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Prólogo

Solemos decir que un viaje de mil kilómetros empieza con el primer paso. Lo mismo sucede con la vida: el viaje de todo ser humano empieza con la primera respiración.

Respiraremos muchas veces, y al final llegará el último aliento, que nos verá dejar este mundo. Pero la vida se define no solo por lo que hacemos, sino también por lo que aprendemos y acumulamos en el corazón.

¿Hasta qué punto es importante entender que la respiración es un verdadero regalo? Es importantísimo, porque, créeme, damos la respiración por sentada, y eso es algo que no podemos permitirnos. Debemos ver su belleza.

Debemos admirar en qué consiste. En medio de circunstancias que escapan a nuestro control está la realidad de que existimos, y esa existencia es posible gracias a la constante respiración.

Muchas personas han intentado entender lo que significa, pero tienes que experimentar lo que es la vida. No puedes limitarte a darle un sentido arbitrario; debes experimentar lo que es.

¿Qué se siente al estar vivo todos los días? Estar en la cúspide de esa existencia en la que de alguna manera todo lo que nos rodea intenta destruirnos. Por otro lado, la respiración que nos acompaña hace posible eso tan hermoso que llamamos existencia.

Estamos aquí, y es inevitable que un día nos vayamos. La distancia entre los dos muros, el que ya hemos atravesado y el que vamos a atravesar, define lo que somos.

Podrías ser cualquiera. Podrías haber sido cualquiera y es muy posible que llegues a ser cualquier cosa y cualquier persona que quieras ser, pero no puedes olvidar que todo esto sucederá gracias a la respiración.

Este libro, a su hermosa manera, intenta ayudarte a recordar y entender en profundidad en qué consiste respirar. Y lo cierto es que de algún modo apunta a nuestra existencia. A ti y a mí, que estamos vivos.

El hecho de estar vivos nos abre un abanico de posibilidades. Algunas son buenas y otras son malas, pero todas están ahí. De nosotros depende si aceptamos las que son buenas para nuestra vida, y seguimos adelante con ellas, o cometemos errores y nunca aprendemos de ellos. Esta también es una posibilidad, aunque nada agradable.

Despertar a este increíble milagro que llamamos vida es lo más maravilloso que podemos hacer.

Espero sinceramente que este libro despierte un mensaje en ti, en tu corazón, y que aprendas algo muy valioso, algo que han expresado desde tiempos inmemoriales, a lo largo de los siglos, muchas personas antes que nosotros, y que muy probablemente seguirán expresando tantas otras después.

Mientras estés vivo, es una oportunidad única.

Gracias.

PREM RAWAT

Inhalas, exhalas y te das cuenta de que estás vivo. La paleta de sensaciones es prácticamente infinita. Estamos en el reino del corazón.

Ilustración de una persona con vestido de rayas, botas de tacón y sombrero puntigado levantando los brazos y exhala e inhala, detrás tiene dos corazones gigantes.

Introducción

Muchos escritores del pasado han mencionado la importancia de respirar, lo fundamental que es para la vida de los seres humanos. Han descrito la respiración como un regalo. Pero ¿entendemos hoy sus palabras?

La respiración es un regalo que compartimos con todos los seres humanos sobre la faz de la tierra. Podemos tener opiniones e ideas diferentes. Podemos llevar ropa diferente, hacer cosas diferentes y tener culturas diferentes. Pero todos respiramos. La respiración es el inicio de la vida, su sustento, y cuando cesa, también su final.

La respiración es un mensaje silencioso para cada uno de nosotros: «Despierta. ¡Despierta a la vida!». Hasta ahora solo has despertado a tu mundo, a tus responsabilidades y a tus sueños.

Pero no has despertado a la vida. Es un paso totalmente distinto. Y cuando despiertas a la vida, entiendes quién eres. Entiendes quiénes son los demás y que no son diferentes de ti.

Entonces entiendes qué es la paz y el valor de la paz en tu vida.

I.
¿Qué es respirar?

Ilustración del mismo personaje con sombrero puntiago junto a un ratón sin cola. Los dos levantan las manos mientras observan a dos corazones (que simbolizan la respiración) volar hacia arriba.

Ilustración de una persona cayendo mientras se agarra a un corazón gigante mientras mira con la boca abierta al personaje con el sombrero puntigado, que está tumbado y su respiración está escapando.

1  La primera y la última

Cuando saliste del vientre de tu madre, la primera cuestión no fue si eras un niño o una niña. ¿Sabes cuál fue la pregunta en ese primer momento? «¿Respira?».

Todos los presentes contienen el aliento, literalmente, mientras el cuerpo físico sale –azul, viscoso y no muy bonito–, hasta que oyen la primera respiración del bebé: «¡Buaaa, buaaa!».

Pero ¿sabes cómo empezó la primera? Con una inhalación, no con una exhalación. No había nada que exhalar. Lo primero fue una inhalación. Y entonces todos sueltan un gran suspiro de alivio.

Inmediatamente después de esa primera respiración, el bebé pasa del azul al rosa. Ahora está vivo.

Avancemos a toda prisa hasta el final. De nuevo, ahí está el cuerpo. Todos permanecen muy quietos y en silencio. ¿Qué esperan? La última respiración, que termina con una exhalación. Y no vuelve a producirse inhalación.

Así es. Y si estás en el hospital, conectado a un monitor que pita para indicar que has muerto, aunque aún respiras, ¿a quién crees que le dará un golpe el médico? ¿A ti o al monitor?

El médico no te dará un golpe y te dirá: «¡Idiota, te has muerto! ¡Mira, lo dice el monitor!».

No, el médico dará un golpe al monitor. «¡Estúpido monitor, mientes! ¡Estás estropeado! Porque esta persona todavía respira».

Tu respiración es tu certificado de vida.

¿Qué es real? La respiración que entra en ti. Es tu existencia.

El día que respiraste por primera vez, todas las posibilidades de fracaso se detuvieron. Eras un éxito. Mientras sigas respirando, tienes éxito. ¿Y esa nueva inhalación? ¡Un éxito! ¿No lo entiendes? ¡Estar vivo es un éxito!

Tu respiración llega de forma espontánea y te trae el regalo de la vida. Y se va para regresar de nuevo. Este pequeño movimiento se repite una y otra vez. Tiene lugar aunque estés absolutamente inmóvil. Aunque no lo decidas. Todos los días y todas las noches. Es todo tu universo. Dentro del reino de ese ir y venir de la respiración está todo tu universo.

Ilustración de un gato durmiendo en una luna decreciente mientras su respiración escapa. En el fondo hay otra luna.

Porque un día el aliento saldrá y no volverá. Es curioso, ¿verdad? Sale. Y es la última vez. No vuelve. No habrá más inhalaciones. En ese segundo tu universo deja de existir.

Para muchas personas desafiar a la muerte es emocionante. En realidad, cada vez que respiras desafías a la muerte. No es necesario hacer puenting. Hago puenting cada vez que inhalo. ¿Te das cuenta del poder de la respiración?

Una persona me envió una carta. Le había sucedido algo terrible y me decía que creía que ya no tenía sentido seguir en este mundo. Mi opinión es que puede que no veas el sentido, pero ten la seguridad de que si respiras, tienes un sentido, aunque no lo veas. Puede que no te resulte evidente ni obvio, pero si respiras, tienes un sentido. Si después de leer estas palabras te embarcas en un viaje para descubrir ese sentido, será maravilloso. Si crees que tu vida avanza sin rumbo, observa tu respiración.

La muerte es poderosa. No perdona a nadie. Ni siquiera a los planetas. Ni siquiera a los soles ni a los sistemas solares. Ni siquiera a las galaxias. ¿Sabes que lo único que mantiene a la muerte alejada de ti es tu respiración? ¿Te haces una idea de lo poderosa y delicada que es?

¿Cuál es su poder? ¡Mantiene a raya a la muerte! Mientras suceda, la muerte no puede llegar. Y cuando se detiene, no importa lo que hayas conseguido en la vida, cuánto dinero tengas, cuántos amigos tengas, a cuántas personas poderosas conozcas ni cuán musculoso seas.

No prestamos atención a la respiración. No la vemos como un factor importante de nuestra existencia hasta el día en que empieza a marcharse, y entonces se convierte en todo.

Podrías tener todo lo que quisieras, y mucho más. Sin embargo, sin la respiración (que, por cierto, es aire, un elemento que está en todas partes), estás acabado. ¡No te queda nada! ¡Nada!

Ilustración de la persona con el sombrero puntiagudo leyendo un libro, en el que rebota la respiración.

Si se te cae el helado al suelo, no te preocupes, puedes comprarte otro. Pero toda la riqueza del mundo no puede comprarte una respiración más.

El tiempo que crees que tienes es una ilusión. Antes de que puedas siquiera prepararte, llega la hora de marcharte.

La red de seguridad de tu vida está hecha de respiraciones. Cuando incluso tu capacidad de hablar desaparezca, la respiración será lo único que seguirá retumbando en ti, y será lo último de lo que serás consciente cuando se desvanezca.

Un poco de aire entra en ti, te trae algo, luego sale, te trae algo, después sale, y así una y otra vez. ¿Cómo empezó tu vida? Con la primera inhalación. ¿Cómo terminará tu vida? Con la última exhalación. Y entre el aire que entra y sale hay una historia.

Una persona se perdió en medio del océano; ahí hay una historia. Una persona se perdió en medio del desierto; ahí hay una historia. Una persona muy rica lo perdió todo; ahí hay una historia. A un sintecho le tocó la lotería; ahí hay una historia.

Pero la historia de las historias es la que transcurre entre el aire que entra y el que sale cuando respiras. Aquí hay una historia asombrosa, la tuya. Es la única historia que sabes que es tuya. Y seguirá desarrollándose hasta la última exhalación.

Eres el beneficiario de esa respiración porque estás vivo. Si la respiración se detuviera, dejarías de estar vivo. Te dirían algo así: «¡Oye, tú, fuera!». Fuera de tu propia casa.

Hay personas que dicen: «¡No, nadie puede echarme de mi casa! ¡Es mi casa! ¡Es mi hogar! ¡Y tengo que defenderlo!». Las has oído, ¿verdad? Bueno, pero cuando la respiración se ha ido: «¡Oye, tú, fuera!».

¿Y qué pasa aquí? Me da la impresión de que todo el mundo dice: «Yo, yo. Yo soy. Yo soy esto y yo soy lo otro». Pero sin la respiración no hay nada. No hay comprensión de la respiración. No hay comprensión de lo que significa estar vivo.