
Siempre quiero poner al principio de mi lista de agradecimientos a Eso Que Es Todas Las Cosas y la Fuente de todas las cosas, incluyendo este libro. Algunos de ustedes eligen llamarlo Dios, como yo, pero no importa qué nombre le den a La Fuente. Fue, es y siempre será La Fuente Eterna.
En segundo lugar, quiero mencionar que tuve unos padres maravillosos y a través de ellos fluyeron la fuente de vida que es Dios y tantas de las más importantes remembranzas en mi vida. Juntos, mi mamá y mi papá fueron un equipo fantástico. No todos los que los vieron desde afuera estarían de acuerdo, pero ambos lo tenían muy claro. Se llamaban entre ellos “Peste” y “Veneno”. Mi mamá decía que papá era una “peste” y mi papá decía que mamá era un “veneno” que no podía resistir.
Mi madre, Anne, fue una persona extraordinaria, una mujer de infinita compasión, de profunda comprensión, de un perdón silencioso e interminable, de una generosidad aparentemente ilimitada, de una paciencia constante, de una sabiduría dulce y de una fe imperturbable en Dios, tan fuerte que, momentos antes de su muerte, el sacerdote joven, recién ordenado, que le había administrado la extremaunción de la Iglesia Católica Romana (y estaba claramente nervioso), se acercó a mí lleno de admiración. “Por Dios”, murmuró, “ella me estaba reconfortando a mí”.
El más grande tributo para mi madre fue decir que no me sorprendió.
Mi padre, Alex, tenía pocas de las gracias de seres más gentiles. Él era tempestuoso, arisco, podía ser vergonzosamente desagradable y hay quienes dicen que solía ser cruel, particularmente con mi madre. No estoy dispuesto a juzgarlo por eso (ni por otra cosa). Mi madre se rehusó a juzgarlo o condenarlo (al contrario, lo alabó incluso con sus últimas palabras), y no puedo imaginar cómo es que me serviría ignorar su claro ejemplo, quedándome por debajo de él.
Además, mi papá tenía un montón de características enormemente positivas, las cuales mi madre nunca perdió de vista. Incluían una inamovible creencia en la indomabilidad del espíritu humano y una profunda claridad en que no se logra cambiar las condiciones que necesitan modificarse sólo quejándose, sino con liderazgo. Me enseñó que yo podía hacer cualquier cosa que me propusiera. Fue un hombre del que su mujer y su familia pudo depender y dependió hasta el último momento. Fue una absoluta personificación de la lealtad, de nunca mirar los toros desde la barrera, sino de siempre tomar una postura, de rehusarse a aceptar un “no” por respuesta por parte de un mundo que venció a tantos otros. Su mantra frente a los eventos más apabullantes era, “No hay más que decir”. Yo usé ese mantra en cada momento difícil de mi vida. Funcionó cada vez.
El mayor tributo para mi padre es decir que no me sorprendió.
Entre los dos, me sentí retado y dentro de un lugar de suprema confianza en mí mismo, así como de un amor incondicional por todos los demás. ¡Qué combinación!
En mi libro anterior agradecí a algunos de los miembros de mi familia y de mi círculo de amigos, quienes hicieron una enorme contribución a mi vida y todavía lo hacen. Ahora quiero incluir a dos personas especiales que llegaron a mi vida después de que se escribiera el primer tomo, y que han tenido un impacto extraordinario en mí:
El doctor Leo Bush y la señora Letha Bush… quienes me demostraron con su vida diaria que las recompensas más grandes de la vida se encuentran en los momentos de solidaridad desinteresada con la familia y los seres queridos, de preocupación por los amigos, de bondad hacia los necesitados, de hospitalidad hacia todos y de una fe y un amor inquebrantables el uno para el otro. Me han enseñado e inspirado profundamente.
También quiero agradecer en este espacio a algunos de mis otros Maestros, ángeles especiales que me envió Dios para darme un mensaje particular, que ahora tengo claro que era importante que escuchara. Algunos me conmovieron personalmente, algunos a distancia y algunos desde un punto en la Matrix tan distante que ni siquiera saben que existo (a un nivel consciente). Aun así, recibí su energía aquí, en mi alma. En esta vida en particular, he sido dotado y beneficiado por estos seres:
Dolly Parton… cuya música, sonrisa y personalidad han bendecido a una nación, además de alegrar mi corazón muchas veces, incluso cuando estaba roto y yo estaba seguro de que nunca más se alegraría. Ése es un tipo de magia especial.
Terry Cole-Whittaker… cuyo ingenio, sabiduría, percepción, alegría por vivir y absoluta honestidad han estado ahí para mí como un ejemplo y un estándar desde el día que la conocí. Miles han sido engrandecidos, mejorados y animados por ella.
Neil Diamond… quien ha alcanzado el fondo de su alma por su arte, y así ha llegado al fondo de la mía y tocado el alma de toda una generación. Su talento y la generosidad emocional con que lo ha compartido son monumentales.
Thea Alexander… quien, a través de su escritura, se ha atrevido a despertarme a la posibilidad de expresar los afectos humanos sin límites, sin ser hiriente, sin propósitos escondidos, sin celos amargos y sin necesidad o expectativas. Ha reavivado en el mundo el espíritu inquieto del amor sin límites y de nuestro deseo más natural de celebración sexual, volviéndolo maravilloso, hermoso e inocentemente puro de nuevo.
Robert Rimmer… quien ha hecho exactamente lo mismo.
Warren Spahn… quien me enseñó que alcanzar la excelencia en cualquier área de la vida significa establecer los estándares más elevados y rehusarse a caer de ellos; exigiendo lo máximo de uno mismo, aun cuando el aceptar lo mínimo, difícilmente se note (tal vez, especialmente entonces). Un héroe deportivo de primer nivel, un héroe bajo fuego en el campo de batalla y un héroe en la vida que nunca ha dudado de su compromiso para sobresalir, sin importar cuánto trabajo le cueste hacerlo.
Jimmy Carter… quien valientemente insiste en jugar a la política internacional no jugando a la política, sino hablando desde el corazón y desde lo que sabe que es correcto bajo la Ley Principal. Es una brisa de aire tan fresco, que este mundo viciado casi no ha sabido qué hacer con él.
Shirley MacLaine… quien ha demostrado que el intelecto y el entretenimiento no se excluyen mutuamente, que podemos levantarnos sobre la base y lo banal y el común denominador más bajo. Ella insiste en que podemos hablar de cosas más grandes, así como de pequeñas; de cosas más pesadas, así como de ligeras; de cosas más profundas, así como vanas. Lucha por elevar el nivel de nuestro discurso, y con ello de nuestra conciencia; por utilizar constructivamente su enorme influencia en el mercado de las ideas.
Oprah Winfrey… quien está haciendo exactamente lo mismo.
Steven Spielberg… quien está haciendo exactamente lo mismo.
George Lucas… quien está haciendo exactamente lo mismo.
Ron Howard… quien está haciendo exactamente lo mismo.
Hugh Downs… quien está haciendo exactamente lo mismo.
Y Gene Roddenberry… cuyo Espíritu puede oír esto ahora y está sonriendo… porque marcó la pauta en mucho de esto, se arriesgó, se acercó al borde del abismo, fue verdaderamente hasta donde nadie había ido antes.
Estas personas son un tesoro, como todos lo somos. A diferencia de algunos de nosotros, sin embargo, han elegido dar desde el tesoro de su Ser a una escala masiva, exponerse a sí mismos de una forma tremenda, arriesgarlo todo, perder su privacidad y trastornar su mundo personal para siempre, con el fin de entregar quien realmente son. Ni siquiera sabían si el regalo que tenían para dar sería recibido. Aun así, lo dieron.
Los admiro por eso. Gracias a todos. Mi vida es mucho más rica gracias a ustedes.

Escribo estas palabras en marzo de 2008 esperando que algunas cosas hayan cambiado en este mundo desde el momento en que escriba estas palabras, hasta el momento (este momento) en que tú las leas.
¿No es curioso que sea “este momento” en ambas ocasiones? El tiempo se desdobla de esa manera y me parece fascinante cómo lo hace. Ahora mismo es Ahora, y mientras tú estás leyendo esto también es Ahora. Es casi como si no hubiera transcurrido el tiempo en absoluto y sin embargo es probable que hayan pasado meses —posiblemente, incluso años— entre que yo escribí y tú leíste estas palabras.
¿Qué ha pasado en el ínterin? No puedo saberlo mientras escribo ahora, pero en este momento, cuando lees, tú puedes saberlo. Puedes voltear a ver el espacio entre Mi Ahora y Tu Ahora —entre las 11:23 a.m. del 26 de marzo de 2008 y el tiempo que sea Ahora Mismo en tu realidad— y puedes ver qué ha sucedido en mi futuro.
Interesante de verlo, ¿no te parece?
Pero ahora vayamos a un lugar todavía más interesante. Ambos veamos hacia adelante y hacia atrás desde el punto de vista de mi realidad actual y la tuya.
Mientras vemos hacia adelante, vayamos más allá de tu tiempo presente, hacia lo que es El Futuro para ambos.
¿Cómo queremos que se sienta? ¿Alguna idea? Espero que tengas algunas… porque, verás, somos los dos quienes lo vamos a crear. Tú y yo, y algunas otras personas más que están rondando en el Aquí y Ahora, están en este preciso minuto en el proceso de crear el mañana.
Saco a colación todo esto, en el preámbulo de este libro, porque el libro ve hacia adelante también. Ve más allá de mi futuro y del tuyo… hacia el día en que las ideas de ambos sobre el mañana puedan volverse realidad. Y ofrece unas maravillosas observaciones, sugerencias, invitaciones e ideas sobre todo eso.
Ésta es una muy buena razón para que te adentres en este libro ahora mismo, pues ya sea que lo hayas leído antes y sólo quieras reencontrarte con el material, o lo estés leyendo por primera vez, sé que lo encontrarás estimulante, provocador, inspirador, motivacional y, bueno, sólo emocionante —pero sólo si ves las múltiples ideas maravillosas expresadas aquí como posibilidades reales y genuinas. Si las ves como si fueran castillos en el aire, una quimera, el libro podría dejarte sintiéndote frustrado e impaciente, esperando y deseando una vida y un futuro que nunca podrán ser.
Como seguramente ya sabes (o, cielos, tal vez no…), empecé a escribir este libro hace años. Lo que tienes en tus manos es una Edición de Aniversario que celebra el decimoquinto aniversario del día en que plasmé las primeras palabras de este manuscrito (domingo de Pascua de 1993). Para esta edición especial añadí muchos comentarios nuevos y muy personales. Ha sido muy divertido para mí crearlo porque me dio la oportunidad de ver cómo las observaciones en este texto todavía son válidas quince años después, además de “ponerme al día” sobre el lugar al que podemos ir desde aquí si realmente tomamos en serio hacer viable la contribución de ideas en Conversaciones con Dios en el mundo.
Como el segundo libro de la trilogía original, este texto habla más sobre las cuestiones sociales y políticas específicas de nuestro tiempo, que cualquier otra entrada en la serie de nueve libros de Conversaciones con Dios. Habla de la vida como se vive y como podría vivirse por el colectivo llamado humanidad.
No habrá mayor reto en los próximos años que el cambio de la historia cultural de la humanidad, y creo que las Ediciones de Aniversario de los libros 2 y 3 de Conversaciones con Dios pueden ser extraordinariamente útiles y verdaderamente provechosas como fuente de conocimiento e ideas conforme entramos en ese proceso. Por esta razón, estoy muy agradecido con Hampton Roads Publishing Company por su decisión de reeditar estos libros en el momento en que entramos en el final de la primera década del Nuevo Milenio. Ellos también creen en los mensajes de estas conversaciones. Si podemos hacer que más y más personas exploren y abracen estas ideas, bueno, caray, podríamos hacer algo para crear un mañana más maravilloso —para nosotros, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, e incluso para El Planeta Entero.
Ésa es la esperanza, por supuesto. La esperanza es que todos los libros de la serie Conversaciones con Dios ofrezcan juntos una Cosmología Posible, una forma de ver al mundo y de re-crearlo que ponga ya un fin, al menos, a nuestra larga pesadilla global de conflicto, violencia, asesinato, opresión, represión y depresión, y produzca un inicio, finalmente, para nuestro antiguo sueño de armonía, vida alegre, paz en la Tierra y buena voluntad para los humanos en todas partes.
Aunque tiene una década y media de edad, creo que no encontrarás una palabra obsoleta en este libro. De hecho, creo que te darás cuenta de lo opuesto. El libro estaba muy adelantado a su época cuando fue escrito (¡!) y las palabras en él son mucho más relevantes ahora que nunca.
Los miles que ya han leído el libro y ayudado a convertirlo en un bestseller del New York Times lo han llamado fácilmente el más controversial de la trilogía original de Conversaciones con Dios. Mientras que el Libro 1 se enfocaba en la vida individual y respondía muchas preguntas relacionadas con ella, éste explora la realidad creada colectivamente en este planeta, tocando temas globales y expandiéndose hacia temas relacionados con la experiencia grupal de la amplia comunidad humana. Su reedición llega justo a tiempo.
Los acontecimientos de los últimos años dejan claro que nuestra especie alcanzó el límite máximo de posibilidades sustentables. El hecho es que no podemos seguir como hasta ahora. No podemos. Lo digo en serio. No podemos.
Mientras escribo esto, el internet está lleno de noticias sobre enormes pedazos de hielo de la Antártida, siete veces del tamaño de Manhattan, desprendiéndose repentinamente. Mientras escribo esto, la violencia sectaria continúa arrasando Irak, amenazando la estabilidad de la región —y del mundo. Mientras escribo esto, un adolescente en Sao Paolo está en las noticias por haber confesado el asesinato a sangre fría de doce personas. La calma con la que el joven de dieciséis años describió los asesinatos y cómo habría matado a tres más si no lo hubieran arrestado “fue aterradora”, dijo un policía. “Nos dijo que sólo mató a gente que merecía morir, como el joven al que le disparó porque quería salir con su hermana”.
Todas estas cosas dicen algo sobre nuestra sociedad, sobre nuestra forma de vivir en el mundo, sobre la historia que nos hemos contado sobre nosotros mismos… y transmitido a nuestros jóvenes.
No, no podemos seguir así. Nuestra sociedad global se va a reinventar a sí misma o se va a destruir a sí misma.
Este extraordinario libro proporciona algunas posibilidades sorprendentes si eligiéramos hacer lo primero. Ofrece algunas opciones audaces. Presenta amplias visiones que harán temblar las creencias que podrían conducir a toda la humanidad de su pasado disfuncional a un futuro glorioso y admirable.
Demos un vistazo a ese pasado colectivo…
¿Qué nos ha traído para que estemos tan desesperados por aferrarnos a él? ¿Qué ideas tan ampliamente aceptadas —religiosas, políticas, sociales, económicas o filosóficas— han producido tan magníficos resultados que no podemos imaginarnos viviendo —que no podamos tolerar— siquiera la menor expansión o alteración de ellas?
Mi propia respuesta es que no puedo imaginar en una sola. Me parece que cada idea que hemos tenido sobre lo que significa ser humano necesita reconsiderarse. Me parece que todo pensamiento que hemos albergado sobre la mejor forma de resolver nuestras diferencias se beneficiaría de una revisión. Me parece que cada valor que hemos abrazado, por sagrado que sea, podría incrementarse con cierta valoración honesta y un poco de actualización valerosa.
(Ejemplo, ¿realmente, realmente, realmente pensamos que la pena de muerte es un freno efectivo para la violencia? Ejemplo, ¿realmente, realmente, realmente creemos que Dios no nos aceptará en el Cielo si somos personas maravillosas que simplemente practican la religión “equivocada”? Ejemplo, ¿realmente, realmente, realmente consideramos cierto que la matanza de civiles inocentes —o de cualquiera, es más— se justifica como medio para alcanzar un plan social, religioso o político?)
¿Es tiempo de que crezcamos? ¿Es tiempo de que abandonemos nuestro enfoque neandertal a la resolución de conflictos? ¿Es tiempo de que repensemos nuestras ideas sobre quién y qué es Dios, sobre lo que Dios quiere, y por qué?
¿Nos atreveremos siquiera a hablar de estas cosas?
El segundo libro de Conversaciones con Dios hace justamente eso.
Dije en la introducción a una edición previa de este libro y lo repito aquí: La raza humana cambiará de curso, eso cuando menos te puedo prometer. La cuestión no es si sucederá ese cambio de curso, sino si se dará como resultado de la coerción o la cooperación, de la guerra abierta o de la mente abierta.
No se puede cuestionar seriamente que no necesitamos buscar formas alternativas de ser y vivir juntos. Pero, ¿a dónde ir desde aquí? Ésa es la pregunta. Este libro ofrece una base para empezar discusiones. Si es sorprendente en algunas de sus conclusiones, tal vez eso sirva para liberarnos de nuestro malestar. De hecho, hacerlo es la intención de este diálogo.
El material adicional y el nuevo comentario que incluí me hacen revivir la discusión misma con un vigor renovado, y encienden en mí una nueva determinación para hacer que los mensajes en este libro sean accesibles a muchas personas lo más rápido que sea posible.
Dejemos entonces que empiecen las conversaciones, tanto las conversaciones aquí como las conversaciones en tu corazón y alma, con tu familia y tus amigos. Sí, deja que las conversaciones empiecen y déjalas esparcirse por todas partes. Pues después de todo son conversaciones, que siempre han cambiado y siempre cambiarán al mundo.
Especialmente cuando sean… Conversaciones con Dios.
Neale Donald Walsch
28 de marzo, 2008
Ashland, Oregon

Debo decir que releer el Libro 2 de Conversaciones con Dios después de todos estos años me ha dejado muy claro que este volumen de la serie ofrece uno de los comentarios más convincentes, incisivos y brillantes sobre la experiencia colectiva de la humanidad que me haya topado. Lo más importante, contiene inspiraciones emocionantes sobre cómo nosotros, como seres sensibles, podemos llegar de donde estamos a donde queramos estar. Así, no es simplemente una observación sobre nuestros ayeres, sino una hoja de ruta para nuestros mañanas. Se trata de la salvación de la especie. Es sobre la victoria de la raza humana.
Puedo decir todo esto con completa modestia porque no tengo experiencia de haber escrito este libro, sino de simplemente el haber hecho un montón de preguntas y luego de haber tenido el buen juicio de tomar dictado.
Ahora, conforme reviso este texto una vez más, años después de esos momentos en que, como el escriba, anoté las respuestas que recibía, me encuentro profundamente conmovido y tan genuinamente impresionado como lo estaría un lector nuevo por la magnitud, el alcance, la amplitud y la visión de este impresionante diálogo.
Considera la extraordinaria lista de temas tratados en estas páginas: Tiempo, Espacio, Verdad, Juicio, Conocimiento, Conciencia, Miedo, Karma, Sexo, Dinero, Propósito en la Vida, Relaciones, Cielo, Infierno, Iluminación, Hitler, Bien y Mal, Feminidad y Masculinidad, la Naturaleza de la Mente, un Sistema Económico Global, Ecología Global, una forma completamente nueva de Educar y mucho, mucho más, incluyendo por supuesto comentarios constantes sobre Dios Mismo/Misma.
El libro abre con una discusión sobre la Voluntad/Libre Albedrío/Mi Voluntad de Dios y la interacción entre las tres. ¿Cuál es la diferencia aquí? ¿Hay alguna diferencia? Pasa después a una exploración de cómo cada uno podemos darle poder a la elecciones y decisiones que tomamos en la vida diaria para hacer que realmente signifiquen algo en nuestra vida y hagan una diferencia en el mundo. Más adelante, avanzando rápidamente, el diálogo nos invita a mirar poderosamente a la “oportunidad” y a la “decisión”, a la “reacción” y a la “creación” como formas contrastantes de moverse a través de los momentos decisivos de la vida.
Todo esto son sólo las primeras veintiséis páginas…
Éste texto, entonces, los va a llevar por todo un viaje. Es posible que encuentres algunas cosas aquí con las que no estés de acuerdo. De hecho, espero que lo hagas porque he aprendido que la intención de Dios al darnos este Diálogo no ha sido decirnos Cómo Es, sino —mucho más excitante— invitarnos a decidir Cómo Queremos Que Sea.
Así, el libro no se convierte en un acto de revelación, sino en un acto de creación.
Para facilitar los nuevos comentarios que ofrezco en esta Edición de Aniversario, dividí el Libro 2, más o menos, en tres partes. Ahora consideraré los capítulos 1 a 7, más adelante los capítulos 8 a 15 y finalmente los capítulos 16 a 20.
Este tercio de apertura del libro es una fascinante parte del diálogo porque recorre rápidamente muchos temas. El libro no padece preámbulos extensos, sino que se adentra inmediatamente en las Cosas Que Realmente Importan. Para cuando llegas a la recapitulación que abre el capítulo 3, te das cuenta de pronto de lo mucho que ya abarcaste.
Aun así, es posible que sientas que ya escuchaste mucho de esto —mucho de lo que se ha dicho aquí— antes. Quiero que tengas cuidado porque si no, podrías convencerte a ti mismo de que la revisión de Cosas Conocidas tiene poco valor. Y vaya que eso sería un error.
Es verdad que una observación como “La vida es un proceso constante de creación” no es exactamente una sensación para lectores del primer libro (o cualquier otro de los textos de Conversaciones con Dios), pero lo que es fascinante sobre cada uno de estos libros de diálogos es cómo las conversaciones de Dios pueden hablar de las mismas cosas de una forma novedosa. Por ejemplo, el consejo “deja de cambiar de parecer” realmente me llegó. Este asunto de permanecer estrictamente enfocado no estaba enfatizado en ninguno de los otros libros de Conversaciones con Dios. Así que, de pronto, “La vida es un proceso constante de creación” toma un significado nuevo, absorbe un matiz importante y dice más dentro de su contexto nuevo que dentro del antiguo.
También cobra otro significado la intimidad humana gracias a los extraordinarios pasajes del capítulo 7, en este primer tercio del libro. Aquí se nos da una asombrosa nueva definición de la sexualidad humana y una descripción sorprendentemente original, desde un punto de vista espiritual, del Cuerpo Entre Nosotros y de la metafísica de las interacciones íntimas entre la gente (llamados Tom y Mary en el libro y que crearon la inolvidable metáfora “TOMARY”).
Nada de esto —ni siquiera cercano a ello— aparece en ningún otro lado de los escritos de Conversaciones con Dios. Así que, mientras en el Libro 2 se retoman un poco algunas observaciones (necesarias para crear un contexto en el que se pueda considerar y comprender mejor lo que sigue en el libro), por mucho, la mayor parte de lo que se presenta en este segundo texto abre nuevos caminos.
Otro ejemplo, la admonición “deja de tratar de entender qué es ‘mejor’ para ti” me pareció que valió la pena la lectura del libro entero. También me encanta el lugar al principio del capítulo 2 donde Dios explica cuidadosa y pacientemente que Ella nunca, nunca deja nuestra presencia, y que somos nosotros quienes nos alejamos de Él durante ciertos periodos de nuestras vidas —¡muchas veces en los momentos “equivocados”!
(En mi propia vida no ha sido inusual para mí que “abandone” a Dios y los pensamientos Divinos cuando las cosas van mal, y que me reúna con Él en mi alegría, cuando las cosas van bien. Es en momentos como el anterior que a veces tengo que pellizcarme a mí mismo, despertar y decirme, “Oye, ¿qué está mal en ello? ¿No es ahora, cuando las cosas se ponen feas, el mejor momento de todos para conectarte con Dios? Caray, ¿qué estoy haciendo aquí?”.)
Así que fue agradable releer ese pasaje en el capítulo 2, donde Dios me dijo… “Te invito a observar tus acciones. Has estado muy involucrado en tu vida física. Has puesto muy poca atención a tu Alma”.
Yo me defendí, “Ha sido un periodo difícil”, a lo que Dios contestó, “Sí, mayor razón todavía para incluir a tu Alma en el proceso”.
¡Hablando de lo obvio!
Luego Dios añadió juguetón, “Estos últimos meses habrían sido mucho más tranquilos con Mi ayuda. Así que, ¿puedo sugerir que no pierdas el contacto?”.
De hecho.
Me ha parecido difícil entrar en la vivencia plena del mensaje de Conversaciones con Dios. No intentaré mentirte al respecto.
Ahora debo decirte que pienso que he estado haciendo un muy buen trabajo de al menos intentarlo, pero una relectura de este segundo texto en la serie, me ha dejado claro en retrospectiva qué tanto me falta por recorrer.
No es que deje que eso me desanime. En realidad, lo experimento como un despertar, una inspiración, una motivación. Le falta mucho al juego para terminar, y ésas siempre son buenas noticias para alguien a quien le encanta jugar.
Algunas personas están un poco irritadas porque me refiero a la vida como un “juego”, pero realmente es como yo la experimento frecuentemente. Siento que me invitaron a jugar el Juego de los Dioses. ¿Y qué juego es ése exactamente? Es el Juego Interminable de la Autocreación.
Esto es diferente de la autorrealización, en la que buscamos experimentarnos a nosotros mismos como Quienes Realmente Somos. Éste es un proceso de decidir Quiénes Realmente Somos y experimentar eso. Sólo un dios podría hacerlo. Un estudiante haría lo primero, pero sólo un Maestro intentaría lo segundo. La ironía es que al hacer lo segundo, lo primero se logra automáticamente.
Veo esto como un “juego” porque verdaderamente puede ser una experiencia de jugar… pero jugar con un propósito, si sabes a qué me refiero. ¿Alguna vez has visto niños jugando seriamente? Realmente pueden ser serios mientras juegan. Obsérvalos alguna vez. Pueden “inventar” esto o “inventar” aquello, y lo hacen con toda seriedad. ¿Por qué? ¿Por qué se toman tan en serio sus invenciones? Porque quieren tener la experiencia de lo que están pretendiendo ser, hacer y tener. Quieren que lo que inventan se sienta real. ¿Y por qué? Para que puedan saberlo empíricamente.
¡Todos estamos haciendo lo mismo! Creemos que porque somos adultos tenemos que dejar de jugar. En realidad, es todo lo contrario. Es cuando somos adultos que tenemos los Juguetes Realmente Grandes. Entonces, ¡que empiecen los juegos!
A decir verdad, la niñez es nuestro entrenamiento. Aprendemos cómo jugar. Y lo aprendimos tan bien, que estamos jugando ahora y ni siquiera lo sabemos. Creemos que es real.
La mayoría de nosotros por lo menos. Hay algunos que no, algunos que están Conscientes. Los que están Conscientes, los que saben que todos estamos jugando, han encontrado una forma de moverse por la vida ligeramente. Tienen la maravillosa habilidad de “aligerarse” en los momentos difíciles. También tienen la habilidad de ayudar a otros a relajarse durante los mismos momentos desafiantes. En esto demuestran de qué se trata la Iluminación.
La primera sección del Libro 2 fue grandiosa para mí. Estos primeros siete capítulos me despertaron. De nuevo. Tal vez más que cuando pasaron por mí la primera vez.
Como ya dije, me encuentro todavía tentado de abandonar a Dios y todo lo que creo saber sobre la vida y cómo funciona cuando de pronto me enfrento a retos y condiciones extremadamente difíciles. Y todo eso se calmó en mí al releer la primera parte de este libro. Así que debo admitir que me sentí poco apoyado por mí mismo.
Luego mi Amada regresó del videoclub con una película que dijo que verdaderamente quería que la viéramos juntos. Ya la había visto y quería compartirla conmigo. Trataba sobre la vida del Maestro espiritual Ram Dass.
Como sabes, Ram Dass sufrió un infarto a finales de la década de 1990. En la película (un maravilloso documental titulado Fierce Grace, ¡que les recomiendo a todos!), este gentil y amable hombre admite abiertamente que “haberse infartado”, como él lo dice, lo llevó a una crisis de fe.
En la pesadilla inmediata después de esta experiencia que cambió su vida, se encontró a sí mismo dando un paso hacia atrás de todo lo que había enseñado y compartido con el mundo sobre Dios y la perfección de los eventos cotidianos en el largo viaje del alma. Ahí estaba, en una silla de ruedas, incapaz de controlar la mitad de su cuerpo y encontrando difícil producir con su boca las palabras que le danzaban torturantes en el remolino de pensamientos en su cabeza.
La película mostraba a Ram Dass moverse de la supresión a la regresión, a la agresión, a la progresión, finalmente catapultándose a sí mismo más allá del lugar espiritual en el que había estado antes, excediendo sus propios entendimientos y enseñanzas previos. Así, con su conciencia amplificada, valientemente nos comparte toda esperanza de que pase lo que pase en nuestras vidas —incluso una debilitación posible en nuestros años de vejez (no experimentada por todos, pero sí por muchos)— traerá consigo la semilla de la sabiduría y la gracia espirituales, así como el combustible para nuestra siguiente evolución.
Esto, por supuesto, también es el mensaje de Conversaciones con Dios. Y así, a través de su película, un mensajero le habló a otro—así como yo, este mensajero, te hablo a ti ahora, como el mensajero que tú eres. Pues resulta que todos somos mensajeros, cada uno compartiendo con el mundo nuestras ideas sobre el mundo, con el fin de que nuestro mundo cambie para amoldarse a nuestros pensamientos más elevados en un proceso divino llamado La Evolución de la Especie.
Y ese proceso impresionante, inmenso e infinito continúa cada día —una experiencia, un mensaje a la vez. (¿Sí, mi querido Ram Dass? ¿Sí?)
Otro de los mensajes que me di cuenta que me era difícil en mis lecturas subsecuentes de este libro es la declaración de Dios sobre mí en el capítulo 3: “Eres perfecto, tal y como eres”.
He escuchado eso antes, cientos de veces. Todavía me es difícil comprenderlo. Debo dejar ir demasiadas cosas para poder aferrarme a esto. Dejar ir, me parece, no es fácil. Siento que estoy aferrándome a las cosas como si fueran de vida o muerte… como el pensamiento de que no soy perfecto, sino lleno de imperfección.
Todos los días veo cosas de mí mismo que no me gustan. Cada día siento cosas que ni siquiera yo creo que estén bien. Sin embargo, me permito sentirlas de todas formas. Así que, de cierta manera, debo sentir que son buenas para mí, o de lo contrario no seguiría permitiéndome sentirlas. Entonces, debo preguntarme algo difícil: ¿Por qué me siento tan bien sobre sentir algo tan malo?
Lo que se me ha ocurrido es que ese mal sentimiento sobre mí mismo llena mi noción anterior sobre mí mismo. Confirma la realidad sobre mí mismo con la que he estado viviendo durante tanto tiempo, de la que me han hablado muchos otros varias veces. Mi religión me lo dijo. Mis padres me lo dijeron. Mi familia y mis amigos me lo dijeron. Incluso quienes me han amado románticamente, quienes han dormido conmigo en la intimidad, me lo dijeron. Todos me han hablado sobre mis defectos, mis problemas, mis ineptitudes, mis “fallas”. ¿Cómo podría creer cualquier otra cosa? ¿Cómo podría sentirme todo menos incómodo diciéndome (ya no digamos escuchándolo de alguien más) que soy maravilloso?
Pero entonces llega Dios —o sea, DIOS MISMO por todos los cielos—, diciéndome que Ella cree que soy perfecto… exactamente… tal… y… como… soy.
¡Ajá! Me digo a mí mismo. No debe ser “Dios” el que dice estas cosas. ¡Debe ser mi propio ego pretendiendo ser “Dios”! Sí, ¡eso es! Mi mente está jugando conmigo. Mi mente, la cual se rehúsa simplemente a aceptar, de una vez, la condenación que el mundo ha hecho de mí, está intercediendo por mí, protegiéndome de La Verdad de Mi Maldad al crear un cuadro de mí mismo como Perfectamente Bien Ahora, Tal y Como Soy.
¡Qué tontería! ¡Qué arrogancia! ¿Qué clase de Dios me diría eso?
Y entonces, justo entonces, escucho una dulce, suave y gentil voz dentro de mí. “Me negarás tres veces antes de que cante el gallo”, dice. Y luego, después de una pausa, “…a menos de que no lo hagas”.
Y éste es mi reto. ¿A quién creerle, a Dios o al Hombre?
Pero no tuve tiempo para descansar con esa pregunta conforme continuaba nuevamente con este libro. El paso del diálogo es rápido y me desafía a “seguirlo”. Pronto me encontraba de nuevo considerando el impresionante mensaje sobre Hitler, sobre cómo (y por qué) Hitler se fue al Cielo.
Y otra vez soy desafiado en todos los niveles de mi ser. ¿Cómo podía ser esto cierto? Y, sin embargo, si no es cierto, ¿qué esperanza hay para cualquiera de nosotros? ¿No hay un poco de Hitler en todos? ¿De qué estamos hablando aquí entonces… de un cierto grado? ¿Y cuál exactamente es el grado de amor de Dios? ¿Dios nos ama hasta cierto grado? ¿Y luego qué? ¿Qué pasa entonces?
Oh, sí, todas éstas son preguntas que me replanteé conforme releí este extraordinario diálogo en el Libro 2. Y debo decirte que no fue fácil. Este libro —de hecho, toda la serie de Conversaciones con Dios— no es para cobardes.
Y justo cuando estaba a punto de dar cabida a sentimientos de agobio durante mi lectura, me topé con esto al final del capítulo 5:
No gastes los preciados momentos de esto, tu realidad presente, buscando develar todos los secretos de la vida.
Lindo. ¿No te parece lindo este Dios?
Así que adelante. Lee ahora los primeros siete capítulos. Si ya los leíste antes, léelos de nuevo. Te prometo que sacarás más de ellos que la primera vez. O incluso la segunda. O incluso la tercera.
No me importa cuántas veces leas este material. Cada una te dará algo nuevo.
Te lo prometo.

Gracias por venir. Gracias por estar aquí.
Estás aquí porque tienes una cita, cierto; pero aun así podrías no haber llegado. Podrías haber decidido no venir. En cambio, elegiste estar aquí, en la hora señalada, en el lugar señalado, para que este libro llegara a tus manos. Así que, gracias.
Ahora, si lo hiciste todo subconscientemente, sin siquiera saber que lo estabas haciendo o por qué, algo de esto puede ser un misterio para ti y tal vez sea necesaria una pequeña explicación.
Empecemos haciendo que notes que este libro llegó a tu vida en el momento correcto y perfecto. Puede que no lo sepas ahora, pero cuando termines con la experiencia que te espera, lo sabrás absolutamente. Todo sucede en perfecto orden, y la llegada de este libro en tu vida no es la excepción.
Lo que tienes aquí es aquello que has estado buscando, aquello que has deseado durante mucho tiempo. Lo que tienes aquí es tu más reciente —y para algunos, quizá el primero— contacto real con Dios.
Esto es un contacto, y es muy real.
Dios va a tener una conversación real contigo ahora, a través de mí. No habría dicho esto hace algunos años; lo estoy diciendo ahora porque ya tuve ese diálogo y, por ende, sé que tal cosa es posible. No sólo es posible, está sucediendo todo el tiempo. Así como está sucediendo justo aquí, justo ahora.
Lo que es importante que comprendas es que tú, en parte, has hecho que esto suceda, así como has hecho que este libro llegue a tus manos en este momento. Todos somos la causa creadora de los aconteciminetos en nuestra vida y todos somos co-creadores con El Gran Creador en la producción de las circunstancias que llevan a dichos eventos.
Mi primera experiencia al hablar con Dios de tu parte ocurrió entre 1992 y 1993. Le había escrito una carta enojada a Dios, preguntando por qué mi vida se había vuelto un monumento a la lucha y al fracaso. En todo, desde mis relaciones románticas a mi vida laboral, a mis interacciones con mis hijos, a mi salud —en todo— no estaba experimentando otra cosa que lucha y fracaso. Mi carta a Dios demandaba saber por qué, y qué se necesitaba hacer para que la vida funcionara.
Para mi sorpresa, la carta tuvo respuesta.
Cómo fue respondida y cuáles eran esas respuestas se volvió un libro, publicado en mayo de 1995, bajo el título Conversaciones con Dios, Libro 1. Tal vez hayas escuchado de él o incluso lo hayas leído. Si es así, no necesitas más preámbulo para este libro.
Si no estás familiarizado con el primer tomo, espero que pronto lo estés, pues el primero describe con mucho más detalle cómo es que todo esto empezó y responde muchas preguntas sobre nuestras vidas personales —preguntas sobre dinero, amor, sexo, Dios, salud y enfermedad, comer, relaciones, “trabajo correcto” y muchos otros aspectos de nuestra experiencia día a día— que no se retoman aquí.
Si hay un regalo que le pediría a Dios para darle al mundo en éste momento, sería la información en el Libro 1. Fiel a su costumbre (“Incluso antes de que preguntes, yo habré respondido”), Dios ya lo ha hecho.
Así que espero que, después de leer este libro (o tal vez incluso antes de que lo termines), elijas leer el primero. Todo es cuestión de elección, así como una Decisión Pura te trajo hasta estas palabras ahora. Así como la Decisión Pura ha creado cada experiencia que has tenido. (Un concepto que se explica en ese primer libro).
Estos primeros párrafos del Libro 2 se escribieron en marzo de 1996 para proporcionar una breve introducción a la siguiente información. Así como en el primer libro, el proceso por el que “llegó” esta información fue exquisitamente simple. En una hoja de papel en blanco, yo simplemente escribía una pregunta —cualquier pregunta… usualmente, la primera que me venía a la cabeza— y no acababa de escribirla cuando la respuesta se empezaba a formar en mi cabeza, como si Alguien me estuviera susurrando al oído. ¡Estaba tomando dictado!
Con la excepción de estas pocas líneas al principio, todo el material de este libro se plasmó en papel entre la primavera de 1993 y poco más de un año después. Quisiera presentártelo ahora tal y como surgió de mí y se me entregó…
Es el domingo de Pascua de 1993 y, como se me indicó, aquí estoy. Aquí estoy, lápiz en mano, frente a mi bloc, listo para comenzar.
Supongo que debo decirte que Dios me pidió estar aquí. Teníamos una cita. Vamos a empezar —hoy— el Libro 2, el segundo en una trilogía que Dios y yo y tú estamos experimentando juntos.
Todavía no tengo idea de qué va a decir este libro, o incluso los temas específicos que tocaremos. Eso es porque no hay un plan para este libro en mi cabeza. No puede haberlo. No soy yo quien decide qué va a incluir. Es Dios.
El domingo de Pascua de 1992 —hoy hace un año—, Dios comenzó un diálogo conmigo. Sé que eso suena ridículo, pero es lo que sucedió. No hace mucho, ese diálogo terminó. Recibí instrucciones de descansar… pero también dijo que tenía una “cita” para retomar esta conversación en este día.
Tú también tienes una cita. La estás cumpliendo ahora mismo. Tengo muy claro que este libro no se escribe sólo para mí, sino para ti a través de mí. Aparentemente has estado buscando a Dios —y una Palabra de Dios— durante mucho tiempo. Yo también.
Hoy encontraremos a Dios juntos. Ésta es siempre la mejor forma de encontrar a Dios. Juntos. Nunca encontraremos a Dios separados. Me refiero a eso en ambos sentidos. Quiero decir que nunca encontraremos a Dios mientras nosotros estemos separados. Pues el primer paso para encontrar que no estamos separados de Dios es encontrar que no estamos separados uno del otro, y hasta que sepamos y nos demos cuenta de que todos nosotros somos Uno, no podemos saber y darnos cuenta de que Dios y nosotros somos Uno.
Dios nunca está separado de nosotros, jamás, y sólo pensamos que nosotros estamos separados de Dios.
Es un error común. También pensamos que estamos separados uno del otro. Y así, he descubierto que la forma más rápida de “encontrar a Dios” es encontrarnos unos a otros. Dejar de escondernos unos de otros y, por supuesto, dejar de escondernos de nosotros mismos.
La forma más rápida para dejar de esconderse es decir la verdad. A todos. Todo el tiempo.
Empieza diciendo la verdad ahora y nunca te detengas. Empieza diciéndote la verdad a ti mismo sobre ti mismo. Luego dite a ti mismo la verdad sobre otro. Entonces di la verdad sobre ti mismo a otro. Luego di la verdad sobre otro a ese otro. Finalmente, di la verdad de todo a todos.
Estos son los Cinco Niveles de Contar la Verdad. Éste es el camino de cinco partes hacia la libertad. La verdad te hará libre.
Este libro es sobre la verdad. No mi verdad, sino la verdad de Dios.
Nuestro diálogo inicial —entre Dios y yo— concluyó justo hace un mes. Asumo que éste se dará igual que el primero. Es decir, yo hago preguntas y Dios las responde. Supongo que me detendré y le preguntaré a Dios ahora.
Dios, ¿así es como va a ser?
Sí.
Eso pensé.
Excepto que en este libro sacaré algunos temas Yo mismo, sin que preguntes. No lo hice mucho en el primer libro, como sabes.
Sí. ¿Por qué el cambio aquí?
Porque este libro se está escribiendo a petición Mía. Yo te pedí que vinieras, como señalaste. El primer libro fue un proyecto que tú empezaste por tu cuenta.
Con el primer libro tenías un plan. Con este libro no tienes un plan, excepto hacer Mi Voluntad.
Sí. Eso es correcto.
Ése, Neale, es un muy buen lugar dónde estar. Espero que tú —y otros— vayan seguido a ese lugar.
Pero yo pensé que Tu Voluntad era mi voluntad. ¿Cómo puedo no hacer Tu Voluntad si es la misma que la mía?
Ésa es una pregunta intrincada y no un mal lugar dónde comenzar, no un mal lugar en lo absoluto para que empecemos este diálogo.
Retrocedamos unos cuantos pasos. Nunca dije que Mi Voluntad fuera tu voluntad.
¡Sí lo dijiste! En el libro pasado, me dijiste claramente: “Tu voluntad es Mi Voluntad”.
Así es, pero no es lo mismo.
¿No? Podrías haberme engañado.
Cuando digo “Tu voluntad es Mi Voluntad” no es lo mismo que decir que Mi Voluntad es tu voluntad.
Si hicieras Mi Voluntad todo el tiempo, no te quedaría nada más por hacer para lograr la Iluminación. El proceso terminaría. Ya estarías ahí.
Un día de no hacer nada más que Mi Voluntad te daría Iluminación. Si hubieras estado haciendo Mi Voluntad todos los años que llevas vivo, difícilmente necesitarías estar involucrado en este libro ahora.
Así que, está claro que no has estado haciendo Mi Voluntad. De hecho, la mayor parte del tiempo ni siquiera sabes cuál es Mi Voluntad.
¿No?
No.
Entonces, ¿por qué no me dices cuál es?
Lo hago. Simplemente no lo oyes. Y cuando sí oyes, realmente no escuchas. Y cuando sí escuchas, no crees lo que estás escuchando. Y cuando sí crees lo que estás oyendo, no sigues mis instrucciones de todas formas.
Por lo que decir que Mi Voluntad es tu voluntad es manifiestamente inexacto.
Por otro lado, tu voluntad es Mi Voluntad. Primero, porque la conozco. Segundo, porque la acepto. Tercero, porque la alabo. Cuarto, porque la amo. Quinto, porque me pertenece y la llamo Mía.
Esto significa que tú tienes libre albedrío para hacer lo que desees y que Yo vuelvo tu voluntad Mía a través del amor incondicional.
Para que Mi Voluntad sea tuya, tendrías que hacer lo mismo.
Primero, tendrías que conocerla. Segundo, tendrías que aceptarla. Tercero, tendrías que alabarla. Cuarto, tendrías que amarla. Finalmente, tendrías que llamarla tuya.
En toda la historia de tu raza, sólo unos cuantos han hecho esto alguna vez consistentemente. Un puñado de los otros lo ha hecho casi siempre. Muchos lo han hecho varias veces. Un montón lo ha hecho de vez en cuando Y virtualmente todos lo han hecho en algún momento, aunque algunos nunca lo han hecho.
¿En qué categoría estoy?
¿Importa? ¿En qué categoría quieres estar de ahora en adelante? ¿No es ésa la pregunta pertinente?
Sí.
¿Y tu respuesta?
Me gustaría estar en la primera categoría. Quisiera conocer y hacer Tu Voluntad todo el tiempo.
Eso es loable, admirable y probablemente imposible.
¿Por qué?
Porque te falta crecer mucho antes de que puedas reclamar eso. Sin embargo, te diré esto: podrías reclamar que, podrías alcanzar el Estado divino en este instante si lo eligieras así. Tu crecimiento no necesita tomar tanto tiempo.
Entonces, ¿por qué ha tomado tanto tiempo?
En efecto. ¿Por qué? ¿Qué estás esperando? Seguramente no crees que Yo te estoy deteniendo, ¿o sí?
No. Tengo muy claro que yo me estoy deteniendo.
Bien. La claridad es el primer paso hacia la maestría.
Me gustaría alcanzar la maestría. ¿Cómo puedo lograrlo?
Sigue leyendo este libro. Es exactamente hacia donde te estoy llevando.