Si sabes cambiar cromos, sabes lo que es el dinero
Quizá alguna vez te hayas preguntado por qué existe el dinero y cómo se ha decidido que las monedas que tienes en tu hucha tengan el valor que poseen. Yo también me lo pregunté en varias ocasiones. El dinero es el conjunto de monedas y billetes que se aceptan como medio legal de pago. Pero ¿quién decide cuáles son y cuánto valen?
La realidad es que el dinero no ha sido siempre el que utilizamos en la actualidad, sino que ha ido cambiando a lo largo del tiempo. El euro es una moneda relativamente nueva, que permitió que todos los países de la Unión Europea que se acogieron a él usaran el mismo medio de pago y banco central (el Banco Central Europeo). Antes del euro, en cada país de la Unión Europea había una moneda distinta. Imagina qué lioso era hacer un viaje por Europa y tener que llevar en la cartera francos para pagar en Francia, marcos para hacerlo en Alemania y liras en Italia.


¿Sabías que 1 € eran 166,386 pesetas? ¿Y que 0,01 € eran 1,66 pesetas? ¿Y que 1 peseta eran 4 reales? Con el paso del tiempo y la inflación, hoy en día un céntimo apenas vale nada, así que imagina el valor de un real (un real sería 0,001 céntimo de euro).
En España, con anterioridad al euro, desde 1968 hasta 2002, hubo pesetas. Y previamente hubo otras muchas monedas, como reales, maravedíes o cuartos, entre otras.

¿Sabías que expresiones que se utilizan en nuestros días como «estoy sin cuartos» o «estoy sin blanca» hacen referencia a los cuartos (una de las monedas que hubo antiguamente) y a las blancas (una moneda que se usaba en la España medieval)?
Dinero ha habido en la sociedad desde hace miles de años. Si viajamos muy atrás en el tiempo, en concreto hasta la Mesopotamia de hace 5.000 años, ya encontramos dinero como método de cambio. Y es que, en realidad, el dinero se creó como una manera de hacer los trueques más prácticos y fáciles.
Un trueque es cuando tú y yo intercambiamos dos cosas, la una por la otra. Así es como en la Antigüedad las personas que vivían en una sociedad podían aportarse trabajo y productos entre ellos. El agricultor intercambiaba tomates por leche con el lechero, por carne con el ganadero y por herraduras con el herrero. Estos intercambios que a priori parecen fáciles no lo eran en absoluto.

¿Qué pasaba si el agricultor en primavera tenía muchas más fresas de las que necesitaba para intercambiar por otros productos? Como no podía acumularlas, solo podía elegir entre realizar trueques en ese momento o que se echaran a perder.
¿Y si este necesitaba leche en diciembre, cuando su campo no producía ningún vegetal? Al no poder acumular las fresas, solo podía disponer de ellas como medio de pago cuando era la temporada de cosecha.
¿O qué sucedía si él quería adquirir una oveja, pero el ganadero no necesitaba 200 kilos de fresas a cambio? Por muy ricas que estuviesen las fresas, el ganadero probablemente no querría que le pagaran con un dinero que en apenas cuatro días estaría pocho.
De repente los trueques ya no eran tan sencillos.
De modo que decidieron buscar un sistema en el que cada uno pudiese cambiar sus productos por algo que todos necesitaban y que se podía acumular sin estropearse. Así es como encontraron la solución perfecta: el trigo.
Utilizando un sistema de intercambios basado en el trigo, todos podían cambiar sus productos por el cereal y con él comprar el resto de las cosas. Además, el trigo era fácil de acumular, por lo que se crearon recintos en los que guardarlo a cambio de una ficha. De esta manera la gente depositaba su trigo allí, se apuntaba la cantidad y les daban esa especie de tarjetita como justificante del depósito. Esta la podían utilizar para reclamar su trigo o bien para realizar pagos a otras personas. Negocio redondo.


¿Sabías que en muchos pueblos aún existe una «casa del trigo»? Estas eran algo así como los bancos de la época.
El trigo no fue el único objeto fácil de transportar, acumular y que tenía valor en las sociedades antiguas. La sal fue otra de las primeras monedas de cambio. La usaron en Mesopotamia, en el antiguo Egipto, los mayas… y, por supuesto, entre otros, los romanos. La sal, además de ser un producto fácil de guardar, tenía un alto valor, pues, en una época en la que no existían ni la nevera ni el horno, era el ingrediente por excelencia para la conservación y preparación de alimentos. Fíjate si la sal era importante que hubo sociedades en las que llegó a intercambiarse el kilo de sal por la misma cantidad en oro. Por comparar la importancia que tenía la sal en aquella época, actualmente 1 gramo de oro vale más de 70 €, por lo que 1 kilo de oro ronda los 72.000 €, mientras que 1 kilo de sal lo puedes conseguir por menos de 1 €.
Como hemos visto, productos como el trigo o la sal se crearon por practicidad. Pero no eran perfectos. El trigo variaba mucho de valor en función de lo buenas o malas que fueran las cosechas. Con respecto a la sal, llegó un punto en el que se tuvo que limitar su extracción para poder mantener su valor como moneda de cambio.
Las civilizaciones, siempre en la búsqueda del dinero perfecto, empezaron a introducir metales preciosos como el oro y la plata. ¿Quién decidió que estos metales eran más valiosos que el hierro? El valor del oro reside en la dificultad para extraerlo, su relativa escasez y su resistencia frente al desgaste y la decoloración. Y es que, al final, tan importante era utilizar un tipo de dinero fácil de acumular como que fuese limitado.
Tanto la plata como el oro son limitados, pero el valor del oro es muy superior porque es más escaso.
Así que civilizaciones como la egipcia comenzaron a usar el oro como material para hacer joyas de valor y también para intercambios. Y, poco a poco, se fueron instaurando a lo largo de los siglos las monedas de metales preciosos como el dinero.

¿Sabías que Isaac Newton, además del científico que demostró las leyes del movimiento y la gravedad, fue quien fijó una proporción de valor del oro con respecto a la plata? Desde el siglo XII hasta el XVII la equivalencia fue de 12 unidades de plata por 1 de oro. Newton cambió esa proporción a 15,5 de plata por 1 de oro. Y actualmente está en torno a 80 unidades de plata por 1 de oro.
Por eso, como las monedas poseían el valor intrínseco del metal del que estaban hechas, las de mayor número eran más grandes. Es decir, cuantos más gramos de metal precioso tenías en tu poder, más rico eras. Y, en cierto modo, aunque hoy no estén hechas de metales preciosos, sí que suelen seguir el mismo patrón. Una moneda de 0,20 € es más pequeña que una de 1 €, que a su vez es más pequeña que una de 2 €. Del mismo modo, un billete de 5 € es más pequeño que uno de 50 €.
Con el paso del tiempo, aunque algunas monedas siguieron teniendo valor por sí mismas (por ejemplo, se llegaron a emitir monedas de 100 pesetas de plata a mediados del siglo pasado y todavía hoy se crean algunas con motivo de conmemoraciones especiales), la mayoría pasaron a ser un simple trozo de papel o de metal sin ningún valor. Este sistema se llamó el patrón oro. Así, las monedas y billetes estaban respaldados por lo que equivalían en oro. Era algo similar a las fichas que ya existían en Mesopotamia miles de años antes, ya que nadie llevaba saquitos de oro para comprar el pan, sino que, al intercambiar un billete en la tienda, tanto el comprador como el vendedor entendían que se estaban pagando por su equivalencia en oro. Esas reservas estaban (y en muchos casos siguen estando) depositadas en lugares escogidos por los bancos centrales que están muy protegidos. Por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional mantiene alrededor de 2.814 toneladas métricas de oro guardadas en diferentes sitios.

¿Sabías que las monedas se utilizan para cantidades pequeñas porque se usan con más frecuencia, mientras que los billetes se utilizan para cantidades más grandes porque pesaría demasiado llevar todo ese dinero en monedas?
A partir de mediados del siglo XX se produjo otro gran cambio mundial en el sistema de dinero, puesto que pasamos a tener lo que se llama dinero fiduciario. El dinero fiduciario son monedas y billetes que no tienen valor por sí mismos; ha sido el conjunto de la sociedad que lo ha aceptado como de curso común. Esta confianza reside en que este dinero es emitido por los bancos centrales (en el caso de los países de la zona euro, por el Banco Central Europeo; en Reino Unido, por el Banco de Inglaterra; en Estados Unidos, por la Reserva Federal) y son ellos los que nos dicen que ese dinero tiene el valor que tiene.
Pero el dinero no deja de evolucionar. Efectivamente, existen las monedas y billetes, pero cada vez están más en desuso. Ahora ya podemos pagar con nuestra tarjeta, con el móvil e incluso con nuestro reloj. Ese dinero también es fiduciario, ya que es nuestro banco el que valida la operación y el banco central el que nos asegura que nuestro dinero tiene valor.
Y es que al final, sea cual sea el método que utilicemos para pagar, en realidad todo sigue siendo un truque. Es decir, cuando vamos a una tienda a comprar una camiseta, nosotros queremos la camiseta y el vendedor quiere nuestro dinero, así que intercambiamos nuestro dinero por su camiseta o, lo que es lo mismo, él intercambia su camiseta por nuestro dinero. Igualmente, cuando trabajamos intercambiamos nuestros conocimientos, nuestra experiencia y nuestro tiempo a cambio de un salario.
Inflación
La inflación es la subida del precio de las cosas. Con el paso del tiempo es normal que todo aumente progresivamente de precio. La mayoría de los países son unánimes al establecer que una economía que crezca a un ritmo adecuado puede tener una inflación del 2 %.
La forma de medir la inflación que tiene España es a través del IPC (índice de precios de consumo). Consiste en una cesta de la compra en la que hay muchos de los productos que usamos las familias, ponderados de distinta manera.
Las ponderaciones son la importancia que tiene cada grupo en el gasto de las familias. Por ejemplo, de nuestros gastos anuales se considera que la alimentación pondera un 19 %, la vivienda un 12 % o la ropa un 4 %. Y es que, mientras que en mi casa compramos pan y fruta todos los días, solo voy a la peluquería cada dos meses. Por eso, en mi economía doméstica influyen más el precio del pan y el de la fruta que el de la peluquería. De ahí que existan las ponderaciones, aunque, en cualquier caso, el dato del IPC nunca reflejará exactamente nuestra realidad, ya que habrá gente que gaste mucho en transporte, mientras que otros vayan andando a trabajar, o quizá algunas personas se vayan todos los años de vacaciones, mientras que otros no lo hagan nunca.
La manera de medir el IPC es comparando los precios de este mes con los mismos de hace un año, así que cuando dicen que la inflación de este mes es del 2,5 % significa que los precios generales de las cosas son un 2,5 % más altos que hace un año.

Ejemplo:
Si un café valía hace un año 1 € y ahora vale 1,5 €, ¿cuánto se ha encarecido en porcentaje?
Solución: 50 %
Y si un refresco valía hace un año 2 € y ahora vale 2,5 €, ¿cuánto se ha encarecido en porcentaje?
Solución: 25 %
Fíjate que en ambos casos este año estás pagando 0,5 € más por el producto, sin embargo, de cara a la estadística, uno de ellos se ha encarecido un 50 %, mientras que el otro lo ha hecho un 25 %.
Hemos hablado de que lo normal en un país es que haya un poco de inflación, pero ¿podrían bajar los precios?
Efectivamente, los precios podrían bajar. En primer lugar, hay precios de productos que con el paso del tiempo disminuyen. Por ejemplo, en los años ochenta un vuelo o un ordenador eran más caros de lo que lo son ahora, ya que en su momento eran productos o servicios novedosos, de lujo, al alcance de muy pocos.
Por otro lado, cuando hablamos de inflación e IPC nos referimos al conjunto de los bienes y servicios de un país. Es decir, ahora los ordenadores son más baratos que en 1985, pero prácticamente todo lo demás (desde la comida hasta la estancia en un hotel, pasando por unos patines o comer en un restaurante) es más caro.
Deflación
¿Por qué no es bueno que los precios de las cosas bajen? Los precios de manera generalizada pueden bajar, y esto se llama deflación. No es algo habitual y, cuando sucede en un país, suele significar que su economía está estancada o en recesión. Una economía estancada es que no crece ni decrece. Una economía en recesión es cuando está decreciendo. Esto no es bueno porque a nadie le gusta que su salario baje o que pase a vivir peor de lo que lo hacía antes. Por eso siempre se espera que la economía de los países (y la tuya y la mía) crezcan. Por ejemplo, el IPC de España en 2009, 2014 o 2020 fue negativo. Estos fueron años en los que la economía española no fue bien.
Inflación y crecimiento económico suelen ir de la mano. Es decir, si en mi país los precios suben un 2 %, y mi salario lo hace en la misma proporción, todo se mueve en consonancia. En cambio, si tengo un negocio e incremento mis precios un 2 % con respecto a los del año anterior, pero los materiales o productos que tengo que comprar (por ejemplo, los limones para hacer la limonada que vendo) se han encarecido un 5 %, aunque esté ingresando más, en realidad soy más pobre porque mis costes han crecido más que mis ingresos.

¿Sabías que…?
Inflación: subida del precio de las cosas.
Deflación: bajada del precio de las cosas.
Estanflación: subida del precio de las cosas cuando la economía está en recesión.
Cuando yo era pequeña tenía una paga semanal de dos monedas de 25 pesetas. Es decir, mis padres me daban cada semana 0,30 € (50 pesetas), que daban mucho de sí. Sin embargo, con 0,30 € ahora apenas podemos hacer nada. De igual modo, en los años setenta una barra de pan costaba 14 pesetas (0,08 €), un Ford Fiesta unas 400.000 pesetas (2.400 €) y el salario mínimo mensual rondaba los 100 €.
Puedes preguntar a los mayores o investigar por ti mismo cuáles son los precios de una barra de pan, de un coche, así como del salario mínimo actualmente.

Como ves, no solo los precios eran mucho más bajos en aquella época, sino que las monedas que se utilizaban también eran de un número mucho más alto (el equivalente a 1.000.000 de pesetas de antes son hoy 6.000 €, así que fíjate la de ceros que hemos eliminado). Por eso, con el paso del tiempo las monedas que son de menor valor pierden interés (por ejemplo, ahora una moneda de 0,01 € no tiene apenas importancia y, en cambio, cuando nuestros abuelos eran pequeños, con esa moneda podían comprar cosas y les daban hasta cambio de vuelta).

¿Sabías que en Zimbabue hay tanta inflación que llegaron a tener billetes de cien trillones? Estos al cambio no llegaban a valer 1 €. Imagina pagar la compra con varios billetes de 100.000.000.000.000 o el número de ceros que tendría el precio de un coche o una casa.
Hiperinflación
La hiperinflación es la subida desatada de los precios, es decir, cuando la inflación está fuera de control. Muchos países están de acuerdo en considerar hiperinflación cuando los precios suben un 50 % en un mes. ¡Un 50 %!
Aunque una subida tan elevada es poco corriente, en varios países sí que se da una situación de inflación muy muy alta. Como imaginarás, Zimbabue es uno de ellos, así como Turquía, que ha llegado a registrar inflación anual del 85,5 %, o Argentina, que ha visto cómo sus precios se encarecían un 289,40 % anual.
Ejercicio:
Imaginemos que en dos países distintos el año pasado 1 kilo de tomates valía 5 €. En el primero el precio de los mismos se ha incrementado un 5 % y en el segundo un 85 %. ¿Cuánto valen ahora?
Solución: 5,25 € y 9,25 €, respectivamente
5 × 0,05 = 0,25
5 × 0,85 = 4,25

Por qué tenemos que trabajar y cómo funciona un salario
