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Prólogo

El crujido del metal es ensordecedor. Apenas puedes respirar. Sientes el calor pegajoso del aire entrando por tu nariz y, aunque logras abrir los ojos, todo a tu alrededor es un caos borroso. El olor a gasolina llena tus pulmones mientras intentas comprender lo que acaba de suceder: has tenido un accidente. En un instante, tu vida ha cambiado para siempre.

De pronto, una voz rompe el silencio que te envuelve: «¿Estás bien?». No lo estás. No sientes dolor, pero tu cuerpo no responde como debería. No puedes mover las piernas, ni los brazos, ni siquiera los dedos de las manos. El pánico se apodera de ti y tu mente vuela a lo que más amas: tu familia. ¿Cómo les explicarás esto?

El sonido de una ambulancia te arrastra de vuelta a la realidad. Debes salir del amasijo de hierros que una vez fue tu coche, pero el terror de confirmar lo que ya sabes te paraliza. No sientes nada del cuello para abajo. Y aunque todo se vuelve confuso, pronto estás en urgencias, ingresando en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, uno de los mejores centros del mundo.

Comienzas un viaje inesperado: una vida con tetraplejia.

Así empieza la historia de uno de los cientos de pacientes a quienes acompañé en su rehabilitación durante los diez años que trabajé en ese hospital.

Era el año 2007, acababa de terminar mis estudios en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y, sin saberlo, me había embarcado en la misión que cambiaría también mi vida para siempre.

Aquellos primeros días entré nerviosa en la Unidad de Biomecánica, con esa mezcla de emoción y miedo que se siente al enfrentar algo nuevo e importante. A lo largo de aquella década, trabajé creando exoesqueletos y videojuegos de telerrehabilitación y realizando muchos análisis de marcha y propulsión en silla de ruedas. Vi el dolor, el sufrimiento y la incertidumbre de personas que lo habían perdido todo en un instante. Pero también fui testigo de algo increíblemente poderoso: la transformación humana.

Cada historia de superación era única, pero todas compartían un hilo conductor: pequeños pasos diarios. Acciones tan simples como adaptables que, independientemente del punto de partida, lograban cambiar vidas. Fui testigo de momentos extraordinarios: acompañé a pacientes que habían perdido la movilidad en el aprendizaje que los llevó a desplazarse solos por la calle, a comer de manera autónoma sin usar las manos, incluso a ganar medallas en los Juegos Paralímpicos.

Esas pequeñas victorias diarias me enseñaron el poder de los microhábitos: acciones muy simples que parecen insignificantes, pero que, combinadas todas ellas, provocan un cambio profundo. Y no hablo solo de un cambio físico o mental, sino de una transformación que se da en todos los aspectos de la vida. Hablo del poder que te da elegir tu camino, que nadie lo elija por ti.

Te pongo un ejemplo.

Imagina que te despiertas una mañana y, en lugar de lanzarte directamente al caos que te espera tras el sonido del despertador, te concedes un instante para hacer algo pequeño pero poderoso. Bebes un vaso de agua fresca y sientes cómo cada célula de tu cuerpo se despierta con energía renovada.

O piensa que estás teniendo un día estresante. Te detienes por un segundo, cierras los ojos y haces una respiración profunda, liberando conscientemente la tensión acumulada.

Tal vez mañana no pongas el despertador y no tengas la obligación de ir a trabajar. En tal ocasión, tu microhábito podría ser disfrutar dos minutos más de la suavidad de las sábanas y saborear esa sensación de poder despertarte tranquilamente, sin prisa. Imagínalo, ¿lo sientes?

Estos pequeños gestos llenos de impacto positivo, combinados entre sí, tienen el poder de llevar tu autocuidado a un siguiente nivel de consciencia. Son fáciles, sencillos de aplicar en el día a día y flexibles. Muy flexibles. Y hay tantos como días tiene la semana, incluso como horas tiene el día.

En este libro te propongo alejarnos de los costosos hábitos y desafíos de sesenta y seis días que la ciencia marca como horizonte temporal mínimo para conseguir fijar un nuevo hábito saludable o de los veintiún días, aparentemente más fácilmente alcanzables, que propuso el marketing. Funcionó en su momento, claro, de ahí su base científica, pero, como les ocurre a mis admirados pacientes, la vida ya no es la que era y no disponemos ni siquiera de un día igual al anterior. La fórmula que describe un hábito como una acción o conjunto de acciones basadas en la repetición ya no funciona.

No necesitas hacer grandes sacrificios ni realizar cambios drásticos. Tampoco repetir el mismo hábito el resto de tu vida para fijarlo. Solo necesitas flexibilidad e ideas prácticas para empezar.

En las siguientes páginas te mostraré multitud de microhábitos que han revolucionado por completo la vida de miles de personas. Podrás elegir los que mejor se adapten a tu estilo de vida y aprenderás a crear otros nuevos, los tuyos.

No se trata de hacer más, sino de hacer mejor. No se trata de luchar contra uno o una misma, sino de encontrar el camino que mejor se adapte a ti, a tu vida y a tus sueños, incluso si estos cambian de un día para otro.

Te doy la bienvenida a Microhábitos saludables, un viaje que no solo cambiará la forma de cuidar de ti, sino tu forma de vivir.