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Introducción

Hola.

Puede que estés leyendo este libro porque crees tener un problema tiroideo o porque sabes que lo tienes. De cualquier forma, probablemente tienes la sensación de que tu médico está pasando algo por alto porque insiste en que estás bien, mientras tú sabes que “bien” es lo que menos estás.

Quizá has subido de peso, aun cuando te apegas fielmente a tu dieta. Quizá comes y haces ejercicio de la misma forma que siempre —bien, mal o sin prestarle mucha atención—, pero solías tener un peso estable y ahora los kilos se están acumulando.

Tal vez tu problema es el opuesto: tu peso está cayendo rápidamente, aunque comes más de lo usual y sigues con hambre incluso después de terminar una comida sustanciosa. Quizá lidies con un corazón acelerado o con palpitaciones repentinas. Puede ser que estés en un estado crónico de alerta, con una ligera ansiedad que te mantiene al límite constantemente.

Es probable que tengas demasiados achaques y sólo estés en tus 20, o quizá tengas 60, pero sabes que tu cerebro debería trabajar mejor. Tal vez te sientes cansado todo el tiempo, apático o deprimido. Es posible que tus hormonas estén brincando por todas partes; que no puedas embarazarte, aunque lo hayas estado intentando durante un tiempo, o que tu libido esté desaparecida. Tal vez tengas otro molesto síntoma: indigestión, constipación, diarrea. Quizá tu ansiedad empieza a convertirse en devastadores ataques de pánico que suceden sin una razón aparente. Es posible que tu problema sean dolores en las articulaciones, manos temblorosas, músculos débiles, piel flácida. Tal vez siempre tienes frío o, lo que puede ser más perturbador, se te está cayendo el cabello.

Cualquiera de estos síntomas puede indicar un problema tiroideo, ya sea una tiroides funcionando de menos o de más (aunque los síntomas son diferentes, pueden traslaparse), y si tu médico te asegura que no tienes un problema tiroideo, que tus análisis son normales y ya te está dando la dosis correcta de suplemento hormonal, que tus problemas son causados por hormonas femeninas (si eres mujer) o baja testosterona (si eres hombre), depresión, estrés, ansiedad o por no ser lo suficientemente disciplinado con tu dieta, pues déjame decirte que, si bien parte de esto puede ser verdad, es posible que tengas un problema de tiroides de todas maneras.

Así es. Tristemente, es posible que los análisis que te estés haciendo no sean los adecuados, que tu médico esté malinterpretando los resultados, te esté medicando poco, tomes el medicamento equivocado o sufras de una mezcla de estos factores. Mientras tanto, te sientes mal, exhausto, viejo antes de tiempo y, dado que tu médico no quiere creerte, probablemente loco. Así que respira hondo y prepárate para sentirte mejor porque con este libro te darás cuenta de que tenías razón desde el principio. Algo anda mal contigo. Sí tienes una disfunción tiroidea, sí puede tratarse y tan pronto como lo hagas te sentirás renovado.

Haz tu propia conexión con la tiroides

Es sorprendente la cantidad de síntomas —chicos, medianos y grandes— que están vinculados a tu tiroides. De hecho, casi cualquier aspecto de tu cuerpo depende del funcionamiento de la tiroides, y si tu tiroides no está trabajando como debe, tú tampoco. Sanar y atender tu tiroides es una de las formas más importantes de conectarte con tu cuerpo y una de las mejores para lograr una salud óptima.

En este libro aprenderás todo sobre tu tiroides: cómo funciona, por qué puede hacerte sentir tan miserable y qué puedes hacer para tener un diagnóstico más acertado. Aprenderás qué análisis debes realizar y qué opciones de tratamiento puedes explorar. También descubrirás cómo transformar tu salud por medio de la dieta y el estilo de vida correctos: sanar tu intestino, obtener los nutrientes necesarios para tu tiroides, evitar alimentos inflamatorios, liberar a tu cuerpo de su carga tóxica, tratar las infecciones y practicar una reducción efectiva de estrés. Hacia este fin, aprenderás qué tanto ejercicio es bueno para tu tiroides; dado que hacer mucho ejercicio o demasiado intenso en realidad puede interrumpir el funcionamiento tiroideo.

Lo mejor de todo es que descubrirás cómo deshacerte de esos síntomas, cómo disipar la niebla, cómo calmar la ansiedad y la depresión, cómo curar esas articulaciones dolorosas y las hormonas rampantes, cómo recuperar tu vida sexual, cómo perder esos kilos de más y nunca volverlos a recuperar, y sí, cómo hacer que tu cabello crezca de nuevo grueso y sano, mejor de lo que nunca lo has visto, y tener una piel brillante y un montón de energía para gastar.

Esto es lo que quiero para ti, una salud radiante por completo, y nada menos. Eso es lo que puedes esperar cuando tu tiroides funciona óptimamente y sigues la dieta y el estilo de vida que promueve una salud excelente. Sé que puedes hacerlo porque miles de pacientes lo han logrado. Si ellos pudieron llegar a su meta, tú también.

Toma el control de tu salud

Hay dos aspectos esenciales en la salud tiroidea, y el más importante depende de ti. Si sigues el plan de conexión con la tiroides del método Myers, el protocolo para una salud tiroidea completa que detallo en este libro, verás una mejoría dramática en tu salud, en tu vitalidad y en tu bienestar. Después de 10 años de usar este protocolo, tanto en mi práctica clínica como en mí misma, puedo prometerte que nada —y en verdad, nada— te hace sentir tan bien como darle a tu cuerpo lo que necesita.

El segundo aspecto de la salud tiroidea involucra trabajar en equipo con tu médico. En este libro aprenderás todo lo que necesitas saber para ello y para que puedas estar cien por ciento seguro de que estás recibiendo el diagnóstico correcto y el tratamiento más efectivo para ti. ¡Y vaya que te sentirás mejor cuando eso suceda!

¿Cómo lo sé? Porque antes de convertirme en una doctora especializada en tiroides fui una paciente de tiroides. Sé qué tan miserable puede volverse tu vida cuando tu tiroides no funciona. Especialmente sé qué tan devastador es pensar que no tienes más opciones, creer que no hay nada que puedas hacer más que resignarte a una vida de cambios de estado de ánimo, aumento de peso, ansiedad, depresión, niebla mental, fatiga y pérdida de cabello.

Lo sé porque lo viví. Cuando tenía 32 años tuve que lidiar con mi propia tiroides. Tenía un desorden espantoso que me hacía sentir como si mi cuerpo ya no fuera mío y mi mente se estuviera saliendo de control. Y aun siendo una estudiante de segundo año de medicina, capaz de comprender mejor que muchos la anatomía básica, mi propio doctor se rehusaba a creerme. “Oh —decía—, es sólo estrés. Además de que los estudiantes de medicina siempre piensan que tienen cada problema del que leen en sus libros.”

No. Tenía un desorden tiroideo genuino que mi médico se rehusó a tratar inicialmente, e incluso después de que insistí en hacerme una revisión general y recibir mi diagnóstico, los tratamientos que me ofrecía la medicina convencional muchas veces fueron peores que la enfermedad misma. Es triste, pero la mayoría de los médicos tradicionales —no todos, pero la mayoría— hace un pésimo trabajo en lo que respecta a la disfunción tiroidea. Simplemente no le atinan.

Así que compartiré contigo mi propia conexión tiroidea porque es lo que me ha inspirado a lo largo de mi carrera médica para escuchar a mis pacientes, comprender lo que está sucediendo realmente y buscar los mejores tratamientos posibles, los que se apoyan en la habilidad natural de tu cuerpo para alcanzar una salud óptima. La medicina convencional me falló, no hay otra forma de ponerlo. Es mi misión no dejar que te falle a ti también.

Cuando tu médico no quiere creerte…

Como millones de otros pacientes antes y después de mí, he escuchado la negación de un problema tiroideo y se me ha roto el corazón. Siempre había sido fuerte y sana, sabía cómo trabajar duro y pocas cosas me gustaban tanto como los retos, ya fueran mis dos años en el Cuerpo de Paz o el primer año en la escuela de medicina. Incluso a lo largo de esos terribles y largos meses de la batalla de mi madre contra el cáncer y su muerte temprana, me di cuenta de que podía estar a la altura de las circunstancias. Después de su muerte empecé a trabajar en un laboratorio de investigación donde estudiaba y patentaba un compuesto natural que pudiera evitar que otros murieran como ella.

Pero de pronto, de la nada, mi cuerpo estaba completamente fuera de control. Cada día luchaba con la ansiedad que a veces se convertía en ataques de pánico, con el cuadro entero: pulso acelerado, respiración agitada, una sensación creciente de fatalismo. En las noches estaba acostada despierta, escuchando mi latido sincronizarse con el segundero de mi reloj, incapaz de calmarme lo suficiente para dormir.

También estaba perdiendo peso de una forma alarmante. Si no comía dos rebanadas de pan Ezekiel untadas con mucha mantequilla justo antes de acostarme, despertaba pesando un kilo menos al día siguiente. Y si eso te suena como el plan de pérdida de peso ideal, déjame decirte que era todo lo contrario. Estaba demacrada, cansada y frágil, con músculos que me temblaban tanto cuando bajaba las escaleras, que tenía que abrazar el barandal para cuidar mi vida. Siempre tenía hambre, incluso después de comer. Esto empeoró a tal grado que, sentada en un salón inmenso en la escuela, no podía siquiera tomar notas correctamente, pues mis manos desarrollaron un temblor tan pronunciado que mis dedos no podían controlar la pluma.

Los amigos de cualquiera se habrían preocupado. Mis amigos eran estudiantes de medicina que observaban mis síntomas de primera mano. “Amy, ve a ver a un médico”, insistían. Así que fui, sólo para escuchar a la doctora decir que tenía el “síndrome del estudiante de medicina”, creer que tenía cada síntoma del que aprendía en la escuela.

“No”, insistía ahora yo. Conocía mi cuerpo, y algo terrible estaba pasando. “Tal vez sea sólo estrés”, sugirió la doctora, ya preparándose para recibir a su siguiente paciente. “Después de todo, el segundo año de medicina es uno de los más difíciles.”

¿Estrés? Había ayudado a cuidar a mi madre moribunda y había superado su funeral. Había pasado más de dos años en el Cuerpo de Paz, en un pueblo tan pequeño de Paraguay que ni siquiera aparecía en el mapa, sin agua corriente y a ocho horas de distancia del teléfono más cercano. Había terminado exitosamente mi primer año de medicina. Eso era estrés, pero mi cuerpo nunca había respondido con pérdida de peso, insomnio, pánico y temblores, nada ni remotamente similar.

No fue fácil escuchar mi propio autoconocimiento en lugar de los pronunciamientos autoritarios de mi doctora, especialmente estando tan enferma que a duras penas podía funcionar. Pero siempre he sido una mujer fuerte de Luisiana —así me crió mi madre— y no podía hacer caso de un diagnóstico que sabía que estaba tan fuera de lugar.

“Por favor —insistí—, necesito una revisión completa.” De alguna manera logré que me hiciera caso y, a regañadientes, ordenó una serie completa de análisis de sangre. Una semana después estaba pasando el fin de semana en casa de mi tía, en la costa, cuando me llamó la doctora. No estoy segura de que se haya disculpado realmente, pero sí me dijo que tenía un serio desorden tiroideo.

Como podrás ver más adelante en este libro, hay dos formas en las que tu tiroides puede desequilibrarse. La más común es el hipotiroidismo, cuando tu tiroides funciona de menos. Las condiciones del hipotiroidismo pueden o no ser autoinmunes, pero la versión que sí lo es se llama enfermedad de Hashimoto, la forma más común actualmente de una tiroides hipoactiva. Por otra parte, puedes tener hipertiroidismo, es decir, una tiroides hiperactiva. Yo tenía esa condición menos común, y también puede ser autoinmune o no. Yo tenía la clase autoinmune, llamada enfermedad de Graves.

Cuando tienes una enfermedad autoinmune de cualquier clase, tu cuerpo básicamente se está atacando a sí mismo. La gran mayoría de los desórdenes tiroideos es de naturaleza autoinmune, por lo que tu sistema inmunológico empieza a atacar tu tiroides. Para llegar a la raíz del problema necesitas atender tanto la glándula tiroides como el sistema inmunológico, pero tristemente la mayoría de los médicos convencionales sólo ignora el sistema inmunológico y se enfoca en tratar la tiroides. Después descubrí que ésta es una forma incompleta de tratar tanto la enfermedad de Hashimoto como la de Graves.

Más adelante también aprendí que pude haber tratado mi problema por medio de una combinación de dieta, suplementos de alta calidad y cambios en mi estilo de vida, el mismo protocolo que se ha convertido en mi plan de conexión con la tiroides del método Myers. Pero entonces no sabía lo que ahora, así que al referirme con un endocrinólogo —el médico especialista en desórdenes hormonales, incluyendo la disfunción tiroidea— estaba supeditada de cierta manera a lo que él indicara.

“Tienes tres opciones —me dijo—. La primera, tomar un medicamento conocido como propiltiouracilo, o PTU, que apagará tu tiroides y evitará que trabaje de más. La segunda, usar yodo radiactivo —I-131— para ‘volar tu tiroides’.” (Como Hiroshima, pensé temblando.) “O la tercera, que un cirujano quite toda o parte de tu tiroides.”

De hecho, ninguna de esas opciones me agradaba. Mis padres habían utilizado medicina holística y china. Yo crecí con comidas caseras preparadas con alimentos orgánicos. Mi mamá cultivaba jitomates y hojas verdes orgánicos, y nos daba pan de trigo entero horneado en casa, así como yogur natural casero. Hasta que me mudé fuera, no supe que el arroz se daba en cualquier otro color que no fuera café. A los 14 años me volví vegetariana. Incluso cuando entré a la escuela de medicina, pensé en volverme una clase de médico holístico, alguien que se apoya en las propiedades curativas de los alimentos buenos y contempla el cuerpo como un todo, aunque en ese tiempo no tenía idea de cómo lograrlo.

Por supuesto, ahora sé que los lácteos, el gluten, los granos, las leguminosas y las solanáceas (jitomates, pimientos, berenjenas y papas) pueden causar inflamación —una respuesta del sistema inmunológico que es el centro de los padecimientos autoinmunes, de la disfunción tiroidea y de muchos otros problemas de salud crónicos—. También sé que mi cuerpo necesita los nutrientes que se encuentran en las proteínas de animales orgánicos para apoyar la salud inmunológica y tiroidea, así como otras funciones corporales. Irónicamente, mi vegetarianismo y los “alimentos sanos” de mi mamá eran parte de lo que me enfermaba. Pero eso fue algo que aprendí con el tiempo.

Mientras tanto, estaba en lo correcto de desconfiar de esas tres opciones convencionales de tratamiento. ¿Fuertes medicamentos con efectos secundarios devastadores? ¿Atacar mi tiroides con veneno radiactivo? ¿Cirugía? Ninguna de las tres se asemejaba a como yo quería tratar a mi cuerpo.

Así que probé otra cosa y trabajé con una doctora de medicina china que tenía sus propias hierbas y protocolos de dieta. Me llenó de alimentos fermentados, granos germinados, polvos asquerosos, tés y tinturas. Los alimentos fermentados pueden ser buenos para tu salud, pero no cuando tu sistema está tan alterado como estaba el mío, y el resto sólo me hizo sentir peor.

Así que, de vuelta con el endocrinólogo, mis síntomas ya eran realmente malos para este punto. El insomnio era una locura; tenía suerte si lograba dormir tres horas cada noche. Mi corazón latía tan rápido que sentía como si se me saliera del pecho, y sí, estaba tomando betabloqueadores, un medicamento para bajar mi ritmo cardiaco, lo que contribuía a la niebla mental. Tenía el mal presentimiento de que el doctor me iba a medicar para cualquier síntoma que mencionara en la consulta. Entonces tendría que lidiar con mi disfunción tiroidea y con todos los efectos secundarios. Gracias a toda esa falta de sueño me costaba mucho trabajo llegar a clase, pero no podía darme el lujo de reprobar medicina. Así que, aun a disgusto, empecé una serie larga, desgastante y descorazonante de tratamientos médicos.

Primero intenté con el PTU porque parecía la elección menos invasiva. Tal vez lo era, pero de todas maneras era bastante brutal. El medicamento secaba mi boca y mi nariz a un extremo agonizante, y encima de todo, las medicinas volvieron mi tiroides hiperactiva en hipoactiva, así que le di la bienvenida a toda una nueva serie de síntomas: fatiga, frío constante, piel reseca y una caída de cabello por mechones.

Después de algunas semanas de sentirme fatal, regresé con el endocrinólogo. Estaba mucho más preocupado por mi fatiga crónica que por cualquier otro síntoma, así que me pidió algunos análisis de sangre. Más tarde ese mismo día, me dijo que el PTU estaba empezando a destruir mi hígado, una condición llamada hepatitis tóxica. Era un riesgo de uno en un millón, pero me había pasado a mí, y si no eliminaba el medicamento de inmediato, eventualmente podía morir de una falla hepática fulminante. Me ordenó permanecer en cama hasta que mi hígado se recuperara, lo que podía tardar semanas o incluso meses.

De acuerdo, en lugar de estas tres opciones convencionales, me quedaban sólo dos: cirugía o la destrucción de mi tiroides con yodo radiactivo. Aunque la opción nuclear me agradaba muy poco, la cirugía parecía un prospecto aún más atemorizante. Estaba tan debilitada y desmoralizada que, si algo salía mal en la cirugía, realmente dudaba de mi capacidad de luchar para vivir. Me pasé un día tras otro buscando tratamientos alternativos, pero no encontré ninguno, así que elegí reducir —o destruir— mi tiroides con yodo radiactivo.

Si uno sigue por este camino, la glándula tiroides puede liberar una gran cantidad de hormonas tiroideas en el torrente sanguíneo mientras se está destruyendo. Eventualmente, no habrá tiroides y será necesario tomar suplementos hormonales tiroideos de por vida. Pero antes de que pudiera llegar a eso, los repentinos aumentos masivos de hormonas me hacían tener ataques de pánico todavía más severos, los cuales eran mucho más perturbadores porque podían ocurrir en cualquier momento. Tuve que añadir Xanax a mi farmacia personal porque literalmente nunca sabía dónde entraría en pánico, en el parque, en el supermercado, en la iglesia… Empecé a evitar salir de mi casa por cualquier razón; el miedo de tener que sufrir un ataque de pánico en público era demasiado.

Más adelante, como si estuviera atrapada en un juego médico, mi sistema rebotó hacia la otra dirección, una tiroides baja. De nuevo estaba exhausta y tenía frío constantemente. Subí cinco kilos rápidamente, y sí, de nuevo estaba perdiendo cabello. Lo peor de todo es que desarrollé síndrome de intestino irritable.

Dado que mi tiroides había sido destruida intencionalmente, ahora necesitaba tomar suplementos hormonales tiroideos, así que mi médico me recetó Synthroid, pero mis síntomas continuaron. Lo irónico es que, aun cuando me sentía morir, mis análisis de tiroides eran normales. Describía mis síntomas al médico y qué tan mal me sentía, pero él veía mis análisis y no podía creerlo, lo que era patear al caído.

Pero yo te creo

Sé que mi historia es un poco más extrema que la de muchos, pero aun si tu historia es similar o de cierta manera diferente, es probable que estés sufriendo por la misma causa: una tiroides disfuncional, quizá también un desorden del sistema inmunológico y un cuerpo que lucha con un intestino dañado, una carga tóxica, una infección subyacente o una sobrecarga de estrés.

¡Lamento que estés pasando por esto! Mereces sentirte increíble, y la información en este libro puede llevarte a ello. ¿Cómo puedo estar tan segura? Porque he tratado a miles de pacientes de tiroides a lo largo de los últimos 10 años y créeme, he escuchado de todo. He tratado a personas cuyos síntomas eran tan sutiles y cuyos análisis parecían tan normales, que casi no podían creer que tuvieran una disfunción tiroidea, fuera de la niebla mental periódica, la falta de energía, la leve depresión y el sobrepeso que simplemente no desaparecía. He tratado a mujeres que no podían embarazarse y a hombres que sentían que su deseo sexual había desaparecido completamente, y he trabajado con pacientes que, al igual que yo, tenían la enfermedad de Graves, y los ayudé a revertir completamente sus síntomas, dejar los medicamentos y devolver sus hormonas a niveles normales sin usar ninguno de los medicamentos y los tratamientos extremos que a mí me ofrecieron.

Cada una de estas historias tiene detalles únicos y ciertamente la tuya también, pero lo que todas tienen en común es una persona cuya vida está viéndose afectada porque su tiroides no trabaja de la forma que debe.

Además, mis pacientes me cuentan qué tan displicentes eran sus médicos anteriores y lo poco que los habían ayudado, cómo estos médicos insistían en que el problema real era depresión, hormonas sexuales, estrés, ansiedad o incluso que los problemas estaban “sólo en su cabeza”. ¡Qué insultante!

Es indignante, pero cierto. La forma en que la medicina convencional observa la tiroides garantiza virtualmente que muchos casos —tal vez la mayoría— se diagnostiquen o se traten mal, y varias veces, ambos. Muchos médicos convencionales no piden suficientes análisis, no los interpretan correctamente, no ofrecen suficientes opciones de tratamiento y no apoyan esos tratamientos con una dieta y un estilo de vida que puedan restaurar la salud de la tiroides. Que es por lo que yo me sentí inmensamente aliviada cuando finalmente descubrí otra forma —una mejor— lejos de la medicina convencional. Se llama medicina funcional, y transformó mi vida.

Encontrar una mejor forma

Descubrí la medicina funcional en una cátedra sobre salud integral, y fue como ver una luz brillante iluminar mi oscuridad. Me senté en el auditorio, escuchando a un médico explicar las causas reales de las enfermedades crónicas y pensé: “Claro, ésta es la explicación que he estado buscando”.

Por primera vez comprendí el papel que tienen la dieta, la salud intestinal, las toxinas, las infecciones y el estrés en mi salud. Descubrí que los alimentos que siempre había considerado saludables estaban afectando mi intestino, mi sistema inmunológico y mi tiroides, especialmente el gluten, los granos y las leguminosas que habían sido lo principal en mi dieta.

Aprendí sobre una condición llamada intestino permeable, en la que el intestino literalmente deja pasar alimentos parcialmente digeridos al cuerpo, comprometiendo al sistema inmunológico y atacando el cuerpo con toxinas. Descubrí muchas otras formas en que las toxinas habían afectado mi salud. Me di cuenta de que lo que parecían infecciones menores estaba debilitando mi sistema inmunológico y que el estrés psicológico era de hecho una contribución primaria a mi enfermedad autoinmune.

Mi vida nunca sería la misma. Después de esa conferencia tomé mi salud en mis propias manos: eliminé los alimentos tóxicos e inflamatorios de mi dieta, y añadí los suplementos de alta calidad que necesitaba para tener un funcionamiento tiroideo óptimo; sané mi intestino; desintoxiqué mi sistema; traté las infecciones subyacentes, y liberé mi estrés. En cuestión de semanas empecé a sentirme sana… por primera vez en siete años.

¡Qué diferencia hacía este nuevo protocolo! Mi ansiedad y mis ataques de pánico se evaporaron, mi energía regresó con creces, mi cabello y mi piel se veían magníficos, y lo mejor de todo fue esa sensación de bienestar que sólo se tiene cuando uno le da al cuerpo exactamente lo que necesita. ¡Bienvenida, salud óptima!

Dejé de ver a los médicos convencionales que querían ignorar todo lo demás y busqué un médico de medicina funcional. También me inscribí en el programa de certificación en el Instituto de Medicina Funcional; quería aprender todo lo que pudiera sobre este nuevo acercamiento a la medicina y la salud para volverme la clase de médico que me había ayudado a mí a obtener resultados tan extraordinarios.

Si hubiera sabido sobre medicina funcional cuando me diagnosticaron enfermedad de Graves, es probable que no hubiera tenido que sufrir los medicamentos ni destruir mi tiroides. Pude haber tratado mi tiroides hiperactiva con hierbas mientras eliminaba los alimentos inflamatorios, sanaba mi intestino y libraba a mi cuerpo de las toxinas, las infecciones y el estrés, que eran la raíz de mi enfermedad. Es impresionante que la dieta y el estilo de vida puedan conquistar enfermedades que la medicina convencional a veces sólo puede controlar. Lamenté no haber descubierto la medicina funcional antes, pero al menos pude compartir esta extraordinaria curación con otros.

Eventualmente dejé mi puesto como médico de urgencias y abrí mi propia práctica de medicina funcional en Austin, Texas. Ahí he tratado a una amplia gama de pacientes, enfocándome en intestino permeable, inflamación, condiciones autoinmunes y disfunción tiroidea. Desarrollé el método Myers, mi propio protocolo de curación, que ha ayudado a miles de personas. Escribí mi primer libro, The Autoimmune Solution, que rápidamente se volvió un bestseller del New York Times, y ahora escribo este libro porque quiero que te beneficies de todo lo que he aprendido.

Un mundo nuevo

Cuando encontré la medicina funcional se abrió un mundo enteramente nuevo para mí, un mundo donde los doctores en realidad escuchaban a sus pacientes, donde cada paciente era tratado como un individuo, con un tipo de medicina personalizada que podía hacer toda la diferencia entre arrastrarse por la vida —no enfermo, pero tampoco necesariamente bien— y pasear por ella sintiéndose absolutamente de maravilla. Es un mundo donde la disfunción tiroidea no se malinterpreta como depresión, ansiedad, obesidad o problemas hormonales, sino que se diagnostica y se trata correctamente con la clase adecuada de suplementos hormonales o medicamentos, además de la dieta y el estilo de vida que tu tiroides y tu sistema inmunológico necesitan. Es un mundo donde el cuerpo tiene el apoyo de los alimentos adecuados, el ejercicio, el sueño y la correcta liberación de estrés para lograr una salud óptima completa.

La medicina funcional me ha permitido ayudar a miles de pacientes y, magníficamente, a curarme a mí misma. Ahora es tu turno, así que voy a ayudarte a comprender qué está sucediendo en tu cuerpo, incluyendo lo que están haciendo tu tiroides, tu sistema inmunológico y tu intestino. Si quieres encontrar un practicante de medicina funcional, te daré los recursos para ello, pero si quieres continuar con tu mismo médico convencional, te ayudaré a trabajar más eficientemente con él para que puedas tener los análisis, el diagnóstico y el tratamiento que necesitas y mereces.

En este libro aprenderás qué análisis de sangre se piden regularmente y lo que significan esas cifras. Descubrirás qué otros análisis debes pedir para que tu médico y tú puedan tener una imagen mucho más clara de lo que está sucediendo. (Sí, la mayoría de los médicos convencionales no solicita suficientes análisis, pero muchos de los análisis que te comento son básicos y pueden hacerse en cualquier laboratorio.)

También te explicaré qué tipos de suplementos hormonales tiroideos se prescriben usualmente y qué otras opciones tienes. La mayoría de los doctores prescribe una forma sintética de suplemento conocido como levotiroxina (las marcas comunes son Synthroid, Levoxyl y Tirosint). Esta forma de suplemento hormonal presenta a su vez beneficios y problemas, y te ayudaré a comprender exactamente cuáles son. También sabrás qué beneficios y problemas presenta la tiroides porcina disecada (las marcas populares son Armour, Nature-Throid y Westhroid), una alternativa natural que funciona mejor para muchas personas, así como otras opciones, incluyendo compuestos especiales de suplementos hormonales tiroideos creados para tu precisa biología.

En un estilo real de medicina funcional, te ayudaré a desarrollar un plan de salud personalizado que pueda ayudar a tu tiroides, a tu sistema inmunológico y a tu intestino. En la quinta parte también podrás descubrir si sufres de los problemas intestinales más comunes, como crecimiento de levaduras, sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado y parásitos, así como disfunción suprarrenal, y te sugeriré remedios específicos para cada condición.

Por último, aunque no menos importante, te daré una guía completa del plan de conexión con la tiroides del método Myers. Los planes de comida, las recetas, los suplementos y las recomendaciones de estilo de vida que reiniciarán tu función tiroidea, ayudarán a tu sistema inmunológico y sanarán tu intestino, haciéndote sentir más sano en general. Si tu disfunción tiroidea es resultado de una condición autoinmune, el método Myers es aún más importante para ti, pues las personas que ya tienen una condición autoinmune son tres veces más propensas a desarrollar una segunda. Seguir el método Myers puede ayudarte a revitalizar tu sistema inmunológico y eliminar tus síntomas mientras previenes otros desórdenes y enfermedades adicionales.

No quiero que sufras un día más porque tu médico no te ofrece el diagnóstico o el tratamiento correctos, no quiero que tengas que hacer lo que yo, tomar medicamentos tóxicos o sufrir un procedimiento médico que no puede revertirse, y no quiero que te preocupes por no poder perder peso. El conocimiento es poder —es un cliché, pero es cierto—, y en este libro encontrarás todo el conocimiento que necesitas para unirte a tu médico y tomar el control de tu salud. Estoy muy emocionada por ti porque sé que puedes sentirte de maravilla: ligero, lleno de energía y fuerte. Así que cambia la página y empecemos. Te espera todo un mundo nuevo.

La clave está en la tiroides

PRIMERA PARTE

La nueva epidemia tiroidea

La clave está en la tiroides
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Capítulo 1

La crisis de la tiroides

Hay una nueva epidemia arrasando en el mundo y probablemente tu médico no lo sabe. Esta epidemia puede causar que de pronto subas de peso y no puedas volver a bajar, o puede causar que pierdas peso a un ritmo alarmante, incluso si comes y tienes hambre constantemente.

Una versión de esta epidemia te deja sintiéndote cansado y fatigado, drenado de energía y motivación. Otra llena tu vida con ansiedad y temor, los cuales emergen frecuentemente en ataques de pánico fulminantes.

Algunas personas con esta epidemia sufren de niebla mental (pérdida de claridad y enfoque, lapsos frustrantes de memoria, “momentos de vejez”), otros luchan con depresión; la pérdida de cabello es otro síntoma, lo mismo que dolores de articulaciones y musculares, un corazón acelerado, temblores en las manos, músculos débiles, sentirse viejo antes de tiempo —incluso si estás en tus 20—, dificultad para quedarse dormido y dificultad para permanecer dormido.

En las mujeres, esta epidemia podría aumentar su probabilidad de abortar, o de entrada evitar que queden embarazadas. Puede aniquilar el deseo sexual o hacer que sea difícil tener un buen desempeño sexual, tanto en hombres (disfunción eréctil) como en mujeres (resequedad vaginal). Puede incluso ponerte en un riesgo elevado de desarrollar una enfermedad autoinmune.

La peor parte es que la medicina convencional frecuentemente la diagnostica mal. Tu médico convencional puede decir: “Tus análisis son normales. Esos síntomas que tienes son lo que sucede cuando uno envejece”, “Tus resultados están en el rango, así que, si no te sientes bien, probablemente sea sólo estrés”, o si eres mujer, “Tus análisis de sangre se ven bien. Si te sientes cansada, es normal al acercarse la menopausia”.

Si tu médico falla en su diagnóstico, puede prescribir incorrectamente un antidepresivo o un ansiolítico. Es posible que te recete pastillas anticonceptivas para regular el ciclo menstrual o un tratamiento de remplazo hormonal (TRH) para tratar los cambios de estado de ánimo. También puede ser que tu médico sólo diga: “Descansa un poco, no trabajes tanto. ¿Qué tal unas vacaciones?”

Esta epidemia afecta unos 200 millones de personas en el mundo, pero millones más no han sido diagnosticados. Aunque es más común en las mujeres mayores de 40 años, esta epidemia puede atacar a cualquiera, donde sea; de hecho, mis colegas y yo hemos visto un aumento considerable de casos, especialmente entre mujeres de 20 o 30 años.

La epidemia se llama disfunción tiroidea, y si no se trata adecuadamente, puede destruir tu vida.

Cuando tienes muy poca hormona tiroidea…

imagesSueles sentir frío y es posible que no sudes.

imagesPuedes estar constipado.

imagesSubes de peso o no puedes perder peso.

imagesDesarrollas niebla mental: lapsos de memoria, dificultad para concentrarte.

imagesPuedes sentirte desmotivado y apático.

imagesLuchas contra la fatiga.

imagesDuermes mucho más de lo usual.

imagesPuedes deprimirte o tener cambios de estado de ánimo.

imagesSe te cae el cabello.

imagesTu piel se siente reseca y sin vida.

imagesSufres de irregularidades hormonales.

imagesSe te diagnosticó infertilidad o tienes abortos.

imagesPuedes ver un bocio en tu cuello o experimentar inflamación en el cuello.

imagesTe sientes mal, como si no fueras tú mismo.

imagesTienes un ritmo cardiaco lento.

imagesSe te diagnosticó colesterol alto.

Cuando tienes demasiada hormona tiroidea…

imagesSueles sentir calor o tener un aumento de transpiración.

imagesTe sientes ansioso, nervioso, y tienes cambios de estado de ánimo.

imagesLuchas con el insomnio.

imagesPuedes desarrollar ataques de pánico.

imagesTu corazón se acelera y puedes desarrollar palpitaciones.

imagesSufres de evacuaciones sueltas o diarrea.

imagesPuedes desarrollar temblores.

imagesPierdes peso sin proponértelo.

imagesPuedes desarrollar debilidad muscular.

imagesTus ojos parecen salir de sus cuencas.

imagesPuedes ver un bocio en tu cuello o experimentar inflamación en el cuello.

imagesPuedes tener periodos menstruales irregulares o infertilidad.

imagesPuedes tener erupciones o un engrosamiento de la piel en las espinillas.

imagesSe te puede caer el cabello.

imagesPuedes sufrir de urticaria crónica.

Cuando tienes una disfunción tiroidea también puedes tener síntomas de ambas listas al mismo tiempo, o alternar entre una y otra. Puedes sentirte cansado y nervioso, exhausto e incapaz de dormir, ansioso y deprimido. He tenido pacientes cuya respuesta a una tiroides hipoactiva es la pérdida de peso en lugar del aumento porque sus glándulas suprarrenales sobrecompensan el problema tiroideo al producir más hormonas de estrés. El sistema de señalización de la tiroides es muy complejo y hay muchas formas en las que puede fallar. Es por ello que hacer un perfil tiroideo completo de análisis es tan importante para poder examinar los síntomas a veces confusos, y hacer un diagnóstico confiable.

La epidemia tiroidea

Muy bien, lo que sucede es esto: en Estados Unidos, por ejemplo, la Asociación Americana de Tiroides dice que, en el transcurso de una vida, al menos 12% de la población sufrirá de disfunción tiroidea. Eso es una de cada ocho personas, y las mujeres tienen de cinco a ocho veces más probabilidad de verse afectadas que los hombres. De acuerdo con la asociación, hasta 60% de las personas con disfunción tiroidea ni siquiera se han dado cuenta de que tienen un problema.

Con tantas personas sufriendo, uno pensaría que la medicina convencional haría sonar la alarma. Uno esperaría que los médicos convencionales mantuvieran a raya la disfunción tiroidea, haciendo análisis con regularidad, dando la cantidad correcta y el tipo de medicamento o suplemento hormonal tiroideo adecuado, asegurándose de que el paciente tenga la clase de dieta, suplementos, sueño y descanso correctos para mantener la tiroides en óptimas condiciones, pero no, y ni cerca de hacerlo. En cambio, los médicos convencionales nos están fallando de tantas maneras en lo que respecta a la disfunción tiroidea, que es difícil listarlas todas. Éste es un intento:

imagesIncluso cuando presentas síntomas tiroideos, muchos médicos no hacen los análisis para desórdenes tiroideos y diagnostican mal la condición; especialmente si tienes menos de 40 años o si eres hombre.

imagesCuando sí te piden análisis, muchas veces no son todos los que necesitas.

imagesCuando ya te diagnosticaron y trataron, si eres hipotiroideo (tienes una tiroides hipoactiva), no sueles tomar la cantidad correcta de suplemento hormonal tiroideo, o en la forma correcta.

imagesSi eres hipertiroideo (tienes una tiroides hiperactiva), tus opciones de medicina convencional pueden provocar efectos secundarios severos, algunas veces incapacitantes, o un daño irreversible, y no se te dice sobre tratamientos naturales herbarios que pueden ser igualmente efectivos y evitarte otros problemas.

imagesNunca te enteras de los extraordinarios efectos que puedes provocar al hacer ciertos cambios en tu dieta y estilo de vida: consumir los nutrientes que tu tiroides necesita, evitar alimentos que promuevan la inflamación (una respuesta del sistema inmunológico que puede traer muchos problemas), sanar tu intestino, deshacerte de tu sobrecarga tóxica, tratar las infecciones subyacentes, evitar hacer ejercicio de más, dormir bien y liberar el estrés.

imagesNo encuentras cómo revertir las condiciones autoinmunes y apoyar tu sistema inmunológico, una necesidad crucial, pues la gran mayoría de las disfunciones tiroideas se debe a la autoinmunidad.

Los tratamientos que se supone deben funcionar, no lo hacen o no lo suficientemente bien, o te dejan luchando contra los efectos secundarios. Los síntomas empeoran más y más y más, mientras tu médico los descarta e insiste en que estás recibiendo el tratamiento adecuado.

Todo esto ya es bastante malo, pero lo que realmente me molesta es que nos han engañado a todos. Nos han dicho que la depresión, la niebla mental y el aumento de peso son una parte inevitable del envejecimiento; que la pérdida de deseo sexual, la falta de energía y los problemas de memoria son algo con lo que debes aprender a vivir. Nos han engañado diciendo que incluso a los 20 o 30 años debemos esperar sentirnos estresados, desgastados y miserables. El ideal de una salud y un funcionamiento óptimos para cada aspecto de nuestro cuerpo —y de nuestra vida— acaba pareciendo alguna clase de sueño imposible, una fantasía New Age, en lugar de una meta médica totalmente posible, que cada uno de nosotros debería poder alcanzar.

Bien, pues estoy aquí para decirte que una salud radiante y espléndida no es una fantasía. Mis pacientes lo logran todos los días, y tú también puedes hacerlo. Cuando finalmente tu tiroides esté equilibrada, no podrás creer qué tan fabuloso te sientes.

Así que bienvenido a La clave está en la tiroides, el libro que te hará dar un giro para ayudarte a mejorar.

¿Por qué es tan importante tu tiroides?

Cuando tu funcionamiento tiroideo es malo, te sientes pésimo. Cuando es óptimo, te sientes fantástico: revitalizado, lleno de energía, optimista. ¿Cómo puede una pequeña glándula tener efectos tan diversos? ¿Qué le da a tu tiroides tanto poder? De hecho, tu tiroides es absolutamente crítica para cada célula de tu cuerpo. Las células tienen un receptor de hormona tiroidea, lo que significa que ninguna célula puede funcionar sin ella. La hormona tiroidea es como la gasolina para tu auto; necesitas un flujo constante para alimentar cada célula.

Sin embargo, no es suficiente tener “algo” de hormona tiroidea. Cada célula necesita exactamente la cantidad correcta; ni mucha ni poca. ¿Tú crees que Ricitos de Oro era maniática? No tienes idea de lo frenéticas que se pueden poner tus células sin la cantidad óptima de hormona tiroidea. Muy poca, y tu metabolismo se vuelve lento: tienes frío; estás depresivo y constipado; tienes una niebla mental que aturde tu pensamiento y una apatía que mina tu energía; subes de peso por cualquier cosa, y tus hormonas sexuales pueden volverse un desastre. Demasiada hormona tiroidea y tu metabolismo va a la velocidad de la luz: te vuelves nervioso, ansioso; quedas plagado de evacuaciones constantes, incluso diarrea; pierdes peso aun si comes constantemente; tus músculos se sienten débiles, y tus manos empiezan a temblar.

Éstos son extremos dramáticos, pero aun si las cosas no están tan fuera de control, la cantidad equivocada de hormona tiroidea puede volver tu vida una miseria. Es como un saboteador sutil debilitando tu buena salud y tu bienestar gota a gota.

No sólo tu tiroides está involucrada: la glándula tiroides está en el centro de la compleja red de comunicaciones que incluye tu hipotálamo, tu hipófisis, tu tiroides y finalmente cada una de tus células. Este sistema involucra múltiples ciclos de comunicación, creando un flujo constante de información para que, de nuevo, cada una de tus células reciba exactamente la cantidad correcta de hormona tiroidea. La red se llama sistema de señalización de la tiroides, y es tan detallado e intrincado, que opaca al internet.

Este sistema interactúa con todas tus demás hormonas, incluyendo las hormonas de estrés, las sexuales y todas las que permiten a tu cerebro procesar pensamientos y emociones. Cuando tu tiroides está mal, no procesas el estrés adecuadamente; tu desempeño sexual puede verse mermado de muchas formas distintas: deseo sexual disminuido, desempeño sexual perjudicado, irregularidades menstruales, dificultades para embarazarse o conservar un embarazo; tu cerebro también se ve afectado: la disfunción tiroidea tiene un impacto en tus niveles de ansiedad y depresión, así como en tu habilidad para pensar, recordar y concentrarte.

Muy bien, lograr un funcionamiento tiroideo óptimo es ahora tu meta número uno. ¿Cómo lo logras? En la mayoría de los casos debes seguir dos acercamientos al mismo tiempo: necesitas tener una dieta y un estilo de vida sanos —el plan de conexión con la tiroides del método Myers—, pero también es posible que necesites el tratamiento médico adecuado.

El plan de conexión con la tiroides

imagesConsume los nutrientes que tu cuerpo necesita para un funcionamiento tiroideo óptimo: yodo, proteína (para proveerte de tirosina, un aminoácido), selenio, zinc, hierro, vitamina D, vitamina A, ácidos grasos omega-3 y una variedad de vitaminas B.

imagesEvita los alimentos inflamatorios, especialmente gluten y lácteos.

imagesPara condiciones autoinmunes, también evita todos los granos y las leguminosas.

imagesSana tu intestino.

imagesLibera a tu cuerpo de su carga tóxica:

imagesEvita la exposición a las toxinas.

imagesApoya la habilidad natural de tu cuerpo para desintoxicarse.

imagesCura cualquier infección residual que puedas tener, incluyendo las más sutiles, de las que puedes no estar al tanto.

imagesLibera el estrés:

imagesPractica la relajación: respiración pausada, neurorretroalimentación, tanques de flotación, acupuntura, yoga, meditación, sauna, pasa tiempo en la naturaleza, haz algo divertido y placentero, lo que sea que disminuya tu estrés. Haz el ejercicio correcto, nada que sea demasiado extremo o intenso para tu cuerpo.

imagesTen el suficiente sueño reparador cada noche.

Ya sea que tu tiroides esté hipoactiva (hipotiroidismo) o hiperactiva (hipertiroidismo), tu dieta y estilo de vida deberán ser básicamente los mismos (aunque mis recomendaciones de ejercicio son en cierta manera diferentes para cada uno); sin embargo, tu tratamiento médico diferirá ampliamente, así que desglosémoslo.

Si tu tiroides está hipoactiva…

Empecemos por preguntar por qué tu tiroides está trabajando de menos. Hay dos posibilidades básicas: autoinmunidad o algo más.

Si tienes un desorden autoinmune…

Ésta es la forma de disfunción tiroidea más común: una condición autoinmune en la que, con el tiempo, tu sistema inmunológico ataca y destruye tanto tu tiroides, que ésta ya no puede producir suficiente hormona para dar energía a tus células.

Si éste es el problema, nuestra meta es calmar tu sistema inmunológico y hacer que deje de atacar tu tiroides. Lo lograremos por medio de los protocolos de dieta y estilo de vida del método Myers.

Si podemos revertir la disfunción a tiempo, podremos preservar toda o la mayor parte de tu glándula tiroides. Ése es un gran resultado, pues entonces tu tiroides todavía podrá producir la hormona tiroidea que necesitas, y no deberás tomar suplementos hor­monales.

Sin embargo, la mayoría de los médicos convencionales ni siquiera intenta revertir una condición autoinmune; simplemente no creen que sea posible. No sugerirán una dieta y un estilo de vida antinflamatorios, sólo te darán suplementos hormonales tiroideos.

Si ésta es tu situación, tu tiroides puede ya estar parcialmente destruida. Eso, por desgracia, es irreversible; todavía no sabemos cómo regenerar tejido tiroideo. Probablemente sí necesitarás un suplemento hormonal tiroideo, dependiendo del tiempo que has tenido tu condición autoinmune y de cómo hayan sido tu dieta y estilo de vida hasta ahora. En ese caso, nuestra meta es asegurar que tu médico te esté dando exactamente el tipo y la cantidad correctos. (No te preocupes, en la tercera parte aprenderás lo que necesitas precisamente para trabajar de forma eficiente con tu médico.)

Mientras tanto, seguir el plan de conexión con la tiroides ayudará a prevenir un mayor daño a tu tiroides e impedirá que desarrolles otra condición autoinmune. Recuerda, tener una condición autoinmune te vuelve tres veces más propenso a desarrollar otra.

Si no tienes un desorden autoinmune…

Aunque la mayoría de los desórdenes tiroideos es de naturaleza au­toin­mune, hay algunos que no lo son. Si tu tiroides está trabajando de menos, pero no por un desorden autoinmune, éstos son los factores más comunes en juego:

imagesTu glándula tiroides no está recibiendo los nutrientes que necesita para producir hormona tiroidea.

imagesTu cuerpo no está recibiendo los nutrientes que necesita para convertir la hormona tiroidea en una forma activa que tu cuerpo pueda usar realmente.

imagesTu cuerpo no está recibiendo los nutrientes que necesita para permitir a la hormona tiroidea penetrar en tus células.

imagesAlgún otro desequilibrio en tus hormonas de estrés o sexuales está mermando tu funcionamiento tiroideo.

imagesDemasiada hormona tiroidea está ligada a las proteínas en tu sangre, volviéndola inaccesible para tus células.

En estos casos también necesitarás hacer cambios en tu dieta y estilo de vida. Si nunca has tomado suplementos hormonales tiroideos, el plan de conexión con la tiroides del método Myers puede ser suficiente para revertir la disfunción y ayudarte a mejorar. Pero en algunos casos puedes necesitar también los suplementos hormonales, especialmente si ya los estás tomando. En ese caso, de nueva cuenta, nuestra meta es asegurarnos de que tu médico te esté recetando la dosis y el tipo correctos. Es posible que, con el tiempo, seguir el método Myers te deje en tan buena forma, que puedas reducir o eliminar la cantidad de suplementos hormonales tiroideos.

Si tu tiroides es hiperactiva…

Si tienes una tiroides hiperactiva, definitivamente podemos llevarte a un estado de salud óptima. Sólo toma más tiempo —algunas veces mucho más tiempo— que con una tiroides hipoactiva. Como les digo a mis pacientes, tener una tiroides hipoactiva es como intentar convencer a un caballo de salir del corral, mientras que, con una tiroides hiperactiva, el caballo ya salió corriendo y se fue a todo galope. Convencer al caballo lento suele ser más fácil que capturar al más rápido, ¡pero al final podemos terminar con dos caballos bien en­trenados!

Como sucede con el hipotiroidismo, el hipertiroidismo es usualmente —aunque no siempre— de naturaleza autoinmune. Lo sea o no, te sentará bien seguir el plan de conexión con la tiroides, además de que tomarás hierbas que pueden ayudar a calmar tu glándula. Pueden pasar varios meses antes de que tu “caballo desbocado” regrese a un estado óptimo de calma, pero una vez que lo haga podrás disfrutar de una magnífica salud. En ese punto ya no necesitarás tomar las hierbas, pero en todos los casos deberás continuar con el método Myers, especialmente si tienes una condición autoinmune. También necesitarás seguir trabajando con tu médico para que revise tus análisis y vigile tu progreso, en especial porque una tiroides hiperac­tiva conlleva una gran cantidad de riesgos, incluyendo osteoporosis, arrit­mia y falla cardiaca. Mientras tanto, el método Myers puede ayudar a prevenir otro desorden autoinmune y dar apoyo a tu tiroides y a todo tu cuerpo.

Grandes esperanzas: ¿qué tan bien puedes estar?

Si tienes una tiroides hipoactiva…

Una vez que estés tomando la dosis y el tipo correcto de suplemento hormonal tiroideo, ¡vaya que tu condición mejorará!, especialmente si haces la dieta y los cambios de estilo de vida que apoyan un fun­cionamiento y una salud óptimos: el exceso de peso desaparece como por arte de magia, tu energía ausente vuelve a fluir, tu niebla mental se evapora, tu cabello deja de caerse y se vuelve más grueso y hermoso que nunca antes, tu depresión y tu ansiedad se van, tu deseo y desempeño sexual vuelven a la normalidad, te sientes vital, poderoso, atento y enfocado, irradiando la clase de salud esplendorosa que es tu derecho de nacimiento. Todo lo que necesitas son algunos cambios sencillos, aunque parezca un milagro de la medicina.

Si tienes una tiroides hiperactiva…

Este proceso es más lento, pero con el tiempo, el cambio es igual de asombroso. Puede tardar varios meses o incluso más para que tu salud mejore, pero con el tratamiento correcto, finalmente podrás librarte de los ataques de pánico, del corazón acelerado y de las manos temblorosas. Podrás dormir de nuevo, relajarte de nuevo, concentrarte de nuevo y disfrutar de la vida. Te sentirás mucho más que increíble: tranquilo y con energía, vital y relajado, con una salud boyante y confiable. Tu viaje puede tomar más, pero cuando finalmente llegues a un estado de salud sorprendente, disfrutarás de tu propio milagro médico.

Los siete mitos principales sobre la tiroides

En la segunda parte de este libro te daré una explicación exhaustiva sobre tu tiroides y tu sistema inmunológico. En la tercera parte aprenderás lo que la mayoría de los médicos pasa por alto y obtendrás todo lo que necesitas para trabajar más eficientemente con tu doctor. En la cuarta parte encontrarás cómo el plan de conexión con la tiroides puede ayudarte a revertir tus síntomas y apoyar tu cuerpo con un protocolo de dieta y estilo de vida comprobados.

Pero no quiero que tengas que esperar tanto para romper con los mitos desmoralizantes que rodean la disfunción tiroidea. Quiero que tengas algunos hechos sólidos a tu disposición desde ahora. Cuando tu médico te dice que no tienes un problema tiroideo y que te está tratando adecuadamente, puede ser realmente difícil creer lo opuesto. Cuando varios médicos están de acuerdo en que no tienes una disfunción tiroidea, es todavía más difícil contradecirlos. ¡La sabiduría convencional es una bestia muy poderosa!

Bien, es tiempo de matar a la bestia y liberarte de los mitos de la tiroides. Sólo porque muchas personas creen algo no quiere decir que sea verdad, y que muchos médicos crean algo no lo vuelve más verdadero. En mi primer libro, The Autoimmune Solution, relaté la historia de Ignaz Semmelweis, el médico húngaro que intentó convencer a sus compañeros médicos durante décadas de lavarse las manos entre partos para que no transmitieran gérmenes de una madre a otra. Se necesitaron más de 50 años para que esta noción moderna se volviera la norma, aun cuando su razonamiento nos parezca tan obvio ahora. Creo que en 50 años —esperemos que menos— estos mitos comunes sobre la tiroides parecerán igual de extraños como no lavarnos las manos. Pero quiero que tengas esta información ahora, así que empecemos:

Mito 1: Subir de peso, perder energía y tener poco deseo sexual son partes comunes del proceso de envejecimiento, y no hay mucho que puedas hacer al respecto.

Realidad: Estos síntomas suelen ser indicadores de disfunción tiroidea y hay mucho que puedes hacer al respecto.

Aquí es donde la medicina funcional es simplemente mucho mejor que la medicina convencional. Esta última tiende a ver el declive como inevitable y asume que el cuerpo se rompe naturalmente con la edad. Por supuesto, eso es cierto, pero hasta cierto punto, no necesariamente al grado en que la medicina convencional quiere que creas. De hecho, si apoyas el funcionamiento óptimo de tu cuerpo (si sabes lo que cada órgano y cada sistema necesitan para funcionar bien), puedes mantener un metabolismo activo, un deseo sexual vigoroso y un peso esbelto y sano, sin mencionar una fuente de energía fuerte y constante durante toda tu vida. Sí, puedes bajar la velocidad un poco con cada década, pero sólo un poco, pues la edad no es realmente el problema, sino el funcionamiento.

El problema es que la mayoría de las personas no sabe cómo apoyar el funcionamiento óptimo de su cuerpo y, por ende, cuando envejece, su funcionamiento empieza a colapsarse. Sin embargo, eso no es la edad, es una mala dieta; un intestino permeable; demasiadas toxinas de un mundo que está sobrecargado de metales pesados, químicos industriales y alimentos procesados; infecciones subyacentes; poco ejercicio o la clase de ejercicio equivocada, y demasiado estrés acumulado. Un exceso de medicamentos aumenta el abuso a tu cuerpo, incluyendo los antibióticos; los cuales, por cierto, afectan el funcionamiento intestinal y destruyen todas las bacterias buenas mientras promueven el aumento de peso, entre otros problemas.

La buena noticia, sin embargo, es que todo este mal funcionamiento puede corregirse por medio de decisiones más sanas, lo que es particularmente más emocionante para cualquiera con una disfunción tiroidea, un desorden autoinmune o ambos. Puedes mejorar tu funcionamiento y eliminar tus síntomas, y puedes lograrlo a cualquier edad. Nunca tendré el placer de conocer a la mayoría de ustedes, pero puedo ofrecerles el beneficio de mi experiencia en las páginas de este libro.

Mito 2: Estás en la perimenopausia o la menopausia, o acabas de tener un bebé, y la niebla mental, la depresión, el aumento de peso, los problemas hormonales y en general sentirte desgraciada son lo normal en este momento. El mejor tratamiento son pastillas anticonceptivas o remplazo hormonal.

Realidad: La disfunción tiroidea comienza frecuentemente cuando se acerca la menopausia o después de tener un bebé, pero el tratamiento adecuado puede hacer que te sientas optimista y enfocada, mientras mantienes un peso sano.

Una de las cosas que me enojan más sobre la medicina convencional es lo pesimistas que parecen los médicos convencionales sobre los prospectos de sus pacientes. ¡Aceptan mucho menos para sus pacientes de lo que yo estoy dispuesta a aceptar para los míos! Quiero que estés radiante y lleno de energía, esbelto y fuerte, y mentalmente lúcido mientras te sientes tranquilo y feliz. Sé que puedes lograrlo si tu tiroides está recibiendo el apoyo que necesita, al igual que el resto de tu cuerpo.

Muchos de los síntomas que parecen causados por hormonas femeninas tienen sus raíces en una tiroides enferma. Cierto, los cambios hormonales del embarazo, el parto y la menopausia suelen provocar una disfunción tiroidea, pero a veces es un funcionamiento tiroideo defectuoso lo que provoca la crisis de hormonas sexuales. De cualquier forma, cuando veo a una paciente con problemas de hormonas femeninas, me aseguro de revisar su tiroides también, y casi inevitablemente un tipo de problema hormonal conlleva otro. Esto significa que debemos tratar tanto la tiroides como los problemas de estrógenos y progesterona; de lo contrario, es probable que el sistema no tratado empeore al otro.

Así que, si estás cerca de la menopausia, o en ella, o lidiando con problemas de posparto, no asumas que no tienes también una disfunción tiroidea. Es enteramente posible que puedas resolver tus problemas de hormonas femeninas mediante un tratamiento de tiroides y del método Myers sin haber tomado nunca una pastilla anticonceptiva o remplazo de estrógenos.

Incluso si necesitas un tratamiento de remplazo de hormonas bioidénticas, lo más seguro es que esté incompleta sin la atención adecuada a tu tiroides, tu dieta y tu estilo de vida. Quédate tranquila con saber que resolver la disfunción tiroidea y apoyar la salud general de tu cuerpo hará una inmensa diferencia en cada una de tus hormonas.

Mito 3: La dieta no afecta tu tiroides.

Realidad: Por supuesto que sí, especialmente si tu disfunción tiroidea tiene un componente autoinmune.

Como aprenderás en la segunda parte, un aspecto significativo de las condiciones autoinmunes es el fenómeno conocido como mimetismo molecular. Eso es lo que puede ocasionar que tu sistema inmunológico se confunda entre un tipo de alimento y una parte de tu cuerpo.

Demos un paso hacia atrás y consideremos el problema de la sensibilidad alimentaria. Esto ocurre cuando tu sistema inmunológico decide que un alimento en particular es peligroso para tu cuerpo. El gluten —un grupo de proteínas encontrado en el trigo, la cebada, el centeno y muchos otros granos— suele provocar este tipo de sensibilidad. Cuando tu sistema inmunológico confunde el gluten como un invasor peligroso, moviliza un ataque de químicos asesinos cada vez que consumes un alimento con gluten. El pan, la pasta y los alimentos horneados son los que contienen más comúnmente gluten, pero éste también se utiliza como conservador y para espesar, así que puedes encontrarlo en un número importante de alimentos y salsas preparados y empaquetados.

Esta reacción violenta a una invasión de gluten puede provocarte efectos secundarios, como una nariz constipada, niebla mental, dolor de articulaciones, fatiga, erupciones en la piel, dolor de cabeza, indigestión u otra respuesta al intento de tu cuerpo de combatir al enemigo. Sin embargo, dado que la estructura molecular del gluten parece ser similar a la estructura de una célula tiroidea, consumir gluten también puede provocar un ataque a tu tiroides.

Ésa es la razón de que, cuando hago que mis pacientes de tiroides dejen totalmente el gluten, vemos una mejoría inmediata en su funcionamiento tiroideo y un descenso severo en sus anticuerpos tiroideos (indicadores de que el sistema inmunológico está listo para atacar la tiroides). La dieta hace totalmente la diferencia en su funcionamiento tiroideo, y si tienes una disfunción tiroidea autoinmune, hará una gran diferencia en tu salud general y en todo tu sistema inmunológico también.

En la cuarta parte aprenderás muchas otras formas en las que el funcionamiento tiroideo se ve afectado por la dieta. En la quinta parte tendrás la oportunidad de poner en acción el plan de conexión con la tiroides, así que podrás ver por ti mismo qué diferencia tan significativa puede hacer una dieta.

Mito 4: La salud de tu intestino no afecta tu tiroides.

Realidad: La salud intestinal es uno de los factores más importantes que afectan tu tiroides.

Aunque la salud intestinal es importante por muchas razones, es absolutamente vital para tratar y prevenir las condiciones autoinmunes. Después de todo, casi 80% de tu sistema inmunológico se encuentra justo del otro lado de tu pared intestinal. Si a tu pared intestinal le falta integridad —si toxinas y alimentos parcialmente digeridos se cuelan por ella—, tu sistema inmunológico recibirá el golpe. Como veremos en la segunda parte, puede provocar una condición autoinmune y un número de otros síntomas también. Mis pacientes con enfermedades autoinmunes —incluyendo la enfermedad de Hashimoto y de Graves— se sienten inmediatamente mejor cuando su intestino empieza a sanar.

Aprenderás más sobre la importancia de tu intestino en la segunda y en la cuarta parte, y en la quinta tendrás la oportunidad de descubrir si tienes una o ambas de las infecciones intestinales más comunes: sobrecrecimiento de levadura (conocida como Candida) y sobrecrecimiento de bacterias en el intestino delgado (SBID). De ser así, aprenderás cómo tratarlos y prevenirlos. También verás qué tan rápido te ayuda el plan de conexión con la tiroides a sanar tu intestino, el cual provee gran parte de tu salud general y la de tu tiroides. Por ahora, déjame decir nuevamente que éste es un aspecto de la salud que la medicina convencional tiende a ignorar. La medicina funcional, en contraste, se enfoca en la salud intestinal como el centro de tu bienestar general.

Mito 5: En estos días todos estamos estresados y dormimos poco. Ése es el problema, no un mal funcionamiento tiroideo.

Realidad: El estrés y los problemas de sueño nos causan muchos problemas, en parte por la forma en que interfieren con el funcionamiento tiroideo.

Como verás en la cuarta parte, estaré muy pendiente de tus hábitos de sueño y también haré hincapié en el problema del estrés. Si no tienes suficiente sueño reparador cada noche, tu tiroides sufrirá, y también tu sistema inmunológico. Si no encuentras formas de liberar el estrés, será doblemente malo. Tener un buen descanso y desestresarte son cruciales en el método Myers y en cualquier tratamiento efectivo de la tiroides y la disfunción autoinmune.

Sin embargo —y esto es muy importante—, puede que estés luchando con el sueño y el estrés porque tu tiroides está fuera de equilibrio. Cuando tu tiroides no funciona bien, todo tu cuerpo lo padece. Es un círculo vicioso, un callejón sin salida. Como aprenderás en la segunda parte, cada una de las células de tu cuerpo necesita hormona tiroidea para encenderse. Mientras que el sueño es una experiencia relajante y maravillosa, crear un sueño sano requiere cierta cantidad de trabajo de tu cerebro. Si tu cerebro no tiene suficiente hormona tiroidea, puede que no sea capaz de organizar el sueño.

De la misma manera, tu tiroides y tus glándulas suprarrenales —las cuales producen las hormonas de estrés— están relacionadas íntimamente. Así que, si tu tiroides se encuentra desequilibrada, tu funcionamiento suprarrenal también estará mal. Puede que tengas menos reservas para lidiar con el estrés, una tendencia mayor para explotar con nimiedades o una total falta de motivación y entusiasmo. Lo que es peor, tus hormonas de estrés pueden sobrecompensar por una baja hormona tiroidea, manteniéndote tenso hasta muy entrada la noche. Entonces, el insomnio, la irritabilidad, la apatía y el nerviosismo suelen deberse a una disfunción tiroidea, así como a una disfunción suprarrenal, por lo que darte la cantidad correcta de suplementos hormonales tiroideos puede hacer un mundo de diferencia.

Por último, los problemas de sueño y de estrés pueden resultar de una dieta y un estilo de vida pobres. Si no estás dándole a cada órgano, glándula y sistema lo que necesitan para funcionar; si tu cuerpo está sobrecargado con toxinas; si nunca liberas tu estrés, tu sueño y tus niveles de estrés se alterarán, junto con tu tiroides y tus glándulas suprarrenales. Y es así que un funcionamiento tiroideo y suprarrenal pobre sólo empeorará todo. Es un círculo vicioso; pero tienes el poder de romperlo. Ayuda a tu tiroides y a tus glándulas suprarrenales con el plan de conexión con la tiroides y te sorprenderá cómo se disuelven tus problemas de sueño y de estrés.

Mito 6: Si te sientes deprimido, ansioso, sin motivación o apático, es depresión, no disfunción tiroidea.

Realidad: Un funcionamiento tiroideo pobre genera depresión, ansiedad y falta de motivación, problemas que frecuentemente se resuelven o al menos se mejoran por medio de un tratamiento efectivo para la tiroides.

Soy la primera en estar de acuerdo en que la depresión es una condición compleja, al igual que la ansiedad, la niebla mental y la pér-dida de motivación. Pueden estar involucrados muchos factores, una mezcla intrincada de lo físico y lo psicológico. Una vez dicho esto, es extraordinario lo mucho que tu cuerpo puede afectar tu estado de ánimo, e incluso más extraordinario el impacto que la dosis correcta de suplemento hormonal tiroideo puede tener sobre tus habilidades para procesar las emociones. Lo he visto una y otra vez: pacientes que están seguros de que sufrirán depresión toda su vida —incluyendo pacientes con una historia familiar de depresión— notan una transformación completa en su estado de ánimo tan pronto como se ajustan adecuadamente sus hormonas tiroideas.

Otro aspecto significativo de la depresión, la ansiedad y la niebla mental es la salud intestinal. Después de todo, 95% de tu serotonina —un antidepresivo natural crucial— se crea en el intestino. Cuando tus niveles de serotonina están bajos, te sientes ansioso, deprimido y pesimista, y puedes también lidiar con problemas de sueño. Cuando tus niveles de serotonina son óptimos, te sientes tranquilo, optimista, seguro de ti mismo y fuerte. Un aspecto clave del plan de conexión con la tiroides es sanar tu intestino, y eso también hará mucho por curar la depresión y la ansiedad, mientras se mejora significativamente el funcionamiento cerebral.

Así que, si estás luchando contra la depresión, la ansiedad, la niebla mental o una falta de motivación en general, por favor, por favor, por favor, considera que tu tiroides puede estar jugando un papel significativo en tu condición. Usa este libro. Trabaja con tu médico. Consigue el mejor diagnóstico y el mejor tratamiento posibles. Es probable que te sorprenda lo rápido que emerges a un mundo más claro y brillante.

Mito 7: Cuando te sientes “x” o mal, por lo general no hay nada que puedas hacer.

Realidad: Si comprendes cómo apoyar el funcionamiento de tu cuerpo, casi siempre puedes pasar de mal a magnífico.

Aunque dejé este mito al final, es probablemente el más importante de todos y el que quisiera que tuvieras más presente. Muchos problemas no aparecen en el radar de la medicina convencional; tu cuerpo puede estar funcionando dentro del rango referencial básico, pero te sientes fatal de todos modos. Muchos problemas que sí aparecen son casi imposibles de tratar con medicina convencional, excepto quizá con medicamentos que suelen causar sus propios problemas. La mayoría de los médicos convencionales simplemente no considera un problema genuino que te sientas menos que magnífico.

Pero yo sí, y lo considero un gran problema. Yo sé que si no te sientes de maravilla —lleno de energía, vital, con la mente clara y un peso sano—, entonces alguna parte del funcionamiento de tu cuerpo está mal. Tal vez tu tiroides no funciona bien, o tus hormonas sexuales están desequilibradas, o tus suprarrenales no tienen el desempeño que debieran. Lo más seguro es que tu intestino haya perdido parte de su integridad y esté empezando a permear. Estos problemas afectan tus neurotransmisores, tu sistema inmunológico, tus articulaciones, tus músculos y cada uno de tus órganos. Ese pequeño problema —“simplemente no me siento bien gran parte del tiempo”— indica problemas mucho más grandes a lo largo de toda tu anatomía.

Tal vez puedas soportar no sentirte tan bien durante muchos años, o quizá, tarde o temprano, “no tan bien” se vuelva enfermedad cardiaca, diabetes, una condición autoinmune u otro tipo de desorden crónico.

Tener una disfunción tiroidea puede volver tu vida una miseria. Cuando tu tiroides funciona bien, te sientes concentrado, con energía y completamente vivo. Escribí este libro para ayudarte a llegar ahí, para darte una visión detallada de cómo trabaja tu tiroides, qué puede estar mal y cómo corregirlo. Parte de esto puedes corregirlo trabajando con tus médicos, y parte puedes hacerlo tú solo. De cualquier forma, quiero que recibas la ayuda que necesitas para cambiar ese “no tan bien” por un “¡magnífico!” Quiero que tengas el apoyo que mereces para asegurar que tu tiroides, tu intestino, tu sistema inmunológico y todas las otras partes de tu anatomía funcionen totalmente bien. Eso es lo que te mantiene esbelto, con energía, radiante y optimista, y es la salud óptima a la que tienes derecho desde que naciste.