
Bienvenido a estas páginas. Soy Nathaly Marcus y quiero darte las gracias por estar sujetando este libro hoy. Decidí escribirlo para dejar plasmada mi pasión por la salud y compartirla de una forma muy personal con lectores como tú, interesados en su bienestar. Me siento muy afortunada de poder decir que como nutrióloga funcional he transformado la vida de miles de pacientes, ayudándoles a reparar, regenerar y resetear no solo su cuerpo, sino también su mente y su historia, por medio de la alimentación y con una filosofía de vida sana integral. Me siento más afortunada aún por tener la posibilidad de ayudarte a ti también a convertirte en un ser integral.
Quisiera comenzar compartiendo brevemente el camino de mi transformación, que comenzó cuando yo tenía unos 15 años. Era de madrugada, llovía a cántaros y me rehusaba a salir de casa, ya que nunca me ha gustado manejar en esas condiciones meteorológicas. Pero mi cuerpo no podía más: sentía que el estómago me iba a reventar porque me encontraba sumamente inflamada. Salí en busca de una farmacia, con el fin de conseguir supositorios de glicerina para combatir mi estreñimiento crónico. Recuerdo que dentro del coche andando, detenida frente al semáforo y con los limpiaparabrisas como sonido de fondo, tuve una revelación interna y decidí regresar a casa.
Esa noche marcaría el comienzo de algo nuevo, algo que, sin saberlo, sería arduo de alcanzar, pero muy gratificante. A partir de ese momento, poco a poco mi historia se convirtió en una especie de testamento que quiero compartirte, para que lo hagas tuyo y, como yo, adoptes como misión tener una vida feliz, plena y saludable.
Antes de experimentar ese punto de inflexión tan definitivo bajo la lluvia, constantemente me preguntaba por qué no podía vivir como una adolescente normal o por qué no era más sana. A menudo tenía migrañas, colitis crónica y me enfermaba de gripe casi todos los meses. Terminaba llenándome de antibióticos, con el buró al costado de mi cama repleto de envases de pastillas y hasta inyecciones de penicilina. Como resultado, me provoqué una gastritis medicamentosa.
Mis problemas no terminaban ahí, existía una cuestión aún más grave: mi baja autoestima. Sufría de acné, de celulitis, tenía caderas anchas y era muy nalgona. Sobrellevé años de lucha conmigo misma. El día y la noche se convertían en torbellinos vertiginosos de decepción, frustración, culpa y mucha desesperanza. Nunca me gustó mi cuerpo, no me aceptaba y al verme al espejo lo hacía con enojo.
Años más tarde la situación empeoró. Me fui a estudiar fuera de mi país y aumenté casi 12 kilos. Me sentía muy sola, oscurecía muy temprano en el lugar en donde estaba y vivía en constante ansiedad, por lo que mi cuerpo me pedía azúcar.
La preocupación de regresar a México a pasar las vacaciones de fin de año con mi familia en Acapulco era constante, ya que ahí tendría que ponerme un traje de baño que delataría mis escabrosas debilidades y mi sobrepeso. Para arreglar el problema, decidí salir a correr todos los días a las cinco de la mañana, sin importar lo oscuro y frío del ambiente. Durante el día únicamente comía manzanas, y por la tarde me alimentaba de chocolates desesperadamente, creando una adicción terrible. Algunas veces, vomitaba los chocolates 30 minutos después de haberlos ingerido. Además, fumaba para no subir de peso. Lo único que logré con eso fue hacerle un daño grave a mi cuerpo.
Mis padres nunca supieron sobre mi trastorno de conducta alimentaria. Concluyeron que mi incremento en tallas había sido producto de vivir en el extranjero, así que en cuanto regresé, para levantar mi ánimo, me llevaron a una clínica de masajes de rodillos donde, según mi madre, me bajarían las “lonjitas”. En realidad, lo único que me dejaron esos masajes fueron moretones. Además, en ese mismo lugar me dieron una dieta patética y muy estricta que solo me mataba de hambre.
En un mes logré bajar casi ocho kilos, pero mi trastorno continuó, ya que a escondidas comía alimentos chatarra de forma compulsiva, que luego vomitaba. Seguía viviendo enojada conmigo misma por la tormentosa montaña emocional en la que me había convertido. En pocas palabras, mi vida era miserable.
Recuerdo una ocasión en la que mi menstruación fue tan terrorífica, llena de dolor, depresión, migraña y estreñimiento que terminé en el hospital. Ahí conocí a una doctora que me platicó sobre su experiencia en la carrera de Nutrición y Ciencias de los Alimentos en la Universidad Iberoamericana, y tuvo sentido para mí inscribirme en ella. Desde entonces, cada etapa se convirtió en un eslabón de una cadena que hoy conforma mi pasión de vida.
Al mismo tiempo que estudiaba, me convertí en mamá y tuve a mis gemelas. Mis hijas nacieron prematuras con solo un kilogramo de peso y problemas neurológicos. Fui al extranjero a pedir ayuda a una doctora osteópata que les dio a mis hijas una dieta especial, suplementos, ejercicios y muchas terapias de diferentes tipos, principalmente sensoriales, de desarrollo neuronal y osteopatía craneosacral.
Con mucho esfuerzo, pero también aprendizaje, logré sacarlas adelante.
Aunque fueron meses intensos, me apasionaba aprender sobre los métodos y las terapias que mis hijas recibían, así como sobre los alimentos de su dieta y el impacto de estos en su desarrollo neuronal. Por primera vez vi la salud como algo integral, un balance y equilibrio entre la mente y el cuerpo, basado no solo en una buena nutrición, sino en diversos aspectos emocionales y hasta ambientales.
Terminé mi carrera en la Universidad Iberoamericana y tomé la decisión de especializarme en Medicina Funcional en Phoenix, Arizona, para continuar ampliando mi sabiduría y dar el siguiente paso para ayudar a más personas, de la misma manera en que logré hacerlo con mis hijas.
Recuerdo el día que llegué a mi primera clase en aquella cálida ciudad. Me senté en el salón de clases y vi proyectada la misma diapositiva sobre los alimentos esenciales que estudié en la carrera, pero justo a la inversa. Eso cambió completamente mis paradigmas.
La base de esta nueva pirámide no eran los cereales, sino las verduras y las frutas moradas y rojas ricas en antioxidantes, seguidas de las grasas buenas, o sea, monoinsaturadas y poliinsaturadas, ricas en ácidos grasos esenciales conocidos como omegas. Las encuentras en la mayoría de los frutos secos como nueces y almendras, aceite de oliva, aguacates (paltas), aceitunas, pescados de agua fría, entre otros. Luego aparecían las proteínas (principalmente provenientes de pescados y plantas); después, granos como los cereales integrales y, finalmente, hasta arriba, en pequeño, los lácteos y la carne roja.
La idea de consumir pocos lácteos, alcohol y carne roja resonó conmigo. Por supuesto comprendí que el azúcar puede hacer mucho daño y que los alimentos procesados no deberían formar parte de la ecuación alimentaria.
Aquel descubrimiento de inmediato tuvo sentido para mí, y a partir de ese momento cambié radicalmente mi dieta y la de mi familia. Consumí alimentos frescos, dejé el gluten, el azúcar y los lácteos. Convertí en parte importante de mi alimentación las grasas vegetales ricas en omegas y las verduras, tomé suplementos ideales para mi organismo y adopté una dieta mediterránea rica en antioxidantes. Mi salud cambió por completo, dejé de enfermarme, mi ansiedad se esfumó, mejoró mi salud digestiva y el síndrome premenstrual. Y encima de todo, mi piel lucía fresca e hidratada.
A los 33 años me ligaron las trompas. Esto, aunado al uso prolongado de anticonceptivos, me causó un gran desequilibrio hormonal conocido como predominancia estrogénica. Acarreaba este trastorno desde la adolescencia debido a una deficiencia de progesterona, responsable de mi síndrome premenstrual, reglas dolorosas y abundantes, migrañas, acné, acumulación de grasa en glúteos y caderas, celulitis y cambios en mi estado de ánimo.
Después de estudiar un fellowship en Medicina Antiedad y una especialidad en Hormonas Bioidénticas, logré equilibrar mis hormonas y comprendí cómo este pilar era fundamental para mejorar mi salud física y mental.
Empecé a querer mi cuerpo por primera vez. Y lo mejor de todo es que, con la ingesta diaria de magnesio que practico desde entonces, mejoré mi digestión y desapareció el estreñimiento y las migrañas. Los beneficios no solo se vieron reflejados en mi vitalidad: para mi sorpresa bajé tres tallas de ropa (siempre tuve un trauma con ser caderona, chaparrita y nalgona). Hoy, a mis 51 años, me siento mejor que nunca y muy orgullosa de mi tipo de cuerpo (conocido como cuerpo de pera) y de mi transformación.
Ya han pasado más de 25 años desde que comencé a estudiar nutrición funcional y mi aprendizaje aún no acaba. Soy una eterna aprendiz y me encuentro en constante actualización.
Hoy estoy más convencida que nunca de que todos los problemas de mi juventud se debieron a un círculo vicioso multifactorial. Mi ingesta de alimentos inflamatorios (lácteos, trigo y azúcar), el abuso de antibióticos, mi desequilibrio hormonal, todo ello, sumado a mi perfeccionismo, rigidez y sobreexigencia, provocó un intestino permeable, lo que dio origen a la mayoría de mis síntomas y problemas de salud.
Hoy continúo regenerando mi intestino, rotando mis alimentos, escuchando a mi cuerpo, rompiendo paradigmas y creencias acerca de mi salud. Aprendo todos los días a conocerme mejor y, sobre todo, a ser gentil conmigo misma. Además, me doy tiempo para meditar y llena de felicidad puedo decir que mi memoria, mi digestión, mi piel, mi energía, mi cuerpo y mi estado de ánimo son extraordinarios. Radicalmente mejores de lo que eran hace algunos años.
Amar a mi cuerpo significa respetarlo, escucharlo y honrarlo. Me dedico a comer sano, a optimizar mi salud y la de los que amo, y a vivir una vida consciente en un bienestar integral. Pero, ojo, también me gusta tomar tequila, una copa de vino con mis amigas y disfrutar de un viaje probando nuevos alimentos típicos del lugar para conocer sus costumbres. El fin de semana disfruto de un buen postre o algunos platillos que incluyen aquellos ingredientes que cada vez consumo menos. Me gusta comer sin culpa ni remordimiento. Tratar a mi cuerpo con este tipo de flexibilidad me ha ayudado a vivir plenamente y a gozar de un estilo de vida que me libera de pensar en mi peso.
Hoy veo a los alimentos como mis aliados, no como mis enemigos. Estoy enamorada de lo que hago y de mi misión.
Justamente esto deseo para ti, una historia de éxito basada en tu salud, armonía y bienestar.
Bienvenido a este camino de sanación y reconstrucción. De hacer las paces con tu cuerpo y vivir desde el cuidado de ti mismo, para que te conviertas en un ser integral y tengas una vida plena, libre de enfermedades y seas un embajador de este movimiento, para que, como yo, seas un entusiasta del bienestar.
A tu salud,
NATHALY

Mi primera publicación, Secretos para mantenerte sano y delgado, se convirtió en un éxito. En ella hablé sobre hábitos alimenticios y sugerencias exclusivas para mantenerte en un peso óptimo, así como formas de cuidar el intestino. Lo curioso fue que muchos lectores me buscaron para preguntarme cómo cambiar costumbres arraigadas, reparar su intestino y conseguir un estilo de vida saludable permanente.
Ahí fue cuando me di cuenta de que faltaba algo más en aquella valiosa información que había recaudado. Entonces empecé a idear el plan perfecto para regenerar el intestino (conocido como “el segundo cerebro”) y cambiar de forma duradera no solo el peso, sino también la salud, la energía, la vitalidad y la vida en general. Así surgió el régimen que hoy llamo el método de las 3 R: Reparar, Regenerar y Resetear, que contiene la pieza del rompecabezas que hacía falta para lograr una vida aún más sana y plena.
Cuando hacemos ejercicio moderado, meditamos, dormimos bien, tenemos una relación en pareja positiva, nos nutrimos conscientemente, cuidamos lo que entra a nuestra mente y nuestro espíritu, el cuerpo nos lo agradece. Cambiamos nuestro estado vital y recuperamos energía, nos regresa el buen humor junto con la concentración, la libido, la productividad, y nos volvemos seres más felices y plenos, es decir, integrales.
La palabra nutrir significa proporcionar a un organismo las sustancias que necesita para su conservación y crecimiento. Pero cuando yo hablo de nutrir, me inclino más por la palabra en inglés nurture, porque su significado abarca un abanico aún más grande que incluye cuidarnos, protegernos, alimentarnos y estimularnos desde el autocuidado, el amor y el genuino deseo de estar saludables en mente y cuerpo.
¿Cuántas veces te has sentado a reflexionar si lo que haces día a día realmente aporta algo positivo a tus células? Quizá esta es la primera vez que te lo cuestionas, pero es muy importante considerar que tu estilo de vida debe nutrir tu cuerpo, mantener sana tu mente, ser positivo para tu espíritu y beneficiar tu proyecto de vida. La verdadera felicidad es trascender, encontrar un porqué para nuestras acciones, buscar resultados positivos, vivir desde un propósito y darle sentido a nuestra vida. Solo así el cambio podrá ser permanente. Un cuerpo sano y bien nutrido es el vehículo perfecto para que tu mente y tu conciencia funcionen de forma óptima.
Con este libro podrás identificar qué alimentos te están haciendo daño y cuáles te brindan energía. Y lo descubrirás de forma muy fácil a través este método de tres fases. Además, aprenderás a rotar la comida para desinflamarte y, sobre todo, aprenderás a escuchar a tu cuerpo para darle lo que verdaderamente te está pidiendo.
A lo largo de mi carrera, he notado una constante en la salud de mis pacientes: la mayoría llega al consultorio padeciendo ciertos síntomas o alguna enfermedad. Sin embargo, después de realizar un diagnóstico detallado, descubrimos que sufren no solo una, sino varias deficiencias: alteraciones hormonales, intoxicación por metales pesados (como mercurio, que está presente en pescados grasosos como el salmón o el atún; plomo, en el medio ambiente y tuberías; y aluminio, en ollas de teflón y desodorantes; ver capítulo 8), falta de energía, microorganismos patógenos e inflamación crónica.
Por ejemplo, he recibido a personas con problemas gastrointestinales que ignoran que también padecen estrés agudo. Este trastorno, que aparentemente es solo psicológico, puede llegar a tener repercusiones negativas concretas sobre la salud física, ya que afecta los niveles de las hormonas, el sueño, así como la productividad. Cuando se vive en modo de emergencia o supervivencia, la mente y el cuerpo son los principales afectados. El motivo es que el organismo se acostumbra a liberar cantidades anormales de cortisol, sustancia que entra al torrente sanguíneo y a la larga provoca que los tejidos se resientan, lo que afecta las hormonas sexuales, las neuronas, los niveles de glucosa, la tiroides y la salud intestinal, entre otras cosas. Y todo ello produce enfermedades secundarias graves.
Este tipo de casos es uno de los cientos que tratamos cada año. Por ello, la medicina funcional es tan fascinante, porque su objetivo no solo es crear salud o aplicar una especie de curita al padecimiento evidente, sino también mantener un bienestar integral en cada ser humano.
La información que presento en este libro te ayudará a generar un cambio profundo de dentro hacia fuera, ya que no solo te voy a enseñar a comer y a reparar tus órganos internos a través del consumo de alimentos saludables, sino que también te hablaré de las emociones, los hábitos y los pensamientos, que son energía que te puede nutrir, pero, si no es la correcta, también te puede destruir.
El libro está dividido en dos partes. La primera, “Los pilares del método de las 3 R”, te dará las bases completas para que tengas mayor claridad y conciencia, y te dirá cómo prepararte a nivel emocional y físico antes de iniciar. La segunda parte, “El método de las 3 R”, presenta el plan de alimentación para las tres fases de Reparación, Regeneración y Reseteo, las cuales conforman un plan de alimentación ideal para ayudarte a generar hábitos positivos y alcanzar una buena salud.
Cada fase te dará información valiosa y al final de cada sección podrás encontrar el plan adecuado para cada una. El plan de 14 días para la Fase 1: Reparación tiene como objetivo reparar tu intestino. Una vez reparado, seguimos con el plan de la Fase 2: Regeneración, el cual dura de 15 a 30 días y tiene como objetivo regenerar tu salud en general. Terminaremos con el plan de la Fase 3: Reseteo, cuyo objetivo es resetear tu alimentación, hábitos y mentalidad para que experimentes una vida saludable y te olvides de estar siempre a dieta.
Este libro es una guía que puedes tener siempre a la mano, y no es necesario que lo leas de principio a fin. Si gustas, puedes ir directo al plan de alimentación de cada fase, aunque te sugiero que por lo menos una vez absorbas la mayor cantidad de información posible a lo largo de cada uno de los capítulos previos, ya que todos ellos están aquí para ayudarte a conocer más sobre un nuevo estilo de vida completamente integral y para que, a partir de este momento, tomes decisiones más sabias cada día de tu vida.
Es muy probable que lo sea. La información no solo está enfocada en bajar de peso. Si tienes este libro en tus manos es porque seguramente estás interesado en construir nuevos hábitos y desarrollar una buena relación con la comida, así como aminorar síntomas y prevenir enfermedades. Recuerda que no se trata de hacer dietas, sino de aprender a comer y convertirte en un ser ser integral.
Bienvenido. Te aseguro que cuando termines de leerme y hayas implementado el plan de alimentación de cada fase, jamás volverás a ser el mismo.
Repara, Regenera y Resetea tu cuerpo y tu vida desde hoy.


Capítulo 1
La infinita flexibilidad es el secreto de la inmortalidad.
ANTIGUO DICHO VÉDICO
El ser humano no es simplemente la unión de partes físicas, sino que contiene dimensiones emocionales, mentales y espirituales que no deben ser reducidas a procesos materiales exclusivamente. Por ello, la salud significa mucho más que el bienestar del cuerpo. Todas las dimensiones del ser deben ser tratadas por un médico o profesional de la salud.
Hay quienes afirman que el cuerpo es un templo. Yo, además, creo que es tu herramienta más poderosa e importante para alcanzar la felicidad. Está diseñado para apoyar la mente y trabajar con ella para crear un estado de total plenitud; asimismo, la mente influencia, una a una, todas las células dentro de ti. Cada vez que tienes un pensamiento, sensación o sentimiento, el cuerpo responde porque es un campo de energía e inteligencia conectado con tu mente.
Se dice que somos lo que comemos. Y yo creo que también somos lo que vemos, tocamos, respiramos, absorbemos, sentimos, pensamos y disfrutamos. Es decir, somos moléculas de energía con la capacidad de modificar la salud para bien o para mal, con estímulos internos y externos. Nuestras células nos escuchan y cada una de ellas se va modificando en el organismo, a partir de las experiencias que vivimos y cómo las interpretamos, lo que nos decimos a diario, la actividad física que realizamos, los alimentos que consumimos, la forma en la que nos desintoxicamos, el agua que bebemos y el aire que respiramos.
Un individuo no es sano si se encuentra en una biósfera enferma. El bienestar de nuestro planeta y su ecosistema es un requerimiento para el bienestar del ser humano. A pesar del desarrollo de la ciencia médica y del avance de la tecnología, el ser humano no puede vivir en una sociedad patológica o en un planeta enfermo y considerarse sano.
La conexión entre mente y cuerpo es tan poderosa y perfecta que incluso puede alterar la forma en la que envejeces. Así es, el envejecimiento humano es modificable por nosotros mismos: lo podemos retrasar, adelantar o revertir. Conozco pacientes de 50 años que parecen de 30, y pacientes de 35 que parecen de 60.
¿A qué piensas que se debe? Diversos estudios han demostrado la gran neuroplasticidad del cerebro y su aptitud para sanarse y modificarse en cualquier etapa si llevas un estilo de vida saludable. A pesar de la información genética y la salud que posee cada quien, el proceso de envejecimiento no está predeterminado. Al tomar decisiones conscientes y moldear positivamente el comportamiento, transformamos nuestra experiencia y somos capaces de cambiar nuestra edad biológica.
Cada una de nuestras creencias determina nuestro comportamiento y, por ende, el destino que materializamos. Si pudiéramos ceder el control a un poder superior y alinearnos a confiar en esa sabiduría, eliminando toda limitante, nos repararíamos, regeneraríamos y sanaríamos en tiempo récord. Para lograrlo, también requerimos de confianza en nosotros mismos para experimentar un cambio en el estilo de vida que tenga un impacto positivo sobre nosotros.
Si partimos de lo dicho anteriormente, podemos afirmar que la medicina debe transformarse y enfocarse al crecimiento y restauración del ser, desarrollar relaciones y vínculos significativos con lo que nos rodea, los cuales nos permitan funcionar mejor, sanar y crecer en épocas difíciles o de cambios, para alcanzar una mayor conciencia de nuestros sentimientos, emociones, sensaciones, identidad y una visión integral del mundo.
Esta es la razón de ser de la medicina integrativa funcional, una nueva corriente que busca transformar la conciencia humana para crear un mundo mejor y convertirnos en mejores seres humanos, en seres integrales. Esto requiere un cambio de conciencia espiritual, ecológico, personal, familiar, profesional y social que nos ayude a sanar.
La medicina convencional se centra en la enfermedad, mientras que el enfoque de la medicina integrativa o alternativa es integral: trata a la persona en su totalidad y de una forma holística, es decir, integra mente, cuerpo y espíritu. Más allá de encontrar cierto órgano o proceso que tratar, el objetivo principal de la medicina integrativa funcional es encontrar el trasfondo de las enfermedades crónico-degenerativas para tratarlas y curarlas o, mejor aún, prevenirlas, y no simplemente controlarlas con medicamentos. La intención es dar con los posibles detonadores de estrés, inflamación, toxicidad y desequilibrios hormonales y neuroemocionales que causan los síntomas de estas enfermedades en alguno de los procesos fisiológicos básicos. Asimismo, detecta los desequilibrios que existen en el cuerpo, ya sean hormonales, de neurotransmisores, de mitocondrias, de desintoxicación, de biotransformación, del sistema inmune, o bien, de inflamación, digestión, absorción, balance microbiano o del sistema musculoesquelético.
La medicina integrativa funcional ayuda en el tratamiento de enfermedades crónico-degenerativas, mejora la calidad de vida de los pacientes que las padecen e incluso previene su desarrollo en personas propensas. Se centra 100% en el paciente y su historia de vida para devolver el equilibrio a su organismo y así lograr que todas las partes de su cuerpo funcionen adecuadamente.

Aunque conocer factores como la herencia genética o los picos de estrés es muy importante, la clave está en hacer un cambio en ciertos hábitos, lo que hará la diferencia en la calidad de vida.
De esta forma se logra transformar la vida de los pacientes y ayudarlos a alcanzar una plenitud circular, donde las partes física, mental y emocional se encuentran en completa armonía.
En la actualidad, cada día hay más pacientes con diabetes, obesidad, hipertensión, cáncer o artritis, enfermedades crónico-degenerativas que tienen un origen multifactorial y que, por lo tanto, son más complejas de diagnosticar y curar que cualquier otra enfermedad en el mundo. Por ello, la medicina integrativa funcional incluye la participación de médicos, nutriólogos, health coaches, life coaches, psicólogos, quiroprácticos, biólogos, osteópatas o cualquier otro especialista que tenga contacto con la atención y el cuidado de la salud.
Gracias a este nuevo enfoque de la medicina, millones de personas en el mundo hoy practican neurociencias, meditaciones, visualizaciones, terapias transpersonales, terapias energéticas, sistémicas y neurofarmacológicas, y contribuyen así al progreso de la humanidad.
Integral es un adjetivo que, en lo referente al ser humano, señala lo que es total o global, y por ello el resultado final es el mismo para todos los pacientes, sin importar sus antecedentes: el bienestar completo.
Un ser integral es aquel que no solo vive la ausencia de enfermedades, sino que se manifiesta y experimenta la vida como un ser equilibrado. Este equilibrio lo conduce de una forma casi automática a permanecer sano, con gran vitalidad y funcionamiento adaptativo.
Este libro pretende ser un pilar de la evolución que experimentarás al migrar de ser un humano convencional a uno integral. La diferencia entre uno y otro es abismal. Las personas hoy en día padecen no solo estrés, sino muchas otras enfermedades que los alejan del bienestar que merecen para gozar una vida placentera. Por nombrar algunas, están las enfermedades cardiovasculares, la obesidad, la diabetes, la ansiedad y la depresión. Y los padecimientos siguen brotando constantemente, sin importar el avance en los procedimientos médicos.
Ninguna persona puede compararse a otra. Cada uno de nosotros hemos crecido bajo diferentes circunstancias y tenido distintas oportunidades. Nuestras condiciones son diferentes y poseemos reacciones físicas y emocionales únicas ante ciertos factores ambientales y tratamientos nutrimentales.
Por ello, en mi consulta comprendo a la persona de manera holística para convertirla en un ser humano integral, incluyendo cada aspecto y ámbito en el cual se desenvuelve. Cada uno es atendido de forma particular porque cada individuo requiere de distintos métodos, dietas y fórmulas para sanarse a sí mismo. Para transportar a un paciente a su faceta integral, llevo a cabo un análisis completo y estudio profundamente sus hábitos, virtudes y, sobre todo, el sentido de vida que posee. Analizo su lugar en relación con sus conexiones, su trabajo, su pareja o familia y la sociedad donde se desarrolla. Entiendo a la persona como un ser racional abierto a la trascendencia con un sentido de la vida único y profundo. No importa cuál sea el algoritmo de bienestar para cada uno de mis pacientes, todos terminan gozando de salud permanente cuando deciden cambiar su estilo de vida.
El concepto integral además implica gozar de paz interior, que es la fuerza más resistente e inquebrantable. El ser integral ha dejado atrás la idea de tener una talla o peso ideal, porque la cultura dietética no le dicta cómo ser y verse. Se respeta y se cuida en el presente y deja a un lado la apariencia para apreciar su cuerpo a partir de hábitos saludables y conscientes.
El ser integral posee una habilidad intuitiva superior a la de los demás. Sabe qué es bueno para su cuerpo y qué puede hacerle daño, pero nunca desde la culpa, sino desde la conciencia que ha desarrollado. De hoy en adelante el ser integral será un aliado que te convertirá en el ser óptimo que podrás alcanzar.
Las personas con gran capacidad para intuir se guían con mucho más acierto por la vida. La intuición se define como aquella habilidad para conocer, entender o percibir algún aspecto de la realidad de forma clara, aun sin la intervención de la mente racional. Las personas intuitivas han desarrollado esta capacidad y la han incorporado como un hábito más en sus vidas. Según numerosas teorías psicológicas, la intuición es un conocimiento que no puede ser explicado o verbalizado, porque no se alcanza racionalmente. Es la habilidad de percibir y comprender la realidad sin hacer uso de la razón. Es innata y no se trata de algo sobrenatural. Las personas más intuitivas son observadoras, curiosas, ponen atención y revisan con detenimiento lo que las rodea, siempre respetando y conectados con sus señales internas de hambre, saciedad, energía, cansancio, higiene de sueño y merecimiento para disfrutar sin culpa los placeres de la vida.
Desde la infancia, la sociedad nos somete a ciertos valores y nos impone lo que debe gustarnos, lo que debemos estudiar, etcétera. A mí me educaron con la idea de que, con esfuerzo y mucho trabajo, lograría lo que me propusiera, siempre siendo primero delgada, guapa, pero buena en todo y cumpliendo con el deber ser que me inculcaron mis papás, la sociedad y mi entorno. Esto me llevó a experimentar mucho estrés, colitis, tensión corporal, migrañas y angustia crónica con ansiedad, lo que derivó en que me entregara a los atracones, para después sentir culpa y dejar de comer.
Mi meta es lograr darte un cambio de dirección y regresarte a lo que a ti te hace feliz y te entusiasma. Que te conviertas en un ser integral. Llegó la hora de perdonar y perdonarte para recuperar tu “yo quiero”, es decir, tu voluntad. Que olvides lo que esperan de ti y comprendas qué viniste a experimentar a esta vida y cómo cumplir tus propósitos y sueños desde la conexión con tu corazón. Sin recuperar tu voluntad difícilmente podrás gozar de tu salud y tu sentido de vida.
¿Has escuchado el término health addiction? La palabra adicción describe una dependencia o necesidad de adicionar algo a nuestra vida para que cambie nuestro estado de ánimo, generalmente por medio de la producción de adrenalina o sobreestimulando los receptores de goce o placer. Las adicciones suelen tener efectos adversos, pero también existen las adicciones buenas, y ser adicto al bienestar o a la salud es una de ellas porque te da enormes recompensas y grandes satisfacciones.
Si pudieras hacer tres cosas sin límite, ¿cuáles serían? De eso se trata recuperar tu “yo quiero”, sin importar cómo, cuándo y dónde, para llegar a un estado de libertad abandonando la preocupación y disfrutando de la armonía. El cuerpo sigue a la mente. Si tu mente piensa que nunca te vas a curar, que tu cuerpo es débil y defectuoso, que todo lo que comes te engorda, que debes adelgazar sin importar el costo, que no sirves para nada y otras creencias similares, entonces seguirás atorado asumiendo estas creencias como verdad, sin darte cuenta que son solo eso, creencias. Por más dietas, ejercicios y tratamientos que sigas, nunca verás los resultados que tu cuerpo y tu espíritu buscan.
Generalmente pensamos en una figura delgada y la asociamos con seguridad, confianza, atracción, y eso de alguna forma afecta nuestra autoestima. Llegó el momento de retirar estas creencias limitantes y darte cuenta de que el mundo externo no te puede hacer feliz, que por más flaco, rico y exitoso que seas: la verdadera felicidad no está ahí.
El camino es quererte y aceptarte primero cuan perfecto eres. Si aún crees que solo cuando consigas pareja nueva, cambies tu cuerpo o seas exitoso vas a encontrar la felicidad, estás equivocado. Seguimos buscando de forma externa algo que cambie nuestro estado de ánimo y nos vuelva seres felices, pero nos volvemos dependientes de aquello. ¿El día que pierdo el cuerpo, el dinero, la pareja se termina mi estado de felicidad? Donde pongo la atención pongo mi energía: ahora mi atención solo está en mi cuerpo, pues mi cuerpo se volvió mi Dios; si está en mi ejercicio, el ejercicio se volvió mi Dios. Así creamos miles de dioses falsos y volcamos la atención al exterior y no al interior, y nos da pánico perder estos dioses.
La medicina integrativa funcional que planteo en este libro te ayudará a transformar tu percepción del autocuidado efectivo, desde el ser (no el deber), alimentándote intuitivamente, sabiendo lo que te causa inflamación, conociendo tus sensibilidades e intolerancias y, sobre todo, conectándote con tu cuerpo para manejar tus antojos o, mejor aún, tenerlos de forma muy esporádica y saciarlos con mesura. Te ayudaré a diseñar un mapa de bienestar con alimentos que te impulsarán a alcanzar la cumbre de tu BIEN-ESTAR, para que adquieras un estado de mayor plenitud física, emocional y mental.
El dolor es necesario para crecer y evolucionar, pero el sufrimiento es voluntario. A veces el dolor y la enfermedad nos enseñan lo que debemos trabajar para despertar y mantenernos saludables y alerta.
Por lo anterior, es necesario que encuentres un lugar tranquilo y aislado de distracciones para que asimiles en atención plena cada faceta de este libro y logres detectar las partes de tu ser que requieren más atención o un cambio.
Regenerar y reparar el organismo no solo quiere decir comer saludable; ese únicamente es el primer paso. Además, es vital comprender que con la edad van disminuyendo las facultades mentales, así que también necesitamos brindarle al cerebro la materia prima para su constante reconstrucción. Una vida en bienestar integral debe incluir una buena alimentación y suplementos nutrimentales, calidad de sueño, equilibrio hormonal, pensamientos compasivos, ejercicio, manejo adecuado del estrés por medio de la meditación y la respiración, una desintoxicación adecuada, la eliminación de radiaciones como el electromagnetismo, así como la construcción de relaciones interpersonales y profesionales saludables. En otras palabras, un proyecto de vida personal, nutrimental, social, emocional, espiritual e intelectual.
A todo esto yo lo llamo el Círculo del Bienestar.

El equilibrio en cada área constituye los pilares de una salud integral que todo ser humano requiere para vivir y envejecer con dignidad, autoestima, amor y armonía. Para más información, puedes consultar mi programa digital “Construye quién quieres ser” en <www.nathalymarcus.com>.
Podemos nutrir nuestro poder cerebral al mantener una mente joven y llevar un estilo de vida saludable. El aislamiento y la soledad crean condiciones que nos hacen envejecer en forma rápida. La clave es mantenernos conectados, abiertos a nuevas experiencias y relaciones durante nuestra existencia. El equilibrio se crea al consumir los alimentos primarios en cada parte del círculo, que son los más importantes para prevenir enfermedades y envejecer con plenitud.
A través del método de las 3 R, con las dietas de Reparación, Regeneración y Reseteo, nos dedicaremos a sanar tu intestino, eliminar la grasa, tonificar tu cuerpo, devolverte energía y mejorar tu ánimo.
La Fase 1: Reparación es fundamental. Si no empezamos por remover todo aquello que te está causando dolor, flatulencias, digestión irregular e inflamación celular, todos los esfuerzos por combatir el sobrepeso o cualquiera de estos síntomas será en vano. Una vez sanado el intestino podrás pasar a las siguientes dos fases de tratamiento: Regeneración y Reseteo.
No atacar de raíz la inflamación hará que cualquier esfuerzo no tenga resultados profundos, no importa si se trata de la dieta de moda. Únicamente estarás haciendo enmiendas paliativas que no te llevarán a un estilo de vida sano y, sobre todo, permanentemente saludable.
En esta primera etapa eliminarás los alimentos inflamatorios, de los cuales tu cuerpo ya está saturado y a los que es sumamente sensible, por lo que deberás mantenerlos muy lejos durante este periodo o no lograrás ver los beneficios de este programa.
En la Fase 2: Regeneración te concentrarás en reconstruir la barrera intestinal dañada a lo largo de los años, fortalecer el sistema inmunológico y la microbiota para mejorar tu digestión y vivir libre de inflamación.

Por último, en la Fase 3: Reseteo continuarás absorbiendo mejor los nutrimentos de la dieta; practicarás los buenos hábitos de forma permanente, como un estilo de vida y no como una dieta pasajera más; y comenzarás un proceso de medicina preventiva que impactará positivamente tu longevidad y revertirá tu edad biológica.
* Tomado de The Institute for Functional Medicine, The Elimination Diet. Comprehensive Guide, 2014, disponible en: <https://www.ifm.org/news-insights/toolkit-heal-microbiome-ifm-elimination-diet/>.