Índice

Índice

Introducción: La crisis antes del quiebre

parte i: el burnout moderno

capítulo 1: Identificar el burnout en un mundo en llamas

capítulo 2: Los tres tipos de burnout

+ Burnout por sobrecarga

+ Burnout social

+ Burnout por aburrimiento

parte ii: los cinco pilares del manejo del burnout

capítulo 3: Mentalidad

capítulo 4: Cuidado personal

capítulo 5: Administración del tiempo

capítulo 6: Límites

capítulo 7: Manejo del estrés

parte iii: volver a hacer la vida habitable

capítulo 8: Cuándo alejarse

capítulo 9: Hoja de ruta para crear una vida equilibrada (¡Ahora mismo!)

Agradecimientos

Sobre este libro

Sobre la autora

Para mis padres, que me han acompañado
en cada paso tan poco convencional de mi carrera
con un apoyo inquebrantable.

Introducción La crisis antes del quiebre

Una mañana con una temperatura de 20 grados bajo cero, en el pasillo de Top Ramen de una farmacia Walgreens del centro de Chicago, por fin me tragué mi orgullo y llamé a mis padres. Con lágrimas silenciosas y mocos en la bufanda, les dije que ya no podía más. Durante dos años, mi vida había sido una lista interminable de tareas pendientes. Desde el amanecer hasta el anochecer corría de responsabilidad en responsabilidad, sin jamás sentir que hacía lo suficiente. (Sabes que las cosas van mal cuando empiezas a esperar con impaciencia tus debilitantes migrañas). Despertarme con visión estroboscópica y la impresión de que alguien me apuñalaba en el ojo me producía una alarmante sensación de alivio: al menos, mientras estaba tumbada en el frío suelo del baño intentando no vomitar del dolor, conseguía un breve descanso de mi absorbente agenda. Sollozar en una farmacia, mientras sentía las miradas de reojo de otros habitantes de Chicago que solo intentaban comprar algo tranquilamente, fue un bajón personal. Me encontraba muy mal. Quería dejar mi trabajo, abandonar los estudios de posgrado, marcharme del gélido infierno conocido como el Medio Oeste y… simplemente… “desaparecer”. “Solo un ratito”, les dije a mis padres.

Banderas rojas. Banderas rojas por doquier

Por si no lo sabes, decir que quieres “desaparecer” es una señal de alarma importante.

Llevaba dos años funcionando a toda máquina. ¿Cómo podía estar tan al principio de mi carrera y tan increíblemente agotada? Desde luego que esta no era la divertida y grandiosa libertad de tener veinte años de la que todo el mundo hablaba maravillas. Cada mañana, cuando sonaba el despertador a las seis, lo primero que sentía era una gran opresión en el pecho, seguida de pensamientos acelerados sobre todo lo que tenía que hacer ese día. Me levantaba de la cama, me ponía uno de mis arrugados trajes de trabajo y caminaba un kilómetro y medio a través de las gélidas temperaturas de Chicago hasta el tren. Con los ojos vacíos, como una zombi y un gran nudo en el estómago, ponía un pie helado delante del otro.

Pasaba la hora y media que me separaba del trabajo poniéndome al día con las lecturas de mi programa de posgrado y maquillándome las ojeras. Profesionalmente, me comportaba como la típica persona que complace a la gente: sin tener en cuenta mis propios límites. No me creía con autoridad para poner límites, así que decía que sí a todo lo que me pedían, sin importar quién lo pidiera y qué pidiera. Tenía reuniones a cualquier hora del día, en comités que ni siquiera sabía que existían en nuestra empresa, asumía tareas que nadie más quería, todo para demostrar que era fiable a cualquier precio. Quería probarme a mí misma, avanzar en mi carrera lo más rápido posible y, quizá lo más importante, quería gustarle a todo el mundo. En consecuencia, daba prioridad al rendimiento sobre todo lo demás: mi salud, mis relaciones, mi vida personal y mis intereses. Yo era un portento. Pero tenía un precio.

Cada noche, al final de mi viaje de regreso a la ciudad, corría (con botas de nieve, cosa nada recomendable) hasta mi clase de las seis de la tarde. Con las espinillas doloridas, el cansancio hasta los huesos y la incredulidad de que el día aún no hubiera terminado, echaba mano de mis dos últimas neuronas para tomar apuntes. Después de clase, caminaba un kilómetro hasta casa, me comía un Top Ramen, hacía el quehacer de casa, miraba el celular y me quedaba dormida, ansiosa por lo que me esperaba por la mañana.

Lo ideal hubiera sido que el sábado y el domingo me dedicara a descansar. Pero en lugar de recuperarme, cada fin de semana dejaba que mi sentimiento de culpa (y las exigencias de otras personas) tomara el timón. Amigos con buenas intenciones y mal momento me invitaban a reuniones sociales por toda la ciudad. No sabía cómo decir que no sin sentir que los defraudaba, de modo que decía que sí y esperaba encontrar otro momento para descansar. (Spoiler: casi nunca lo encontraba). Por mucho que valorara mis amistades, cualquier invitación me parecía una carga, y es que añoraba quedarme en casa para recuperar el sueño. Me olvidaba de ir al gimnasio, de disfrutar de mi juventud o de leer por placer; solo estaba agradecida si conseguía llegar al fin de la semana. Durante años, sin importar si el día era bueno o malo, era un día ocupado.

Sin embargo, en contraposición al temor que sentía en mi vida cotidiana, desde fuera parecía que me iba bastante bien. Tenía un trabajo en mi campo de interés (formación y desarrollo empresarial) y estaba haciendo una maestría en psicología industrial y organizativa. En nombre de los logros, había llenado mi agenda hasta el tope, y eso me proporcionaba una vida que parecía estupenda sobre el papel. Me sentía como un pato: tranquilo en la superficie y remando como un demonio bajo el agua para mantenerme a flote. Pero lo que he llegado a comprender es que no importa cómo luzca tu vida, sino cómo te sientes. Y la mía era una mierda.

Cómo tropecé con el burnout

Aquel día de invierno en Chicago, mis padres (que creen mucho en el amor duro) me dijeron que era fuerte, que esto era temporal y que tenía que seguir adelante. Obviamente, me habría gustado que me dijeran: “No te preocupes, hija, abandona los estudios y te mantendremos económicamente para siempre”, pero lo que me dieron fue la sacudida de vuelta a la realidad que necesitaba para reconocer que yo —y solo yo— tenía que salir de mi espiral descendente. Nadie iba a hacerlo por mí. Les creí cuando me dijeron que podía hacerlo… pero luchaba por mantenerme a flote. Estaba dispuesta a seguir adelante, pero sabía que no podía continuar como hasta entonces. No podía ser tan solo una espectadora cuando se trataba de mi propio burnout. Leer un artículo aquí y otro allá sobre el estrés laboral o la fatiga no estaba mejorando mi situación. Necesitaba una solución, así que decidí crearla yo misma. Me sequé las lágrimas, les dije a mis padres que los quería y me fui a casa con mi ramen. Sabía que era el comienzo de algo nuevo, pero esa noche solo necesitaba comer mis fideos acurrucada bajo una manta y dormir un poco.

Después de investigar mis síntomas (todo desde “tener pesadillas sobre el trabajo” hasta “llorar en las salas de conferencias”), resultó que este burnout mental y físico prolongado era burnout, y yo ponía una palomita en todas y cada una de las casillas: Estaba letárgica, estresada las 24 horas del día y desconectada de las cosas que por lo general me daban alegría. Ya me había sentido agotada antes (durante los exámenes finales, en un periodo de mucho trabajo, mientras lidiaba con tragedias personales), pero nunca había sido un burnout tan desesperado y aparentemente sin final a la vista. Más adelante profundizaré en el trasfondo cultural y científico del burnout, así como en la constelación de factores que contribuyen a él, pero baste decir que, en aquel momento, el burnout me parecía simplemente un día duro detrás de otro.

Al principio era difícil tomarse en serio mi propio burnout porque todo el mundo a mi alrededor parecía estar experimentándolo también. Y no solo era frecuente, sino que estaba de moda. Siéntate en cualquier bar y, en menos de 10 minutos, oirás a la gente intentando superarse unos a otros sobre lo agotados y sobrecargados de trabajo que están: “Llevo años sin comer”. “Con suerte saldré de la oficina a las siete de la tarde”. “Si me tomara vacaciones, el departamento se vendría abajo”. Demasiadas personas normalizando su sufrimiento.

En las semanas que siguieron a mi llamada desesperada, empecé a preguntar a mis contactos, sobre todo a las personas a las que admiraba, cómo gestionaban sus ajetreadas vidas y evitaban el burnout a largo plazo. A cambio, recibía miradas vacías, risas incómodas o tópicos poco convincentes. Como trabajaba en desarrollo profesional, estaba segura de que alguien, en algún lugar, tenía que haber creado una solución sencilla y fácil de poner en práctica para este problema. Busqué en internet y solo encontré sitios web obsoletos. Recorrí las redes sociales, encontré resultados pésimos y desarrollé un resentimiento malsano hacia las recomendaciones de meditar o probar el yoga. (No voy a echar tierra encima de las soluciones de otros, pero estas dos prácticas no resuenan conmigo. Que es mi forma amable de decir que me ponen de pésimo humor).

Los recursos que encontré no estaban en consonancia con las modernas demandas de la fuerza de trabajo virtual (como, por ejemplo, la sugerencia de “dejar el trabajo en el trabajo”, sin un plan claro de cómo cauterizar el trabajo de la vida en una época en la que nuestro trabajo está literalmente en nuestra casa y en el teléfono que está pegado a nuestra mano) y plagado de consejos obvios (“duerme lo suficiente”), o recomendaciones como: renunciar a una parte del trabajo, pausar la carrera, ser implacable a la hora de decir no a nuevas oportunidades. Pero el problema era que yo quería seguir haciendo todo lo que estaba haciendo. Me gustaban mis colegas y mi trabajo; quería la carrera y me interesaba el material. Por separado, cada elemento me satisfacía lo suficiente como para no dejarlo. Pero combinados eran demasiados para que alguien pudiera completarlos cómodamente. Al final de cada día no deseaba una vida diferente con objetivos diferentes; solo deseaba que no fuera tan duro. Quería seguir haciendo lo que hacía sin sentir que me estaba desmoronando.

Cuando me enfrento a un problema, mi primer paso casi siempre es hacer un reconocimiento. Así que, para empezar, hablé con decenas de personas rebasadas por sus problemas y qué tipo de soluciones buscaban. Tras realizar extensas entrevistas y profundizar en la investigación sobre la gestión del burnout, empezaron a surgir patrones y soluciones. Los mismos temas aparecían una y otra vez: la mentalidad, el cuidado personal, la administración del tiempo, los límites, el manejo del estrés, como áreas que ayudaban a prevenir el burnout o que hacían a las personas más vulnerables a él. Con estos temas en mente, asumí el papel de ser mi propio conejillo de indias. Todavía no me había quitado nada de encima cuando me propuse crear recursos para la gestión del burnout, por lo que mi agenda se volvió un grado más ajetreada. ¿Qué mejor momento para ver si la aplicación de soluciones en torno a estos temas podría en verdad marcar la diferencia en mi vida?

En resumen: sí funcionaron. Al aplicar el conjunto de soluciones que encontrarás en este libro, vi una mejora espectacular en mi calidad de vida y de trabajo, a pesar de que técnicamente había añadido más cosas a mi plato. (También mis padres, que, para su gran alivio, dejaron de recibir llamadas llorosas desde el pasillo nueve). En primer lugar, hice una evaluación sincera de mi capacidad y recorté lo que no era esencial siempre que pude. Establecí los límites personales y profesionales necesarios. Mejoré mi manejo del estrés, y con esto me refiero a que por primera vez en mi vida empecé a gestionarlo de forma coherente. Y creé una estructura de cuidado personal realista. Todos sabemos que estos temas son valiosos por separado, pero nunca los había visto juntos como un método holístico. Tampoco los había practicado nunca en conjunto. En el transcurso de unos meses me sentí menos agotada y más centrada. Me sentía menos culpable por decir que no a ciertas cosas y disfruté mucho de aquellas a las que dije que sí. Volví a sentir que controlaba mi propia vida. Mis episodios de migraña disminuyeron. No fue de la noche a la mañana, y me costó un gran esfuerzo y una toma de decisiones despiadada, pero valió la pena cada cambio y cada conversación difícil. Y todo ello me llevó a preguntarme: ¿podrían otras personas obtener también resultados positivos con esta combinación de herramientas?

Tenía la corazonada de que sí. Para poner a prueba mi teoría, empecé a crear un programa de coaching individual. El enfoque individual suele ser la forma más fiable de poner a prueba una metodología, garantizar los resultados y obtener información directa. Mi propia experiencia con el burnout, y las herramientas que utilicé para combatirlo, me sirvieron de base inestimable. Uno no sabe lo que de verdad funciona a menos que haya estado en la trinchera. Una vez que los clientes que seguían mi programa obtuvieron resultados constantes, llegó el momento de correr la voz sobre el manejo del burnout a través de mis redes sociales.

Y vaya si fue oportuno. Poco después de que empezara a compartir información sobre el burnout en internet, el covid-19 se extendió por todo el mundo. Uno de los muchos efectos adversos de la pandemia fue el nivel récord de estrés de los empleados en 2020, que alcanzó el 38% en todo el mundo.1 En 2021 y 2022 se disparó aún más.2 Con el 44% de los trabajadores que reportaban estrés laboral diario, no es de extrañar que el interés por una cura para el burnout se disparara durante estos años y siga en aumento.3

Mi lista de espera llena de clientes, mi bandeja de entrada desbordada y el aumento de mis seguidores en las redes sociales eran pruebas de este creciente problema. En el punto álgido de la pandemia, mi plataforma en TikTok pasó de un par de miles de seguidores a 100 mil en el plazo de un mes. Había tanta demanda de mi coaching que ya no podía justificar la entrega de la información en formato individual. Para llegar al mayor número de personas posible creé una sesión de formación sobre manejo del burnout que podía ofrecer a grupos más grandes. En la actualidad he tenido el privilegio de impartir esta formación a organizaciones como Pepsi, Nickelodeon, Thermo Fisher, PayPal y muchas más. En estas sesiones, algunas de las personas más preparadas y poderosas que puedas imaginar siguen haciéndose preguntas como: “¿Cómo le digo a alguien que no estoy disponible después de las siete de la tarde?”. Porque la cuestión es que el burnout no discrimina. Puede encontrar a cualquiera, en cualquier sector, en cualquier puesto, y obligarlo a comprometerse con su calidad de vida en nombre del rendimiento.

¿Agotado? ¿En el mundo actual?
¡Qué novedad!

La pandemia de covid-19 convirtió el burnout en una epidemia. Personas de todo el mundo tuvieron que enfrentarse a la imprevisibilidad global, a unas condiciones de trabajo poco prácticas, al aislamiento social y a noticias desalentadoras en todas las plataformas de los medios de comunicación. Los empleados empezaron a cuestionarse estar estresados por sus bandejas de entrada cuando había gente muriendo. Resentían lo mundano de sus responsabilidades en el trabajo frente a la tragedia mundial. Esta combinación de factores de estrés dio lugar a una salud mental extremadamente mala en todo el país. La Organización Mundial de la Salud informó de un aumento de 25% de la ansiedad y la depresión en todo el mundo durante el primer año de la pandemia, como consecuencia del covid-19.4

Todo el mundo, al mismo tiempo, tuvo que acomodar una nueva forma de vida con una fecha de finalización indeterminada. Los padres se esforzaban por compaginar sus trabajos diurnos con el cuidado de los niños y las escuelas. Tener roomies cuyos horarios de trabajo coincidían con los tuyos hacía que cada día fuera un poco más difícil. Los estudiantes se veían obligados a abandonar los estudios y sus sueños de ir a la universidad se desvanecían poco a poco. En un millón de formas únicas, el sufrimiento de la gente pasó del manejo del estrés a corto plazo al burnout a largo plazo. A finales de 2021 casi dos tercios de los profesionales declararon que sufrían de burnout.5

El término burnout ya no está reservado a los trabajadores de la salud que hacen turnos de 24 horas, los consultores que trabajan 100 horas semanales y los contadores en temporada de impuestos. Ahora más que nunca acecha bajo la superficie a casi todo el mundo. Las definiciones de burnout que he encontrado en todas las fuentes —ya sea un libro sobre el tema o la Organización Mundial de la Salud—6* no parecen describir lo que es el burnout en el mundo pospandémico actual, en el que es más difícil que nunca separar la vida laboral de la personal.7 Ahora vivimos en un mundo en el que muchas personas describen su situación como “vivir en el trabajo” en lugar de “trabajar desde casa”.

Por eso defino el burnout como un estado de agotamiento, estrés y desalineación (con la dirección que toma tu vida) durante un periodo de tiempo prolongado. La parte de la desalineación es importante porque puedes vivir una vida de éxito muy tradicional que no te llene en absoluto y, como resultado, encontrarte mostrando signos de burnout.

Rara vez el burnout es el resultado de una sola cosa que se pueda señalar con el dedo y corregir. El burnout es la muerte causada por pinchazos de miles de alfileres. Son las pequeñas formas en las que comprometemos nuestra calidad de vida a lo largo del tiempo, lo que provoca agotamiento e infelicidad. Es pasar todas las mañanas estresados, “ponernos al día con el trabajo” por la noche y durante el fin de semana sentirnos culpables por estar demasiado cansados después del trabajo para empezar ese proyecto que queríamos hacer, aislarnos socialmente porque siempre estamos agotados. Estos pequeños hábitos pueden acarrear grandes problemas.

El burnout se ha relacionado con muchas complicaciones de salud,8 como trastornos del sueño, depresión, dolores musculoesqueléticos (de muñeca, cuello y espalda), enfermedades cardiovasculares, cambios no saludables en el cerebro,9 diabetes y un sistema inmunitario debilitado. Esto se debe a que el burnout somete al cuerpo y a la mente a un estrés constante,10 exponiéndolos diariamente a hormonas como el cortisol,11 que es saludable en ráfagas cortas pero eleva la presión arterial y el azúcar en la sangre y provoca inflamación cuando no se cierra la llave. Sabemos que ignorar el burnout tiene repercusiones físicas y, sin embargo, persistimos.

A corto plazo, priorizar el trabajo parece ventajoso. Si queremos salir adelante, sentimos que tenemos que estar dispuestos a sacrificar el equilibrio hasta “ganarnos las medallas”. Pero hay pruebas fehacientes de que mantener el equilibrio entre la vida laboral y personal redunda en una mayor productividad,12 compromiso, retención y satisfacción de los trabajadores.13 Una carrera profesional es un maratón, no un sprint. Y el burnout no es solo un subproducto de moda de las exigencias profesionales actuales o una forma de decir “estoy agotado”. Es un trastorno de enormes consecuencias que nos priva de muchas de nuestras necesidades humanas fundamentales.

Las investigaciones demuestran que las relaciones sanas repercuten de forma positiva en nuestra calidad de vida.14 Se ha comprobado que tener apoyo social —ya sea tu amigo cercano, un compañero de trabajo al que consideras un amigo o tu madre, a la que llamas todos los días como yo— alivia el burnout15 y aumenta la satisfacción personal. Pero he aquí la ironía: las cosas que se ha demostrado que nos inoculan contra el burnout —como el tiempo de calidad con los amigos o ver a tu equipo favorito mientras te tomas una bebida fría con los compañeros de trabajo— son las mismas que nos roba el burnout. Es muy astuto. Por desgracia, la correlación entre el burnout y el aislamiento significa que los que luchan contra el agotamiento16 y el burnout son muy propensos a aislarse aún más en lugar de buscar apoyo social.

Resolver el burnout requiere tiempo libre y energía para hacer las cosas que ayudarán a aliviarlo, pero por supuesto, tiempo y energía es precisamente lo que una persona exhausta no tiene. De forma natural, aparejado al aumento del burnout asistimos a una disminución del ocio personal. No podemos poner todo de nosotros mismos en nuestras responsabilidades y luego actuar desconcertados cuando levantamos la vista y descubrimos que todas las cosas buenas de nuestra vida han desaparecido. Dedicar nuestro tiempo y energía a objetivos que nos hacen perder prioridad a la salud, las relaciones y el ocio nos pasará factura, y lo hará con venganza.

Primero, sé sincero contigo mismo

¿Piensas que no tienes suficiente tiempo al día? ¿Dejas de lado las cosas que antes te alegraban para hacer espacio a las tareas? Tal vez trabajas durante la comida y por la noche, o te quedas despierto hasta muy tarde porque es el único momento en que nadie te pide nada. O si eres como yo, no puedes dejar de decir que sí a todo en automático y luego ahogarte con una sonrisa en la cara para que nadie piense que eres incapaz.

Es posible que te hayas disociado (que hayas pasado al piloto automático mental, y te encuentras con que “solo haces lo que tienes que hacer”) hace meses para sobrevivir a esta realidad, solo para darte cuenta de que has entrado en una fase de burnout más profunda. Tal vez descubras que tienes ansiedad por el trabajo cada mañana, los fines de semana y en vacaciones. Cuando alguien te pide algo, tienes la tentación de gritar: “¡¿No es obvio que estoy ocupado?!”. Olvídate de “renunciar tranquilamente”: todo el tiempo sientes que estás a un día de renunciar tras un ataque de rabia. A veces incluso sueñas despierto con huir de tu vida. (He oído que Alaska es preciosa en esta época del año). Tal vez, si las cosas se han puesto muy negras, fantasees con desaparecer… solo un ratito.

Puede que te cueste rechazar oportunidades, que todo lo que tienes en el plato te parezca esencial o que estés “en temporada alta” desde que tienes uso de razón. Puede que te sientas culpable de hacer cosas por los demás, incluso cuando no tienes capacidad para ello, y que la confrontación sea tu peor pesadilla. O puede que te sientas “atascado”, que te cueste cumplir compromisos que tienes desde hace tiempo y que no te sientas especialmente comprometido con las cosas que tienes entre manos.

Sin importar la forma que adopte tu burnout, vamos a encontrar la manera de combatirlo. Porque —y no estoy siendo dramática— la calidad de toda tu vida depende de ello. Tangiblemente, el burnout consumirá tu calendario, saboteará tus relaciones y dañará tu salud física. De forma intangible, te robará los mejores años de tu vida mientras estás con la cabeza agachada en modo supervivencia. Destruirá tu salud mental y provocará un burnout y una impotencia parecidos a la depresión.

Imagina cómo te sentirías si no te presionaras tanto para hacerlo todo y complacer a todos; si tuvieras tiempo libre y energía para hacer las cosas que te gustan, y si no te sintieras culpable cuando te tomas un descanso o disfrutas del ocio. ¿Cuánto más agradable, cómoda y satisfactoria sería tu vida si no te sintieras constantemente agotado, estresado o desconectado?

Romper los hábitos que conducen al burnout es difícil, lo sé. (En serio, lo sé). Pero pasar años de tu vida exhausto es más duro. Trabajar hasta la extenuación y no tener límites probablemente te haya llevado muy lejos: el mundo en el que vivimos adora a los trabajadores duros, sin considerar lo que le cuesta a esa persona. Nuestro mundo no tiene límites en lo que te exigirá, así que tú debes tener límites en lo que estás dispuesto a dar.

Eliges aquello que no cambias

Todo lo que hacemos, desde que nos levantamos hasta que cerramos los ojos por la noche, es una elección: si tomas el teléfono a primera hora de la mañana, si piensas en el trabajo después de salir de la oficina, cómo te dejas tratar. ¡Todo! Algunas cosas son triviales, otras te sirven y otras te están matando.

En este libro se sentirá como una (cariñosa) sacudida de hombros y te preguntará: “Cuando mires atrás en tu vida, ¿qué desearías haber hecho de forma diferente?”. La respuesta probablemente no será trabajar más, participar en una docena de comités o pasar tiempo en relaciones que te hacen sentir fatal más a menudo de lo que te hacen sentir bien. A continuación esbozaré los pasos que puedes dar para que tu vida sea lo más tranquila, satisfactoria y manejable posible. Muchas de las herramientas que discutiremos se ilustrarán con las poderosas historias de nuestros clientes.17*

Con el fin de que te administres de una manera que mitigue tu burnout actual, prevenga el burnout en el futuro y refuerce el equilibrio, aprenderás a identificar las señales que indican que estás experimentando agotamiento. Exploraremos las complejidades del burnout moderno y cómo diferenciar entre los tres tipos puede ayudarte a identificar con rapidez los cambios que debes hacer. Además, te familiarizarás con los cinco pilares del manejo del burnout: mentalidad, cuidado personal, administración del tiempo, límites y manejo del estrés. Diferentes factores estresantes en tu vida requerirán diferentes combinaciones de los pilares, pero el dominio de estas cinco áreas te permitirá protegerte con confianza y proteger tu calidad de vida ante diversos factores estresantes en el futuro.

Las sugerencias que hago pueden adaptarse a tus factores de estrés específicos. Si a menudo piensas: “Mi carga de trabajo no es razonable”, me encantaría que aprendieras sobre límites y administración del tiempo. Si le dices a todo el mundo: “Trabajo con gente muy difícil”, hablemos de mentalidad y manejo del estrés. Si empiezas cada semana pensando: “No me siento nada descansado”, permíteme que te introduzca en el cuidado personal y la gestión del tiempo.

Mi metodología te ayudará a crear la vida que deseas ahora y a combatir las numerosas amenazas de burnout a las que te enfrentarás a lo largo de tu vida. Dado que el burnout es un problema continuo, vas a tener una relación continua con este material. Las diferentes etapas de la vida harán que te apoyes en distintas áreas de la gestión del burnout. Toma notas a medida que avances, busca tus herramientas favoritas, no seas pretencioso con este libro. Siéntete como en casa en estas páginas para que el consejo que resuene contigo sea tan fácil de acceder como sea posible en el futuro.

Tus circunstancias y disposición son únicas. Cada uno tendrá puntos de partida y experiencias ligeramente diferentes al utilizar estas herramientas. Lo importante es al menos intentarlo todo. Si odias algo, no tendrás que volver a hacerlo. Te lo prometo.

Si en algún momento de esta lectura te sientes como si estuvieras mirando directamente al sol, es porque yo fui tú. Sé lo que se siente cuando tu vida está tan fuera de tu control que ni siquiera sabes por dónde empezar a arreglarla, sobre todo cuando no recibes más que elogios por cómo se ven las cosas desde fuera y te sientes demasiado cansado para hacer cambios desde dentro.

Ser como eres te ha dado la vida que tienes. Si quieres una vida diferente, tendrás que ser una versión diferente de ti mismo. Tendrás que hacer las cosas de otra manera. Ya sabes cómo será tu vida si sigues haciendo lo que has estado haciendo, y ya que estás leyendo esto, voy a suponer que crees que hay alguna oportunidad de crecimiento. Puedes hacer un par de cambios duros o puedes vivir una vida dura. Estoy aquí para apoyarte en lo primero. Si yo lo hice, tú también puedes.

Todo el mundo merece vivir una vida en la que le guste despertarse. Como mínimo, todo el mundo merece una vida en la que no tenga miedo de despertarse.

1 “State of the Global Workplace: 2021 Report”, Gallup, 2021, https://bendchamber.org/wp-content/uploads/2021/12/state-of-the-global-workplace-2021-download.pdf.

2 “State of the Global Workplace: 2021 Report”; “State of the Global Workplace: 2023 Report”, Gallup, 2023, https://www.gallup.com/workplace/349484/state-of-the-global-workplace.aspx.

3 “State of the Global Workplace: 2021 Report”; “State of the Global Workplace: 2023 Report”.

4 “La pandemia de Covid-19 provoca un aumento del 25% en la prevalencia de la ansiedad y la depresión en todo el mundo”, Organización Mundial de la Salud, 2 de marzo de 2022, https://www.who.int/news/item/02-03-2022-covid-19-pandemic-triggers-25-increase-in-prevalence-of-anxiety-and-depression-worldwide.

5 Kristy Threlkeld, “Employee Burnout Report: COVID-19’s Impact and 3 Strategies to Curb It”, Indeed.com, 11 de marzo de 2021, https://uk.indeed.com/lead/preventing-employee-burnout-report.

6* La Organización Mundial de la Salud, en la undécima revisión de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), define el burnout como un síndrome que resulta del estrés laboral crónico que no se ha gestionado con éxito. Se caracteriza por tres síntomas principales: 1) Sensación de falta de energía o agotamiento; 2) aumento de la distancia mental, o sentimientos de negativismo o cinismo relacionados con el propio trabajo, y 3) reducción de la eficacia profesional. La oms también afirma que el burnout se aplica únicamente al contexto laboral y no a otros ámbitos de la vida. La definición de la organización, aunque importante, no tiene en cuenta el encabalgamiento entre el trabajo y la vida personal, no tiene en cuenta funciones como la de cuidador no remunerado, y no aborda la falta de sentido de propósito, o la desalineación, que puede aparecer de forma importante en la experiencia del burnout de algunas personas.

7 Undécima revisión de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), Organización Mundial de la Salud, https://www.who.int/news/item/11-02-2022-icd-11-2022-release#:~:text=The%20International%20Classification%20of%20Diseases,and%20is%20now%20entirely%20digital.

8 Denise Albieri et al., “Physical, Psychological and Occupational Consequences of Job Burnout: A Systematic Review of Prospective Studies”, PLoS One 12, núm. 10 (4 de octubre de 2017): e0185781, https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5627926/.

9 Armita Golkar et al., “The Influence of Work-Related Chronic Stress on the Regulation of Emotion and on Functional Connectivity in the Brain”, PloS One 9, núm. 9 (3 de septiembre de 2014): e104550, https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0104550.

10 Tarani Chandola et al., “Work Stress and Coronary Heart Disease: ¿Cuáles son los mecanismos?”, European Heart Journal 29, núm. 5 (enero de 2008): 640-648, https://academic.oup.com/eurheartj/article/29/5/640/438125.

11 “Cortisol”, Cleveland Clinic, diciembre de 2021, https://my.clevelandclinic.org/health/articles/22187-cortisol.

12 Michiel Kompier y Cary Cooper (eds.), Preventing Stress, Improving Productivity: European Case Studies in the Workplace (Londres: Routledge, 1999).

13 N. Thevanes y T. Mangaleswaran, “Relationship Between Work-Life Balance and Job Performance of Employees”, IOSR Journal of Business and Management 20, núm. 5 (mayo de 2018): 11-16, https://www.iosrjournals.org/iosr-jbm/papers/Vol20-issue5/Version-1/C2005011116.pdf.

14 David G. Myers, “Close Relationships and Quality of Life”, en Well-Being: Foundations of Hedonic Psychology, eds. Daniel Kahneman, Ed Diener y Norbert Schwarz (Nueva York: Russell Sage Foundation, 2003), pp. 374-391.

15 Andrea N. Leep Hunderfund et al., “Social Support, Social Isolation, and Burnout: Cross-Sectional Study of U.S. Residents Exploring Associations with Individual, Interpersonal, Program, and Work-Related Factors”, Academic Medicine 97, núm. 8 (julio de 2022): 1184-1194, https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/35442910/.

16 Emma Seppälä y Marissa King, “Burnout at Work Isn’t Just About Exhaustion. It’s Also About Loneliness”, Harvard Business Review, 29 de junio de 2017, https://hbr.org/2017/06/burnout-at-work-isnt-just-about-exhaustion-its-also-about-loneliness.

17* Los nombres de mis clientes han sido cambiados, pero el espíritu de sus historias permanece.

La cura del burnout

PARTE I El burnout moderno