¿LOS CORALES SON ANIMALES O PLANTAS?

¿LOS CORALES SON ANIMALES O PLANTAS?

No se mueven y no tienen ni ojos, tampoco patas, ni pelo, ni plumas, ni escamas. A simple vista no se observa nada que pueda darnos a entender que los corales son animales. Es más, la mayoría de ellos necesitan la luz del sol para sobrevivir, como sucede con las plantas. Sin embargo, por muy raro que parezca, son animales, y están muy relacionados con las medusas y anémonas de mar.

Además, resulta que los grandes corales que conocemos no son solo un animal, ¡sino una colonia de animales diminutos llamados pólipos! Cada uno de estos pólipos, que son muy parecidos a una anémona en miniatura, tiene su propia boca, sistema reproductor y red nerviosa.

Ilustración de un fondo marino en el que hay corales, algas y peces nadando.Como no pueden moverse, los corales han desarrollado increíbles estrategias de defensa. Algunos despliegan largos tentáculos venenosos para paralizar a cualquier animal pequeño con el roce, también a otros corales. Otros reaccionan al contacto recubriéndose con unos pequeños hilos con los que inyectan toxinas a sus presas para paralizarlas y luego digerirlas. Y un tercer grupo libera sustancias químicas en el agua para ahuyentar a posibles depredadores.

Estas técnicas defensivas son a la vez mecanismos de ataque: les permiten atrapar alimento y luchar contra otros corales por el limitado espacio libre para crecer en los arrecifes.

¿POR QUÉ LOS CORALES SE VUELVEN BLANCOS CON EL CALOR?

Al comprar cosas que no necesitamos, dejar abierto el grifo del agua más rato de la cuenta o las luces encendidas al salir de la habitación, estamos contaminando más de lo que creemos. Cuando se acumula esa contaminación, la temperatura del planeta sube poco a poco. A esto se lo conoce como calentamiento global y provoca daños en zonas tan bellas como los arrecifes de coral.

Si el agua donde viven estos animales se calienta demasiado, los corales empiezan a perder su color. Este blanqueamiento del coral está acabando en silencio con los grandes arrecifes del mundo a un ritmo vertiginoso. Pero ¿por qué se vuelven blancos? ¿Es malo para ellos?

Aunque los corales se alimentan de otros animales, obtienen la mayor parte de sus nutrientes gracias a la luz del sol mediante la fotosíntesis. ¡Como una planta! ¿Y cómo es que un animal hace la fotosíntesis? En el interior de los corales habitan unas diminutas algas que se llaman zooxantellas. Estas algas transforman la luz solar en alimento para los corales a cambio de protección. Increíble, ¿verdad?

Además, y aquí está la clave del misterio, son estas algas las que dan a los corales gran parte de su color. Cuando la temperatura del agua sobrepasa sus valores habituales, aunque solamente sea un par de grados, los corales se estresan y expulsan a sus diminutos ayudantes, perdiendo así su color y principal fuente de alimento y complicando su supervivencia enormemente.

¿QUÉ SON LOS CABALLITOS DE MAR?

Hablando de animales que no son lo que parecen: ¡los caballitos de mar también son peces! Cumplen todos los requisitos para serlo: viven en el agua, tienen aletas y respiran por branquias. E, incluso así,

¡son unos peces bastante extraños! Por ejemplo, nadan de forma lenta y patosa. ¡Tardan más de dos días en recorrer un solo kilómetro! Por ello han adoptado una estrategia de defensa de lo más particular: se camuflan perfectamente en su entorno, se agarran a algas, rocas y corales con su pequeña colita y se mecen entre las olas durante mucho tiempo, pasando así desapercibidos.

Para algunos caballitos de mar camuflarse es muy fácil, porque son diminutos. Por ejemplo, el caballito de mar pigmeo mide menos que una moneda de un euro. Otros, como el caballito de mar barrigudo, tienen que esforzarse: ¡pueden ser más grandes que este libro!

Los caballitos de mar, a diferencia de la mayoría de los peces, no tienen escamas: están protegidos por duras placas de hueso. Tampoco tienen dientes, y su boca es tan pequeña que, para cumplir con sus necesidades dietéticas, deben alimentarse continuamente succionando animales diminutos.

Pero sin duda lo más alucinante de los caballitos de mar es su forma de reproducirse. Tras elegir cuidadosamente a su pareja con un baile, la hembra da al macho cientos de huevos, ¡y será él quien se quede embarazado! El macho cuidará y protegerá los huevos dentro de un saco en su vientre, dándoles alimento y oxígeno. Tras cuatro semanas, dará a luz a muchísimos caballitos bebés.

¿LOS PECES DUERMEN?

Ilustración de un pez durmiendo entre algas.¡Claro! Como nosotros, los peces necesitan dormir para recuperarse de sus aventuras (acuáticas) diarias. Cuando vemos un perro o un gato acurrucados, con los ojos cerrados y respirando plácidamente, sabemos que están dormidos porque se parece mucho a como lo hacemos nosotros. Pero ¿cómo sabemos si un pez «se ha quedado frito» o simplemente está holgazaneando un poco?

Al no tener párpados, los peces no cierran los ojos. Pero sabemos que duermen porque se ha detectado que algunas especies de peces experimentan una actividad cerebral similar a la que tenemos los humanos cuando dormimos.

La mayoría de los peces duermen medio escondidos entre rocas o algas, y solo mueven las aletas de vez en cuando para mantener su posición. En ese momento, están relajados y su respiración es lenta y constante. Así que, cuando veas un pez muy quieto moviendo sus branquias lentamente, ¡seguramente esté dormido!

Pero no creas que duermen toda la noche como hacemos las personas. A algunos les basta con descansar a ratitos a lo largo del día; otros prefieren hacerlo por la noche. Lo que es seguro es que para ellos dormir es tan importante como para nosotros.

¿Y HACEN SONIDOS?

Los peces no hacen ni «mu», ni «guau», ni «miau»; tampoco ninguna otra onomatopeya que conozcamos, pero son todo menos silenciosos. Usan sus músculos y vejiga natatoria (un órgano especial relleno de aire) para hacer sonidos que utilizan para comunicarse entre ellos.

De hecho, hay lugares bajo el mar, como los arrecifes de coral, que son muy ruidosos. Allí los peces hacen multitud de sonidos: unos silban canciones románticas para impresionar a su pareja, como el pez damisela; algunos se gruñen entre ellos para avisar de un peligro, como ciertos peces payaso; y otros tienen una capacidad increíble para producir sonidos supercomplejos, como los peces sapo.

Las famosísimas pirañas rojas se ladran y se gruñen entre ellas para demostrar quién manda. ¡Y su sonido se parece mucho al de los perros! Además, también gruñen para advertir al resto, como si dijesen: «Si me sigues molestando, te llevarás un mordisco».

Otros peces, como los arenques, se reúnen en grandes grupos y se comunican entre sí tirándose pedos. Sí, sí, has leído bien… ¡Pedos! No se sabe todavía qué intentan comunicar con ellos, pero la próxima vez que escuches un sonido burbujeante dentro del agua, es posible que alguien quiera llamar tu atención en idioma arenque.

Estos son tan solo unos pocos ejemplos, pero el mundo de los peces sonoros es enorme. Hoy día conocemos casi mil especies que hacen sonidos a propósito para comunicarse con otros peces.

¿NIDOS HECHOS CON MOCO?

Aunque pueda parecer extraño, no todos los animales cuidan de sus crías. Al menos no como los humanos. La gran mayoría de los peces se olvidan de sus huevos tras ponerlos, pero otros ¡son superpapás!

Algunas especies de peces se esfuerzan mucho en crear nidos perfectos para proteger sus crías, ¡como los pájaros! Los construyen en forma de cuenco, de barril e incluso de nidos flotantes hechos con moco. Todo vale para proteger a sus bebés.

Hay algunos peces que se lo toman aún más en serio. Por ejemplo, los peces mantequilla no hacen nidos. Primero, la hembra pone cientos de huevos sobre una bola hecha de mocos (para que estén todos juntos) y luego el macho la rodea con su cuerpo en un gran abrazo protector. ¡No los soltará hasta que los pececitos naden solos!

Otros llevan los huevos encima, como el pez jorobado indio, que los transporta en su frente hasta que nacen. Y hay peces, como los cardenal de Banggai, que llevan al extremo el cuidado de sus bebés: una vez fecundados los huevos, los machos los recogen e incuban durante más de veinte días… ¡en la boca! Cuando nacen se quedan otros diez días en la boca de su padre, a la que siempre podrán volver si alguna vez están en peligro.

Durante el tiempo que el pez cardenal está incubando y protegiendo sus bebés dentro de la boca, no comerá ni un bocado, con tal de no dejar desprotegidos sus bebés ni un segundo.

¿LOS PECES COOPERAN ENTRE ELLOS PARA CAZAR?

Seguro que has visto documentales en la tele en los que aparecen grandes manadas de leones cazando juntos. Todos los miembros se mueven de forma coordinada: agazapados, acercándose a su presa con sigilo, cada uno por un lado, cerrando cualquier posible escapatoria. Hasta que… ¡zas! Éxito. Pero ¿lo has visto alguna vez con peces? Probablemente no. Y es que para cooperar en la caza es necesario un gran nivel de inteligencia y comunicación, características que los peces no parecían tener…, hasta que se descubrió el caso del mero y la morera, dos peces de especies totalmente diferentes que cazan juntos.

Ilustración de un pez y un pulpo nadando en la misma dirección con la mirada fija hacia delante.El mero es un pez grande, rechoncho y muy fuerte, pero también es algo lento. Las morenas, en cambio, son alargadas, escurridizas y ágiles, como las serpientes. A menudo, los pequeños peces de los que se alimenta el mero se ocultan en las rocas, donde él no puede llegar por culpa de su tamaño. Cuando esto sucede, el mero se acerca a una guarida de morena y le pide que lo siga con un gesto de cabeza. Luego la guía hasta el escondite del pequeño pez, ¡y esta se encarga de asustarlo para sacarlo de ahí!

¿Y qué saca a cambio la morena? Si en lugar de salir el pez se queda dentro de su escondite, será ella quien se lo coma.

Los meros también pueden ser vistos cazando con otros animales, como los pulpos, empleando una táctica muy parecida.

¿LAS MORENAS SON VENENOSAS?

Ilustración de una morena en el fondo del mar entre algas. Hay un interrogante sobre su cabeza.Siempre que aparecen en una película interpretan el papel de villanas. No es para menos, siempre están escondidas en agujeros, con sus dientes afilados y cara de pocos amigos. ¡Realmente parecen muy peligrosas! Antiguamente se creía que estos escurridizos animales eran venenosos porque cuando sus mordeduras se infectaban tardaban mucho en curarse. Pero esto no sucedía porque fueran venenosas, sino porque algunas especies tienen bacterias en la boca que pueden causar infecciones.

Lo que sí tienen las morenas, y es sumamente alucinante, es una segunda mandíbula llena de dientes escondida en la garganta, que además pueden sacar hacia delante. Es como si tuvieran una boca dentro de la boca. Aunque a primera vista puede parecer terrorífico, la función de esta segunda mandíbula es ayudarlas a tragar el alimento, algo difícil de hacer si no tienes lengua, como les pasa a las morenas.

Otro aspecto que puede asustar mucho de las morenas es que tienen siempre la boca abierta, como amenazándote con sus afilados dientes. En realidad, la llevan siempre así porque es su forma de respirar.

Debes recordar que, aunque no son tan peligrosas como parecen, es importante no molestarlas. A las morenas no les suele gustar tener compañía, así que, si ves alguna buceando, mantén las distancias y evita tocarla, porque, aunque intentará huir, podría morderte si se siente acorralada.

¿CÓMO VEN LOS PECES BAJO EL AGUA?

Ver bajo el agua no es tarea fácil: a la luz le cuesta mucho atravesar este líquido y el ambiente se oscurece conforme se gana profundidad. Esto nos podría llevar a pensar que los peces ven mal, pero no es así.

Los peces pueden ver muy nítido bajo el agua; ¡algunos ven incluso muchos más colores que los humanos! Por ejemplo, el pez damisela de Ambon y el pez damisela limón son muy parecidos, pero tienen dibujos que los diferencian y que solo son visibles con luz ultravioleta. Es decir, que son invisibles para el ojo humano, pero no para ellos. Estos peces se reconocen entre sí por sus llamativos dibujos, así saben cuáles son de su especie y cuáles no, frente a los que deben defender su territorio. Además, estos colores actúan como una señal secreta, porque también son invisibles para sus depredadores. Para estos, pasan totalmente desapercibidos, algo que sería muy difícil si se mostraran como son en realidad.

Pero ¿qué pasa a grandes profundidades donde no llega nada de luz? Allí son los peces los que la producen. Se asocian con bacterias bioluminiscentes con las que viven en simbiosis. Es decir, ambos salen beneficiados: las bacterias consiguen un buen (y seguro) sitio en el que vivir, y los peces, una linterna con la que ver en la oscuridad.

Algunos peces de las profundidades utilizan esta luz prestada para cazar, como los rapes abisales, que la mueven delante de la boca para atraer a sus presas. Otros, para defenderse, como el pez linterna, que apaga la luz que tiene bajo los ojos cuando necesita esquivar un ataque enemigo, o la encienden, de repente, para cegar y desubicar a los intrusos y proteger su territorio.

¿HAY PECES QUE SON CIRUJANOS?

¿Te acuerdas de Dory, la adorable y olvidadiza compañera de viajes de Marlin en la película Buscando a Nemo? Pues ¡es un pez cirujano!

Y no, esta especie no se llama así porque se dedique a operar a otros peces, como hacen los cirujanos humanos, aunque el motivo tiene mucho que ver con esta profesión.

Estos peces tropicales tienen una espina afiladísima justo antes del inicio de la cola. Algunas especies tienen hasta cuatro espinas que utilizan para defenderse. Son tan afiladas que se parecen muchísimo a los bisturís que usan los médicos durante sus operaciones. Y, aunque van armados, los peces cirujanos no cazan: son herbívoros que ayudan a controlar la población de algas en los arrecifes de coral donde viven.

Sin ellos, los corales se verían totalmente cubiertos por cientos de algas y desprovistos de luz. Esto impediría crecer a los corales y miles de peces se quedarían sin lugar donde vivir y alimentarse.

No solo Dory, el pez cirujano azul, es parte de este grupo de peces. También se incluyen especies tan alucinantes como es el cirujano vela (que tiene grandes aletas), el pez unicornio (que cuenta con una frente abultada muy parecida a un cuerno) y el pez cirujano amarillo (que es el mejor en lo que a comer algas se refiere).

Hay especies de peces cirujano que cambian de color según crecen. Por ejemplo, cuando el pez cirujano azul del Atlántico es joven, es de color amarillo, lo que le permite camuflarse más fácilmente. Cuando crece y se hace más fuerte, en cambio, se vuelve de un color azul intenso, que se hace más claro u oscuro según su estado de ánimo.

¿POR QUÉ SE DICE QUE LOS PULPOS son LOS INVERTEBRADOS MÁS INTELIGENTES?

Cambiar de color en un segundo no es ni de lejos lo más alucinante que pueden hacer los pulpos. Además de por eso, se los conoce por ser los invertebrados más inteligentes del mundo. Su cerebro y el nuestro funcionan de forma muy parecida, y su forma de aprender y resolver problemas también es similar. Son muy curiosos y no dudan en investigar cualquier objeto que ven por primera vez. Pueden salir de laberintos, usar herramientas, resolver pruebas muy difíciles, reconocer personas y objetos, y su comportamiento cambia según crecen, es decir, ¡que aprenden y se adaptan!

Por si todo esto fuera poco, ¡son muy traviesos! Algunos pulpos en cautividad son capaces de abrir puertas y escabullirse de sus tanques. Lo hacen para cazar otros peces y, cuando acaban y antes de que puedan ser vistos, vuelven a encerrarse en el tanque, ¡como si no hubiese pasado nada! También se conoce el caso de un pulpo que escupía agua a uno de sus cuidadores cada vez que lo veía. Se ve que le caía bastante mal… Y algunos utilizan a otros animales ¡como arma! Este es el caso del pulpo de siete brazos, que agarra con la boca a las medusas justo por donde no pican y utiliza sus tentáculos venenosos para atrapar peces pequeños y gambas.

Los pulpos no tienen un cerebro grande como nosotros, sino que lo tienen repartido entre la cabeza y cada uno de sus ocho brazos. Esto hace que cada brazo pueda moverse y tomar decisiones por su cuenta de forma muy rápida, lo que le da un tipo de inteligencia única entre los animales.

¿SON REALES LOS CALAMARES GIGANTES?

Los calamares gigantes y sus primos, los calamares colosales, viven a más de 1.000 metros de profundidad. Por eso es muy difícil verlos y estudiarlos. Durante mucho tiempo se pensó que eran seres de leyenda y cuentos de marineros. Pero ¡son muy reales! En los últimos años se han obtenido grabaciones en vídeo de estos animales en su hábitat natural, las profundidades marinas, y de vez en cuando el mar arrastra alguno a la orilla. Eso ha permitido que los científicos hayan podido estudiarlos de cerca, y han comprobado que su tamaño es realmente impresionante.

Estos gigantes marinos pueden llegar a medir hasta trece metros de largo (casi tanto como un autobús), tienen ocho brazos tan altos como los de un jugador de baloncesto y dos largos tentáculos de diez metros que usan para atrapar a sus presas. Esos brazos y la parte final de los tentáculos están recubiertos por ventosas tan grandes como pelotas de tenis, ¡y sus ojos tienen el tamaño de pelotas de baloncesto!

Solo se sospechaba de su existencia por las enormes marcas que dejaban sus ventosas llenas de dientes en la piel de los cachalotes, sus depredadores naturales.

Si el calamar gigante gana en tamaño, el colosal lo hace en peso.

Con más de 500 kilos, es el invertebrado más pesado del planeta. Y queda tanto por descubrir sobre estos misteriosos animales que los científicos podrían encontrar un individuo que bata todos los récords.