Por primera vez me siento apto para compatir contigo los hábitos que he implementado en mi vida para mi crecimiento personal. Con frecuencia la gente me pregunta cosas relacionadas con mi vida, lo cual agradezco infinitamente; también agradezco cuando me cuestionan si trabajo mucho y si realmente vale la pena. No pretendo justificarme, pero amo lo que hago y no siento la necesidad de estar pensando en un retiro hasta hoy, sin embargo, no puedo asegurar que después no nazca en mí ese deseo. También me cuestionan cómo estoy o cómo me siento, igualmente lo agradezco, aunque a veces creo que 80 por ciento de la gente que pregunta ¿cómo estás? lo hace más por morbo que por genuino interés.
Me encanta el título que le puse a este libro: Más hábitos, menos dramas. ¿Por qué este título? Porque todos, de una forma u otra, decidimos gran parte de nuestro destino al tomar decisiones, y muchas de ellas no son precisamente las mejores.
Hay quienes no están satisfechos con su vida. Lo cierto es que, “si no estás de acuerdo con la cosecha, el secreto está en la siembra”. ¿Qué acciones estás haciendo o dejando de hacer para que la vida te dé estos resultados? ¿Qué hábitos has adoptado, para bien o para mal, que hacen que tu vida se convierta en una aventura digna de disfrutarse o un drama sin fin?
Pensé en poner este título: Árbol que nace torcido, con hábitos se endereza, pues creo que “perro viejo SÍ puede aprender maroma nueva” y lo digo por experiencia porque lo he vivido.
No se vale creer que porque ya tenemos cierta cantidad de años no es posible cambiar, mejorar o sacar una mejor versión. ¡Siempre es posible, si tú quieres!
Como dice mi maestro de psicoterapia, el Dr. Fernando García Licea: “Estoy convencido de que el tiempo no lo cura todo; lo curan las acciones que realizas durante el tiempo”.
Había prometido que mi libro anterior, el número 10, sería el último que escribiría en mi vida, pero sucedió algo que me motivó a escribir este nuevo libro, el número 11. ¿Te lo digo?
Inicié este libro en un vuelo de El Paso a Dallas, Texas. Estaba en el aeropuerto de El Paso y, antes de abordar, me saludó una señora con una sonrisa y una emoción que me hizo sentir sumamente bendecido. Nos tomamos una foto y después me dijo textualmente estas palabras:
—Doctor, amo leer sus libros. ¡Me han ayudado mucho en mi vida!
—¡Qué gusto! —contesté— me halaga mucho escuchar eso.
—También oigo su programa de radio aquí en El Paso, Texas —agregó— y no me pierdo sus podcasts. ¡Amo todo lo que publica en sus redes sociales! ¡Me ha cambiado tanto la vida!
Ya te imaginarás cómo me hizo sentir. Mi ego al cielo, pero después vino el golpe seco al suelo.
—Oiga —replicó— lo que no sé es ¿por qué sufro tanto? ¿Por qué soy tan negativa, preocupona y corajuda?
Y yo… ¿¡what!? ¡He escrito sobre eso en todos mis libros! He hablado en mis programas de radio y publicaciones en redes sociales una y otra vez sobre actitud positiva, control de las emociones y múltiples técnicas para evitar las preocupaciones.
¿En serio me lee? ¿O me lee y no lo asimila? ¿O me lee y no aplica nada de lo que con tanto amor he escrito durante años? Sinceramente me desconcertó y me quedé sumamente cuestionado sobre lo que por tantos años he hecho. ¿Será que mis libros no están ayudando como creía?
Creo saber la respuesta, pero, antes de decirla, estoy seguro de que mi intención al escribir siempre ha sido la misma: compartir conceptos que me han ayudado a vivir más plenamente.
Mucha gente tiene conocimientos, pero no los aplican, esa es la gran diferencia entre inteligencia y sabiduría; inteligencia es saber mucho y sabiduría es aplicar lo que se aprende.
Llego a la conclusión de que no siempre aplicamos lo que aprendemos o, mejor dicho, ¡no convertimos en hábitos lo aprendido!
Me he esforzado en plasmar con letras y en conferencias conceptos que he aprendido a lo largo de mi vida, muchas veces a golpe y porrazo, con lecciones dolorosas y lecciones que, al igual que tú, he vivido, para que cuando alguien se enfrente a alguna adversidad similar, tenga las herramientas que yo hubiera deseado de forma inmediata en momentos de crisis.
Estoy seguro de que estamos en esta vida para dos cosas: para aprender lecciones y para ser felices; también estoy convencido de que la felicidad no tiene nada que ver con la ausencia de problemas o con estar riéndonos todo el santo día, eso es estar ¡trastornado!
Entonces, ¿por qué esta noble mujer me dice que ha leído mis libros y no aprendió lo que expresé en ellos?
Leemos, vivimos, conocemos historias y las guardamos en archivos mentales que pueden o no impactarnos, pero muchas veces no lo aplicamos en nuestro día a día.
Así que hoy quiero decirte que, después de mi momento de meditación y oración, además de reflexionar durante varias horas, llegué a la respuesta añorada.
¿Cuál es la razón por la que no cambiamos?, a pesar de que leemos, vivimos situaciones difíciles, vemos vidas ajenas con todo tipo de aciertos y fallas, aún así no cambiamos nuestra forma de vivir, ¿a qué se debe?: ¡Tengo la respuesta!
A veces las lecciones que el vivir nos da, duelen y mucho. Pero si analizas tus adversidades te darás cuenta que es precisamente en las adversidades donde se aprenden lecciones. “Mi vida cambió después de…“ Y agrégale: “…después de que mi padre no confió en mí, …después de la muerte de, …cuando me quedé sin trabajo, …después del accidente, …después de la enfermedad”, etcétera.
Difícilmente alguien puede afirmar que su vida cambió positivamente después de un momento de plenitud y felicidad; deseamos repetir esos momentos de paz, pero el aprendizaje jamás podrá compararse con lo aprendido en la crisis y el dolor.
Por otra parte, la vida te repite la lección hasta que la aprendas. No aprendiste lo que es valorarte después de una relación tóxica, aquí tienes tu siguiente pareja igual o peor de tóxica que la anterior. ¿No volviste a aprender? La vida te repite la lección una vez y otra y otra más, hasta que aprendas.
Recordé a la señora que un día entró a mi camerino a punto de salir al escenario y me dijo con voz chillona:
—¿Por qué, doctor?
Claro que le cuestioné qué hacía ahí y cómo había entrado minutos antes de mi presentación.
—Es que quiero que me ayude a saber ¿por qué? —con la voz más aguda y chillona.
—¿Por qué, qué? —dije.
—Mire, mi primera pareja me golpeaba.
—¿Qué? ¿Lo denunciaste?
—No, me golpeó durante cinco años. Mi segunda pareja me engañó como ocho veces, hasta con mi hermana. Y mi tercer pareja me dijo, “ahorita vengo, voy por cigarros” y no ha vuelto. ¿Por quééé? —con la “e” extendida y ahora gangosa.
Después de un silencio de como diez segundos de mi parte no supe qué más contestar, hasta que dije:
—¡Por pendeja!
—¡Oiga! ¿por qué me dice así?
Te pregunto a ti que lees este libro, ¿se te ocurre otra respuesta mejor? A mí no.
La vida le dio a esta mujer una lección y no la aprendió, le dió una segunda lección y volvió a reprobar, una tercera lección y tampoco la aprendió.
Y así ha sido la vida conmigo, me ha dado lecciones que he tenido que repetir porque no aprendo, hasta que un día lo logro y no vuelvo a pasar por eso que reprobé.
He llegado a la conclusión de que si no estamos dispuestos a cambiar o a modificar ciertos hábitos que traemos muy arraigados desde tiempo atrás por herencia, aprendizajes o decisiones personales, es prácticamente imposible cambiar. Sobre todo los hábitos que heredamos de nuestra figura paterna, materna o de autoridad y que tenemos “incrustados” en nuestro ser.
No nos hemos dado el tiempo ni la humildad para reconocer nuestros errores y lo que nos ha llevado a estar como estamos. Es necesario aprender a desaprender lo que hemos creído que es lo correcto o hemos normalizado en nuestra vida.
¡No hemos convertido en hábitos lo que nos hace sentir bien o nos ayuda a vivir mejor!
Quiero decirte que hay un gran esfuerzo de mi parte desde hace varios años para empezar a modificar esos hábitos y costumbres que me llevaron a donde no quería estar y a ser una versión de mí que no deseaba. Pero te quiero asegurar que de unos años a la fecha mi camino hacia la mejoría ha sido muy fructífero.
Tengo que manifestarte que TODO lo que estoy a punto de compartirte en este libro lo aplico en mi vida. Sería de mi parte incongruente si solamente me dedico a escribir este libro haciendo recomendaciones sobre cambios o estrategias que estoy seguro pueden cambiar drástica y favorablemente el rumbo de tu vida y tu forma de ser, pero no practicarlos. Todos los aplico y te aseguro que funcionan.
Este es el primer libro que incluye ejercicios prácticos en cada uno de los 10 hábitos poderosos que te comparto, además de investigaciones científicas que avalan el porqué de cada uno de ellos.
¿Deseas iniciar conmigo esta maravillosa aventura de reconocer qué es lo que tienes que quitar o modificar en tu forma de ser, pensar y actuar y cuáles son los nuevos hábitos que te recomiendo incluir? Estoy seguro de que muchos de estos hábitos los conoces, pero no los aplicas de una manera constante y mi propuesta es que los inicies de manera entusiasta, divertida y sin necesidad de etiquetar los cambios como algo molesto, ya que, al paso de los días verás cómo vas cambiando tu forma de actuar y pensar.
Te invito a que disfrutes conmigo la lectura de este libro. Que hagas los ejercicios que durante cada capítulo te recomiendo. Que leas a conciencia el porqué y analices las investigaciones que avalan estos cambios que serán para tu beneficio y, por ende, en beneficio de la gente que te rodea y te quiere.
¡Más hábitos, menos drama! Nunca es tarde para cambiar; nunca es tarde para aplicar nuevos hábitos que te ayuden a sacar una mejor versión de ti.
Te prometo que este libro va a cambiar tu vida y hará que disfrutes el verdadero Placer de Vivir.