
Introducción
DUERMO PARA PODER VER
Sin poder recordar cómo llegó a ese lugar o momento en el tiempo, sólo está consciente de que está parada, descalza, sobre un sendero de grava. La oscuridad que la rodea reverbera con una aparente cacofonía de silencios y susurros propios de la noche. Observa el entorno en un intento por ubicarse, y entonces la realidad se asienta. Está sola en este lugar… este lugar.
Pero ¿dónde es este lugar?
La naturaleza granular de la grava bajo sus fríos pies descalzos la distrae de sus pensamientos. Baja la mirada y observa sus pies —escuetos y expuestos—, y al entrecerrar los ojos se da cuenta de que está parada sobre una “X” marcada con pintura roja.
Qué curioso, piensa.
En medio de la oscuridad fría y húmeda, se enciende un pensamiento cálido. Se da cuenta de que es capaz de ver con claridad en medio de la noche. De hecho, siempre ha sido capaz de ver en la oscuridad. Otro detonante revelador: siempre ha tenido la capacidad de elegir. Tras esa epifanía, entiende que en ese momento está enfrentando una decisión: quedarse quieta y estancada, o adentrarse con tenacidad en lo desconocido.
De pronto, el sueño se apaga, y ella despierta en la realidad de su cama y el cuarto que la rodea. Es la vida de siempre. No obstante, hay una diferencia: ahora lleva consigo algo muy preciado. Un regalo que trajo consigo de su sueño.
La X marca el sitio.
Bajo la X está el tesoro.
La X es este preciso instante.
TUS SUEÑOS: EL COFRE DEL TESORO
Todos tus sueños son un regalo de la vida, incluso aquellos que te atemorizan a muerte. Son los tesoros que te ofrecen tu psique y tu espíritu. Como bien lo señala la afamada escritora y analista Marie-Louise von Franz: los sueños “no gastan mucha saliva diciéndote lo que ya sabes”. Dicho de otro modo (y trayendo agua a mi molino): los sueños te dicen lo que necesitas saber.
Son la X que marca el sitio.
Por su naturaleza, los sueños apelan a algo mucho más grande, mucho más numinoso que lo que ya sabemos. Apelan a aquello que no sabemos o que simplemente no podemos ver y que deseamos ser capaces de ver. Apelan a la interconexión de toda la vida y el lugar que ocupamos en ella.
Cuando sueñas que estás siendo guiado por algo mucho más grande que tu propia mente, los sueños te hacen alzar la mirada y te muestran una miríada de posibilidades infinitas, como aprenderás a lo largo de este libro. En ese momento, estás siendo guiado por tu espíritu, en mancuerna con tu psique. Y de ese modo adquirirás sabiduría, inspiración creativa y soluciones potentes con la capacidad de elevarte si decides seguir la guía que te dan tus sueños.
Éstos son ejemplos de sueños que se han “materializado” en el mundo: Larry Page recibió en un sueño la idea para crear Google; Mary Shelley, autora de Frankenstein, usó sus sueños como fuente de inspiración, tal y como también lo hace Stephen King; Paul McCartney escuchó la melodía de “Yesterday” en un sueño; August Kekulé descubrió la estructura de anillo del benceno después de soñar con una serpiente que se comía su propia cola (el símbolo del uróboro). Y hasta Niels Bohr soñó con la estructura del átomo.
Como bien sabe cualquier terapeuta, los sueños nos ayudan noche tras noche, y no sólo con ideas visionarias que pueden mover el mundo. Nos regalan revelaciones fundamentales y transformadoras que nos ayudan a transitar por el terreno cotidiano de la vida, las emociones, las relaciones y los deseos. Y nos hacen sentir mejor.
Se ha demostrado científicamente que los sueños ayudan a regular las emociones negativas; de hecho, pueden proveer el cierre y la sanación necesarios en periodos de aflicción y duelo, ofrecer soluciones a problemas que parecen imposibles de resolver durante la vigilia e incluso contribuir a resolver conflictos internos.
Descubrirás que los sueños son abundantes ofrendas. Ahora bien, eso no significa que todos los sueños vayan a ser sencillos ni simples narrativas nocturnas de gozo y placer. Y es que los sueños sirven para protegernos del autoengaño, y para lograrlo muchas veces nos dan puñetazos metafóricos que nos obligan a preguntarnos: ¿cuál es ese mensaje que no he querido escuchar? ¿Qué es “eso” que no alcanzo a vislumbrar? ¿Cuál es el camino que temo seguir? ¿Qué es lo que me niego a sentir?
Responder estas preguntas durante la vigilia requiere mucha honestidad y voluntad afectiva que a veces simplemente nos resulta más fácil ignorar. Los sueños, en cambio, apelan directo a la psique durante la noche y nos revelan nuestra verdad interna, una verdad que puede traducirse en una vida bien vivida si tú, el soñador, tiene la valentía necesaria para enfrentar estas revelaciones. Ya sabes qué es “eso”: las emociones, los patrones y las añoranzas que se interponen entre tú y una vida en vigilia más alineada.
LA PUERTA HACIA TUS PAISAJES ONÍRICOS
Este libro pretende ser una puerta que puedas atravesar con valentía para descubrir tus propios paisajes oníricos. Sin embargo, antes de cruzar el umbral, quiero compartirte mi bagaje personal para que tengas un panorama amplio de mi enfoque. De profesión soy psicoterapeuta, experta en sueños e intuitiva de cuarta generación. También soy una ávida soñadora lúcida autodidacta. Desde que era niña he tenido sueños muy potentes, y conforme he envejecido han empezado a decirme más cosas.
De hecho, podría decirse que me eligieron como portavoz, pero no ahondaré en eso. Por el momento, basta decir que elegí especializarme en los sueños porque me parece que son el camino más directo hacia la transformación, el crecimiento y el despertar espiritual. En pocas palabras, dado que no nos ponemos barreras cuando dormimos, nuestros sueños pueden ayudarnos con muchísimas cosas.
Durante mis cursos, programas de inscripción mensual, talleres en persona y retiros, los cuales están diseñados para ayudar a la gente a buscar las respuestas que ansían en sus sueños, su psique y su conocimiento interior, he trabajado con miles de personas increíbles del mundo entero.
Mi trabajo está orientado hacia el significado ancestral de la palabra psicoterapia. A nivel etimológico, la palabra remite a la psique (el alma, el aliento, el espíritu) y a la terapia (como sanación, tratamiento). La raíz esencial de la palabra nos recuerda que la psicoterapia implica la sanación del alma; dicho de otro modo, la psicoterapia no se trata sólo de sanar la mente y las emociones, sino del bienestar espiritual y la conexión con el alma.
Creo firmemente que es necesario incluir el espíritu y el alma en las prácticas psicológicas contemporáneas para tener un mundo interior y un mundo exterior mucho más balanceados. Para lograr cambios en nuestra vida que sean genuinamente profundos y duraderos, necesitamos trabajar con todos los aspectos de nuestro ser; es decir, la mente, el cuerpo y el espíritu.
Por ese motivo, tomé la decisión de trascender el enfoque de la psicología moderna, pues me parece demasiado limitante tanto para mí como para mis clientes. No obstante, siempre agradeceré haber aprendido la plataforma ética, próspera y sólida que me brindó la psicología, pues de ella deriva buena parte de mi trabajo.
La psicología es una base esencial y estable a partir de la cual se pueden construir cosas. Es una pieza vital del rompecabezas de la conciencia y el entendimiento humano, tal y como también lo son la ciencia, el misticismo y la espiritualidad. No creo que los pioneros de la psicología pretendieran que se convirtiera en la “única respuesta” ni en el repositorio de “todas las respuestas” para la conciencia y la vida plena. La experiencia humana es tan variada como la gente que habita este planeta, y creer que hay un único método o escuela de pensamiento correcto es, en mi opinión, ridículamente limitante.
Dado que decidiste leer este libro, apuesto que te interesa conocer la amplitud de lo que implica estar vivo y explorar aquello que le da significado existencial a tu vida. Por eso, ahondaré en varias escuelas de pensamiento y te compartiré las que me parecen más precisas y útiles con la esperanza de que para ti sean igual de provechosas.
Por último, en tanto que todos somos seres subjetivos, he procurado que los ejercicios prácticos contenidos en el libro sean tan útiles y variados como sea posible. La intención es que con ello tengas más oportunidades de experimentar en persona las distintas facetas de los sueños. Dicho eso, recuerda que es tu viaje. Si algo no te resuena, pasa al siguiente ejercicio hasta encontrar los que mejor te funcionen. ¡Comencemos, pues!
EL ESPECTRO DE LOS SUEÑOS
Estoy convencida de que por las noches, cuando dormimos, nos reconectamos con una conciencia unificada superior (entiéndase el Universo, el espíritu, la fuente). Cabe aclarar que uso las palabras espíritu, Universo y no físico de forma intercambiable para referirme a la fuerza vital de todas las cosas. Quizá reconozcas esta fuerza como Dios, la energía, la fuente o simplemente como un flujo de conciencia. Ten la libertad de elegir la palabra o afirmación con la que más cómodo te sientas durante la lectura de este texto.
La creencia de que cuando nos quedamos dormidos nos reconectamos con una fuente espiritual no es sólo mía. Hay varias escuelas de pensamiento que lo mencionan, incluyendo el hinduismo, el judaísmo, el cristianismo, el budismo y el sintoísmo. Gracias a eso, todas las noches se nos concede la capacidad de adquirir una perspectiva más amplia, al tiempo que nos beneficiamos del mayor bienestar físico que provee el sueño restaurador.
Esta perspectiva más amplia da lugar a diferentes tipos de sueños. Podemos experimentar sueños habituales; sueños de advertencia; sueños precognitivos o proféticos; sueños colectivos; y sueños lúcidos. En el transcurso de este libro descubrirás de qué se trata cada uno. Dicho eso, es útil saber diferenciar los sueños habituales y los lúcidos desde el principio.
Los sueños habituales o “normales” están cargados de imágenes, símbolos e historias. Son las excursiones nocturnas que emprendemos por lo regular. En ocasiones son sueños brillantes y vívidos, parecidos al relato onírico que compartí al comienzo del libro. En otras ocasiones son muy poco memorables, quizá como el sueño que tuviste el miércoles pasado del que no recuerdas nada.
En el transcurso del libro uso los términos habituales o normales para referirme a este tipo de sueño, con fines de claridad y de facilitar la lectura. Desde el principio me importa que sepas que estos sueños cotidianos distan mucho de ser mundanos o habituales, e incluso me atrevería a afirmar que los sueños pueden ser nuestros principales maestros espirituales, a pesar de que solemos restarles importancia al abrir los ojos con la luz del alba.
Los sueños habituales son la mayoría y describen el grueso de nuestra vida, y a lo largo de este texto descubrirás lo mucho que nos aportan y cómo siempre nos guían. Estos sueños, llenos de gente, lugares, sucesos y personajes conocidos o desconocidos nos hablan por medio de símbolos y metáforas. En el capítulo 3 descubrirás qué tan profundas son las revelaciones que se obtienen a través de esta forma simbólica de interpretar los sueños. Además, al llevar a cabo esa práctica, aprenderás exactamente cómo decodificar esos emotivos mensajes oníricos para tener un mayor bienestar y crecimiento personales.
Ahora me gustaría que reflexionaras algo: ¿has tenido uno de esos sueños en los que te das cuenta de que estás soñando?
Si la respuesta es sí, ¡entonces pasaste del sueño habitual al sueño lúcido! Ascendiste en la escala onírica, por decirlo de alguna forma. Si la respuesta es no, entonces te espera algo muy emocionante, pues tu exploración onírica va a volverse magistral a medida que pases las páginas de esta obra.
En resumen: los sueños habituales son aquellos en los que no tienes idea de que estás soñando. No es sino hasta que despiertas que caes en cuenta de que, en efecto, estabas soñando. Por otro lado, los sueños lúcidos son aquellos en los que tienes conciencia plena de que estás soñando mientras transcurre el sueño.
Dicho de otro modo, te das cuenta de que estás “despierto” en el sueño, aunque a nivel fisiológico tu cuerpo siga dormido. Eso te permite explorar el sueño con conciencia cognitiva y cierta voluntad, así como alterar los paisajes oníricos a placer, que es algo que no se puede hacer en los sueños habituales.
Volvamos a aquella historia del sueño habitual que compartí al inicio de la introducción para ejemplificar mejor esta distinción:
Una mujer de pronto se encuentra de pie sobre un camino de grava. Está descalza y desorientada. Observa el horizonte para tratar de averiguar dónde está. Se da cuenta de algo: está sola, completamente sola en ese lugar extraño. Y en ese instante tiene un pensamiento muy iluminador. Se pregunta entonces a sí misma: ¿qué es este lugar?
Esa pregunta autorreflexiva podría haberla “despertado” y hacerla ver que estaba en un sueño. Que estaba soñando. Pero, en el sueño, los pies fríos la distraen, así que olvida la pregunta incisiva, y el sueño sigue su curso sin que ella esté consciente de su cualidad onírica.
De haber sido un sueño lúcido, la experiencia habría sido más o menos así:
Una mujer de pronto se encuentra de pie sobre un camino de grava. Está descalza y desorientada. Observa el horizonte para tratar de averiguar dónde está. Se da cuenta de algo: está sola, completamente sola en ese lugar extraño. Y en ese instante tiene un pensamiento muy iluminador. Se pregunta entonces a sí misma: ¿qué es este lugar?
Ese pensamiento le hace tener un momento de revelación, pues a continuación se pregunta: “Nunca he estado aquí. ¿Cómo llegué aquí? ¿Dónde estaba antes de llegar aquí?”.
Y, con ayuda de esas preguntas autorreflexivas, un recuerdo (¡y una respuesta!) se muestra en la superficie de su conciencia: lo último que hiciste fue irte a la cama. Esa respuesta trascendental la lleva a pensar lo siguiente: “Debo estar soñando. Esto es un sueño. Estoy soñando”.
Y ahí radica la diferencia esencial entre los sueños lúcidos y los sueños habituales. En los primeros estás despierto dentro de tu sueño, mientras que en los segundos sueñas porque estás dormido.
Ahora bien, quizá te preguntes si se ha demostrado que los sueños lúcidos son reales. Y la respuesta es: ¡claro que sí! En 1975, se confirmó científicamente su existencia en el mundo occidental, cuando los investigadores Hearne y Worsley hicieron una serie de experimentos sobre sueños en un laboratorio y lo demostraron. Desde entonces ha surgido un extenso corpus de investigaciones científicas y académicas que procuran quitarle el halo místico a la práctica de los sueños lúcidos.
Antes de que esta evidencia científica llegara a este lado del mundo, los sueños lúcidos eran (y siguen siendo) una práctica reverenciada en muchas fes y creencias, como el budismo, el hinduismo y el chamanismo. De hecho, es una práctica onírica ancestral desde hace milenios. La gente ha tenido sueños lúcidos desde hace siglos, por lo que podría decirse que la ciencia occidental se sumó a la discusión hace apenas unos minutos.
Cuando llego a este punto de la explicación, alguien suele preguntarme: ¿en qué ayuda tener sueños lúcidos? Y, sobre todo, ¿cómo puede ayudarme a mí? En gran medida, este libro está diseñado para responder esas interrogantes.
En términos pragmáticos, los sueños lúcidos pueden ayudarte a transformar emociones atoradas, a sanar a nivel físico y a mejorar el desarrollo de una habilidad (como tocar música o meditar), entre muchos otros beneficios. También sirven para desarrollar la metacompasión, recibir enseñanzas espirituales y hasta prepararse para los momentos previos a la muerte. Las gráciles palabras del lama tibetano Tenzin Wangyal Rinpoche nos brindan una probadita iluminadora al penúltimo de estos beneficios:
El primer paso en la práctica de soñar es muy simple: uno debe reconocer el gran potencial que contienen los sueños para el viaje espiritual. Normalmente, el sueño es considerado algo “irreal” en comparación con el contexto de la vida “real” de la vigilia; pero no hay nada más real que el sueño.
Los sueños lúcidos no sólo permiten controlar las acciones dentro de nuestros sueños ni sólo tienen beneficios a nivel superficial. Permiten también que nos conectemos con la fuente de la persona que somos en realidad. Implican la danza de lo que vemos y lo que no vemos, del mundo en vigilia y el mundo de los sueños, y tú eres el puente entre ambos.
A través de tus sueños redescubrirás los dones que habitan en las profundidades de tu ser interior y te darás cuenta de que estás creando tu vida de forma activa y de que eres el soñador tanto de tu sueño como de tu vida en vigilia.
Todas las noches tienes la capacidad de transitar entre la conciencia en vela y la conciencia onírica por medio de los sueños habituales, lo cual es, por sí solo, muy increíble.
Si añadimos los sueños lúcidos a la mezcla entramos a un ámbito prácticamente mágico: la capacidad de estar consciente de (y transitar) ambas formas de conciencia o “realidades”.
Todos hemos tenido sueños que se sienten tan reales, tan vívidos, que en el momento nos parecía que eran de verdad. No es sino hasta que despertamos que nos damos cuenta de que estábamos en un estado onírico. Aun así, con los sueños lúcidos, sabemos bien que estamos explorando la conciencia.
Experimentarlos trae consigo preguntas existenciales más amplias: si estás al tanto de dos formas de conciencia, entonces, ¿cuál es la tercera forma de conciencia (o metaconciencia)? Es una interrogante que espero que explores por cuenta propia una vez que te conviertas en el viajero deliberado de tus propios paisajes oníricos.
Creo que los sueños están aquí para mostrarnos posibilidades infinitas y resaltar las vibraciones (tanto individuales como colectivas) que proyectamos hacia el exterior y atraemos hacia nosotros, lo que al final nos brinda la oportunidad de cambiar nuestra alineación según se requiera. Dicho de otro modo, los sueños nos ayudan a descifrar cómo nos sentimos, a reconocer qué energía estamos proyectando al mundo y a corregir el curso de ser necesario, a potencialmente ver lo que puede pasar y a reconectarnos con nuestro espíritu noche tras noche.
DORMIR BIEN, A SABIENDAS DE QUE CADA COSA TIENE SU VALOR
Sin importar qué tipo sueño te trajo aquí —el habitual, el precognitivo, el de advertencia, el simbólico o el lúcido—, lo único que deseo es que, para cuando termines de leer, te hayas convertido en un soñador deliberado.
Ya sea que puedas tener sueños lúcidos o no, es importante reconocer que todos los sueños son importantes y ofrecen revelaciones sumamente valiosas. Si intentas jerarquizar los sueños y calificarlos como mejores o más valiosos, desaprovecharás la magia cotidiana que ocurre durante los sueños habituales. Y, aunque este libro incluye instrucciones para tener sueños lúcidos, su principal propósito es despertar en tu interior un profundo amor por los sueños. De ese modo, podrás experimentar a cabalidad los fenómenos oníricos.
Cuando se hace trabajo onírico, es importante entender primero los sueños habituales (simbólicos) para tener una base sólida sobre la cual trabajar. El trabajo con sueños habituales se presta luego para el proceso de los sueños lúcidos. Con eso, descubrirás exactamente de qué forma influyen tus emociones, pensamientos y creencias en todos tus sueños, lo cual es un conocimiento crucial e indispensable para participar en sueños lúcidos.
En última instancia, soñar es un camino lleno de alegría en el cual descubrirás que no hay desviaciones correctas o incorrectas. Dicho eso, para despertar este amor profundo por los sueños, es necesario que seas capaz de recordar lo que sueñas una vez que despiertas. Para ello, haz lo siguiente:
Antes de quedarte dormido, es útil plantearte la intención de recordar tus sueños al despertar. Si te comprometes con ello todas las noches, empezarás a ver que cada vez recuerdas mejor lo que sueñas.
La intención no es más que un pensamiento franco al que dedicas mucha consideración y energía, una declaración que le susurras al Universo. Las intenciones también tienen relevancia psicológica porque implica un compromiso también con aquello que pretendes hacer al nivel de la psique.
La intención puede ser aquello que esperas para tu práctica onírica o simplemente para tu vida en general. Una vez que la hayas establecido, cierra los ojos. Inhala profundo unas cuantas veces, inhala para nutrir tu espíritu, y repite las siguientes palabras antes de irte a dormir: “Es seguro para mí explorar esta noche el mundo de mis sueños. Tendré sueños buenos y los recordaré en la mañana. Estoy listo para explorar todas las facetas de mi vida onírica. Estoy bien dispuesto a permitir que me asista la directriz de mis sueños”.
Al despertar, trata de no moverte. Quédate quieto tanto como puedas, pero no te preocupes al principio, pues es algo que requiere práctica. Mantén los ojos cerrados y, tendido y quieto, trata de reproducir tu sueño en tu memoria. La idea es que tu cerebro (o más bien el hipocampo) se ponga al corriente y almacene el sueño en la memoria. Una vez que sientas que ya lo tienes afianzado, anótalo en un diario.
Así es como se debe llevar un diario de sueños:
Ten un cuaderno junto a tu cama y, al despertar, escribe exactamente lo que recuerdas del sueño. Incluye tanta información como sea posible: escenarios, gente, emociones, figuras oníricas que hayan aparecido en tu sueño. También es útil resaltar cualquier cosa que te parezca especialmente relevante en el momento. Describe tus sueños de la forma más detallada posible e intenta recordar todo lo que puedas, aunque a simple vista parezca insignificante.
Los detalles son útiles porque te permiten crear una auténtica colección de símbolos oníricos a través de la documentación de tus sueños. Más adelante te enseñaré cómo decodificar esos símbolos, así que, si empiezas hoy mismo, tendrás material suficiente para interpretar algunos de tus sueños para cuando lleguemos a ese capítulo específico.
Un símbolo que a primera vista parecía irrelevante podría ser significativo a largo plazo. Imagina, por ejemplo, que en tu sueño siempre aparece el sol. O quizá pasa lo contrario: nunca lo ves. El sol es un símbolo fácil de olvidar o de pasar por alto, pero quizá está presente, iluminando tus sueños todas las noches. Quizá intenta enseñarte a crear un vínculo con la esencia visible que sustenta la vida y también es símbolo de tu luz interior.
¿Listo para empezar?