Título

Prólogo

¿Qué es lo que hace que Se Regalan Dudas tenga hoy una comunidad de millones de escuchas alrededor de todo el mundo?

Yo conocí a Lety y a Ashley el 17 de octubre de 2019, el día en que grabamos juntos un episodio. Jamás me imaginé, y supongo que ellas tampoco, que la conversación tan íntima que tuvimos los tres ese día, donde hablamos de nuestra vergüenza, de nuestro camino para encontrar el amor propio, de partes de nosotros que juzgábamos incorrectas, de nuestro perfeccionismo y de los estándares que perseguíamos en nuestra vida para ser aceptados, iba a ser la primera de muchas más conversaciones que existirían en el futuro. Casi un mes después de aquel encuentro, me convertí en su coach y tuve la oportunidad, por dos meses enteros, de conocer las partes más sagradas, íntimas y profundas de su historia. Y así fue como pude encontrar la respuesta a esta duda.

Desde el día uno que empezamos a trabajar pude ver la seriedad con la que ambas se toman su trabajo interno. Pude ver lo comprometidas que estaban en querer expandir su conciencia y en sanar su historia con la vergüenza que habían experimentado en su vida. No quedaba duda de que tenía frente a mí a dos mujeres con una misión muy especial en esta vida, y que estaban siendo congruentes y consecuentes con la misma. Vi a dos mejores amigas que estaban siempre dispuestas a escucharse con humildad y con compasión, ya que entre ambas abrieron espacios de vulnerabilidad que necesitaron de mucho coraje por parte de cada una.

El mundo interno de Ashley es un misterio, así como el mar lo es para ella. Jamás hay que apresurarla. Nunca te va a dar una respuesta hasta que no se haya sentado un rato con la pregunta. El de Lety contiene un espíritu rebelde y romántico que jamás se ha conformado con las normas establecidas. Aunque le duela, jamás la vas a ver quedarse en un lugar que le corte las alas y no le permita volar.

Es verdad que Ash y Lety tienen una «infinita necesidad de cuestionarse todo, todo lo que está a su alrededor». Son sus auténticas dudas, y su deseo por encontrar las respuestas más certeras, las que han hecho que tantos corazones resuenen con ellas y con su hermoso proyecto.

No me sorprende entonces que el libro que estás sosteniendo en tus manos en este momento esté construido con las 18 preguntas que, para ellas, todos deberíamos hacernos. Lety y Ash personalmente leyeron más de 160,000 respuestas en los meses pasados, y eligieron aquellas que nos muestran la diversidad que existe en todos nosotros para explicarnos la vida. Se Regalan Dudas ha dejado al descubierto que sin importar nuestra historia, nuestra identidad de género, religión, edad u orientación sexual, al final del día todos estamos hechos de las mismas dudas. Nos ha dado las claves para entender que no existe una sola respuesta, sino existen múltiples. Está en nuestras manos elegir la que esté más alineada con quien realmente somos.

Gabo Carrillo
Head coach El Método Watson

¿Cómo empieza
nuestra historia?

Nos conocimos casi desde que nacimos. Lety llegó unos meses antes a la Tierra y Ashley al principio del siguiente año. Dicen por ahí que existen grupos de almas que viajan por el universo sin separarse tanto, para así poder reencontrarse cuando es momento de bajar a una nueva vida. Estamos seguras de que nuestra historia es algo parecido.

Durante nuestra niñez nos cruzábamos. Nuestros abuelos fueron mejores amigos y nuestras abuelas jugaron canasta juntas hasta que no estuvieron más por aquí. Crecimos viendo el mismo mar, ese desde el que hoy escribimos. Pero no nos reencontramos hasta que éramos unas adolescentes confundidas, y luego jamás nos volvimos a soltar. Quienes nos conocen saben que, a estas alturas, podemos leernos la mente y la mirada. Somos nuestra mejor guía. Hemos ido y venido juntas por la vida. Siempre compartiendo todo: familia, dinero, amigos, espacios, calcetines, risas, comida, llantos, corazones rotos, las ganas de no poder estar quietas y nuestro amor incomprensible por el reguetón. No sabríamos cómo explicarlo, pero es como si nos hubieran repartido habilidades sabiendo que íbamos a estar juntas y entonces una dicta, mientras que la otra escribe; una tiene dislexia y la otra ganó un concurso de ortografía; una llora cuando la otra abraza; una corre, la otra sostiene; una duerme, la otra amanece antes de que salga el sol.

El otro día pensábamos que de algo tenía que haber servido tanta intensidad con la que nacimos, cuestionamos y nos amamos. No es muy común encontrar conexiones así, y en aquel entonces no sabíamos que esto nos llevaría a crear Se Regalan Dudas, un proyecto que empezó como un podcast y que terminó por darle sentido y propósito a nuestras vidas. Jamás imaginamos poder pasar semanas frente a ese mismo mar en el que crecimos, escribiendo durante días, sin cansarnos la una de la otra. A lo que queremos llegar es que cuando empezamos este camino, sólo entonces entendimos por qué habíamos venido juntas a esta tierra.

Lo que más nos ha unido a lo largo de todos estos años, a pesar de ser tan diferentes, son las preguntas. Cuestionamos todo, todo el tiempo. Es una intensa necesidad de querer entender y profundizar en las razones detrás de todo. Durante años, las dudas nos empujaron al silencio y nos aislaron. Creíamos que algo estaba mal con nosotras, que no encajábamos en ningún sistema. No había religión, escuela, familia, amigos, orden político o discurso en el que nos fuera fácil convertirnos en uno más del grupo.

Es hasta hoy que nos damos cuenta de que no somos ni seremos las únicas que tenemos el corazón revuelto y la cabeza llena de dudas. Y que al final no es una maldición como algún día nos dijeron, sino que eso es precisamente lo que hoy nos tiene a nosotras escribiendo este libro y a ti, leyéndolo.

Si creemos que lo que pensamos o las cosas por las que pasamos son sólo nuestras, las posibilidades de que nos podamos unir entre nosotros son casi nulas. En algún momento se nos olvidó que cuando nos rompen el corazón a todos nos duele igual, que aprender a dejar ir no es tan fácil como suena, y que al final todos buscamos las mismas cosas con diferente nombre. Y que justo en esas diferencias de cómo vivimos, cómo pensamos y cómo observamos lo que sucede a nuestro alrededor está la belleza de la vida.

La intención de este libro no es otra más que ésta: regalarte todas estas dudas, que aprendas a dormir y a estar con ellas, que las escuches y las acompañes. Que comiences a vivir cuestionándolo todo: quién eres, de dónde vienes y a dónde vas, cómo te relacionas, cómo lo puedes hacer diferente, qué se queda y qué se va, cuánto pesa vivir en el pasado y cuánta carga le ponemos al futuro, dónde aprendiste todo eso en lo que ahora crees.

Cada respuesta en este libro es el principio del universo de las personas que contribuyeron a su elaboración; es la verdad que cada ser habita y sostiene. Nuestra intención es que tú puedas ver cómo todos viven el mundo desde su historia, y no por eso vale más o menos que la tuya. Buscamos que aquí encuentres inspiración, empatía, conexión y sobre todo una manera distinta de entender la vida, mientras le rendimos un tributo a la posibilidad que se esconde detrás de cada duda.

Escribimos todo esto mientras nosotras mismas tratamos de descifrar quiénes somos y qué hacemos aquí. Han sido días revueltos, de desnudarnos para encontrar nuevas respuestas a tantas preguntas, porque creemos que solamente a través de ellas surge un cambio y el cambio es lo único que mueve a la humanidad. Gracias por atreverte a dudar.

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¿Qué mata
al amor?

• ¿Has mendigado amor? • ¿Dejaste que las expectativas mataran al amor? • ¿Qué dejaste de decir? • ¿Qué aprendiste del amor que no funcionó? • ¿Qué silencios te costaron caros? • ¿Te has perdido en alguien más? • ¿Basaste tu valor en lo que otra persona era capaz de darte? • ¿Qué pediste que no podías dar? • ¿Dejaste que el miedo ganara la batalla? • ¿Te quedaste cuando sabías que era momento de irte? • ¿Insististe sabiendo que ya no había nada por rescatar? • ¿Permitiste que alguien cruzará tus límites? • ¿Te convertiste en una versión diferente de ti? • ¿Callaste? • ¿Hablaste desde el corazón? •
¿Amaste a alguien más de lo que te amas a ti mismo? • ¿Fuiste por todo o te protegiste? • ¿Qué aprendiste de la relación que no funcionó? • ¿Lograste perdonar? • ¿Pediste perdón? • ¿Qué cosas hiciste creyendo que alguien iba a aguantar todo? • ¿Tiraste la toalla antes de tiempo? • ¿Te enamoraste del potencial en lugar de ver lo que en realidad estaba frente a ti? • ¿Preferiste lastimar antes de que te lastimaran? • ¿Guardaste secretos? • ¿Qué cargas le pusiste a la relación? • ¿Te hiciste responsable de tu parte? • ¿Amaste todo lo que había enfrente o querías cambiar lo que veías? • ¿Buscabas rescatar o que te rescataran? • ¿Fuiste capaz
de comprometerte con la relación? • ¿El amor lo puede todo? •

LETY:

Al amor lo matan las historias que nos contamos sobre él. Se asfixia con las expectativas que le colgamos. Se debilita con todas esas cosas no atendidas de nuestra propia historia que depositamos en la persona de enfrente, para que, con suerte, nos lea las heridas y se haga cargo de lo que no hemos tenido el valor de hacer.

Al amor lo matan las estructuras y nuestros intentos por meterlo en un calendario. Creer que tiene que verse y ser de una forma específica. Lo sofoca la falta de libertad y las ideas que tenemos en la cabeza, aprendidas casi siempre en otro lado. Se va muriendo las veces que no lo dejamos expresarse y convertirse en lo que quiera ser, cada momento en que pretendemos controlarlo. Lo matan las etiquetas y las veces que nos consideramos dueños de él. Cuando en su nombre celamos y creemos poseer a otra persona. Se muere de a poco cuando lo creemos eterno, cuando se nos olvida que es una elección de todos los días.

Al amor lo matan las asignaturas pendientes, los amores pasados que dolieron y seguimos arrastrando a otras relaciones, los recuerdos y los hubiera que no logramos poner en paz. Las barreras que construimos sobre los escombros y que muchas veces no dejan entrar a nadie. Lo mata la falta de honestidad, primero con uno mismo y luego con la persona que tenemos enfrente. Todas las veces que imaginamos un potencial en lugar de ver lo que en realidad es.

Se va desvaneciendo cuando elegimos el silencio y el orgullo por encima de lo que se atora en la garganta. Se pierde cuando queremos vivirlo desde la cabeza y nos contamos todas las razones por las que sí y por las que no. El corazón ya sabe quién o qué lo hace vibrar, somos nosotros los que hacemos caso omiso. Los que olvidamos que cada vez que dejamos de escucharnos un pedacito de nuestra alma se va apagando.

El amor muere cuando en su nombre nos perdemos a nosotros mismos. Cuando permitimos que alguien nos pase por encima y nos hacemos chiquitos de a poco para encajar en el espacio que queda. El amor se muere cuando queremos definirlo o entenderlo.

Por el contrario, el amor respira cuando lo dejamos crecer libremente. Cuando hay suficiente oxígeno para que las dos partes decidan libremente irse a otro lado y aun así se elijan. Cuando somos capaces de soltar esos cuentos de película. Cuando dejamos que el amor sea lo que tenga que ser ese día y abrimos los brazos a la posibilidad de que mañana podría ser algo distinto.

Pero sabes qué es lo más bonito del amor, que quizás no muere por completo. Cambia y se siente diferente, pero no empieza ni termina, no llega ni se busca, ni se va. Otras personas vienen a reflejarlo, pero el amor vive en ti.¶

ASHLEY:

Creo que si supiéramos la respuesta a esto estaríamos todavía con aquel primer amor de nuestras vidas. Creo que no hemos podido entender que el amor a veces se acaba, así sin más. Aunque a lo mejor no muere, sino que sale por la ventana sin intención alguna de volver. Estoy convencida de que uno de los sufrimientos humanos más grandes es causado por la idea de que termine algo que nos trajo tanta vida. No logramos comprender sin que se nos salga el corazón del cuerpo que el amor como llega, a veces se va. Sin mucho aviso, sin mucho que podamos hacer.

Creo que existen amores de todo tipo. Existen amores que no se destruyen, no se mueven, no se van. Esos que pasan el tiempo, la distancia, las corrientes de la vida y son tan sólidos como el primer día. Estos son los amores que viven dentro de nosotros, que completan nuestra existencia y dan sentido a nuestra vida misma. Pero también existen amores un poco más intensos y más cortos. Amores que vinieron a sacarnos de algún lado, a mostrarnos algo, y ya. Ésa fue su misión. Amores que confundimos con alguien más, amores de fin de semana. Amores que duelen tanto que no podemos tener cerca. Amores que nos curan de otros amores, amores que vinieron por unos besos. Amores que olvidamos aunque antes no pudiéramos vivir sin ellos. Amores ausentes, amores que tenemos enfrente toda la vida y no reconocemos. Amores que preferimos dejar ir, y vivir con la nostalgia de que en algún universo paralelo estamos juntos. Amores de todo tipo, en todos lados y casi siempre a toda hora.

Cuando el amor se va nos deja con la idea de que murió. Para que se vaya basta con creer que éste lo puede todo y que es para siempre. Basta con pensar que el amor es algo que se da por añadidura, sin entender todas las partículas, átomos, tiempos y constelaciones que tuvieron que ponerse de acuerdo para que tú y alguien más, en algún determinado momento, se amaran. Poder amar y amar bien requiere de tantos factores y a la vez de ninguno que sea importante. Porque cuando uno ama, todo cobra sentido. La distancia siempre es corta, y el tiempo puede doblarse. Darlo por sentado, creer que siempre está: lo mata, lo reduce a un sentimiento y no a un sentido de vida.

Pero a lo que quiero llegar es que no creo que el amor muera. Creo que el amor tiene temporalidad, tiene misiones, tareas que cumplir y luego… tiene que irse. Tiene que irse a andar a otros corazones, a otras camas. Entonces en sí el amor no muere, el amor anda libre por la vida corriendo de un lugar a otro aunque quisiéramos amarrarlo a la pata de la cama. En temporadas viene a visitarnos, en otras lo tenemos que buscar adentro. Pero el amor siempre está, y siempre vuelve.¶

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Isabel Allende

| 76 años | escritora |

«Supongo que el amor muere por diferentes razones, según la persona. Para mí, que he vivido tan largo y tengo tres matrimonios, el amor muere por descuido, como las plantas. ¿Cómo nos descuidamos? Con las rutinas, el tedio de cada día, las épocas grises por las que todos pasamos, el trabajo al cual le damos prioridad y tantas otras preocupaciones y distracciones. También descuidamos el amor por impaciencia y deslealtad. Mi primer matrimonio duró 29 años y el segundo 28. En ambos casos cuidé mucho la relación por 20 años y los otros fueron de esfuerzo para remendar lo que ya estaba roto. No me cuesta nada enamorarme y casarme, pero me cuesta mucho separarme y divorciarme. Cada matrimonio fue una tremenda inversión de amor y me tomó años aceptar que había terminado y no podía salvarlo. Me casé hace poco (a los 76 años) y seguramente no alcanzaré a vivir esos 20 años mágicos de amor fresco; no tendré tiempo de matar el amor ni de dejarlo morir por inanición».

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«La distancia en la cercanía».

Itziar Flores Acuña | 30 años | diseñadora

«Al amor lo matan nuestros demonios internos, nuestros traumas, nuestros miedos e inseguridades, que se traducen en celos, posesión, dependencia y apegos. Lo mata la carencia de comunicación, que es la única herramienta de entendimiento entre una pareja».

Karina PG

«Darlo por sentado».

Mariela Palma | 24 años | coordinadora editorial

«Al amor lo matamos cuando dejamos de estar presentes. Lo mata la decepción, los celos y la desconfianza».

Estéfani G | 27 años | educadora

«Hacer de esa persona tu única fuente de felicidad».

Luna

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«La separación de caminos».

E. Ortiz | 27 años | ingeniera

«El amor se muere de a poco cuando dejas de compartir intereses, metas, cuando dejas de admirar a tu pareja y ambos empiezan a caminar en direcciones opuestas».

Celia Cazarez | 30 años | abogada

«El amor en sí no muere... muere todo lo que lo sostenía: respeto, entrega, empatía, lealtad, compromiso y fidelidad».

Anónimo

«El amor muere cuando se deja de decidir. El amor es una decisión constante. El amor no fluye nada más por obra de magia, sino que todos los días tienes que decidir amar y hacer feliz a la otra persona. Porque al principio lo sientes todo tan “mágico” y es tan fácil “amar”, pero eso es sólo la fase del enamoramiento. Después de años no despertarás con la misma emoción y las cosquillas en el estómago, y está bien, eso no significa que se acabó el amor. Mientras tú sigas decidiendo que esa persona es con la que quieres compartir tu vida, el amor no se acaba».

Valeria Anduaga | 22 años | consultora

«El amor, por etimología, nunca muere. Si “murió”, entonces no era amor».

Jennyfer Bennetts | 20 años | estudiante

«El miedo a sentirlo de verdad».

Anónimo | 29 años | psicóloga

«El querer dejarlo morir. Una simple decisión. Un evento traumático, ya sea una traición o una desilusión».

Anónimo

«El tener un concepto erróneo. El amor es libertad. Estar en una relación o con una persona que no te deja ser no sólo puede matar al amor, también puede matar una parte de ti, como tus sueños, por ejemplo».

Valeria Monge | 28 años | técnico en Telemática

«El silencio en exceso».

Aimée Olvera | 25 años | arquitecta

«Otro amor... No necesariamente tiene que ser una persona, puede ser un sueño, una nueva ciudad o uno mismo».

Mariana Gaxiola | 26 años | redactora

«No creo que algo puntual sea lo que mate al amor, creo que siempre voy a amar a todos los que me acompañaron en mi vida de manera romántica; me enseñaron tantas cosas y me hicieron ver valor en mí donde antes no lo veía. Quizás haya fórmulas de parejas que duran más tiempo que otras; como una buena serie, algunas tienen sólo una temporada y son increíbles, mientras que otras pueden durar diez temporadas y siguen funcionando. Ambas están bien. En un momento la fórmula simplemente no sigue generando lo mismo y ya está».

Lara Pombo

«La falta de confianza y vulnerabilidad. Para vivir el amor con todas las de la ley tienes que confiar en que va a funcionar, tienes que confiar en la otra persona y, sobre todo, perder el miedo a mostrarnos tal y como somos. Lo que mata al amor es la cantidad de fachadas que tratamos de poner para ser merecedores de amor. Quienes somos ya es suficiente».

Daniela Rondón | 30 años | Ventas

«La expectativa en el otro, dar con la consigna de recibir. No sanar tus heridas».

María José Cortés | 27 años | maestra

«Las relaciones, al igual que nosotros, crecen y maduran, y con ello comienzan a desarrollarse nuevas fases y, a su vez, con cada fase una forma distinta de expresar el amor. Antes podía ser una cita a un restaurante bonito y ahora un abrazo en momentos ­difíciles».

Verenisse Flores | 25 años | emprendedora

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«Cuando no es alimentado o no se cuida. El amor está vivo, como un órgano, una planta, un cuerpo de energía. Si no lo alimentas ni lo cuidas dejará de existir».

Anónimo

«En estos momentos estoy enamorada de una persona con quien no puedo estar. En mi caso, nada mata al amor que siento por Victoria, ni la distancia, ni el tiempo que tenemos de no hablarnos, tal vez eso hace que la ame aún más».

Anónimo

«El amor no existe por sí solo. El amor no aparece de la noche a la mañana, ni empaca sus maletas y se va de repente. Cuando estamos “enamorados”, lo que en realidad está pasando es que nuestro cerebro está emitiendo señales que nos hacen sentir bien. Imaginando que los humanos hubiéramos evolucionado como especies monógamas, la solución para no dejar de sentir amor por una pareja sería no dejar de sembrarlo; compartiendo ideas, experiencias, siendo transparentes con nuestras formas de pensar y desarrollándonos individualmente para poder contribuir al crecimiento de la relación. La realidad es que somos un pelín más complicados que eso; tenemos miedos, seguimos reglas sociales y somos generalmente más egoístas de lo que creemos. Si partimos de la idea de que constantemente estamos aprendiendo y transformándonos, ¡es absurdo pensar que vamos a ser los mismos en 15 o 30 años! Yo creo que sentir amor por alguien más es el resultado de la participación en uno o varios aspectos de la vida con ese alguien. Sin participación, no pasa nada, ¿no?».

Mauricio de la O | 34 años | Berlín

«La falta de congruencia entre lo que se dice, se siente y se hace».

Pamela Aviney Alva | 21 años | estudiante de Medicina

«El no saber reconocer cuando te equivocas, el no saber pedir una disculpa cuando sabes que lastimaste con tus palabras. Aunque no creo que lo mate, porque el amor siempre está, únicamente aprendes que no puedes estar en donde duele y tomas la decisión de irte».

Gabriela Lemus | 30 años | maestra

«La codependencia, olvidarte de tu esencia por querer entregarle todo al otro por esta errónea idea del amor romántico. El abandono de uno mismo».

Anónimo | 54 años

«Tratar de ser la mamá/papá de tu pareja».

Tyler Phillips | 27 años | editora de fotografía

«Llevo 10 años casada y otros 4 más juntos. Y contrario a lo que siempre hemos escuchado, la verdad es que la rutina no mata al amor; a veces, incluso lo fortalece. Y si la hacemos “a la medida”, con lo que realmente nos gusta a los dos, es delicioso disfrutar la cotidianidad más simple con tu pareja».

Patricia Zermeño | 35 años | joyera

«Al amor lo matamos nosotras mismas al no tener amor propio, pidiendo siempre al otro lo que carecemos y aún así esperamos que el amor funcione».

Anónimo

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«La idealización de ese mismo amor».

Paulina G | 23 años | estudiante

«¡Uf! En mi caso el amor murió el día en que la persona a la que amé tanto me lastimó, finalmente, de manera física. Fue como quitarme el corazón y hacerlo pedazos. Irreparable. Ya no podía caber el amor ahí, ya no había más límite que cruzar. Me fui en ese momento sin voltear y sin dudar, pero muy dolida».

Adriana Duarte | 40 años | empresaria

«La indiferencia y no saber descifrar el lenguaje del amor de tu pareja, pues que no te amen como tú amas no significa que no te amen».

Casandra M. | 26 años | administradora

«Creo que si aceptamos la posibilidad de que algo pueda matar al amor, aceptamos la posibilidad de no volver a amar ni a sentirnos amados. Eso nos llevaría a la pérdida radical de un fundamento o de un sentido de vida [...]. Creo que experimentar que el amor muere es poner la propia vida en manos ajenas, es creer que el fundamento o sentido de mi vida no me pertenece a mí o no lo he decidido yo, sino que le pertenece a alguien externo [...]. ¿Realmente lo que se muere es el amor o alguna fantasía que yo tenía que confundí con amor?».

Santiago Morell | 38 años | filósofo

«El amor muere con las expectativas. Cuando el amor te regala la delicia de lo ordinario y tú esperas una escena de película, matas al amor».

Gabriela Soberón | 34 años | comunicóloga

¿Qué mata al amor?

Este libro no está completo sin tu respuesta.

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¿Dónde
encuentras
a Dios?

• ¿Cuál es tu idea de Dios? • ¿Dónde aprendiste quién era? • ¿Qué es? • ¿Cómo se ve? • ¿Dónde está? • ¿Creó
el bien y el mal? • ¿Comete errores? • ¿Crees en Dios? • ¿Necesitas fe para creer? • ¿Es Él o Ella? • ¿Dónde encuentras la fe? • ¿Por qué a unos les habla Dios y a otros no? • Si existe un solo Dios, ¿qué pasa con las personas que nacen creyendo en otro Dios? • ¿Por qué le tienen miedo? • ¿Dios une
o separa? • ¿Existirá un reencuentro
al final? • ¿Qué se ha hecho en nombre de Dios? • ¿Dios es personal? • ¿Si Dios caminara entre nosotros, haría diferencias? • ¿Necesito rezar para que me escuche? • ¿Está entre nosotros? • ¿Qué vamos a hacer si no existe? • ¿Dios castiga? • ¿Dios impone? • ¿Dios juzga? • ¿Cómo es? • ¿De dónde viene? • ¿Qué idioma habla? • ¿Quién escribió su historia? • ¿Se necesita una religión para comunicarme con Dios? • ¿Es arquitecto o espectador? • ¿Conoce Dios el final? • ¿Cuál sería la primera pregunta que le harías? • ¿La idea de Dios es la misma en todas las religiones? • ¿Está en todas partes? • ¿Dios llora? •