Inicio del 'Prólogo'

 

¿Existe emoción más presente en la poesía que el amor? Pasan los siglos y, con ellos, sus poetas fundamentales, y no hay una época que no sea abrazada por multitud de poemas amorosos. Por eso este género nos gusta tanto a los que confiamos en las bondades de su efecto.

El amor, en todas sus variantes y caminos paralelos, es a veces un motor que permite el movimiento y, otras, un arma para combatir el desconsuelo. En los poemas políticos y sociales aparece el afecto a la patria o a sus gentes y en las obras existencialistas se encuentra el mismo apego por entender la vida y amar sus fisuras. Uno puede leer un poema a la naturaleza y hallar en sus versos el sentimiento profundo que despiertan los pájaros, y al mismo tiempo entender la emoción luminosa de la tristeza. Todo eso también es amor: la mezcla de experiencias, gestos y formas de mirar y existir.

La poesía nos recuerda quiénes somos y Mario Benedetti es uno de sus mejores intérpretes. El acto de escribir un poema supone una traducción de uno mismo, un acto casi físico que requiere de ganas de oscuridad y de la capacidad de hallar la luz en ella. Cuando uno decide bucear en su propio cuerpo a través de la palabra, sabe que aquello que desconoce es lo que formará el poema. Y cuando lo hace con el corazón en la mano, lo que comparte es una guía de respuestas. Benedetti nos hace pensar que este gesto épico parece algo sencillo, pero no sería justo no reconocer la dificultad del camino que recorre para lograrlo. Si algo queremos hacer sus lectores tras leerle es darle las gracias. Ese reconocimiento, después de un tiempo trabajando en la antología que ahora tienes entre las manos, es lo primero que quiero hacer.

Mario Benedetti es uno de los poetas más importantes y relevantes de la poesía del amor. El escritor latinoamericano es también autor de narrativa, cuento, teatro y ensayo. Nació en Uruguay en 1920 y, desde muy joven, tuvo múltiples oficios, cuyas marcas aparecerían también en sus poemas, como vendedor, taquígrafo o periodista. En 1973, tras el golpe de Estado en Uruguay, sufriría el exilio y sus consecuencias, que ya nunca le abandonarían. Esta marcha forzosa de su país marcaría profundamente la personalidad de un hombre sencillo y humilde, y su trabajo literario quedaría empapado de compromiso social y político. A su regreso a Uruguay, tras la vuelta de la democracia en 1985, se volcó en la reconstrucción sociopolítica del país: colaboró en medios, participó en causas sociales y fue una voz de memoria para los crímenes de la dictadura.

A pesar de ello, Benedetti nunca dejó de escribir sobre el amor. Hasta en sus peores momentos, alejado de su tierra, halló espacio para versos luminosos, como si los usara de escudo ante lo que estaba viviendo, quizá también resultado de una personalidad sensible y cercana. A pesar de su fama, siempre mantuvo un trato afectuoso con sus amigos y lectores, buscando compartir con ellos ideas o emociones. Fue mentor de multitud de escritores jóvenes y continuó defendiendo sus ideales. Si algo destaca, también, en su trabajo, es una fina ironía y un humor amable ante las situaciones difíciles de su vida, sin dejar de ser crítico y reflexivo. Todo esto conforma el hombre que era el poeta —o el poeta que era el hombre— y cómo entendía la literatura: como un puente entre las personas.

Su estilo poético es un reflejo de esa personalidad: sencillo, capaz de emocionar sin artificio. Su poesía busca comunicar y nombrar lo cotidiano con una ternura lúcida. Huye de las grandilocuencias, pienso, en un intento por acercar la poesía a las personas. Si el poeta ha de traducir, el resultado debe ser comprensible. Y eso es lo más difícil. Por eso es un poeta universal y querido en todo el mundo. Llevó el idioma a todos los rincones que quisieron entenderlo y supo colocar con un gesto amable sus palabras en las bocas de otros. Gracias a él, somos capaces de pronunciar lo que desconocemos, explicarle a alguien cómo nos sentimos y recordar lo que vivimos con la precisión del presente.

Esa es la poesía que defiendo y con ese sentimiento me he acercado ahora a su obra. He querido redescubrir al hombre ilusionado, enamorado y transparente; también al enojado, al que se entristecía, al derrotado; y, por supuesto, también al hombre esperanzado y sabedor de que la memoria es la única que nos guarda tal y como somos.

POEMAS DE AMOR

El acto de acercarse a la poesía de Mario Benedetti como lectora es hermoso. Es un gesto natural del que necesita respuestas o cuestionarse emociones. Llego a él sabedora de que hallaré lo que busco. Como antóloga, el ejercicio ha sido distinto, pero con un resultado muy parecido. He buscado en su poesía rastros, huellas de su forma de entender el amor. No estaba del todo segura de lo que iba a descubrir y el resultado ha sido esta selección. He encontrado poemas de épocas muy diferentes que dialogan entre sí como si hubieran sido escritos y separados por la mitad. El baile que resulta es precioso. Es más, podríamos reunir en un poema infinito toda su obra y tendría sentido. Ese hallazgo no es otro que su honestidad como escritor: todo en él es verdad.

En su poesía podemos identificar claramente la línea evolutiva de un sentimiento tan amplio como el amor, y eso es lo que he querido mostrar: el nacimiento, su crecimiento, la muerte y su reconstrucción. He pretendido hacerlo desde la universalidad del sentimiento sin dejar a un lado la experiencia íntima del escritor, que me parece lo más importante. El viaje es así: desde la mirada hasta el encuentro. Desde el gesto íntimo hasta la ruptura. Desde el dolor hasta la memoria. Desde el recuerdo hasta la esperanza. Cada momento siempre nos lleva a otro.

Ordenar toda una existencia hecha palabra no parece que concuerde demasiado con la poesía ni con la vida, y tampoco sé si a él le gustaría leerse en línea recta, pero a la hora de estructurar mi elección he querido seguir sus pasos en cuanto a claridad y cercanía con el lector. Si alguien se decanta por el azar, puede abrir este libro por cualquiera de sus páginas y encontrará algo que le resuene. Si, por el contrario, prefiere contemplar el amor como un paisaje y detenerse donde le pida el cuerpo, puede empezar por el principio y dejarse llevar por el orden propuesto.

Poemas de amor se estructura, por tanto, en seis fases, en una suerte de hilo emocional que une las distintas visiones del amor de Mario Benedetti de forma ordenada. Son poemas de épocas diferentes que, insisto, parecen responderse entre ellos como si estuvieran escritos con un único sentimiento. Quizá el poeta vio el amor siempre de la misma manera y lo único que cambió fue de nombre y forma. No lo sé, pero su voz y los ecos que deja son inconfundibles.

La antología comienza con «El asombro», que reúne los poemas que versan sobre las primeras veces, esa inocencia, el descubrimiento de los cuerpos, la alegría del encuentro, todo un mundo de curiosidad y ganas. A continuación, llega «La ternura» y una serie de versos que podrían resumirse en los gestos, el deseo, el afán por el futuro, esa segunda fase que sigue al primer acercamiento. Después, aparece «Lo cotidiano», y la belleza con la que el uruguayo escribe sobre la rutina compartida, lo simple, el humor, las bondades de la costumbre. Es entonces cuando todo se rompe y surge «La herida», con la consecuente vulnerabilidad, el dolor de la pérdida, los primeros y últimos desencuentros que nos conducen a la siguiente fase, «La ausencia», con poemas cuya temática principal es la soledad, la distancia, la espera. Así es como llegamos al final, con esa palabra que forma parte de su universo: «La resistencia». En esta fase, como en la vida, los poemas de Benedetti alcanzan la esperanza a través de la memoria y dejan patente la fuerza perdurable del amor, con la sabiduría del que sabe que para alcanzarla hay que atravesar todo lo anterior.

Es tan fácil sentirse reflejado en su poesía como entender el verso que continúa al anterior. Todos podemos vernos en cada una de las fases del amor, incluso identificarnos con una determinada. Quien esté experimentando un primer encuentro se detendrá con voracidad en los poemas iniciales y, quizá, continúe la lectura en un intento de prepararse para posibles futuros o recordar antiguos amores. Quien se halle en las profundidades de una separación descubrirá un refugio cálido en los capítulos intermedios. Al leerlos, sentirá menos soledad y podrán servirle de faro. Quien esté, en cambio, en un momento de reconstrucción, sentirá la calma dulce de los últimos poemas. Mi propuesta es que los leas todos, en el orden propuesto, y una vez leídos este libro te acompañe siempre, como un amigo conocido, para convertirse así en un aliado. Creo que es lo que Mario Benedetti quería ser para sus lectores.

Esta antología es un viaje por la experiencia del amor en todas sus formas. Para mí, como poeta y lectora, ha sido una experiencia íntima con el poeta y con el hombre que me ha dejado un poco más iluminada. Benedetti nos humaniza, nos coloca en el lado correcto. Te invito a que te sumerjas en sus poemas, disfrutes de cada fase y te dejes atravesar por cada una de las emociones que despierte en ti. Haz una lectura pausada, como si fuera un paseo por el campo. Es recomendable, también, que prestes atención a los matices, porque son los verdaderos secretos de su poesía. Mi propuesta es sencilla: deja que la voz de Benedetti guíe la experiencia y confía.

Dice Benedetti en uno de sus poemas: «No tengo ganas de escribir / pero la lluvia llueve sola». Y así, como un torrente imparable, un fenómeno ajeno a la voluntad, cae sobre sus lectores toda su poesía. Nos alcanza y nos deja totalmente calados, pero también más limpios, con algo más de luz. Quizá por eso es el poeta de la vida cotidiana: escribe sobre lo que está ahí y damos por hecho sin olvidar que estar vivos, y enamorados, es el auténtico milagro.

ELVIRA SASTRE

El asombro

[El amor es un anzuelo. O dos.]

El amor es un anzuelo. O dos.

[Defensa propia, 2004]

[Abrir un paréntesis]

Abrir un paréntesis en el amor siempre es peligroso, porque nunca se sabe cuándo se cierra.

[Defensa propia, 2004]

A vivir

Quisiera conocerme y conocerte

y calmar esta sed entre tus labios

olvidarme de todos los resabios

y jugar sin el miedo de perderte

no es cosa de aceptar la mala suerte

y llenar el vacío con agravios

lo mejor es quedarse con los sabios

lo más lejos posible de la muerte

no está de más un poco de lujuria

para alegrar las tardes de la siesta

y desarmar la próxima penuria

con tus señas de azar o con las mías

el amor tiene siempre algo de fiesta

a vivir a vivir que son dos días

[Existir todavía, 2003]

Arco iris

A veces

por supuesto

usted sonríe

y no importa lo linda

o lo fea

lo vieja

o lo joven

lo mucho

o lo poco

que usted realmente

sea

sonríe

cual si fuese

una revelación

y su sonrisa anula

todas las anteriores

caducan al instante

sus rostros como máscara

sus ojos duros

frágiles

como espejos en óvalo

su boca de morder

su mentón de capricho

sus pómulos fragantes

sus párpados

su miedo

sonríe

y usted nace

asume el mundo

mira

sin mirar

indefensa

desnuda

transparente

y a lo mejor

si la sonrisa viene

de muy

de muy adentro

usted puede llorar

sencillamente

sin desgarrarse

sin desesperarse

sin convocar la muerte

ni sentirse vacía

llorar

sólo llorar

entonces su sonrisa

si todavía existe

se vuelve un arco iris.

[Próximo prójimo, 1965]

Teoría de conjuntos

Cada cuerpo tiene

su armonía y

su desarmonía

en algunos casos

la suma de armonías

puede ser casi

empalagosa

en otros

el conjunto

de desarmonías

produce algo mejor

que la belleza.

[Viento del exilio, 1981]

[óyeme oye]

óyeme oye

muchacha transeúnte

bésame el alma

[Rincón de haikus, 1999]

Nuevo canal interoceánico

Te propongo construir

un nuevo canal

sin esclusas

ni excusas

que comunique por fin

tu mirada

atlántica

con mi natural

pacífico.

[Cotidianas, 1979]

La buena tiniebla

Una mujer desnuda y en lo oscuro

genera un resplandor que da confianza

de modo que si sobreviene

un apagón o un desconsuelo

es conveniente y hasta imprescindible

tener a mano una mujer desnuda

entonces las paredes se acuarelan

el cielo raso se convierte en cielo

las telarañas vibran en su ángulo

los almanaques dominguean

y los ojos felices y felinos

miran y no se cansan de mirar

una mujer desnuda y en lo oscuro

una mujer querida o a querer

exorciza por una vez la muerte.

[Geografías, 1984]

[con o sin luces]

con o sin luces

una mujer desnuda

siempre es la reina

[Adioses y bienvenidas, 2005]

Imán

Ser un imán qué maravilla

que no sólo atrajera a los metales

sino también a los fantasmas

a las muchachas y sus pechos

a las preguntas sin respuesta

a las miradas escabrosas

a concurridos montes de piedad

y a los montes de venus que nos tientan

a simulacros de la honra

a caracoles del verano

a hojitas tristes del otoño

a desamores clandestinos

y a los pronósticos del alba

ser un imán qué maravilla

que cautivara bocas cálidas

divanes para todo uso

abrazos dulces y porfiados

alas de fieles y de infieles

interminables soledades

y desahogo de los ríos

imán de cielo tan vacío

tan milagroso con su nada

imán que busca un corazón

y lo descuelga de su gloria

[Adioses y bienvenidas, 2005]

Ella que pasa

Paso que pasa

rostro que pasabas

qué más quieres

te miro

después me olvidaré

después y solo

solo y después

seguro que me olvido.

Paso que pasas

rostro que pasabas

qué más quieres

te quiero

te quiero sólo dos

o tres minutos

para quererte más

no tengo tiempo.

Paso que pasas

rostro que pasabas

qué más quieres

ay no

ay no me tientes

que si nos tentamos

no nos podremos olvidar

adiós.

[Poemas del hoyporhoy, 1961]

[quien oye misa]

quien oye misa

se fija en la muchacha

que reza al lado

[Adioses y bienvenidas, 2005]

Muchacha

Cuando pasa el vaivén de tu cintura

la calle queda absorta / deslumbrada

si desnuda te sueña la mirada

sos carne de cañón o de censura

las vidrieras reflejan tu figura

y el maniquí te envidia la fachada

tu presencia es un riesgo / todo o nada

tu encanto es integral / base y altura

el requiebro vulgar no te arrebola

parecés satisfecha con tu suerte

no te inquietan azares ni aureola

quizá porque estás lejos de la muerte /

ya que la sombra te ha dejado sola

aprovechá la luz para esconderte

[La vida ese paréntesis, 1998]

Táctica y estrategia

Mi táctica es

                      mirarte

aprender cómo sos

quererte como sos

mi táctica es

                      hablarte

y escucharte

construir con palabras

un puente indestructible

mi táctica es

quedarme en tu recuerdo

no sé cómo      ni sé

con qué pretexto

pero quedarme en vos

mi táctica es

                      ser franco

y saber que sos franca

y que no nos vendamos

simulacros

para que entre los dos

no haya telón

                        ni abismos

mi estrategia es

en cambio

más profunda y más

                                    simple

mi estrategia es

que un día cualquiera

no sé cómo      ni sé

con qué pretexto

por fin     me necesites.

[Poemas de otros, 1974]

Sirena

Tengo la convicción de que no existes

y sin embargo te oigo cada noche

te invento a veces con mi vanidad

o mi desolación o mi modorra

del infinito mar viene tu asombro

lo escucho como un salmo y pese a todo

tan convencido estoy de que no existes

que te aguardo en mi sueño para luego.

[Yesterday y mañana, 1988]

Enigmas

Todos tenemos un enigma

y como es lógico ignoramos

cuál es su clave su sigilo

rozamos los alrededores

coleccionamos los despojos

nos extraviamos en los ecos

y lo perdemos en el sueño

justo cuando iba a descifrarse

y vos también tenés el tuyo

un enigmita tan sencillo

que los postigos no lo ocultan

ni lo descartan los presagios

está en tus ojos y los cierras

está en tus manos y las quitas

está en tus pechos y los cubres

está en mi enigma y lo abandonas.

[Despistes y franquezas, 1990]