Título

UN MENSAJE DE ROBERT

La dedicatoria de mi libro Padre rico, Padre pobre dice:

Para los padres de todo el mundo, los primeros y los más importantes maestros, y para todos los que educan, influyen y guían con el ejemplo.

En este libro, Familia rica, familia inteligente, quiero enfocarme en algo que va más allá de los padres. En nuestro mundo actual, a los niños los bombardean con información, con algo que se transforma en una confusa combinación de hechos y de opiniones… y no siempre es, ni tan precisa, ni tan informada como la que merecen nuestros hijos.

Mi padre rico era el padre de alguien más, era el padre de mi amigo Mike y, de la misma manera, además de lo que tú como mamá o como papá puedas decirles, tus hijos también están expuestos a otras “voces”, a otros maestros o influencias, a entrenadores y consejeros, o a tías, tíos y abuelos.

Más y más hogares se han vuelto multigeneracionales, lo cual les ofrece a los niños y a los adolescentes una rica mezcla de sabiduría, experiencia y perspectivas. Puede ser una situación peculiar y valiosa, pero también puede ser abrumadora y confusa.

Los padres, y quienes están en posición de ejercer un impacto en las generaciones futuras, tienen un beneficio adicional. ¿Sabes cuál es? Que al mismo tiempo que enseñan… aprenden.

Tú, por ejemplo, comenzarás a discernir y a hacer distinciones más delicadas. A través de la repetición y de la enseñanza, tu entendimiento de lo que les estarás ayudando a aprender a tus hijos y a los jóvenes en tu vida será más profundo y claro.

Los maestros son líderes que pueden cambiar el mundo. ¿De qué manera piensas tú dejar huella en las futuras generaciones y en los líderes del mañana?

INTRODUCCIÓN

LA CRISIS ANTES DEL QUIEBRE

Mi padre rico decía con frecuencia: “Si no les enseñas a tus hijos sobre el dinero, muchas otras personas lo harán”. No es ningún secreto que es imposible escapar del papel que el dinero juega en nuestra vida diaria. Todo está relacionado de una manera u otra con él: el lugar donde vivimos, las escuelas en que estudiamos, los alimentos que comemos, dónde compramos y la forma en que nos transportamos de un lugar a otro. Te guste o no, el dinero, como cualquier otro medio de intercambio, está aquí y no se irá. Por eso en la actualidad es más importante que nunca aprender sobre el dinero y sobre el impacto que tiene en nuestra vida. La estrategia que tal vez resultaba lógica el año pasado, o incluso el mes pasado, podría ya no ser la mejor para avanzar. Todo cambió, desde la manera en que ganamos el dinero y la manera en que lo gastamos, hasta cómo lo invertimos, por eso necesitamos cambiar también la forma en que pensamos y aprendemos respecto a él.

En Padre Rico nos gusta decir que “el conocimiento es el nuevo dinero” y, sin importar nuestra edad o nuestros antecedentes, el lugar donde vivamos ni el lugar que ocupemos en la escala socioeconómica, todos podemos volvernos más inteligentes en lo relacionado con el dinero, eso es un hecho. Todos los días, a medida que la economía mundial y el papel del dinero evolucionan, surgen nuevas oportunidades de aprender algo nuevo, de aprender un nuevo oficio o estrategia para aumentar nuestros activos y nuestro plan para lograr la riqueza y alcanzar la paz mental respecto a nuestra situación económica. La verdadera libertad, es la libertad financiera. Es decir, aquella que nos libera del miedo y de la preocupación de no tener suficiente dinero para hacer todo lo que nos brindará, a nosotros y a nuestra familia, la vida que merecemos.

Hoy en día, gracias a la Era de la información y a las tecnologías que no dejan de evolucionar, no podemos ni siquiera empezar a contar todas las maneras en que nos bombardea la información. En todos lados vemos lo que algunos catalogan como “educación financiera”: en las entrevistas en los medios, en lo que dicen los planificadores financieros, en los artículos y los programas de radio, en los podcasts, los boletines, los seminarios… La lista no se acaba. Por eso debo hacerte una advertencia: ten cuidado con la persona a la que escuches y de quien recibas recomendaciones. Muchos supuestos expertos financieros en realidad son vendedores que quieren vender productos y programas, no son maestros ni educadores ni expertos de verdad, no son gente cuyo principal objetivo sea brindarte las herramientas que necesitas para convertirte en el mejor administrador de tus finanzas y en el arquitecto de tu futuro.

¿Con qué frecuencia vemos en televisión o en videos promocionales a atletas profesionales vendiendo una marca específica de zapatos deportivos o a una celebridad diciendo: “Arregla la situación de la deuda con elevados intereses que tienes con tu tarjeta de crédito, opta por un préstamo personal para consolidación de deuda usando el patrimonio que representa tu casa”? Luego, la estrella en cuestión guiña y añade: “Esta es una decisión muy inteligente porque, además, te ofrece beneficios fiscales del gobierno por mantenerte más tiempo endeudado”. Sí, claro, los intereses sobre un préstamo hipotecario son una deducción fiscal… pero, al mismo tiempo, hacen que tu deuda de tarjeta de crédito con intereses elevados a corto plazo se convierta en una deuda de intereses bajos a largo plazo. Tu banquero o banquera también podría decirte que tu casa es un activo, pero no te dice a quién le pertenece ese activo en realidad.

Los vendedores al menudeo te atraen diciendo: “Sin enganche y en cómodas mensualidades”, y todas las instituciones financieras te cantan la misma canción: “Ahorre dinero e invierta a largo plazo”. Las aerolíneas te animan a usar sus tarjetas de crédito para que ganes millas y hagas viajes gratuitos. Incluso nuestro sistema educativo está involucrado. En la actualidad, muchos jóvenes salen de la escuela tremendamente endeudados, debiendo decenas de miles de dólares por concepto de deuda por préstamos estudiantiles que tuvieron que solicitar para pagar su educación superior. Esta es la manera en que nos proveen “educación financiera” en la Era de la información, pero ¿es eso educación financiera de verdad?

La educación financiera se enseña en casa

En mi libro Padre rico, Padre pobre cuento una historia real que se basa en la experiencia con mis dos padres: uno rico y otro pobre; uno con preparación académica y otro que no terminó la escuela. Uno de ellos era empleado del gobierno y le pagaban muy bien, el otro se convirtió en un adinerado hombre de negocios e inversionista. Uno de ellos era mi padre real, el otro era el padre de mi mejor amigo. Ambos eran hombres fuertes, dinámicos y exitosos, ambos eran honestos y trabajadores, pero tenían ideas muy distintas en lo referente al dinero. Mucha gente cree que Padre rico, Padre pobre es un libro sobre el dinero, pero no es así. En realidad, es un libro sobre la educación.

Mi verdadero padre, quien contaba con una preparación académica sólida, pero era muy pobre, en verdad creía que lo más importante para triunfar en la vida era lo que uno aprendía en la escuela. Creía que una buena preparación académica era lo único que se necesitaba para garantizar la seguridad en el trabajo y para tener una vida exitosa. En cambio, mi padre rico, el que abandonó la escuela para hacerse cargo de los negocios de la familia cuando murió su padre, creía que lo que uno aprendía fuera de la escuela era igual de relevante. Él estaba de acuerdo en que lo que uno aprendía en la escuela era importante, pero no te garantizaba una vida exitosa en el aspecto financiero. Por eso se interesó de manera activa en educarnos, a su hijo y a mí, respecto al dinero, pasó horas, días, incluso años enseñándonos lo que a él le parecía importante que aprendiéramos, materias que no nos enseñaban en la escuela, pero que era esencial que todos aprendiéramos… en especial ahora.

Hubo un tiempo en el que la educación de los hijos dependía por completo de sus padres. En la Era de los cazadores y los recolectores, el padre le enseñaba a su hijo a cazar y a proteger a su tribu, en tanto que la madre le enseñaba a su hija a hacerse cargo de las tareas en el campamento, a curtir pieles y a criar a los niños. Tanto el padre como la madre les enseñaban a sus hijos los valores sociales de la tribu: respeto por los mayores, cómo lidiar con las disputas, y las canciones, las costumbres, las historias y los rituales que mantenían a la tribu unida y la hacían una entidad íntegra.

En la Era agraria, la madre y el padre seguían trabajando como un equipo, no solo administraban la granja o el negocio familiar, también criaban juntos a los hijos. En la Era agraria, el padre y la madre todavía tenían un contacto cercano y personal con sus hijos.

Luego llegó la Era industrial, o lo que yo llamo la Era de Leave it to Beaver, en honor a la serie televisiva de los años cincuenta. En esta era, el padre salía de casa para ir a trabajar y traer de vuelta un pago; la madre se quedaba en casa para convertirla en un agradable y cómodo nido para la familia; y los hijos iban a la escuela. Dicho de otra forma, el estado se hizo cargo de educar a los niños y de enseñarles lo que a él le parecía importante. En ese tiempo, las familias todavía convivían bastante tiempo, pero esos períodos empezaron a acortarse y a ser menos comunes.

Ahora estamos en la Era de la información. En muchas familias, ambos padres trabajan para tratar de pagar todos sus gastos. Los chicos suelen volver de la escuela y encontrar una casa vacía, prenden la televisión, participan en algún deporte organizado bajo la guía de un padre o madre que funge como entrenador, pasan horas en los centros comerciales, practican juegos de video hora tras hora o pasan largos períodos pegados a sus teléfonos celulares o en internet.

En lugar de que sus padres sean sus maestros, los niños de ahora están sujetos a la enseñanza de, literalmente, millones de maestros que les enseñan en persona y por vías electrónicas. Esta es la principal razón por la que los padres tienen menos control sobre sus hijos en la actualidad.

Todos necesitamos educación financiera

El Consejo Nacional de la Educación Económica (National Council on Economic Education) puso a prueba el conocimiento sobre los principios básicos de la economía de 1,100 adultos y 1,100 estudiantes de preparatoria. Estos fueron los resultados:

Adultos

6 % obtuvo A

10 % obtuvo B

15 % obtuvo C

20 % obtuvo D

49 % obtuvo F

Estudiantes de preparatoria

3 % obtuvo A

7 % obtuvo B

11 % obtuvo C

13 % obtuvo D

66 % obtuvo F

Dicho de otra forma, 69 % de todos los adultos y 79 % de todos los estudiantes obtuvieron una calificación menor a C. Lo más impactante de la información en el artículo es la simpleza de las preguntas que la gente contestó de forma incorrecta. Eran preguntas sencillas sobre la inflación y sobre los ciclos de la oferta y la demanda.

Si acaso algo pudiera alegrarnos y motivarnos es saber que la actitud de la gente comienza a cambiar. Ahora hay más conciencia respecto a la necesidad de educación financiera, pero todavía quedan preguntas por responder: ¿El cambio se llevará a cabo a tiempo? Y, ¿la información que se enseñe será adecuada y oportuna para que la gente pueda enfrentar la realidad de la vida?

La Era de la información es distinta

En la época feudal, solo el monarca y sus amigos podían ser ricos. La Era industrial puso la gran riqueza a disposición de mucha más gente y de sus amigos. Ahora, en la Era de la información, la posibilidad de que las grandes masas tengan acceso a la riqueza ha aumentado muchísimo. En la actualidad, no solo puedes aspirar a una mayor riqueza, también puedes obtenerla más rápido. Piensa, por ejemplo, en Bill Gates, fundador de Microsoft. Gates se convirtió en el hombre más rico del mundo cuando tenía treinta y tantos años. Hay otras historias de éxito, como la de Elon Musk, director ejecutivo de la empresa de automóviles eléctricos Tesla y de la empresa espacial privada SpaceX, así como de X, la empresa de redes sociales antes llamada Twitter. O como la de Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, o la de Jeff Bezos, fundador de Amazon. En la actualidad tenemos multimillonarios de veintitantos años que amasaron sus fortunas solos y, al mismo tiempo, tenemos a baby boomers que continúan soñando con conseguir un empleo que les pague 50 000 dólares al año. Muchas de estas personas tienen problemas económicos porque aún siguen los consejos de sus padres: “Consigue un empleo seguro”, y porque no se han dado cuenta de que las cosas cambiaron y que, aunque sus padres tenían buenas intenciones, los consejos como este son obsoletos.

Esto no quiere decir que sea malo tener un “empleo seguro”. Para muchas personas, esta continúa siendo la vía más inteligente y menos riesgosa de asegurarse la vida, pero en lo referente a las elecciones que hacemos al diseñar el futuro y el camino que tomaremos, el empleo seguro representa solo un lado de la moneda. Por otra parte, resulta emocionante y vigorizante saber que, en todo momento de la vida, cualquiera puede elegir un camino menos transitado y ser el protagonista de una de las historias de éxito de las que se hablará más adelante, de las que serán celebradas por décadas, si no es que siglos.

Los historiadores han notado que los grandes cambios ocurren cada 500 años. Cristóbal Colón navegó por el mar azul en 1492. En 1989 el Muro de Berlín fue derribado y surgió el internet. Algunos dicen que ese suceso marcó el fin de la Era industrial y el inicio de la Era de la información, pero por desgracia, todavía hay millones de personas que continúan operando bajo las reglas de la Era industrial y dándoles a sus hijos consejos obsoletos… los mismos consejos que les dieron a ellos sus padres.

En el siglo veintiuno, en la Era de la información, empezamos a ser testigos de cambios que lo aceleran todo. Para millones de personas, el aspecto económico de la vida será mucho más difícil, pero muchos otros encontrarán una riqueza mayor que la de los reyes y las reinas de la antigüedad. Algo increíble de la era en que vivimos es que todos tenemos más acceso a la información, y recuerda que, en el mundo de Padre Rico, el conocimiento es el nuevo dinero.

CAPÍTULO UNO

BLOQUE DE CONSTRUCCIÓN #1

¿TU HIJO TIENE UN IQ FINANCIERO ELEVADO?