El 8 de abril de 1997 salió a la venta Padre rico, padre pobre. Imprimimos mil ejemplares pensando que esa cantidad nos duraría por lo menos un año. Después de vender un millón de copias sin gastar un dólar en publicidad formal, el éxito de Padre rico, padre pobre y El cuadrante del flujo de dinero continúa sorprendiéndonos.
La Guía para invertir de mi padre rico es una manera de agradecer su ayuda para que Padre rico, padre pobre y El cuadrante del flujo de dinero hayan sido tan exitosos.
Hemos hecho muchos nuevos amigos por medio de este éxito, y algunos de ellos han contribuido al desarrollo de este libro. Las siguientes personas son amigos, antiguos y nuevos, a quienes deseamos agradecer personalmente por su contribución a este libro. Si usted no está en esta lista, y ha ayudado de alguna manera, por favor disculpe que lo hayamos pasado por alto y sepa que también le agradecemos.
Por su apoyo tanto técnico como moral agradecemos a Diane Kennedy, contadora; Rolf Parta, contador; doctora Ann Nevi, psicóloga educativa; Kim Butler, asesor financiero; Frank Crerie, banquero de inversión; Rudy Miller, empresario capitalista; Michael Lechter, abogado especializado en propiedad intelectual; Chris Johnson, abogado especializado en valores; doctor Van Tharp, psicólogo especializado en inversionistas; Craig Coppola, bienes raíces comerciales; doctor Dolf DeRoos, inversión en bienes raíces; Bill y Cindy Shopoff, inversión en bienes raíces; Keith Cunningham, reestructuración corporativa; Wayne y Lynn Morgan, educación en bienes raíces; Hayden Hollan, fideicomisos; Larry Clark, empresario en bienes raíces; Marty Weber, empresario social; Tom Weisenborn, corredor de bolsa; Mike Wolf, empresario; John Burley, inversionista en bienes raíces; doctor Paul Johnson, profesor de negocios de la Universidad Thunderbird; The American School of International Management; Carolita Ontiveros, profesora de la Universidad de Arizona y la Universidad Thunderbird; Larry Gutsch, asesor de inversiones; Liz Berkenkamp, asesora de inversiones; John Milton Fogg, publicaciones; Dexter Yager y la familia de internet Services; John Addison, Trish Adams, banqueros hipotecarios; Bruce Whiting, contador, Australia; Michael Talarico, inversionista en bienes raíces, Australia; Harry Rosenberg, contador, Australia; doctor Ed Koken, asesor financiero, Australia; John Hallas, dueño de negocio, Australia; Dan Osborn, asesor de cambio de divisas, Australia; Nigel Brunel, operador bursátil, Australia; David Reid, abogado especializado en valores, Canadá; Thomas Allen, abogado especializado en valores, Canadá; Kelvin Dushnisky, consejero general, Canadá; Alan Jacques empresario, Canadá; Raymond Aaron, empresario, Canadá; Dan Sullivan, empresario, Canadá; Brian Cameron, valores, Canadá; Jannie Tay, inversión en negocios, Singapur; Patrick Lim, inversión en bienes raíces, Singapur; Dennis Wee, inversión en bienes raíces, Singapur; Richard y Verónica Tan, empresarios, Singapur; Bellum y Doreen Tan, empresarios, Singapur; C. K. Teo, empresario, Singapur; Nazim Kahn, abogado, Singapur; K. C. See, empresario, Malasia; Siew Ka Wei, empresario, Malasia; Kevin Stock, Sara Woolard, Joe Sposi, Ron Barry, Loral Langemeier, Mary Painter y Kim Arries.
Con profundo aprecio y nuestro cariñoso recuerdo, agradecemos a Cynthia Oti. Cynthia fue comentarista de finanzas para la estación de radio KSFO de San Francisco, California; corredora de bolsa, compañera maestra, y lo que es más importante, nuestra amiga. En verdad la extrañaremos.
Nuestra lista no estaría completa si no agradeciéramos a los miembros del increíble equipo que tenemos en CASHFLOW Technologies.
Gracias.
Robert T. y Kim Kiyosaki
Sharon L. Lechter
El consejo de un padre sobre invertir:
Hace muchos años le pregunté a mi padre rico:
“¿Qué consejo le darías a un inversionista promedio?”
Su respuesta fue: “Que no sea promedio.”
La mayoría de nosotros hemos escuchado sobre la regla de 80-20. En otras palabras, 80 por ciento de nuestro éxito proviene de 20 por ciento de nuestros esfuerzos. Esa regla, creada por el economista italiano Wilfrido Pareto en 1897, es también conocida como “el principio del menor esfuerzo”.
Mi padre rico estaba de acuerdo con la regla de 80-20 respecto al éxito en general en todas las áreas, excepto en lo relacionado con el dinero. Cuando se trataba de dinero, él creía en la regla de 90-10. Mi padre rico se dio cuenta de que 10 por ciento de la gente tenía 90 por ciento del dinero. Señaló que en el mundo de las películas, 10 por ciento de los actores ganaban 90 por ciento del dinero. También advirtió que 10 por ciento de los atletas ganaban 90 por ciento del dinero, igual que 10 por ciento de los músicos. La misma regla del 90-10 se aplica al mundo de la inversión, por lo que su consejo a los inversionistas era: “No sea promedio.” Un artículo publicado recientemente en The Wall Street Journal confirmó su opinión. El artículo afirmaba que 90 por ciento de las acciones de las empresas de Estados Unidos eran propiedad de 10 por ciento de la gente.
Este libro explica cómo algunos de los inversionistas de ese 10 por ciento han ganado 90 por ciento de la riqueza, y cómo puede usted hacer lo mismo.
La Comisión de Valores y Transacciones (Securities and Exchange Comission, o SEC por sus siglas en inglés) de Estados Unidos define a un individuo como un inversionista acreditado si tiene:
• 200 mil dólares o más de ingreso anual, o
• 300 mil dólares o más de ingreso anual como pareja, o
• un millón de dólares o más como patrimonio neto.
La SEC estableció esos requisitos para proteger al inversionista promedio de algunas de las peores y más riesgosas inversiones del mundo. El problema es que esos requisitos para los inversionistas también apartaron al inversionista promedio de algunas de las mejores inversiones del mundo, lo cual constituye una razón por la que el consejo de mi padre rico al inversionista promedio era: “No sea promedio.”
Este libro comienza con mi regreso de Vietnam en 1973. Yo tenía menos de un año de haber sido liberado de mis deberes con el Cuerpo de Marines. Eso significaba que en menos de un año yo me quedaría sin empleo y no tendría dinero ni activos. De manera que este libro comienza en un punto que muchos de ustedes quizá reconocen y ese punto es el de comenzar sin nada.
Escribir este libro ha constituido un desafío. Lo he escrito y reescrito cuatro veces. El primer borrador comenzó en el nivel de inversionista acreditado de la SEC, el nivel que comienza con un ingreso anual mínimo de 200 mil dólares. Después de haber terminado el libro por primera vez, fue Sharon L. Lechter, mi coautora, quien me recordó la regla de 90-10 sobre el dinero de mi padre rico. Sharon dijo: “Aunque este libro trata acerca de las inversiones que realizan los ricos, la realidad es que menos de 10 por ciento de la población de Estados Unidos gana más de 200 mil dólares al año. De hecho, creo que menos de tres por ciento gana suficiente para calificar como inversionista acreditado.” De manera que el desafío de este libro consistía en escribir acerca de las inversiones que realizan los ricos, inversiones que comienzan con un requisito mínimo de 200 mil dólares en ganancias, y aun así agregar a todos los lectores sin importar si tienen o no dinero para invertir. Ése era un gran desafío y fue la razón por la que fue necesario escribir y reescribir este libro en cuatro ocasiones.
Ahora comienza en los niveles más básicos de inversionista y asciende a los niveles más sofisticados. En vez de comenzar en el nivel de inversionista acreditado, el libro comienza ahora en 1973 porque fue entonces cuando yo no tenía empleo, dinero ni activos. Se trata de un punto en la vida que muchos hemos compartido. Todo lo que yo tenía en 1973 era el sueño de que algún día sería muy rico y me convertiría en un inversionista que calificaría para realizar las inversiones de los ricos. Inversiones de las que han escuchado muy pocas personas, sobre las que se escribe poco en los periódicos financieros, y que se venden en el mercado informal por los corredores de inversiones. Este libro comienza cuando yo no tenía nada más que un sueño y la guía de mi padre rico para convertirme en un inversionista que pudiera realizar las inversiones de los ricos.
Así que sin importar si usted tiene poco o mucho dinero para invertir, y sin importar si usted sabe poco o mucho acerca de inversiones, este libro debe ser de interés para usted. Está escrito de la manera más sencilla posible acerca de un tema muy complejo. Está escrito para incluir a cualquier persona interesada en convertirse en un inversionista mejor informado, sin importar cuánto dinero tenga.
Si éste es su primer libro sobre inversiones y a usted le preocupa que pudiera ser demasiado complicado, por favor no se preocupe. Todo lo que Sharon y yo le pedimos es que tenga la disposición para aprender y que lea este libro de principio a fin con la mente abierta. Si hay partes del libro que usted no comprende, entonces sólo lea las palabras, pero siga hasta el final. Incluso si usted no lo comprende todo, tan sólo con leer este libro hasta el final sabrá más acerca del tema de inversión que mucha gente que actualmente invierte en el mercado. De hecho, al leer todo el libro, usted sabrá mucho más sobre inversiones que muchas personas que ofrecen servicios de asesoría sobre inversiones y a quienes les pagan por hacerlo. Este libro comienza de lo sencillo y va a lo sofisticado sin entretenerse demasiado en los detalles y los aspectos complejos. En muchos sentidos comienza de manera sencilla y sigue de manera sencilla, a pesar de que aborda algunas estrategias de inversión muy sofisticadas. Ésta es la historia de un hombre rico que guía a un hombre joven, con ilustraciones y diagramas que ayudan a explicar el —a menudo desconcertante— tema de las inversiones.
Mi padre rico admiraba el descubrimiento de la regla de 80-20 del economista italiano Wilfrido Pareto, también conocida como “el principio del menor esfuerzo”. Sin embargo, cuando se trataba de dinero, mi padre rico prefería la regla de 90-10, que significaba que 10 por ciento de la gente siempre gana 90 por ciento del dinero.
El ejemplar del 13 de septiembre de 1999 de The Wall Street Journal publicó un artículo que apoyaba el punto de vista de mi padre rico sobre la regla de 90-10 del dinero. Una parte del artículo decía:
A pesar de todo lo que se dice acerca de los fondos de inversión para las masas, acerca de peluqueros y limpiabotas que proporcionan consejos de inversión, el mercado de valores sigue siendo el espacio privilegiado de un grupo relativamente elitista. Sólo 43.3 por ciento de los hogares eran propietarios de alguna acción en 1997, el último año sobre el que hay información disponible, de acuerdo con el economista Edward Wolf, de la Universidad de Nueva York. De ellos, muchos portafolios son relativamente pequeños. Cerca de 90 por ciento de todas las acciones eran propiedad de 10 por ciento más rico de los hogares. Lo importante es que ese 10 por ciento superior era dueño de 73 por ciento de la riqueza total del país en 1997, en contraste con 68 por ciento en 1983.
En otras palabras, a pesar de que más gente está invirtiendo actualmente, los ricos continúan volviéndose más ricos. En lo que se refiere a las acciones bursátiles, la regla de 90-10 del dinero es verdadera.
Personalmente estoy preocupado porque cada vez más familias están contando con sus inversiones para subsistir en el futuro. El problema es que mientras mucha gente está invirtiendo, muy pocos de ellos son inversionistas bien educados. Si el mercado se desploma —o cuando el mercado se desplome—, ¿qué ocurrirá con todos esos nuevos inversionistas? El gobierno federal de Estados Unidos asegura nuestros ahorros contra pérdida catastrófica, pero no asegura nuestras inversiones. Por eso, cuando le pregunté a mi padre rico: “¿Qué consejo le darías a un inversionista promedio?”, su respuesta fue: “Que no sea promedio.”
Yo cobré conciencia del tema de la inversión cuando sólo tenía 12 años de edad. Hasta entonces el concepto de la inversión no estaba en mi mente en realidad. Tenía en mente el beisbol y el futbol, pero no la inversión. Yo había escuchado la palabra, pero no le había prestado mucha atención hasta que vi lo que el poder de la inversión podía hacer. Recuerdo que caminaba por una pequeña playa con el hombre al que llamo “mi padre rico” y con su hijo Mike, mi mejor amigo. Mi padre rico nos mostraba a su hijo y a mí una propiedad inmobiliaria que había comprado recientemente. A pesar de que yo sólo tenía 12 años de edad, me daba cuenta de que mi padre rico había adquirido una de las propiedades más valiosas de nuestro pueblo. Aunque yo era joven, sabía que la propiedad junto al océano, frente a una playa arenosa, era más valiosa que una propiedad sin playa. Mi primer pensamiento fue: “¿Cómo puede pagar el padre de Mike una propiedad tan cara?” Me paré en ese lugar, con las olas bañando mis pies, mirando a un hombre de la misma edad que mi verdadero padre, que estaba haciendo una de las inversiones financieras más importantes de su vida. Yo estaba asombrado de que pudiera pagar ese terreno. Yo sabía que mi padre ganaba mucho dinero porque era un funcionario gubernamental que recibía un salario más alto. Pero también sabía que mi verdadero padre nunca podría comprar un terreno junto al océano. Así que, ¿cómo podía pagar el padre de Mike ese terreno cuando mi padre no podía hacerlo? Yo no sabía que mi carrera como inversionista profesional había comenzado en el momento en que me di cuenta del poder implícito en la palabra “invertir”.
Cuarenta años después de aquella caminata por la playa con mi padre rico y su hijo Mike, ahora hay personas que me formulan las mismas preguntas que yo comencé a formularme ese día. En las clases sobre inversión que ofrezco, la gente me hace preguntas similares a las que yo comencé a hacer a mi padre rico; preguntas como:
1. ¿Cómo puedo invertir cuando no tengo dinero?
2. Tengo 10 mil dólares disponibles. ¿En qué recomienda que invierta?
3. ¿Me recomienda que invierta en bienes raíces, fondos de inversión o acciones bursátiles?
4. ¿Puedo comprar bienes raíces o acciones sin dinero?
5. ¿Se necesita dinero para ganar dinero?
6. ¿No es riesgoso invertir?
7. ¿Cómo obtiene rendimientos tan altos con bajo riesgo?
8. ¿Puedo invertir con usted?
Hoy en día cada vez más gente comienza a darse cuenta del poder oculto en la palabra “invertir”. Muchos quieren averiguar cómo adquirir ese poder para sí mismos. Después de leer este libro, mi intención es que muchas de esas preguntas tengan respuesta, y si no la tienen, debe inspirarlo a investigar más y encontrar las respuestas que funcionen para usted. Lo más importante que mi padre rico hizo por mí hace 40 años fue atizar mi curiosidad sobre el tema de la inversión. Mi curiosidad fue alimentada cuando me di cuenta de que el padre de mi mejor amigo, un hombre que ganaba menos dinero que mi verdadero padre, al menos al comparar sus sueldos, podía realizar inversiones que sólo podían hacer los ricos. Me di cuenta de que mi padre rico tenía un poder que mi padre verdadero no tenía, y yo quería tener también ese poder.
Muchas personas tienen miedo de ese poder, permanecen lejos de él y muchas de ellas incluso son sus víctimas. En vez de alejarme de ese poder o condenarlo al decir cosas como: “Los ricos explotan a los pobres”, o “invertir es riesgoso”, o “no estoy interesado en volverme rico”, me volví curioso. Fueron mi curiosidad y mi deseo de adquirir poder, conocimiento y habilidades los que me empujaron a recorrer un camino en la vida de investigación y aprendizaje.
Aunque este libro quizá no le proporcione todas las respuestas técnicas que quisiera, la intención es ofrecerle una perspectiva sobre la manera en que los individuos que se han vuelto más ricos ganaron su dinero y continuaron adquiriendo una gran riqueza. Parado en la playa a la edad de 12 años, mirando la propiedad inmobiliaria recién adquirida por mi padre rico, mi mente se abrió al mundo de posibilidades que no existían en mi casa. Me di cuenta de que no fue el dinero lo que convirtió a mi padre rico en un inversionista rico. Me di cuenta de que mi padre rico tenía un patrón de pensamiento que era casi exactamente el opuesto y que a menudo contradecía el pensamiento de mi verdadero padre. Me di cuenta de que necesitaba comprender el patrón de pensamiento de mi padre rico si quería tener el mismo poder financiero que él tenía. Supe que si yo pensaba como él, sería rico siempre. Supe que si no pensaba como él, nunca sería realmente rico, sin importar cuánto dinero tuviera. Mi padre rico había invertido recientemente en una de las propiedades inmobiliarias más caras de nuestro pueblo y él no tenía dinero. Me di cuenta de que la riqueza era una manera de pensar y no una cantidad de dólares en el banco. Es este patrón de pensamiento de los inversionistas ricos lo que Sharon y yo deseamos transmitirle en este libro, y la razón por la que lo hemos reescrito cuatro veces.
Parado en la playa hace 40 años, finalmente reuní el valor para preguntarle a mi padre rico: “¿Cómo puedes pagar la compra de estos 10 acres de terreno muy caro junto al océano, cuando mi padre no puede pagarlo?” Mi padre rico puso entonces su mano en mi hombro y me dio una respuesta que nunca olvidaré. Con su brazo apoyado en mi hombro, dimos vuelta y comenzamos a caminar por la playa junto a las olas; comenzó a explicarme los aspectos fundamentales de la manera en que él pensaba acerca del dinero y la inversión. Su respuesta inició con: “Yo tampoco puedo pagar este terreno. Pero mi negocio puede hacerlo.” Caminamos por la playa por cerca de una hora ese día; mi padre rico al centro, con su hijo a un lado y conmigo al otro. Mis lecciones sobre inversión habían comenzado.
Hace unos años yo impartía un curso de tres días sobre inversión en Sydney, Australia. Pasé el primer día y medio analizando los detalles de la creación de un negocio. Finalmente, un participante frustrado levantó su mano y dijo: “Yo vine a aprender acerca de inversión. ¿Por qué pasa tanto tiempo en el tema de los negocios?”
Mi respuesta fue:
Existen dos razones. La número uno es porque en lo que invertimos en última instancia es un negocio. Si usted invierte en acciones, está invirtiendo en un negocio. Si adquiere una propiedad inmobiliaria, como un edificio de apartamentos, ese edificio también es un negocio. Si compra obligaciones, también está invirtiendo en un negocio. Para ser un buen inversionista, usted necesita primero ser bueno en los negocios. La razón número dos es que la mejor manera de invertir es tener un negocio que compre las inversiones para usted. La peor manera de invertir es invertir como un individuo. El inversionista promedio sabe muy poco sobre negocios y a menudo invierte como individuo. Por eso dedico tanto tiempo al tema de los negocios en un curso sobre inversión.
Y esa es la razón por la que este libro dedicará tiempo al tema de cómo crear un negocio, así como a la manera de analizarlo.
También dedicaré tiempo al tema de invertir por medio de un negocio porque esa es la manera en que mi padre rico me enseñó a invertir. Como dijo él hace 40 años: “Yo tampoco puedo comprar este terreno. Pero mi negocio sí puede.” En otras palabras, la regla de mi padre rico era: “Mi negocio compra mis inversiones. La mayoría de las personas no son ricas porque invierten como individuos y no como dueños de negocios.” En este libro usted verá por qué la mayoría de las personas que componen 10 por ciento que posee 90 por ciento de las acciones, son dueños de negocios e invierten por medio de sus negocios, y cómo puede usted hacer lo mismo.
Más adelante, en el curso, el individuo comprendió por qué dedicaba yo tanto tiempo al negocio. Él y toda la clase comenzaron a darse cuenta de que los inversionistas ricos del mundo no compran inversiones; la mayoría de los inversionistas de 10 por ciento crean sus propias inversiones. La razón por la que tenemos multimillonarios que no han cumplido 30 años no es porque compraron sus inversiones. Crearon sus inversiones, llamadas negocios, que millones de personas quieren comprar.
Casi todos los días escucho a personas que dicen: “Tengo una idea sobre un nuevo producto que ganará millones.” Desafortunadamente, la mayoría de esas ideas creativas nunca se convertirán en fortunas. La segunda mitad de este libro se concentra en la manera en que 10 por ciento convierte sus ideas en negocios multimillonarios en los cuales otras personas invierten. Por eso mi padre rico pasó mucho tiempo enseñándome a construir un negocio, así como a analizar negocios en qué invertir. De manera que si tiene una idea que considera que podría volverlo rico, quizá incluso ayudarle a unirse al club de 90-10, la segunda mitad de este libro es para usted.
A lo largo de los años mi padre rico señaló que invertir significa diferentes cosas para diferentes personas. Hoy en día a menudo escucho a individuos que afirman cosas como las siguientes:
1. Acabo de comprar 500 acciones de la compañía XYZ a cinco dólares por acción; el precio subió a 15 dólares y las vendí. Gané 5 mil dólares en menos de una semana
2. Mi esposo y yo compramos casas viejas, las arreglamos y las vendemos para obtener ganancias
3. Comercio con futuros de mercancías
4. Tengo cerca de un millón de dólares en mi cuenta para el retiro
5. Tan seguro como el dinero en el banco
6. Tengo un portafolios diversificado
7. Estoy invirtiendo a largo plazo
Como decía mi padre rico: “Invertir significa cosas diferentes para personas diferentes.” Aunque las afirmaciones anteriores reflejan distintos tipos de productos y procedimientos de inversión, mi padre rico no invertía de la misma forma. En vez de eso decía:
La mayoría de las personas no son inversionistas, sino especuladores o jugadores. La mayoría tiene la “mentalidad de comprar, conservar y rezar para que el precio suba”. La mayoría de los inversionistas vive con la esperanza de que el mercado permanecerá a la alza y con el miedo de que el mercado se desplome. Un verdadero inversionista gana dinero sin importar si el mercado sube o se desploma; genera dinero sin importar si están ganando o perdiendo, y si han comprado acciones o han “vendido en corto”. El inversionista promedio no sabe cómo hacer eso y por eso la mayoría son inversionistas promedio que constituyen 90 por ciento que gana sólo 10 por ciento del dinero.
Invertir significaba para mi padre rico más que comprar, conservar y rezar. Este libro cubrirá temas como los siguientes:
1. Los 10 controles del inversionista: Muchas personas dicen que invertir es riesgoso. Mi padre rico decía: “Invertir no es riesgoso. Estar fuera de control es riesgoso.” Este libro abordará los 10 controles del inversionista de mi padre rico, que pueden reducir el riesgo e incrementar las utilidades
2. Las cinco fases del plan de mi padre rico para guiarme, desde no tener dinero hasta invertir mucho dinero. La primera fase del plan consistía en preparar mi mente para convertirme en un inversionista rico. Ésta es una etapa sencilla pero muy importante para cualquiera que desee invertir con confianza
3. Las diferentes leyes fiscales para diferentes inversionistas. En el segundo libro, El cuadrante del flujo de dinero, me referí a los cuatro tipos diferentes de personas que se encuentran en el mundo de los negocios. Éstas son:

La “E” representa al empleado. La “A” significa auto empleado o dueño de un pequeño negocio. La “D” significa dueño de negocio. La “I” significa inversionista.
La razón por la que mi padre rico me alentó a invertir desde el cuadrante “D” es porque las leyes fiscales son más favorables para invertir desde ese cuadrante. Mi padre rico siempre decía: “Las leyes fiscales no son justas; fueron escritas para los ricos y por los ricos. Si quieres ser rico, necesitas utilizar las mismas leyes fiscales que los ricos utilizan.” Una de las razones por las que 10 por ciento de la gente controla la mayor parte de la riqueza es porque sólo 10 por ciento sabe qué leyes fiscales debe usar.
En 1943 el gobierno federal eliminó la mayoría de las ambigüedades fiscales para todos los empleados. En 1986 el gobierno federal eliminó las ambigüedades fiscales del cuadrante “D” para los individuos del cuadrante “A”, individuos como doctores, abogados, contadores, ingenieros y arquitectos.
En otras palabras, otra razón por la que 10 por ciento de los inversionistas ganan 90 por ciento del dinero, es porque sólo 10 por ciento de ellos saben cómo invertir desde los cuatro cuadrantes diferentes con el fin de obtener diferentes ventajas fiscales. El inversionista promedio frecuentemente sólo invierte desde uno de los cuadrantes.
4. Por qué y cómo un verdadero inversionista ganará dinero sin importar si el mercado sube o se desploma
5. La diferencia entre los inversionistas fundamentales y los inversionistas técnicos
6. En El cuadrante del flujo de dinero analicé seis niveles de inversionistas. Este libro comienza por los últimos dos niveles de inversionistas y los clasifica a su vez en los siguientes tipos de inversionista:
El inversionista acreditado
El inversionista calificado
El inversionista sofisticado
El inversionista interno
El inversionista consumado
Al llegar al final de este libro, usted conocerá diferentes requisitos de aptitud y educación entre cada tipo diferente de inversionista.
7. Mucha gente dice: “Cuando gane mucho dinero, mis problemas de dinero habrán terminado.” De lo que no se dan cuenta es que tener mucho dinero constituye un problema tan grande como no tener suficiente dinero. En este libro usted aprenderá la diferencia entre los dos tipos de problemas de dinero. Uno es el de no tener suficiente dinero; otro es tener demasiado. Pocas personas se dan cuenta cuán grande puede ser el problema de tener mucho dinero.
Una de las razones por las que muchas personas quiebran después de ganar mucho dinero es porque no saben cómo manejar el problema de tener mucho dinero.
En este libro usted aprenderá cómo comenzar con el problema de no tener suficiente dinero, cómo ganar mucho dinero y a continuación, cómo manejar el problema de tener demasiado dinero. En otras palabras, este libro no sólo le enseñará cómo ganar mucho dinero, sino lo que es más importante, le enseñará cómo conservarlo. Como decía mi padre rico: “¿De qué sirve ganar mucho dinero si usted termina perdiéndolo todo?”
Un corredor de bolsa amigo mío me dijo una vez: “El inversionista promedio no gana mucho dinero en el mercado. Ellos no necesariamente pierden dinero, simplemente no logran ganar dinero. He visto a muchos inversionistas que ganan dinero en un año y lo pierden al siguiente.”
8. Cómo ganar mucho más que sólo 200 mil dólares, el nivel mínimo de ingreso para comenzar a invertir en las inversiones de los ricos. Mi padre rico me decía: “El dinero es sólo un punto de vista. ¿Cómo puedes ser rico si piensas que 200 mil dólares es mucho dinero? Si quieres ser un inversionista rico, necesitas considerar que ésta, la cantidad mínima para calificar como un inversionista acreditado, es sólo una gota en un vaso de agua”. Y por eso la primera etapa de este libro es tan importante
9. La primera etapa de este libro, que consiste en que usted se prepare mentalmente para ser un inversionista rico, incluye una pequeña prueba mental para usted al final de cada capítulo
A pesar de que las preguntas de la prueba son sencillas, han sido diseñadas para hacerle pensar y quizá discutir sus respuestas con sus seres queridos. Se trata de las preguntas relacionadas con el análisis interior que mi padre rico me formulaba y que me ayudaron a encontrar las respuestas que yo buscaba. En otras palabras, muchas de las respuestas que yo buscaba, en relación con el tema de la inversión, se encontraban en mi interior.
Uno de los aspectos más importantes de este libro estriba en las diferencias mentales entre el inversionista promedio y el inversionista 90-10. Mi padre rico decía frecuentemente: “Si quieres ser rico, sólo averigua qué están haciendo todos los demás, y haz exactamente lo opuesto.” Al leer este libro descubrirá que la mayoría de las diferencias entre 10 por ciento de los inversionistas que gana 90 por ciento del dinero, y 90 por ciento que gana 10 por ciento no está en qué invierten, sino en que su pensamiento es diferente. Por ejemplo:
1. La mayoría de los inversionistas dice: “No corra riesgos.” El inversionista rico corre riesgos
2. La mayoría de los inversionistas dice: “Diversifica.” El inversionista rico concentra sus recursos
3. El inversionista promedio trata de reducir su deuda. El inversionista rico incrementa la deuda en su favor
4. El inversionista promedio trata de reducir sus gastos. El inversionista rico sabe cómo incrementar sus gastos para enriquecerse
5. El inversionista promedio tiene un empleo. El inversionista rico crea empleos
6. El inversionista promedio trabaja duro. El inversionista rico trabaja menos y menos para ganar más y más
De manera que un aspecto importante de leer este libro es advertir que sus pensamientos se encuentran frecuentemente opuestos en 180 grados a las ideas más importantes de mi padre rico. Mi padre rico decía:
Una de las razones por las que pocas personas se vuelven ricas es porque se quedan atrapadas en una forma de pensar. Ellos piensan que sólo existe una forma de pensar o hacer algo. Mientras el inversionista promedio piensa: “Juega a lo seguro y no corras riesgos”, el inversionista rico debe también pensar en cómo mejorar sus aptitudes para correr más riesgos.
Mi padre llamaba a esta clase de ideas “pensar en ambas caras de la moneda”. A continuación decía:
El inversionista rico debe tener ideas más flexibles que el inversionista promedio. Por ejemplo, aunque el inversionista promedio y el inversionista rico deben pensar en la seguridad, el rico también debe pensar en cómo correr más riesgos. Mientras el promedio piensa en cómo reducir la deuda, el rico piensa en cómo incrementarla. Mientras el promedio vive bajo el temor de que el mercado se desplome, el rico espera con ilusión que eso ocurra. Aunque esto pueda sonar contradictorio para el inversionista promedio, se trata de la contradicción que hace que el inversionista rico sea rico.
Conforme avance en la lectura de este libro, tenga en cuenta las contradicciones en el pensamiento entre los inversionistas promedio y los inversionistas ricos. Como decía mi padre rico: “El inversionista rico está muy consciente de que cada moneda tiene dos caras. El inversionista promedio sólo ve una. Y es la cara de la moneda que el inversionista promedio no ve lo que hace que sea promedio y el rico sea rico. La segunda parte de este libro trata de la otra cara de la moneda.
Este libro es mucho más que un texto acerca de inversión, consejos y fórmulas mágicas. Uno de los principales propósitos para escribirlo fue ofrecerle la oportunidad de obtener un punto de vista diferente sobre el tema de la inversión. Comienza con mi regreso de Vietnam en 1973 y la etapa en que me preparé para comenzar a invertir como un inversionista rico. En 1973 mi padre rico empezó a enseñarme cómo adquirir el mismo poder financiero que él poseía, un poder del que me di cuenta por primera vez a los 12 años de edad. Mientras estábamos parados en aquella playa frente a la última inversión de mi padre rico, hace 40 años, me di cuenta de que, en lo que se refería al tema de la inversión, la diferencia entre mi padre rico y mi padre pobre iba mucho más allá que solamente cuánto dinero tenía cada uno de ellos para invertir. La diferencia se encuentra en el profundo deseo de una persona de ser mucho más que sólo un inversionista promedio. Si usted tiene ese deseo, continúe su lectura.
¡GRATIS!
Un informe especial en audio de Robert T. Kiyosaki, únicamente para los lectores de Guía para invertir.
Como una manera de agradecerle por asumir un papel activo en su educación financiera, Robert ha preparado un informe especial en audio. “Mi padre rico decía que una de las aptitudes más importantes que un inversionista puede aprender es cómo volverse rico cuando el mercado se está desplomando. Cómo puede usted permanecer en calma, quedarse en el mercado y ganar mucho dinero cuando todos los demás son presas del pánico y venden?”
Por favor escuche: “Mi padre rico decía: ‘lucre, no se espante’.”
Todo lo que usted tiene que hacer para obtener este informe en audio es visitar nuestro sitio especial en internet en la dirección electrónica: www.richdadbook3.com y el informe será suyo de manera gratuita.
Gracias y buena suerte.
En 1973 regresé a casa de mi viaje a Vietnam. Me consideré afortunado por haber sido asignado a una base en Hawai, cerca de mi hogar, en vez de ser enviado a una base en la costa este. Después de instalarme en la estación aérea del Cuerpo de Marines, llamé a mi amigo Mike y nos pusimos de acuerdo para almorzar con su padre, el hombre a quien llamo mi padre rico. Mike estaba ansioso por enseñarme a su nuevo bebé y su nuevo hogar, así que acordamos almorzar en su casa al sábado siguiente. Cuando la limusina de Mike llegó a recogerme al gris edificio de la residencia para oficiales solteros de la base, comencé a darme cuenta de cuántas cosas habían cambiado desde que nos graduamos juntos de la preparatoria en 1965.
“Bienvenido a casa”, dijo Mike cuando me vio entrar al vestíbulo de su bella casa, con pisos de mármol. Mike sonreía de oreja a oreja mientras sostenía en sus brazos a su hijo de siete meses de edad. “Estoy contento de que regresaste vivo.”
“Yo también”, le respondí, mientras miraba a sus espaldas el resplandeciente Océano Pacífico, que tocaba la playa de blancas arenas frente a su hogar. La casa era espectacular. Se trataba de una mansión tropical de un piso, con toda la gracia y el encanto de la vida antigua y moderna de Hawaii. Tenía bellas alfombras persas, macetas con grandes plantas de color verde oscuro y una gran alberca que estaba rodeada por la casa en tres de sus lados y que colindaba en el lado restante con el océano. Era una casa abierta y bien ventilada, el modelo de la vida elegante con los más finos detalles. La casa se ajustaba a mis fantasías de vivir la vida lujosa en Hawai.
“Te presento a mi hijo James”, dijo Mike.
“Ah”, dije con voz sobresaltada. Debo haber estado con la boca abierta mientras me hundía en el trance al admirar la impresionante belleza de su casa. “Qué lindo niño”, respondí, como respondería cualquier persona al ver a un bebé. Pero mientras estaba allí saludando y haciendo gestos al bebé que me miraba fijamente, mi mente todavía estaba impactada por cuánto habían cambiado las cosas en ocho años. Yo estaba viviendo en una antigua base militar y compartía mi habitación con otros tres jóvenes pilotos, desordenados bebedores de cerveza, mientras Mike vivía en una propiedad multimillonaria con su bella esposa y su hijo recién nacido.
“Entra”, dijo Mike. “Mi padre y Connie esperan en el patio.”
El almuerzo fue espectacular, servido por una sirvienta de tiempo completo. Me senté a disfrutar de la comida, la vista y la compañía, mientras pensaba en mis tres compañeros de habitación, quienes probablemente estaban cenando en el comedor de oficiales en ese mismo momento. Como era sábado, el almuerzo en la base consistía probablemente en un emparedado y un tazón de sopa.
Después de las formalidades y de ponernos al día con las noticias, mi padre rico me dijo: “Como puedes ver, Mike tiene un excelente trabajo invirtiendo las utilidades de los negocios. Hemos ganado más dinero en los últimos dos años de lo que yo gané en los primeros 20. Hay mucho de verdad en la afirmación de que el primer millón es el más difícil.”
“¿De manera que les ha ido bien en los negocios?”, pregunté, alentando a que me explicaran cómo habían crecido tanto sus fortunas.
“Los negocios son excelentes”, dijo mi padre rico. “Esos nuevos aviones 747 traen a Hawaii tantos turistas de todo el mundo que los negocios no pueden hacer otra cosa que seguir creciendo. Pero el verdadero éxito proviene de nuestras inversiones, más que de nuestros negocios. Y Mike está a cargo de las inversiones.”
“Felicidades”, le dije a Mike. “Bien hecho.”
“Gracias”, dijo Mike. “Pero yo no tengo todo el crédito. Es la fórmula de inversión de mi padre lo que en realidad está funcionando. Yo sólo estoy haciendo exactamente lo que él nos enseñó acerca de los negocios y la inversión durante todos esos años.”
“Debe estar dando frutos”, dije. “No puedo creer que vivas aquí, en el vecindario más rico de la ciudad. ¿Recuerdas cuando éramos niños pobres, corriendo con nuestras tablas de surf entre las casas, tratando de llegar a la playa?”
Mike rió. “Sí, lo recuerdo. Y recuerdo que nos perseguían todos esos viejos ricos y ruines. Ahora yo soy el viejo rico y ruin que persigue a los niños para alejarlos. ¿Quién hubiera pensado que tú y yo estaríamos viviendo…?”
Mike se detuvo repentinamente, una vez que se dio cuenta de lo que estaba diciendo. Se dio cuenta de que mientras él vivía allí, yo vivía del otro lado de la isla en un monótono cuartel militar.
“Lo siento”, dijo. “No quise decir que…”
“No son necesarias las disculpas”, le dije sonriente. “Estoy contento por ti. Estoy contento de que seas tan rico y exitoso. Lo mereces porque dedicaste tiempo a aprender a dirigir el negocio. Yo saldré del cuartel en un par de años, tan pronto como termine mi contrato con el Cuerpo de Marines.”
Mi padre rico, al sentir la tensión entre Mike y yo, intervino y dijo: “Él ha hecho mejor trabajo del que yo hice. Estoy muy orgulloso de él. Estoy orgulloso tanto de mi hijo como de su esposa. Son un gran equipo y se han ganado todo lo que tienen. Ahora que has regresado de la guerra, es tu turno, Robert.”
“Me gustaría invertir contigo”, dije de manera apremiante. “Ahorré casi 3 mil dólares mientras estuve en Vietnam y me gustaría invertirlo en vez de gastarlo. ¿Puedo invertir contigo?”
“Bien, te daré el nombre de un buen corredor de bolsa”, dijo mi padre rico. “Estoy seguro que te dará buenos consejos, incluso compartirá contigo uno o dos secretos.”
“No, no, no”, le dije. “Quiero invertir en lo que tú estás invirtiendo. Vamos. Tú sabes hace cuánto tiempo los he conocido a ambos. Yo sé que tú siempre tienes algo en que estás trabajando o en que estás invirtiendo. No quiero ir con un corredor de bolsa. Quiero estar en algún negocio con ustedes.”
La habitación quedó en silencio mientras esperaba que mi padre rico o Mike respondieran. El silencio se convirtió en tensión.
“¿Dije algo malo?”, pregunté finalmente.
“No”, dijo Mike. “Papá y yo hemos estado invirtiendo en un par de nuevos proyectos que son emocionantes, pero creo que es mejor que llames primero a uno de nuestros corredores de bolsa y comiences invirtiendo con él.”
Nuevamente se produjo un silencio, interrumpido únicamente por el sonido de los platos y vasos que la sirvienta retiraba de la mesa. Connie, la esposa de Mike, se disculpó y se llevó al bebé a otra habitación.
“No comprendo”, dije. Dirigiéndome más a mi padre rico que a Mike, continué: “Todos estos años he trabajado al lado de ustedes construyendo sus negocios. Lo he hecho por casi nada. Fui a la universidad como tú me aconsejaste y peleé por mi país tal y como dijiste que debía hacer un joven. Ahora que soy lo suficientemente grande y que finalmente tengo unos cuantos dólares para invertir, parecen dudar cuando digo que quiero invertir en lo que ustedes invierten. No comprendo. ¿Por qué el rechazo? ¿Están tratando de despreciarme o alejarme? ¿No quieren que sea rico como ustedes?”
“No se trata de un rechazo”, respondió Mike. “Y nosotros nunca te despreciaríamos, ni desearíamos que no obtuvieras una gran riqueza. Es que las cosas son diferentes ahora.”
Mi padre rico asintió con la cabeza, lenta y silenciosamente.
“Nos gustaría que invirtieras en lo que nosotros invertimos”, dijo finalmente mi padre rico, “pero eso sería contra la ley”.
“¿Contra la ley?”, repetí con incredulidad. “¿Están ustedes haciendo algo ilegal?”
“No, no”, dijo mi padre mientras se reía. “Nosotros nunca haríamos algo ilegal. Es demasiado fácil volverse rico legalmente como para arriesgarse a ir a la cárcel por algo ilegal.”
“Y es porque deseamos mantenernos en el lado correcto de la ley que decimos que sería ilegal que invirtieras con nosotros”, dijo Mike.
“No es ilegal para Mike y para mí invertir en lo que invertimos. Pero sería ilegal para ti”, trató de resumir mi padre.
“¿Por qué?”, pregunté.
“Porque no eres rico”, dijo Mike, con voz suave y amable. “Aquello en lo que invertimos es sólo para gente rica.”
Las palabras de Mike me llegaron directamente. Dado que él era mi mejor amigo, yo sabía que le era difícil decirme esas palabras. Y aunque las dijo de manera tan suave como le fue posible, aun así me hirieron como un cuchillo en el corazón. Yo comenzaba a sentir qué tan grande era la brecha financiera entre nosotros. Aunque su padre y mi padre comenzaron sin nada, él y su padre habían logrado una gran riqueza. Mi padre y yo todavía estábamos “del otro lado de las vías”, como reza el dicho. Yo podía sentir que esa gran casa con la adorable playa de arenas blancas estaba todavía muy lejos de mi alcance y que la distancia se medía en más que sólo millas. Me recliné en mi silla y crucé mis brazos en posición meditabunda mientras repasaba nuestras vidas. Ambos teníamos 25 años de edad, pero en muchos sentidos Mike me llevaba 25 años de ventaja desde el punto de vista financiero. Mi propio padre había sido despedido de su empleo gubernamental y estaba comenzando otra vez desde el principio, a los 52 años de edad. Yo todavía no comenzaba.
“¿Estás bien?”, me preguntó amablemente mi padre rico.
“Sí, estoy bien”, respondí, haciendo mi mejor esfuerzo para ocultar el dolor que me producía sentirme apenado por mí mismo y por mi familia. “Sólo estoy pensando profundamente y mirando mi interior”, dije esbozando una sonrisa valiente.
La habitación estaba en silencio mientras escuchábamos el romper de las olas y la brisa fresca que soplaba por esa bella casa. Mike, mi padre rico y yo nos sentamos allí mientras yo digería el mensaje y su realidad.
“Así que yo no puedo invertir con ustedes porque no soy rico”, dije finalmente cuando salí de mi trance. “¿Y si yo invirtiera en lo que ustedes invierten, sería contra la ley?”
Mi padre rico y Mike asintieron. “En algunos casos”, agregó Mike. “¿Y quién hizo esa ley?”, pregunté.
“El gobierno federal”, respondió Mike.
“La SEC”, dijo mi padre rico.
“¿La SEC?”, pregunté. “¿Qué es la SEC?”
“La Comisión de Valores y Transacciones*”, respondió mi padre rico, “fue creada en 1930 bajo la dirección de Joseph Kennedy, el padre de nuestro finado presidente John Kennedy”.
“¿Por qué fue creada?”, pregunté.
Mi padre rico rió. “Fue creada para proteger al público de los negociantes, hombres de negocios, corredores e inversionistas sin escrúpulos.”
“¿Por qué te ríes?”, le pregunté. “Eso parece algo bueno.”
“Sí, es algo muy bueno”, dijo mi padre rico, todavía con una risa furtiva. “Antes del crack de la bolsa de 1929, muchas inversiones oscuras, dudosas o fraudulentas fueron vendidas al público. Se dijeron muchas mentiras y se difundió mucha desinformación. Así que se integró la SEC para ejercer vigilancia. Se trata de la agencia que ayuda a hacer las reglas, así como a hacerlas cumplir. Desempeña un papel muy importante. Sin la SEC, habría caos.”
“¿Entonces por qué te ríes?”, insistí.
“Porque aunque protege al público de las malas inversiones, también impide que el público tenga acceso a las mejores inversiones”, respondió mi padre rico, con un tono de voz más serio.
“Así que si la SEC protege al público de las peores inversiones y de las mejores inversiones, ¿en qué invierte el público?”, pregunté.
“En inversiones saneadas”, respondió mi padre rico. “Inversiones que siguen los lineamientos de la SEC.”
“Bien, ¿y qué hay de malo en eso?”, pregunté.
“Nada”, dijo mi padre rico. “Creo que es una buena idea. Debemos tener reglas y hacer cumplir las reglas. La SEC se encarga de ello.”
“¿Pero por qué te reías?”, pregunté. “Te he conocido por muchos años y sé que no has dicho algo que provoca que te rías.”
“Ya te lo he dicho”, dijo mi padre rico. “Me reí porque al proteger al público de las malas inversiones, la SEC también impide que el público tenga acceso a las mejores inversiones.”
“¿Y ésa es una de las razones por las que los ricos se vuelven más ricos?”, pregunté dudoso.
“Lo comprendiste”, dijo mi padre rico. “Me reí porque veo la ironía en la imagen global. Las personas invierten porque quieren volverse ricas. Pero dado que no son ricas, no se les permite invertir en las inversiones que podrían volverlas ricas. Solamente si eres rico puedes invertir en las inversiones de los ricos. Así que los ricos se vuelven más ricos. Eso me parece irónico.”
“¿Pero por qué se hace de esta manera?”, pregunté. “¿Es para proteger a los pobres y a la clase media de los ricos?”
“No, no necesariamente”, respondió Mike. “Pienso que es para proteger a los pobres y a la clase media de sí mismos.”
“¿Por qué dices eso?”, pregunté.
“Porque hay más negocios malos que buenos. Si una persona no está consciente, todos los negocios —buenos y malos— le parecerán iguales. Se necesita mucha educación y experiencia para distinguir las inversiones más sofisticadas y clasificarlas en buenas y malas. Ser sofisticado significa que tú tienes la capacidad de saber qué hace que una inversión sea buena y las otras sean peligrosas. Y la mayoría de la gente simplemente no tiene esa educación y experiencia”, dijo mi padre rico. “Mike, ¿por qué no traes el negocio más reciente que estamos considerando?”
Mike se levantó de la mesa, fue a su oficina y regresó con una carpeta de tres argollas de cerca de cinco centímetros de espesor, llena de páginas, imágenes, gráficas y mapas.
“Éste es un ejemplo de algo en que consideraríamos invertir”, dijo Mike mientras se sentaba. “Se le conoce como un valor no-registrado o extrabursátil. Esta inversión en particular es llamada en ocasiones un prospecto privado de colocación.”
Mi mente quedó en blanco mientras Mike pasaba las páginas y me mostraba las gráficas, tablas, mapas y páginas de texto escrito que describían los riesgos y recompensas de la inversión. Me sentí mareado mientras Mike me explicaba qué estaba buscando y por qué pensaba que ésa era una gran oportunidad de inversión.
Mi padre rico, al advertir mi desazón ante la sobrecarga de información nueva, detuvo a Mike y dijo: “Esto es lo que yo quería que Robert viera.”
Mi padre rico señaló entonces un pequeño párrafo en la parte inicial del libro que decía: “Exenciones de la Ley de Valores de 1933.”
“Esto es lo que quiero que comprendas”, dijo.
Me incliné para leer la letra menuda que su dedo señalaba. El texto decía:
Esta es una inversión exclusiva para inversionistas acreditados. Se acepta generalmente que un inversionista acreditado es alguien que:
• Tiene un patrimonio neto de un millón de dólares o más, o
• Tiene un ingreso anual de 200 mil dólares o más en los años más recientes (ó 300 mil dólares de manera conjunta con su cónyuge) y que tiene la expectativa razonable de alcanzar el mismo nivel de ingreso este año.
Me recliné contra mi asiento y dije: “Ésta es la razón por la que no puedo invertir en lo que ustedes invierten. Esta inversión es sólo para gente rica.”
“O para personas con altos ingresos”, dijo Mike.
“No solamente son difíciles los lineamientos, sino que la cantidad mínima que puedes invertir en este negocio es de 35 mil dólares. Eso es lo que cuesta cada ‘unidad’ de inversión, como se le llama.”
“¡35 mil dólares!, dije luego de pasar saliva. “Esa es una gran cantidad de dinero y un riesgo muy grande. ¿Quieres decir que es lo menos que una persona puede invertir en este negocio?”
Mi padre rico asintió. “¿Cuánto te paga el gobierno como piloto del Cuerpo de Marines?”
“Yo estaba ganando cerca de 12 mil dólares al año por pago de vuelo y pago de combate en Vietnam. No sé realmente cuánto me pagarán ahora aquí, estacionado en Hawai. Quizá obtenga un pago por costo de vida, pero seguramente no será mucho, y estoy seguro de que no cubrirá el costo de vivir en Hawai.”
“Así que el hecho de que hayas ahorrado esos 3 mil dólares fue realmente un logro”, dijo mi padre rico, haciendo su mejor esfuerzo por animarme. “Has ahorrado casi 25 por ciento de tu ingreso bruto.”
Asentí, aunque en silencio me di cuenta cuán lejos estaba de convertirme en un inversionista acreditado. Me di cuenta de que incluso si me convertía en un general en el Cuerpo de Marines, probablemente no ganaría suficiente dinero para ser considerado un inversionista acreditado. Ni siquiera el presidente de Estados Unidos, a menos de que fuera rico de antemano, podía calificar con base únicamente en su sueldo.
“¿Entonces qué debo hacer?”, pregunté finalmente. “¿Por qué simplemente no les entrego mis 3 mil dólares y ustedes lo combinan con su dinero y dividimos las utilidades cuando el negocio dé rendimientos?”
“Podríamos hacer eso”, dijo mi padre rico. “Pero yo no lo recomendaría. No para ti, en cualquier caso.”
“¿Por qué?”, pregunté. “¿Por qué no para mí?”
“Tú ya tienes una buena base de educación financiera. Así que puedes ir más lejos que sólo ser un inversionista acreditado. Si lo deseas, podrías convertirte en un inversionista sofisticado. Entonces encontrarías una riqueza que iría más allá de tus sueños más ambiciosos.”
“¿Inversionista acreditado? ¿Inversionista sofisticado? ¿Cuál es la diferencia?”, pregunté, sintiendo una chispa de esperanza.
“Buena pregunta”, dijo Mike con una sonrisa, al sentir que su amigo estaba superando la depresión.
“Un inversionista acreditado es por definición alguien que califica porque tiene dinero. Por eso se le llama frecuentemente inversionista calificado”, explicó mi padre rico. “Pero el dinero por sí solo no te hace calificar como inversionista sofisticado.”
“¿Cuál es la diferencia?”, pregunté.
“Bien, ¿viste los titulares del periódico de ayer acerca de la estrella de cine de Hollywood que perdió millones en una estafa de inversión?”, preguntó mi padre rico.
Asentí con la cabeza y dije: “Sí, los vi. No sólo perdió millones, sino que además tuvo que pagar a la oficina de impuestos por los ingresos no gravados que dedicó al negocio.”
“Bien, ese es un ejemplo de un inversionista acreditado o calificado”, continuó mi padre rico. “Pero el solo hecho de que tienes dinero no significa que eres un inversionista sofisticado. Por eso escuchamos a menudo que tantas personas de altos ingresos como doctores, abogados, estrellas de rock y atletas profesionales pierden dinero en inversiones que no son sólidas. Tienen dinero pero carecen de sofisticación. Tienen dinero pero no saben cómo invertirlo de manera segura para obtener grandes utilidades. Todos los negocios les parecen iguales. No pueden distinguir una inversión buena de una mala. La gente como ellos debe quedarse en las inversiones saneadas o contratar a un administrador financiero profesional en quien confíen para invertir en su nombre.”
“¿Cuál es tu definición de un inversionista sofisticado?”, pregunté.
“Un inversionista sofisticado conoce las tres ‘E’,” dijo mi padre rico.
“Las tres ‘E’”, repetí. “¿Qué son las tres ‘E’?”
Mi padre rico dio la vuelta al prospecto privado de colocación que estábamos viendo y escribió lo siguiente al reverso de una de las páginas:
1. Educación
2. Experiencia
3. Excedente de efectivo
“Esas son las tres ‘E’,” dijo al levantar la vista de la página. “Si logras esos tres elementos, te convertirás en un inversionista sofisticado.”
Al mirar los tres elementos, dije: “Así que la estrella de cine tenía excedente de efectivo, pero carecía de los dos primeros elementos.”
Mi padre rico asintió. “Y existen muchas personas con la educación correcta pero que carecen de experiencia, y sin experiencia en la vida real, frecuentemente carecen del excedente de efectivo.”
“La gente dice a menudo: ‘Lo sé’, cuando les explicas las cosas, pero ellos no hacen lo que saben”, agregó Mike. “Nuestro banquero siempre dice: ‘Lo sé’ en relación con lo que mi padre y yo hacemos, pero por alguna razón, él no hace lo que dice que sabe.”
“Y por eso tu banquero carece de excedente de efectivo”, dije. Mi padre rico y Mike asintieron.
La habitación quedó en silencio nuevamente cuando terminó nuestra conversación. Los tres nos hundimos en nuestros pensamientos privados. Mi padre rico hizo una seña a la sirvienta para que sirviera más café, y Mike comenzó a guardar la carpeta de argollas. Me senté con los brazos cruzados, mirando el azul intenso del Océano Pacífico desde la bella casa de Mike y contemplando la nueva dirección en mi vida. Yo había terminado mi educación superior como habían deseado mis padres, mis deberes militares terminarían pronto y entonces quedaría en libertad de escoger el mejor camino para mí.
“¿En qué piensas?”, preguntó mi padre rico, mientras bebía su taza de café.
“Estoy pensando en qué quiero convertirme ahora que he crecido”, respondí.
“¿Y qué es?”, preguntó Mike.
“Estoy pensando en que quizá deba convertirme en un inversionista sofisticado”, respondí en voz baja. “Lo que sea que eso signifique.”
“Esa sería una sabia decisión”, dijo mi padre rico. “Has tenido un buen inicio, la base de una educación financiera. Ahora es tiempo de que obtengas alguna experiencia.”
“¿Y cómo sabré cuándo tengo suficiente de ambos elementos?”, pregunté. “Cuando tengas excedente de efectivo”, sonrió mi padre rico.
Con eso, los tres reímos y levantamos nuestros vasos de agua para brindar. “Por el excedente de efectivo.”
Mi padre rico brindó entonces: “Y por ser un inversionista sofisticado.”
“Por ser un inversionista sofisticado y por el excedente de efectivo”, repetí nuevamente en silencio para mis adentros. Me gustó el sonido de esas palabras en mi mente.
El conductor de la limusina de Mike me llevó de vuelta a la residencia de oficiales solteros, donde pensé qué iba a hacer por el resto de mi vida. Yo era un adulto y había cumplido las expectativas de mis padres, como obtener una educación universitaria y servir a mi país durante tiempos de guerra. Ahora era el momento en que yo decidiría lo que quería hacer por mí mismo. La idea de estudiar para convertirme en un inversionista sofisticado me agradaba. Podría continuar mi educación con mi padre rico y obtener la experiencia que yo necesitaba. Esta vez mi padre rico me guiaría como adulto.
Hacia 1993 la riqueza de mi padre rico fue dividida entre sus hijos, sus nietos y sus futuros descendientes. Sus herederos no tendrían que preocuparse por dinero durante los próximos 100 años, aproximadamente. Mike recibió los activos del negocio y ha hecho un magnífico trabajo para hacer crecer el monto del imperio financiero de mi padre rico, un imperio financiero que éste había construido de la nada. Yo lo vi comenzar y crecer durante mi vida.
Me tardé 20 años en lograr lo que consideré que debía hacer en 10. Hay algo de verdad en el dicho de que: “El primer millón es el más difícil.”
En retrospectiva, ganar un millón de dólares no fue tan difícil. Fue conservar el millón y hacer que trabajara para mí, lo que descubrí que era difícil. Sin embargo, pude retirarme en 1994 a la edad de 47 años, con libertad financiera y suficiente dinero para disfrutar de la vida.
Sin embargo, no fue el retiro lo que encontré emocionante, sino el hecho de ser finalmente capaz de invertir como un inversionista sofisticado. Invertir con Mike y mi padre rico fue una meta que valió la pena lograr. Ese día de 1973, cuando Mike y mi padre rico dijeron que yo no era lo suficientemente rico para invertir con ellos, constituyó un parteaguas en mi vida, y fue el día en que fijé la meta de convertirme en un inversionista sofisticado.
La siguiente es una lista de algunas de las inversiones que realizan los inversionistas acreditados y los sofisticados:
1. Colocaciones privadas
2. Sindicación de bienes raíces y sociedades de responsabilidad limitada
3. Preofertas públicas primarias (de valores)
4. Ofertas públicas primarias (aunque están a disposición de todos los inversionistas, generalmente no es fácil tener acceso a ellas)
5. Financiamiento a una tasa inferior a la principal
6. Fusiones y adquisiciones de empresas
7. Créditos para iniciar negocios
8. Fondos de protección
Para el inversionista promedio, estas inversiones son demasiado riesgosas, no porque la inversión en sí misma lo sea, sino porque frecuentemente el inversionista promedio carece de educación, experiencia y excedente de capital para saber en qué se está metiendo. Ahora tiendo a tomar partido por la SEC en el sentido de que es mejor proteger a los inversionistas no calificados al restringir su acceso a estos tipos de inversiones, porque yo he cometido algunos errores y he dado pasos en falso a lo largo del camino.
Actualmente, como inversionista sofisticado, invierto en ese tipo de empresas. Si usted sabe lo que está haciendo, el riesgo es muy bajo y la retribución potencial puede ser enorme. Inversiones como ésas son en las que los ricos invierten regularmente su dinero.
A pesar de que he tenido algunas pérdidas, las ganancias correspondientes a las inversiones que han salido bien han sido espectaculares, excediendo por mucho las pérdidas. Una tasa de 35 por ciento de retribución sobre el capital es normal, pero ocasionalmente se obtienen ganancias de mil por ciento o más. Yo prefiero realizar esas inversiones porque las considero más emocionantes y constituyen un reto mayor. No se trata simplemente de “comprar 100 acciones de esto ó 100 acciones de aquello”. Tampoco consiste en preguntar: “¿Es la relación entre precio y ganancias alta o baja?” En eso no consiste ser un inversionista sofisticado. Realizar esas inversiones consiste en acercarse mucho a la maquinaria del capitalismo. De hecho, algunas de las inversiones enumeradas son inversiones de capital, que para el inversionista promedio son demasiado riesgosas. En realidad, las inversiones no son riesgosas; es la falta de educación, experiencia y excedente de efectivo lo que hace que el inversionista promedio corra riesgo.
Este libro no trata acerca de inversiones.
Trata acerca del inversionista.
Este libro no necesariamente trata acerca de inversiones. Trata específicamente acerca del inversionista y del camino para convertirse en un inversionista sofisticado. Se ocupa de cómo puede usted encontrar su propio camino para adquirir las tres “E”: educación, experiencia y excedente de efectivo.
Padre rico, padre pobre es un libro sobre mi camino educativo durante la infancia. El cuadrante del flujo de dinero es la segunda parte de Padre rico, padre pobre, y es sobre mi camino educativo como un adulto joven entre 1973 y 1994. Este libro, Guía para invertir se basa en las lecciones de todos los años anteriores con mis experiencias de la vida real y convierte las lecciones en las tres “E”, con el fin de calificar como un inversionista sofisticado.
En 1973, yo apenas tenía 3 mil dólares para invertir y no tenía mucha educación ni experiencia en la vida real. Para 1994, me había convertido en un inversionista sofisticado.
Hace cerca de 20 años mi padre rico dijo: “De la misma forma en que hay casas para los ricos, los pobres y la clase media, también hay inversiones para cada uno de ellos. Si quieres invertir en las inversiones en que invierten los ricos, tienes que ser más que rico. Necesitas convertirte en un inversionista sofisticado, no sólo en una persona rica que invierte.”
Mi padre rico dividió mi programa de desarrollo en cinco fases diferentes, que he organizado en etapas, lecciones y capítulos. Las etapas son:
1. ¿Está preparado mentalmente para ser un inversionista?
2. ¿En qué clase de inversionista quiere convertirse?
3. ¿Cómo puede construir un negocio sólido?
4. ¿Quién es un inversionista sofisticado?
5. Devolver lo recibido
Este libro ha sido escrito como una guía. No le proporcionará respuestas específicas. El propósito es ayudarle a comprender qué preguntas formular. Y si este libro hace eso, habrá cumplido su propósito. Mi padre rico decía:
No se puede enseñar a alguien a ser un inversionista sofisticado. Sin embargo, una persona puede aprender a convertirse en un inversionista sofisticado. Es como aprender a andar en bicicleta. Yo no puedo enseñarle a andar en bicicleta, pero usted puede aprenderlo. Para aprender a andar en bicicleta se necesita arriesgarse, intentarlo y equivocarse, así como una guía adecuada. Lo mismo ocurre con la inversión. Si no quieres correr riesgos, entonces quieres aprender. Y si no quieres aprender, entonces yo no puedo enseñarte.
Si está buscando un libro con consejos sobre inversión, o cómo volverse rico rápidamente, o la fórmula secreta para invertir de los ricos, éste no es para usted. Este libro trata en realidad acerca del aprendizaje, más que sobre la inversión. Ha sido escrito para personas que estudian acerca de la inversión, estudiantes que buscan su propio camino hacia la riqueza en vez de buscar un camino fácil hacia la riqueza.
Este libro trata de las cinco etapas de desarrollo de mi padre rico, las cinco etapas por las que él pasó y por las que yo estoy pasando actualmente. Si usted es un estudiante de la gran riqueza, quizá advierta mientras lee este libro que las cinco etapas de mi padre rico son las mismas cinco etapas por las que atravesaron los hombres de negocios e inversionistas más ricos del mundo, con el fin de volverse muy, muy ricos. Bill Gates, fundador de Microsoft; Warren Buffet, el inversionista más rico de Estados Unidos; y Thomas Edison, fundador de General Electric: todos pasaron por estas cinco etapas. Son las mismas cinco etapas por las que los jóvenes millonarios y multimillonarios de la nueva generación de internet y las empresas de comercio electrónico están atravesando actualmente, mientras tienen veintitantos o treinta y tantos años. La única diferencia es que debido a la era de la información, estos jóvenes atravesaron las mismas etapas más rápidamente y quizá usted pueda hacerlo también.
Durante la revolución industrial surgieron vastas fortunas, una gran riqueza y familias multimillonarias. Lo mismo ocurre actualmente durante la revolución de la información.
Considero interesante que actualmente tenemos multimillonarios que se han forjado a sí mismos y que tienen 20, 30 y 40 años de edad; sin embargo, tenemos gente de 40 y más años que tienen problemas para aferrarse a empleos en que ganan 50 mil dólares al año. Una razón que ocasiona esta gran disparidad es el cambio de la era industrial a la era de la información. Cuando pasamos a la era industrial, personas como Henry Ford y Thomas Edison se volvieron multimillonarias. Hoy en día, al pasar a la era de la información, tenemos a Bill Gates, a Michael Dell, y a los fundadores de las compañías de internet que se convirtieron en multimillonarios. Estos veinteañeros pronto superarán en riqueza a Bill Gates, que es viejo a los 39 años de edad. Ése es el poder de un cambio de eras, el cambio de la era industrial a la era de la información. Se ha dicho que nada es tan poderoso como una idea cuyo momento ha llegado y nada es tan dañino como alguien que sigue pensando las viejas ideas.
Este libro quizá trate, en su opinión, sobre considerar viejas ideas y posiblemente encontrar nuevas ideas para lograr la riqueza. Tal vez también trate acerca del cambio de paradigma en su vida. Quizá trate acerca de una transición tan radical como el cambio de la era industrial a la era de la información. Quizá trate acerca de que usted defina un nuevo camino financiero para su vida. Quizá trate acerca de pensar más como una persona de negocios y como un inversionista en vez de como un empleado o un autoempleado.
Me tardé muchos años en atravesar las etapas y de hecho todavía estoy pasando por ellas. Después de leer este libro, quizá considere atravesar por las mismas cinco etapas o probablemente decida que este camino de desarrollo no es para usted. Si decide recorrer el mismo camino, depende de usted qué tan rápido escoja atravesar por estas cinco etapas de desarrollo. Recuerde que este libro no trata acerca de la manera de volverse rico rápidamente. La decisión de someterse a un programa de educación y desarrollo personal comienza en la primera etapa, la etapa de la preparación mental.
Mi padre rico decía frecuentemente: “El dinero será cualquier cosa que usted quiera que sea.”
Lo que él quería decir es que el dinero proviene de nuestras mentes, de nuestros pensamientos. Si una persona dice: “Es difícil ganar dinero”, probablemente será difícil ganarlo. Si una persona dice: “Ah, yo nunca seré rico”, o “es realmente difícil volverse rico”, probablemente será verdad para esa persona. Si una persona dice: “La única manera de volverse rico es trabajar duro”, entonces esa persona probablemente trabajará duro. Si la persona dice: “Si yo tuviera mucho dinero, lo pondría en el banco porque no sabría qué hacer con él”, entonces probablemente ocurrirá de esa manera. Usted se sorprendería si supiera cuánta gente piensa y dice precisamente eso. Y si una persona dice: “Invertir es riesgoso”, entonces lo es. Como decía mi padre rico: “El dinero será cualquier cosa que usted quiera que sea.”
Mi padre rico me advirtió que la preparación mental necesaria para convertirse en un inversionista sofisticado era similar a la que se requeriría para escalar el monte Everest o para prepararse para el sacerdocio. Estaba bromeando, pero al mismo tiempo me hacía ver que tal empresa no debía ser tomada a la ligera. Me dijo:
Tú comienzas como yo lo hice. Comienzas sin dinero. Todo lo que tienes es la esperanza y el sueño de obtener una gran riqueza. Aunque mucha gente sueña con ello, sólo unos pocos lo logran. Piensa mucho y prepárate mentalmente porque estás a punto de aprender a invertir de una manera que muy pocas personas tienen permitido hacerlo. Verás el mundo de la inversión desde adentro. Existen caminos mucho más fáciles en la vida y formas más sencillas de invertir. Así que piénsalo y prepárate si decides que éste es el camino para tu vida.
Fue difícil regresar a la gris y deprimente residencia para oficiales de la base aquella noche. El lugar me había parecido un buen sitio cuando me marché previamente ese día, pero después de pasar la tarde en la nueva casa de Mike, el cuartel parecía barato, viejo y gastado.
Como lo esperaba, mis tres compañeros de habitación estaban bebiendo cerveza y mirando un partido de beisbol en la televisión. Había cajas de pizza y latas de cerveza por todas partes. No dijeron gran cosa cuando pasé rumbo a la habitación que compartíamos. Tan sólo miraron el televisor. Conforme me retiraba a mi cuarto y cerraba la puerta, me sentí afortunado de que todos tuviéramos recámaras privadas. Tenía muchas cosas en qué pensar.
A los 25 años de edad, finalmente me di cuenta de cosas que no podía comprender cuando era un niño de nueve años, la edad a la que comencé a trabajar con mi padre rico. Me di cuenta de que mi padre rico había estado trabajando duro durante varios años, forjando los sólidos cimientos de la riqueza. Ellos comenzaron en la parte pobre del pueblo, viviendo frugalmente, construyendo sus negocios, comprando bienes raíces y trabajando en su plan. Ahora yo podía comprender que el plan de mi padre rico era volverse muy rico. Mientras Mike y yo estábamos en la preparatoria, mi padre rico se puso en movimiento al expandirse a diferentes islas de la cadena hawaiana, adquiriendo negocios e inmuebles. Mientras Mike y yo estábamos en la universidad, él realizó una gran operación y se convirtió en uno de los principales inversionistas privados en los negocios de Honolulu y parte de Waikiki. Mientras yo volaba para el Cuerpo de Marines en Vietnam, los cimientos de su riqueza estaban puestos. Se trataba de cimientos sólidos y firmes. Ahora él y su familia estaban disfrutando los frutos de su trabajo. En vez de vivir en uno de los vecindarios más pobres de una isla exterior, ahora vivían en uno de los barrios más ricos de Honolulu. No sólo parecían ricos en la superficie, como ocurría con muchas personas de ese vecindario. Yo sabía que Mike y su padre eran ricos porque me permitieron revisar sus estados financieros auditados. No muchas personas recibían ese privilegio.
Mi verdadero padre, por otra parte, había perdido su empleo. Él había estado subiendo por el escalafón del gobierno estatal, cuando cayó de la gracia de la maquinaria política que gobernaba el estado de Hawai. Mi padre perdió todo aquello por lo que había trabajado cuando compitió contra su jefe para el cargo de gobernador y perdió. Lo habían colocado en la lista negra del gobierno estatal y estaba tratando de volver a empezar. Él no tenía cimientos de riqueza. A pesar de que tenía 52 años y yo 25, estábamos exactamente en la misma posición financiera. No teníamos dinero. Ambos poseíamos una educación universitaria y podíamos obtener otro empleo, pero en lo que se refiere a activos tangibles, no teníamos nada. Esa noche, recostado en silencio en mi litera, yo sabía que tenía una rara oportunidad de escoger la dirección de mi vida. Digo que se trataba de una oportunidad “rara” porque muy pocas personas tienen la ventaja de comparar los caminos en la vida de dos padres y luego escoger el camino correcto para ellos. Aquella fue una elección que no tomé a la ligera.
A pesar de que muchas cosas pasaron por mi mente esa noche, me intrigaba sobre todo la idea de que hubiera inversiones sólo para los ricos y otras para todos los demás. Recordé que cuando era un niño y trabajaba para mi padre rico, de lo único que él hablaba era de construir su negocio. Pero ahora que era rico, de lo único que hablaba era de sus inversiones. Ese día, durante el almuerzo, me había explicado: “La única razón por la que construí mis negocios fue para invertir en las inversiones de los ricos. La única razón para construir un negocio es para que tu negocio pueda adquirir tus activos. Sin mis negocios yo no podría invertir en las inversiones de los ricos.”
Mi padre rico enfatizó a continuación la diferencia entre un empleado que adquiere una inversión y un negocio que adquiere una inversión. Él dijo: “La mayoría de las inversiones son demasiado caras cuando las adquieres como empleado. Pero son mucho más fáciles de adquirir si mi negocio las adquiere para mí.” Yo no sabía qué quería decir con esa afirmación, pero supe que esa distinción era importante. Ahora tenía curiosidad y estaba ansioso por averiguar cuál era la diferencia. Mi padre rico había estudiado la legislación fiscal y corporativa y había encontrado maneras para ganar mucho dinero utilizando las leyes a su favor. Me fui a dormir esa noche, emocionado por la idea de llamar a mi padre rico en la mañana y diciendo en voz baja para mis adentros: “Las inversiones de los ricos.”
Cuando era niño yo pasaba muchas horas a la mesa de uno de los restaurantes de mi padre rico, mientras él discutía asuntos de sus negocios. En esas discusiones yo me sentaba y bebía un refresco, mientras mi padre rico hablaba con sus banqueros, contadores, abogados, corredores de bolsa, corredores de bienes raíces, planificadores financieros y agentes de seguros. Ese fue el inicio de mi educación en los negocios. Entre los nueve y 18 años de edad pasé horas escuchando a esos hombres y mujeres mientras resolvían complicados problemas de negocios. Sin embargo, esas lecciones en la mesa terminaron cuando me marché por cuatro años a realizar mis estudios universitarios en Nueva York, seguidos por cinco años de servicio con el Cuerpo de Marines. Ahora que mi educación universitaria había concluido y mis deberes militares estaban casi terminados, yo estaba listo para continuar las lecciones con mi padre rico.
Cuando le llamé al día siguiente, él estaba listo para reanudar mis lecciones. Había dejado los negocios en manos de Mike y ahora estaba casi retirado. Buscaba algo qué hacer, en vez de jugar golf todo el día.
Cuando yo era joven no sabía a qué padre escuchar en lo que se refería al tema del dinero. Ambos eran hombres buenos y trabajadores. Ambos eran fuertes y carismáticos. Ambos decían que yo debía ir a la universidad y servir a mi país en las fuerzas armadas. Pero no decían las mismas cosas acerca del dinero, ni me dieron los mismos consejos sobre quién debería ser cuando creciera. Ahora podía comparar los resultados de las carreras elegidas por mi padre rico y mi padre pobre.
En El cuadrante del flujo de dinero, el libro que sigue a Padre rico, padre pobre, mi padre pobre me recomendó: “Ve a la escuela, obtén buenas calificaciones y luego consigue un trabajo seguro con beneficios.” Él me estaba recomendando una carrera en esta dirección:

Por otra parte, mi padre rico dijo: “Aprende a construir negocios y a invertir por medio de tus negocios.” Él me estaba recomendando una carrera que tenía el siguiente aspecto:

El cuadrante del flujo de dinero trata acerca de las diferencias emocionales básicas y las diferencias técnicas entre las personas que se encuentran en cada uno de los cuadrantes. Esas diferencias emocionales básicas y técnicas son importantes porque determinan en última instancia qué cuadrante tiende a favorecer a una persona, y desde cuál tiende a operar. Por ejemplo, una persona que necesita seguridad laboral muy probablemente buscará ubicarse en el cuadrante “E”. Una persona que necesita hacer cosas por cuenta propia se encuentra frecuentemente en el cuadrante “A”, el cuadrante de los autoempleados o de los dueños de pequeños negocios. También digo que ese cuadrante es de las personas solas e inteligentes, porque es allí donde se encuentran muchos profesionistas como doctores, abogados, contadores y otros consultores técnicos.
El cuadrante del flujo de dinero explica muchas de las diferencias entre el cuadrante “A” —que es donde opera la mayoría de los dueños de pequeños negocios— y el cuadrante “D”, donde se encuentran los dueños de grandes negocios. En este libro nos referiremos con mucho más detalle a las diferencias técnicas, porque es aquí donde se encuentran las diferencias entre los ricos y todos los demás.
Las diferencias entre los cuadrantes desempeñan un papel muy importante en este libro. Las leyes fiscales son diferentes para cada cuadrante. Lo que puede ser legal en uno es ilegal en otro. Esas sutiles diferencias implican grandes diferencias en lo que se refiere al tema de la inversión. Cuando se refería al tema de la inversión, mi padre rico tenía mucho cuidado al preguntarme en qué cuadrante planificaba ganar mi dinero.
Mientras Mike estaba ocupado dirigiendo el imperio, mi padre rico y yo almorzamos en un hotel de la playa Waikiki. Era un día cálido, el océano lucía bello, la brisa era ligera y el ambiente era lo más cercano al paraíso. Mi padre rico quedó impactado cuando me vio entrar con mi uniforme. Nunca me había visto con uniforme. Sólo me había visto cuando era niño, vestido con ropa casual como pantaloncillos cortos, pantalones de mezclilla y camisetas. Supongo que finalmente se dio cuenta de que yo había crecido desde que abandoné la preparatoria, y para entonces yo había visto mucho mundo y había peleado en una guerra. Yo llevé mi uniforme a nuestra reunión porque estaba entre vuelos y tenía que regresar a la base para volar esa noche.
“Así que eso es lo que has estado haciendo desde que dejaste la preparatoria”, dijo mi padre rico.
Asentí con la cabeza y dije: “Cuatro años en la academia militar en Nueva York y cuatro años en el Cuerpo de Marines. Y me falta un año.”
“Estoy muy orgulloso de ti”, dijo mi padre rico.
“Gracias”, respondí. “Pero sería agradable dejar el uniforme militar. Es difícil que esos hippies y personas que se oponen a la guerra me escupan o me miren con desprecio, o me llamen ‘asesino de bebés’. Sólo espero que esto termine pronto para todos nosotros.”
“Estoy contento porque Mike no tuvo que ir”, dijo mi padre rico. “Él quería enlistarse pero su mala salud se lo impidió.”
“Fue afortunado”, respondí. “Yo perdí suficientes amigos en esa guerra. No me hubiera gustado perder también a Mike.”
Mi padre rico asintió con la cabeza y me preguntó: “¿Cuáles son tus planes una vez que termine tu contrato con las fuerzas armadas el próximo año?”
“Bien, tres de mis amigos han recibido ofertas de trabajo como pilotos por parte de líneas aéreas. Es difícil ser contratado en este momento, pero me han dicho que pueden conseguir algo para mí por medio de algunos contactos que tienen.”
“¿Así que piensas volar con las líneas aéreas?”, preguntó mi padre rico.
Yo asentí lentamente: “Bien, eso es lo que he estado pensando hacer. El sueldo es bueno, así como los beneficios. Además, mi entrenamiento de vuelo ha sido muy intenso”, dije. “Me he convertido en un buen piloto después de volar en combate. Si vuelo durante un año con una pequeña aerolínea y obtengo algún tiempo de vuelo con aviones de varios motores, estaré listo para trabajar para las principales líneas aéreas.”
“¿Así que eso es lo que piensas hacer?”, preguntó mi padre rico.
“No”, respondí. “No después de lo que le ha ocurrido a mi padre y después del almuerzo en la nueva casa de Mike. Estuve despierto durante varias horas esa noche y pensé en lo que dijiste acerca de invertir. Me doy cuenta de que si acepto un empleo con las líneas aéreas podría algún día convertirme en un inversionista acreditado. Pero me di cuenta de que quizá nunca iría más allá de ese nivel.”
Mi padre rico se sentó en silencio, asintiendo levemente con la cabeza. “Así que entendiste lo que dije”, señaló mi padre rico en voz baja.
“Sí”, respondí. “Reflexioné sobre todas esas lecciones que me diste cuando era niño. Ahora soy un adulto y esas lecciones tienen un nuevo significado para mí.”
“¿Y qué recordaste?”, preguntó mi padre rico.
“Recordé que dejaste de pagarme 10 centavos por hora y me hiciste trabajar gratis”, respondí. “Recordé la lección de no volverme adicto al sueldo.”
Mi padre rico rió para sus adentros y dijo: “Ésa fue una lección muy dura.”
“Sí, lo fue”, respondí. “Pero fue una gran lección. Mi padre estaba realmente enojado contigo. Pero ahora es él quien está tratando de vivir sin un sueldo. La diferencia es que él tiene 52 años de edad, y yo tenía nueve cuando recibí esa lección. Después de almorzar en casa de Mike, me propuse no pasar mi vida aferrado a la seguridad de un empleo tan sólo porque necesito un sueldo. Por eso dudo que busque un empleo con las aerolíneas. Y ésa es la razón por la que estoy almorzando contigo. Quiero revisar tus lecciones sobre cómo hacer que el dinero trabaje para mí, con el fin de no tener que pasar mi vida trabajando por dinero. Pero esta vez quiero recibir tus lecciones como adulto. Hacer que las lecciones sean más difíciles y me proporcionen más detalles.”
“¿Y cuál fue mi primera lección?”, preguntó mi padre rico.
“Los ricos no trabajan por dinero”, dije inmediatamente. “Ellos conocen la manera de hacer que el dinero trabaje para ellos.”
Una gran sonrisa apareció en el rostro de mi padre rico. Él sabía que yo había estado escuchándole durante todos esos años cuando era niño. “Muy bien”, dijo. “Y ésa es la base para convertirte en inversionista. Todo lo que hacen los inversionistas es aprender cómo hacer que su dinero trabaje para ellos.”
“Y eso es lo que quiero aprender”, dije en voz baja. “Quiero aprender y quizá enseñarle a mi padre lo que tú sabes. Él está en muy mala situación en este momento, tratando de volver a empezar a los 52 años de edad.”
“Lo sé”, dijo mi padre rico. “Lo sé.”
De manera que en un día soleado, mientras los jóvenes se deslizaban sobre las bellas olas de un océano azul intenso, comenzaron mis lecciones sobre inversión. Las lecciones se dividían en cinco etapas, y cada etapa me llevaba a un nivel más alto de comprensión sobre el proceso de pensamiento de mi padre rico y de su plan de inversión. Las lecciones comenzaron al prepararme mentalmente y asumir el control de mí mismo, porque de cualquier manera ése es el único lugar donde la inversión tiene lugar en realidad. La inversión comienza y termina en última instancia al asumir el control sobre uno mismo.
Las lecciones sobre inversión en la primera etapa del plan de inversión de mi padre rico tratan sobre la preparación mental necesaria antes de comenzar a invertir realmente. Mientras descansaba en mi litera esa noche de 1973, en una sórdida habitación de la base militar, mi preparación mental había comenzado. Mike fue muy afortunado al tener un padre que acumuló una gran riqueza. En muchas maneras me llevaba una ventaja de 50 años. Yo aún estaba por comenzar. Esa noche comencé mi preparación mental al tomar una decisión entre la seguridad de un empleo, como lo escogió mi padre pobre, o forjar los cimientos de la verdadera riqueza, como eligió mi padre rico. Allí es donde el proceso de inversión comienza en verdad, y donde comienzan las lecciones sobre inversión de mi padre rico. Comienzan con una decisión muy personal; una elección mental entre ser rico, pobre o pertenecer a la clase media. Es una decisión importante, porque cualquiera que sea la posición financiera en la vida que usted elija —ya sea rico, pobre o de clase media—, entonces todo cambia en su vida.