¿Por qué es tan importante la motivación?
DAN
El famosísimo analista y entrenador de futbol americano universitario Lou Holtz dijo una vez: “Cuando todo está dicho y hecho, hay más dicho que hecho”. Estas sencillas, pero extremadamente profundas palabras, explican uno de los mayores dilemas a los que se enfrenta hoy en día el ser humano. Muchos de nosotros decimos que queremos tener éxito, ser felices e influyentes. Aun así, muy pocos acompañamos lo que decimos con acciones específicas que nos lleven directamente hacia esos objetivos.
La idea de tener éxito es un sueño atractivo que nos llena de emociones positivas, mientras que las acciones necesarias para tener éxito en el trabajo, en nuestras relaciones o en los deportes a menudo son difíciles y prolongadas. El deseo de ser verdaderamente feliz es una meta universal a la que aspira casi cualquier ser humano, pero las acciones necesarias para lograr la alegría profunda y prolongada —algunos la llaman simplemente felicidad— suelen exigirnos retrasar la gratificación temporal y evitar las soluciones pasajeras a los problemas.
Decir que queremos lograr un nivel de influencia, bien como líder de los demás en el lugar de trabajo, como un miembro influyente de la comunidad o como un padre o cónyuge admirado, es mucho más fácil que las devastadoras decisiones, la gran cantidad de tiempo personal y honestidad brutal que se necesitan para lograrlo. Esa brecha que existe entre lo que decimos que queremos y lo que debemos hacer para lograrlo puede parecer a menudo tan grande, lejana y misteriosa como un agujero negro. Es la diferencia entre aquellos que pueden convertir sus sueños en su destino y los que no.
¿Qué tenemos que hacer para cerrar esta brecha entre lo que decimos que queremos y lo que debemos hacer para lograrlo? Necesitamos motivación orientada hacia los objetivos. Este tipo específico de motivación es el combustible que nos lleva por el largo y muchas veces incierto puente hacia nuestro destino deseado en la vida. ¿Qué significaría para ti aprender a desarrollar este tipo de motivación a tu voluntad, mantenerla durante los periodos difíciles de la vida e infiltrarla tan profundamente en tu vida diaria de forma que la misma idea de motivación se vuelva innecesaria?
Todo eso y mucho más está disponible en este libro, vanguardista y lleno de novedades, Conecta con la motivación. Estrategias y técnicas para que tus sueños se conviertan en tu destino, del experto en desarrollo personal y maestro de la motivación Brian Tracy.
Aquí descubrirás que la típica idea de la motivación como algo que va y viene, a menudo fuera de tu control, como un globo que se está llenando de aire del exterior, está totalmente equivocada. La motivación se ha estudiado, al igual que los métodos y estrategias necesarios para replicarla. En verdad existe una ciencia de la motivación y, del mismo modo que ocurre con cualquier otro tema que se haya estudiado y probado científicamente, si pones en práctica sus causas en tu vida, acabarás produciendo los efectos y avanzarás hacia los resultados que deseas.
Una vez aclarados los numerosos mitos que existen sobre la motivación, Brian te presentará esta novedosa ciencia y hablará de ella. Si la aplicas de forma sistemática a tu vida, tus sueños se convertirán en tu destino.
En esta primera parte hablaremos de las razones por las que la motivación es tan importante. Existe la idea de que lo que se necesita para tener éxito en este mundo es talento, cerebro y educación. Se habla mucho sobre tener el tipo adecuado de educación (por ejemplo, la basada en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas). Si es así, tendrás mucho éxito subiendo escalones en tu carrera. O si alguien consigue la puntuación adecuada en las pruebas de admisión a la universidad y tiene cerebro. O simplemente posee un gran talento, bien porque lo haya desarrollado como un prodigio o porque haya trabajado en él. Existe la idea de que todas estas cosas son suficientes para el éxito.
¿Qué piensas de eso y dónde entra la motivación?
BRIAN
Mis comienzos fueron bastante humildes. No me gradué de la preparatoria y trabajaba de obrero. Mi primer trabajo fue de lavalozas en un hotelito. Durante mi crecimiento, desafortunadamente, no recibí ningún tipo de motivación, aparte de las amenazas y los castigos de mis padres y mi familia. Me decían que si no se consigue una buena educación, no se tiene éxito. Si no se obtiene una buena educación, no se llega a la universidad. No se consigue un buen trabajo, ni un buen matrimonio, y te la pasas mal. Esto se usa como amenaza para animar a las personas a ser mejores estudiantes.
Sin embargo, lo que a mí se me quedó es que si no lograba obtener una buena educación, entonces habría perdido el barco y lo único que podría hacer eran trabajos manuales. Y eso fue lo que hice; me ocupé como obrero, y mi único pensamiento era: “No me gradué de la preparatoria, así que sólo puedo buscar más trabajos manuales”. Trabajé en aserraderos. Podaba la maleza con una motosierra. Trabajé en granjas, en ranchos. Me ocupé en fábricas. Trabajé en aserraderos apilando madera. Cavé zanjas. Todos éstos eran trabajos monótonos, con el salario mínimo, sueldo que era mucho menor que el actual.
Y seguía creyendo lo mismo. Cuando ya no pude encontrar más trabajos manuales debido a la economía, conseguí uno en ventas, donde mi salario provenía cien por ciento de las comisiones, trabajando de puerta en puerta. Trabajé en eso durante muchos meses. Después, hubo un punto de inflexión en mi vida. Nunca lo olvidaré.
Me di cuenta de que uno de los tipos de nuestra oficina que vendía el mismo producto que todos los demás ganaba 10 veces más que cualquiera de nosotros, y ni siquiera estaba desgastándose mucho. Yo me levantaba a las 6:00 de la mañana y empezaba a prepararme. Ya estaba en la calle tocando las puertas cuando los demás entraban a trabajar a las 8:00 o a las 8:30. Me pasaba todo el día tocando puertas de oficinas e industrias. Por las noches salía y tocaba en las puertas de departamentos y barrios residenciales. Puede que lograra una venta en todo el día.
Este tipo lograba cuatro o cinco ventas al día, y comenzaba a las 9:30 de la mañana. Dejaba de trabajar a las cuatro y media de la tarde, salía a comer e iba a clubes nocturnos. Siempre tenía mucho dinero, y sólo era tres o cuatro años mayor que yo. Era bastante normal. No parecía ningún genio. Sólo era un tipo agradable.
Un día le pregunté: “¿Por qué tienes mucho más éxito que yo?” Él me respondió: “Enséñame tu proceso de ventas y te haré algunos comentarios”. Yo le dije: “No tengo ningún proceso de ventas”. Y él me dijo: “Un proceso de ventas es como una receta o una fórmula para el éxito. Si no tienes, no vas a lograr preparar ningún plato ni obtener resultados”. Me mostró su proceso de ventas. Era bastante sencillo: cuando conoces a un posible cliente, te limitas a hacerle preguntas.
En mi caso, cuando conocía a un posible cliente, le hablaba lo más rápido que podía para tratar de que se interesara en mi producto antes de que se cerrara en banda y me dijera: “Tengo que volver a trabajar. Déjemelo aquí y le echaré un vistazo”. Él me dijo: “No, no, no. Tienes que separar a los posibles clientes de los dudosos. Tienes que hacerles preguntas para averiguar si en verdad pueden usar nuestro producto”.
Comencé a hacer preguntas y a obtener mejores resultados. Volví a hablar con él y le dije: “¿Qué más se puede hacer?” Él me dijo: “¿Has leído algún libro sobre ventas?” ¿Libros sobre ventas? No tenía ni idea de que existiera algo así. Fui a la librería y comencé a comprar y a leer todos los libros de principio a fin, y también a subrayarlos.
Después me enteré de los audiolibros sobre ventas. En ese tiempo eran cintas, y comencé a escucharlas en cada minuto que tenía libre mientras caminaba. Entre llamada y llamada, escuchaba una cinta sobre ventas. Después, entraba a ver a alguien, la guardaba y recordaba lo que había aprendido en la cinta e intentaba ponerlo en práctica.
Después fui a mi primer curso sobre ventas. Ahí aprendí dos cosas. La primera, que todas las habilidades para alcanzar el éxito se pueden aprender. Puedes desarrollar cualquier habilidad que necesites para alcanzar cualquier meta que quieras establecerte. Antes de ese curso, yo pensaba que mi vida estaba prácticamente destinada a un resultado mediocre, porque todo lo que había hecho eran trabajos manuales y ser despedido. Dormía en la calle y en mi carro. Dormía en el piso en departamentos de amigos. De repente me di cuenta de que tu destino está en tus manos, de que puedes aprender cualquier habilidad que necesites aprender. Esto me motivó en su día y me sigue motivando en la actualidad.
Siempre que veo un tema que me interesa un poco, lo aprovecho. Actualmente, cuando me meto en Amazon, encuentro los libros mejor valorados sobre el tema o los libros recomendados. Los compro y los leo de principio a fin, mientras voy subrayándolos. Después, como soy maestro, orador y presentador, comienzo a incorporar esas ideas en mis cursos. Mi público se acerca a mí y me dice: “Oye, nunca había pensado en eso antes, es una idea increíble”.
Uno de mis clientes en Estocolmo me contactó un año después. Me dijo: “Esa idea en tu seminario sobre negocios nos permitió aumentar nuestro negocio 15 veces en los últimos 12 meses en un mercado muy competitivo. Simplemente cambiamos todo el enfoque de nuestra empresa, como nos recomendaste, para conseguir cada vez más referencias de clientes satisfechos. Para ello tuvimos que revisar cada detalle de nuestra empresa, cada actividad, para asegurarnos de que todos los clientes estaban extremadamente felices, tanto que traerían consigo a sus amigos. Después de años en el negocio, lo hicimos crecer 15 veces. Estamos arrasando con esa simple idea de tu curso. Pagué 500 dólares por él, y nos ha rendido millones”.
Se han llevado a cabo numerosos estudios en Harvard y otras universidades sobre la inteligencia natural, las calificaciones sobresalientes y todo eso. Ninguno de esos aspectos tiene una relación directa con el éxito. Hay personas que llegaron a Estados Unidos sin títulos, sin saber el idioma, sin dinero, sin nada… y hoy en día son millonarios. Hay personas provenientes de familias adineradas que están manejando taxis. Hay personas que crecieron en granjas y ahora son dueños de su propia empresa multinacional. No existe una relación directa en absoluto entre educación, habilidades, familia o ni siquiera la suerte. Todo viene determinado por la persona en sí. Entre todas las capacidades de una persona se encuentra la de lograr cosas extraordinarias. Sólo tienen que aprender a hacerlo.
DAN
Brian, para seguir profundizando en eso, ¿dirías que, paradójicamente, si tienes todo el talento del mundo, te ven como un prodigio o que fuiste a la mejor escuela, eso podría servir para que desaparezca esa motivación clave que podría inspirar a alguien que no ha gozado de todo eso?
BRIAN
Es como cuando provienes de una familia en la que no se habla ni se piensa en la nutrición y el ejercicio: acabarás alimentándote mal. Cuando nuestros hijos eran pequeños, nunca teníamos Coca-Cola ni refrescos en casa, y hacíamos ejercicio continuamente. Teníamos equipo para ejercitarnos. Dábamos paseos. Nadábamos. Leíamos constantemente. Nuestros hijos ven esto como la norma: se lee mucho, se hace mucho ejercicio y se come bien. No tuvimos que darles lecciones; simplemente no les dimos ninguna alternativa. Sus amigos comenzaron a engordar por beber Coca-Cola y comer dulces, pasteles y todo lo demás.
Tu entorno inicial es extremadamente importante, pero no determina tu futuro. Puedes dejarlo de lado.
Algo que aprendí y que ha transformado mi forma de pensar es la centralidad de lo que se denomina autoconcepto. Este término se utiliza para denotar la forma en la que uno piensa de sí mismo, se siente consigo mismo, cómo se ve a sí mismo. Por fuera, uno siempre actúa de forma coherente con la persona que cree ser por dentro. El punto de partida de cualquier cambio en la forma de actuar es el cambio del autoconcepto, para así darse cuenta de que uno puede hacer muchísimo más de lo que ha hecho hasta ese momento.
Mi amigo Denis Waitley dice esta frase maravillosa: “Tenemos más potencial del que podríamos usar en cien vidas”. Recuerdo que cuando tenía 21 años, y estaba luchando por sobrevivir, me encontré un libro del psicólogo Abraham Maslow, y lo leí de principio a fin. Básicamente dice que el ser humano promedio tiene un potencial extraordinario. No usamos el 10% de nuestro potencial, como se suele decir. Más bien usamos el 2% de nuestro potencial.
Nuestra capacidad es extraordinaria y, como dice Denis, podríamos agotarlo en cien vidas. ¿Cómo sacar ese potencial? Simplemente hay que profundizar aprendiendo y practicando habilidades nuevas.
El autoconcepto se crea en un principio por la manera en la que nos tratan nuestros padres. Siempre que te encuentres con un adulto infeliz, hay detrás una infancia desdichada. Siempre que te encuentres con un adulto disfuncional, hay detrás una infancia disfuncional. Alexander Pope, el poeta inglés, dijo lo siguiente: “Tal y como se dobla la rama, el árbol se inclina”, lo que quiere decir que, cuando eres una rama, cuando eres joven, si se te inclina hacia la negatividad, cuando crezcas serás cada vez más negativo. Lo que determina tus éxitos es, más que cualquier otra influencia, la forma en la que piensas sobre ti mismo y tus posibilidades.
Sin embargo, llega un momento en el que es tu turno de manejar. Te pones tras el volante de tu carro y puedes decidir hacia dónde vas a ir mentalmente. Tú eliges los pensamientos que vas a tener, e incluso cómo los vas a pensar, y cómo vas a interpretar las cosas. Nada de lo que ocurrió en tu pasado puede tener influencia en ti salvo la que le permitas tener.
La obra de Martin Seligman tuvo un profundo efecto en mi forma de pensar. Descubrió que el optimismo es el indicador más importante del éxito y la felicidad en la vida. El optimismo puede medirse con una sencilla prueba, y después puede volver a medirse las veces que sea necesario para determinar si te estás volviendo cada vez más optimista.
Tengo tres preguntas que hacemos a veces al inicio de mis seminarios especiales. Las preguntas son sencillas, pero las usan las consultoras más importantes de los Estados Unidos que trabajan con altos ejecutivos para hacerse una idea de lo que pasa por sus mentes.
La primera es ésta: termina la frase “yo soy”. ¿Qué palabras te vienen a la mente cuando dices yo soy? Porque eso describe la imagen que tienes de ti mismo, tu autoconcepto, la valoración que tienes de ti mismo y muchas características más.
Algunas personas se describen a sí mismas de la siguiente forma: “Soy una persona feliz, un buen padre o una buena madre, un excelente trabajador con un tremendo e ilimitado potencial”. Ése es un buen autoconcepto, porque te dará la energía y la fuerza necesarias para superar casi cualquier adversidad. Otras dirán palabras negativas. “Soy una persona normal y sólo tengo problemas y dificultades, y sigo aguantando, creyendo que las cosas mejorarán.” Dos formas distintas de ver la vida… y todo el mundo tiene una forma de ver la vida.
La segunda pregunta que hacemos es “describe a las personas”. Los mejores dicen: “Las personas son interesantes. Las personas son increíbles. Las personas son muy distintas. Las personas son fascinantes”. Hablan de éstas en términos muy positivos. Las que llevan pancartas y se amotinan en las calles dirán: “Las personas no son buenas. Siempre tratan de aprovecharse de ti. Son delincuentes”. Tienen una visión negativa de quienes los rodean.
La tercera pregunta que hacemos es “¿qué es la vida?” Descubrirás que la mayoría de nuestros problemas sociales provienen del 80% inferior (aquellas personas que creen que la vida es opresiva e injusta y que hay una desigualdad abusiva en el reparto de los ingresos). Hablan del 1% frente al 99% y dicen que la vida está llena de gente que se aprovecha de uno.
Pero todas las personas exitosas de mis programas dicen: “La vida es maravillosa. Es una gran aventura. Sin duda es mejor que la alternativa. Cada vez se pone mejor. Tú la controlas”. Esas formas de ver el mundo determinan la dirección en la que va a ir tu vida.
Esto es lo maravilloso. En cualquier momento de tu vida puedes decidir cambiar de dirección, del mismo modo que puedes girar bruscamente el volante de tu carro y tomar un camino distinto. Todos los cambios importantes en la vida de una persona llegan cuando su mente choca con una idea nueva. Esta idea nueva es que puedes hacer todo lo que te propongas.
Recuerdo que una vez escuché a una multimillonaria muy exitosa. Su fortuna ascendía a más de 100 millones de dólares, una mujer que encuentra, desarrolla y comercializa al por menor productos en empresas; estuvo en Shark Tank. Se le preguntó por su filosofía. Dijo: “Mis padres siempre me decían que podía hacer todo lo que me propusiera, que no había límites en lo que podía lograr. Crecí creyendo eso, y resultó ser cierto”.
DAN
Eso es genial. Me encanta. Pero hay otro aspecto: la sociedad y, en particular, los medios de comunicación suelen servir para desmotivarnos. Trabajan con la hipótesis de que las malas noticias y las crisis venden. Incluso fuera de los medios de comunicación, entre nuestro grupo de colegas, hay gente que tratará de destrozarnos cuando tratemos de tener éxito, de hacer algo original, extraordinario. Nos dirán: “¿Qué estás tratando de hacer? ¿Para qué vas a arriesgarlo todo?”
Parece haber un aspecto de nuestra sociedad que está divulgando los mensajes equivocados, que sirven para que la gente regrese a la vida promedio. Háblanos sobre ese impacto, y por qué es tan importante que creemos un entorno para motivarnos a nosotros mismos.
BRIAN
En mis programas anteriores hablé del poder de la sugestión y el poder de las influencias sugestivas que nos rodean. Está claro que las personas más cercanas son las que tienen el mayor poder de sugestión o influencia: la familia, los hijos, etcétera. Después, están los colegas y el jefe en el trabajo y, si se va más allá, la sociedad. Algo que yo aconsejaría es el control del entorno sugestivo. Es casi como la alberca emocional y mental en la que se nada.
La gente rica ve una media de una hora de televisión al día, más o menos, y suele ser programas grabados o muy bien seleccionados. Los pobres ven de cinco a siete horas de televisión, y ven cualquier programa. Y como dijiste, si sangra, manda. En los nuevos negocios, lo que realmente consigue seguidores —lo que permite vender publicidad— es el drama.
Podemos fijarnos en el ejemplo de un candidato presidencial que tiene presencia masiva en las noticias todos los días, porque no para de hacer comentarios totalmente escandalosos, y eso da mucha prensa. Aparece y siempre está disponible para cualquier entrevista en la radio, la televisión, los periódicos… mucho más que cualquiera de los demás candidatos, y por eso tiene demasiada presencia. Se sube al escenario y hace comentarios incendiarios. La gente lo ve y los medios venden la publicidad.
Las personas se ven muy influenciadas por sus entornos, por las noticias, por lo que sucede a su alrededor. Si no tienes una conciencia de ti mismo bien definida, un centro bien definido, puedes resultar fácilmente influenciable por todas las cosas negativas que oigas.
Si se llega al fondo de la cuestión, seguimos viviendo en el mejor de los tiempos de toda la historia de la humanidad. Podemos vivir más. Podemos vivir mejor. Podemos vivir con más salud. Tenemos más opciones. Es verdad que tenemos muchos problemas, pero una de mis mejores reglas —y leo lo mismo una y otra vez en boca de otras personas exitosas— es que nunca hay que preocuparse de situaciones por las que no se puede hacer nada. No se pueden cambiar muchas de las partes negativas de nuestra sociedad. Todo lo que podemos hacer es cambiar nosotros mismos. Albert Jay Nock, uno de los mayores pensadores del último siglo, dijo: “Cada uno se mejora a sí mismo. La mayor empresa en la vida es presentar a la sociedad una unidad mejorada, uno mismo, y si uno se hace mejor por esa misma acción, se eleva el promedio de toda la sociedad, y eso está completamente bajo tu control”. ¡Qué gran influencia orientadora! Cuanto mejor te vuelves en lo que haces, mejor trabajo haces, mejor tratas a otras personas, más aumentas, con tu pequeña contribución, el promedio de toda la sociedad en la que vives.
DAN
Concentrarse en la propia unidad individual; en muchos aspectos, ése es el mejor servicio que puede prestarse a la sociedad.
Conforme avancemos por la vida, sin importar lo bien que nos vayan las cosas, ésta nos va a lanzar desafíos que nos desviarán del camino. Una gran parte de la motivación es tomar una decisión antes de tiempo sobre cómo vamos a reaccionar ante determinados desafíos cuando se nos presenten, incluso aquello que no podamos anticipar. ¿Cómo se puede crear una mentalidad tal que no te depriman los desafíos? Fallece alguien que no esperabas o tu negocio se enfrenta a una gran adversidad. ¿Puedes programar la mente para que pueda superar esos obstáculos con mayor facilidad y seguir motivada?
BRIAN
Hay que separar rápidamente aquello que está bajo tu control de lo que no lo está. No podemos controlar el virus del Zika, y no podemos controlar los actos terroristas en Bruselas ni París. Éstas son cosas contra las que no podemos hacer nada. No podemos controlar la muerte de un ser querido. Lo único que podemos controlar es a nosotros mismos. Podemos controlar nuestras emociones. Podemos dominar nuestros pensamientos.
Supongamos que estamos en una crisis empresarial. El mercado cae. Los competidores salen con algo que es dos veces mejor y está a la mitad de precio, algo que actualmente pasa demasiado a menudo.
Hay algo bajo tu control, hay algo por lo que puedes hacer algo más. Lo que haces es aceptar la responsabilidad.
Pasé cuatro mil horas estudiando las emociones positivas. Me topé con una obra que se inició en 1895. Me topé con este concepto. Decía que básicamente todo el mundo quiere ser feliz, como dijiste antes. Entonces, ¿por qué la gente no es feliz? Bueno, el obstáculo entre el lugar en el que te encuentras en la actualidad y tu felicidad siempre son las emociones negativas de algún tipo, un autoconcepto negativo, una idea negativa. Son emociones negativas.
Éstas se reducen a la ira, bien expresada interiormente —estás enojado contigo mismo, lo que te hace sentir inferior, inseguro y no muy feliz con tu vida— o exteriormente. Las expresas ante los demás. Explotas, criticas, condenas, desprecias a los demás. Sientes que estás oprimido, te manifiestas contra quienes tienen éxito, y todo eso. Estos sentimientos de ira siempre se reducen a una cosa. Se le llama culpa, la cual es la razón básica de todas las emociones negativas. Si dejas de culpar, las emociones negativas se detienen simultáneamente.
¿Cómo puedes dejar de hacerlo? Es muy sencillo. Simplemente aceptas la responsabilidad. La mente sólo puede tener un pensamiento a la vez, positivo o negativo. Si aceptas la responsabilidad diciendo las palabras mágicas “yo soy responsable, yo soy responsable, yo soy responsable”, entonces detienes al instante todas las emociones negativas, porque no se puede aceptar la responsabilidad y ser negativo al mismo tiempo.
Si haces algo una y otra vez, desarrollas un hábito. Pronto adquieres el hábito de aceptar la responsabilidad de cualquier dificultad en tu vida —de las que habrá infinitas— y después de actuar y hacer lo que puedas. Si le ocurre algo a alguien en tu familia, la siguiente pregunta es: “¿Soy responsable de esto, lo otro o lo de más allá? ¿Qué acciones puedo llevar a cabo?” Y después, realizar dichas acciones.
Como sólo se puede tener un pensamiento a la vez, cuando llevas a cabo cualquier acción te olvidas inmediatamente de todas las emociones negativas. No puedes estar actuando y pensando negativamente al mismo tiempo. Por eso la mejor cura para las preocupaciones es la acción constante en dirección a tu objetivo. La mejor manera de eliminar cualquier sentimiento negativo es aceptar la responsabilidad, y después ocuparse en algo.
Theodore Roosevelt dijo una frase maravillosa: “Haz lo que puedas con lo que tengas, en el lugar donde estés”. El único punto que tienes permitido controlar es el momento presente. Haz lo que puedas con lo que tengas, en el lugar donde te encuentres. Acepta la responsabilidad y actúa, y así las emociones positivas sustituirán a las negativas, porque la naturaleza detesta el vacío. Si logras liberarte de las emociones negativas, te vuelves una persona totalmente positiva. Si repites el proceso una y otra vez, muy pronto te convertirás en una persona feliz todo el tiempo. Sin emociones negativas. Sin enojos con nadie. Eso no significa que siempre estés de acuerdo o apruebes determinados comportamientos, pero no estás enojado.
Descubrirás que las personas que tienen control de sus propias emociones pueden estar en desacuerdo, pero no son desagradables. Ésa es la clave: aceptar la responsabilidad. Ése es el punto de inflexión para tomar el control total del desarrollo de tu propia personalidad, de la mejora de tu autoconcepto y del aumento de tu autoestima y confianza en ti mismo.
DAN
Me llama la atención que hay productos, curas médicas, matrimonios exitosos, canciones o películas que básicamente nacen muertos. Nunca ven la luz debido a una falta de motivación. Hay personas que tienen un determinado nivel de creatividad y capacidad, pero nunca logran que vea la luz. Muchas veces la gente dirá: “Tuve esa idea hace muchos años”. Como la idea de la ducha de masajes. Recuerdo que alguien me dijo hace años: “Yo tuve esa idea”. Poco menos que querían llevarse el crédito por el hecho de que tuvieran la idea.
Hay muchísimos proyectos y obras de arte creativos y excelentes de un montón de personas en nuestra sociedad. Realmente, lo único que distingue a las personas exitosas es la motivación para hacerlo.
BRIAN
Sí. Regresando a las experiencias de la infancia temprana, puedes crecer con una respuesta semiautomática a cualquier oportunidad. La primera respuesta de alguien que ha pasado por una infancia difícil —y la más desastrosa de las acciones que puede llevar a cabo el ser humano— es la crítica destructiva. Ésta desencadena ira y negatividad en el receptor. Yo la llamo cáncer mental.
Cuando este tipo de persona tiene una experiencia o una oportunidad, su primera reacción automática es “¿no sería estupendo?”, y la segunda reacción es “pero no puedo. No puedo porque…” Esgrimen todos los viejos motivos. No tengo suficiente tiempo. No tengo suficiente dinero. No tengo la suficiente educación. Estoy demasiado cansado al final del día. Siguen poniendo excusas automáticamente. Extinguen la hoguera de la motivación incluso antes de que se prenda.
Éstas son las tres razones principales por las que la gente no logra sus objetivos. La primera es la zona de confort. Dicen: “No puedo porque estoy demasiado ocupado haciéndolo así”. La zona de confort es el mayor enemigo del éxito en la actualidad. Las personas pueden llegar a luchar para meterse en una zona de confort, o pueden ir deslizándose gradualmente o sin saberlo en ella, pero después luchan desesperadamente para permanecer en donde están, aunque sepan que no es un buen lugar para quedarse.
Apple sacó el iPhone en 2006-2007, y tenía unas funciones increíbles que nunca habían estado antes en un celular. Los directivos de Nokia y BlackBerry dijeron: “Es una moda pasajera. Es para niños que quieren tener redes sociales y reproducciones, y conversar con sus amigos, tomar fotos y compartirlas, y todo eso”. Simplemente lo ignoraron.
En BlackBerry recortaron su presupuesto en I+D ese año a la mitad porque, decían: “No necesitamos actualizar ni mejorar nuestros teléfonos: tenemos 49% del mercado mundial”, y lo hicieron. Nokia tenía 50% del mercado mundial de los teléfonos celulares, y dijeron: “No necesitamos cambiar nada. A todo el mundo le encantan nuestros productos. ¿Por qué no iba a ser así? Somos la mayor compañía y la mejor del mundo”. Cinco años después, ambas empresas desaparecieron porque no pudieron salirse de su zona de confort; no se dieron cuenta de que con una nueva tecnología como el iPhone, había cambiado el mundo de las comunicaciones en su totalidad.
Dicen que la persona promedio con un iPhone 6 tiene mil millones de veces más poder informático que las primeras computadoras juntas en 1947 —las que llamaban máquinas de Turing, por Alan Turing, de Inglaterra—. Una persona de la actualidad tiene una capacidad mil millones de veces mayor en su bolsillo. Podemos hacer cosas extraordinarias. Si nos fijamos en este rápido cambio, lo que podremos hacer dentro de cinco años con nuestros celulares va más allá de nuestra imaginación.
La zona de confort es la gran asesina. Tienes que preguntarte: “¿Me estoy reprimiendo al negarme a aceptar que el mundo está cambiando?” Y el mundo está cambiando. El 80% de todos los productos y servicios que usamos en la actualidad se quedarán obsoletos y desaparecerán del mercado en un plazo de cinco años y serán sustituidos por productos, servicios, personas y compañías totalmente nuevos. El 80% de los trabajos habrá cambiado drásticamente.
En Estados Unidos se pierden aproximadamente unos tres millones de trabajos al año, y se crean unos 3.2 millones en ese mismo periodo, así que hay un gran flujo y reflujo, como las mareas que suben y bajan. Tres millones de trabajos se vuelven obsoletos por los cambios en el mercado, en los gustos y todo lo demás. Afortunadamente, gracias al dinamismo de la economía estadounidense, se crea una media de 3.2 millones de trabajos. No sólo estamos sustituyendo los empleos que se han vuelto obsoletos, sino que hemos añadido unos 200 mil más. Ésa es la forma en la que suele crecer nuestra economía; así mantenemos bajos niveles de desempleo.
El segundo motivo por el que las personas no logran sus objetivos es por el miedo al fracaso. Un temor así se caracteriza por las palabras “no puedo. No puedo. Me gustaría hacerlo, pero no puedo, no puedo porque…” Las personas exitosas le dan la vuelta y dicen: “Puedo hacer todo lo que me proponga. Podría hacer esto. Podría hacer lo otro. Es sólo una nueva habilidad”. Su idea general es: “Puedo hacerlo”. La única pregunta es: “¿Cómo lo hago? ¿Dónde puedo aprender a hacerlo? Conseguiré un libro. Hablaré con alguien. Buscaré en internet”. Nunca se les ocurre que no pueden hacer algo, y ésa es una transformación tremenda.
El tercer motivo principal por el que las personas no logran sus objetivos es que sienten que no saben cómo hacer el cambio. Se sienten ignorantes. “Claro que me gustaría comenzar un negocio, pero no sé cómo”. Por eso reuní mis primeros trabajos con Nightingale-Conant. Elaboré un programa fabuloso llamado Cómo iniciar, construir, gestionar o dar la vuelta a cualquier negocio. Se convirtió en el programa más visto de este tipo sobre start-ups y crecimiento empresarial del mundo. Siguen pidiéndome que retransmita partes de dicho programa por todo el mundo.
La gente dice: “Quiero escribir un libro”. El 82% de los adultos estadounidenses quieren escribir uno, pero no saben dónde empezar. Yo elaboré un programa, Cómo escribir un libro y que te publiquen. Cuando la gente lo toma, se quedan muy sorprendida. En un plazo de 90 días ya tiene un libro y un editor, y llevaba años soñando con eso. El motivo por el que la gente no actúa es porque no sabe cómo hacerlo.
Ésos son los tres motivos: la gente se acomoda demasiado, tiene un miedo natural que proviene de la crítica destructiva en la infancia y probablemente de fracasos anteriores y es ignorante. No sabe cómo hacerlo.
DAN
Gran consejo. Hablemos de la idea de que la motivación es lo que realmente nos hace humanos y pone de manifiesto lo mejor de la capacidad humana. Nos preocupa que nos sustituyan las computadoras, pero éstas responden fundamentalmente a estímulos: reciben una entrada y responden de una determinada manera. Los animales son muy parecidos. Hay animales menos inteligentes, pero básicamente, en el caso de los animales, existe un estímulo y después una respuesta.
Los seres humanos son distintos. Como señaló Stephen Covey, se encuentran con un estímulo, después hay una respuesta, pero a mitad del camino está la libertad de elegir. ¿Puedes hablarnos un poco sobre esta idea de que si no usamos la motivación no estamos aprovechando ese gran don humano que nos separa de las computadoras y los animales?
BRIAN
En realidad, tiene lugar en la forma en la que uno responde o reacciona. Hay un momento en el que puedes pensar. Como nos dicen las madres, párate y piensa antes de actuar. Párate y piensa antes de hablar. Los ricos lo hacen. Los pobres dicen todo lo que les viene a la mente. No debe decirse todo lo que uno piensa. No hay que soltarlo todo, así que mejor detente.
He descubierto que si estás a punto de decir algo y la otra persona te interrumpe, es la forma que tiene Dios de decirte que no hables. En lugar de tratar de hablar por encima de la otra persona o ganar la discusión, párate y piensa. La gente causa problemas al decir palabras sin pensarlas demasiado.
De hecho, el segundo motivo principal por el que la gente fracasa es porque hace las cosas sin reflexionarlas demasiado. Las personas exitosas se paran y piensan. A veces lo hacen durante mucho tiempo. Peter Drucker dijo una frase maravillosa: “Las decisiones rápidas que toma la gente son sistemáticamente decisiones erróneas”. Dijo: “Siempre que se deba tomar una decisión de cara al futuro —lo que significa que va a durar mucho tiempo—, hay que pararse mucho tiempo a pensar. Tarda un día, tarda un fin de semana”.
Hace un par de años se escribió un libro excelente sobre la toma de decisiones. La principal premisa del escritor era la siguiente: cuanto más tiempo puedas dejar pasar entre el estímulo y la respuesta, ésta será mejor y más eficaz. Cuanto más tiempo puedas dejar pasar entre la necesidad de tomar una decisión y tomar la decisión, ésta tendrá más calidad y será mejor. Por eso se dice que hay que consultarlo con la almohada, pensarlo durante el fin de semana. Si tienes que tomar cualquier decisión de cara al futuro, lo más inteligente que puedes hacer es decir: “Déjame pensarlo un par de días”. Si alguien quiere pedirte dinero prestado o venderte algo, o te pide que renuncies a tu tiempo para hacer algo más, di: “Parece una buena idea, pero déjame pensarlo un tiempo”.
Los mayores errores que he cometido sucedieron cuando respondí demasiado rápido sin pensármelo dos veces. Más tarde descubrí que había cometido un error terrible. Dije: “Seré tonto. ¿Por qué no me detuve un poco a pensar sobre eso? ¿Por qué respondí tan precipitadamente?”
Hace muchos años tuve un mentor que me influyó mucho. Me regaló un hermoso libro antiguo, de los años veinte, titulado Take Time Out for Mental Digestion (Haz una pausa para la digestión mental). El libro explica que se necesitan 72 horas para incorporar una idea nueva en tu forma de pensar.
Siempre que tengas una idea o una oportunidad nuevas, tómate 72 horas (ésa es la regla básica) para pensar sobre ella y darle vueltas en la cabeza. Revísala desde distintos aspectos antes de tomar una decisión final.
Al haber trabajado como asesor personal de personas extremadamente ricas, gente con cientos de millones y miles de millones de dólares, descubrí que se toman mucho tiempo para tomar decisiones. Investigan mucho. Reflexionan mucho. Lo comentan con otras personas inteligentes. Piden más información. En consecuencia, cuando toman la decisión, ésta es muchísimo mejor que si hubieran reaccionado inmediatamente.
Las personas más exitosas son más reflexivas que aquellas que no tienen éxito. No es que sean más listas, simplemente se toman más tiempo y reúnen más información. Utilizan el punto medio del modelo de Covey. Son libres de elegir el momento y la respuesta. Usan ese momento y lo hacen ampliamente.
Drucker solía decir que cuando se vaya a contratar a alguien, hay que tomarse una semana, un mes, pasar algo de tiempo con ellos, pero ir muy despacio, sobre todo si se va a empezar un negocio o si se dirige un negocio de rápido crecimiento. Hay que tener mucho cuidado, porque si se contrata a la persona equivocada, las complicaciones, los costos y las pérdidas pueden ser tremendos en los pequeños negocios, como ya les ha pasado a muchos pequeños empresarios: “Si lo hubiera pensado un poco más, nunca habría contratado a esa persona”.
Así es como se trabaja. Hay que tomarse el tiempo necesario, sentarse y apagar la radio y la música. Hay que apagar la computadora y el teléfono y sentarse tranquilamente a pensar sobre las decisiones importantes. Es uno de los mayores descubrimientos para el éxito.
DAN
Excelente. Me gusta esa regla de las 72 horas de la que hablaste, porque eso te da un buen equilibrio entre tomarse el tiempo para pensar y la reflexión excesiva, es decir, pensar de más para evitar tomar una decisión. Ése parece un buen equilibrio con el cual asegurarse de que se está usando ese tiempo para meditar sobre el asunto en su totalidad, pero también acabar con un planteamiento decisivo sin quedarse sentado pensando por la eternidad.
Brian, a veces, cuando surge algo nuevo, puede sacarnos de nuestra zona de confort. Hay que tomar una decisión, pero cuando piensan en ello se les ocurren excusas para quedarse como están. ¿Cómo usar ese tiempo de decisión para pensar en algo y asegurarse de que nos estamos desafiando a nosotros mismos en lugar de usar ese tiempo de reflexión para dar marcha atrás?
BRIAN
Una pregunta que le hago a mi público es: “¿A cuántas personas de las aquí presentes les gustaría doblar sus ingresos?” Obviamente, todo el mundo alza la mano. Yo les digo, bueno, “eso está bien, porque van a doblar sus ingresos. Desde mi rol de economista, puedo garantizarles que todo el mundo en esta sala doblará sus ingresos si vive lo suficiente, porque si sus ingresos suben a un promedio de 3% al año usando el interés compuesto, doblarán sus ingresos en 22 años. ¿Era eso lo que estaban pensando?” Todo el mundo dice: “No, no”.
Así que quieren doblar sus ingresos mucho más rápido. Está bien. Bueno, ahí les va un interesante descubrimiento. Si aumentan sus ingresos a un ritmo de 25% al año, con el interés compuesto, doblarán sus ingresos en tres años. Si siguen aumentando sus ingresos a un ritmo de 25% al año durante 10 años, aumentarán 10 veces sus ingresos; hablaremos de eso después. Se trata de establecer rituales específicos todos los días.
Y digo: “¿Cómo se aumentan los ingresos 25% al año? Bueno, pues los aumentas 2% al mes, o un 0.5% a la semana. Si te vuelves 0.5% más productivo cada semana, 2% al mes, entonces el efecto compuesto garantizará que lo dobles una y otra vez. Te volverás una de las personas mejor pagadas de nuestra sociedad, independientemente de tus orígenes, calificaciones, amigos, contactos o el estado de la economía. ¿Es eso posible?” Todo el mundo responde: “Claro que es posible”. Y yo digo: “Entonces den el primer paso”.
La gestión del tiempo es muy sencilla. Hay que planear cada día con antelación. Tienes que decidir cuál es tu tarea más importante. Empiezas con esa tarea, y la terminas antes de pasar a la número dos. Escribí un libro sobre esto; se trata del libro más vendido sobre gestión del tiempo de la historia, seis millones de copias vendidas en 42 idiomas. Enseña todos los aspectos de la gestión del tiempo, pero lo reduce a la elección de la tarea más importante. Comienza por esa primera tarea y sigue con ella hasta que la termines. Si lo haces, doblarás tu productividad la siguiente semana, no en tres años, y tus ingresos enseguida se pondrán a la par del aumento de tu productividad.
La gente dice: “Claro. Podría hacer eso”. Sí. La manera de tener éxito es ir paso a paso. No tienes que transformar tu vida. Me preguntas ¿cómo sacar a la gente de su zona de confort? Warren Bennis escribió un bestseller titulado Líderes. Estudiaron a 93 líderes en un periodo de cinco años. Eran personas muy importantes: presidentes de universidades, de las mejores corporaciones, el director de una orquesta filarmónica. Los investigadores incluso vivieron en sus hogares para observarlos y hablar con ellos para averiguar de qué modo eran diferentes.
Una de las razones era que los líderes siempre eran conscientes al entrar en una zona de confort. Se mantenían alejados de la zona de confort porque establecían unos objetivos tan grandes para sí mismos que les resultaba imposible lograrlos con su nivel de actividad actual. Tenían que salirse de su zona de confort para alcanzar esos enormes objetivos, superiores, valientes y atractivos. Todos lo hacían.
Por eso yo le digo a mi público: “Si quieren doblar sus ingresos, les daré muchas formas de hacerlo, formas empleadas por las personas más productivas. Si las llevan a cabo, saldrán drásticamente de su zona de confort. Verán resultados en una semana desde que empiecen a aplicar estas técnicas”. Lo que motiva a la gente son los resultados.
Daniel Pink escribió un libro excelente titulado La sorprendente verdad sobre qué nos motiva. El texto era un análisis vanguardista de lo que inspira a las personas. La respuesta era, tal como hemos hablado tú y yo, el movimiento hacia delante, el progreso, la sensación de estar volviéndose mejor en el trabajo. Se progresa en la profesión. Se gana más dinero. Se logran más objetivos. Se hacen más de las cosas que se quieren hacer. Esta sensación de movimiento hacia delante es el mejor motivador de todos, y está totalmente bajo el control del individuo.
DAN
Espectacular. ¿Hay alguna idea final que quieras comentar a la gente sobre los motivos por los que la motivación es tan importante para el éxito de la gente?
BRIAN
Siempre digo que la motivación necesita un motivo. Hablaremos de ello después. Una de las razones más importantes por las que las personas no están motivada