabo por Michael Housman en 2016 que demostró que el navegador web que utilizas puede ayudar a predecir tu rendimiento laboral y tu veteranía. Resulta que los usuarios de Chrome y Firefox superaban en cierto grado a los de Explorer y Safari. Pero los navegadores tenían más o menos las mismas especificaciones técnicas, y los grupos de usuarios tenían más o menos los mismos conocimientos técnicos. ¿Por qué? La forma en que los usuarios obtuvieron sus navegadores reveló algo sobre su ingenio. Chrome y Firefox requerían un paso adicional de búsqueda, descarga e instalación; Explorer y Safari venían precargados. Aquí es donde la medición de la correlación y la interpretación pueden ser engañosas. Algunas personas se enteraron del estudio y se preguntaron: “¿Así que para aumentar mi rendimiento laboral lo único que tengo que hacer es instalar Chrome?”. No. Tienes que ser el tipo de persona que busca proactivamente descargar y utilizar un navegador alternativo.

El PIB es un número simple y grande, y por tanto seduce por su facilidad de uso. Y los números no mienten, ¿verdad? Puede que no mientan, pero pueden ocultar muchas cosas.

Es bien sabido que Robert F. Kennedy dijo que el PIB “lo mide todo… excepto lo que hace que la vida valga la pena”. Por ejemplo, el PIB incluye el valor de las nuevas construcciones, pero no descuenta los bosques ni la fauna que desplazan; cuenta los coches producidos, pero no la contaminación que generan; considera el valor de los refrescos azucarados comprados, pero no el enorme costo en problemas de salud que crean.

No tiene en cuenta las desigualdades de género o raciales, ni los niveles educativos por debajo de la media, la vitalidad de las artes y las obras de beneficencia, la salud general de la población, etcétera.

El PIB no mide todas estas partes esenciales del bienestar nacional, y necesitamos algo que sí lo haga, argumenta la primera ministra: “Creo que es nuestro deber pensar no solo en la macroeconomía, sino también en cómo vive la gente en esta isla, cómo le va y qué es lo que más le importa”.

Una petición sana

Para crear una medición nacional más exhaustiva la primera ministra encargó una encuesta de las prioridades de los ciudadanos islandeses para lograr el bienestar general. Surgieron cuatro prioridades principales:

  1. Salud (y acceso a la asistencia sanitaria)
  2. Relaciones (familia, amigos, vecinos)
  3. Vivienda (segura y asequible)
  4. Cómo ganarse la vida (ingresos y patrimonio)

La encuesta muestra cómo el criterio tradicional del PIB para medir el éxito es demasiado estrecho. “Por ejemplo, la depresión grave es frecuente en Islandia, junto con el uso de antidepresivos —matiza la primera ministra—. Tenemos que preguntarnos por qué y cómo está afectando a nuestra sociedad en general”.

Este mal no se refleja en el PIB. ¿Y dónde examina esta medida los efectos positivos de los deportes y las artes en la lucha contra la depresión, considerados habitualmente en Islandia como herramientas útiles?

Para medir todos estos matices, el gobierno de la primera ministra propuso 39 indicadores de bienestar divididos en tres categorías: social, económica y medioambiental. Los indicadores incluyen la esperanza de vida, sentirse seguro cuando oscurece, la calidad de la vivienda, la deuda doméstica, la satisfacción en el trabajo y las partículas en suspensión (en el aire). ¿Puede alguna de estas cifras incumplir la ley de Campbell? Cualquier medida puede hacerlo, pero las medidas holísticas de las complejas piezas de la sociedad pintarán un retrato mucho más claro del bienestar que la estricta producción económica. Una cifra económica por sí sola no es más que aritmética.

La primera ministra también ordenó a Islandia que uniera sus fuerzas a las de Finlandia, Nueva Zelanda, Escocia y Gales en la Alianza para una Economía del Bienestar (Wellbeing Economy Alliance). La iniciativa define la economía del bienestar como aquella que proporciona bienestar humano y ecológico. Sus políticas apoyan una población feliz y sana, no solo acomodada.

Parafraseando a Confucio: “Cuando estás sano, tienes 1 000 sueños. Cuando estás enfermo, solo tienes uno”. Un “índice del bienestar” al menos tiene en cuenta la siguiente pregunta trascendental: ¿Cuál es el valor de 1 000 sueños?

Imagina resumir tu carrera, tus relaciones, tu salud, tu libro no escrito y tus planes de restauración de la camper en una sola cifra. O incluso en una docena. No eres simplemente tu salario, tus días libres, tu nivel de colesterol o el número de “me gusta” de tu última publicación; todos contenemos multitudes. Medir la salud, la productividad, los beneficios, la diversión… nada de eso es intrínsecamente malo. Pero antes de empezar a conectar los puntos, ten cuidado al elegir cuáles medir.

PUNTOS DE PARTIDO

Preguntas básicas

En el trabajo, en el juego y en la vida en general, ¿qué es lo que estoy midiendo exactamente? ¿Con qué precisión lo estoy midiendo?

¿Por qué estoy midiendo lo que sea que esté midiendo? ¿Hasta qué punto se relacionan las cifras que recojo con la auténtica realidad que me importa?

¿Cuál es la fuente de los puntos de referencia que utilizo para las cifras que estoy midiendo? ¿Están bien calibradas las cifras en mi caso?

Sea cual sea la cifra que estoy midiendo, ¿cómo afecta a mis acciones el hecho de alcanzar esa cifra? ¿Estoy invirtiendo el tiempo, la energía y los recursos en las direcciones óptimas?

¿Cuáles son las recompensas por cumplir las expectativas relacionadas con las cifras que estoy midiendo? ¿Cuáles son las consecuencias de no cumplirlas?