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NOTA DE LA AUTORA

Todavía recuerdo la primera vez que sentí miedo a olvidar el sonido de sus voces. Incluso ahora, al verter estas palabras sobre el papel, me cuesta admitir que sus rostros siguen luchando por no distorsionarse en mi memoria, que debo recurrir a nuestras escasas fotografías para reconstruir todas sus partes. Poco a poco, me voy armando con sus recuerdos. Solo estoy hecha de ellos.

Un fuerte olor a mar se cuela en la habitación cuando intento reproducir mi nombre con sus voces. Siento la arena fina bajo mis pies y me digo que es imposible, que no estoy en casa, que hace mucho que no lo estoy. Sé que quiero regresar, pero también sé que ellos ya no están, y no quiero estar allí sin ellos, ¿sabes? Prefiero refugiarme en la teoría de que vuelven a vivir cuando aparecen en un pensamiento. Los veo siempre, cuando pienso en ellos. Escribo porque los llevo conmigo.

A veces, durante un breve instante, estoy casi completamente convencida de que puedo verlos en los ojos de mi madre. De hecho, las olas por poco tocan las paredes cuando pruebo las salsas que prepara con las medidas precisas de cariño que ellos le inculcaron.

Como si de pronto todos los días fueran domingos en su casa, el amor es posible porque ellos se amaron, porque ellos me amaron y ese amor sigue aquí.

No creo ser capaz de decirlo todo en estas páginas. Nunca podría hacer justicia a las huellas que mis abuelos dejaron en el mundo que hicieron suyo, como prueba latente de que existo. Aun con la convicción más profunda de que es tiempo perdido aquel que se destina al remordimiento, no sé si alguna vez dejaré de preguntarme cómo sería mi vida si nunca se hubieran ido.

Aunque no cuento con ninguna prueba sobre las vivencias que este libro relata, ni mucho menos de la veracidad científica de los universos paralelos, puedo decir que, cuando no sueño con su último abrazo, al menos descanso tranquila sujetándome con fuerza a la esperanza de que volvieron a encontrarse en todos los caminos posibles.

Solo deseo que este laberinto de poemas nos inspire a echar raíces en nuestro único universo conocido. Algo bueno tendrá, si aquí seguimos recordando con amor a los que se fueron primero.

LO QUE DIJIMOS ESA NOCHE EN ALGÚN UNIVERSO

—¿Hacia dónde miras cuando piensas en todo lo que no sucedió?

—¿A qué te refieres?

—Digo: al pasado lo encontramos mirando atrás. El futuro, nos guste o no, siempre está un paso adelante. Pero ¿dónde quedan las cosas que no hicimos? Esas rutas que nunca tomamos, esas vidas que casi fueron nuestras, ¿adónde se mira para encontrarlas?

—A ningún lado. Lo que no fue simplemente no existe, ni aquí ni en ninguna otra parte.

—¿Dices que nunca has imaginado dónde estarías si hubieras tomado otras decisiones? Si hubieras elegido una carrera distinta, si hubieras rechazado ese trabajo…

—Claro que lo he hecho. Pero es un ejercicio inútil, un «hubiera» inalcanzable, un pasado irremediable condenado a una única posibilidad: la realidad que estamos viviendo. El remordimiento solo lo empeora.

—¿Y si pudieras verlo? ¿Y si existiera un modo de asomarte a esos universos alternativos?

—Creo que no me gustaría conocer esas versiones de mí, que no son yo. Me atormentaría.

—Yo no lo veo así. Imagina descubrir que, en algún rincón de ese infinito, lograste hacer lo que aquí no pudiste. O que esto que tienes, aunque sea poco, tiene más valor del que creías.

—Ahí está: no hay forma de saberlo. No existen portales hacia otras realidades, ni antologías que contengan esas respuestas. Incluso si pudieras cruzar esa línea, ¿no te da miedo lo que podrías conseguir?

—Me asusta, es verdad, pero no puedo dejar de pensar en ello. Es como si hubiera algo ahí, algo que jamás podré alcanzar pero que sigue llamándome. Y no quiero cambiarlo. Solo quiero saber que sigue allí, que esas puertas que nunca abrí no desaparecieron del todo.

—No sé, sigo creyendo que es absurdo lamentarse por lo que no llegó a pasar. Pero puedo reconocer que, tarde o temprano, tal vez por la chispa de un arrepentimiento, al final todos miraríamos hacia esa misteriosa dirección.

Ilustración de una chica y un chico de espaldas delante del mar y bajo las estrellas. La chica apoya la cabeza en el hombro del chico.

Había cierto consuelo en la creencia de que nuestras vidas se entrelazaban en todos los universos posibles. Como si cada decisión nos hubiera conducido a estar juntos, una y otra vez.

Este poemario, como la vida, es una serie de decisiones y un reflejo de sus consecuencias.

La primera de ellas:

A) Puedes leer el libro de manera tradicional, respetando el orden de los capítulos.

B) O puedes seguir las indicaciones de la narradora, descubriendo las conexiones entre tres universos que nacen de una misma historia.

Ilustración de una rama de árbol con alguna hoja y flores.

«No me importan

los otros universos,

yo te quiero en este».

EN MI UNIVERSO
CONOCIDO

APRENDISTE A LLORAR

No te asustes, mi niño…

¡es normal que llore el cielo

cuando no ve el sol entre sus nubes!

no temas, mi niño…

¡yo haré guardia al tiempo triste

que ose atormentar tus sueños!

y será un día igual a tantos otros

y mi amor por ti no será menos

pues sucede aquí que yo te quiero

y el amor sucede porque existes.

Fue una tarde de noviembre de 1929, en un pequeño pueblo italiano junto al mar, cuando abriste los ojos por primera vez. El mundo entero pronunció el augurio y lo esparció como un rumor para darte la bienvenida. Tú no entendías el porqué.

«¿Por qué estoy aquí?».

«¿Qué vine a hacer?».

Del otro lado del mundo, yo aún no soñaba.

Si quieres descubrir cómo sería tu vida al crecer en tu pueblo natal, ve a la página siguiente.

Si quieres descubrir cómo sería tu vida en un universo alternativo, ve a «Llegaste a tiempo».

CONOCISTE EL MIEDO EN PERSONA

En la distancia entre yo mismo

y mi sombra

habita un niño espejo

se mueve cuando me muevo

se esconde cuando me escondo

me sigue a todos los sitios

se ríe con mi risa

llora cuando yo lloro

pero ¿cómo me alejo

de este niño perdido

que no sabe de guerra

y ya es guerra en su pecho?

si me niego a que sienta

el dolor que ahora llevo

si yo crezco con miedo

pero el niño aún es niño

y la sombra aún es sombra…

¿debo acaso aceptar

que se quede conmigo?

A los trece años ya sabías cómo esconder el trigo bajo la tierra, con la agilidad propia de quien teme por primera vez a la muerte sin comprender muy bien su significado.

Tus padres no lo expresaban en voz alta, pero sus miradas no escondían secretos. Incluso durante las largas noches de angustia, cuando horneaban el pan a escondidas, lo único que los movía era mantenerte a salvo del hambre.

«La guerra», la llamaban. El niño que fuiste jamás volvió a jugar con sus amigos.

Si eliges seguir un camino que te hace madurar antes de tiempo, ve a la página siguiente.

Si eliges seguir un camino donde el miedo te hace más fuerte, ve a «El miedo solo fue un mal recuerdo».

CRECISTE DEMASIADO RÁPIDO

He descubierto pequeños defectos

en las esquinas del papel

y del mundo

como que cierro los ojos y te veo

y te extraño de cerca, aunque estás

y es un pequeño defecto

tu ausencia

y tu escasez de repente es mía

y no quiero crecer sin ti

pero ya alcanzo tu altura

y debe ser una pequeña errata

del creador del poema

o de las manos que leen

porque abro los ojos y no te veo

y palpo de cerca y no estás

y no sé cómo salir del sueño

de un hijo que sigue doblando

las esquinas del papel y del mundo

y solo encuentra tu lugar vacío.

La noche que te despediste de tu infancia comenzó con la caída de un pétalo sobre tu almohada. Un evento casi imperceptible para ti desencadenó el principio del fin para la rosa.

Más tarde entenderías por qué el último abrazo de tu madre pasó desapercibido: no hubo tiempo para dedicarse palabras de despedida o para celebrar el fin de la guerra. Solo hubo silencio. Comprendiste que era el adiós cuando sus brazos ya no estaban para arroparte.

Y lloraste. Lloraste durante días, porque no concebías un mundo en el que pudieras crecer lejos de sus ojos.

Si decides irte de tu país después de la guerra, sigue el camino de la página siguiente.

Si prefieres quedarte en tu pueblo, creando un universo paralelo gracias a esta decisión, pasa a «Te aferraste a tu tierra».

—¿Qué hago con el vacío que me dejaste?

—Debes regarlo con nuestros recuerdos.

Ilustración de un niño llorando que sujeta un ramo de rosas que se va deshojando con el viento. Debajo de ésta un primer plano de sus manos en el pecho.
Ilustración de un niño cogiendo de la mano a una mujer. Están de espaldas y solo se ve el torso del niño y parte del vestido de la mujer.

—Tal vez,

en otro universo,

todavía sostengo tu mano.

TE DESPEDISTE DE LO QUE CONOCÍAS

Fuiste hecho

para deshacerte

no pienses

ni por un momento

que despertarás entero

nadie puede reinventarse

sin perderse

concebirse sin saberse

un eterno extranjero

deberás dejar atrás

ciertos fragmentos

quebrarte en mil pedazos

vivir dentro del destierro

y si puedes

recortar los hilos sueltos

para no ser el primero

que se ahogue en esta orilla

a un paso de las maravillas

que aguardan

a un hombre deshecho.

Nadie te preparó para enfrentar la decisión más difícil: irte o quedarte. Cada vez que te acechaban los recuerdos de la miseria, algo tiraba de ti y te mostraba los rostros de tus amigos. La simple posibilidad de abandonarlos resultaba inimaginable en un mundo donde debías aferrarte a aquellos que te querían de vuelta.

Pero querías más. Necesitabas más. No podías ignorar la oportunidad que tu hermana mayor te ofrecía: la de huir de los estragos de la guerra y embarcar hacia una pequeña Venecia, al otro lado del océano. Debías confiar en lo que la nueva tierra tenía reservado para ti.

Entonces no lo sabías, pero subir a bordo de ese barco te cambiaría por completo.

Si eliges comenzar tu vida desde cero en este momento de tu historia, ve a la página siguiente.

Si eliges un universo donde no te alejas de tus seres queridos, ve a «Descansaste en un hombro querido».

PISASTE LA FRONTERA

No debería arrancarse la flor

de su casa adolorida

no debería jamás

dolerle su primera casa

no debería buscar su tierra

en una tierra malherida

no debería jamás

echar raíces lejos de casa;

pero si eres tú quien manda

el rayo que me ilumina

si el sol insiste en repartir

su luz buena y dorada

esperaré a que escampe

en esta tierra amiga

y te juro que algún día

volveré a sentirme en casa.

Al pisar la capital, la poesía no había sido escrita. Nadie recitaba tu nombre en las calles, nadie reconocía tu rostro. La lengua era extraña y tu baúl, insuficiente para las memorias que planeabas recoger.

Después llegó lo de siempre, esa sensación constante de que el tiempo se agotaba y aún no te habías convertido en quien querías. Era el mismo dolor fantasma que te atravesaba en cada etapa y quería llevarse lo que quedaba de ti en esta nueva vida. Te hacía preguntarte por qué la habías escogido, si tal vez añorabas lo que dejaste atrás o preferías entregarte a la oportunidad de recuperarlo.

No lo escuchaste, pero se quedó contigo. ¿Se despide uno, algún día, de esa incertidumbre?

Si decides emprender la búsqueda de un trabajo para sobrevivir, ve a la página siguiente.

Si prefieres un universo en el que sí tienes la oportunidad de estudiar, ve a «Fuiste el hijo que tus padres querían».

TE ECHASTE DE MENOS

Qué difícil es avanzar

mientras el tiempo

sigue andando

con cada paso

pierdo un futuro

mi cuerpo aislado

se inventa raíces

¿son más felices

los que creen?

no los conozco,

pero parecen ser

de esos que reciben

sin esperar un turno

que nunca viene

qué difícil es avanzar

mientras el tiempo

me olvida

me muevo me muevo

pero no llego

a esa vida tan vida

que siempre quise.

No deseabas convertirte en una carga para tu hermana. Por eso, en la búsqueda de un trabajo que te diera sustento y un nido en el que dormir, tuviste que hacer un trato con el sentimiento de extrañar todo aquello que no volvería.

La idea de integrarte entre los jóvenes de tu edad te hizo cosquillas en un rincón bien escondido de tu cuerpo. Te preguntabas si alguna vez podrías tener lo que ellos daban por sentado, si ellos comprenderían lo afortunados que eran, o si alguna vez sentirías que verdaderamente pertenecías a ese lugar.

¿Cuándo llegaría tu turno en este mundo? Era evidente que en esta historia ya habías mirado a la tristeza a los ojos. Te faltaba conocer el amor.

Si piensas en el amor romántico por primera vez, ve a la página siguiente.

Si en una realidad paralela aún no te interesa enamorarte, ve a «Tus ojos no brillaron con deseo».

TE INTRIGÓ EL AMOR
POR PRIMERA VEZ

Solo envidio a la luna

que acaricia tu ventana

y se cuela entre las nubes

y te besa

oh, yo quisiera

entregarte un beso como ese

esos deberían ser mis labios

yo quisiera

pero no sé tu nombre

ni tú el mío

no sé si existes

más allá de tanta espera

oh, si la vida por mí fuera

este amor creciente

sería tuyo

pero esta noche

solo te besa la luna

solo ella te conoce

solo ella.

Arropaste mi nombre por primera vez en la pizzería que te abrió las puertas, que por azar o pista del destino se llamaba igual que yo.

Consumías tus días trabajando de sol a sol, con el recuerdo de tus padres y los sabores de tu tierra vigentes en cada receta que preparabas. Tu patrón te había cedido un colchón en la bodega, y allí, cada vez que no podías conciliar el sueño, la atractiva idea del amor paseaba por tu mente.

Solo te faltaba tiempo para salir en su búsqueda, y mucho más para vivirlo; pero no había necesidad de apresurarse. Cuando tuviera que ser, sería. Lo único que debías hacer era esperarme.

Si eliges ilusionarte sin saber si eres correspondido, sigue el camino de la próxima página.

Si prefieres ser honesto antes de que alguien se ilusione, ve a «No quisiste a quien te quiso».

—Elijo creer que ya llegará

nuestro momento.

Dos ilustraciones superpuestas de una mujer andando hacia la izquierda por un camino con flores. Lleva el pelo ondulado suelto y largo. Viste un vestido y zapatos de tacón.