Prólogo
Conocí personalmente a Pepe Imaz cuando él era un gran jugador de tenis profesional. Años después he tenido la suerte de volver a coincidir y debo decir que, en esos encuentros, siempre me ha transmitido paz, tranquilidad, seguridad, cercanía y, sobre todo, he constatado que es un hombre dispuesto a ayudar a todo aquel que necesite su colaboración. Pepe, de manera pionera, ha sido capaz de hablar de las emociones en el tenis desde su propia vivencia y experiencia personal, con una sensibilidad, sencillez y cercanía muy humanas, algo de lo que nuestro deporte está muy necesitado, y se está ocupando de enseñarnos a gestionar el torrente de emociones que se viven durante un partido.
Hace años las emociones, depresiones, etc., eran un tema tabú. Hoy no podemos dar la espalda a la gestión de la mente en los desafíos que nos plantea nuestro deporte. Afortunadamente, ahora es menos extraño hablar abiertamente de los problemas psicológicos que sufren o han sufrido los jugadores profesionales durante su carrera. Por eso es clave la labor que hace Pepe, abordando los retos de la competición más allá de los aspectos técnicos o tácticos.
Para mí ha sido una gran experiencia asistir a algunas de las charlas que da Pepe en torneos juveniles por toda España, y que son de gran ayuda para que los más jóvenes, sus entrenadores y sus padres afronten la competición cuidando la salud mental de los chicos y las chicas. Un partido de tenis es un carrusel de emociones que debemos aprender a controlar.
Como he comentado anteriormente, he tenido la suerte de conocer su trabajo, no solo en sus charlas, sino también en sus escuelas de tenis, donde he asistido a algunas de las clases que imparte, llamadas Amor & Paz. Para alguien como yo, su acercamiento a los sentimientos dentro de la pista fue todo un descubrimiento.
Por eso me he lanzado a escribir estas líneas, porque creo que la labor de Pepe es de gran ayuda para toda la familia del tenis español y lo será, sin duda, para todas las personas que tengan la oportunidad de escucharlo y leerlo.
Miguel Díaz,
Presidente de la Real Federación Española de Tenis

Antes de empezar
Introducción
Queridos lectores, muchas gracias por haber elegido mi libro. No sabéis la ilusión que me hace compartir con vosotros mi experiencia de vida, esa que deseo para todos, pues me ha acercado y me acerca a diario al amor y la paz.
Por lo general, solemos presentar a las personas por sus logros, por lo que tienen, pero el mayor don es ser humano, algo tan excelso que no puede compararse con nada, ni siquiera etiquetarse. En mi caso, me considero un ser humano imperfecto, pero cada día deseo mejorar y crecer, además de compartir con los demás todo lo que aprendo. No tengo ningún título universitario ni diplomas de cursos realizados, así que mi intención no es adoctrinar ni enseñar nada, pues no soy quién para hacerlo. Solo soy un ser humano como vosotros que, desde el máximo respeto por la forma de pensar de cada cual, intenta aportar su granito de arena para traer Amor & Paz al mundo. ¿Y de dónde los he sacado yo? De esta vida maravillosa que tenemos la posibilidad de vivir en plenitud o de malgastar.
Como decía, mi objetivo no es enseñaros nada, pues considero que nadie sabe tanto sobre algo como para ponerse a dar lecciones. ¿Alguna vez habéis creído saber algo? ¿Y no os ha pasado nunca que, después de un tiempo, os habéis dado cuenta de que las cosas no eran tal como pensabais? Nadie tiene la verdad al cien por cien. Lo que pretendo en este libro es compartir con vosotros lo que sé en este instante de mi vida, no enseñaros, así que empezaré cambiando el verbo «enseñar» por «compartir». En un restaurante, cada persona elige entre diferentes platos de la carta. Yo me limito a ofrecer, a compartir con vosotros uno de esos platos. Hay más opciones, por supuesto; solo debéis preguntaros si sentís que queréis recorrer este camino o preferís otro. No hay uno mejor o peor, hay lo que sentís o lo que no sentís.

Enseñar y compartir
Deseo de corazón que mi experiencia en el tenis os ayude a daros cuenta de que está en nuestra mano ser auténticos, vivir la vida que queréis y mejorar cada día para alcanzar ese objetivo desde el amor, liberándoos de toda tensión, angustia, ansiedad, presión y de las sensaciones negativas que provoca el miedo. A los que penséis que este camino es el vuestro, no os aportará nada creer o no creer en lo que yo os diga, ni tampoco enjuiciarlo. Solo sacaréis algo de él si lo vivís y disfrutáis de la experiencia.
Quizá algunos me conozcáis por mi relación con Novak Djokovic, pero a lo mejor no sabéis qué nos unía. En los medios de comunicación llegaron a afirmar que yo era su entrenador o su gurú espiritual, que me fichó en 2016 y que dos años más tarde rompimos porque la bajada de juego que tuvo Novak fue por mi culpa... Creo que es importante aclarar esta historia desde el principio para alejarnos de los bulos que hay alrededor de una amistad como la nuestra.
Debido al tiempo que hemos pasado juntos, con su familia y entorno, a los que adora y por los que se desvive, lo conozco íntimamente. No voy a entrar a hablar de temas personales, por supuesto, pero me gustaría compartir con vosotros lo suficiente para que lo conozcáis más de lo que podéis saber de él a través de la prensa o de alguna entrevista.
Para mí, Novak es una persona extraordinaria, y uso este adjetivo en su sentido más literal: fuera de lo ordinario. Si nos paramos a pensarlo, podríamos decir que Novak es una figura muy especial o relevante en la sociedad, pero él no se siente superior ni más importante por ello. Al contrario, utiliza su relevancia para transmitir valores humanos a través de sus actos, de sus opiniones y de gestos buenos y generosos que le salen genuinamente del corazón. Entre ellos, destacaría que siempre actúa dando ejemplo, lo que le permite mantenerse estable en esa difícil posición que tiene en la sociedad. Otra de sus características más notables es su avidez de conocimiento y el deseo continuo de aprender. Por otra parte, es muy perfeccionista, y eso a veces juega en su contra, pues en ocasiones lo lleva a autoexigirse demasiado.
Cuando lo miro a los ojos, me encanta encontrarme con un ser humano tan verdadero y bueno. Me siento muy agradecido de poder compartir tantos momentos con él y sentir su gran corazón. No olvidemos que, cuando se está en el punto de mira de muchos millones de personas, es muy fácil perder la armonía si no se tiene una buena base emocional y una personalidad fuerte y bien afianzada. Y doy fe de que él las tiene. Sí, le vemos arranques fuertes en algunos partidos, pero él es consciente de ello. No se esconde, sino que lo reconoce, y sigue trabajando en ello. En fin, ¿quién es perfecto? ¡Yo no!
Hace más de una década que lo conozco. Novak y yo siempre nos hemos hablado con sinceridad y con la tranquilidad de que, cuando algo no nos gusta, nos lo decimos desde el respeto. Esa es nuestra relación, una amistad preciosa llena de mucho amor. No soy responsable de sus éxitos ni de sus fracasos tenísticos: nuestra relación se ha mantenido en los momentos de su mejor y su peor tenis. Ni he sido ni soy protagonista de ningún cambio en él. Los amigos de verdad no tratan de influirse o de cambiarse: se quieren, se aceptan y se respetan. Simplemente he compartido con él la experiencia de mi vida, aquello que tanto me ayudó. Igual que en los próximos capítulos la compartiré con vosotros.
Una vez aclarado esto, os diré que nunca he contado tan abiertamente todo lo que voy a presentar a continuación. ¿El motivo? No quería hacer daño a mi familia, en especial a mi madre. Ellos no se enteraron de lo que me pasó, pero pienso que ya puedo compartir lo ocurrido, pues siento y creo que están preparados para leerlo.
Por mucho que la mayoría de los ejemplos que pongo y las situaciones de las que hablo se refieran al mundo del tenis, tened en cuenta que, por mi profesión, no podía hacerlo de otro modo. Sin embargo, el mensaje que quiero transmitir puede aplicarse a todo el mundo, a todas las circunstancias, ya seáis deportistas, peluqueros o chavales jóvenes que empezáis vuestra andadura en cualquier ámbito de la vida.
Solo tengo palabras de agradecimiento para toda mi familia: Ángel y Lourdes, mis hermanos; y mi abuelo, que también hizo las funciones de padre y amigo desde que cumplí los cinco años. Pero sobre todo siento un agradecimiento infinito por lo que mi madre hizo y sigue haciendo por mí y por mis hermanos. Actuó conforme a lo que creía que era mejor para nosotros, siempre se entregó a la familia, y por eso solo puedo sentir gratitud pura, sin un reproche ni un pero. Gracias, mamá. Te quiero, mamá.
Dicho esto, empecemos.
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