
Nos teletransportamos directos desde el camerino hasta un pasillo largo y dorado que se parecía mucho al primero que habíamos visto en la mazmorra.
—¡Mira, Carl! ¡Estamos fuera! —dijo Dónut, que alzó la vista al cielo. Junto a ella, Mongo graznó con inseguridad.
Sí que había un cielo negro y moteado de estrellas sobre nosotros. Destacaba en él una nebulosa colorida que se parecía a la de la imagen de fondo en el plató de Odette.
El ambiente seguía estando estancado. Saqué el tirachinas, apunté hacia las estrellas y disparé.
Plic. Como era de esperar, la piedra rebotó en el techo, a poco menos de ocho metros de altura.
—Es una ilusión —dije—. Como en ese centro comercial de Las Vegas. Te hacen creer que estás al aire libre, pero en realidad no lo estás.
—Pues qué decepción —dijo Dónut.
Las paredes y el suelo estaban conformadas por ladrillos dorados. Una alfombra roja y de aspecto lujoso llevaba hasta una puerta muy familiar que se encontraba al fondo del pasillo. Cuando nos acercamos, la puerta se abrió sola. Una figura alta salió al exterior y los tres nos paramos en seco.
Un hombre guapo, joven y de buena complexión que llevaba un esmoquin nos esperaba bajo el umbral. Tenía la piel de un tono gris oscuro y un par de cuernos demoniacos y pequeños le sobresalían en la frente. Era más o menos de mi altura, con un cabello largo y canoso que llevaba recogido en una cola de caballo. Una cola aserrada le sobresalía por la parte de atrás del esmoquin, y tenía un par de alas negras parecidas a las de un murciélago replegadas con firmeza a la espalda.
—Hola, Mordecai —dije sin dejar de examinar su nuevo aspecto—. Joder, tío. Estás buenísimo.
—Guau —dijo Dónut mientras lo miraba de arriba abajo—. A ti no te echaría de la cama aunque comieses galletas en ella.
Hasta el típico graznido de Mongo sonó con cierto deje de sorpresa.
Mordecai. Íncubo. Nivel 50.
Maestro gremial de esta sede.
Se trata de un PNJ no combatiente.
Los íncubos, también conocidos como los Gigachad de la Ciudad Epigea, son la contrapartida masculina de las infames súcubos. Estas criaturas tranquilas, seductoras y que terminan por ser letales destacan por su buena apariencia, encanto irresistible y pies sensuales. Solo se encuentran en los pisos urbanos de la mazmorra. Les dan toda una nueva dimensión a los rollos de una noche.
—Princesa Dónut, Carl, pequeño Mongo, bienvenidos al tercer piso. Los pisos de entrenamiento han terminado. Ahora darán comienzo de verdad los juegos —dijo Mordecai, que hizo una leve reverencia. Hasta tenía la voz algo más grave. Nos hizo señas para que entrásemos.
Lo hicimos, y la puerta se cerró a nuestro paso.
—¿Pisos de entrenamiento? —pregunté—. Me cago en Dios. ¿A eso lo llamáis pisos de entrenamiento?
—Fiu. Menos mal —dijo Mordecai cuando se cerró la puerta. Se quitó la chaqueta y se aflojó la corbata, para luego desabrocharse los tres primeros botones de la camisa. La chaqueta era rara, con unas hendiduras alargadas en la parte de atrás para meter las alas—. Qué ganas tenía de que llegarais. Llevo tres horas esperándoos con esto puesto. Odio vestir de etiqueta.
—La entrevista se alargó más de lo que esperábamos —comenté—. Supongo que los espectadores no están viendo esto, ¿no?
—Qué va —aseguró Mordecai—. Os vieron entrar y os verán salir, pero no pueden ver lo que ocurre en el interior. Es como una de esas salas donde deliberan los jurados.
La habitación estaba exactamente igual que siempre, pero parecía más limpia incluso. Un par de camas que no estaba antes había aparecido como por arte de magia desde la última vez que habíamos estado aquí.
—Son para la transformación, en caso de que tenga lugar —explicó—. ¿Recuerdas lo que le ocurrió a Dónut cuando se comió esa galleta de mascota mejorada?
Tragué saliva al recordar el mejunje extraño y viscoso en el que se había transformado la gata.
—Bueno —dijo Mordecai—, ¿habéis decidido quién lo hará primero? Os sugiero que sea Princesa…
—Yo —dijo Dónut mientras saltaba sobre una de las camas—. Vamos a darnos vidilla.
—Muy bien. Carl, ponte cómodo —dijo Mordecai. Me senté en una de las sillas, momento en el que Mongo saltó sobre mi regazo y graznó con tono de preocupación.
—No le va a pasar nada a mamá —aseguró Dónut—. Quédate con el tío Carl unos minutos mientras yo hago unas cosas. Y pórtate bien.
El bebé velocirraptor se acomodó sobre mí. De repente, me sentí muy incómodo al darme cuenta de la cantidad de dientes que tenía cerca de la entrepierna. No tenía muy claro qué podía llegar a ocurrir si me mordía ahora. Sospechaba que no se teletransportaría al exterior, sino que se quedaría paralizado como les había ocurrido a Frank y a Maggie aquella vez. Con suerte, no llegaría a descubrirlo.
—Muy bien —continuó Mordecai. Agitó la mano e hizo aparecer una pantalla flotante frente a él, como si estuviésemos en el programa de Odette—. Tu especie actual es «gato». Aquí tienes una lista de todas las especies disponibles que puedes elegir. Al parecer, son trescientas veinte. Están en orden alfabético y puedes hacer clic en cualquiera de ellas para repasar detalles muy específicos. Ten en cuenta también que la IA del sistema te recomienda particularmente tres de ellas. Tenemos una hora para echarles un vistazo y luego…
—Quiero ser gata. Siguiente.
Mordecai respiró hondo.
—Dónut, hay algunas opciones de la lista con las que prácticamente seguirás teniendo aspecto de…
—Gata. No pienso discutir. Siguiente.
Mordecai me miró. Yo me encogí de hombros. Dónut había dejado claro desde el principio que no iba a cambiar de especie. Eso sí, me alegraba que se hubiese olvidado de la idea de que yo también eligiese ser gato.
—Pues muy bien —dijo Mordecai—. Te aparecerá un mensaje emergente y tendrás que confirmar tu elección haciendo clic.
—Un momento —dije cuando me vino a la mente una sospecha espeluznante—. Elegir gata no va a cambiarla a como era antes de comerse la galleta, ¿no?
—Demasiado tarde —replicó Dónut. Brilló durante unos instantes—. Ya he hecho clic. —Se miró la pata—. Pues me siento igual.
—No —aseguró Mordecai. Miró fijamente a Dónut—. Pero es importante hacer preguntas de ese tipo antes de hacer clic en las cosas. Por suerte, ha elegido bien. No cambiará nada, pero ahora tendrá acceso a algunos beneficios de especie que no tenía antes.
—¿Beneficios? ¿Cuáles? —preguntó la gata.
—No lo sé, Princesa Dónut —respondió Mordecai, con tono desesperado—. No lo sé porque nunca llegamos a revisar la ficha de la especie gato en el menú. Los verás cuando hayamos terminado, pero eso no ocurrirá por el momento, ya que el cambio no tendrá lugar hasta el final del proceso.
—Vale, Dónut —dije—. Tenemos que tener mucho cuidado con la siguiente decisión. Veamos qué es lo que sugiere la IA, ¿te parece?
—Hagamos lo siguiente —respondió la gata—. Muéstrame una lista con todas las clases que tengan la palabra «princesa» o «reina» en el nombre.
—Venga. Seguimos —comentó Mordecai. Apareció una lista en la pantalla, aunque esta era mucho más corta que la anterior.
Mordecai se quedó en silencio mientras repasaba las opciones a toda velocidad.
—Muy bien, Princesa Dónut. Parece que puedes elegir entre treinta y cuatro clases. Es una lista muy corta. De hecho, es la más corta que he visto nunca. Diría que se debe a la combinación entre tu especie y tu puntuación de características. Tu Constitución base sigue siendo 2. —Hizo una pausa—. No, de hecho ahora tienes 4 gracias a la especie gato. —Volvió a repasar sus menús invisibles—. Ah, entiendo. Es una combinación de cuatro cosas. También tenéis el pase Desperado, que bloquea algunas clases de por sí. Y Dónut lleva puesta la tiara, lo que reduce las opciones aún más. Pero no pasa nada. Sigue habiendo opciones muy buenas en la lista.
—¿Cuál es buena? —preguntó Dónut mientras les echaba un vistazo—. Eeeh. Esta suena bien. Así… amenazadora pero misteriosa y divertida al mismo tiempo. Creo que elegiré esta.
—Un momento —dije mientras me ponía en pie al instante. Me coloqué al soñoliento Mongo bajo el brazo y me acerqué a la pantalla—. No elijas nada hasta que lo hayamos repasado detenidamente.
Dónut señaló una clase llamada NIGROBARDO.
Mordecai gruñó.
—Lo cierto es que no es una mala elección. Es una de las tres recomendadas, de hecho.
Miré la lista. Las únicas clases básicas disponibles para Dónut eran BARDO, LANZADOR DE CONJUROS Y BÁRBARO. Cada una de dichas clases tenía una lista de especializaciones debajo, como NIGROMANTE, MAGO DE VIENTO Y BRUJO. La subclase nigrobardo se encontraba debajo de BARDO Y NIGROMANTE. La mayoría de las opciones que le daban a Dónut estaban englobadas en lo que parecía llamarse CLASES DE LA TIERRA. En esa lista había varias opciones interesantes, como GATO SALVAJE BERSERKER, ANIMAL DE PRUEBAS DE LABORATORIO Y JAMMER DE ROLLER DERBY.
Miré la lista de las tres clases recomendadas por la IA. Eran:
Eminencia del rincón de artistas.
Nigrobardo.
y
Ex actriz infantil.
Agradecí en silencio a los dioses del juego que no hubiesen llamado «Reina del roller derby» o algo parecido a esa clase. Era muy probable que Dónut hubiese insistido en elegirla sin leer nada. Ya habíamos hablado varias veces de lo que hacer en este momento y teníamos un plan basado en los consejos de Odette, pero Dónut era muy propensa a improvisar de vez en cuando.
—Dónut —dije—, haz clic en las tres recomendaciones para que podamos ver la información.
—Te voy adelantando que no pienso elegir esta.
Dónut hizo clic en la primera.
Eminencia del rincón de artistas.
Aquel que elija esta clase, que depende del Carisma y de la Inteligencia, podría considerarse un mercader de la época actual. Gracias a un talento artístico superior que le sirve para entretener y atraer a frikis de su misma calaña, una eminencia del rincón de artistas viaja por el mundo vendiendo su mercancía que infringe las leyes de propiedad intelectual. No es particularmente amenazador físicamente, pero es muy difícil hacer daño a este intrépido vendedor. Los miembros de esta clase reciben los siguientes beneficios:
+5 de Destreza.
Acceso inmediato al conjuro de nivel 5 Escudo.
Un 25 % de descuento en todas las tiendas y un 15 % de dinero adicional al vender.
Un 10 % de intereses del dinero que lleve encima al descender al piso siguiente.
La habilidad Exploración a nivel 5.
Acceso a Esquiva mejorada, que permite subir la habilidad Esquiva hasta nivel 20.
La habilidad Esquiva a nivel 5. (Ya la tienes).
En el sexto piso se desbloquearán subclases adicionales.
Esta clase pertenece a la Tierra. Como incentivo por elegir una clase de la Tierra recibirás una caja de la Tierra de plata al elegirla.
Mordecai gruñó.
—El incentivo no es muy bueno comparado con el que suelen dar. Normalmente es una caja de oro y algunos puntos de característica.
—No me sorprende —murmuré. Centré la vista de inmediato en la habilidad Exploración. Odette había dicho que tenía que encontrar algo que nos diese esa habilidad. Pero también nos hacía falta otra cosa.
—No obstante —continuó Mordecai—, es una buena elección para ella. Si consigue subir Esquiva a más de nivel 15, será casi imposible darle con un ataque. Y tener un 25 % de descuento en las tiendas también está muy bien, ya que se le sumaría a la bonificación que tiene de por sí gracias a su Carisma. Podrá comprar la mayoría de los objetos a mitad de precio, lo que es muy útil. Pero lo más importante es que te da acceso a la habilidad Exploración, que te permite encontrar escaleras, tiendas y gremios con mucha más facilidad.
—Ya, pero no —dijo Dónut—. ¿Rincón de artistas? ¿En serio? ¿Esos no son los frikis a los que les gusta Star Wars y hacen dibujitos de gatos vestidos como los personajes de El equipo A y esas cosas?
Se estremeció.
—Es una buena opción —aseguré—. Veamos las otras dos.
Nigrobardo.
Esta clase poco habitual combina uno de los oficios más queridos con uno de los más infames. Los nigromantes se especializan en magia para levantar a los muertos. Los bardos tienen que elegir una habilidad de entretenimiento. Dependiendo de esta elección, ya sea cantar, tocar el kazoo o contar historias, el mazmorrero podrá usar dicha habilidad para entretener, proteger o encantar tanto a los vivos como a los muertos.
El nigrobardo recibe los siguientes beneficios:
Acceso inmediato a una habilidad de entretenimiento de nivel 5 a su elección.
Acceso a todos los clubes que requieran membresía, independientemente de las membresías que tenga en ese momento.
Habitaciones gratis en todas las estancias seguras.
Una penalización de 10 % de maná en todos los conjuros que no sean de bardo o de nigromante.
Acceso inmediato al conjuro de nivel 3 Expulsar muertos vivientes.
Acceso inmediato al conjuro de nivel 3 Mojabragas.
+5 de Constitución, Carisma e Inteligencia.
-2 de Fuerza.
—No, por Dios… —dije—. Mira, como elijas el kazoo te abandonaré aquí y ahora sin remordimientos.
—Podría tocar un instrumento —dijo Dónut, con un tono de voz cargado de asombro—. ¡Podría ser cantante!
—No te olvides de que tenemos que conservar a los espectadores —dije.
—Lo que no se dice en la descripción es que muchos de los conjuros de nigromante se lanzarán con el instrumento —explicó Mordecai—, por lo que no será necesario usar puntos de maná. Es una ventaja impresionante. Además, cada instrumento tiene una lista muy larga de beneficios adicionales. Es una muy buena elección si te decides por una clase de daño. Terminará haciendo muchísimo y tendrá una gran variedad de habilidades de protección y de apoyo.
—¡Mira, Carl! ¡También hay armónicas! —dijo Dónut. Abrió el submenú de habilidades de entretenimiento y soltó un grito ahogado—. Bongos. Tienen bongos, Carl.
—¿Armónicas? ¿Cómo vas a usar algo así? —pregunté—. Pero si ni siquiera tienes pulgares.
—No hacen falta pulgares para tocar la armónica, Carl. Podría ponerme una cosa de esas para colgármela del cuello.
Me imaginé por unos instantes a la pequeña Zev intentando estrangularme por haber permitido que Dónut eligiese un instrumento tan estúpido.
—Venga, por favor. Vamos a echarle un vistazo a la tercera opción.
Ex actriz infantil.
Esta subclase poco habitual es una versión diferente de la clase actriz de reparto. Solo la pueden elegir los mazmorreros que tengan el logro ¡Corten! y que hayan conseguido al menos un billón de visualizaciones.
Después de haber sido una superestrella mimada y de haber tenido problemas con las drogas, has conseguido resurgir de tus cenizas más fuerte que nunca. Estás listo para volver a ponerte frente a las cámaras. Si eliges esta clase, que depende del Carisma y de la Suerte, podría irte bien o todo lo contrario. Llegarás a lo más alto o encontrarán tu cadáver en una cuneta dentro de una semana.
Esta clase única de la Tierra está basada en la subclase de bardo y pícaro llamada chico para todo, pero con algunas diferencias muy significativas.
Además de conseguir los beneficios siguientes, la característica más diferenciadora de esta clase polifacética es la habilidad Actriz de reparto nivel 3. Dicha habilidad solo sube de nivel al descender al siguiente piso.
Beneficios adicionales:
Inmunidad a todos los venenos y enfermedades.
La habilidad Cucaracha nivel 5.
+10 de Carisma.
+15 % de experiencia adicional a todas las habilidades de Carisma.
El beneficio Representante.
Esta clase pertenece a la Tierra. Como incentivo por elegir una clase de la Tierra recibirás una caja de la Tierra de plata al elegirla.
Vi cómo Dónut ponía los ojos como platos al leer esta clase.
—Pero ¿qué cojones hace la «habilidad Actriz de reparto? ¿Y la habilidad Cucaracha? —pregunté—. ¿Y qué es el logro ¡Corten!? No recuerdo ese logro.
—Me lo dieron por ser buena actriz —comentó Dónut—. Cuando engañamos a las chamatrices goblin.
—Vale, pero eso no explica lo que hace la habilidad. ¿Mordecai?
Mordecai se quedó un buen rato en silencio. Tenía los labios fruncidos en gesto de desagrado. Con la cara de íncubo que tenía ahora, su rostro se me antojó muy amenazador.
—¿Qué? —preguntó—. Ah, sí. Actriz de reparto. Es un poco complicado. Básicamente, en cada piso Dónut tendría que elegir una especialidad.
—¿Una especialidad? —pregunté.
—Es como si tuviese que elegir una clase diferente para cada piso. De ahora en adelante, los pisos de la mazmorra tendrán una temática, así que podría llegar a ser útil. Si llegáis a un piso lleno de monstruos de hielo, podría elegir una clase de fuego, por ejemplo. Pero también es una habilidad que se basa en la suerte, por lo que si la elige y luego escoge ser una maga de fuego, la IA del sistema tirará el dado y decidirá cuántos conjuros y habilidades de maga de fuego le da. Y nada más salir del piso, perderá dichas habilidades y tendrá que empezar de cero. No obstante, cuanto más alto tenga el nivel de la habilidad Actriz de reparto, mejores habilidades conseguirá cada vez. Será muy débil en los primeros niveles, pero llegará a ser muy poderosa dependiendo de las clases que elija.
—Creo que no me gusta —dije—. Depende mucho de la suerte. ¿Y qué pasa con los conjuros que ya tiene, como Proyectil mágico?
—Esos no los pierde. Pero si elige una clase que tiene una penalización a esas habilidades o conjuros, estos se verán afectados. Por ejemplo, si elige la especialidad nigromante, el conjuro Proyectil mágico le costará un 10 % adicional mientras se encuentre en ese piso de la mazmorra. O si elige brujo, su Constitución se verá reducida en un punto mientras se encuentre en ese piso.
Me gustaba lo de hacerse inmune al veneno y a las enfermedades, eso sí.
—¿Y qué es la habilidad Cucaracha?
—Básicamente, te da una oportunidad de sobrevivir a un ataque letal. Con nivel 5, podrá resistir un golpe mortal en un combate, aunque luego se quedará al borde de la muerte. Con nivel 10, su salud se mantiene intacta al recibir ese primer ataque letal. El problema es que la única manera de entrenar dicha habilidad es usándola. O con pociones. O con un gremio de entrenamiento si encontráis uno, aunque esos pueden ser caros.
—Me gusta —dijo Dónut—. Si la escojo, podré elegir nigrobardo como especialidad en todos los pisos y decidirme por un instrumento diferente en cada uno de ellos. Eso sería maravilloso. ¡Lo mejor de ambos mundos!
—No necesariamente, Dónut —dije—. Si la IA saca una mala tirada de dados, puede que tengas que quedarte con habilidades y conjuros de poco nivel hasta que llegues al siguiente piso.
—Así es —convino Mordecai.
—Vamos a echarle un vistazo al resto —comenté—. Pero de las tres recomendadas, la que más me gusta es la del rincón de artistas.
—Estoy de acuerdo —dijo Mordecai—. Creo que el nigrobardo podría ser mejor, pero tienes razón, Carl. Es una elección… peligrosa teniendo en cuenta vuestras cifras de audiencia.
Pasamos un rato repasando el resto de las elecciones y mirando con detenimiento las habilidades. El gato salvaje berserker era básicamente un bárbaro, lo que terminaría por matar a Dónut rápidamente al tener muy pocos puntos de salud, y el animal de pruebas de laboratorio era un mago especializado en venenos. También provocaba que el mazmorrero empezase a brillar de una tonalidad verdusca. El brujo era una buena elección en lo que a habilidades se refería, pero te hacía perder un punto de Constitución, lo que volvería a Dónut demasiado enclenque. El resto de las clases usaban ataques cuerpo a cuerpo y no eran apropiadas.
Respiré hondo.
—Dónut, sé que no te gusta demasiado, pero creo de verdad que deberías elegir la eminencia del rincón de artistas. No es una clase perfecta, pero es la más equilibrada.
—Vale —dijo ella.
Miré a Mordecai para ver si se lo había tragado. Parecía algo escéptico.
—¿En serio? —pregunté a la gata.
Ella hizo algo parecido a un encogimiento de hombros.
—Tenemos que hacer lo que sea mejor para el equipo, ¿no? Si quieres que sea una friki, pues seré una friki.
DÓNUT: CARL, ¿ESTÁS SEGURO DE ESTO? SE VA A ENFADAR MUCHO.
CARL: Hazlo.
—Muy bien —comentó Mordecai—. El menú aparecerá dentro de nada y tendrás que desplazarlo hacia abajo para elegir la clase.
Dónut brilló durante unos instantes. Un momento después, volvió a brillar.
—Hecho. Ya soy una eminencia del rincón de artistas. Qué horror.
—¡Cagondiós, Dónut! —gritó Mordecai—. ¡Cagondiós, joder!
—Y… ¡corten! —dijo la gata, que agitó una de las patas.
—Eh, eh —exclamé. Mongo se agitó en mis brazos—. ¿Qué acaba de pasar?
—Mordecai, cielo, esa frase es de Carl. Deberías agenciarte otra. Carl, nuestro amigo aquí presente se ha enfadado porque he elegido la clase ex actriz infantil. ¡Se ha tragado mi magnífica interpretación! ¿No es genial?
—Eso no es actuar —comenté—. Eso es mentir.
—No era mentira, técnicamente. Elegí la clase eminencia del rincón de artistas como especialidad para el tercer piso. Viene a ser lo mismo, por lo que no entiendo que se haya enfadado tanto. Me dijo que iba a recibir todos los beneficios excepto el 25 % de descuento. Y tampoco el conjuro Escudo. Ni la habilidad Exploración.
—Pero eso son todos los beneficios que merecen la pena, Dónut —suspiré—. Al menos ahora tienes más Carisma. Y también la habilidad Cucharacha.
—¡Y soy inmune a los venenos y las enfermedades!
—Sí —comentó Mordecai con indiferencia—. Y también tienes el beneficio Representante.
—Ah, sí —dije—. ¿Eso qué es?
Ya sabía muy bien qué daba el beneficio Representante. Odette nos lo había explicado en detalle.
—Pues yo —comentó Mordecai—. El representante soy yo. De ahora en adelante y durante el tiempo que paséis en este lugar olvidado de la mano de Dios, me teletransportaré de inmediato a cualquier estancia segura en la que os encontréis.
—¡Bien! —gritó Dónut.
—No, nada de bien —aseguró Mordecai—. Se suponía que después de ayudaros con esto me iban a trasladar a un gremio de magia. Me gusta gestionar el gremio de magia. Tengo una habitación mayor y acceso a pociones y a más conjuros. Ahora, cada vez que vayáis a dormir o paréis para comer o lavaros los dientes, me veré obligado a estar con vosotros…, lejos de mi habitación, de mi ropa y de mi comida. Dioses, y también he perdido mi permiso de túnel. Se acabó la televisión. Se acabo mi acceso al códice de información. Y como ya no puedo veros dar palos de ciego por la mazmorra, no sabré cuándo se acabará este suplicio y me sacarán de aquí. Además, si compráis un espacio personal… —Empezó a gruñir en voz muy baja.
—Eso no ha estado nada bien, Dónut —dije.
DÓNUT: TE DIJE QUE SE IBA A ENFADAR. NO ME GUSTA QUE LA GENTE SE ENFADE CONMIGO, CARL.
CARL: Sí que está enfadado, sí. Perdón.
—Si conseguís el beneficio Representante y no forma parte de una elección consensuada con él, será mejor que finjáis que se trata de un error —había dicho Odette—. No le preguntéis por él, porque una vez os diga lo que hace será demasiado tarde. No podrá decíroslo a menos que le preguntéis al respecto. Haced como que ha sido idea de Dónut, que parezca que Carl no ha tenido nada que ver. Puede que Mordecai le guarde algo de rencor, pero sigue considerando a la gata como a una niña. La perdonará. Ahora, si alguna vez descubre que ha sido a propósito, olvidaos de él.
—¿Y si el beneficio Representante viene ligado a una clase que no es demasiado buena? —había preguntado en ese momento—. Me gusta hablar con él, pero no creo que sea un sacrificio que merezca la pena si limita a Dónut.
—Hay muchas cosas que Mordecai no puede deciros y otras tantas con las que no puede ayudaros, a pesar de ser guía del juego. Una vez pase a ser representante, dichas limitaciones no existen. Perderá acceso al códice y todo lo que os diga tendrá que ser de memoria, pero Mordecai lleva muchísimo tiempo en la mazmorra y su cerebro es una de las mejores ventajas con las que puede llegar a contar un mazmorrero. Mientras quiera ayudaros, será ideal tenerlo como integrante de vuestro grupo. También podrá usar el chat. Es maestro alquimista. Conseguid ponerlo frente a una mesa de alquimia y os podrá preparar pociones. Es algo que os será muy útil.
Sí que nos iba a ser muy útil, sí. Es por eso por lo que habíamos decidido seguir los consejos de Odette. No me gustaba mentir ni engañar a Mordecai, ya que era lo más parecido a un amigo que iba a tener entre tanto extraterrestre. Además, sabía que si llegaba a descubrir lo que habíamos hecho, nuestros actos podían llegar a dañar irreparablemente nuestra confianza y nuestra amistad. Y lo cierto es que no confiaba del todo en Odette. Ahora le debíamos una y tenía en su poder información que podía utilizar para complicarnos la vida. Pero al menos tenía claro que quería que sobreviviéramos el máximo tiempo posible.
Después de hablarlo con Dónut, habíamos llegado a la conclusión de que merecía la pena arriesgarse. Teníamos que elegir ese beneficio si formaba parte de alguna de las clases.
El rostro cincelado de Mordecai se arrugó en un mohín mientras fulminaba a Dónut con la mirada.
—Bueno, pues felicidades, mazmorrera. Ahora eres Princesa Dónut, gata y ex actriz infantil de nivel 13. Bienvenida al puñetero tercer piso.
Mordecai pasó a mirarme con rabia.
—Ahora tú —dijo.

Mordecai respiró hondo, y vi cómo empezaba a calmarse.
—Muy bien —dijo—. Echemos un vistazo a las especies que puedes elegir, Carl.
Me senté en la cama. Había dejado a Mongo, que seguía durmiendo, sobre la silla. Dónut estaba sentada junto al bebé velocirraptor y tenía una pata apoyada sobre su cabecita.
Vi hileras e hileras de texto en la pantalla.
—Pues tienes trescientas noventa y ocho especies donde elegir. Es una buena cantidad —dijo el íncubo.
Me centré en las tres recomendadas por la IA y me reí.
Hobgoblin.
Humano.
y
Sasquatch.
—Anda. Qué raro —comentó Mordecai—. Nunca he visto que el sistema recomiende la especie que el mazmorrero tenía antes.
—Es porque a la IA le encantan los piececitos de Carl —explicó Dónut.
Mordecai arrugó el gesto. Abrió la boca como si fuese a decir algo, pero luego la cerró al momento.
Hice clic en la primera de las especies, el hobgoblin.
Apareció flotando frente a mí una miniatura giratoria en tres dimensiones de una criatura enorme. Básicamente, podía considerarse un goblin grande, con más músculos y con llagas infectadas en la cara. El estómago me dio un vuelco al ver a ese monstruo y, por primera vez, fui consciente de lo que significaba todo aquello.
«Solo tengo que confirmarlo y me convertiré en esa cosa. Para siempre. Joder».
—Qué asco —dijo Dónut—. Carl, no vas a elegir eso. Si cambias, deberías elegir lo mismo que él. —Señaló a Mordecai—. Un íncubo. O un Cambiado. ¡Sí, un Cambiado! Podrías transformarte en algo que case bien con la clase que tengo en cada momento. ¿Qué te parece? Lo veo.
—Ninguna de esas está en la lista —respondí. Además, tampoco me gustaba la idea de convertirme en un Cambiado. Al igual que con la habilidad Actriz de reparto de Dónut, Mordecai había dicho que la copia nunca era tan buena como el original. Tanta versatilidad tenía un precio.
Hobgoblin.
Esta especie limitada solo está disponible para los mazmorreros que hayan conseguido alcanzar el nivel 5 en la habilidad Manejo de explosivos cuando llegue el momento de elegir especie.
Un hobgoblin es el resultado al que se llega cuando una mujer trol emborracha lo suficiente a un goblin como para bajarle los pantalones. Los hobgoblins, que son grandes, musculosos e inteligentes, son expertos en la creación de trampas, el manejo de explosivos y el caos descontrolado. Por desgracia, estos tipos son tan feos que hasta las gorgonas sufren arcadas al mirarlos. Esta especie es perfecta para las clases relacionadas con la clase de guerrero y la de pícaro.
Reciben un +3 automático en todas las habilidades relacionadas con trampas y explosivos.
+5 % de velocidad a la hora de subir el nivel de habilidad en todas las habilidades relacionadas con trampas y explosivos.
Desbloquea la posibilidad de crear trampas y explosivos de alto nivel, lo que permite subir dichas habilidades hasta nivel 20.
Acceso sin restricciones a todos los talleres de zapadores hobgoblin.
-5 de Carisma. El máximo de Carisma pasa a ser 10.
+1 de Destreza.
+2 de Inteligencia.
Otorga la habilidad Regeneración. (Ya la tienes gracias a la camisa de piel de trol).
Era una buena especie. De hecho, era prácticamente perfecta para la configuración que tenía en mente. Pero me negaba a convertirme en esa cosa. Ni de broma. Ni pensarlo. Las bonificaciones eran geniales, pero iba a perder todos los espectadores. Eran feos de cojones, no feo en plan mono como era el caso de Mongo. Estos tipos eran difíciles de mirar de verdad.
Me dio curiosidad saber qué decía el sistema sobre los humanos.
Humano.
Ya eres humano. Voy a jugármela y a dar por hecho que no necesitas una descripción. Si eliges esta especie, seguirás tal y como estás. Lo único que cambiará será que conseguirás estos beneficios de especie:
+2 a todas las características básicas.
Flexibilidad. +2 % de velocidad a la hora de subir el nivel de las habilidades.
Elegir esta especie desbloquea varias clases exclusivas de la Tierra.
Me estremecí un poco al hacer clic en la última de las opciones. Un humanoide gigante y peludo con pies enorme empezó a girar frente a mí. Tenía un aspecto muy parecido a esa criatura que había visto en los anuncios de cecina. Era muy estereotípico: un pies grandes cubierto de pelo con colmillos y una frente demasiado amplia.
Sasquatch.
Esta especie limitada solo está disponible para los mazmorreros que hayan conseguido alcanzar el nivel 5 en la habilidad Despachurrar cuando llegue el momento de elegir especie.
Pies grandes. Yeti (en caso de que elijas una clase de hielo). Mono mofeta. La lista de apodos que tienen estas cosas es casi interminable, pero todos vienen a ser lo mismo. Son el resultado de coger un humano, cruzarlo con un gorila, hacerlos medio metro más altos, cubrirlos de pelo y luego ponerles un noventa y dos de talla de zapatos. La bestia resultante es un guerrero cuerpo a cuerpo y tanque monstruoso.
+3 a la habilidad Aporrear.
+3 a la habilidad Despachurrar.
-3 de Inteligencia.
-1 de Carisma.
+6 de Fuerza.
+6 de Constitución.
+2 de Destreza.
Acceso a Despachurrar mejorada.
Miré el pies grandes tridimensional con repulsión. Fijé la mirada en los pies brillantes y gigantescos de la criatura. No, no lo iba a elegir. No quería convertirme en un chiste ni en una puñetera parodia de una criatura de la Tierra. Recordé lo que había dicho aquel orco, que era la mascota de la IA. No. Imposible.
—¿Algún consejo? —pregunté a Mordecai.
—Sigue buscando —comentó—. Hay varias especies más disponibles que te darán acceso a clases exclusivas de la Tierra. Según he visto con las opciones de Dónut, parece que este año las clases de la Tierra van a ser las mejores.
Repasé todas las especies disponibles durante las dos horas siguientes. Había un gran abanico de posibilidades, desde unas criaturas bajitas, achaparradas y de piel púrpura llamadas enanos nocturnos hasta unas altas, esbeltas y con cuerpo de gacela llamadas elfos lyrx, pasando por unas monstruosidades de roca con lava en la parte central que se llamaban motores de carbón. Incluso había un gusano parásito del tamaño de un dedo llamado cazaintelecto. Me planteé si eran las mismas criaturas que lideraban la Corporación Valtay, pero me dio miedo preguntar. Podían agenciarse los cuerpos de cualquier criatura que matasen, aunque estos empezaban a pudrirse de inmediato. Mordecai me dijo que era una buena elección, pero era incapaz de imaginarme con esa forma.
La mayoría de las criaturas estaban bien equilibradas entre sí. Las características estaban repartidas de manera que, eligieras lo que eligieses, ibas a conseguir un aumento de unos 10 puntos. Si no era el caso, te bonificaba una habilidad o unas pocas capacidades, como visión nocturna, la posibilidad de volar distancias cortas o conjuros de especie. Las especies exclusivas, como el hobgoglin y el sasquatch, tenían una bonificación adicional que las hacía algo mejores.
Encontré una opción muy extraña oculta entre las demás. Un primigenio. Hice clic y no apareció imagen tridimensional alguna.
Primigenio.
Durante las primeras temporadas de Planeta mazmorrero, todos los participantes empezaban como primigenios. Los primigenios son como lienzos en blanco. Tendrás el mismo aspecto que antes y conseguirás habilidades relacionadas con tu especie actual. Hay algunas excepciones:
-1 a todas las características básicas.
Se desbloquean los niveles altos de todas las habilidades. Todas pueden subirse a nivel 20.
Elegir esta especie también desbloquea varias clases exclusivas de la Tierra.
Me quedé un buen rato pensando si elegir esa especie era mejor o peor que quedarme siendo humano normal.
—¿Cuesta mucho subir las habilidades a más de 15? —pregunté a Mordecai.
—Subirlas hasta 10 u 11 es relativamente sencillo si las usas de forma habitual. Mira el Proyectil mágico de Dónut, por ejemplo. Solo estamos en el tercer piso y ya lo tiene a nivel 9. Pero a partir de ahí cuesta mucho subir de nivel, a menos que te dediques en serio a entrenarlas. Hay varias formas de subir los niveles de habilidad. Hay gremios, mejoras de equipamiento, pociones caras y conjuros poco fiables. Si consigues un patrocinador particularmente generoso, puede que también te consiga algo para subir de nivel una habilidad. No obstante, pueden subirse con dedicación y planeándolo muy bien. Siempre hay algunos mazmorreros que eligen esta especie en todas las temporadas, pero no suele merecer la pena. Son pocos los que consiguen subir hasta nivel 15 más de una o dos habilidades.
—¿Merece la pena subir una habilidad a más de 15?
—Sin duda —aseguró Mordecai—. Una Bola de fuego de nivel 15 es un conjuro muy poderoso que puede llegar a destrozarles la vida a la mayoría de los enemigos. Pero una Bola de fuego de nivel 16 es cuatro veces más potente. Una de nivel 20 puede convertir una montaña en un volcán activo. Si consigues entrenar tus habilidades de puñetazos hasta nivel 15, serás imparable. Pero te queda mucho para llegar hasta ahí. Si eliges esta especie en lugar de humano, perderás la bonificación de diez puntos de característica adicionales, y también cinco puntos más. Sería como empezar con cinco niveles menos. Es como para pensárselo bien. Pero tampoco es un drama. Merece la pena si piensas bien tu configuración general y te centras en unas habilidades principales.
—Me gustaría preguntarte otra cosa —dije—. Ese tal Maestro le regaló a Maggie algo llamado poción de habilidad legendaria en el programa. ¿Esos objetos son muy comunes?
—No puedo… —Se quedó en silencio y miró a Dónut. Se le agrió la expresión, como si acabase de recordar que todo había cambiado en ese aspecto gracias al beneficio Representante—. No, no son nada comunes, y si encuentras alguna a la venta en algún sitio te costará muchos millones de monedas de oro. Si esa tal Maggie es lista, la venderá. Pero durante la Guerra de Facciones del noveno piso, cada uno de los clanes puede traer consigo un cofre de guerra lleno de suministros. Es una unidad de medida específica basada en el volumen. Cada clan suele llenar dichos cofres con pociones, anillos mágicos y otros objetos pequeños pero poderosos. Tendré que explicaros cómo funciona más adelante.
—Entonces… ¿ellos sí que tienen varias de esas pociones?
—El noveno piso se abrirá dentro de media hora. Y quince minutos después ya habrán usado la mayoría de esas pociones. Pero no todas. Te repito que es demasiada información como para explicarla ahora.
—¿Tú qué elegirías? —insistí—. ¿Humano o primigenio?
—Deberías elegir hobgoblin o motor de carbón, pero son especies que seguro te harán perder visualizaciones. La gente odia a los hobgoblins. A los entrevistadores no les gusta llevarlos a los programas.
Miré a Dónut, que se había quedado dormida. Estaba hecha un ovillo junto a Mongo.
—Pero ¿qué es un primigenio? —pregunté—. No dice nada en la descripción. ¿Es algo inventado para las mazmorras?
—Sí y no —respondió Mordecai—. Los primigenios son los progenitores, la primera especie conocida en conquistar el universo. Son como los hombres del saco del cosmos. Nadie sabe qué aspecto tenían ni tiene más información de ellos, a excepción de que se extendieron por toda la galaxia y que un día desaparecieron sin dejar rastro. Hubo una gran guerra que llegó a todos los rincones de las galaxias. Se han encontrado restos de dichas batallas. No sabemos si llegaron a enfrentarse a otras especies que no fuesen ellos mismos. Cuando alguien encuentra algún resquicio abandonado de su civilización, la IA residente, si es que sigue cuerda, suele tomar la forma de la especie descubridora. Esa es la razón por la que al elegir dicha especie no cambias de aspecto. Se dice que regresarán algún día. Las madres usan a los primigenios para asustar a sus hijos. Y en algunos sistemas se les venera como si fuesen dioses.
Abrí el menú, bajé hasta el fondo del todo y elegí la especie PRIMIGENIO.
La lista de clases disponibles estaba formada por seiscientas cincuenta opciones.
—Tendrías más si no tuvieses ese tatuaje en el cuello —aseguró Mordecai.
—¿Por qué? ¿Qué tipo de clases se han quedado fuera de la lista por culpa del tatuaje?
—El club Desperado no permite… ¿Cómo se dice? Mojigatos. No quieren ese tipo de personas en el local. Así que nada de clérigos o paladines —explicó Mordecai—. Hay algunas clases de monje que tampoco tienen permitida la entrada, lo que es una pena, porque hubiesen sido una buena opción. No obstante, diría que las tres que te recomiendan son geniales.
Miré las recomendaciones de la IA. Las tres eran clases de la Tierra.
Técnico de escuadrón de explosivos.
Pugilista profesional.
y
Anarquista moderado.
—Hum… —dije. Las fui abriendo una a una.
Técnico de escuadrón de explosivos.
Esta clase exclusiva solo está disponible para los mazmorreros que hayan conseguido el logro ¡Bum!
Las personas que deciden trabajar con explosivos están como una puñetera cabra. Se les da bien hacer saltar cosas por los aires. Y, aunque consiguen evitar que las bombas les estallen en las manos, los técnicos de escuadrón de explosivos tienden a perder amigos y extremidades por igual a un ritmo alarmante. Por suerte, esta clase tiene un beneficio que puede solucionar el 50 % de dicho problema.
Todas las trampas que usen explosivos quedarán marcadas automáticamente cuando te acerques a ellas.
La efectividad de las armaduras aumenta un 10 %.
+2 a todas las habilidades de explosivos.
+5 a la habilidad Cirujano de bombas.
+2 de Destreza.
+2 de Constitución.
-2 de Inteligencia. (Al fin y al cabo, hay que ser muy tonto para dedicarse a esto).
Otorga el beneficio Regeneración de extremidades.
Esta clase pertenece a la Tierra. Como incentivo por elegir una clase de la Tierra recibirás una caja de la Tierra de plata al elegirla.
Estaba bien. Muy bien, de hecho. Pero faltaba uno de los beneficios más importantes que necesitaba. La siguiente tenía el mismo problema.
Pugilista profesional.
Esta clase exclusiva solo está disponible para los mazmorreros que han conseguido llegar a nivel 5 de la habilidad Pugilismo.
Es una subclase de monje.
Hombres sudorosos y medio desnudos que se encaran dando vueltas alrededor el uno del otro en un ring hasta hacer papilla el rostro de su contrincante mientras el público ruge de emoción. A dichos espectadores les da igual quién se enfrente a quién mientras uno de ellos termine convertido en una montaña de carne sanguinolenta en la lona antes de que acabe la noche. Los pugilistas profesionales no lo hacen por la gloria ni por el honor. Lo hacen para llevar un plato caliente a su mesa. No es nada personal.
Los pugilistas profesionales reciben los beneficios siguientes:
+5 de Constitución.
+2 de Fuerza.
-2 de Inteligencia.
-2 de Carisma.
+3 a la habilidad Pugilismo.
+1 a la habilidad Combate sin armas.
+1 a la habilidad Puño de hierro.
+5 a la habilidad Noquear
+ (1 por piso de la mazmorra) de oro por cada enemigo que se elimine de un puñetazo.
Desbloquea los niveles altos de la habilidad Pugilismo. (Ya tienes este beneficio).
Esta clase pertenece a la Tierra. Como incentivo por elegir una clase de la Tierra recibirás una caja de la Tierra de plata al elegirla.
Ese +3 en Pugilismo era una bonificación muy buena, teniendo en cuenta que ya tenía la habilidad en 10 gracias a la poción de truco. Hubiese elegido esta clase sin pensar si pudiese abrirme paso por la mazmorra a puñetazos, pero ya sabía que algo así no era posible. Necesitaba algo más versátil.
Suspiré y abrí la descripción de la última de las clases recomendadas.
Anarquista moderado.
Esta clase exclusiva y poco habitual solo está disponible para los mazmorreros que tengan nivel 5 de la habilidad Manejo de explosivos y cuenten con al menos 500 mil millones de visualizaciones al llegar al tercer piso.
Cuando los oligarcas quieren confeccionar un movimiento social o, mejor aún, pararle los pies a uno necesitan armas cuanto más grandes mejor. Los revientamanifas. Los provocadores. Esta clase híbrida de monje y pícaro es una dinamo de crear trampas, fabricar bombas y de las redes sociales. El anarquista moderado es capaz de lanzar un coctel molotov por una ventana con una sonrisa en la cara para luego ponerse delante de las cámaras y suplicar que pare la violencia. El anarquista moderado, experto del cuerpo a cuerpo y del juego sucio, solo está en desventaja en lo que a técnicas de lucha más tradicionales se refiere.
+1 a la habilidad Cirujano de bombas.
+1 a la habilidad Ingeniero de trampas.
+1 a la habilidad Combate sin armas.
-25 % de daño cuando usa armas de filo.
+25 % de gasto de maná con los conjuros de daño.
+5 % de experiencia adicional a todas las habilidades de crear trampas y bombas.
+2 a la habilidad Ocultarse en las sombras.
+ conjuro Miedo.
+1 de Inteligencia.
+5 de Carisma.
+5 a la habilidad Encontrar trampa.
+5 a la habilidad Tiro por la culata.
+5 a la habilidad Plan de huida.
Acceso al club Desperado. (Ya lo tienes).
Acceso a la Agencia de Empleo de los Niños Malos.
Esta clase pertenece a la Tierra. Como incentivo por elegir una clase de la Tierra recibirás una caja de la Tierra de plata al elegirla.
Los anarquistas moderados deben elegir una subclase al llegar al sexto piso.
—La hostia. Creo que me quedo con esta —dije—. Tiene muchas ventajas relacionadas. Lo de «anarquista moderado» suena un poco a oxímoron, pero supongo que ahí está la gracia.
—Sí, todas las clases con un mínimo de visualizaciones suelen ser muy buenas. Lo hacen a propósito para darles algo de ventaja a los jugadores más populares. Esta te va como anillo al dedo, la verdad. Deja que le eche un vistazo a fondo mientras tu repasas las demás. Seguro que tiene truco por alguna parte.
Empecé a revisar el resto de las clases. Podía ocultar con un filtro las que no tenían ningún requisito especial, ya que en general no eran tan buenas.
No me dio tiempo a leer muchas, ya que poco después sentí un retumbar. Alcé la vista con gesto de sorpresa. El segundo piso acababa de derrumbarse.
Apareció la nueva cuenta atrás. Solo teníamos ocho días para completar el tercer piso.
¡Bienvenidos al tercer piso, mazmorreros! Quedáis poco más de 700.000. Tendréis ocho días enteros para completar este piso. Más tarde retransmitiremos un anuncio más largo, ya que sabemos que ahora la mayoría estaréis con vuestros guías. Tenemos muchas ganas de ver las especies y las clases que elegís. ¡Esta temporada contamos con algunas nuevas y muy emocionantes! ¡Buena suerte a todos!
—Ocho días —dijo Mordecai, que alzó la vista al techo. Negó con la cabeza—. Si siguen a este ritmo, el sexto piso solo estará abierto durante once o doce días. Las facciones se van a enfadar. Normalmente son unos treinta.
Seguí con lo mío. Había muchas clases que parecían muy buenas a simple vista. Algunas se asemejaban a la del escuadrón de explosivos, como APOYO DE LOS ANTIDISTURBIOS o COMANDANTE DE FUNDÍBULO. Y unas pocas de las que no eran de la Tierra también me parecieron interesantes, como la de PÍCARO TRAMPERO O EMBAUCADOR.
Dónut y Mongo seguían roncando al unísono y a todo volumen mientras Mordecai y yo comentábamos las ventajas y las desventajas de cada una de las clases.
—Una advertencia —dijo Mordecai—. Dónut no tuvo que preocuparse por esto, pero debes saber que algunas de las clases tienen un mínimo de puntuación de características. Por ejemplo, el anarquista moderado necesita un Carisma mínimo de 25. Tendrás 36 puntos para distribuir, pero elegirla te obligará a gastar 17 en Carisma directamente, independientemente de ese +5. Y luego tendrás que gastar 6 en Destreza base para llegar hasta 10, aunque eso es algo que te recomendaría igualmente.
—Madre mía —dije—. Eso no me gusta nada.
—Pero algunas de las habilidades que te dan con la clase son poco habituales. La de Tiro por la culata, por ejemplo —continuó Mordecai—. Te permite recoger las trampas y desarmarlas. Podrás usar los materiales para lo que quieras. Los mecanismos de activación de por sí son muy valiosos. Podrías ganarte la vida farmeando trampas.
Repasamos algunas de las demás habilidades. Cirujano de bombas, que aparecía en algunas de las clases posibles, me permitía coger un cartucho de dinamita y cortarlo en pedacitos para crear bombas más pequeñas y menos potentes. También servía para desmontar bombas de humo y usar las partes individuales para crear otras trampas. Ocultarse en las sombras no tenía mucho misterio, aunque tenía claro que si me acompañaban Dónut y Mongo no me iba a ser muy útil.
Muchas clases tenían la habilidad Exploración, como la de embaucador, pero poco después descubrí que anarquista moderado era la mejor de todas.
—¿Para qué sirve la habilidad Plan de huida?
Mordecai asintió y le echó un vistazo.
—Qué raro. Parece que se trata de una habilidad antigua, pero nunca la había visto hasta ahora. Está claro que uno no se va a dormir sin aprender algo nuevo. Sirve para ver mejor las puertas secretas, pero también tiene un beneficio oculto. —Gruñó—. Dale las gracias a tu gata por esto. Dice que da acceso al localizador de la mazmorra, pero no dice lo que es ni cómo acceder a él. Por suerte para ti, yo sí que sé cómo encontrarlo e interpretarlo. Pero antes no habría podido decírtelo.
—Explícate.
—En todos los grandes cruces de la mazmorra hay una leyenda del mapa oculta que los enemigos inteligentes que deambulan por el lugar pueden usar. Resume de manera muy general lo que hay en todas direcciones. Ya sabes, como esos carteles con forma de flecha que hay en los zoos. «Monos por aquí. Leones por allí». Pues lo mismo. También indica las salidas, los jefes de ciudad y más cosas. No es tan buena como la habilidad Exploración, que básicamente te marca todo en el mapa a mucha distancia a tu alrededor, pero en cierto sentido esta podría serte incluso más útil.
—Vale. ¿Y qué es esto de la Agencia de Empleo de los Niños Malos?
Se encogió de hombros.
—No tengo ni idea de lo que es eso. Parece un gremio que encarga misiones.
—¿Y lo de las subclases? Dice que tengo que elegir una en el sexto piso.
—Aún no podemos ver cuáles serán. No suele ser habitual que te obliguen a elegir una, pero sí que lo he visto otras veces. Lo más probable es que te exija especializarte aún más en una de las tres ramas de habilidades: bombas, trampas o cuerpo a cuerpo.
—Muy bien —dije un momento después—. ¿Cómo lo ves tú?
—Si tuvieses un grupo más equilibrado, te diría que eligieras la clase de pugilista profesional —explicó Mordecai—. Y si estuvieses en un grupo más grande, la de escuadrón de explosivos. Las tres son muy buenas. Podría decirse que la de anarquista moderado es la mejor objetivamente, pero al igual que la especie que has escogido, requiere mucho trabajo adicional. Vas a tener que grindear mucho y centrarte en conseguir toda la experiencia posible. El poco tiempo que están dando por piso no hará sino complicar las cosas.
Sonreí.
—Por suerte ahora tenemos en el grupo alguien que puede explicarnos muchas cosas.
Mordecai entornó los ojos sin dejar de mirarme mientras yo desplazaba la lista de clases para elegir la de ANARQUISTA MODERADO.
Después me tocaba repartir los puntos de característica. Los de Dónut acabaron así:
Fuerza: 20.
Inteligencia: 23 + 5 (Tiara) + 1 (Talismán) = 29.
Constitución: 4 + 2 (Cepillo) = 6.
Destreza: 12 + 2 (Faldón) + 2 (Brazalete) +5 (Bonificación temporal de piso) = 21.
Carisma: 70.
Había perdido tres de Fuerza, pero la Destreza le había subido en 4 puntos, la Constitución en 2 y el Carisma en 1 gracias a haber elegido gato como especie. Aún tenía una Constitución preocupantemente baja. Una de nuestras prioridades tenía que ser encontrar objetos que se la subieran.
Solo había ganado 4 puntos de característica en total por elegir gato como especie, pero había conseguido muchas habilidades nuevas. VISIÓN NOCTURNA, ATAQUE CORTANTE, REFLEJOS FELINOS y un beneficio llamado 9 VIDAS.
El beneficio 9 vidas era similar a la habilidad Cucaracha, pero algo peor. Reducía a la mitad el daño que recibía con los primeros nueve ataques del día. Era muy útil, sobre todo si teníamos en cuenta su baja Constitución. Pero el ataque de un monstruo superpoderoso seguiría partiéndola por la mitad por mucho daño reducido que recibiese.
Dónut despertó al fin.
—¿Me he perdido algo? ¿Te han salido orejas de elfo? —Me miró de arriba abajo—. Sigues siendo humano. Qué aburrido.
—Ya no soy humano. Ahora soy primigenio.
—¿Eso es como un cavernícola? —Fingió olisquearme—. Hueles a cavernícola, sí.
—Si te hubieses quedado despierta, sabrías lo que es.
Se encogió de hombros y se estiró. Mongó bostezó en voz muy alta y luego se estiró también. Emitió un ronroneo que sonó sospechosamente parecido al de un gato.
Me iba a tocar seguir siendo el tanque del grupo. Recibí los tres puntos de característica por nivel, lo que sumaba un total de 36, aunque más de la mitad ya estaban reservados debido a la puntuación mínima del anarquista moderado. Después de repartirlo todo, terminé con la siguiente puntuación:
Fuerza: 10 + 3 (anillo del dedo del pie) = 13 + 3 (cuando está activo el guantelete).
Inteligencia: 5.
Constitución: 10 + 4 (camisa) + 1 (anillo) + 2 (anillo) + 2 (bóxer) = 19.
Destreza: 10 + 1 (guantelete) = 11.
Carisma: 25.
Me había subido la Inteligencia hasta el mínimo necesario para leer el grimorio del conjuro Armadura de volutas, pero aún no lo había abierto. Seguía sin tener claro si quedármelo, dárselo a Dónut o venderlo. Quería ver qué valor tenía en caso de ponerlo a la venta. El conjuro Miedo gastaba tres puntos de maná al lanzarlo.
La configuración no terminaba de convencerme. Dónut aún era mucho más poderosa que yo. Por enésima vez, me pregunté si había sido un imbécil por tomar esta decisión. Me había visto obligado a gastar demasiados puntos en Carisma. Era una característica inútil en su mayor parte, sobre todo teniendo en cuenta que Dónut era insuperable en ese sentido. Me iba a tocar subir de nivel lo más rápido posible. Mi idea siempre había sido subir la Fuerza y la Constitución. De ahora en adelante, todos los puntos que consiguiese iban a ir directos a esas dos hasta conseguir una puntuación base de 20.
Dónut había terminado con unas habilidades que le permitían cambiarse los puntos a medida que avanzásemos por la mazmorra. En mi caso, tenía que planearlo muy bien y llevar a cabo un entrenamiento muy riguroso. Pero si conseguía destacar (y sobrevivir), terminaría por hacerme muy fuerte. ¿Había sido un imbécil? Tenía muy claro que habría personas que pensasen eso de mí.
—Para que esto funcione vas a tener que hacer una única cosa —dijo Mordecai. Era como si me hubiese estado leyendo la mente.
—¿Entrenar? —pregunté.
—No. Conseguir dinero. Mucho dinero. Venga, vamos fuera. —Empezó a abotonarse de nuevo la camisa del esmoquin—. ¿Dónde he puesto la corbata? Ah, aquí está.
—Un momento. ¿Ahora puedes salir?
—Claro que puedo salir. Ahora soy tu representante. Además, tengo que presentaros a los dos. Forma parte del trato.
Se colocó bien la corbata y se sacudió la chaqueta por delante.
—A ver, técnicamente eres mi representante, no el de Carl —espetó Dónut. Mongo graznó.
Dónut estaba en lo cierto, pero ni Mordecai ni yo queríamos sacar el tema por el momento. Ignoró el comentario.
—No puedo luchar con vosotros, pero puedo salir de vez en cuando. Sobre todo en los pisos urbanos. Vamos. Os presentaré y también tengo que enseñaros algo. Primero Carl. Luego Dónut y Mongo.
Nos pusimos en fila delante de la puerta antes de que Mordecai la abriese con una floritura.
Antes de entrar en la habitación, nos encontrábamos en un pasillo largo y dorado de paredes muy altas, pero ahora se extendía ante nosotros un pueblo muy bullicioso lleno de criaturas de todo tipo. El humo y el azufre destacaban en el ambiente contaminado. Había muchísimas tiendas de estilo medieval por todas partes. El suelo parecía estar hecho de tablones de madera, con huecos demasiado grandes entre ellos en algunas partes. Un humo lánguido brotaba de dichos agujeros. En el techo falso de la parte superior, un sol rojo y resplandeciente proyectaba una luz de tonos escarlata por el lugar.
Mordecai echó un vistazo al pueblo. Ninguno de los transeúntes le prestó la más mínima atención. Me indicó con la mano que saliese al exterior, y así lo hice. Mis pisadas resonaron en los tablones. La temperatura ahí fuera era mucho más alta que la del piso anterior.
—Me gustaría presentaros a Carl el mazmorrero, el primigenio anarquista moderado de nivel 13. Bienvenido al tercer piso, Carl.

—Esto se llama la Ciudad Epigea —dijo Mordecai mientras avanzábamos por la calle de madera. El minimapa estaba cubierto por los puntos blancos de los PNJ, y el de él había pasado a convertirse en una estrella amarilla. También había unos pocos puntos azules de otros mazmorreros desperdigados por ahí, pero no muchos—. El lugar por el que hayáis salido del segundo piso no afecta para nada al lugar donde habéis aparecido en este. Es del todo aleatorio, por lo que ahora os mezclaréis con mazmorreros de todo el mundo.
—Entonces ¿Brandon y los suyos podrían estar en cualquier parte? —pregunté—. ¿Cómo de grande es este lugar?
Dónut estaba sentada en mi hombro y llevaba a Mongo sentado sobre ella, como si fuésemos un puñetero trío de actores de vodevil. Ahora que me había aumentado la fuerza, casi ni notaba el peso. Muchos de los PNJ se detenían con la boca abierta para mirarnos al pasar. La mayoría de los que había en la zona eran enanos humanoides, pero también había una mezcla de humanos normales, orcos y criaturas parecidas a elfos caminando por ahí. Todos llevaban prendas de estilo medieval. Unos guardias enormes y con armadura, con el rostro oculto bajo los yelmos, también deambulaban por el lugar.
—Sí. Podrían estar en cualquier parte —respondió Mordecai—. Su ubicación dependerá del guía que les haya tocado. Podéis hablar con ellos, pero es muy probable que no sepan dónde se encuentran con relación a vosotros. La guía que tienen se llama profesora Tiatha. No la conozco muy bien, pero puedo intentar averiguar por dónde andan si queréis.
—¿Esto es una ciudad gigante?
Asintió.
—Los pisos de la Ciudad Epigea son típicos de Planeta mazmorrero. Hay cientos de pequeñas aldeas rodeadas de extensiones de ciudad abandonada. Todo está conectado entre sí. Lo único que tenéis que saber es que estas zonas urbanas aparecen cada tres pisos. —Dio un pisotón en el suelo desvencijado—. La mayoría de estas cosas son puro artificio. Sigue estando bajo la superficie de vuestro planeta. Eso que veis ahí arriba, en realidad no es el cielo de un planeta distante. Y tampoco hay un volcán enorme bajo nuestros pies.
—¿Volcán? —pregunté al tiempo que bajaba la vista.
—Ya os hablaré del tema. Pensad en la ciudad como en un escenario hecho para los espectadores. Este y los pisos posteriores serán mucho más pequeños que los dos primeros, con la excepción del noveno piso. Diría que este podría tener la extensión del estado de Arizona. Unos trescientos mil kilómetros cuadrados. Y la mayoría de dicha extensión está cubierta por ruinas.
—¿Y estos PNJ? —pregunté.
Un par de enanas, que bien podrían ser adolescentes, se habían quedado extasiadas sin disimulo al ver a Mordecai. Dijeron algo para intentar llamar su atención, pero él les gruñó e hizo que se marchasen a la carrera entre risillas.
—Son muy reales, criaturas biológicas con vida parecidas a algunos de los enemigos. La mayoría han sido creadas por la Corporación Borant. Este es el único mundo que conocen y que conocerán jamás.
—Eso es muy retorcido, ¿eh? ¿Ellos saben lo que son?
—Sus mentes quedan alteradas cada vez que se regeneran. La próxima vez que se forme este piso en algún planeta distante, estos PNJ se despertarán como si fuese un día más, pero también habrán cambiado y tendrán recuerdos falsos. Los recuerdos incómodos, como el de un mazmorrero que se siente a explicarles que son poco más que utilería de un concurso intergaláctico, habrán quedado eliminados. Imagina esos goblins de los que me hablaste, por ejemplo. Eran adictos a la meta y se peleaban por ella con las llamas. Esa historia no existía en la temporada anterior. Es algo que se añadió en este planeta y que solo ocurrirá en este. La próxima vez serán adictos al extracto de bayas solares o algo parecido. O serán fanáticos de algún dios en particular. O cualquier otra cosa.
—¿Qué cojones? —dije. En cierto sentido, podía decirse que eso era incluso peor que lo que nos estaban haciendo a mí y al resto de los humanos—. Pero están vivos, ¿no? ¿Cómo puede ser legal algo así?
—Son creaciones de los Borant, por lo que les pertenecen. No podrían alterar sus recuerdos si fuesen naturales, personas nacidas con un proceso biológico convencional. No pueden hacerlo a menos que renuncien a sus derechos por escrito.
—¿Y a la gente le parece bien?
—A la mayoría, sí. La galaxia en general tiene otras muchas cosas de las que preocuparse. Las normas al respecto son muy estrictas, casi tanto como las de las IA. Los enemigos y estos PNJ biológicos creados por encargo no tienen permitido existir fuera del programa controlado por el Sindicato. Usarlos para cualquier otra cosa que no sea este entretenimiento autorizado sí que es muy ilegal. Se considera un crimen de guerra, de hecho.
—¿Entonces no hay burdeles intergalácticos llenos de mujeres creadas genéticamente?
Mordecai hizo un mohín.
—No que sean legales, aunque sí que hay un lugar donde existen ese tipo de cosas bajo el amparo de la ley…
Señaló hacia el suelo.
—Pero has dicho que… —En ese momento me di cuenta de a qué se refería—. Ah. En los pisos inferiores, ¿no?
—Así es —aseguró Mordecai—. Este tercer piso no tiene casi turistas. La mayoría están en el decimoctavo. Es como un lugar de retiro de lujo para milmillonarios. La élite y los más ricos de la galaxia se congregan en ese piso para dar fiestas, apostar y saciar sus instintos más básicos.
—No entiendo nada —comenté—. Daba por hecho que el decimoctavo piso sería una especie de infierno en la Tierra lleno de dragones, gigantes de rayo y ese tipo de cosas. ¿Qué pasaría si un mazmorrero consiguiese bajar hasta ahí?
—Nadie lo ha hecho nunca —dijo Mordecai—. Así que no lo sé. Y pasa lo mismo con el decimoquinto. Borant y la IA del sistema tendrán cosas planeadas, pero nadie ha conseguido descender tanto, por lo que lo desconozco. Es algo que escapa a mi categoría salarial.
Mientras avanzábamos, pasamos junto a varias tiendas, sedes gremiales y posadas. Estas últimas aparecían como estancias seguras en el minimapa.
Mordecai pasó un buen rato explicándome las sedes gremiales de clase y de habilidades. Dónut y yo podíamos entrenar en las sedes gremiales de pícaro. La gata en particular también podría entrenar en las sedes gremiales de bardo; y en mi caso tendría acceso también a las de guerrero. A veces también nos encontraríamos con sedes especiales dedicadas a las especies. Ahora, me comentó que nunca había visto una para los primigenios, aunque era muy posible que existiesen. Los cuadrúpedos, en general, no tenían sedes.
Llegamos al final de la calle, donde se alzaba una pequeña valla. Un par de guardias con armadura estaban apostados en una verja no muy grande que me llegaba hasta la cintura. Los tipos estaban cubiertos de metal de los pies a la cabeza, por lo que no fui capaz de distinguir el tipo de criatura que eran, solo que eran corpulentos y muy altos. Cada uno llevaba una espada larga de acero. Examiné a uno de ellos.
Guardia espadachín de la aldea. Nivel 75.
A todo el mundo le gustan las personas fuertes y silenciosas. Para descubrir qué ocultan debajo del yelmo, tendrás que matarlo. Inténtalo si te atreves. No hay huevos.
Los guardias de la aldea tienen la misión de proteger los centros poblacionales del tercer piso de las criaturas que deambulan por las ruinas de la Ciudad Epigea. Solo trabajan cuando es de día, por lo que no vayas a llorarles para que te ayuden cuando se haya puesto el sol.
El guardia no se había movido ni un centímetro. Estaba parado como una estatua.
—Da un poco de miedo, ¿no? —preguntó Dónut cuando nos detuvimos junto a la verja.
—Nada de hacer enfadar a los guardias —advirtió Mordecai—. No ataquéis a los PNJ. No intentéis robar en las tiendas. Tampoco os emborrachéis para luego desmayaros en mitad de la calle. Aquí no hay calabozos e impera la pena de muerte. Si hacéis enfadar a los guardias, no intentéis luchar contra ellos. Son lentos, pero hay muchos. Escapad en dirección a las ruinas. No os seguirán hasta ahí. Ahora, nunca podréis volver al pueblo donde os haya ocurrido.
Detrás de la verja había más edificios, pero estaban en ruinas y abandonados, hechos de ladrillos desmigajados y llenos de moho que habían empezado a descascarillarse. Una niebla se alzaba y ocultaba el horizonte, pero en las sombras de dicha niebla distinguí construcciones de todo tipo y tamaño.
—Muy bien —continuó Mordecai mientras señalaba lo que había detrás de la verja—. Las ruinas. Son iguales que la mazmorra, pero decoradas con un entorno lleno de edificios viejos y deteriorados, así como parques abandonados y llenos de malas hierbas. Hay toda una historia que cuenta el pasado de la ciudad. Está basada en un cuento infantil que no llegó a formar parte de la cultura de la Tierra. Básicamente, podría decirse que hay un volcán inactivo gigantesco y un mundo mágico que solo existe dentro de dicho volcán. Dicho mundo está conformado por seis estratos. El primero es en el que nos encontramos, la Ciudad Epigea, que es donde vive la mayoría de la gente. En el fondo del volcán vivía un monstruo que, un buen día, expulsó gases venenosos y mató o transformó al noventa por ciento de las personas de este lugar. Los descendientes de dichos supervivientes viven en los pueblos, y los monstruos resultantes hacen lo propio en las ruinas.
—Eso es muy macabro —comentó Dónut.
—Vale. Entonces ¿ahora mismo estamos sobre un volcán? Según la historia del juego, quiero decir —pregunté.
—Sí. Se supone que este piso ocupa la totalidad del cráter del volcán.
—¿Y cómo es el piso inferior? —pregunté.
—Para vosotros, el cuarto piso es uno de mazmorra normal y corriente. Igual que el quinto. Ahora, el sexto también forma parte de la historia de esta ciudad volcánica. Para los PNJ que hay aquí, sí que es el piso inferior. Se llama el Coto de Caza. Es otro piso urbano con pueblos similares, aunque esos pueblos son mucho más grandes y los residentes originales eran mucho más ricos. En el caso de ese piso, las ruinas son como una jungla llena de enredaderas. Y también es el primer nivel donde los turistas más intrépidos y perturbados pueden dar caza a los mazmorreros. No hay muchos que lo hagan porque es caro y peligroso. Los cazadores no están protegidos. Están en peligro constante por parte de las criaturas y de los mazmorreros, y todas las temporadas hay un buen puñado de imbéciles ricos que acaban muertos.
—¿Y lo de los dioses?
—Eso no tiene nada que ver. Y no aparecerán hasta el cuarto piso. Os lo explicaré en otro momento. Por ahora, será mejor que os pongáis en marcha.
—Vale —dije al tiempo que me giraba hacia la aldea—. Aquí hay tiendas. ¿Deberíamos ir a comprar? ¿Abrimos las cajas ya?
—Sí, sí, comprar —insistió Dónut—. Hay que ir de compras, sí.
—Aquí no —respondió Mordecai—. Este pueblo es muy pequeño. Las tiendas son caras. Os estafarán y no comprarán ninguno de vuestros objetos. Tenéis que llegar a un asentamiento mayor, y no tenemos mucho tiempo. —Señaló en dirección este—. ¿Veis ese camino ancho de allí? Seguidlo durante medio día y llegaréis hasta un pueblo mucho más grande. Allí encontraréis tiendas mejor surtidas.
—¿Cómo lo sabes? —pregunté.
Mordecai apuntó con el dedo a una roca descolorida que había en el suelo al otro lado de la valla.
—Mira esa piedra de ahí y marca la ventana emergente que te aparecerá.
Hice lo que me acababa de decir.
—Madre mía —dije un momento después.
Había aparecido un cartel holográfico, que brotaba del suelo como si de un árbol se tratara. Tenía flechas con nombres y distancias en kilómetros. En dirección norte siguiendo el camino principal indicaba: ASENTAMIENTO DE TAMAÑO MEDIANO DE AVECELESTES. 34 KILÓMETROS. Había más carteles que indicaban la ubicación de estancias seguras, baños y, lo más importante, escaleras. Las escaleras más cercanas se encontraban a seis kilómetros.
—¿Hay estancias seguras en las ruinas? ¿No tenemos que depender de los pueblos? Y otra cosa, ¿los pueblos estos tienen nombre?
—Sí. Las estancias seguras y los baños estarán desperdigados por el lugar, tal y como lo estaban en los pisos superiores. Ahora, en las ruinas no habrá gremios de tutorial. Solo en los pueblos. Tampoco es que importe, porque también me teletransportaré a las estancias seguras. Y no, los pueblos no tienen nombre. El sistema los distingue entre minúsculos, pequeños, medianos, grandes y extragrandes. No es una clasificación muy trabajada. Este en el que nos encontramos es uno pequeño. Podéis ponerle nombre si conseguís matar al alcalde. Pero no os planteéis hacerlo siquiera, al menos en este piso. Es muy probable que acabéis muertos y no conseguiréis nada beneficioso si solo vais a estar aquí ocho días.
—Entendido —dije—. Pues supongo que tendremos que abrirnos paso luchando para llegar al otro pueblo.
Mordecai asintió.
—Aseguraos de revisar los carteles de vez en cuando para comprobar que vais en la dirección correcta. Todos los pueblos medianos de este piso tendrán un gremio de tutorial. Nos veremos por allí. Cuando lleguéis, nos iremos de compras juntos.
—¿Los monstruos serán mucho más fuertes en este piso?
—Sí, claro —aseguró Mordecai, que nos dedicó una sonrisilla pudorosa—. Debería hablaros de eso, sí. Me cuesta acordarme de todo ahora que no tengo mis listas. En este piso habrá diferencias entre el día y la noche. Siempre habrá monstruos en las ruinas, pero de noche serán más peligrosos. Los que os encontréis de día serán pan comido para vosotros, pero creo que tendríais que mantener a Mongo al margen al principio. Y no salgáis de noche hasta que yo os diga que estáis listos. Los pueblos siempre serán seguros durante el día. Por la noche, lo único seguro serán las carreteras principales de los pueblos. Normalmente. Las callejuelas serán muy peligrosas. En algunos casos, hasta más peligrosas que las ruinas. —Batió las alas de íncubo unas pocas veces y se me quedó mirando—. Alejaos de las chicas con cuernos en la cabeza. Tienes mucho más Carisma que antes y seguro que se sienten atraídas por ti. Aparecerán de la nada y te rodearán. Practica los puñetazos y usa el nuevo conjuro Miedo en todos los enfrentamientos. Recuerda parar en una estancia segura para abrir las cajas y para que Dónut recoja su nuevo conjuro del Club de Grimorio por Piso de la Mazmorra.
—¡Me había olvidado! —exclamó la gata.
Mordecai se giró y empezó a caminar en dirección al pueblo. Iba en línea recta hacia un bar. Luego nos miró por encima del hombro y dijo:
—Otra cosa. No os paréis en la primera estancia segura que veáis. Esperad unas dos o cuatro horas antes de entrar en una. Y, Dónut, sigue practicando con Proyectil mágico. Ya casi lo has subido a nivel 10. Habladme por el chat si me necesitáis.
—De haber sabido que se iba a poner tan mandón, no habría cogido el beneficio Representante —murmuró la gata.
—Calla, Dónut —dije en voz muy baja mientras quitaba el pestillo a la verja que llevaba a las ruinas. Cuando la abrí, soltó un chirrido muy ruidoso. Los dos guardias no se movieron lo más mínimo. Salimos a las calles en ruinas y dejamos atrás la seguridad del pueblo.