7—¿Vieja? ¡Vieja tu abuela! —dijo Rita enfurecida.—Abuela, es exactamente lo que estaba diciendo —afirmó Meli, tra-tando de no reírse para no hacerla eno-jar todavía más.—Bueno, bueno, nos vemos mañana, Me-linita, que descanses —contestó Rita y cortó la llamada.Esa noche, Melina se fue a dormir con una mezcla de emo-ciones, se sentía feliz por el gran paso que iba a dar, pero temía que la visita de su abuela la hiciera empezar con el pie izquierdo, porque sabía que le encantaba meterse en problemas y pelearse con los vecinos. ***A la mañana siguiente, mientras cargaba sus cosas en el co-che, vio a lo lejos la inconfundible silueta de su abuela, pero no venía sola, llevaba dos pesadas valijas y un animal que no lograba reconocer.Cuando Rita se acercó, Melina se dio cuenta de que venía con su loro, del que tanto le había hablado, un viejo amigo de la juventud, que solía visitarla de vez en cuando.