Índice

Índice

  1. Cómo sanamos
  2. Nota de la autora: por qué sanamos
  3. 1. Empieza desde cero
    1. Enfrenta las dudas y los miedos
    2. Ofrécete perdón a ti mismo
    3. Haz espacio para los nuevos comienzos
    4. Identifica tus necesidades y nómbralas
  4. 2. Vuélvete amigo de tu miedo
    1. Identifica tu miedo
    2. Ve el dolor como un compañero
    3. Cultiva la conversación positiva contigo mismo
    4. Ámate a ti mismo, un día a la vez
  5. 3. Reclama tu poder
    1. Descubre tu verdadera voz
    2. Reescribe tu narrativa
    3. Haz las paces con viejas historias
    4. Nutre a tu niño interior
    5. Lecciones y cartas para tu yo más joven
    6. Haz las paces con tu pasado
  6. 4. Sana tu corazón
    1. Ve hacia donde te sientas bien
    2. Crece en gratitud
    3. Redescubre la alegría y permanece en ella
    4. Escribe cartas a la alegría
    5. Libérate de lo que ya no te sirve
  7. Una nota para ti
  8. Agradecimientos
  9. Sobre este libro
  10. Sobre la autora
  11. Créditos

Para mis lectores

Cuando nos sanamos a nosotros mismos, sanamos nuestro linaje.

La sanación es un acto de cuidado comunitario.

Para mis hijas

Las amo más allá de las palabras.

Ustedes son la razón de mi sanación.

Nota de la autora:
por qué sanamos

Llevo años enseñando a gente de todo tipo a usar la escritura como medio para sanar. He dirigido talleres de cuidado personal en todo el mundo y he ayudado a miles de personas en sus viajes de sanación. Sin embargo, este libro estuvo a punto de no ser publicado. La duda en mí misma y el síndrome del impostor eran intensos. Me encontraba atrapada en una espiral de pensamientos negativos, haciéndome preguntas como: “¿Quién te crees que eres?, ¿qué te hace pensar que estás calificada para escribir esto? No eres terapeuta, ni médico, ni una erudita con formación investigadora. Tu experiencia no es suficiente”.

Con ese discurso negativo a cuestas, iba a mi computadora y trataba de escribir un libro sobre la sanación, el autodescubrimiento y la confianza en uno mismo. Cada vez que me sentaba a escribir, me ardían los ojos. El corazón me latía rápido y me sudaban las manos. La ansiedad me ganaba una y otra vez. Casi todos los días, alejarme del proyecto me parecía algo más seguro que intentar escribir. Cuando me alejaba, la duda me decía: “¿Ves? No tienes la determinación para lograrlo. Por eso, esto no es para ti. No estás hecha para este trabajo”. Qué intenso, ¿verdad? Las historias que nos contamos a nosotros mismos pueden construirnos o destruirnos.

Cuando empecé a pelar las capas y desentrañar por qué intentaba convencerme a mí misma de no escribir este libro, me di cuenta de que me preocupaba por algo equivocado: me preocupaba mucho porque mi experiencia no era suficiente, cuando en realidad sí lo es. Y aunque quizá no tenga un título en psicología o una plaza de investigación de tiempo completo, tengo una vida real que he vivido. Me han hecho daño y he sanado, y eso cuenta. Pude ver que mi papel es ayudar a las personas a mostrarse de forma auténtica en su sanación para que estén mejor que antes de leer este libro.

Comparto esta historia porque sé que todos hemos tenido momentos en los que dudamos de quiénes somos, o bien olvidamos quiénes somos y lo lejos que hemos llegado. A veces nosotros mismos somos nuestro crítico más duro. Todos, en algún momento, hemos inventado historias sobre quiénes no somos, en lugar de centrarnos en lo bueno de lo que somos. Quizá estés leyendo esto y pienses: “Alguien me dijo esas cosas negativas sobre mí y mis capacidades, y yo las creí”. No importa de dónde venga tu visión reducida de ti mismo, debes recordar que en la sanación y la liberación de historias falsas y proyecciones externas no te servirá de nada encogerte y alejarte. La sanación requiere que nos pongamos en contacto con nuestro verdadero yo, y eso, amigos míos, requiere que nos mostremos y seamos grandes.

Llevo dos años trabajando con mi crítico interior en terapia y sanar la parte de mi mente que me dice que no soy lo bastante buena es un asunto en progreso. Sé que no soy la única. He tenido el honor de acompañar a miles de personas en su viaje de escribir para sanar. La forma expansiva en que la gente se mostraba en las páginas de sus diarios siempre me dejaba boquiabierta. Vi que, a través de la escritura, la gente podía mirar con honestidad su dolor como nunca antes. Todo el mundo dice lo mismo: “Quiero encontrarme a mí mismo, sanar mi corazón y soltar las cosas que se interponen en mi camino”. Pero muy a menudo las personas eligen no mirar sus heridas emocionales, traumas y defectos porque no saben cómo sanarse a sí mismas después de descubrir el desastre que hay dentro.

Lo entiendo. Yo me alejé de mi dolor durante años. Darle la espalda me llevó a tener muchos comportamientos destructivos, como autolesiones, ansiedad, depresión y a tener un hijo a los 18 años porque buscaba amor, consuelo y atención en los lugares equivocados. Sanar lo que nos desgarra es un trabajo difícil, pero es posible. Los humanos somos complicados y tenemos defectos. Me gustaría que normalizáramos eso y que estuviéramos abiertos a darles la bienvenida a nuestros miedos e imperfecciones justo donde están.

Mi propio viaje de sanación se ha basado en escribir para sanar: la práctica de utilizar la escritura para soltar mi equipaje, procesar mis emociones más profundas y crear una nueva narrativa para mi vida. En mi práctica personal, la escritura me forma y sigue siendo mi permiso para mostrarme con defectos e insegura, al mismo tiempo que doy espacio a la gratitud, el potencial y el reconocimiento de lo lejos que he llegado.

Escribir me recuerda que no necesito tener las cosas claras para empezar a sanar. Al contrario, es un recordatorio de que debo presentarme tal como soy, con la curiosidad en la mano, dispuesta a enfrentarme a lo que tenga delante en la página. Es una herramienta que me recuerda que, incluso en la duda, el trabajo que necesito hacer saldrá a mi encuentro, esté donde esté. Conforme sano, llego a la página cruda y honesta y recuerdo que no soy la víctima de mis pensamientos. Cuando creía que no podía recomponerme lo suficiente como para escribir este libro, las páginas de mi diario me permitieron descubrir no solo mis porqués, sino también mis por qué no. La claridad siempre nos encontrará si somos lo bastante curiosos y honestos. Pero no será sin lucha. La sanación es un trabajo lento y sagrado que todos deberemos enfrentar a lo largo de la vida.

Cuanto más exploro mi propia sanación y más tiempo dedico a dar cursos de escritura para sanar, más descubro que el trauma no tiene por qué ser nuestro lugar de descanso. Podemos sentir, abordar y notar nuestro dolor sin tumbarnos en él y quedarnos ahí. Para mí, eso es lo que significa caminar por, o junto a, nuestra sanación, levantándonos de nuevo cada vez que tropezamos o caemos. Antes pensaba que eso era una lata —no llegar a estar sanada—, pero conforme más me conocía a mí misma y mis puntos de dolor, más cuenta me daba de que lo necesario es elegir no quedarme en el pozo de mi dolor, verlo por lo que es y usar las herramientas que comparto aquí. No hay un punto final para la sanación.

En la comunidad del bienestar se habla de la sanación como un objetivo final. El mensaje sugiere que si podemos sanar y superarlo (lo que sea), todo saldrá bien. Pero sanar no significa que ya no vamos a experimentar más sufrimiento o ternura debido a la situación original que nos dañó. La sanación es algo eterno o, como les digo a mis pacientes y alumnos, un recordatorio constante de que debemos querernos y cuidarnos, una invitación a cuidarnos como lo hacemos con los demás.

Sanamos para hacer espacio, para redefinirnos a nosotros mismos y nuestras narrativas. Para expandirnos y mejorar. Para perdonar, crear nuevas posibilidades y avanzar. Para construir comunidad y crear vínculos. Sanamos para liberarnos de la vergüenza, manifestar amor propio, crear autonomía y empezar de nuevo. Sanamos para redefinirnos, enfrentarnos a nuestros miedos y desarrollar la confianza en nosotros mismos. Sanamos para reparar relaciones y profundizar las conexiones con quienes nos rodean. Sanamos para liberarnos.

La sanación crea un sano sentimiento de unión que la miseria y la ruptura no pueden crear. Sé que esto es verdad porque pasé años de mi vida relacionándome con personas traumatizadas, y eso no era nada saludable para ellas ni para mí. Era codependiente y estaba atrapada en una confusión emocional. A veces sanamos para demostrar algo; a menudo la sanación está en demostrar, en cambiar y en hacer que otras personas den testimonio. Puede que haya personas en tu vida que aún no estén preparadas para hacer su propio trabajo de sanación, pero cuando te ven cambiar, romper ciclos y empezar a sanar, es casi como un permiso de lo que es posible para sus propias vidas.

Había mucha gente en mi vida que no había hecho su propia sanación, y me decían que yo sería una madre adolescente destruida y sin habilidades para la vida. No solo me negué a creer eso, sino que también trabajé duro para no ser lo que la gente esperaba. No permitiré que las proyecciones externas me destrocen.

Quizá seas el único que hace las cosas diferente en tu familia, o tal vez que seas el único que decide liberarse emocionalmente en tu grupo de amigos. Sé que puedes sentirte aislado, pero no ignores tu sanación porque estás esperando a que tus seres queridos sanen contigo. Actúa, establece límites y haz el trabajo porque tú eres el líder de tu vida y ellos son los líderes de la suya. Recuerda que puedes amar profundamente a las personas y aun así elegir no quedarte atorado con ellas en patrones poco saludables. Tu sanación puede marcarle el camino a los demás. Es una invitación abierta para que otros exploren cómo puede ser la sanación en su propia vida.

La sanación es transformacional y cíclica, ya sea que tengas un brazo roto o un corazón roto. Hay que ocuparnos de todo lo que nos duele, lo que está roto o lo que se derrumba. Ignorarlo no nos sana, sino que provoca una rápida desintegración de nuestra mente, cuerpo y espíritu. Si no enfrentamos lo que nos lastima o nos duele, seguirá destrozándonos.

Descubrí que sanarme era una elección activa de aprender de mis errores y recordar mi valía. Requiere esfuerzo. Requiere encontrar en cada momento el punto dulce de la reparación. Por eso digo que esto es para siempre, un amor para siempre, una especie de matrimonio. Confiar en que la sanación es una elección activa que puede ser muy dura me dio paz interior en los días que más dolían. Cuando dejé de pensar que estaría sana para siempre después de sanar la primera vez, desapareció la decepción de no tener una experiencia única e irrepetible. Recordar que no estoy rota, que necesito atender eso mismo de lo que creía que ya había sanado, me ofreció una sensación de gracia.

En este libro te invito a que me acompañes en un viaje de sanación, un viaje de reconexión contigo mismo y de bienvenida a la alegría que aparece ante tu puerta. Espero que este libro te brinde los recursos necesarios para crear tu propia práctica de sanación personal. Es una invitación a encontrar lo que funciona y te hace sentir bien. Y aunque para cada uno de nosotros la sanación puede verse y sentirse muy diferente, todos tenemos algo en común: el deseo de vivir una vida plena y liberadora, incluso cuando las cosas se ponen difíciles.

En las siguientes páginas te guiaré a través de un proceso de sanación en cuatro pasos. En el paso 1 nos ocuparemos de las dudas sobre nosotros mismos y dejaremos espacio para nuevos comienzos, con el fin de que estemos preparados para recorrer el camino que tenemos por delante. En el paso 2 trabajaremos para aprender a volvernos amigos de nuestro miedo y que así deje de controlarnos.

El paso 3 te da lecciones para reclamar tu poder y reescribir tu historia con intención. Y el paso 4 se centra en inclinarte hacia lo que te hace sentir bien para vivir con gratitud y alegría.

Este proceso de cuatro pasos es el mismo marco en el que he basado mi propio viaje de sanación, y es un proceso que ha ayudado a miles de participantes de mis talleres a sanar su corazón. Aunque la sanación nunca es lineal, espero que seguir estos pasos te dé una base para la sanación: bloques de construcción a los que puedas volver una y otra vez.

A lo largo de cada paso encontrarás ejercicios de escritura que podrás seguir en tu diario. Llevar un diario es fundamental para el trabajo que haremos juntos. Tal vez llegues a este libro pensando: “No soy escritor” o “Nunca he sido bueno para llevar un diario”. Deja atrás esos pensamientos.

Escribir para sanar es para todos. Permite que tu diario sea tu confidente, tu compañero y tu espejo. Un lugar seguro donde desmoronarte y recomponerte. Cuando escribimos para sanar, nos presentamos ante nosotros mismos sin pretensiones ni juicios, y creamos un espacio para conectar con las partes más profundas y sagradas de nuestro interior.

Además de los ejercicios de escritura, también encontrarás temas de conversación, meditaciones y prácticas de respiración. Juntos, estos elementos forman la columna vertebral de este viaje para sanar. Escribimos para soltar nuestro equipaje, darle sentido a nuestro dolor y manifestar nuevas narrativas. Nos conectamos con nuestros seres queridos para crear comunidad y encontrar apoyo. Meditamos y respiramos para liberar la tensión de nuestro cuerpo y dejar espacio para la sanación y la alegría en nuestro espíritu.

El libro está salpicado de ensayos y entrevistas a mujeres increíbles —escritoras, atletas, terapeutas, artistas y otras— que han llevado a cabo una profunda labor de sanación. Espero que sus historias te brinden esperanza e inspiración en tu propio camino.

Conforme avanzas en la lectura de este libro, recuerda que siempre queda trabajo por hacer. La sanación es un acto de restauración del linaje: consiste en enfrentar y reparar los traumas que se han transmitido de generación en generación, y eso lleva tiempo. Incluso si eres el único de tu familia que está haciendo el trabajo de sanar, no te desanimes. Eres capaz de abrir el camino y marcar la pauta. Tal vez sientas que tienes mucho que cargar, pero recuerda que siempre puedes soltar tu equipaje y dejar algunas cosas atrás. Saca de tu maleta emocional algunos de esos viejos sentimientos y hábitos. Si no te sirven, déjalos ir. No todo el mundo entenderá tu compromiso contigo mismo, tu bienestar y tu trabajo de sanación. No te preocupes por no ser comprendido. Recuerda por qué estás sanando y mantén la promesa de seguir adelante que te hiciste a ti mismo.

Y cuando la sanación te parezca compleja, complicada o excesiva, te invito a descansar. Tómate un respiro y vuelve a lo que estás intentando superar, trabajar y recomponer. La sanación no consiste en hacerlo lo más rápido que puedas, sino en tomarte tu tiempo, centrarte en ti y priorizar tus necesidades. Ocuparte de tu sanación es un acto de autoayuda que nadie más puede darte y que nadie más puede hacer por ti. Tú eres capaz, aunque eso signifique que necesitas alejarte un tiempo para recalibrarte.

En nuestro viaje juntos, observaremos nuestros defectos para enfrentarlos y sanar nuestras heridas emocionales de forma sana y solidaria. También observaremos nuestros pequeños momentos de alegría, sanación y gratitud. Celebrarnos también forma parte de este trabajo. Haremos pausas en el trabajo de sanación profunda sobre la página y miraremos nuestra vida a través del lente de la alegría y aprenderemos a identificar lo que nos hace sentir vistos, seguros y apoyados.

Maya Angelou dijo: “Nada funcionará a menos que tú funciones”. Mantén esta frase cerca. Si quieres que tu sanación te aporte claridad, debes estar presente y hacerte cargo de ella, incluso de lo más caótico y desagradable. Sí al descanso, pero también sí a la revisión. La sanación vendrá en oleadas, así que céntrate en ti mismo, tu cuerpo y tus sentimientos, mientras te abres camino a través de lo bueno y lo malo. Cuando nos sanamos a nosotros mismos, empezamos a sanar nuestro linaje y nuestras comunidades. Eso, amigos míos, es un acto radical y necesario.

Escribe
en tu diario

Diez razones por las que me sano

En tu diario, titula la parte superior de tu página “Por qué me sano”. Enumera 10 cosas que te vengan a la mente. Puedes hacerlo todo de una vez o volver a ello conforme te lleguen cosas a la cabeza. A continuación te doy algunas pistas para que tu mente empiece a trabajar.

Estoy sanando porque quiero…

Estoy sanando porque necesito…

Estoy sanando porque merezco…

Estoy sanando porque me siento…

Estoy sanando porque veo…

Estoy sanando porque me encanta…

Estoy sanando porque mis…

Estoy sanando porque estoy…

Estoy sanando porque puedo…

Estoy sanando porque elijo…

Una vez completada la lista, elige las tres razones principales y escribe cada una en una nota adhesiva. Coloca cada nota en algún lugar de tu espacio vital: la cocina, el espejo del baño, el buró. También puedes tomarles una foto y ponerlas como fondo en tu teléfono. Ver no solo es creer, sino también recordar. Si necesitas un empujón para empezar, echa un vistazo a mi lista completa.

Estoy sanando porque quiero libertad emocional.

Estoy sanando porque necesito claridad.

Estoy sanando porque merezco sentirme en paz.

Estoy sanando porque me siento abierta y preparada.

Estoy sanando porque veo las posibilidades de crecimiento.

Estoy sanando porque me encanta mirar atrás y ver lo lejos que he llegado.

Estoy sanando porque mis hijos me miran.

Estoy sanando porque estoy comprometida a romper los ciclos enfermos.

Estoy sanando porque puedo crear paz en mi vida y en mi mente.

Estoy sanando porque elijo confiar en el proceso y en el camino que tengo por delante.