Elogios para Patrick J. McGinnis y
FOMO: Fear Of Missing Out
“Oportuno, práctico y perspicaz… En FOMO: Fear Of Missing Out, McGinnis aborda una de las mayores barreras para la felicidad, descubre por qué sentimos FOMO y narra cómo este miedo secuestra nuestra vida personal y profesional. Después te muestra cómo vivir la vida en tus propios términos en lugar de dejar que la vida te pase.”
–SHAWN ACHOR, investigador de la felicidad y autor bestseller del
New York Times con La felicidad como ventaja y Big Potential
“Ya sean los detalles triviales de la vida o sus principales encrucijadas, la toma de decisiones puede ser estresante y abrumadora. En este libro oportuno y esencial, Patrick J. McGinnis te muestra por qué no tiene que ser de esa manera.”
–KERRY KENNEDY, presidenta de Robert F. Kennedy Human Rights
y autor bestseller del New York Times
“Vivimos en una época de opciones sin precedentes. Esto hace que las miles de decisiones que enfrentas cada día sean más complejas que nunca. Usando los marcos de FOMO y FOBO, McGinnis te da un conjunto de herramientas fáciles de usar para tomar decisiones más inteligentes y mejores.”
–NIR EYAL, autor de los bestsellers Enganchado e Indistractable
“Patrick J. McGinnis escribió el libro adecuado para la tensa época en que vivimos. Inteligente, cuidadoso y de agradable lectura, FOMO: Fear Of Missing Out no sólo muestra lo que el FOMO hace y significa, sino cómo escapar de sus garras y buscar vidas con significado.”
–DEBORA L. SPAR, MBA Clase 1952, profesora de Administración
de Empresas en la Escuela de Negocios de Harvard
“En FOMO: Fear Of Missing Out, Patrick J. McGinnis profundiza en la razón subyacente [de FOMO], nos muestra por qué lo tenemos y nos ayuda a descubrir qué queremos para poder decir sí a lo que de verdad nos interesa. Porque si sabes lo que quieres, no te lo pierdes, ¿verdad?”
–DOCTOR WILL COLE, destacado experto en medicina funcional,
IFMCP, DC, autor de The Inflammation Spectrum y Ketotarian
y coanfitrión del podcast Goopfellas
“Patrick es un verdadero innovador cuando se trata de ayudarte a identificar lo mucho que el FOBO interfiere en tus relaciones, negocios y tareas rutinarias… luego te entrena los músculos antiFOBO. El FOMO puede recibir toda la atención de los memes, pero el FOBO es el verdadero enemigo de elegir qué camisa usar, desarrollar amistades valiosas o escalar la startup de tus sueños.”
–JACK KRAMER y NICK MARTELL, coanfitriones de Snacks Daily,
el podcast de Robinhood Financial, LLC
“FOMO: Fear Of Missing Out es un manual indispensable para cualquiera que quiera pasar cada día viviendo su vida en vez de perder valioso tiempo en la indecisión. Patrick es generoso y genuino, lo cual es un regalo poco común en este mundo.”
–CATHY HELLER, creadora y presentadora
del podcast Don’t Keep Your Day Job
“Ya sea que administres una compañía Fortune 500, un proyecto empresarial o tu vida cotidiana, debes ser decidido si quieres tener éxito. Este libro proporciona estrategias poderosas y fáciles de usar para superar la indecisión y centrarse en lo importante.”
–DORIE CLARK, profesora de educación ejecutiva,
Escuela de Negocios Fuqua de la Universidad de Duke
y autora de Entrepreneurial You y Reinvéntate
“Después de acuñar FOMO por primera vez, McGinnis inventó FOBO para describir comportamientos más destructivos. Ahora, volvió con un enfoque paso a paso, claro y poderoso para ayudar a las personas a dejar de mirar por encima del hombro y, en cambio, abrazar las posibilidades reales y emocionantes que tienen ante sí.”
–JAMIE METZL, futurista líder y autor del bestseller Hacking Darwin
“Tuve que morir casi cinco veces para aprender lo que Patrick comparte de manera tan elocuente en este libro de lectura obligada: debemos encontrar el poder para elegir lo que de verdad queremos y el coraje para perdernos lo demás. Patrick McGinnis hace un trabajo brillante proporcionando una guía concreta sobre cómo hacerlo (¡sin necesidad de experiencias cercanas a la muerte!). FOMO: Fear Of Missing Out tiene un mensaje urgente para todos […]: no debes vivir con arrepentimiento. El primer paso es leer este libro.”
–DOCTOR DAVID FAJGENBAUM, autor de Chasing My Cure
y profesor asistente de Medicina en la Universidad de Pensilvania
Para todos los FOMO sapiens,
en especial los de 02163.
La evolución de la humanidad desde el comienzo del tiempo hasta el presente es un tema con controversias. Nuevos descubrimientos cambiaron la teoría existente y dieron un vuelco a la línea del tiempo conocida del desarrollo de nuestra especie… en un par de cientos de miles de años. Es una ciencia inexacta, una que mezcla la paleontología con la genética. Pero, por lo general, los expertos coinciden en que hace cerca de dos millones de años nuestro primer ancestro, el Homo habilis (llamado así por el uso de herramientas de piedra), ya deambulaba por África. Con el tiempo, el Homo habilis dio lugar al Homo erectus y después al Homo sapiens, que ha dominado el mundo desde entonces.
Estoy aquí para anunciar una gran adición a la historia de la evolución humana. Aunque no soy arqueólogo, te puedo asegurar que no hubo necesidad de excavar en busca de fósiles en Etiopía para hacer el descubrimiento innovador que estoy a punto de compartir contigo. Hay suficiente evidencia de este nuevo tipo de humano en las calles de Nueva York, en el metro de Londres, en los edificios de oficinas en Beijing y en los cafés en São Paulo. Así como el Homo sapiens desplazó al Homo erectus, la humanidad moderna está dando paso a una nueva especie: el FOMO sapiens.
Tal vez te preguntes cómo puedo estar tan seguro de esta siguiente etapa de la evolución. La respuesta corta es: yo soy uno de ellos.
Mi nombre es Patrick J. McGinnis y soy el primer FOMO sapiens conocido. Me di cuenta de esto a principios de los años 2000 cuando era estudiante de posgrado. Y aunque fui el primero de esta nueva y curiosa especie, estoy seguro de que no soy el último. Hoy hay cientos de millones, sino es que miles, de FOMO sapiens. Así como puedes identificar al Homo habilis por sus herramientas de piedra, el FOMO sapiens exhibe ciertas características que lo delatan. En su hábitat natural, se le puede observar anhelando todas las cosas, reales o imaginarias, que podrían hacer la vida perfecta, si tan sólo pudiera tenerlas o hacerlas en ese mismo instante. Está tan distraído que, si tuviera depredadores naturales, sería una presa muy fácil.
Si no has escuchado del FOMO, déjame ponerte al corriente. ¿Alguna vez te estresas cuando observas esas maravillosas fotos (léase: bien seleccionadas, filtradas y recortadas) que publican tus amigos, familia y celebridades en sus redes sociales? Mientras navegas y las pasas, tal vez sientas una sensación creciente dentro de ti, tal vez la conozcas mejor como ansiedad. Mientras juegas con tu teléfono, piensas que todas estas personas están viviendo vidas mucho más interesantes, emocionantes, exitosas y, siendo honestos, más instagrameables que la tuya. Este sentimiento se llama FOMO, siglas de Fear Of Missing Out (miedo a perderse de algo), y sus efectos son muy conocidos.
Contrario a la creencia popular, el FOMO no se limita sólo a lo que ves en redes sociales. Va más allá, con implicaciones más profundas que sólo dar forma a la vida cotidiana de los nativos digitales, como los millennials y la Gen Z. Esos dos grupos están predispuestos de manera natural a convertirse en FOMO sapiens, pero sus padres también son claros candidatos. El FOMO acecha al ejecutivo de mediana edad atrapado en la oficina mientras su colega más joven es invitado a una conferencia en Las Vegas. También molesta a la mujer de 60 años cuyas amigas comparten tantos detalles sobre sus nietos que ella anhela que sus hijos por fin empiecen a tener hijos. Las redes sociales realzan el FOMO, pero no necesitas estar pegado al teléfono para caer en su trampa. Sólo tienes que gastar una cantidad extraordinaria de tiempo y energía enfocado en todas las cosas que desearías tener, en vez de apreciar las cosas que sí tienes pero que das por hecho. La tentación de hacerlo va en aumento constante… ya que ahora mucha gente vive en un mundo abrumado de opciones (ya sean reales o percibidas) para casi cualquier cosa.
Antes de seguir adelante, quiero aclarar algo: la otra razón por la que sé que fui el primer FOMO sapiens es porque soy el sujeto que acuñó el término FOMO. En 2004 introduje esa palabra en un artículo titulado “Social Theory at HBS: McGinnis’ Two FOs” en The Harbus, el periódico estudiantil de la Escuela de Negocios de Harvard (HBS, por sus siglas en inglés). Ahora, casi 15 años después, esas cuatro letras se han convertido en algo importante. Ha aparecido en toda la cultura pop, incluso se añadió en un montón de diccionarios acreditados, incluidos el Oxford English Dictionary y el Merriam-Webster. En mi vida, el resultado más tangible de esta distinción es que muchas personas quieren tomarse selfies conmigo. Por supuesto, las publican en redes sociales para darles FOMO a todos sus amigos… si lo piensas, todo esto es muy meta.
Dejando las selfies de lado, me siento un poco culpable por hacer del FOMO una cosa. A pesar de su popularidad y de lo fácil que es hacerlo un hashtag, no es un asunto de risa. Ocasiona estrés, inseguridad, celos, incluso depresión. También pone en riesgo tu éxito en el trabajo, te tienta a hacer inversiones especulativas y obliga a directivos de empresas (desde CEO hasta fundadores de startups) a seguir estrategias equivocadas y a malgastar recursos preciados. En palabras simples, es una distracción masiva y un gasto de valioso tiempo y energía.
Y eso no es lo peor de todo. Lamento informarte que el FOMO no es el único FO del que tienes que preocuparte. Si pusiste atención, tal vez notaste que el artículo que escribí se tituló “McGinnis’ Two FOs”. Entonces, ¿qué pasó con el otro miedo? Mientras el FOMO ha ganado fama y fortuna, el otro FO, bueno, al menos hasta hace poco, no tanto.
El FOBO, Fear Of Better Option (miedo a una mejor opción), es la ansiedad de que algo mejor llegará y dificulta el comprometerse con opciones existentes cuando se toma una decisión. Es una aflicción de abundancia que te lleva a mantener todas las posibilidades abiertas y asegurar tus apuestas. Como resultado, vives en un mundo de “tal vez”, atándote a ti y a los demás. En vez de evaluar tus opciones, escoger una y seguir con tu día, postergas lo inevitable. No es diferente a apagar la alarma sólo para taparte con las cobijas y dormirte otra vez. Como seguro lo aprendiste a la mala, si la apagas varias veces, terminarás yendo tarde y corriendo hacia la oficina, con mal humor y tu día de cabeza. Aunque apagar la alarma se siente bien en el momento, al final tiene un precio.
El FOBO es un problema serio que causa más daño que el FOMO. A diferencia del FOMO, que en su mayoría es una lucha interna, el precio de FOBO no sólo lo absorbes tú, también recae sobre las personas a tu alrededor. Cuando tratas tu vida como el feed de Tinder, arrastrando el dedo de forma insensata sin comprometerte con ninguna de las opciones posibles, conviertes todo lo que te rodea, desde oportunidades hasta individuos, en productos. También envías un mensaje claro a todos los demás: eres la persona menos colaboradora. No establecerás un rumbo claro ni te comprometerás con un plan de acción. En vez de eso, dejarás que las posibilidades se acumulen y sólo tomarás una decisión cuando te convenga y es probable que de último momento (si es que lo haces). Estos defectos personales pueden causar estragos en tu trayectoria profesional y convertirse en desafíos de dirección que ponen en riesgo pequeñas y grandes empresas. ¿Por qué? Porque generan parálisis por análisis, sofocan la innovación y despojan a los líderes de su autoridad.
No fue coincidencia descubrir el FOBO al mismo tiempo que el FOMO. Si eres una persona con miedo a perderte de algo, entonces también eres candidato a mantener tus posibilidades abiertas de manera compulsiva. El denominador común entre estos dos conceptos, tener muchas opciones y oportunidades (ya sean reales o imaginarias), en gran medida es consecuencia de nuestra era de la tecnología moderna. Pero aunque la mayoría de las personas ahora sabe cómo identificar el FOMO en su vida personal y profesional, el FOBO tiene el paso libre. Está escondido a simple vista.
Es tiempo de reconocer que cuando vives con los efectos negativos del FOMO, FOBO o ambos, corres el riesgo de arruinar tu carrera, destruir tu negocio, afectar tus relaciones personales y profesionales… y volverte miserable en el proceso. Además de estas nefastas consecuencias a largo plazo, los miedos pueden colarse en los detalles mundanos de tu vida diaria e impactar seriamente en tu productividad. Te distraerán, te robarán cualquier claridad de propósito y te alejarán del presente hacia un mundo enredado de hipótesis, cálculos y contrapartidas. También debilitarán tu convicción, consumirán tu energía y afectarán tu desempeño. Cada uno por sí mismo es problemático, pero juntos son catastróficos. Cuando combinas FOMO y FOBO, terminas paralizado con un caso crítico de FODA, Fear Of Doing Anything (miedo a hacer algo).
¿Alguna vez has escuchado del sanador herido? Es un arquetipo de personalidad creado por el psicólogo Carl Jung para explicar por qué algunas personas se vuelven psicoterapeutas. Jung creía que muchos psicólogos escogen sus carreras porque su experiencia como pacientes les dio una vocación especial para ayudar a otros a lidiar con el mismo tipo de problemas. Tal vez sólo están unos pasos adelante de sus pacientes en el camino a recuperarse, pero al haber dado esos pasos, están en una posición única para ayudar. Me identifico con eso. Me gusta pensar en mí como el primer fomólogo del mundo. He estudiado sus causas, su naturaleza e implicaciones. Y lo más importante, después de 15 años viviendo con FOMO y FOBO, por fin sé cómo manejarlos, aunque la batalla siempre continúa.
Un buen ejemplo, las palabras de esta página se escribieron durante un sabático que pasé en la Ciudad de México. ¿Por qué me instalé en un país diferente y decidí trabajar en un lugar a más de 3,000 kilómetros de casa? Aunque me gustaría decir que fue para tener acceso fácil a tacos y tequila, la razón fue el FOMO. Frente a una tarea ardua, sabía que el riesgo de caer en las distracciones del FOMO era muy alto si me quedaba en casa en la ciudad de Nueva York. Con esa decisión a cuestas, también soporté punzadas de FOBO cuando trataba de establecer fechas, encontrar el Airbnb más adecuado y el mejor café donde escribir. Tomé todas estas decisiones siendo consciente de cómo FOMO y FOBO guiaban mi comportamiento. Después confié en la estrategia que te mostraré en este libro para vencerlos.
Mi ruta hacia la libertad (relativa) de FOMO y FOBO no ha sido fácil. He pasado la mayor parte de mi edad adulta viviendo en la ciudad de Nueva York, hogar de millones de FOMO sapiens que no piensan en otra cosa más que en formarse durante horas para conocer el restaurante más reciente, la exhibición más comentada o alguna colaboración imposible de conseguir con la marca de moda Supreme. También he trabajado en una industria de capital de riesgo que con frecuencia está guiada por FOMO y FOBO. He viajado por todo el mundo, desde Silicon Valley y Pakistán hasta Estambul y Buenos Aires, en busca de las mejores startups. Incluso cuando las encontré, con frecuencia me paralicé al momento de hacer esas grandes apuestas. Estos episodios de indecisión me han costado tiempo, dinero y concentración, todo en detrimento de mi cartera y bienestar. Sólo cuando me di cuenta de que mis miedos me costaban dinero y paz mental decidí que era momento de buscar formas de lidiar con ellos. De hecho, estas lecciones de mi carrera como inversionista de capital de riesgo han generado un número de estrategias de toma de decisiones que aprenderás en este libro.
Si en estos momentos estás aquí, voy a suponer que tú también estás buscando vencer al FOMO o FOBO. Sin importar en qué trabajes o en qué etapa de tu vida estés, el antídoto para los dos miedos es el mismo: aprender a ser decisivo.
Cuando eres decisivo, eliminas el miedo a tomar decisiones, remueves las emociones de tus deliberaciones y entras en acción. Al hacerlo, reconoces que cuando pierdes una oportunidad, no limitas necesariamente tus opciones. Por el contrario, te das libertad. En vez de permitir que la vida te pase de largo mientras vacilas, reclamas lo que en realidad quieres de ella. Haces que las cosas sucedan en vez de dejar que la vida te pase. Reemplazas miedo con convicción.
Si todo eso suena maravilloso, entonces es momento de ponerse a trabajar. Aunque la solución a tus miedos está al alcance, vivir y trabajar con decisión no es algo que pase de la noche a la mañana. Así como la indecisión se mete en tu inconsciente, así tardarás en desprogramarte. Lo harás al seguir un proceso guiado por dos principios:
1. Aprenderás a escoger lo que de verdad quieres. En vez de recolectar cada opción y después desperdiciar tiempo y energía evaluando todas las opciones posibles, debes decidir: cerrar todas las rutas, ir hacia adelante y no ver atrás con arrepentimiento. Cuando hagas esto, verás que tomar decisiones es una ruta directa a la libertad, incluso en un mundo abrumado por opciones.
2. Encontrarás el coraje de perderte de lo demás. Si dejas de intentar ser y hacer todo, puedes, de hecho, tener todo al no tenerlo todo. En vez de anhelar lo que no tienes, sentirás un profundo sentimiento de alivio en cuanto apartes todo de tu camino. Disfrutarás lo que te perdiste y redirigirás tu atención hacia todas las cosas que de verdad te importan.
El libro está organizado en cuatro partes. Las primeras dos te mostrarán qué genera el FOMO y FOBO y cómo afectan tu carrera, negocio y vida. La tercera parte te preparará para entrar al mundo real y enfrentar tus miedos al darte las herramientas que necesitarás para lograrlo. Para finalizar, la cuarta parte te ayudará a cambiar la forma en la que piensas del FOMO y el FOBO para replantearlos y usarlos en tu beneficio. Además de este libro, siempre podrás encontrar herramientas, ideas y recursos adicionales en patrickmcginnis.com y en mi podcast FOMO Sapiens.
Mientras aprendes a superar el FOMO y FOBO, verás que las metodologías que emplearás son diferentes de otras estrategias de toma de decisiones que tal vez hayas visto en el pasado. Esto es porque cuando lidias con los miedos, no quedas atrapado entre la espada y la pared. En vez de eso, trabajas desde una posición de abundancia. En un sentido muy real, es bueno tener este problema, incluso si no se siente así en el momento. Si logras liberarte de la indecisión, entonces puedes tomar parte de esta abundancia y beneficiarte del hecho de que, en efecto, tienes muchas opciones aceptables. Pero para hacerlo, debes aceptar que no puedes tenerlo todo. Superar el FOMO requerirá determinar si vale la pena perseguir alguna de las muchas oportunidades que te sientas tentado a explorar. Por el contrario, cuando tienes FOBO ya tienes más alternativas viables de las que puedes manejar. Tu reto es escoger sólo una y seguir adelante.
Antes de empezar, considera si tu FOBO o FOMO tienen algún atributo positivo que valga la pena conservar. La respuesta (tal vez sorprendente) es sí. El FOMO, cuando se mantiene bajo control, puede proveer la inspiración para expandir horizontes, arriesgarse o hacer un cambio en tu vida. Digamos que estás trabajando semanas de 80 horas en el mundo corporativo y sientes punzadas de FOMO cuando tu antiguo colega, ahora un empresario, gana millones de dólares en Kickstarter para su nueva empresa. ¿Qué puedes aprender de esos sentimientos? Tal vez mucho. En ese sentido, pienso en el FOMO igual que en beber vino. Cuando se consume con moderación, tiene claros beneficios para la salud. Además, te puede ayudar a perder tus inhibiciones un poco (in vino veritas) para que puedas deambular por los límites de tu zona de confort. Siempre y cuando no tomes en exceso, te sentirás bien por la mañana y estarás listo para tu siguiente aventura. El capítulo 13 te mostrará cómo aprovechar el FOMO para bien: al expandir tus horizontes y buscar nuevas experiencias de forma sostenible.
El FOBO, por el otro lado, es como fumar cigarros. No tiene ninguna cualidad positiva y nada bueno puede venir de él. Primero, es en extremo adictivo. Segundo, incluso si se siente bien en el momento, causará daños a largo plazo en todos los aspectos de tu bienestar. Lo peor de todo, los efectos secundarios del FOBO son los mismos de los fumadores pasivos. Mientras te concentras en tus necesidades, tus vicios lastiman a todas las personas que te rodean. Por eso necesitas establecer estrategias para cortarlo de raíz y actuar con convicción. Aprenderás sobre esto más adelante.
Ok, es hora. Tu viaje comienza ya. Tu primer paso, irónicamente, es una decisión: ¿darás vuelta a la página (de manera literal y metafórica) y empezarás? Dar vuelta a la página significa apagar tu FOMO y seguir adelante en este viaje (adiós videos virales de gatos). También significa ignorar tu FOBO (no buscar en Amazon un mejor libro para leer). En las siguientes páginas te vas a quedar justo aquí, concentrado en la tarea que te corresponde. Así es como vas a dar vuelta a esta página, a la siguiente y así seguirás hasta que llegues a la contraportada. Eso significa ser decidido.


El FOMO es enemigo de valorar tu tiempo.
–ANDREW YANG
En 2002 era estudiante de primer año en la Escuela de Negocios de Harvard. Viendo hacia atrás, cuando llegué a Boston a iniciar clases me consideraba un Homo sapiens de funcionamiento relativamente alto. Había pasado los últimos años tomando decisiones de crecimiento importantes, del tipo que no se esperaba de mí en la universidad. Me había mudado tres veces, trabajado en dos compañías e invertido en más de 10 empresas en mi rol de inversionista de capital de riesgo. Aprendí a tomar decisiones relevantes, tanto personales como profesionales, y conseguí hacerlo de manera sorprendente con poco drama. Si me hubieras preguntado en aquel momento, te habría dicho que me estaba volviendo muy bueno en todo el asunto de convertirse en adulto.
Es cierto que eran tiempos más simples, antes de que alguien hubiera siquiera escuchado sobre cosas como el sexting o selfies. Cuando entré a la Escuela de Negocios no tenía redes sociales. Nadie tenía. Estaban en pañales, aunque eso estaba a punto de cambiar: yo sabía poco sobre eso, pero Mark Zuckerberg trabajaba en la primera versión de Facebook a menos de dos kilómetros de mi departamento estudiantil. Pero incluso con la ausencia de Facebook, Twitter y todas las redes sociales que ayudan a empoderar el fenómeno de FOMO hoy en día, algo me sucedió en el momento en que puse un pie en el campus: de repente y sin advertencia me consumió una ansiedad persistente de que, sin importar dónde estaba o qué hacía, algo mejor estaba pasando en otro lugar. Esto era un producto claro de mi nuevo hábitat. Por primera vez en mi vida estaba inmerso en un ambiente rico en opciones donde casi todo parecía posible. Al mismo tiempo, no podía esperar ni siquiera rozar la superficie de lo que se ofrecía. Sólo tenía que compararme con mis compañeros (quienes en su mayoría estaban felices de contarme cuánto tenían en sus platos)… para saber que nunca podría seguir el paso.
Me explico. La vida en la HBS (Escuela de Negocios de Harvard, por sus siglas en inglés) era lo que me imagino que sería la vida dentro de las redes sociales. Cada atiborrado día era como una mezcla de LinkedIn, Facebook, Twitter y Snapchat, aunque ninguna de estas compañías existía en su momento. Vivías en una burbuja obsesiva donde las noticias corrían a la velocidad de la luz, por lo que tus conversaciones y fanfarronerías (humildes o no) funcionaban como un tipo de red social, desarrollando muchas de las mismas funciones como proveedor de noticias, como una ingeniosa historia de Instagram o un tuit sarcástico. Este ambiente cultivó un miedo generalizado de quedar fuera de la acción que sucedía alrededor de ti, en especial si podía ser más grande, mejor y más maravillosa que lo que tú estabas haciendo en ese momento. Incluso si no tenías un nombre para esos sentimientos, y mis compañeros de clases y yo todavía no teníamos uno, lidiabas con ellos de forma constante.
Yo, tal vez, sufrí más que mis compañeros. En retrospectiva, era un candidato natural para convertirme en el primer FOMO sapiens del mundo. Crecí en un pequeño pueblo en Maine, no muy diferente al lugar que encontrarías en una novela de Stephen King. Si nunca has estado en Maine, déjame contarte un poco sobre lo que hace la gente ahí. Come langosta. Da paseos en la playa. Palea nieve. Va a L.L. Bean. Es un gran lugar para crecer y vivir, pero no es un entorno rico en opciones. La vida es más o menos predecible, cómoda y estaba acostumbrado a seleccionar entre un número razonable de alternativas para casi cualquier cosa que pudiera querer o necesitar.
Todo eso cambió cuando comencé la vida de estudiante de posgrado. No sólo estaba bombardeado de opciones, la verdad, también sentía que no podía dejar pasar este conjunto de experiencias que se dan una vez en la vida. Como yo lo veía, si no te daba miedo perderte de algo, entonces era probable que te lo estuvieras perdiendo. Para asegurarme de que no me pasara, trataba de hacer todo. En el campus, estaba en todos lados. Lo único en lo que no me daba miedo a perderme de algo era con el sueño. Participé en una veintena de clubs y asistí a un sinfín de eventos sociales, presentaciones de reclutamiento, conferencias, paseos de fin de semana, pláticas y, por supuesto, clases. Durante la semana, me arrastraba de la cama a las 7:00 a.m. y colapsaba bien pasada la media noche. Los fines de semana eran igual de agitados. Si aventabas una piedra a cualquier evento en el campus, había posibilidades de que me pegaras.
Dado mi deseo de participar en todo, mis amigos comenzaron a molestarme diciendo que era probable que apareciera al abrir un sobre. Estaban en lo cierto, era como “el ajonjolí de todos los moles”. Era claro que sufría de una ansiedad persistente y fracasaría al sacar alguna ventaja de cualquier cosa alrededor de mí, fuera social, académica o de cualquier otra índole. En respuesta, les dije que se vieran en el espejo, no eran muy diferentes. Todos estábamos tan ocupados asegurándonos de no quedarnos atrás que gastábamos mucho tiempo y energía en cosas que no reflejaban en realidad nuestras verdaderas prioridades.
En vez de hacer cosas porque nos iban a hacer más felices o inteligentes, las hacíamos porque todos los demás las hacían. Había poca reflexión detrás de este comportamiento: cuando dices que sí a todo, no se necesita deliberación.
Aunque mis amigos y yo bromeábamos sobre eso, el miedo era muy real. Era tan común en nuestra vida que decidí ponerle un nombre. Como creador frecuente de mi propia jerga y taquigrafía, decidí que este concepto merecía un acrónimo. Abrevié “miedo a perderse de algo” como FOMO (por sus siglas en inglés), lo introduje en mi vocabulario y en la jerga compartida de mi grupo de amigos. Justo antes de la graduación en mayo de 2004, escribí sobre mi nueva palabra favorita en ese (ahora predestinado) artículo en el periódico escolar. En poco más de 1,000 palabras, abarqué la cultura de un campus que estaba permeado por FOMO.
Aunque el artículo se volvió un éxito en el campus, mis expectativas para el acrónimo a largo plazo eran limitadas. De hecho, tenía más esperanzas para otra palabra que había creado no hacía mucho, McGincident, que quería que fuera la expresión predefinida para cualquier cosa que alguien de mi familia hiciera divertido, astuto o memorable. Después, despacio y sin que me diera cuenta, FOMO tomó vida por su cuenta. En la siguiente década, la historia de FOMO y su misión por conquistar el mundo, al final, se convirtió en un McGincident hecho y derecho.
Cómo FOMO conquistó el mundo
Aunque no supe nada de lo que pasó en aquel momento, ahora he logrado rastrear la trayectoria de FOMO, cómo se esparció despacio, pero de manera constante más allá de los confines de mis amigos y compañeros de clases… hacia todos los rincones del mundo. El término primero se hizo popular entre estudiantes de posgrado en Estados Unidos, quienes se podían identificar con facilidad con el concepto y lo adoptaron rápido en la jerga común que se mueve entre universidades. Como lo reportó Businessweek (ahora Bloomberg Businessweek) con algo de sátira:
Una epidemia ha golpeado los mejores programas de posgrado de Estados Unidos. En la Escuela de Negocios de Harvard lo llaman FOMO: Fear Of Missing Out. Los síntomas incluyen una incapacidad crónica de rechazar invitaciones a cualquier fiesta, cena o viaje ofrecidos por cualquier persona que pueda ser una valiosa adición a la red de conocidos, ¡sin importar el costo!1
Al año siguiente, en el bestseller del New York Times, Ahead of the Curve: Two Years at Harvard Business School, Philip Delves Broughton, quien se graduó dos años después de mí, escribió:
El truco de la HBS (Escuela de Negocios de Harvard), insistió la administración, fue no sucumbir al FOMO. Tenías que escoger algo que quisieras hacer sin preocuparte de todo lo demás. Yo apacigüé mi FOMO yendo a la biblioteca todos los días a leer el periódico, tratando de alejar mi cabeza lo más lejos posible de la burbuja. Pero el FOMO fue un acosador persistente en el campus, sembrando veneno en cada mente.2
FOMO siguió ganando terreno en un gran número de campus y los FOMO sapiens recién graduados que lo habían sacado al mundo comenzaron a obtener empleos en industrias de tecnología, consultoría y finanzas. Cuando llegaron a sus oficinas en todo el país y el mundo, llevaron el FOMO con ellos y lo introdujeron a una audiencia de profesionistas externos. Al mismo tiempo, la proliferación de redes sociales, la introducción del internet móvil y la publicidad digital ayudaron a introducir el FOMO en la cultura popular general.
Pero aunque los avances tecnológicos han sido indispensables para esparcirlo por todas partes, recuerdo un viejo dicho favorito en el mundo de las finanzas: correlación no implica causalidad. Como verás en el siguiente capítulo, el FOMO existe desde mucho antes de que los smartphones se inventaran y persistirá aunque limites tu colección de dispositivos a la primera generación de PalmPilot. La tecnología ha transformado un conjunto de emociones que son parte de la humanidad desde los días del Homo habilis. Los aparatos electrónicos que cargas de aquí para allá han echado gasolina a un incendio que lleva ardiendo por milenios y lo avivaron como nunca antes.
De hecho, de muchas formas, el FOMO es una versión posmoderna de un idioma clásico que ha sido parte de la cultura estadounidense por mucho tiempo. Allá por 1913, la historieta Keeping Up with the Joneses hizo su debut en las páginas del New York Globe. La historieta (que duró décadas) satirizaba los infortunios de un hombre llamado Aloysius y su familia en la lucha por seguir el ritmo de las hazañas de sus vecinos, los Joneses. Si la lees, te darás cuenta de que es una crónica del FOMO análogo en su estilo más puro, con el típico argumento centrado en los esfuerzos de la esposa de Aloysius para que éste vistiera calcetines rosas, corbata roja y polainas verdes, justo como su amigo-enemigo el señor Jones. Aunque se me conoce por usar corbata roja de vez en cuando, hay una coincidencia más extraordinaria que me une a Aloysius. Su nombre completo era Aloysius P. McGinis. Así que, aunque nos separe una “n”, es claro que Aloysius y yo tenemos mucho en común. Él fue el primer McGin(n)is en tener FOMO, pero seguro no fue el último.
FOMO, celebridad internacional
Hoy en día, FOMO ha permeado en todos los estratos de la sociedad. Ya no es un problema de nicho, sino más bien una aflicción del mercado de masas que ataca a cualquiera. En reconocimiento a este estatus se añadió al Oxford English Dictionary en 2013 y se incluyó en el Merriam-Webster Unabridged Dictionary tres años después. A medida que permeó el mercado masivo, también se globalizó. Al estar en muchos encabezados en todo el mundo, se hizo claro que el FOMO está lejos de ser un fenómeno estadounidense. En los últimos años: El País lleva una columna que registra el ascenso de la “Generación ‘FOMO’ ”;3 The Times of India preguntó: “¿El FOMO te está volviendo paranoico?”;4 Le Figaro de Francia se cuestionó si el FOMO sería la enfermedad del nuevo siglo en “Le fomo, nouvelle maladie du siècle?”;5 el periódico turco Daily Sabah advirtió: “Hastalı˘gın adı ‘FOMO ‘! Siz de yakalanmıs¸ olabilirsiniz…”6 o “¡El nombre de la enfermedad es FOMO! Tal vez la tengas…”; la lista es inmensa…
Hoy, una búsqueda en Google del término da más de 10 millones de resultados y #FOMO salta cientos de miles de veces en sitios como Twitter e Instagram. También es muy usado en los medios, publicidad, bitmojis y en incontables conversaciones diarias a través del mundo.
Barack Obama
@BarackObama
No hay necesidad de #FOMO. Entra ahora, gratis, a conocer al presidente:
http://t.co/nTpkrVz1oV">http://t.co/nTpkrVz1oV.
29 de junio de 2013 12:53 PM
Khloé
@khloekardashian
¡Tengo mucho FOMO! Toda mi familia está en NYC pero no pude ir por filmar Kocktails. Tal vez tenga que tomar un vuelo después de grabar.
11 de febrero de 2016 3:49 AM
Backstreet Boys
@backstreetboys
¿Cuántos días antes de salir? #FOMO #BSBCRUISE2016
8 de octubre de 2015 5:33 PM
Trevor Noah
@Trevornoah
Todo mundo dice FOMO. ¿Qué es FOMO? Necesito saber para poder participar. Por favor, ayúdenme.
13 de noviembre de 2012 6:05 AM
Harley-Davidson
@harleydavidson
#SturgisOrBust El 78avo @SturgisRally no ha sido más que un trueno en #BlackHills. Si no estás aquí, ven. El #FOMO es real. #HarleyDavidson #FindYourFreedom
5 de agosto de 2018
Tyra Banks
@tyrabanks
¡Hoy es el día! Regístrate para #FierceUp ahora o quédate para siempre con tu #FOMO. @nyledimarco http://bit.ly/29ZeOKx
En pocas palabras, ahora el FOMO es una celebridad internacional, usada por gente común, presidentes y Kardashians. Dado su poder, yace en el centro de una conspiración global para afectar tus decisiones guiadas por influencers, marcas, incluso por tus amigos FOMO sapiens. Irónicamente, aunque las Kardashians del mundo son en gran medida parte de esta máquina, también están atadas a él, justo como tú y yo. Como verás en el siguiente capítulo, casi nadie, con excepción de algunas almas resueltas e impenetrables, pueden escapar de su trampa.