INTRODUCCIÓN
Cuando algo nos duele o no sale como esperábamos, solemos buscar las respuestas fuera: por qué esta persona actúa así conmigo, por qué se repiten los mismos patrones en las parejas que elijo, por qué siempre soy yo quien se adapta a los demás. Pero quizá lo que necesitamos es observar qué nos pasa a nosotros: qué permitimos y, sobre todo, por qué lo hacemos.
Lo que no comprendemos de nuestra historia tendemos a repetirlo sin darnos cuenta.
¿Cuántas veces has reaccionado de una manera desproporcionada ante una situación y no entiendes por qué?
Muchas veces lo que ocurre es que vivimos en automático, intentando sacar todo hacia delante cueste lo que cueste, sin detenernos a pensar en nosotros, en qué necesitamos, qué queremos, hacia dónde vamos y, sobre todo, qué nos merecemos. Llega un momento en el que acumulamos tantas cosas dentro, sin darnos tiempo para asimilarlas, que basta una más para que todo se desborde. Entonces creemos que la culpa es de esa última situación, pero no es así.
Imagina que tienes un vaso y lo colocas bajo un grifo abierto que nunca cierras. Cada emoción desagradable, cada tristeza, cada enfado es como una gota que cae en ese vaso. Si no lo vacías ni reconoces lo que contiene, se llena y cualquier cosa nueva hace que se desborde. Y cuando se desborda, no sale agua como en este ejemplo, sino ansiedad, tristeza, frustración… o, a veces, ira.
Eso es lo que nos pasa en muchos casos: lo que sentimos en ese momento no es solo por lo último que ocurrió, sino por todo lo que llevamos acumulando sin expresar ni procesar.
Por eso, con este libro me gustaría invitarte a mirar hacia dentro. A entender cómo lo que viviste en el pasado puede haber influido en tus decisiones en el presente, en tus heridas, en tus relaciones y en la forma en que te tratas a ti mismo. A reconocer los patrones que repites sin querer y las historias que te sigues contando incluso cuando ya no te representan. Al fin y al cabo, ¿quién pasa más tiempo contigo que tú?
Y si algo de lo que leas te remueve, no te preocupes, significa que estás tocando una parte de ti que necesitaba ser escuchada. A veces te dolerá leer ciertas cosas, porque te recordarán momentos que creías olvidados. Otras te harán sentir alivio. Pero siempre te transformará el simple hecho de darte cuenta de dónde viene lo que sientes.
No es necesario entenderlo todo de golpe. Se trata de que este sea un espacio donde puedas reconectar contigo para mirar con compasión lo que antes juzgabas, y para entender que poner límites también es una forma de amor propio. Porque, sé sincero, ¿cuánto tiempo pasas hablando contigo mismo? ¿Intentando entenderte o comprenderte? Y, sin embargo, ¿cuántas veces escuchas a los demás e intentas ayudarlos a sentirse mejor?
Este libro no busca respuestas perfectas, sino ayudarte a volver a ti.
Antes de que comiences, me gustaría contarte quién soy. Para quienes me seguís en redes, soy Laura Polo, psicóloga; y para quienes están a punto de leerme, soy una persona que quiere ayudarte a mirarte, comprenderte y cuidarte. Es importante que entiendas algo: aunque este libro puede darte muchas pistas sobre lo que te está ocurriendo, no sustituye la terapia. Cada proceso es único, y a veces necesitamos ayuda, aunque nos cueste pedirla. Si estás en ese instante en que no sabes qué hacer, me encantaría ser parte con este libro del impulso que te ayude a tomar la decisión y dar ese primer paso. Y cuando estés leyendo, no tengas prisa. Tómate tu tiempo.
Conforme vamos creciendo, aprendemos a salir adelante, haciendo lo que podemos con lo que nos enseñaron. Nos adaptamos a lo que vivimos en la infancia y creamos creencias que nos hacen sentir seguros, no porque sean verdades absolutas, sino porque nuestra mente necesitaba organizar y explicar lo que nos ocurría. También aprendemos formas de relacionarnos que, en su momento, tenían sentido para nosotros. Pero con el tiempo, esas mismas estrategias que nos protegieron pueden convertirse en cadenas que ahora, en lugar de ayudarnos, nos lastiman.
Todo lo que vivimos de pequeños sigue con nosotros, porque es en esa etapa donde se empieza a formar nuestra personalidad. Esto no significa que todo lo que somos venga de ahí, pero sí influye en quienes nos convertimos. Y aunque pensemos que hay muchas personas a las que les han pasado cosas parecidas, no quiere decir que a todos nos afecten de la misma manera. De eso dependerá cómo actuemos y reaccionemos en el presente.
A veces confundimos haberlo normalizado con que sea algo normal, y no es lo mismo. Podemos pensar: «Bah, eso pasó hace muchísimo tiempo, ya lo tengo superado». Pero si aún te duele, si se te ponen los ojos llorosos, te tensas al recordarlo o al vivir una situación parecida, repites patrones similares o evitas ciertas situaciones, es una señal de que tu mente y tus emociones no lo han procesado.
Mirar hacia dentro no significa culpar a nadie, sino comprender de dónde venimos para poder elegir de manera más consciente hacia dónde queremos ir. Cuando nos vemos con sinceridad y nos tratamos con compasión, empezamos a elegir lo que realmente nos representa y eso es lo que nos ayuda a estar bien con nosotros mismos.
Es cierto, no todo lo comprenderás de golpe. A veces será necesario leer y releer, avanzar y volver atrás, hasta que poco a poco las ideas se conecten y puedas reconocer tu propio mundo interior. Pasito a pasito, recuerda que Roma no se construyó en un día. Hay que tener presente que la paciencia a veces nos juega malas pasadas y queremos todo ya, pero… ¿si subes una escalera puedes pasar del primer escalón al último? No, ¿verdad? Hay que subirlos todos, porque cada uno tiene su función; de lo contrario, puedes caerte.
Recuerda: estás aquí para escucharte, no para juzgarte.
Cuando te comprendes,
puedes elegir distinto.

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Reconociendo mi propio poder