1. La suerte de Galesote

1. La suerte de Galesote

Tengo que concentrarme. Venga, tengo que concentrarme. Va, Galesote, que tú eres un máquina.

Una gotica de sudor cae sobre el teclado. Miro la pantalla. Trago saliva.

¿Que qué hago? Pues dejarlo todo para última hora, como siempre. Son las diez de la noche de un lunes y estoy en la biblioteca del barrio, atascado con un PowerPoint de Napoleón Bonaparte, y tengo que presentarlo mañana en clase. Pfff… Además, me ha entrado un hambre que hasta me comería las teclas del ordenador, porque no he tomado nada desde la merienda.

Venga, Galesote

Concéntrate.

Deberían inventar alguna pastillita para concentrarse o para aprenderse de golpe todo el temario de un examen. Si es que a veces los científicos se ponen a investigar cosas que no sirven para nada… ¿Para qué queremos ir a Venus, con el calor que hace? Se ve que esa gente no conoce Sevilla en agosto…

—¿Cómo lo llevas, maquinote? —Uf. Ya está aquí el pesado de Gasparototo, que va a mi clase—. ¿Te queda mucho? —Se me acerca y me pone una mano sobre el hombro.

—NOOOOOO…

—Hago un gesto con la mano como para quitarle importancia—. Le estoy dando los últimos retoques.

—Muy bien, hombre, muy bien. Yo me voy ya para casa, que he terminado mi presentación sobre Leonardo da Vinci, las maquetas de algunos de sus inventos más importantes y mi copia al óleo de la MONA LISA. —Illo, es que no lo aguanto—. Mañana lo expongo. A ver si te gusta.

—Clarooo… Me va a encantar. —Sonrío, con todos los dientes.

—Venga, no te entretengo más, que parece que te queda mucha tarea por delante.

Lo sigo con la mirada hasta que desaparece tras la puerta de salida.

¿Qué habrá querido decir con lo de que me queda mucha tarea por…?

Bah, da igual.

En realidad el muchacho no me cae tan mal. Es solo que no soporto lo repeinado que va, ni esos jerséis que me lleva, ni cómo parpadea, ni su mochila, ni..., ni... Vale. ¡VALE! Lo que me saca de quicio es que lleva dos meses tirando fichas a Jaz. ¡A Jaz! El amor de mi..., mi…, mi…

¡Mierda!

¡QUE YA SON LAS DIEZ Y VEINTE!

A Gasparototo le he dicho que me faltaban los últimos retoques y CASI es verdad. Me falta el final, un poco de lo de en medio y, sobre todo, empezar. ¡PFFF! ¿Por qué tengo que hacer una presentación sobre Napoleón Bonaparte? ¿Qué ha hecho Napoleón Bonaparte por mí? Busco en ChatGPT. No entiendo nada. A ver si es que está en francés…, pero no. Uf, mira. Cojo unas frases de por aquí, unas frases de por allá, invento un poco, lo relleno con creatividad y añado unos memes que son para partirse. Pongo como portada un cuadro de este hombre a caballo y le encasqueto el primer título que se me ocurre:

«NAPOLEÓN BONAPARTE:

ese gran desconocido».

Oye, ni tan mal.

Ilustración de un chico sentado a una mesa en una biblioteca con los ojos muy abiertos y una gran sonrisa. Delante suyo tiene un portátil en el que hay una ilustración de Napoleón en la que pone «Napoleón Bonaparte, el gran desconocido».

¡Suficiente! Le he dedicado nada más y nada menos que diez minutazos a este PowerPoint. Tal vez haya mezclado tipografías a lo loco. Quizá las letras en amarillo no se lean bien. Es posible que la mayoría de las fotos estén pixeladas... Ojalá que mi gracia y el saber estar hagan media con todo lo demás. Igual me da hasta para un notable.

Cierro el portátil, lo meto en la mochila y salgo a la calle. Inspiro profundamente para distinguir el aroma de la libertad, pero solo me llega el tufo de una moto que pasa justo por delante.

Madre mía. Ahora soy Galesote ahumado. Fijo que ese cacharro no pasa la ITV. No doy ni dos pasos, cuando oigo unos gritos justo al lado.

¡Cof, cof!

Ilustración de cuatro viñetas: en la de arriba a la izquierda hay un chico en la calle con una mochila mirando a un hombre mayor con barba espesa y ropa hecha jirones que se le acerca diciendo «¡Arrepentíos! ¡El fin del mundo se acerca!». Lleva una campana en la mano y un cartel colgado del cuello en el que pone «El fin del mundo está cerca». En la viñeta de la derecha el chico pregunta al señor «¿¿Es a mí??», a lo que este responde «¡Tú! ¡Sí, muchacho! Tú eres el elegido. Puedo sentirlo. ¡Puedo olerlo!». En la siguiente viñeta el chico le dice «Pues yo huelo otra cosa, caballero». Y el hombre, que sostiene las manos del chico entre las suyas le responde «Eres la única esperanza, ya que el fin está cerca. ¡Confío en ti!». Y en la última viñeta el chico sostiene un reloj con las manos y con una gran sonrisa le dice «Esto es… Es… ¿Es un TRÓLEX?».

¿Acaso me

engañan mis

ojos?

Los froto bien para asegurarme de no estar soñando y porque me pican después de tragarme el humo de la moto. No solo es un Trólex, sino que es el modelo Turbo Intelligent Watch Pro GTI, para ser más exactos. Con pantalla táctil irrompible de titanio, detalles en cerámica, metales preciosos y acero inoxidable. Sé reconocer un buen trabajo cuando lo veo…, pero está claro que el tipo que me lo acaba de regalar no tanto. ¡Vaya hombre más extraño! ¿Que el fin se acerca? ¡Si lo llego a saber, me ahorro hacer la presentación! Tengo muchas preguntas, como de dónde habrá salido, si no se arrepentirá de deshacerse de este tremendo pepino o cuánto hace que no ve una ducha de cerca..., PEEEEEERO lo importante es que la correa del Trólex se ajusta a mi muñeca como un guante, como si lo hubieran fabricado pensando en mí.

¡POOOPOROPOPOPOOOPO!

Ilustración de un chico con los ojos muy abiertos y una gran sonrisa mirando el reloj que lleva en la muñeca.

No da la hora ni falta que hace. ¡Lo que importa es lo que fardaré en clase!

¡FUA! Qué ganas de llegar a mi cuarto para toquetear y ver qué aplicaciones tiene el chisme este y… ¡Uy! ¡Que tengo que escribir para avisar que ya voy para casa! Lo sé, lo sé, cualquiera que me vea dirá que estoy hecho un tiarrón, un hombre adulto, hecho y derecho…, pero en las últimas semanas hay una banda de criminales que no para de hacer de las suyas por el barrio, así que quedé con don Papasote que le escribiría al móvil para informarlo de que todo va bien, que estoy de camino…

y así se

queda

tranquilo.

—¡Ojalá fuera un tío tope fuerte para plantar cara a esos chavales! Si es que, claro, bastante suerte tengo con ser tan guapo. ¡Estar mazadísimo ya sería abusar!

¡Ups! ¿Eso se me ha escapado en voz alta?

Menos mal que no pasa nadie por la calle. Aunque no es que haya dicho ninguna mentira… Siento un cosquilleo en el cuerpo. ¿Será que ya refresca?

Suena el móvil y me apoyo en una farola mientras leo todos los mensajes pendientes.

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78.913 notificaciones.

¡Sara me ha

dado like a

varios vídeos!

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Ten cuidado al volver, ¡ve por la sombra! ;)

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Y cena algo.

¿NO está la

cena hecha?

Jo...

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Pfff..., esta tarde me han robado el patinete eléctrico.

Logo de whatsapp Tía Loli

El mundo está fatal... Al carnicero le han atracado tres veces esta semana.

Logo de whatsapp Tía Loli

El otro día a la vecina le robaron el coche en las narices.

Grrr. La banda esa me está tocando las narices. Ya me gustaría tenerlos enfrente para decirles cuatro cosas… Si estuviera tan mazado como la Roca, claro.

Aprovecho que estoy con el móvil y les mando un wasap a todos:

Ahora soy el orgulloso propietario de un Trólex. Pesa como un perro pequeño, pero mola muchísimo

Después, me hago una foto con el reloj y la subo a Instagram. Enseguida llegan las reacciones:

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Qué suerte

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Qué suerte

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Qué suerte

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Seguro que es falso

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Qué suerte

A ver si mis amigos tienen razón y me trae suerte, que falta me hace. Para la presentación de mañana, sin ir más lejos, no sea que a alguien no le guste un PowerPoint de Napoleón con memes de Minecraft. Además, la profe tiene que apreciar mi esfuerzo. Podría haber jugado al Fortnite, pero estuve en la biblio. Igual lo pongo luego en la presentación, nada más empezar, en plan aviso y recordatorio. Y si el reloj no me trae suerte, o al final resulta que es falso, lo llevo al Compro Oro de la esquina, y todos contentos.

Respondo a unos cuantos mensajes más y mis tripas comienzan a rugir.

¡Ups! ¡Hora de

irme a casa!

Illo, sí que pesa el reloj este. Será que lleva muchos karates de esos. Nada, nada: mañana pienso en lo de apuntarme al gym y ponerme en serio, porque no puede ser que no tenga fuerza ni para llevar un reloj. Miro la farola en la que estaba apoyado y… ¿Está torcida? ¿Y cómo no me he dado cuenta? Si yo juraría que estaba más tiesa que un palo enyesado. En fin, da igual. Concentrémonos en lo importante: cena y al sobre, que me esperan unos días complicadillos. Mañana, presentaciones; pasado, festivo, y el jueves es el cumple de Jaz. A ver si pienso algo guapo para regalarle. ¡UY, UY, UY!

¡Esta semana va a ser

un PASOTE!

2. Menudo pipote

¡Ouaaa!

(¿Qué pasa? Así suenan mis bostezos, je, je, je).

Uf. He dormido del tirón. Esto es lo que ocurre cuando descansas con la conciencia tranquila, sabiendo que has hecho un buen trabajo. ¡Cuando vean mi presentación, alucinarán! Vamos, que el notable lo tengo casi asegurado.

Me levanto y… ¿Y ESTO QUÉ EEEEEES? ¿Pues no está la cama a ras del suelo? ¿Qué ha pasado con las patas? Madre mía, que están destrozadas, como el resto del somier. ¿Es que las termitas tenían hambre y de repente se la han zampado? Ahora no puedo pensar en eso. Será un problema para el Galesote del futuro. Pasemos a lo fundamental: ponerme guapote y elegante para la presentación. ¿Qué me va bien hoy…? ¿La camiseta negra, que pega con todo? ¿La blanca de tirantes? No, que se me ven los brazos y parecen tallarines. Me miro al espejo sin la parte de arriba del pijama y… más vale que pase por el gym sin falta. Y que no sea para anular mi suscripción. En fin, voy a ver qué sudadera va mejor con el color de mis ojos.

Abro el armario y me quedo con la puerta en la mano. Espera… ¿ME QUEDO CON LA PUERTA EN LA MANO? UY, UY, UY. ¿Es que las termitas no comían desde el año pasado? El tema es que…, hum…, no pesa. Qué raro. He arrancado un tablón de madera de dos metros como si fuera un trozo de papel. Mejor dejo la puerta apoyadita contra la pared, que, como se entere don Papasote, me la voy a cargar. Y más cuando vea que la cama está hecha polvo. Luego busco unos vídeos del Leroy Merlin en YouTube… y a ver si con un destornillador y algo de cinta adhesiva lo arreglo.

¡A desayunar!