Esta filosofía se basa en siete premisas principales.
LA PRIMERA PREMISA
La primera premisa es que la determinación del propósito es el punto de partida de todos los logros, pues es el punto de partida de todos los logros individuales. Un propósito determinado debe ir acompañado de un plan determinado de implementación, seguido de las acciones necesarias. Debes tener un propósito, un plan, y tienes que empezar a poner ese plan en acción. No es demasiado importante que tu plan sea infalible, pues si descubres que adoptaste uno que no es infalible, siempre lo puedes cambiar. Pero es fundamental determinar qué es lo que buscas obtener, cuál es tu propósito. Sin reservas ni condiciones. Antes de terminar esta lección verás por qué tiene que ser algo determinado.
Limitarte a entender esta filosofía, a leerla o escucharme hablar de ella no te resultaría muy valioso. El valor vendrá cuando empieces a formar tus propios patrones con base en esta filosofía y los pongas en práctica en tu vida diaria, tu trabajo y tus relaciones humanas. Ahí es donde realmente llegarán los beneficios.
LA SEGUNDA PREMISA
La segunda premisa: todos los logros individuales son el resultado de un motivo o una combinación de motivos. No tienes derecho a pedirle a nadie en ningún momento que haga nada sin darle a esa persona un motivo adecuado.
Por cierto, ésa es la trama y urdimbre de cualquier venta: la habilidad de implantar en la mente del comprador potencial un motivo adecuado para que compre.
Existen nueve motivos básicos. Todo lo que la gente hace o se abstiene de hacer puede clasificarse bajo estos nueve motivos. Aprende a lidiar con la gente implantando en su mente los motivos adecuados para hacer las cosas que quieres que hagan.
Muchas personas que se hacen llamar vendedores ni siquiera han oído hablar de los nueve motivos básicos. No saben que no tienen derecho a exigir una venta hasta que no hayan implantado en la mente del comprador un motivo para comprar. Los nueve motivos básicos son:
1) Supervivencia
2) Ganancia económica
3) Amor
4) Sexualidad
5) Deseo de poder y fama
6) Miedo
7) Venganza
8) Libertad de cuerpo y mente
9) Deseo de crear
LA TERCERA PREMISA
La tercera premisa: cualquier idea, plan o propósito dominante albergado en la mente mediante la repetición de pensamiento y emoción, aunado a un ferviente deseo de realizarlo, es tomado por la sección subconsciente de la mente y puesto en acción a través de cualquier medio que de manera natural y lógica pueda estar disponible.
En este párrafo acabas de recibir una tremenda lección de psicología. Si quieres que la mente capte una idea y forme un hábito de modo que en automático actúe a partir de ella, tienes que decirle lo que quieres una y otra y otra vez.
Cuando el señor Émile Coué llegó aquí hace unos años con su famosa fórmula “Todos los días, en todos los sentidos, me va mejor y mejor”, curó a miles de personas, pero hubo muchas más que no sanaron, y me pregunto si sabes por qué. En esa afirmación no hay ningún deseo, ninguna emoción. Da igual chiflar en el viento que hacer una afirmación, a menos que la hagas con algo de sentimiento.
Por cierto, si te repites algo lo suficiente, llegarás al punto en que lo creas, incluso si es mentira. Suena chistoso, ¿no? Pero resulta que es cierto. Hay personas que dicen mentirillas blancas (y a veces ni siquiera tan blancas) hasta llegar al punto en que ellas mismas se las creen.
La mente subconsciente no conoce la diferencia entre correcto e incorrecto. No conoce la diferencia entre positivo y negativo. No conoce la diferencia entre un centavo y un millón de dólares. No conoce la diferencia entre el éxito y el fracaso. Aceptará cualquier afirmación que le repitas en pensamientos o palabras o por cualquier otro medio.
De ti depende trazar desde el principio tu propósito determinado, escribirlo para que se pueda entender, memorizarlo y empezar a repetirlo todos los santos días hasta que tu mente subconsciente lo detecte y empiece a aplicarlo automáticamente.
Eso va a tomar algo de tiempo. No se puede deshacer todo lo que has estado haciendo de la noche a la mañana. Tu mente subconsciente volverá a lo de antes por inercia, permitiendo que entren los pensamientos negativos. No puedes esperar que eso cambie de un día a otro. Pero descubrirás que si le pones emoción a cualquier plan que le mandes a tu mente subconsciente y lo repites en un estado de entusiasmo, respaldándolo con un espíritu de fe, la mente subconsciente no sólo actuará más rápido, sino que además lo hará de una manera más decisiva y más positiva.
LA CUARTA PREMISA
La cuarta premisa: cualquier deseo, plan o propósito dominante que esté respaldado por ese estado mental conocido como fe es tomado por la sección subconsciente de la mente y puesto en práctica de inmediato. Ese estado mental es el único que producirá acciones inmediatas a través de la mente subconsciente. Cuando digo fe, no me refiero a un deseo o una esperanza o una tenue creencia. Me refiero a un estado mental donde ya puedes ver terminado lo que sea que vayas a hacer, aun desde antes de empezar. Ahora bien, eso es algo bastante positivo, ¿no crees?
Honestamente puedo decir que en toda mi vida nunca he fracasado en algo que estuviera decidido a hacer, a menos que haya descuidado mis deseos de hacerlo y me haya alejado del plan, o que haya cambiado de parecer o de actitud mental. Y te diré que puedes ponerte a ti mismo en un estado mental donde puedes hacer cualquier cosa que te decidas a hacer, a menos que te debilites a medida que avanzas, como le pasa a mucha gente.
Otra vez: cualquier deseo, plan o propósito dominante que esté respaldado por ese estado mental, conocido como fe, es tomado por la sección subconsciente de la mente y puesto en práctica de inmediato.
Sospecho que sólo un número relativamente pequeño de personas entiende en realidad el principio de la fe y cómo aplicarla. Aun si la entiendes, si no la respaldas con acción y no la vuelves parte de tus hábitos de vida, es como si no la entendieras, porque la fe sin actos está muerta, la fe sin acción está muerta, la fe sin una creencia absoluta y decisiva está muerta. No puedes pensar obtener ningún resultado a través de lo que crees a menos que respaldes esa creencia con acciones.
Por cierto, si le dices a tu mente con la debida frecuencia que tienes fe en lo que sea, llegará el momento en que tu mente subconsciente lo acepte, incluso si lo que le dices es que tienes fe en ti mismo. ¿Alguna vez has pensado qué lindo sería tener una fe tan completa en ti mismo que no titubearas para emprender cualquier cosa que quisieras hacer en la vida? ¿Alguna vez has pensado cuáles serían los beneficios de esto para ti?
Mucha gente se subestima toda la vida por no tener la cantidad adecuada de confianza, ya ni hablemos de fe. Constituye más o menos entre 98 y 100 por ciento. En toda su vida nunca desarrolla suficiente confianza en sí misma para salir y emprender las cosas que quiere hacer en la vida. Aceptan de la vida lo que ésta les da.
En toda mi vida yo nunca he aceptado, de la vida ni de nadie, nada que yo no quiera. Me han arrojado muchas cosas que no me gustaban, cosas que no olían muy bien, pero no las acepté; no me volví parte de ellas.
El hombre más notable que he conocido, sin duda alguna —y he conocido a muchos hombres notables—, medido por su capacidad de aplicar su filosofía, fue el finado Mahatma Gandhi. Bueno, él era un hombre que entendía los principios de la fe. No sólo los entendía, sino que liberó a la India mediante ellos.
Es una cosa maravillosa aprender el arte de depender de ti mismo y aplicarlo a tu propia mente. ¿No es extraño cómo funciona la naturaleza? Te da un juego de herramientas, todo lo que necesitas para alcanzar todo lo que puedas usar o a lo que puedas aspirar en este mundo. Te da un juego de herramientas adecuado para todas tus necesidades y te recompensa abundantemente por aceptar esas herramientas. Eso es todo lo que tienes que hacer: sólo aceptarlas y usarlas.
La naturaleza te castiga severamente si no aceptas y no usas estos dones. Ella odia el vacío y la inactividad. Quiere que todo esté en acción, y sobre todo quiere que la mente humana esté en acción. La mente no es distinta de muchas otras partes del cuerpo. Si no la usas, si no dependes de ella, se atrofia y se debilita, y finalmente llega al punto donde cualquiera te puede mangonear. Muchas veces ni siquiera tienes la fuerza de voluntad para oponer resistencia o protestar.
LA QUINTA PREMISA
La quinta premisa: el poder del pensamiento es la única cosa sobre la que cualquier ser humano tiene medios de control completos e incuestionables. Este hecho es tan asombroso que connota una relación estrecha entre la mente del hombre y una inteligencia infinita.
En todo el universo sólo se conocen cinco cosas, y a partir de esas cinco cosas la naturaleza ha formado todo cuanto existe, desde los minúsculos electrones y protones de materia hasta las piedras más inmensas que flotan en el firmamento, incluidos tú y yo. Sólo cinco cosas: tiempo, espacio, energía y materia, y esas cuatro no servirían de nada sin la quinta. Todo sería caos. Tú y yo nunca habríamos existido sin esa quinta cosa.
Es la inteligencia universal, y se refleja en cada brizna de hierba, en todo lo que crece de la tierra y todos los electrones y los protones. Se refleja en el espacio y el tiempo. En todo lo que existe hay una inteligencia, que opera todo el tiempo. Esa inteligencia permea el universo entero: espacio, tiempo, materia, energía, todo.
La persona más exitosa es la que encuentra el medio o la manera de apropiarse de la mayor parte de esta inteligencia a través de su cerebro y de ponerla en acción. Cada individuo tiene el privilegio de apropiarse de toda la inteligencia que quiera para su propio uso. La única manera de apropiársela es usándola. Sólo entenderlo o creerlo no basta. Tienes que darle un uso especializado de alguna forma.
Yo creo en los milagros. Pero hace 50 años vi muchos milagros que hoy podría explicar fácilmente: ya no serían milagros. En última instancia, desde luego, los milagros no existen, puesto que todo efecto tiene una causa natural. Cuando no podemos descubrir esa causa, a menudo el efecto es tan impactante que lo llamamos un milagro.
Para mí, el milagro más impresionante de todos es la mente humana. La mente de la persona más humilde es capaz de expandirse a proporciones increíbles e inimaginables. Piensa en hombres como Henry Ford o Thomas A. Edison, que empezaron la vida sin educación y construyeron dos grandes imperios: el señor Edison dio inicio a la gran era de la electricidad, el señor Ford a la gran era del automóvil. Y luego piensa en Napoleon Hill, que en una sola vida creó una filosofía que ha beneficiado a millones de personas y que beneficiará a millones más cuando él ya no esté. ¿Cómo habría podido hacerlo si no hubiera usado su mente?
Lo que me permitió hacer una cosa tan gigantesca no fue mi educación, porque tuve muy poca. No fue el respaldo económico, porque de eso no tuve nada. Hasta el señor Carnegie se negó a financiarme, que fue una de las mejores cosas que me han pasado, aunque en su momento no lo vi así.
Para ser honestos, las cosas que han pasado son tan fantásticas que cuando mi socio, el señor W. Clement Stone, y yo salimos a dar conferencias, tenemos que atenuar los hechos. Si los contáramos todos, parecerían tan fantásticos, tan imposibles, que la gente que no conoce mi historia no los creería. A veces me pregunto si yo mismo los creo.
Yo empecé con una desventaja tremenda, que venía cargando desde el plano anterior, además de las que encontré esperándome cuando llegué aquí. Con todo, mediante una serie de manipulaciones, basadas en el uso de mi propia mente, fui capaz de entrar, penetrar, examinar y extraer la suma y sustancia de lo que 500 de las personas más inteligentes del país obtuvieron mediante una vida de esfuerzo. Le di forma de modo que la persona más humilde no sólo pudiera entenderlo sino aceptarlo, aplicarlo y usarlo en beneficio propio. Nunca en la historia del mundo se ha producido un logro semejante en la vida de un autor. Nunca en la historia del mundo ha habido otro autor que logre producir una filosofía en términos sencillos mediante la cual puedas vivir todos los santos días, estés donde estés, seas quien seas, y hagas lo que hagas.
Todo esto nos lleva de nuevo al poder milagroso de la mente humana, pero ese poder no te va a servir de nada a menos que lo reconozcas, lo aceptes plenamente y lo uses. La principal responsabilidad de este curso es darte un patrón, un plan de acción, mediante el cual puedas tomar posesión de tu propia mente y ponerla en operación. Todo lo que tienes que hacer es seguir el plan. No escojas las partes que más te gusten y deseches lo demás. Tómalo todo, tal como es.
Hace no mucho conocí a un hombre que había hecho una fortuna bastante enorme. La había hecho en muy pocos años, y de manera honesta. Me dijo: “Napoleon Hill, quiero decirle algo que quizá le sorprenda. Cuando llegó a mis manos uno de sus libros, mi esposa y yo lo leímos juntos. Mi esposa le puso peros y no lo aceptó. Yo no soy tan listo como ella, pero lo acepté y me volví inmensamente rico”.
Vas a encontrar a gente que sea mucho más lista que tú. Que sabe todas las respuestas, y será renuente a aceptar esta filosofía. Simplemente sabe que no le va a funcionar. Vas a encontrar gente así. Que no te moleste demasiado.
Yo antes me molestaba cuando no todo mundo aceptaba esta filosofía plenamente. Hace unos años recibí una lección que me sirvió más que cualquier cosa que me hubiera pasado hasta ese momento. Me estaba quejando de la ingratitud de uno de mis alumnos cuando un señor bastante mayor que yo me dijo: “Mire, Napoleon Hill, hace como 1 900 años un hombre estupendo llegó al mundo, y tenía una estupenda filosofía de la vida. ¿Y lo va usted a creer? Él tampoco tuvo un seguimiento del cien por ciento. De hecho, a usted le va mucho mejor. Él sólo tenía 12 discípulos y uno de ellos le volteó la espalda. ¿Qué importa si algunos de sus estudiantes le voltean la espalda a usted? Si lo hacen, peor para ellos, no para usted; siempre recuérdelo”.
No permitas que la gente te moleste porque no cree. No puedes esperar que toda la gente crea. Si todos tuvieran la capacidad de creer que tú vas a tener cuando asimiles esta filosofía, viviríamos en una utopía. No temeríamos a la bomba de hidrógeno ni a ninguna otra clase de bomba.
LA SEXTA PREMISA
La sexta premisa: la sección subconsciente de la mente parece ser la única puerta para el acercamiento individual a la inteligencia infinita. Quiero que analices el lenguaje con cuidado. Dije “parece ser”. No sé si lo sea. Dudo que tú lo sepas, y dudo que alguien lo sepa de manera definitiva. Mucha gente tiene muchas ideas distintas sobre el tema, pero a partir de las mejores observaciones que he podido realizar en miles de experimentos, parece ser cierto que la sección subconsciente de la mente es la única puerta para el acercamiento individual a la inteligencia infinita, y puede ser influenciada por el pensamiento individual a través de los medios que se describen en esta lección y las siguientes.
La base del acercamiento es la fe basada en la determinación de propósito. Este enunciado te da la clave de todo el párrafo. La fe basada en la determinación de propósito. ¿Tienes alguna idea de por qué tu confianza en ti mismo no es tan grande como debería? ¿Alguna vez te has detenido a pensar en eso? ¿Alguna vez te has detenido a pensar por qué cuando ves venir una oportunidad, o algo que consideras una oportunidad, empiezas a cuestionar tu habilidad de aceptarla plenamente y usarla? ¿Acaso no es algo que te ha pasado muchas veces?
Si has tenido ocasión de relacionarte de manera cercana con gente que es muy exitosa, sabrás que ésa es una cosa que no les molesta. Si quieren hacer algo, nunca se les ocurre que no lo puedan hacer.
Espero que en tu relación con Napoleon Hill y Asociados llegues a conocer mejor a mi distinguido socio, el señor Stone, porque si alguna vez he visto a un hombre que conoce el poder de su mente y está dispuesto a depender de esa mente, ese hombre es el señor Stone. De hecho, se me está contagiando. Yo creía tener un gran suministro, pero créeme lo que te digo, puedo ir con el señor Stone en cualquier momento y me recarga las baterías a mí también. Qué cosa tan grande es estar cerca de alguien que tiene control total de sí mismo, que tiene todo bajo control. No creo que el señor Stone tenga ninguna preocupación. No creo que él tolere ninguna preocupación. ¿Por qué? Porque confía en su habilidad de usar su mente y hacer que esa mente cree las condiciones que él quiere crear. Éste es el estado operativo de cualquier mente exitosa, y éste será el estado de tu mente cuando termines esta filosofía. Serás capaz de proyectar tu mente a cualquier objetivo que elijas, y nunca habrá una duda de si puedes hacer lo que quieres o no. Nunca habrá la menor duda.
LA SÉPTIMA PREMISA
La séptima premisa: cada cerebro está construido con un aparato receptor y un transmisor de vibraciones de pensamiento. Este hecho explica la importancia de avanzar con un propósito determinado en vez de flotar a la deriva, puesto que el cerebro se puede imantar tan profundamente con la naturaleza del propio propósito que empezará a atraer a los equivalentes físicos o materiales de ese propósito.
Quiero que repases el párrafo anterior, que lo analices, que lo leas muchas veces y que lo metas en tu conciencia. El primer aparato transmisor y receptor de radio fue el que existe en el cerebro del hombre. No sólo existe en el cerebro del hombre, sino que existe en muchísimos animales. Yo tengo una pareja de perros pomeranios, y saben exactamente lo que estoy pensando, a veces desde antes que yo. Son tan listos que pueden sintonizarse conmigo. Cuando vamos a salir en el automóvil, ya saben si van a venir o no. No hace falta decirles ninguna palabra, porque siempre están en sintonía telepáticamente.
Tu mente está emitiendo vibraciones de manera constante. Si trabajas en ventas y vas a visitar a un comprador potencial, la venta debería estar cerrada desde antes de que siquiera veas al comprador. ¿Alguna vez has pensado en eso? Si vas a hacer cualquier cosa que requiera la cooperación de más gente, condiciona tu mente de tal manera que sepas que la otra persona va a cooperar.
¿Por qué? En primera, porque el plan que le vas a ofrecer es tan justo y honesto y benéfico para ella que no podrá rechazarlo. En otras palabras, tienes derecho a recibir su cooperación. Te sorprendería saber qué cambio habrá en las personas cuando llegues enviando pensamientos positivos por tu aparato transmisor en vez de pensamientos de miedo.
Si quieres un buen ejemplo de cómo funciona este aparato transmisor, imagina que necesitas 1 000 dólares con urgencia. Debes tenerlos para pasado mañana, o se van a llevar el coche o los muebles. Necesitas esos 1 000 dólares. Vas al banco, y desde el momento en que entras por la puerta, el banquero se da cuenta de que los necesitas desesperadamente, y no te los va a querer dar.
Qué curioso, ¿no? No, no es curioso. Es trágico. Muchas veces traes en la bolsa los cerillos con los que vas a quemar tu propia casa. Transmites tus pensamientos y te preceden. Cuando llegas, descubres que en vez de obtener la cooperación que esperabas, la otra persona te refleja de vuelta ese estado de duda, ese estado mental que tú mandaste por adelantado.
Yo antes daba clases de ventas. Mucho tiempo me gané la vida haciendo eso, mientras llevaba a cabo la investigación para esta filosofía, y les di clases a más de 30 000 vendedores. Muchos de ellos ahora son miembros de la Mesa Redonda del Millón de Dólares en el campo de los seguros de vida. Y si hay una cosa en la vida que se tiene que vender, son los seguros de vida. Nadie compra seguros de vida: hay que venderlos. Lo primero que les enseñaba a las personas a mi cargo era que tenían que hacerse la venta a sí mismas antes de tratar de hacérsela al otro. Si no saben eso, no van a cerrar la venta. Quizá alguien les compre algo, pero jamás cerrarán una venta a menos que primero se lo puedan vender a sí mismas.
Te menciono otra cosa: a veces uno anda de malas o un poco tristón. No sabes qué te pasa. ¿Alguna vez te has sentido así?
A mí ya no me pasa. Si estás en un mal estado mental, analízate con cuidado y descubre la causa. ¿Sabías que constantemente captamos las vibraciones que emiten otras personas malhumoradas, que están en un estado de frustración? ¿Sabías que su mundo ahora se encuentra en un estado caótico? La gente está hablando de la destrucción total de la humanidad. Reza y está atenta al día en que la bomba de hidrógeno venga y arrase ciudades enteras. ¿Qué crees que va a pasar si millones de personas en todo el mundo siguen anticipando, esperando y rezando por esa destrucción? ¿Por qué crees que va a pasar? Lo inevitable, eso es lo que va a pasar.
Este mundo necesita un renacimiento que haga que la gente conozca el poder y la dignidad de su propia mente, para que puedan enfocar esas mentes en las cosas que son constructivas y no en las que son destructivas. Cada cerebro es un aparato transmisor y receptor.
Hace algunos años, cuando recién empezaba, di una serie de conferencias en la Escuela de Negocios de Harvard. Les dije a los estudiantes que mis observaciones bajo la tutela del doctor Alexander Graham Bell y el doctor Elmer R. Gates me habían llevado a concluir que el éter continuamente estaba llevando sonidos que no podemos interpretar con el oído humano, que el cerebro humano constantemente captaba pensamientos de otros cerebros, y a su vez emitía pensamientos constantes que otros cerebros captaban.
No pude avanzar mucho más cuando oí que se arrastraban pies por toda el aula. Luego vi que todos tenían una sonrisota y luego soltaron la carcajada. Me corrieron.
Quizá vuelva a Harvard con ese mismo grupo de hombres y mujeres. Quizá empiece disculpándome por tener que estar compitiendo con tantos ruidos en la sala, con todas las orquestas —la gente que canta, la gente que toca, la gente que habla compitiendo conmigo—, y pidiéndoles que por favor me tengan paciencia y no le presten atención a lo demás. Y me van a escuchar. Sin arrastrar los pies. Y esta vez nadie se va a reír cuando se los diga, porque van a saber que es verdad.
Hay una gran variedad de ruidos aquí en esta sala en este momento. El éter es el medio que los transporta. El éter es el medio que lleva el pensamiento de tu cerebro a otros cerebros. También puedes estar tan sintonizado con otra persona que puedas comunicarte con ella por medio de telepatía.
No haría esta afirmación si no supiera que es verdad. ¿Y cómo crees que lo sé? Sólo porque lo he experimentado. Hace algunos años iba caminando por Central Park en Nueva York, y me imagino que habría por lo menos otras 3 000 o 4 000 mil personas allí. Mi esposa quería que fuera a la Columbia Broadcasting Station, donde estaba negociando un programa, y que estuviera ahí a la una para una importante conferencia. Me mandó la llamada mentalmente. La recibí. En vez de regresar a casa, me fui directo a la Columbia Broadcasting Station. Cuando llegué pude pasar en el último momento, a un minuto de empezar. Si hubiera recibido una carta con esa misma información, no habría podido ser más precisa.
Hace algunos años estaba dando una conferencia en Nueva Jersey, en el Club Rotario. Cuando terminó la conferencia, muchos se me acercaron y nos sentamos a charlar. Pasó hora y media, y de pronto dije:
—Si me disculpan, caballeros, tengo que tomar una llamada telefónica. Mi esposa me está llamando —y fui al teléfono y le contesté.
Ella dijo:
—Ya se te hizo tarde.
Regresé y les anuncié:
—Disculpen, caballeros, mi esposa se preocupó porque se me hizo tarde; quería saber si había pasado algo.
Me preguntaron:
—Pero ¿cómo sabía que lo llamaba su esposa?
—Ah, eso es secreto de Estado —contesté. No me tomé la molestia de explicárselos por temor a que acabaran descartando la buena conferencia que acababa de darles. Pensé que más valía no decir demasiado.
Pero contigo, mi estudiante, siento que puedo ser franco: puedo tenerte confianza. Puedo contarte algunas de las experiencias extracurriculares que he tenido, que demuestran sin lugar a duda que el cerebro es un aparato transmisor y receptor, y que puedes sintonizar ese cerebro de modo que sólo atraiga las vibraciones positivas que emite la demás gente. De eso se trata. Puedes entrenar a tu propia mente a que reciba, de entre la multitud de vibraciones que flotan en el ambiente constantemente, sólo las cosas relacionadas con lo que más quieras en la vida.
¿Cómo haces eso? Manteniendo tu mente enfocada en lo que más quieras en la vida: tu gran propósito determinado. Todo es por medio de la repetición, del pensamiento, de la acción, hasta que finalmente el cerebro no captará nada que no tenga que ver con esa determinación de propósito. Puedes educar a tu cerebro a que se niegue absolutamente a captar cualquier vibración excepto aquellas relacionadas con lo que quieres. Cuando puedas tener tu cerebro bajo control de esa manera, estarás en marcha; real y verdaderamente estarás en sintonía.
BENEFICIOS DE LA DETERMINACIÓN DE PROPÓSITO
Ahora veamos algunos beneficios de la determinación de propósito. En toda mi vida nunca le he sugerido a nadie que haga nada sin darle una buena razón para hacerlo. Cuando hablo de implantar motivos en la mente de las personas, no es sólo algo para que lo apliques; es algo que aplico yo también. Y puedo darte algunos motivos muy buenos para seguir esta lección al pie de la letra.
En primer lugar, la determinación de propósito automáticamente desarrolla la autosuficiencia, la iniciativa, la imaginación, el entusiasmo, la disciplina personal y la concentración del esfuerzo, y todos son prerrequisitos para cualquier éxito de vital importancia. Es impresionante esta variedad de cosas que desarrollas cuando mejoras la determinación de propósito, es decir: saber lo que quieres, tener un plan para lograrlo, y tener tu mente ocupada principalmente con llevar a cabo ese plan.
Si tienes que adoptar un plan, a menos que seas una persona fuera de lo común, es casi seguro que sigas algunos planes que no funcionen muy bien. Cuando descubras que tu plan no está bien, deséchalo de inmediato, consigue otro, y sigue adelante hasta encontrar uno que sí funcione. En el proceso de hacer esto, sólo recuerda una cosa: que quizá la inteligencia infinita, poseedora de una inmensa sabiduría, puede tener un plan para ti que sea mejor que el que tú mismo tenías.
Mantén una mente abierta. Si adoptas un plan para llevar a cabo tu gran propósito o un propósito menor y no sale bien, descártalo y pide la guía de la inteligencia infinita. Quizá la obtengas.
¿Qué puedes hacer para asegurarte de obtenerla? ¿Cómo puedes creer que vas a obtenerla? Puedes creer que vas a obtenerla, y no está de más decir en voz alta que lo crees. Sospecho que el Creador puede conocer tus pensamientos, pero he descubierto que si te expresas con mucho entusiasmo, nunca está de más. Y estoy seguro de que tampoco está de más para despertar a tu mente subconsciente.
Cuando escribí Piense y hágase rico, el título original era Los trece pasos de la riqueza, y tanto el editor como yo sabíamos que no era un título taquillero. Necesitábamos el título del millón de dólares.
El editor me insistía todos los días en que le diera el título que yo quisiera. Escribí 500 o 600 títulos, y ninguno servía para nada. Luego un día me sacó un tremendo susto. Me llamó y me dijo:
—Mañana en la mañana necesito ese título, y si usted no lo tiene, a mí se me ocurrió uno buenísimo.
—¿Cuál? —dije.
—Le vamos a poner Usa los sesos para sacar los pesos.
—Santo cielo —dije—, me va a arruinar. Éste es un libro digno y ése es un título chacotero. Va a arruinar el libro y a mí también.
—Pues aunque así sea, ése será el título a menos que usted me tenga uno mejor en la mañana.
Quiero que pongas atención a este incidente porque da en qué pensar de una manera poderosa. Esa noche me senté de un lado de la cama y tuve una charla con mi mente subconsciente. Le dije: “Escúchame bien, buena para nada, tú y yo hemos recorrido mucho camino juntos. Has hecho muchas cosas por mí y también me has hecho algunas cosas a mí, gracias a mi ignorancia, pero necesito el título del millón de dólares y lo necesito esta misma noche. ¿Me entiendes?”
Me puse a hablar tan fuerte que el señor que vivía en el departamento de arriba golpeó en el piso, y no lo culpo, porque ha de haber pensado que me estaba peleando con mi esposa. Realmente no le dejé ninguna duda a mi mente subconsciente de qué era lo que quería. No le dije a la mente subconsciente exactamente qué clase de título era. Sólo le dije que tenía que ser el título del millón de dólares.
Me fui a acostar después de haber cargado a mi mente subconsciente hasta llegar a ese momento psicológico en que sabía que iba a producir lo que yo quería. Si no hubiera llegado a ese punto, ahí seguiría metido, sentado de un lado de la cama hablando con mi subconsciente. Hay un momento psicológico —y puedes sentirlo— cuando el poder de la fe se hace cargo de lo que sea que estés tratando de hacer y te dice: “Está bien, ya relájate: es así”.
Me fui a acostar y como a las dos de la mañana me desperté como si alguien me estuviera zarandeando. Al salir del estado de sueño, tenía en la mente Piense y hágase rico. ¡Qué bárbaro! Solté un grito de apache. Salté a mi máquina de escribir y lo escribí.
Agarré el teléfono y llamé al editor.
—¿Qué pasa? —preguntó—. ¿Se está quemando la ciudad?
Eran como las 2:30 de la mañana.
—Así es —afirmé—, con el título del millón de dólares.
—Vamos a oírlo —dijo.
—Piense y hágase rico.
—Le dio al clavo —aseguró.
Sí, yo diría que le dimos al clavo. El libro ha recaudado más de 23 millones de dólares en Estados Unidos y probablemente rebase los 100 millones antes de que yo pase a mejor vida, y aún más. Fue el título del millón —no, un título multimillonario—.
Después de la regañiza que le metí a mi subconsciente, no me sorprende que se haya espabilado y haya hecho un buen trabajo. ¿Por qué no usé ese método en primer lugar? Qué curioso, ¿no? Yo conozco la ley. ¿Por qué me puse a perder el tiempo y darle largas? ¿Por qué no fui directo a la fuente a echar a andar mi mente subconsciente en vez de sentarme a la máquina de escribir a sacar 500 o 600 títulos?
Te voy a decir por qué. Es por la misma razón que a menudo uno sabe qué hacer pero no lo hace. No hay explicación para la indiferencia del ser humano hacia sí mismo. Aun después de que conoces la ley y sabes cómo está la cosa, te la pasas perdiendo el tiempo hasta el último minuto antes de hacer algo al respecto.
Es igual que con la oración: te haces tonto hasta que llega un momento difícil, y entonces estás muerto de miedo. Claro que no obtienes ningún resultado de la oración. Si quieres que la oración dé resultado, tienes que condicionar a tu mente para que tu vida sea una plegaria constante todos los días. Cada minuto de tu vida es una oración constante porque se basa en creer en tu propia dignidad, y sintonizarse con la inteligencia infinita para tener las cosas que necesitas en este mundo. Si te esperas hasta los momentos difíciles, es como tener una muerte en la familia e ir con el de la funeraria y el del panteón. Créeme lo que te digo, te van a desplumar, porque estás en un estado de dolor y no puedes oponer la menor resistencia. Y lo que te va a pasar no se lo deseo a nadie, y todo por no haberte preparado cuando no había necesidad.
Es igual con esta mente humana. Tienes que condicionar a la mente día con día para que cuando surja una emergencia puedas estar ahí enseguida, listo para lidiar con ella.
La determinación de propósito también te lleva a planear tu tiempo y agendar tareas diarias que te lleven a alcanzar tu gran propósito. Si te sentaras a escribir un reporte cada día durante una semana de cada hora que te la pasas realmente trabajando, y luego un reporte de cada hora de tiempo que pierdes, te llevarías uno de los sustos más grandes de tu vida.
Hace no mucho alguien me dijo: “Napoleon Hill, usted es una persona tremendamente ocupada. Anda en el avión de allá para acá. Se la pasa escribiendo libros, dando conferencias, ayudando al señor Stone a llevar el negocio. Debe ser muy trabajador”.
Me sonrojé. ¿Sabes por qué? Porque yo desperdicio por lo menos la mitad de mi tiempo. Podría dedicarle cinco horas al día a hacer otra cosa, si de veras quisiera. Y si yo soy así de deficiente, ¿cómo andarás tú?
No te enojes por esto; sólo quería pisarte un poco los callos. Quería hacerte notar el hecho de que todos perdemos el tiempo. No somos eficientes. Tenemos unas ocho horas para dormir, unas ocho horas para ganarnos el pan, y ocho horas de tiempo libre en las que podemos hacer lo que nosotros queramos. Las ocho horas de tiempo libre son el tiempo de la oportunidad. Éste es el tiempo en el que puedes condicionar tu mente a hacer cualquier cosa que quieras.
La determinación de propósito también hace que uno esté más alerta para reconocer las oportunidades relacionadas con el objetivo de nuestro gran propósito. También inspira a tener el valor de aceptar esas oportunidades y actuar en consecuencia. Todos vemos oportunidades casi todos los días de nuestra vida que, si las aceptáramos y actuáramos en consecuencia, podrían beneficiarnos. Pero hay algo que se llama postergación. Sencillamente no tenemos la voluntad, la capacidad de alerta, la determinación para aceptar a plenitud las oportunidades cuando se presentan. Pero si condicionas tu mente con esta filosofía, no sólo aceptarás plenamente las oportunidades, sino que harás algo mejor.
¿Qué podrías hacer que sea mejor que aceptar plenamente una oportunidad? Crear la oportunidad. Uno de los generales de Napoleón (el otro) llegó a verlo un día. Estaban preparando un ataque a la mañana siguiente. Este general dijo:
—Señor, las circunstancias no son las adecuadas para el ataque de mañana.
Napoleón contestó:
—¿Las circunstancias no son las adecuadas? Un cuerno, las circunstancias las pongo yo. Ataquen.
Aún no he visto a ningún hombre de negocios exitoso en cualquier campo que, cuando alguien le dice que no se puede, no diga: “Ataquen, ataquen”.
Empieza donde estás. Cuando llegues a esa curva en el camino, siempre descubrirás que el camino sigue. Ataca. No lo postergues. No te quedes parado. Ataca.
La determinación de propósito inspira confianza en la propia integridad y carácter, y llama la atención de los demás de manera favorable. ¿Alguna vez habías pensado en eso? Creo que a todo el mundo le encanta ver a una persona caminando con el pecho henchido. No necesita tener mucho pecho, pero aquí hay alguien que le está diciendo a todo el condenado mundo que sabe lo que está haciendo y que va camino a hacerlo. Si estás decidido a pasar, la gente en las aceras te abre paso, y no hace falta chiflarle ni gritar. Basta con que mandes tus pensamientos por delante con determinación, y se harán a un lado para dejarte pasar.
Así es el mundo. Mucha gente es tan indiferente que deja que los demás la mangoneen. La persona que sabe lo que quiere va a mangonear a muchos, créeme, sobre todo a cualquiera que se interponga en su camino. El hombre que sabe adónde va y está decidido a llegar siempre encontrará ayudantes dispuestos con quienes colaborar.
He aquí el mayor de todos los beneficios de la determinación de propósito: abre paso para el pleno ejercicio de ese estado mental conocido como fe al volver la mente positiva y liberarla de las limitaciones del miedo y la duda y el desaliento y la indecisión y la postergación.
En el instante mismo en que decides algo y sabes que eso es lo que quieres, sabes que lo vas a hacer. Todas las negatividades que te han estado molestando agarran sus cosas y se van. Simplemente se marchan. No pueden vivir en una mente positiva.
¿Puedes imaginar un estado mental negativo y un estado mental positivo ocupando el mismo espacio al mismo tiempo? Claro que no, porque es imposible. ¿Y sabías que la más mínima actitud mental negativa basta para destruir el poder de la oración? ¿Sabías que la más mínima actitud mental negativa basta para destruir tu plan? Tienes que avanzar con valor, con fe, con determinación, al llevar a cabo tu determinación de propósito.
Luego, la determinación de propósito hace que uno esté atento al éxito. ¿Sabes a qué me refiero con estar atento al éxito? Si te dijera que te hace estar atento a la salud, ¿entenderías a qué me refiero? A que tus pensamientos son predominantemente sobre tu salud. Al hablar de estar atento al éxito, tus pensamientos son predominantemente sobre el éxito: la parte “sí se puede” de la vida, y no pensar que no se puede. ¿Sabías que 98% de las personas que nunca llegan a nada en la vida son las que dicen “no se puede”? Ante cualquier circunstancia que la vida les presenta, de inmediato fijan su atención en la parte del no se puede, la parte negativa.
Nunca en la vida olvidaré lo que me pasó cuando el señor Carnegie me sorprendió con una oportunidad de organizar esta filosofía. Traté de darle todas las razones por las que no podía hacerlo, y de inmediato se me ocurrieron todas. Yo no tenía suficiente educación. No tenía el dinero. No tenía la influencia. No sabía lo que significaba la palabra filosofía. Estaba tratando de abrir la boca para decirle al señor Carnegie que le agradecía el cumplido, pero que dudaba que fuera muy bueno para juzgar la naturaleza humana si me estaba eligiendo para hacer un trabajo así. Aunque eso pasaba por mi mente, había una persona silenciosa mirando sobre mi hombro, que dijo:
—Vamos, dile que puedes. Escúpelo.
Contesté:
—Sí, señor Carnegie, acepto el encargo, y puede estar seguro, señor, de que lo terminaré.
Alcanzó mi mano y le dio un apretón. Añadió:
—No sólo me gustó lo que dijo, sino que me gustó la forma en que lo dijo. No esperaba menos.
Vio que mi mente estaba encendida con la creencia de que podía hacerlo, aunque yo no poseía el menor recurso para iniciar, más allá de mi determinación de crear esta filosofía.
Si hubiera titubeado en lo más mínimo, si hubiera dicho: “Sí, señor Carnegie, haré mi mejor esfuerzo”, estoy seguro de que me habría quitado la oportunidad al instante. Habría indicado que yo no tenía la determinación necesaria para hacerlo.
Pero le dije: “Sí, señor Carnegie, acepto el encargo, y puede estar seguro, señor, de que lo terminaré”, y tú lo estás viendo aquí. Estás conviviendo con el hecho de que el señor Carnegie no se equivocó al elegir.
Él sabía lo que hacía. Había encontrado algo en la mente humana, en mi mente, que llevaba años buscando. Lo encontró. Yo no sabía su valor, pero después lo descubrí. Quiero que tú reconozcas su valor, porque tienes eso mismo en tu mente: la misma capacidad de saber lo que quieres y de estar decidido a lograrlo, aunque no sepas ni por dónde empezar.
Piensa en madame Marie Curie cuando decidió descubrir el radio. Lo único que sabía era que en teoría debía haber radio en alguna parte del universo. Olvídate de buscar una aguja en un pajar: era como buscar una aguja en el universo, buscar el radio —y lo único que ella tenía era una teoría—. Ella respaldó con tanta fe la teoría que había desarrollado y refinado, que fue capaz de producir radio por primera vez en el mundo. ¿No es maravilloso que la mente humana sea capaz de hacer algo así?
Al lado de un logro así, tus oposiciones y problemas insignificantes no son nada, absolutamente nada. Estos problemas de los que nos preocupamos todo el día no son nada comparados con los problemas que enfrentaron Marie Curie o Thomas A. Edison cuando trabajaba en la lámpara eléctrica incandescente, o Henry Ford cuando construía su primer automóvil. Hizo falta una tremenda cantidad de fe. Hizo falta determinación de propósito y fe continuas, antes de que esos grandes hombres pudieran alcanzar sus grandes logros.
¿Qué hace que un hombre o una mujer sean grandes? La grandeza es la capacidad de reconocer el poder de tu propia mente, de aceptarlo plenamente y usarlo. Eso constituye la grandeza. Según mis reglas, cada hombre y cada mujer puede volverse verdaderamente grande mediante el sencillo proceso de reconocer su propia mente, aceptarla a plenitud y usarla.