16El ojo de Atum
Un día, Shu y Tefnut salieron a pasear a través de Nun. Iban conversando y no se dieron cuenta de que se estaban alejando mucho. Pronto estuvieron del todo perdidos.Shu y Tefnut miraban a su alrededor, pero no veían a ningún otro dios. Ante ellos solo estaba el oscuro abismo de un océano sin fin, y eran incapaces de encontrar el camino de vuelta a casa. Cuando Atum echó en falta a sus hijos, angustiado, gritó al universo: «¿Shu? ¿Tefnut? ¿Dónde estáis?».Entonces su ojo le dio la solución. «Déjame salir de tu cuerpo un rato e ir a buscarlos a las profundidades de Nun», dijo su ojo. «Veo más lejos que nadie y podré buscarlos más rápidamente si voy solo. Cuando regrese nos reuniremos de nuevo».Atum aceptó enseguida aquella sugerencia. Con un sonoro ¡plop! extrajo el ojo de su cuenca y le dio vida propia como solo un dios es capaz de hacer.