LLAVES
Querido Cosmo:
¡Hay tantas novedades! Aunque, claro, tú ya lo sabes. Habrás notado todos esos olores y ruidos extraños que han invadido la casa de repente. Eso es: mamá, papá y los mellizos han salido del hospital esta mañana y ya están en casa.

Me he acercado y he mirado a los bebés. Estaban como arrugaditos, pero olían bien y eran tan monos y pequeñines… Yo era su nueva hermana mayor. ¡Y estaba superemocionada!
Hasta que ha pasado algo.

Era la niña. Yo no entendía nada. ¿Y si yo la había molestado? ¿Y si la había estropeado?

La abuela Mimi y la abuela Anne estaban en casa cuando volvieron mamá y papá. Como siempre, tenían opiniones muy diferentes sobre por qué el bebé lloraba tanto.

Tranquilo, Cosmo, que no es tu culpa.
El problema es que la niña no ha dejado de llorar hasta mucho después de que las abuelas se marcharan. Ha berreado sin parar… durante horas y horas.

Tengo que admitir, Cosmo, que era un poco estresante. Necesitaba hablar con alguien para distraerme, así que he intentado llamar a María, una de mis mejores amigas. Pero no he conseguido hablar con ella.

He tenido que colgar porque me daba la sensación de que estaba gritándole a la madre de María con tanto llanto.
Después he probado con Chloe. Vive justo enfrente y también somos amigas íntimas.

Luego he vuelto a bajar para ver cómo iba la cosa.
Mamá y papá tenían una tarea sorpresa para Zumo Exprimido y para mí.

El Toro Loco es el nombre de uno de los Monster Truck preferidos de Zumo Exprimido.
Después, mi hermano y yo nos hemos puesto a pensar otros nombres.

Entonces ha llegado el momento de dar de comer a los bebés. El niño se ha tomado el biberón enterito. La niña también ha comido… ¡y por fin se ha calmado! Ha sido agradable tener un momentito de paz. Era como si en casa no hubiera habido silencio en años.
Y mi madre ha aprovechado para decir algo que me ha secado el cerebro.

Mamá creía que la hamaquita mágica estaba en el cobertizo. Papá se ha puesto los zapatos, pero por algún motivo se resistía a ir a buscarla.
Me he ido con él porque necesitaba un respiro de tanto lloro, que había empezado otra vez en cuanto la niña había acabado de comer. El cobertizo estaba en la parte de atrás del jardín, junto a la valla. Tenía una puerta vieja que chirriaba y estaba abarrotado.

Hemos tardado un poco, pero al final papá ha dado con la hamaquita milagrosa que decía mamá. Estaba muy al fondo, como para que no la encontraran.
Papá la ha sacado y le ha quitado un poco el polvo.

Por suerte para papá, las pilas estaban agotadas y no hemos podido escuchar la canción.
Cuando íbamos a cerrar el cobertizo, la linterna de papá ha iluminado algo que había en un estante alto y que tenía una etiqueta rara. Era… ¿un ojo?

Le he pedido a papá que baje la caja para poder verla mejor. Él no sabía lo que era. Ha dicho que probablemente los anteriores dueños de la casa se la olvidaron allí.

¡Era increíble, Cosmo! Hace unas semanas, mis amigos y yo habíamos encontrado una caja en el desván y no teníamos la llave para abrirla.
¡Igual era una de esas!
LUNA, LUNERA
Querido Cosmo:
Pues hemos superado la primera noche de los bebés en casa. Desde luego, esa hamaquita cohete del cobertizo es un milagro. Mamá le puso pilas nuevas, la encendió y tumbó ahí a la llorona, que durmió dos horas del tirón. ¡Dos horas de maravillosa tranquilidad!
Eso sí, va a ser que papá tiene razón con lo de la nana. ¡Es imposible quitársela de la cabeza!

Por fin, yo también pude irme a dormir, pero no podía dejar de pensar en las llaves de esa caja tan rara con un ojo. Esta mañana, las he colocado todas en el suelo de la cocina. He acercado unas cuantas a la cerradura de la caja misteriosa del desván para ver si tenían más o menos la forma correcta. Muchas no parecía que fueran a encajar en ninguna cerradura normal.

En parte, me preocupaba que la familia que vivía antes en nuestra casa necesitara esas llaves. No sé… ¿Y si tenían una empresa de taxis y había un montonazo de ellos parados por no tener las llaves? Pero papá me ha dicho que la mayoría parecían muy antiguas. Lo más probable era que nadie las buscase ya. De todas formas, yo me moría por que una abriera nuestra caja misteriosa.
Antes de entrar en clase, me he juntado con mis amigos.

¿Que si los bebés tienen branquias? La verdad es que no lo sabía.
Pero de lo que yo quería hablar era de las llaves que había encontrado. Todos se emocionaron. Llevábamos tiempo pensando en esa caja del desván.

Solo teníamos una cosa clara: en esa caja había algo alucinante. ¡Algo que hasta podría cambiarnos la vida! Era emocionante, aunque también parecía algo peligroso. Las cajas cerradas suelen esconder secretos.
Entonces nos dimos cuenta de que alguien cotilleaba detrás de nosotros.

No quería darle a Riley Miller la satisfacción de decirle que sí, que mi casa parecía una jaula de monos. La madre de Riley está embarazada. Pronto sabrán lo que es eso. Además, no sabía si debíamos contarle lo de la caja del desván y las llaves. Era algo privado entre nosotros.
Por suerte, Riley ha visto al chico que le gusta, Michael McMinnamin, y se ha largado. Me he girado hacia mis amigos. Había que quedar para rebuscar entre las llaves de la caja, pero teníamos algún que otro problema de agendas.

No me podía creer que la gente dejara que Kristian paseara a su perro. Me había contado que tenía la mala costumbre de perder cosas. Los deberes, libros, zapatos… Una vez, ¡hasta perdió a su hermana pequeña! Eso sí, fue en el jardín de atrás de casa de su abuela y la encontraron bastante rápido. Pero vamos, que espero que no le pase también con los perros.
He propuesto el miércoles para la Misión Caja Fuerte, como había decidido llamarla. Pero María ha dicho algo que me ha sorprendido muchísimo.

Me he puesto a pensar si María y Chloe estaban juntas cuando intenté llamarlas ayer. Se me hacía como… raro que quedaran sin mí. Pero, vamos a ver, que María y Chloe podían practicar juntas las palabras del concurso. ¡Eso es lo que les mola! ¿Por qué iba a importarme? ¡Me parece bien! ¡En serio!
Nos hemos decidido por el jueves después del cole, pero para eso faltan muchos días. Se me va a hacer muy muy larga la espera. En mi cerebro se arremolinan montones de preguntas sin respuesta. ¿Encontraremos la llave? ¿Qué habrá en la caja? Y, jo, ¿por qué María y Chloe quedaban sin mí?
Olvida ese último pensamiento. Me parece bien. En serio.
¡No hay de que preocuparse!