
Introducción
La prueba del ácido
Desde ahora estás empoderado.
Tom Wolfe, Ponche de ácido lisérgico
Si estás aquí buscando una secuela del clásico de la contracultura de los años sesenta de Tom Wolfe sobre aventuras con el uso de drogas psicodélicas, estás en el lugar equivocado. El ácido del que hablamos en este libro es de un tipo por completo distinto, uno que tiene todo que ver con estar en control de tu salud y sentirte empoderado para disfrutar una vida plena, larga y vibrante, con un cuerpo en forma y una mente aguda hasta el último momento. Quizá nunca hayas escuchado hablar del ácido úrico o hayas pensado seriamente en este compuesto metabólico fuera, tal vez, de su papel en la gota y los cálculos renales. Si es el caso, no es culpa tuya, porque ése ha sido el mensaje durante años. Prepárate: le daré al término ácido un nuevo significado por completo. Tu cuerpo y tu cerebro te lo agradecerán.
En el otoño de 2020, mientras la pandemia de covid-19 seguía azotando al mundo, yo estaba corriendo afuera, escuchando uno de mis podcasts favoritos: The Drive, del doctor Peter Attia.1 Siempre hago mucho mientras corro; es tanto ejercicio para mi mente como para mi cuerpo y mi cerebro. En aquel día en particular, el invitado del doctor Attia tuvo un profundo impacto en mí. El doctor Richard “Rick” Johnson, profesor de nefrología de la Universidad de Colorado, básicamente estaba dando una cátedra de ácido úrico, revelando la impactante conexión entre este metabolito tan subestimado y poco conocido, y la salud metabólica en general, además de sus propios efectos biológicos en cascada, los cuales pueden influir casi en todas las condiciones y los padecimientos que te puedas imaginar. El ácido úrico a menudo se describe como un “producto de desecho” del metabolismo, inerte e inofensivo, que se suele excretar por la orina (y en las heces, aunque en menor cantidad). Se descarta como un subproducto incidental y trivial de nuestra biología normal, pero es todo menos insignificante o indigno de atención. Se encuentra en el centro de los mecanismos reguladores involucrados en nuestros procesos metabólicos más básicos, y son estos procesos los que, cuando se desequilibran, terminan manifestándose como los peores problemas de salud de nuestro tiempo, desde obesidad y resistencia a la insulina, hasta diabetes, elevación de lípidos en sangre, hipertensión, enfermedad cardiovascular e incluso deterioro cognitivo y demencia.
Al día siguiente volví a escuchar el podcast. El mensaje y la información que lo respaldaban eran tan convincentes que de inmediato empecé a tomar notas y hacer mi propia investigación en la literatura científica. Ahí es donde entré en lo desconocido, aunque ilustrativo y satisfactorio. El doctor Johnson es uno de los muchos científicos en el mundo que indaga en el papel del ácido úrico en nuestra vida, sobre todo en vista de las dietas modernas atestadas de ingredientes que estimulan el ácido úrico. Mi propia inmersión me llevó a proponer una simple pregunta con una respuesta reveladora:
P: ¿Qué tienen en común la obesidad, la resistencia a la insulina, la diabetes, la enfermedad de hígado graso no alcohólico, la hipertensión, la enfermedad coronaria, el infarto, los trastornos neurológicos que incluyen la enfermedad de Alzheimer y la muerte prematura?
R: Niveles elevados de ácido úrico.
Mi exploración de la ciencia del ácido úrico finalmente respondía muchas preguntas que se habían quedado en mi mente durante años. Sí, sabemos que el azúcar amenaza la salud pero, ¿cómo? ¿Por qué tantas personas se ciñen a dietas estrictas y aun así tienen problemas para controlar su peso y su glucosa, y terminan desarrollando enfermedades graves? ¿Por qué están subiendo los índices de presión alta, incluso en adolescentes y en personas que mantienen un peso ideal (increíblemente, 1 de cada 3 adultos tiene hipertensión y 1 de cada 10 jóvenes entre las edades de 12 y 19 años tiene la presión alta)?2 ¿Cuál es la conexión entre los azúcares añadidos a casi 74% de los alimentos y bebidas que venden en los supermercados, y los índices cada vez mayores de enfermedades cronicodegenerativas, incluyendo las que roban a las personas sus facultades mentales?3
Estás a punto de descubrirlo.
Si has intentado todo para tener el control de tu salud, pero sigues sintiendo que no puedes alcanzar tus metas, creo que apreciarás lo que intento decir. Cuando descubras lo que aprendí en esta aventura, te sentirás inmediatamente empoderado. Este libro, en parte viaje personal y en parte informe de investigación médica, es la culminación de mi labor. No quiero que pasen décadas para que la ciencia que pide atención a gritos desde la literatura llegue a todos en los consultorios de sus médicos (como suele suceder, a un ritmo de casi 20 años). Me tomé muy en serio este nuevo conocimiento y ajusté mis propios hábitos para asegurarme de conservar niveles de ácido úrico dentro de un rango saludable. No es tan difícil y será sumamente beneficioso para tu vitalidad y longevidad. En una analogía adecuada, piensa en la historia del tabaquismo y las enfermedades incluso de fumadores pasivos. Hasta que suficientes personas demostraron de manera convincente el vínculo entre el tabaco y el cáncer, tolerábamos el hábito. Incluso a quienes nunca fumamos no nos preocupaba demasiado llenarnos los pulmones de humo en bares, restaurantes y aviones. Pero observa cómo percibimos el tabaquismo ahora.
Manejar los niveles de ácido úrico para alcanzar una salud radiante es una estrategia validada por la ciencia desde hace décadas. Sin embargo, sigue siendo un punto ciego en la medicina general actual. Estoy a punto de equiparte con un par de lentes nuevos para darte una perspectiva totalmente renovada de lo que significa tener —y alcanzar— una salud excelente.
Historia oculta
Hace más de un siglo el médico escocés Alexander Haig hizo sonar las alarmas sobre la conexión entre las cifras de ácido úrico en el cuerpo y condiciones tan diversas como la migraña, la depresión, la epilepsia, la diabetes, la obesidad, la enfermedad hepática, la presión alta, la cardiopatía, el infarto, el cáncer, la demencia y el reumatismo. Sus revolucionarios hallazgos, los cuales culminaron en un libro publicado en 1892 y cuya cuarta edición en 1898 obtuvo una reseña en el Journal of the American Medical Association, no llegaron muy lejos durante el siguiente siglo.4 Aunque proféticos, sus descubrimientos eran demasiado vanguardistas para la época, así que el ácido úrico siguió descartándose como un producto inerte y de desecho del metabolismo celular, que en altas concentraciones podía provocar cálculos renales y una forma de artritis llamada gota. Pero para la mayoría de la gente que nunca desarrolló gota ni problemas renales, el ácido úrico se consideraba un compuesto biológico inocuo que no merecía ningún escrutinio.
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Aunque la gota se ha descrito durante siglos, y desde tiempos de los antiguos egipcios, un monje dominico inglés de nombre Randolphus de Bocking usó por primera vez el término gota alrededor del año 1200 d. C. para describir la podagra (que literalmente quiere decir “trampa de pie” en griego).5 La palabra gota proviene del vocablo latino gutta, que significa “una gota” (de líquido), y le debe su origen al humorismo, un antiguo sistema de medicina basado en el papel de los fluidos corporales, o humores, en el desarrollo de la enfermedad.6 En este caso, la gota se definió como el “goteo” del material nocivo y causante de la enfermedad de la sangre hacia las articulaciones. Pero la relación entre la gota y otros padecimientos se conoce desde hace mucho tiempo. Galeno, un médico romano del siglo II, comentó la asociación entre la gota —que él describía como una enfermedad ocasionada por “el desenfreno y la intemperancia”— y las enfermedades cardiovasculares.7 |
En la gota, considerada una enfermedad metabólica, el exceso de ácido úrico erosiona los tejidos óseos y forma filosos cristales minerales (urato), parecidos a una aguja, en las articulaciones, produciendo inflamación y dolor, a veces severo. La gota es famosa por atacar el juanete del dedo gordo del pie. Desde reyes y reinas, hasta poetas, científicos y exploradores, la historia es hogar de varios enfermos de gota famosos, incluyendo Alejandro Magno, Carlomagno, Enrique VIII, Cristóbal Colón, Leonardo da Vinci, Issac Newton, John Milton, la reina Anna de Inglaterra, Benjamin Franklin y lord Alfred Tennyson. Si bien la gota es más común en los hombres, los índices se igualan un poco más después de que las mujeres entran en la menopausia.
Desde la década de 1960 hasta los años noventa la cantidad de pacientes de gota aumentó a más del doble en Estados Unidos, y ha seguido escalando, afectando a casi 10 millones de personas.8 Es una de las enfermedades inflamatorias y de sistema inmunológico más comunes de nuestra era.9 Y qué interesante que la prevalencia de la obesidad y el síndrome metabólico también se haya incrementado a la par de la gota. Ambos picos son paralelos al auge del consumo de los propios ingredientes que causan hiperuricemia (ácido úrico alto) y gota: alimentos y bebidas endulzados con azúcar, como refrescos y jugos de fruta (y sí, los tan amados jugos de naranja y manzana).
Pero, de nueva cuenta, esta conversación sobre ácido úrico no es sólo sobre gota. Se estima que 21% de la población de Estados Unidos vive con hiperuricemia, en riesgo de una horda de dificultades de salud.10 Es básicamente uno de cada cinco individuos. Y la mayoría de estas personas lo desconoce porque no tiene gota ni problemas de riñón. (Aunque comúnmente se incluyen los niveles de ácido úrico en los análisis de sangre generales que varios nos hacemos como parte de una revisión anual, es seguro decir que los pacientes y sus médicos rara vez le prestan atención al resultado.) De hecho, existe un término que comentaré con más detalle, llamado hiperuricemia asintomática —niveles elevados de ácido úrico sin ningún síntoma adverso que lo demuestre. Es importante señalar que los únicos síntomas adversos incluidos en esta definición médica son la gota y los cálculos renales. Pero la hiperuricemia asintomática dista mucho de ser inofensiva o sólo una señal temprana de problemas renales o gota. Como verás pronto, mucho antes de que se desarrolle cualquier síntoma, la hiperuricemia asintomática bien podría estar fomentando una tormenta infinita e irreversible, avivando sutilmente los procesos biológicos que resultan en elevaciones de glucosa, presión sanguínea y colesterol malo, en un exceso de grasa corporal y una inflamación sistémica, la cual abre la puerta a una gran cantidad de condiciones cronicodegenerativas. En pocas palabras, la hiperuricemia precede a los padecimientos debilitantes que se vuelven difíciles de manejar una vez arraigados. Y es increíble, pero en nuestro pasado evolutivo distante, el ácido úrico elevado servía como mecanismo de supervivencia, como explicaré en breve.
En las últimas dos décadas nada más, los investigadores han retomado los descubrimientos del doctor Haig y confirmado que, de hecho, él ya había identificado lo que resultó ser un mecanismo central en muchos malestares prevenibles. La literatura médica actual estalla de tanta evidencia de que los niveles altos de ácido úrico son indicador de múltiples enfermedades, como diabetes tipo 2, sobrepeso, obesidad e hipertensión, por nombrar algunos. Es más, algunos clínicos ahora tratan en específico el ácido úrico elevado con medicamentos, como medida para controlar dichas condiciones. Pero como verás, tenemos la capacidad de reducir nuestros niveles de ácido úrico con unos cuantos ajustes sencillos y directos en el estilo de vida, casi siempre sin tener que recurrir a la intervención de medicamentos.
Desde hace años busco constantemente entre la mejor literatura médica del mundo para descubrir por qué siguen disparados nuestros índices de tales enfermedades. Claro, nuestra dieta y estilo de vida han cambiado, pero yo sentía que faltaba una pieza en el rompecabezas. Y lo que al final saltó de las páginas de las revistas más vanguardistas es evidencia innegable de que estas condiciones problemáticas son el producto final de la conexión entre las decisiones que tomamos sobre nuestro estilo de vida moderno y el ácido úrico. El ácido úrico es un jugador clave que necesitamos comprender. De la misma manera como aprendimos en el siglo XX que la proteína C reactiva nos habla de los niveles de inflamación sistémica del cuerpo, vinculados con muchas de las enfermedades que nos afligen hoy en día, en el siglo XXI estamos descubriendo que los niveles de ácido úrico a la larga se asocian con disfunción y enfermedad. Todos necesitamos mantener a raya nuestro peso, glucosa y presión, y lo mismo aplica para el ácido úrico. No se trata de un personaje menor e inútil en la historia de nuestra química corporal. Se trata del agresor causante de mala salud cuando no se maneja bien.
Desafortunadamente la mayoría de los médicos todavía no está al tanto de este nuevo conocimiento; conocimiento que nos dice, de acuerdo con un artículo científico emblemático, publicado por el Colegio Americano de Reumatología, que el ácido úrico elevado es responsable de 16% de la mortalidad por todas las causas y de un impactante 39% del total de enfermedades cardiovasculares.11 (La mortalidad por todas las causas hace referencia a muerte por cualquier causa.) En una reseña contundente publicada en 2017, los investigadores escribieron: “Un ácido úrico en suero [nivel de ácido úrico en la sangre] elevado también es uno de los mejores predictores independientes de diabetes, y precede comúnmente el desarrollo tanto de la resistencia a la insulina como de la diabetes tipo 2, pues se descubrió que un cuarto de los casos de diabetes podía atribuirse a un nivel elevado de ácido úrico en suero, y se encontraron niveles altos de ácido úrico en suero asociados muy de cerca con la resistencia a la insulina y la diabetes mellitus tipo 2”.12 Dijeron además que “el ácido úrico en suero es un factor de riesgo fuerte e independiente para la diabetes en personas de mediana edad y mayores”.13 Factor de riesgo independiente es un término que escucharás repetidamente. Es una frase que los investigadores usan para definir cierta circunstancia o medida —en este caso el nivel de ácido úrico— que por su cuenta corresponde al daño o lesión del cuerpo. Como explicaré más adelante, una persona con un aumento en el nivel de ácido úrico que no tiene otro factor de riesgo para diabetes tipo 2 (por ejemplo, obesidad) de hecho puede desarrollar diabetes teniendo un peso sano por las furtivas travesuras del ácido úrico.
Sin lugar a duda, el coadyuvante más apabullante de la elevación de ácido úrico en el mundo moderno es el ingrediente más barato y más abundante que hay: la clase de azúcar que se describe como relativamente “segura” porque no eleva directamente la glucosa, la fructosa.14 Y no estoy vilipendiando la fructosa de frutas frescas enteras. Estoy hablando de la fructosa refinada y ultraprocesada que llega a muchos de nuestros alimentos cotidianos, como los amados aderezos para ensalada, salsas, condimentos, panes, botanas, barritas energéticas, alimentos empacados, bebidas y otros alimentos que ni siquiera se te ocurriría pensar que tuvieran azúcar. Es probable que tengas una idea general de que el jarabe de maíz de alta fructosa no es bueno para ti, pero no te das cuenta de qué tan invasivo se ha vuelto este ingrediente y que podrías estar consumiendo demasiada fructosa al ingerir otras formas de azúcar. La ciencia que muestra la verdadera cara de la fructosa apenas se ha dilucidado en las revistas médicas de la última década más o menos, y no tiene nada que ver con lo que tu abuela conocía como fructosa. Aunque la prestigiosa revista médica The Lancet informó de la hiperuricemia inducida por fructosa en 1970,15 apenas hemos llegado a comprender toda la gama de efectos adversos de la fructosa.
No es nuevo que las dietas ricas en azúcar estén vinculadas con toda clase de problemas de salud, pero lo que no se nos ha dicho es el porqué y el cómo del impacto devastador del azúcar en nuestro cuerpo, sobre todo relacionado con la fructosa de fuentes no naturales. Ahora comprendemos los mecanismos biológicos de la fructosa y su relación velada con el ácido úrico, ambas cuestiones útiles para explicar las causas de raíz de estas condiciones inextricables, y no se trata de una mera asociación endeble. De hecho, la evidencia de los estudios humanos y animales indica que la conexión entre azúcares alimentarios y obesidad es quizá promovida principalmente por los efectos metabólicos de la fructosa.16 La forma en que el cuerpo lidia con la fructosa involucra el ácido úrico y favorece de manera directa el desarrollo de la obesidad.
El otro gran culpable que lleva a un aumento en los niveles de ácido úrico es una clase de químicos llamados purinas, las cuales se encuentran en todas las células vivas y contribuyen a una fisiología saludable pero, al igual que la grasa corporal, son problemáticas en exceso. Las purinas son compuestos orgánicos que las células usan para construir componentes básicos del ADN y el ARN, y el ácido úrico se forma cuando las purinas se descomponen naturalmente en el cuerpo. Dado que las purinas —dos de ellas, la adenina y la guanina— proveen las columnas vertebrales, o nucleótidos, en la formación del ADN y el ARN, cualquier cosa relativa a la descomposición de tejido (celular) elevará los niveles de ácido úrico. Conforme las células dañadas, moribundas y muertas se degradan, las purinas se liberan y se convierten en ácido úrico durante el proceso. Las purinas también son constitutivas de otras biomoléculas importantes, como el gigante de la energía, el ATP (trifosfato de adenosina), y las coenzimas que necesitamos para las reacciones bioquímicas que sustentan la vida.
Las purinas son más comunes de lo que la gente imagina. Además de producirse de manera natural en el cuerpo durante la renovación celular, son abundantes en una amplia gama de alimentos, entre ellos ciertos productos del mar, carnes, panes multigrano, cerveza e incluso algunas leguminosas y verduras. Cuando el cuerpo procesa estas fuentes externas de purinas, el ácido úrico se sintetiza sobre todo en el hígado, el intestino y la pared celular interna de los vasos sanguíneos (lo que se llama endotelio vascular). Su prevalencia en lo que vemos como un ajuste adecuado, rico y fastuoso para los adinerados es por lo que la gota se ha considerado desde hace mucho como “la reina de las enfermedades y la enfermedad de los reyes”.17 Pero las purinas también acechan en muchos alimentos pregonados como saludables en dietas populares. Durante la última década, grandes estudios epidemiológicos han revelado una asociación entre el consumo de alimentos ricos en purinas y la concentración de ácido úrico en la sangre. Sin embargo, no hay que culpar a las verduras, porque, como veremos, a pesar del hecho de que ciertas verduras (por ejemplo, la coliflor, las espinacas y los hongos) pueden ser ricas en purinas, quizá no disparen un incremento en el ácido úrico.18
En el último medio siglo se han prescrito dietas bajas en purina para personas propensas a la gota o los cálculos renales, pero este protocolo alimentario cada vez se recomienda más a cualquiera que busque reducir el ácido úrico y controlar el metabolismo del cuerpo. Sólo porque no desarrolles gota ni cálculos renales, condiciones que tienen orígenes genéticos también, no implica que no sufras las consecuencias del ácido úrico elevado de manera crónica.19 Lo que sabemos de este compuesto presente en todos, que navega a través de nosotros, ofrece claves vitales para desbloquear el misterio de la salud humana óptima.
Para la gente que ha seguido todas las dietas “aprobadas por un médico” con poco o ningún éxito, atender el ácido úrico llena un hueco enorme en la ecuación. Si no consideras el componente del ácido úrico, seguir una dieta baja en carbohidratos, vegana, cetogénica, paleo, pescetariana, libre de lectinas o incluso mediterránea podría no ser suficiente para ayudarte a perder de manera permanente el exceso de peso o incluso manejar fácilmente la glucosa y la presión sanguínea. Es más, esta nueva ciencia requiere una revisión de la forma como nos referimos al índice glucémico y consumimos ciertos alimentos supuestamente saludables. Las cifras de ácido úrico en general se pueden equilibrar 1) haciendo simples ajustes alimentarios, 2) teniendo un sueño de calidad y haciendo suficiente ejercicio, 3) minimizando el consumo de medicamentos que aumentan el ácido úrico, y 4) consumiendo joyas reductoras de ácido, como cerezas amargas, café, vitamina C y quercetina (las dos últimas se encuentran en varios alimentos y se pueden tomar como suplemento). Nutrir el microbioma también es vital para controlar el ácido úrico. Los estudios revelan correlaciones entre la elevación de ácido úrico y aumentos significativos en los tipos de bacterias malas en el intestino, asociadas con la inflamación.
Llamé dieta LUV (en inglés, lower uric values, valores úricos más bajos) al protocolo detallado en este libro, donde aprenderás cómo disminuir las cifras de ácido úrico y mantener niveles ideales una vez que los hayas alcanzado.
Mi investigación me enseñó cosas que nunca aprendí en mi educación médica hace décadas ni en todos mis años de experiencia desde entonces, trabajando como neurólogo que trata pacientes. Una razón importante por la que me volví médico en primera instancia fue mi propia curiosidad. La curiosidad tiene un papel clave en por qué hago lo que hago. Me gusta vivir a orillas del asombro, preguntándome continuamente: ¿por qué los pacientes desarrollan los problemas que desarrollan? Y una vez que desvelamos esos misterios, ¿cómo podemos modificar lo que hacemos como médicos para servir mejor a nuestros pacientes? Para mí jamás ha sido suficiente sólo tratar los síntomas de un problema, por ejemplo, usando un medicamento para disminuir la presión sanguínea o equilibrar la glucosa. Quiero comprender la raíz de esos problemas y tantos otros, luego atender las causas, no sólo las manifestaciones. Como me ha gustado decir desde hace años, en verdad me interesa enfocarme en el fuego, no en el humo nada más.
El nuevo referente de la salud
A pesar de la publicación del trabajo del doctor Haig hace más de un siglo, finalmente más o menos desde 2005 se empezó a ver el ácido úrico como algo más que un marcador de riesgo para la gota y los cálculos renales. Científicos de todo el mundo están confirmando estudio tras estudio que el ácido úrico influye en nuestra salud. En Japón, controlar el ácido úrico ya penetró en la práctica común de la medicina, lejos de un mero tratamiento para la gota. Yo he adquirido una inmensa cantidad de información sorprendente y crucial en mi búsqueda para comprender el papel del ácido úrico en nuestra vida. Por ejemplo, los niveles elevados de ácido úrico llevan directamente a un incremento en la reserva de grasa, y existe una razón para ello que data de millones de años, la cual más adelante comprenderás (y apreciarás). Nuestros ancestros primates necesitaban niveles altos de ácido úrico para poder construir reservas de grasa que aseguraran su supervivencia durante problemas medioambientales como escasez de agua y comida.
Pero todos sabemos que la escasez de comida no es una realidad moderna para la mayoría de la gente que vive en países desarrollados. En las siguientes páginas exploraré el concepto de que los humanos hemos adquirido mutaciones genéticas que nos hacen experimentar elevaciones en el ácido úrico que sobrepasan por mucho las de nuestros ancestros primates, los cuales no tenían dichas mutaciones genéticas. (Nuestros niveles de ácido úrico exceden los de otros mamíferos también.) Al volver a los primeros humanos cada vez más gordos y resistentes a la insulina, el ácido úrico apoyaba la vida. Examinaré cómo es que este poderoso mecanismo de supervivencia llevó a transmitir esos genes a futuras generaciones, dándonos la capacidad de perseverar y procrear. Veremos entonces cómo el medio ambiente y la evolución chocan hoy en día, cuando vivimos en un tiempo de abundancia calórica, y cómo tales mutaciones genéticas están demostrando ser tan devastadoras para nuestra salud. Es una historia fascinante que al final nos empodera para controlar nuestra sensibilidad a la insulina, presión, producción de grasa e incluso el tamaño de nuestra cintura y el riesgo de toda clase de enfermedades.
Cuando comenzó a surgir la investigación original sobre el papel del ácido úrico en enfermedades distintas a la gota y los cálculos renales, la medicina convencional, como era de esperarse, la descartó como una tontería. Ahora hemos llegado a un punto donde esta tesis ya alcanzó suficiente tracción y se explora a nivel mundial por su potencial para afectar los problemas más importantes de salud de nuestro tiempo, entre ellos, obesidad, diabetes, enfermedad cardiovascular, hipertensión y otras condiciones crónicas, inflamatorias y degenerativas. Es un mensaje que todos necesitamos escuchar para poder tener vidas más longevas, más sanas y en mejor estado físico, así como evitar condiciones devastadoras que son completamente prevenibles.
Autoevaluación: ¿cómo detectar la bomba U en tu vida?
¿No sabes cuáles son tus niveles de ácido úrico (AU)? Seguramente te has hecho análisis de rutina en el pasado y puedes hacer un análisis en casa, así como revisas tu glucosa, peso o temperatura. Incluso si tienes cierta idea de tus niveles de AU, que por supuesto se trata de una cifra dinámica que cambia a lo largo del día, es importante saber qué influye en su escala en general, desde lo que consumes, hasta los medicamentos que tomas, e incluso qué tan bien duermes y cuánto te mueves físicamente. Antes de adentrarnos en toda la deslumbrante ciencia detrás del papel del ácido úrico en tu vida, empecemos con un sencillo cuestionario que revelará qué hábitos podrían estarte dañando sigilosamente en estos momentos.
Responde a las siguientes afirmaciones con la mayor honestidad posible. No pienses en las conexiones con enfermedades implicadas en ellas, sólo responde con la verdad. En los siguientes capítulos empezarás a comprender por qué usé estas frases en particular y dónde te encuentras respecto a tus factores de riesgo. Toma en cuenta que, si te sientes entre un sí y un no, o si “a veces” o “muy poco” se sienten como tu respuesta instintiva, por ahora la respuesta es sí.
Entre más respuestas afirmativas hayas contado, mayor será el riesgo para tu salud. Pero no entres en pánico. Una vez que obtengas el conocimiento y las habilidades para replantear tus hábitos, pronto disminuirás dramáticamente ese riesgo.
Lo interesante es que una infección repentina, la deshidratación, el ejercicio excesivo, el ayuno y las dietas de choque también pueden elevar los niveles de ácido úrico en el cuerpo. Dejé estos factores de riesgo fuera del cuestionario porque suelen relacionarse con picos temporales de ácido úrico y no reflejan la causa principal de la mayoría de los problemas crónicos que tiene la gente con él. No obstante, exploraré estos factores, y para quien haya estado infectado con el virus que causa covid-19, atenderé su situación directamente en el primer capítulo, dado que quizá acarree riesgos desconocidos para su salud futura que requieran atención especial. Más adelante en el libro te enseñaré a comprender tus valores de AU y te ofreceré cifras ideales para redefinir por completo tu rango de referencia, la forma como los médicos determinan la diferencia entre normal y anormal.
Estar dentro del rango normal ya no es suficiente. Es tiempo de hablar sobre estar en el rango óptimo. Te lo mereces. También mereces saber cómo reconsiderar otros valores en tu ecuación de salud, incluida tu glucosa y tus niveles de A1c. Una prueba para esta última mide el promedio de glucosa en los tres meses anteriores (también conocida como el análisis de sangre de hemoglobina A1c, o HbA1c). Es una forma que se emplea comúnmente para diagnosticar prediabetes y diabetes. Pero el objetivo que tu médico podría recomendarte no es el mismo rango que yo prescribiré. Noticia de último minuto: la degeneración cerebral comienza con una hemoglobina A1c de 5.5%, algo que los médicos consideran un valor normal.20 Incluso un nivel de glucosa en sangre de 105 mg/dl (miligramos por decilitro), que tu médico podría determinar como bueno, tiene una asociación significativa con el desarrollo de la demencia.21 Sin importar qué problemas de salud te preocupan ahora, o con cuáles lidias actualmente, dos metas fundamentales que debes alcanzar son la salud metabólica y los niveles controlados de inflamación sistémica. Si no sabes a qué me refiero con estas metas, pronto lo descubrirás. Y controlar el ácido úrico te ayuda a encontrar tu camino hacia ellas. Es un portal hacia una salud vibrante.
Como este libro te mostrará, el ácido úrico está lejos de ser un subproducto o un producto inerte de desecho. Es tiempo de cambiar la narrativa dogmática sobre este compuesto, el cual dirige e instiga varias reacciones en el cuerpo. Con todo respeto para otros médicos, debo advertirte que tu doctor tal vez haya descartado un nivel anormalmente alto de ácido úrico en tus análisis de rutina si no tienes gota ni problemas renales. Quizá dijo: “No te preocupes por eso”. No podría estar más equivocado. Es posible que se burle de la idea de que bajar el ácido úrico es una meta de salud importante. Recuerda, a la gente por lo general no le gusta aquello de lo que no sabe.
Como ya dije antes, podemos elegir vivir nuestra vida, pase lo que pase, y esperar que la ciencia médica moderna nos dé un remedio para los males que inevitablemente desarrollaremos. Pero se trata de un modelo destinado al fracaso. Uno que sólo necesita mirar la enfermedad de Alzheimer, por ejemplo, para ver que no existe un tratamiento médico con algún mérito en absoluto. Tal tratamiento sería enormemente bienvenido, pero hoy por hoy tenemos la ciencia que claramente revela cómo tomar las decisiones correctas en el estilo de vida puede recorrer un gran camino hacia la prevención de esta condición incurable. Tratar los síntomas de la enfermedad —como bajar la presión sanguínea con medicamentos, reducir la glucosa con medicamentos, tomar medicinas diseñadas para ayudar al corazón a latir con más fuerza— no atiende las causas subyacentes del proceso patológico. De nueva cuenta, implica tratar el humo mientras se ignora el fuego. La meta de este libro es mantenerte sano. Se escribió para equiparte con una herramienta nueva, vanguardista, con una validación profunda, que pronto se volverá una pieza crucial entre los demás implementos de tu repertorio.
¿Listo? ¡Adelante!

Primera parte
Los fundamentos del ácido úrico
Si la idea de no poseer el secreto para obtener el control de tu salud —incluyendo tu peso— te enoja, prepárate para convertirte en una persona feliz e informada.
Todos sabemos que nuestras decisiones nutricionales y otros factores, como el ejercicio, el sueño y la reducción del estrés, son fundamentales para el bienestar general. Pero a veces saber con exactitud qué comer, cómo entrenar y lograr un sueño reparador, y las mejores formas de relajarte parece difícil cuando se te bombardea diario con directivas de haz esto y no hagas aquello. Y cuando no sabemos por qué tales metas importan, la motivación se tambalea. Es tiempo de aprender la diferencia oculta entre la salud y la enfermedad dentro del contexto del ácido úrico. Es momento de obtener una perspectiva radicalmente nueva que te mostrará el camino hacia la vitalidad y una salud radiante. Hablé con expertos en este tema de todas partes del mundo, devoré la literatura científica e hice toda la tarea por ti. Como mencioné antes, al igual que muchas perlas de sabiduría en la medicina, el conocimiento que nos ayuda a todos a disfrutar vidas mejores y más longevas muchas veces puede quedar aislado por años dentro de la literatura médica, antes de entrar en los parámetros clínicos. El paso del laboratorio a la medicina clínica (es decir, el consultorio médico) tiene su propio marco de tiempo natural por una gran variedad de motivos. Por suerte, el ácido úrico al fin tiene su momento. Pregunta a las personas que estudian esta fascinante nueva área de investigación y te dirán que está en marcha una revolución.
En la primera parte me adentraré en las profundidades de la sorprendente y en verdad fascinante biología del ácido úrico. Involucra un poco de historia, un toque de ciencia y fisiología, y muchas notas LUV que pondrás en práctica en la segunda parte. Reducir el ácido úrico y manejar los niveles saludables no es tan difícil como podrías pensar. Y no requiere una renovación imposible de tu vida ni la eliminación de todo lo dulce y delicioso. Prometo emplear estrategias validadas para hacer que esto sea muy sencillo de comprender y fácil de ejecutar. Todo lo que necesitas es hacer ajustes sutiles a tus hábitos cotidianos. Pero antes de entrar en esos detalles, será útil tener un panorama completo, de 360 grados, de este compuesto químico con un impacto profundo en tu bienestar actual y futuro. Hacia el final de la primera parte apreciarás de otra manera tus procesos corporales, los cuales quieren operar de un modo tan óptimo como sea posible.
Tienes el poder de proteger a tu cuerpo del daño prematuro, prevenir el deterioro de tus facultades mentales y hasta de influir en la forma como se comporta tu código genético gracias a la magia de la epigenética, un tema que exploraremos.
Algunos puntos curiosos para llamar tu atención desde el inicio:
No sé tú, pero en lo que a mí respecta, reducir el riesgo de muerte por cualquier causa es una prioridad. Y si eso implica prestar atención a los niveles de ácido úrico además de otros factores que contribuyen a la longevidad, entonces voy con todo. Acompáñame.