El punto de partida
En 2022 me rompí.
Fue el año más duro de mi vida. El año en el que más he sufrido. También marcó un antes y un después.
No agradezco al 2022 todo lo que me ocurrió a cambio de todo lo que me enseñó, no puedo verlo así y más adelante lo entenderás. Sinceramente, no estoy segura de que todo pase por algo. Puedo decir que aprendí, que me hizo reflexionar. Y que me ha conducido hasta aquí.
Pero, joder, cómo sufrí.
No estaba preparada para todo ese huracán de dolor, no lo estaba. No lo estaría tampoco ahora.
Déjame que te ponga en contexto.
En 2022 hacía más de tres años que trabajaba como directora de marketing en una startup, una de esas empresas que crecen rápido y levantan varios millones de euros en rondas de inversión. Algo serio. Llevaba un equipo de doce personas y formaba parte del comité directivo, con toda la responsabilidad que una posición así conlleva.
Por aquellas fechas, hacía ya seis meses que algo no iba bien. Digo «algo» por decir, pues eran muchas cosas en realidad. Sentía que no tenía ganas de nada. Que el trabajo, que tanto me gustaba, me parecía una condena, un lugar terrible al que ir cada día. Me levantaba todas las mañanas cansada y triste. Sin ganas de nada. Los ataques de pánico nocturnos habían vuelto después de muchos años. «Me muero, no puedo respirar. Te quiero», le decía a mi marido cuando sentía que no quedaba una gota de aire en mi cuerpo en mitad de la noche.
Vivía alerta a cualquier traición dentro del ámbito laboral. A cualquier mal gesto o mala contestación, habituales en los últimos tiempos. Soy una persona asertiva y siempre voy de frente, yo no sé jugar a dar puñaladas o ir por detrás. Y estar pendiente de eso me desgastaba muchísimo.
¿Cómo era posible que de repente tuviera que vigilar mi espalda?
Hubo un punto en el que casi me lo creí. Creí que todo eran imaginaciones mías. Que quizá tenían razón y no era para tanto, que tal vez estaba exagerando y era yo que estaba muy sensible.
Había empezado en ese puesto después de muchos años trabajando duro, invirtiendo mucho a nivel personal y económico.
Soy licenciada en Derecho, preparé oposiciones tres años para ser juez. Siempre había sido la «justita», pues el sistema educativo me había marcado con esa etiqueta que tanto te posibilita y tan poco te limita (nótese la ironía). De hecho, se dijo de mí que no podría estudiar una carrera. Años más tarde, tras licenciarme, tres años de oposiciones, dos posgrados, un máster y un MBA de Negocio Digital, había superado todas las expectativas. Me había reinventado. Me esforcé mucho y tuve que tomar muchas decisiones importantes hasta dar con la tecla.
No fue cuestión de suerte, sino de elegir y renunciar. Hasta que llegó un punto en el que lo sentí: «Esto es lo mío, se me da bien. Disfruto con mi trabajo. Soy buena, joder. Por fin». Casi como si me sorprendiera ser buena en algo.
Tenía una posición y un sueldo que nunca creí que conseguiría. Pero que honestamente merecía, y con creces. Por eso no estaba dispuesta a soltarlo sin más.
A pesar de las injusticias, de sufrir luz de gas y sentir que todo lo que hacía, pensaba o decía no valía para nada, yo seguía haciendo mi trabajo y entregando resultados. Pero quise dejar mi puesto tras una reunión en la que ya no pude más. Mi jefe me pidió que no lo hiciera. Me dijo que todo iba a cambiar. Y después de tres años de buena relación, ¿por qué no iba a creerle?
Y me quedé, pero decidí buscar ayuda para poder lidiar con el día a día. Yo sabía que estaba mal, pero no que estaba al límite de caer enferma.
«Andrea, sufres burnout y es probable que caigas en una depresión, tienes que parar». Esto es lo que me dijo mi psicólogo un día que llegué llorando.
No podía parar.
«No aguanto más. No quiero vivir así. No se puede vivir así», le había dicho yo justo al entrar.
Sufría burnout desde hacía meses.
Lloré durante toda la sesión. Cincuenta minutos sin poder pronunciar una frase entera. Sufría episodios depresivos en los que pensaba que nada tenía sentido.
En junio de ese año, por videollamada, mi jefe me dijo que amortizaban mi posición. Que prescindían de mí.
Sin más. Sin ninguna emoción, sin ningún porqué.
No tuve tiempo de comunicárselo a mi equipo siquiera: dijeron a toda la empresa que yo iba a hacer un cambio y que me marchaba.
Casi cuatro años de trabajo se habían terminado.
Yo siempre había imaginado que el día que me marchara —había tenido en cuenta ese escenario— me despediría tomándonos una cerveza. Hablando de todas las peripecias que hicimos para levantar la empresa. Casi con cierto sentimiento de hermandad, al estilo americano. Que hablaríamos de todo lo que peleamos y nos adaptamos durante la pandemia para sobrevivir y levantar esa ronda de inversión de casi cinco millones. De todos los logros. De los grandes momentos cumpliendo hitos.
Pero nada más lejos de la realidad.
Un mes más tarde, la empresa hizo un ERE total de la plantilla. La ronda de inversión no llegó. Lo más gracioso fue que, con un pie fuera, yo quedé como uno de los tres representantes de los trabajadores para hacer las negociaciones. Cerrarlo todo fue una pesadilla, y en pleno verano ni te cuento.
Pero lo peor estaba por llegar.
Un par de meses más tarde, sin saberlo, se me rompió el corazón de la forma más brutal que podía imaginar. Lola, mi perra, falleció de un cáncer muy agresivo en un tiempo imposible de asumir emocionalmente. Lo intentamos todo, y no conseguimos nada.
Habíamos adoptado a Lola en la protectora Animals Sense Sostre. La conocí haciendo un voluntariado poco después de independizarme con mi marido y me costó muy poco convencerle de que Lola, por aquel entonces Anila, tenía que formar parte de la familia junto a Bobby, un mix de bobtail que adopté con mis padres y que es mi inseparable.
El 27/09/2013 Lolita llegó a casa.
El 26/10/2022 se marchó.
La muerte de Lola me partió el corazón en tantos pedacitos como es posible romperse. Lo entendí, el corazón puede doler. Literal y físicamente. Joder si duele.
Septiembre no fue solo el mes en el que Lola fue diagnosticada, también en el que Bobby y yo cumplíamos años, y el mes en el que después de más de un año intentando ser madre de forma natural, con todo lo que eso conlleva, empecé con un proceso de in vitro traumático.
Justo dieciséis horas antes de la primera punción, después de los pinchazos y las subidas y bajadas emocionales, me cancelaron la intervención por un tema de coagulación que no tuvieron en cuenta en su debido momento. Por mala praxis.
Era el día de la Mercè, la fiesta patronal de Barcelona, y todo estaba cerrado. Tenía que encontrar una farmacia abierta veinticuatro horas que tuviera disponible el medicamento específico que debía pincharme para parar los enormes folículos que crecían dentro de mi útero. No puedo explicarte la desesperación del momento y el dolor al día siguiente. No había quien lo aguantara.
El proceso fue muy doloroso, física y emocionalmente, pero la recuperación fue peor todavía, tenía demasiado acumulado, en todos los sentidos.
En noviembre de ese mismo año me dijeron que tenía endometriosis, lo cual complicaba todo mucho más de lo previsto, aunque también daba sentido a las dificultades. Por fin, de algún modo, podía decir que no estaba loca. Que después de veinticuatro años sufriendo todos los meses cuando me venía la regla, a punto de acudir a Urgencias en numerosas ocasiones, no era cuestión solo de tomarme Enantyum para reducir el dolor. Que ese dolor no era normal.
Tenía una enfermedad inflamatoria. Y del tipo menos común y más doloroso. Menuda gracia: para los estudios no, pero para todo lo malo yo sí era especial.
El 2022 cerraba sus puertas. No sin antes traer a Coco a nuestras vidas.
No sé si todo pasa por algo, ya te lo he dicho, pero Coco es un podenco, como Lola, que nació en junio, mes en el que se prevé que ella pudo empezar a desarrollar la enfermedad sin que pudiéramos darnos cuenta.
Déjame que piense que las casualidades a veces existen.
Aunque te rompan el corazón.
Te explico todo esto no para que sientas lástima ni para venderte una historia de superación lacrimógena o un mensaje de «si sonríes todo irá bien». Te lo cuento para explicarte que 2022 fue un año de mucho dolor. Más del que podía soportar. El trabajo, la estabilidad, la vida y la muerte se entrelazaban.
También fue un año de muchas respuestas, y de algunos comienzos.
Porque 2022 me obligó a parar y a volver a empezar.
Y ahora seguramente te estarás preguntando cómo he llegado hasta aquí y qué hago yo escribiendo este libro.
Te cuento.
El coaching no llegó a mi vida por casualidad. Llegó buscando respuestas. Principalmente dos:
¿Cómo hacer que mi equipo no pasara por lo mismo que yo?
¿Cómo mejorar mi liderazgo y soft skills para ser mejor profesional?
En mayo del año fatídico, antes de que me echaran (porque eso es lo que hicieron y así es como se siente, por más que lo llamen «amortización») me matriculé en la mejor escuela de coaching ejecutivo y comencé a formarme.
Y así, sin muchos planes serios ni expectativas, empecé a crear contenido en redes sociales con alcances de casi dos millones de visitas.
Me di cuenta de que había mucha más gente en mi situación. Personas que estaban sufriendo en un mal trabajo. Personas que no tenían claro qué decisión tomar. Personas que no se daban el permiso de elegirse, de priorizarse.
Había demasiada gente ahí fuera incapaz de decidir porque no tenían las herramientas para hacerlo. Y es que, si lo piensas:
¿Quién nos enseña a saber qué queremos y qué necesitamos?
¿Cómo se puede elegir, decidir o priorizar, sin saber desde dónde ni el qué?
Es imposible saber qué quiero si no conozco quién soy. Hablo más allá de un trabajo, de hobbies o de relaciones. Quién soy de verdad: qué es importante para mí, qué necesidades tengo, cuáles son mis metas y sueños por cumplir.
Es casi mágico cuando empiezas a arrancar capas y más capas y empiezas a (re)encontrarte con una persona ahora casi desconocida. Una persona que estuvo siempre ahí, pero que habías olvidado. Que está esperando, paciente, a que creas que es el momento oportuno. Ese momento no debería ser un burnout, pero a veces ocurre.
Es casi mágico (re)encontrarse.
Casi mágico, pero no es magia.
Es trabajo personal, decisiones y renuncias.
Son ganas de vivir, de ser libre y de elegir priorizarse.
Y yo lo he podido vivir en primera persona por mi experiencia, pero también en las personas a las que he acompañado, y es un alivio.
Hace un tiempo me senté con mi psicóloga y recuerdo que le dije: «Tengo casi cuarenta años, estoy a punto de empezar la que espero que sea mi otra mitad de vida y hasta hace relativamente poco no me he dado cuenta de lo que de verdad significa vivir. Y a veces lo olvido, y lo olvidaré. Pero ahora empiezo a entender de qué va esto».
Vivir es darse la oportunidad de ser una misma, de valorarse y quererse con lo que somos. Sé que suena muy espiritual y yo no lo soy demasiado, así que dame unos segundos que termino pronto.
Si lo piensas es algo casi racional, incluso legal. Es un tema de derechos. Tengo el derecho de ser yo misma y de elegir lo que quiero hacer con mi vida.
El problema es cómo elegir. Lo sé. Y a eso vengo.
Empecé a acompañar en procesos de coaching en 2023 y tardé muy poco en darme cuenta de que todas las personas que llegaban a mí buscando respuestas sobre su situación laboral, hubieran sufrido o no burnout, buscaran o no un cambio, compartían el mismo punto de partida: «No sé qué quiero hacer con mi vida».
El trabajo no da sentido a nuestra vida, darle un sentido al trabajo es lo que hace que la vida tenga sentido. Dicho de otra forma, el trabajo no es el fin, el trabajo es el medio para que puedas vivir la vida que quieres. Y elegir el trabajo adecuado y aprender a relacionarte de forma sana con él depende de que hagas el trabajo previo oportuno.
¿Por qué?
Porque cuando lo haces creas un marco de referencia desde el que tomar decisiones es mucho más sencillo, coherente y satisfactorio.
No hay desarrollo profesional sin desarrollo personal, al menos no de un modo sostenible. Es imposible.
Por eso, a lo largo de este libro voy a compartirte una estructura de pensamiento y de ejercicios que te guiarán para crear ese marco de referencia que te ayudará a tomar decisiones no solo a nivel profesional, sino también personal.
Te recomiendo que no saltes entre capítulos porque aquí el orden de los factores sí altera el producto. De hecho, el orden (equivocado) de los factores es seguramente el motivo por el que estás leyendo este libro. Porque empezaste eligiendo una carrera y te encontraste con un trabajo sin hacerte más preguntas que «cuál es mi nota media».
Y faltaron preguntas. Que son las que ahora necesitas resolver para poder avanzar.
¿Qué puedes esperar de este libro?
Este libro es mi manera de ayudar a todas aquellas personas que sienten que viven estancadas y que han perdido la ilusión. Personas que sienten que solo viven para trabajar y que esperan algo más de la vida. Que están bloqueadas porque no saben qué decisión tomar para romper el loop en el que se encuentran. Personas dispuestas a hacerse preguntas y encontrar respuestas.
Porque tomar decisiones es de por sí complicado, al menos a mí me lo parece muchas veces, pero lo es mucho más cuando sientes que llevas años viviendo la vida de otros y ahora no te reconoces.
El trabajo muchas veces es solo la guinda del pastel, la señal de que algo no está funcionando, pero seguramente no sea el problema de fondo. Descubrir y entender qué está pasando realmente es clave para poder avanzar.
Yo sufrí burnout, y ahora siento que podría haberlo evitado, podría no haber llegado hasta esos extremos si me hubiera reconocido y escuchado cuando mi cabeza y mi cuerpo me enviaban señales.
Hemos venido a esta vida a ser felices, sea cual sea el significado que tenga para ti la felicidad. Te mereces ser feliz, y lo sabes.
Lo sabes porque si no este libro no estaría en tus manos aquí y ahora.
¿Cómo puede ayudarte este libro?
Estas páginas suponen un cambio de perspectiva, un cambio de chip en la forma de entender el trabajo y la vida. Este libro te ayudará a cuestionar, reflexionar y pasar a la acción.
Quiero que entiendas que este proceso que empiezas no va de encontrar las respuestas perfectas, sino de hacerte las preguntas adecuadas.
No pretendo que estés de acuerdo con todo lo que comparto, sino que hagas crítica de todo lo que leas y que te quedes con aquello que más resuene contigo. A veces un solo clic basta para cambiarlo todo.
Este es el libro que yo no tuve y que sé que hubiera necesitado en su momento, así que espero que sea útil para ti. Escribo estas páginas no solo como coach, sino como una persona que, al igual que tú, ha necesitado cuestionarse lo que conocía porque no le estaba funcionando.
En estas páginas comparto contigo el paso a paso de un proceso de transformación que he creado a partir de todos los procesos de coaching en los que he tenido la suerte de poder acompañar. Es un proceso que integra diferentes herramientas y metodologías: la PNL, el coaching ejecutivo, Insights Discovery, Design Thinking y Product Design, entre otras.
Encontrarás ejercicios que ya existen, otros que son adaptaciones o variaciones del original, y también herramientas que he creado yo para este proceso en concreto.
El libro te guiará paso a paso para que consigas pasar a la acción, pero es importante que tengas en cuenta que habrá casos y situaciones en los que el acompañamiento profesional marca la diferencia.
Así que, si en algún momento sientes que necesitas una ayuda extra, no esperes.
¿Cuál es la estructura de este libro?
Este libro está escrito como si fuera un puzle, las piezas solo encajarán cuando lo termines. Por eso necesito que, aunque te puedan las ansias, confíes en el proceso y lo leas ordenadamente. Cotillea si quieres el índice, si no lo has hecho ya, pero luego empieza por el principio.
El libro está dividido en dos grandes bloques: desarrollo personal y desarrollo profesional.
Bloque 1: Desarrollo personal
• Parte I (¿Cómo has llegado hasta aquí?): Te acompañaré a explorar cómo has ido construyendo tu identidad, qué factores son los que han influido y por qué. En esta parte encontrarás además una sección totalmente práctica para poder profundizar en tu autoconocimiento y objetivos vitales.
Bloque 2: Desarrollo profesional
• Parte II (¿Qué te está pasando?): Está enfocada al ámbito profesional. Hablaremos de burnout, de insatisfacción laboral y de los desafíos del mundo laboral actual. Aquí podrás evaluar tu grado de insatisfacción y por qué estás así.
• Parte III (¿Cómo salir de aquí?): Este es el cierre del libro y será sobre todo práctico para que puedas empezar a tomar decisiones que te ayuden a pasar a la acción.
Importante, antes de que empieces a leerlo:
1. Este libro no es solo una historia ni tampoco solo un cuaderno de ejercicios. Es una guía con reflexiones, ejemplos reales y herramientas para que las personas que están sufriendo en el trabajo encuentren un modo de vida propio que les haga felices. Este es un libro sobre ti.
2. Verás que a lo largo del libro me he dirigido al lector en femenino. Quiero que sepas que este proceso de transformación va dirigido a todos los públicos, pero el motivo por el que he decidido hacerlo así es que el 80 por ciento de mis coachees y personas que me siguen en redes son mujeres. También observarás que comparto muchos ejemplos y casos a lo largo de estas páginas. Todos ellos están basados en historias reales, pero, como es lógico, he sustituido los nombres y están ligeramente modificados para proteger su intimidad.
3. Encontrarás dos capítulos cien por cien prácticos, el 3 y el 7. Te recomiendo que tengas un cuaderno preparado para dedicarlo expresamente a todo este proceso y en el que puedas trabajar a lo largo de la lectura. No tienes que hacerlo todo de golpe, ve a tu ritmo, ponte una playlist que te guste e inspire, y vuelve a los ejercicios cuando lo necesites.
4. Disfruta de conocerte, de regalarte este tiempo. Disfruta de elegir elegirte. Es maravilloso que te des, por fin, el permiso para hacerlo.
Un último apunte
Este libro está escrito tanto para las personas que están al límite como para quienes, sin llegar al burnout clínico, se sienten desconectadas, estancadas o hartas de su trabajo. Si ese es tu caso, te servirá para ponerle nombre a lo que sientes, entender por qué estás así y empezar a tomar decisiones con claridad. Pero si ya tienes un diagnóstico o si estás atravesando un momento especialmente difícil, es importante que sepas que este libro no sustituye a la terapia psicológica o al tratamiento médico, solo los complementa.
Ahora sí, empieza tu viaje.
Confía en el proceso.
NOTA: Todo lo que relato en el libro está basado en mi experiencia personal y habla de cómo yo he vivido lo ocurrido. Lo que escribo y comparto sobre mi historia es mi perspectiva de los hechos, no representa la de la empresa ni la de otras personas involucradas. Quiero que tengas en cuenta que comparto mi historia no para señalar culpables, sino porque creo que es importante visibilizar temas que son tabú o que están estigmatizados.