PRÓLOGO
Sentado en una cabaña pequeña y espartana, frente al fuego de la chimenea, os escribo este mensaje. Sí, es la misma cabaña donde, en profunda soledad, escribí algunas partes clave de El Club de las 5 de la mañana.
El músico italiano Coez canta sus canciones y oigo a los pajarillos silbar al sol. Este lugar (próximo a un viñedo, en Sudáfrica) os parecería sencillo, natural y conmovedor, si estuvierais aquí. Sentados frente al fuego.
Khalil Gibran es uno de mis ídolos literarios. Y El profeta es su obra maestra, maravillosa, preciosa y a veces peligrosa. Estoy muy contento de que haya llegado a vuestras manos. Y a vuestra vida. Pronto entrará en vuestro corazón. Y encontrará un lugar en vuestra alma.
Debo confesaros que este libro me ha inspirado y me ha enseñado muchas cosas a lo largo de los años.
Durante las temporadas que pasé bajo el sol, alimentó mis esperanzas, fomentó mi creatividad y me recordó las maravillas de la vida humana.
Y en los fríos inviernos, cuando mis sueños estaban hechos trizas y el corazón destrozado, este libro me ayudó a seguir adelante. Y a utilizar el dolor que sentía para purificar las manchas de mi alma. Y a convertir los problemas en victorias.
Gracias, Sr. Gibran, por todo esto. Sí, debo darle las gracias.
«Hay personas que dan un poco de lo mucho que poseen, con el deseo oculto de obtener reconocimiento, y eso hace que sus obsequios sean malsanos. Otras personas, en cambio, tienen poco y lo dan todo», escribe este gran poeta en la obra que estáis a punto de leer.
Creo firmemente que él posee un gran talento y que lo dio todo en El profeta. Debemos estarle agradecidos por este libro. Y por su valentía para decir cosas que tan pocos se atreven a articular, en un mundo en el que a tantas almas buenas les interesa menos la sabiduría que los vídeos de entretenimiento. Y que están más centrados en ser famosos que en ser mejores.
Este no es un libro estridente. No da un golpe sobre la mesa. No exige vuestra atención. Pero si lo dejas entrar (si lo lees lenta y tranquilamente) reordenará tu comprensión de la vida.
Al principio, ni siquiera te darás cuenta de ello. Pero algo cambiará. Suavemente. Profundamente. En las semanas y los meses siguientes.
Gibran escribe sobre el amor y la pérdida, la felicidad y la pena, el trabajo y la generosidad, la amistad y la libertad. Escribe sobre niños, casas, crímenes y leyes. Con menos palabras que las que la mayoría de nosotros usaríamos para hablar del tiempo, él revela el ama de las cosas que más importan. Enriquece la vida humana.
Hay un pasaje en concreto que dice: «El trabajo es amor hecho visible». Esta simple frase influyó en mi manera de vivir. Me recordó que el trabajo que hacemos no es solo una manera de ganarse la vida, sino que también puede ser un servicio. Una manera de verter belleza, decencia y magia (¡sí, magia!) en el mundo.
También escribe: «Tu felicidad es tu dolor desenmascarado». Esa idea de que ambos están ligados, trenzados y son inseparables, me ayudó a levantarme cuando toqué fondo. Me hizo sentir menos solo en mi lucha. Menos desconcertado en mis lágrimas. Más seguro de que llegarían días mejores. Y de que las dificultades llevan consigo una lección extraña, mística y valiosa.
Este no es un libro que puedas acabar de una sentada.
Lees un poco. Reflexionas. Vuelves. Subrayas. Escribes notas en los márgenes. Hablas de él y lo compartes. Y al final, te das cuenta de que ya no eres la misma persona que empezó a leerlo.
Hay una fuerza tranquila en la voz de Gibran. Nunca te exige que estés de acuerdo con él. Ofrece una perspectiva y se aleja. Es la marca de alguien que no intenta impresionarte, sino que, honestamente, intenta ayudarte.
A medida que el mundo se vuelve más ruidoso, más rápido, más incierto, El profeta se vuelve todavía más importante. No es solo un libro, es una brújula que te ayuda a orientarte en las cosas que más importan: los valores, las relaciones, los objetivos, el alma.
Esta obra maestra nos recuerda que la verdad es sencilla. Que la sabiduría habita en el silencio. Que tu corazón ya conoce el camino si tienes la serenidad y la valentía suficientes para escucharlo.
He leído esta guía poética a la luz del fuego y en aeropuertos llenos de gente. La he cargado en maletas con ruedas y la he envuelto en celofán para regalarla a mis amigos. La he enviado a clientes y la he leído en público. Porque es un libro lleno de luz. Y tiene un poder inmenso.
Cada vez me ofrece algo nuevo. No porque el libro haya cambiado, sino porque yo he crecido.
Eso es lo que hacen los mejores libros, ¿verdad?
No te encuentran una sola vez. Te encuentran repetidamente. Una y otra vez. En distintos capítulos de tu vida. Y siempre tienen algo nuevo que ofrecer. Alas para volar más alto.
No leas El profeta para recargarte. Léelo para recordar quién eres y todo lo que eres en realidad.
Y cuando lo hagas, regresarás a tu vida con ojos nuevos. Más claros. Más sabios. Más fuerte y más amable.
Rezo para que este libro precioso os acompañe como me ha acompañado a mí. Para que os susurre cuando más lo necesitéis. Y para que os lleve, de manera suave y profunda, de vuelta a casa. A vuestro yo más elevado.
Robin Sharma
autor superventas de
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El Club de las 5 de la mañana
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EL
PROFETA
