Antes de nada,

Antes de nada,

empecemos por una gran verdad,

que vaya por delante:

TODO SE CREA,

pero NO todo

lo que deseas es

POSIBLE crearlo.

NO todo lo que puedes soñar sucederá.

Sé que te han contado muchas veces lo contrario, pero no es verdad.

Es una mentira eso de que «si quieres, puedes».

Pero también es verdad que «si no quieres, no podrás».

(Por favor, no olvides este mensaje durante la lectura de todo el texto).

Una gallina, que era campeona en puesta de huevos, al ver un huevo de avestruz se deprimió, por envidia. Hizo mal, porque lo que parece posible, si no es posible, es imposible. Quede claro. Hay que aceptarlo.

Este libro es un manual dedicado a esos «huevos» que TÚ sí puedes poner e incubar, no a los que no puedes, por mucho que te ilusiones con ellos.

ESTA ES TU ÚNICA VIDA,

HAZ QUE SEA MARAVILLOSA.

Nota: En el libro, en casi todos los casos, utilizo el masculino genérico con el objetivo de facilitar la lectura. Pero este libro va dedicado a todas las personas, sin ningún tipo de exclusión sexista ni de género Y, aunque es obvio, quiero dejar claro mi respeto absoluto a la defensa del masculino y del femenino cuando corresponde, de la igualdad y diversidad.

Prólogo

Sorprendido, y muy agradecido, por la petición de Fernando Botella de escribirle un prólogo para su último libro, Crearte. Una invitación a mirar hacia el pasado y replantearte tu presente y tu futuro, a valorar más lo que tienes y lo que haces, a hacer cosas diferentes y salir de las rutinas en las que a veces nos encontramos.

Mi único mérito para recibir este encargo es estar al frente de una compañía muy singular, auténtica, con un propósito muy real que aspira a inspirar un movimiento de cambio en el tejido empresarial y en la sociedad en general, y que cada día sea más compartido por todos. Lidero un proyecto empresarial, junto a un equipo humano y profesional que jamás hubiera soñado tener, que nos ha permitido crear un modelo de empresa diferente y disfrutar de cada momento, de cada hito, de cada éxito. Nuestro propósito transciende de lo puramente económico y se centra más en la persona, considerando la empresa como una comunidad de personas con una aspiración común.

Gracias, Fernando, por estas líneas, por tu libro. Una gran excusa para sentarnos durante horas a reflexionar si lo que hacemos tiene sentido o si tiene realmente el que queremos que tenga. Me encanta la idea de considerar a la vida como un regalo que recibimos al nacer, y que está en nuestras manos lograr que todo lo que hacemos tenga sentido y aporte valor. Tenemos la capacidad de imaginar, de soñar, de crear… y, lo más importante, de trabajar para darle forma y hacerlo realidad. Nuestra actitud ante la vida será la que determine nuestro camino y nuestra contribución.

Soy un convencido de la necesidad de extender y usar más frecuentemente el término humanista. Nos estamos esforzando en incorporarlo en nuestro día a día y mostrar que es compatible maximizar resultados y optimizar a su vez el impacto social, apostando claramente por las personas. Tenemos la gran suerte de poder influir en otros y hacer que las cosas pasen, yo diría que es nuestra responsabilidad. Cada uno debemos aportar nuestro granito de arena para lograr que el mundo en el que vivimos sea un poco mejor, más justo, más solidario, más accesible, más humano… Cuando lo haces desde el convencimiento, desde el compromiso, desde el corazón, el retorno que obtienes es inimaginable. Tenemos la oportunidad de dejar nuestra propia huella o pasar simplemente desapercibidos. Todos tenemos la libertad de elegir nuestro camino.

Me gusta compartir con mi equipo la idea de que «somos gente con suerte». Lo repito y lo repito para que el fondo de este mensaje cale en la gente que nos rodea. Vivir experiencias como las que tenemos todos los días muy cerca nos hace darnos cuenta de que somos gente afortunada. La actitud es lo que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso, y está en uno mismo decidir cómo afronta la vida, cómo quiere vivir cada momento.

En ILUNION lo tenemos muy fácil. Cuando entras en cualquiera de nuestros centros de trabajo, te das cuenta de que tus problemas se transforman inmediatamente en preocupaciones, disgustos o en nada. Observas con atención, pones en contexto las cosas y te das cuenta de lo equivocado que estás. Personas que a pesar de todas sus dificultades muestran cada día su mejor versión con una sonrisa. Son lecciones silenciosas, que en ocasiones la vida pone delante de cada uno y está en nosotros valorarlas y darles sentido.

Vivimos en un mundo en constante evolución en el que corremos el riesgo de no ser capaces de sobrevivir al ritmo trepidante de cambio. Apenas tenemos tiempo para valorar las cosas realmente importantes.

El día a día nos hace elegir permanentemente entre un camino u otro, entre lo más fácil y lo difícil, entre lo mío y lo de los demás. Hay momentos en la vida en los que uno se detiene y se pregunta: ¿de verdad estoy viviendo mi propia vida, o simplemente estoy dejando que pase? Yo también me he hecho esa pregunta. Y si algo he aprendido, es que la vida no es una película en la que solo somos espectadores. La vida es una obra en construcción, y cada uno de nosotros tiene el privilegio y la responsabilidad de ser su propio artista. Lo importante es creer en lo que haces y vivirlo con intensidad y pasión.

A veces nos olvidamos de esto. Nos dejamos llevar por la rutina, por lo que se espera de nosotros, por el miedo a equivocarnos. Pero si algo me ha enseñado la experiencia es que cada día es una oportunidad para intervenir, para dar un trazo nuevo en el lienzo de nuestra existencia. No hace falta ser un genio ni tener una vida perfecta. Basta con atreverse a coger el pincel y empezar a crear, aunque sea con dudas, aunque sea con miedo.

He aprendido que cada decisión, por pequeña que parezca, es importante. Elegir conscientemente es un acto de amor propio, de responsabilidad. Es decirse a uno mismo: «Esto lo elijo yo, porque quiero que forme parte de mi historia». Y sí, a veces nos equivocamos, pero incluso los errores, las caídas, los momentos difíciles, pueden convertirse en materia prima para crear algo nuevo, algo más auténtico. ILUNION puede ser un claro ejemplo de ello. Nuestra aventura empresarial comenzó hace muchos años, pero fue hace diez cuando encontramos nuestro camino y empezamos a darle mucho más sentido a lo que hacíamos. Nuestra apuesta por hacer empresa de una forma diferente, por poner a las personas en el centro de todo lo que hacemos, nos ha permitido encontrar nuestro verdadero propósito.

Vivir con propósito es, para mí, la diferencia entre sobrevivir y vivir de verdad. Cuando encuentras un sentido, cuando sabes por qué te levantas cada mañana, todo cambia. El trabajo, las relaciones, los retos…, todo cobra otra luz. Y lo más bonito es que ese propósito no solo te transforma a ti, sino que tiene el poder de transformar a quienes te rodean. Porque cuando uno vive con sentido, inspira a otros a buscar el suyo. ¡Qué importante es encontrar nuestro propósito! En mi caso, y en el de muchas de las personas que me rodean en mi día a día, es «construir un mundo mejor con todos incluidos». Fácil de escribir y de leer y algo más difícil de practicar. Apostar por las personas independientemente de su condición y circunstancias es trabajar para construir un mundo mejor. Este propósito debería ser compartido cada día por más gente, por todos. ¿Quién no quiere construir un mundo mejor?

Cuando hablamos de apostar por las personas, no hacemos otra cosa que replicar lo que hace años otros hicieron por nosotros. La vida nos ha enseñado mucho y ahora tenemos la oportunidad de enseñar a otros. Vivimos en una sociedad que tiene que hacer mucho todavía para cambiar la forma de ver el verdadero valor en las personas.

No quiero engañarte, la vida no siempre es fácil. Habrá momentos de dolor, de incertidumbre, de pérdida. Pero también he comprobado que es precisamente en esos momentos donde más aprendemos, donde más crecemos. La resiliencia no es solo resistir; es la capacidad de reinventarse, de volver a empezar, de descubrir que somos mucho más fuertes de lo que imaginábamos. Nosotros lo sabemos bien. La discapacidad nos ha enseñado a esquivar obstáculos, a superar barreras, a enfrentarte a situaciones a las que otros no tienen que hacerlo. Nos ha exigido sacar lo mejor de nosotros mismos para poder competir en igualdad de condiciones, en algunas ocasiones, incluso para sobrevivir.

Y aquí viene lo más poderoso de todo este viaje: Crearte no es solo un acto individual, es una invitación a contribuir, a sumar, a dejar huella en el mundo que compartimos. Cada uno de nosotros, al atreverse a ser artista de su propia vida, está aportando algo único al gran mural colectivo de la humanidad. Porque, al final, lo que somos y lo que hacemos tiene un impacto en los demás, aunque a veces no lo veamos.

Este libro es una invitación a despertar tu poder creador, a elegir con conciencia, a vivir con propósito, a superar las dificultades con valentía y, sobre todo, a compartir tu arte vital con el mundo. No necesitas fórmulas mágicas ni promesas vacías. Solo necesitas ganas de vivir despierto, de aprender, de equivocarte, de volver a intentarlo. Soñar a lo grande y trabajar para hacer realidad esos sueños produce una inmensa sensación de satisfacción.

Es clave encontrar tu camino, disfrutar del día a día y esforzarte en lograr que la gente que te rodea lo haga también. Trabajar y disfrutar van muy de la mano sobre todo cuando lo haces con un propósito tan claro como es el de ayudar a otros a que tengan una vida mejor. Está en nuestra mano elegir el sentido que le queremos dar a lo que hacemos.

Ojalá estas páginas te inspiren como a mí y te animen a coger el pincel de tu vida con más decisión y alegría. Porque, créeme, no hay nada más hermoso que descubrir que tu vida, con sus luces y sus sombras, puede ser tu mejor obra.

Bienvenido a este viaje. El mundo necesita tu arte, el mundo te necesita.

Alejandro Oñoro

Consejero delegado del Grupo ILUNION

Letras japonesas que corresponden a la palabra shoshin, acompañadas por un recuadro pequeño con la cara de un gato negro, ubicado en el margen derecho superior.

Shoshin

Concepto de budismo zen. Hace referencia a la necesidad de mantener una mente abierta y receptiva al cambio. Dispuesta siempre a aprender.

Sin prejuicios, con humildad. Es la mente de aprendizaje, o también llamada espíritu original.

Este libro es un lápiz con goma de borrar

El pensamiento te da la vida y te la quita.

El espectador no es el espectáculo.

El miedo no evita la muerte,

evita la vida.

Naguib Mahfuz

Donde hay arte no hay vejez.

Antón Chéjov

Todos tenemos, al menos, dos vidas:

la vida soñada

y la que, día a día, vamos creando.

Acercarlas hasta que se parezcan es un arte.

La vida soñada es esa que nos visita cuando nadie nos mira. La que imaginamos cuando estamos en la ducha, en la conversación continua con nosotros mismos, en ese instante justo antes de dormir.

En la vida soñada estamos en paz. Hacemos lo que amamos, rodeados de quienes nos hacen bien. Es una vida con sentido, sin máscaras, en equilibrio, aunque soñada, parece auténtica.

La vida soñada nos aporta tanta claridad que parece muy verdadera, hasta podemos oírla, olerla, saborearla. Sentirla. Sin embargo, no siempre se parece a la vida que vivimos.

La vida creada, en cambio, es la que habitamos en el hoy. Compuesta por cada decisión que tomamos, por las rutinas, los miedos, también los aprendizajes, las contradicciones propias y ajenas. Es el resultado de lo que hemos aceptado, de lo que hemos elegido y también de lo que hemos postergado para el futuro, almacenado en el mañana.

La vida real, la creada, es una mezcla entre lo que hacemos y lo que deseamos pero no hacemos.

Entre ambas vidas, la soñada y la creada, hay una brecha. Para algunos, es una brecha estrecha, viven cerca de sus sueños. Para otros, esa distancia parece un océano.

En realidad, una verdad parece que es ineludible: cuantas más coincidencias haya entre la vida que soñamos y la vida que vivimos, más felices seremos.

No porque todo sea perfecto. Ni mucho menos… Sino porque estaremos viviendo con propósito, desde nuestro interior más auténtico, hacia fuera. Porque casi todos los pasos que demos no serán por obligación, sino que serán una declaración de identidad.

De cómo se acortan las distancias entre una vida y la otra es el objeto de este manual. Y te adelanto que vas a necesitar primero poner nombre y narrativa a lo que sueñas, porque no se puede crear lo que no se define. Segundo, tomar decisiones alineadas con tu propósito. Tercero, ser honesto con lo que crees, sin aferrarte a costumbres que dañen tus sueños, tus anhelos. Sabiendo salir del miedo, a veces tan necesario. En cuarto lugar, actuando, haciendo…, no esperando a que pase. Dedicándole tiempo. Y otros recursos. Moviendo las piezas adecuadas. Y, por último, en quinto lugar, sabiendo aceptar que entre el sueño y la realidad hay un espacio temporal que debes aprender a respetar.

No siempre se puede vivir la vida soñada por completo. Pero siempre se puede vivir más cerca de ella. Vivir en coherencia no es tener todo resuelto y en todo momento. Es mirar tu día a día y reconocerte en él, sentirte bien con lo que decidiste e hiciste.

Es conseguir que tu trabajo sea el resultado de tu vocación. Es conseguir que tus relaciones sean verdaderas. Amorosas. Es conseguir que tu rutina tenga momentos que alimentan tu alma, no solo tu agenda, ni la cuenta de tu banco.

Si logras que la vida que sueñas y la vida que creas se parezcan un poco más cada cierto tiempo, a lo largo de tu vida, con cada decisión, en cada paso, entonces no solo estarás vivo, sino que estarás viviendo bien.

A mi vida no ha llegado siempre todo lo que yo deseaba, todo lo que esperaba. ¿Y a la tuya? Me siento muy seguro al atreverme a decir que a la tuya tampoco.

Por ejemplo, yo espero cada día que mi trabajo guste, pero no sé si lo consigo. Eso sí, cada vez que empiezo algo, lo hago con la mejor intención e intentando dar mi mejor versión, con la ilusión renovada y una mente de discípulo, con ganas de aprender, como un novato. Aun así, nada me garantiza que guste, que me acerque a las expectativas de los demás. Y nunca sé si cumplo con el cometido que se me asignó. ¿Y?…

Yo hice lo que debía.

Eso debe ser lo importante.

Por otra parte, no espero sentirme siempre comprometido con todo. Tampoco espero que mi criterio sea el mejor en todas las ocasiones.

Ni siempre tener razón. No espero sentirme motivado con todo lo que hago, trabajo de forma disciplinada, eso sí, poniendo el mayor esfuerzo en cada momento, y con el fin de que redunde en mi propio crecimiento personal, en mi desarrollo, pero sin garantías de que eso será lo mejor.

Y no me importa porque ese no es mi propósito, el mío es sentirme bien con lo que hago, y, como te decía, dar lo mejor de mí.

Mi principal motivación: aprender de todo y de todos.

Es normal que sienta miedo ante los retos, especiales o cotidianos. ¿A ti no te pasa?

Ciertos días me sigo enfrentando con miedos, aun teniendo más de seis décadas a mis espaldas; miedos no superados, vitales o profesionales; miedos que considero positivos, pues, en cierto modo, me ayudan a nutrirme, a entrenar mi coraje… y sé que me fortalecen.

No espero siempre sentir compañía de otros. Amo la soledad también. Me reconforta. Mi propia presencia, sin nadie más, sin distracciones, me permite conocerme mejor. Me gusta crear momentos para mí.

Y cada vez soy mucho más selectivo eligiendo a mi tribu, a mis amigos, a las personas que me rodean. Quiero estar junto a los que vibran en mi frecuencia. Y aprender a prescindir de los que no. Romper con el apego innecesario.

Según pasan los años, me quejo menos. Acepto más.

No quiero estados de victimismo en mi vida. Me dañan.

Aprendo a convivir con la realidad existente. Lo cual no quiere decir que no pronuncie, con voz bien alta, aquello que no me gusta.

Me concedo el derecho a no quejarme, a la vez que sí sostengo la obligación de protestar por aquello que me parece injusto.

Trabajo mucho mis bloqueos mentales, no quiero que me nieguen la oportunidad de recibir y abrazar lo que la vida me regala. Vivo en modo evolutivo. En forma de espiral.

Durante años tuve el sentimiento de que mi vida estaba siendo dibujada por un dibujante externo a mí. Y que ese dibujante era, por momentos, mediocre. Otras veces, por el contrario, sentía que estaba en manos de un gran artista.

Desde hace un tiempo, dibujo yo mi vida. Decidí ser mi propio artista.

Y sé también que, si algo no sale como esperaba, una vez diseñado con mi lápiz, necesitaré borrarlo para volverlo a imaginar… o no.

Vivo la vida con un lápiz y con goma de borrar. Dos instrumentos básicos que me permiten ser creativo conmigo mismo. Los utilizo para dibujar y redibujar mi vida, para escribir mi futuro, para añadir lo que me falta, lo que voy aprendiendo en el camino, para sombrear lo que de ella quiero destacar, subrayar. Y también echo mano, cuando es necesario, de la goma de borrar para quitar lo que sobra.

No quiero olvidar otro de esos básicos que completa mi estuche de herramientas vitales, el sacapuntas, para no dejar que mi lápiz se quede romo, para sacarle punta a todo, para poder escribir lo que vivo y lo que deseo.

«El lápiz tiene un significado simbólico para mí. Las personas que llevan un lápiz son el tipo de personas que están abiertas al cambio», oí decir al cocinero Ferran Adrià. Estoy muy de acuerdo con él.

Me gusta jugármela cada día, atreverme, y luchar para atraer aquello que quiero.

Por todo esto, querido lector, quiero decirte que el contenido de este libro no es filosofía, ni mucho menos autoayuda, ni el resultado de una bonita frase de marketing. Tampoco positivismo tóxico, ni felicidad edulcorada, ni fruto de la mal entendida cultura del esfuerzo.

Es tan solo amor propio; en esto consiste el arte de crearte.

He de decirte que… no pienses que todo lo que vas a leer en este libro sea cierto. No es mi intención. Lo que leerás son mis razones, no la razón.

Tú decidirás qué es lo que para ti puede ser una verdad, qué te es válido, qué te puede ayudar. Y qué no.

En la mayor parte de las páginas encontrarás reflexiones que a mí me han ayudado, y esto es lo que me ha movido a escribirlas, a compartirlas contigo. Sin ninguna otra intención.

Utiliza las que te sean útil. Desecha las que no.

Las que en ti resuenen ya son también tuyas.

Deja que te ponga tres condiciones necesarias para que trabajes tu mente creativa, para que construyas el camino de tu propia creación:

1. COMPROMÉTETE.

2. DISFRUTA EL CAMINO QUE ELIJAS.

3. SIGUE APRENDIENDO SIEMPRE.

Recuerda que el dibujo de tu vida deberías trazarlo tú.

¡Decide tú!

¡Crea tú!

¡Hazlo tú!

Sentirse responsable de la propia vida significa poner el foco en ti, huir de la excusa barata, cambiar de plano cuando es necesario, pasar a ser dueño de tus propias vivencias, vivir en primera persona.

Consiste en no esperar que nadie tenga que rescatarte de ti mismo. En tomar las riendas. En autodirigirte.

Lector, estás lleno de vida, de promesas, de capacidades y de nuevas posibilidades. Tienes mucho que recibir. Y mucho que ofrecer.

Vive abierto a lo nuevo.

ESTA ES TU VIDA. ESTE ES TU MOMENTO.

En cada momento se te abre una oportunidad para hacer todo aquello nuevo que has pensado hacer, dentro de tus posibilidades, las cuales debes conocer cuanto antes mejor.

Vive siendo valiente.

Aprovecha al máximo cada instante, porque es único.

Llena tu vida de amor. Y, especialmente, de amor a ti.

Convierte tus días en momentos maravillosos.

Vuélcate de verdad, dedica el tiempo necesario a aquello que te pone, que te hace tilín, que enciende chispas en ti, porque entonces será cuando tu vida, de verdad, cobrará vida.

Creer que algo es posible es una parte esencial para que empiece a convertirse en realidad. Aunque no la única. Ni la definitiva.

Como te decía al principio de este texto, no todo sucederá. No todo será posible. Pero creer en algo te hará enfocarte, empezar a crearlo, luchar por ello.

Vive la vida a pasos. Unas veces pequeñitos, otras muy grandes, largos. Ya sabes que nada avanza si no comienza.

Si quieres cosas nuevas en tu vida, haz cosas nuevas.

¡Crea!

¡Créate!

No hagas de ti mismo tu mayor obstáculo. Si crees que no eres capaz, probablemente no lo serás. Si crees que sí eres capaz, nada te garantiza que lo conseguirás.

Desde ahí, tan solo empieza el camino de CREARTE.

Nota para el lector: Este libro puede ser leído de arriba abajo, de izquierda a derecha, o al revés; es decir, puedes saltar de un capítulo a otro sin ningún problema. Cada uno que lo lea como quiera, sin orden ni concierto.

El corazón es como un globo:

cuando más lleno está,

más ganas tiene de echar a volar.

El arte sin vida

es solo decoración.

El arte está en la misma vida.

Lo dice la ciencia

En 1955, dos investigadoras de la Universidad de California, Emmy Werner y Ruth Smith, emprendieron una aventura científica que terminaría marcando un antes y un después en la ciencia de la psicología. Se propusieron algo que, en su momento, parecía desmesurado: seguir durante décadas la vida de todos los niños nacidos ese año en la isla de Kauai, en Hawái. Eran cerca de 698 bebés, cada uno con una historia familiar diferente.

Werner y Smith querían comprender cómo el entorno, las circunstancias familiares y las dificultades propias de la vida podían influir en el desarrollo humano. Sabían que muchos de esos niños crecerían en condiciones muy duras de pobreza, de desestructuración familiar, con enfermedades, quizá algunos cayendo en drogodependencias, alcoholismo o en entornos de violencia continua.

Y así fue. A medida que los años pasaban, observaron cómo dos tercios de aquellos pequeños, 201 niños, habían crecido en entornos adversos, habían tenido que vivir con serias dificultades en la infancia y adolescencia, llegando a la adultez con problemas de conducta, abandono escolar, dificultades emocionales y sociales. Y, en algunos de los casos, desarrollando incluso enfermedades mentales importantes.

Pero hubo algo que sorprendió a las investigadoras, y que cambió la mirada de la ciencia. Se dieron cuenta de que un tercio de esos niños, 72 de ellos, el 36 por ciento, a pesar de haber nacido y crecido en entornos hostiles, lograron no solo sobrevivir, sino prosperar y desarrollar una vida que superaba las expectativas que en ellos habían puesto.

Se convirtieron en adultos competentes, estables, con relaciones sanas, algunos habían conseguido una carrera universitaria, con un buen trabajo, y con capacidad de construir proyectos vitales sólidos.

La gran pregunta fue: ¿qué hacía diferentes a estos niños?

Y la respuesta reveló algo esencial: eran niños que, a pesar de las circunstancias externas adversas, habían sido capaces de centrar su energía vital, su trabajo diario, desde su interior, desde ellos mismos, en actuar contra lo normalizado, en transformarse a sí mismos y desde ahí transformar su futuro.

Eran personas mucho más resilientes que el resto de sus compañeros, que se habían dejado llevar por las circunstancias externas que la vida les había traído, por el destino.

Aquellos que habían salido adelante tenían algunos factores en común que les habían ayudado a enfocarse en sí mismos, a dedicar su energía a crear y crearse.

Alguno de estos factores consistía en, al menos, disponer de una relación afectiva estable y protectora (un padre, una abuela, un maestro, incluso un vecino), tener la cualidad de la paciencia e ir creando pequeñas oportunidades que les permitieran experimentar pequeños éxitos que, a su vez, reforzaban así su autoestima. Y, sobre todo, en poseer un fuerte sentido de propósito que les permitía mirar más allá de la adversidad del momento, enfocados en el futuro.

Al final, esta investigación nos recuerda algo esencial: en el trayecto de la vida, todas las personas atravesamos momentos luminosos y otros profundamente oscuros, tiempos de calma y etapas de tormenta. Nadie está exento de dificultades a las que tendremos que enfrentarnos. Pero lo que marca la diferencia entre unos y otros no es solo lo que nos ocurre, sino la forma en que decidimos vivirlo.

Cada experiencia puede ser una herida o un aprendizaje, un tropiezo o un impulso. Somos nosotros quienes, día a día, con nuestras decisiones y nuestra actitud, vamos creando y dando sentido a nuestro camino. Y en esa creación —imperfecta, cambiante, única— reside nuestra mayor obra, la manera en que elegimos vivir la vida.

El hallazgo de este estudio científico fue revolucionario. Hasta entonces, la psicología se había centrado más en poner el foco en lo que nos enferma o nos limita. Werner y Smith mostraron que hay fuerzas que nos sostienen, que nos permiten florecer incluso en terrenos muy áridos.

Gracias a ellas, se llevaron a cabo muchos estudios sobre resiliencia, y se apostó fuerte por la psicología positiva como disciplina, por la capacidad del ser humano para sobreponerse a la adversidad y transformar la dificultad en crecimiento personal.

Hoy, mirando hacia atrás, el trabajo de Emmy y Ruth en Kauai no es solo una investigación más, sino que se trata de una historia profundamente humana, la prueba de que la esperanza por crear un futuro diferente es posible, real. Es un hecho, como lo demuestran las vidas de aquellos niños que, contra todo pronóstico, aprendieron a brillar en la oscuridad.

¡Estás VIVO!

Hay personas que mueren a los veinticinco

y no las entierran hasta los setenta y cinco.

Benjamin Franklin

Estar vivo es un regalo.

Estar despierto, un milagro.

Jennifer Pastiloff

A veces vivimos sin ser conscientes de que hemos dejado de vivir.

Nos levantamos, trabajamos, respondemos a lo que se espera de nosotros, pero en algún punto perdemos de vista lo esencial; saber que estar vivos no es lo mismo que sentirnos vivos.

He intentado, a lo largo de las páginas que tienes por delante, con una honestidad desgarradora y un lenguaje cercano, recordarte que la vida no se mide por logros, ni por productividad, ni siquiera por estabilidad. De hecho, la vida no se mide. En todo caso, deberíamos tener en cuenta para valorar si nos está valiendo la pena la capacidad de estar presentes, de emocionarnos con lo que nos va sucediendo, de permitirnos ser vulnerables, dándonos la oportunidad de crearnos de forma continua, y borrando cada día lo que nos sobra.

Crearte no es solo el título de este libro; es una declaración por parte de su autor, para que no olvides que estás aquí. Al menos, todavía.

Desnudar tus miedos sin miedo, tus contradicciones y tus inseguridades te ayudará a mostrar la belleza que ya existe en ti.

Te invito a dejar de esperar el momento ideal, la aprobación externa o la versión mejorada de ti mismo para empezar a vivir de verdad.

¡HAZLO YA!

¡HOY!

Se trata de perder la vergüenza, de silenciar el juicio interior, de rodearte de personas que te sostengan y acompañen sin exigir, de llorar cuando toca, de equivocarse para aprender, de volver a empezar cuantas veces sean necesarias.

Y de recordar que no existe ningún dios del tiempo que pueda venir a decirnos cuándo es el momento correcto para hacer algo que queremos llevar a cabo, ni para cambiar.

El momento es ahora.

Nuestra vida no necesita que seamos seres perfectos, necesita que estemos despiertos. Conscientes.

Este es un libro con unos objetivos muy claros que puedo resumirte en cinco grandes ideas, que no son lecciones:

1. Aprende a dudar de tus propias narrativas autoimpuestas.

2. Libérate de tus miedos y vergüenzas acumuladas en este tiempo que ya has pasado de vida.

3. Identifica y cambia tus historias y creencias limitantes.

4. Usa la creatividad como puerta de sanación.

5. Cuida tu permission slip (‘autoautorización’), es decir, que te concedas el permiso de ser quien quieres ser.

No esperes el reconocimiento de otros, ni mucho menos su autorización.

Simplemente depende de ti, te lo mereces.

Me gustaría que no veas este libro como un manual más de crecimiento personal, sino a modo de ritual en tu propio desarrollo.

No es un libro de lecciones, sino de reflexiones que comparto contigo, y también te ofrece algunas herramientas que te ayudarán a poder crecer en diferentes ámbitos si has decidido poner el foco en ello.

Su texto nace de la creencia por parte de este autor de que ha llegado el momento de menos recetas y de más aprender a conectar con la verdad.

Este libro no te da respuestas rápidas ni fórmulas de éxito. ¡Lo siento! Pero te ofrece algo que considero más valiente: un espejo limpio en el que mirarte tú mismo, sin filtros y sin adornos. Un espacio donde puedes reconocerte sin máscaras.

Una lectura que te permita hacerte buenas preguntas. Y que, al hacerlo, tal vez puedas descubrir ese gesto nuevo que de ti esperabas, o esa decisión atrevida o esa pequeña rebeldía con la que decides volver a ti y crearte.

Circulo negro, dentro de este hay la silueta de las orejas, ojos, nariz y boca de un gato.

PRIMERA PARTE

Si tu casa

está en un piso de la planta veinte,

no confundas jamás

ninguna ventana

con una puerta.

Una vida en modo ¡WoW!

Quizá llegó porque tocaba cambiar.

Quizá llegó porque lo deseaba.

Quizá llegó para mejorar.

Quizá llegó y desaparecerá.

Lo único seguro es que

nada puedo hacer,

excepto esperar.

A. H. Thomas

Por obvio que parezca os diré que me queda menos tiempo de vida del que ya he vivido. Y ese tiempo quiero vivirlo en plenitud.

Aspiro a vivir plenamente, con lo que ahora soy, ahora amo… sin más.

Y a seguir creando. Creando mi vida, paso a paso, con la prisa del que sabe que le queda menos. Y también con la contemplación y la paz a las que aspiro.

Quiero seguir viviendo la vida en modo espiral, de dentro a fuera, como un huracán, sin parar mi propio crecimiento personal, aprendiendo, sintiendo, hasta llegar al último círculo de la misma, que espero sea muy amplio.

Quiero vivir cada día sin olvidar que la vida es una fiesta, un regalo. Evitar el sufrimiento innecesario.

No quiero acercarme con miedo al futuro. Ni tener apego a este presente que me satisface. Tampoco sentirme culpable del pasado.

Lo que fue ya no existe, aunque esté ahí para seguir aprendiendo.

Quiero estar presente en lo que estoy ahora. Buscar mi equilibrio. Rodearme de las personas que me importan, las que quiero. Y salir de la rutina absurda. Seguir sorprendiéndome.

Vivir en modo ¡WoW!

Este es el motivo por el que he escrito este libro. Y también por si a ti te sirve en el proceso creador de tu propia vida.

La vida en modo ¡WoW! es una filosofía, una manera de entender que vale la pena vivirla —o, como dicen algunos conocidos, «vale la alegría»—, de poder decidir qué hacer con lo que cada día nos trae y así, siempre que nos sea posible, elegir disponer de momentos extraordinarios.

Imagina despertar cada mañana con la emoción de que algo increíble está por suceder. Imagina abordar cada desafío con la certeza de que dentro de él se oculta una oportunidad.

Vivir en modo ¡WoW! no es simplemente tener momentos de asombro, es una forma de ver, sentir y actuar en el mundo con intensidad, gratitud y propósito.

No es solo poder buscar experiencias extraordinarias, sino convertir lo ordinario en algo que nos inspire, dejarnos sorprender con los pequeños detalles y poner intención en dejar una huella positiva en todo lo que hacemos. Es elegir elevar la consciencia del disfrute, y no solo para nosotros, sino también para quienes nos rodean, generando una energía que contagie entusiasmo y optimismo.

El enfoque vital ¡WoW! no trata de negar los problemas reales, ni de adoptar un optimismo superficial, estúpido. No pretende idealizar una felicidad edulcorada, ficticia, sin sentido, que se evade de la realidad, y de lo que de ella no nos es atractivo, no huye de lo que nos perjudica.

Es, ni más ni menos, una invitación a enfrentar la vida desde la aceptación, con curiosidad, pasión y creatividad.

Elijo vivir en modo ¡WoW! porque es la forma más auténtica de vivir plenamente. Porque es la clave para construir relaciones sólidas, dejar una impresión duradera y, sobre todo, sentirme vivo. ¿Y tú?

Cuando vivimos en modo ¡WoW! no solo damos lo mejor en cada momento con lo que hacemos, sino que también inspiramos a otros a soñar, a pensar en grande, a esforzarse y a ser una mejor versión de sí mismos.

Haz de cada día una oportunidad para crear algo inolvidable.

Porque cuando eliges vivir en modo ¡WoW! no solo cambias tu perspectiva de ti mismo, también cambias el mundo a tu alrededor.

Vivir en un modo ¡WoW! no solo transforma nuestro día a día, sino que nos brinda una serie de beneficios tangibles e intangibles que nos permiten mejorar la calidad de vida.

Vivir en modo ¡WoW! nos acerca a:

Disponer de relaciones más auténticas y significativas

Cuando vives en modo ¡WoW!, te vuelves una fuente de energía positiva para los demás. Las personas se sienten atraídas por tu entusiasmo, tu capacidad de apreciar lo bueno y tu disposición y energía para ir más allá. Y así, se fortalecen las conexiones humanas, se fomenta la confianza, se generan relaciones más profundas.

Vivir con una mentalidad de crecimiento

Porque al adoptar este enfoque nos vemos empujados a buscar la excelencia en lugar de conformarnos con lo suficiente.

Aprendemos a ver los desafíos como oportunidades para crecer y desarrollarnos, lo que nos ayuda a alcanzar metas más altas y a superar nuestros propios límites. Aprendemos de forma continua.

Sentir mayor gratitud

Al encontrar lo extraordinario en lo cotidiano, sentimos gratitud por las pequeñas cosas y disfrutamos más del presente, lo que nos da como resultado una vida más plena y feliz.

Desarrollar inspiración y creatividad

Cuando decides buscar momentos ¡WoW!, entrenas tu mente para pensar fuera de la caja (del inglés out of the box), de modo no convencional y creativo. Ves soluciones innovadoras, no te quedas atrapado por los problemas. Creas ideas únicas, innovadoras, y encuentras formas de hacer las cosas que otros no han considerado. Lo cual puede tener un impacto profundo en tus proyectos personales y profesionales.

Entregarte

A todo. Por ejemplo, cada día, en el ámbito laboral, vivir en modo ¡WoW! significa entregar más de lo que de ti se espera, las veces que se puede. Y sorprender con resultados no esperados, crear experiencias memorables para clientes y compañeros, colegas o socios. Esto no solo eleva tu reputación, sino que también abre puertas a nuevas oportunidades para ti… y te diferencia.

Ser más resiliente ante las adversidades

El modo ¡WoW! no eliminará tus problemas, ni los de otros, pero sí cambia cómo te enfrentarás a ellos. En lugar de quedarte atrapado en el desánimo, aprendes a buscar soluciones creativas, alternativas, y a encontrar algo positivo incluso en las situaciones más difíciles, complejas.

Ser el protagonista de tus cambios

Cuando te comprometes a vivir en modo ¡WoW!, aceptas convertirte en un catalizador de cambio. Ayudas a otros a elevar sus estándares, a encontrar inspiración y a perseguir una vida mejor. Tu actitud no solo mejora tu vida, sino que lo haces pretendiendo conseguir que este mundo, o al menos el mundo que te rodea, sea un poco mejor.

Dejar un legado memorable

Las personas que viven en modo ¡WoW! son recordadas por su capacidad de marcar la diferencia, dejar huella y transformar de una forma u otra su entorno. Viven una vida que vale la pena recordar, una vida que otros quieren emular. Terminan siendo maestros con mente de discípulo.

En esencia, vivir en modo ¡WoW! es una filosofía de vida. Un modo de estar disponible ante lo cotidiano.

Tener ganas de vivir una vida llena de experiencias que en la medida de lo posible sean inolvidables, de crear conexiones reales en este mundo actual en el que predomina la fantasía de lo estúpido en el escaparate social. Se trata de tener un propósito claro que te impulse a ser la mejor versión de ti mismo. La clave para pasar por este mundo con el ánimo de vivir de forma extraordinaria.

Vivir en modo ¡WoW! es una forma de entender la vida, que rompe con el clásico dilema del «para qué estamos aquí».

Estamos tan solo para eso, para VIVIR.

Para vivir ENTREGÁNDONOS.

No reservándonos.

No vivamos en modo espera, pausa.

Vivamos en modo ¡WoW!