EL CAOS Y LA INSPIRACIÓN
rompo el silencio con mis manos
escucho a mi corazón latir ferviente
una gota de sudor cae por mi frente
al ritmo de las voces que he escuchado
las palabras en mi boca tienen nombre
las ideas ya no duermen en mi mente
se han dejado llevar por lo que sienten
y el dolor en el papel se ha d
e
r
r
a
m
a
d
o
AL PRINCIPIO NO HABÍA NADA...
en el papel en blanco. Fue entonces cuando las musas vinieron a buscarme.
Las musas, según la mitología griega, eran hijas de Zeus y Mnemósine, la diosa de la memoria. El poeta griego Hesíodo transmitió en sus textos que eran nueve quienes bajaban a la tierra a susurrar ideas e inspirar a aquellos mortales que las invocaran. Contó que mientras pastoreaba su rebaño, se le figuraron las musas y le enseñaron el canto que reconforta a las almas perdidas y calma las inquietudes del corazón.
Cuando me senté a escribir los primeros poemas de este libro, no sé si fueron las mismas musas quienes se manifestaron a través de sus susurros. Sí puedo decir que algo despertó en mí una intensa curiosidad sobre las historias de los dioses, los sentimientos aún vigentes relatados en los mitos griegos, así como su relación con mis propias experiencias.
Una de aquellas noches de inspiración llegué a la conclusión de que debía de existir un motivo para que compartieran conmigo su refugio. No podía ser un simple capricho del destino que me confiaran el secreto de sus apariciones, ni de las formas que les gusta adoptar para iluminar a la humanidad, ni mucho menos que me permitieran desterrar tantas ideas al olvido. Durante años me habían enseñado a extraer mis pensamientos del desorden de mi cabeza y a traerlos a un plano físico para entenderlos de forma consciente, y de este modo, ayudarme a sanar a través de la poesía.
Pero el motivo oculto resultó una tarea desafiante y al mismo tiempo gratificante: hoy que al fin tengo el placer de conocerte, debo asegurarme de que entiendas que las musas habitan en cualquier lugar y en cualquier momento, al mismo tiempo y de maneras distintas, hoy es un algo, pero mañana puede ser un alguien… una vez que aprendes a reconocer sus murmullos.
Encuentras belleza en el caos.
Y te atreves a transformar tu dolor en arte.
ESTA ES LA PARTE
EN LA QUE RECUERDAS
QUE TODO SE ACABA
«¿Por qué no puedo ver tu rostro a la luz del día?», preguntó la princesa Psique al misterioso ser que la visitaba todas las noches. «Puedo sentir tu cuerpo, escuchar tu voz, pero quisiera ver a los ojos al amor que me has regalado. No te imaginas cómo me invade la tristeza en este palacio tan grande y tan vacío cuando no estás». Para evitar la ira de su madre, Afrodita, que estaba celosa de la belleza de Psique, el dios del amor le prohibía a la princesa intentar descubrir su identidad.
cuando el tiempo juntos
no es suficiente
durábamos lo que la luna consentía
y yo consentía ese trago de felicidad
que dejaba un mal sabor en mi garganta
con las exigencias que para ti tenía
haciendo su camino hasta tu oído
confundido ante la voz que ya no canta
apenas presiento tus pasos lejos
se abre un hueco que me espanta
en el espacio que llenabas con tu risa
en mi pecho, ya no ríe porque faltas;
es la eternidad que yo comprendo
la de pensarte, cuidarte como recuerdo
y de las horas que vuelan sin tu brisa
arropándome con una tristeza santa
los minutos que paso en tu compañía
son los que anhelo eternos en mi vida
pero tu ausencia me devuelve la mirada
y lo poco es insuficiente en esta cama
que guarda tu olor en mi vacío
¿por qué te parece inconcebible
querer que mi mundo te conozca
compartir uno o dos tragos de alegría
en la luz que tus alas persiguen
cuando me dejas abandonada?
¿por qué debo quedarme acurrucada
añorando lo imposible en lo posible
culpando a mi tragedia del deseo
porque tu atención hoy no me basta?
es mi castigo de felicidad inalcanzable
porque aún cuando te tengo a mí pegado
pienso en cuando me hagas falta
—Psique a Eros
TODO LO QUE QUERÍA
ERA QUE EL TIEMPO
DEJARA DE VOLAR
¿HAY ALGO
MÁS DIFÍCIL
QUE ESPERAR?
cuando te abruma
la vida adulta
¿quién le dirá a la niña la verdad?
¿quién soplará la vela del castigo?
si el castigo silencioso destruirá
la ilusión de princesas y castillos
¿quién soplará la burbuja hasta llegar
a un mundo sin lágrimas ni hijos
que sufran por no saber llorar
por no querer vivir si no es contigo?
alguna vez fue niño el deseo de soñar
de saltar las horas, de perder el hilo
de afrontar la única realidad:
solo naces
solo te vas
lo del medio
es miedo perdido
cuando tu relación
duró muy poco
no escatimo en mis deseos:
por ti destruiría todos los relojes
con el fin de adelantar el tiempo
pestañear, abrir los ojos y tenerte
tenerte, abrir los ojos, verte de nuevo
¿por qué el apuro de este encuentro?
yo te extraño, te quiero y no escatimo;
por ti cedería mi último aliento
a aquella realidad en la que fuimos
estoy ansiosa de tus manos
de tu sonrisa, de tu cabello,
en la expectativa de pertenecernos
y de permanecer en mí
en aquel instante fino e intocable
que nos unió por un momento
no escatimo en mis deseos:
por ti destruiría todos los relojes
con el fin de detener el tiempo
pestañear, abrir los ojos y tenerte
pestañear, y nunca soltarte de nuevo
—Afrodita a Adonis
«Volvería a rebelarme ante todos los dioses», juró Afrodita, quien ya había ignorado las reglas de Zeus para estar con Adonis. «Volvería a buscarte, volvería a entregarme a ti, convertiría tu sangre mortal en eterna». La diosa de la belleza se despidió de su amado acariciando por última vez su piel fría. Hay quien asegura que Afrodita absorbió la muerte del cuerpo de Adonis para estar junto a él en la inmortalidad.
cuando te quedas
atascado en el pasado
no sé
cómo seguir
descubrir quién soy
es un camino
que no acaba
con la constante
sensación punzante
de que sí, si acaba
el tiempo que me queda
antes de ser juzgada
por no llegar a tiempo
para ser quien debo
en esta encrucijada
de descubrir versiones
de mi mente dormida
que no conocía
al verse maquillada
de lo que todos quieren
de lo que mi alma canta
para ser aplaudida
o, al menos,
recordada
—la encrucijada de Hécate
¿QUÉ PASA
SI CIERRO LOS OJOS
Y SE ME PASA LA VIDA?
cuando las amistades
se distancian
¿cuántos segundos hacen falta
para recuperar lo que perdimos?
aquellos momentos que se llevó el viento
antes de poder empezar a vivirlos
por el inconveniente de seguir creciendo
y quizá dejar de ser los mismos
que se escondían de la flor del tiempo
cuando hacía calor por las tardes
nos conformamos con el destino
aceptamos que a todos les llega la distancia
—tal vez no le dimos demasiada importancia
a cada minuto que habíamos compartido—
así nuestra flor se fue marchitando
abandonada al libre albedrío
hasta morir temblando de frío
cuando dejamos de vernos por las tardes
nos convertimos en viejos conocidos
que descubrieron el valor de los segundos
solo porque hoy sienten su falta
—Aquiles a Patroclo
«Hoy vuelvo a ser tu amigo», juró Aquiles, invadido por la ira y el dolor cuando se enteró de la muerte de Patroclo. «Hoy vuelvo a sostener tu corazón cuando todo mi cuerpo duele. Mi talón es mi debilidad como lo es tu ausencia repentina, ahora que todo carece de sentido, ahora que no estás». Fue así como Aquiles le prometió a Patroclo que no lo enterraría hasta que hubiera vengado su muerte, y nunca dejó de llorarlo hasta que él también fue asesinado.
cuando te sientes cansado
de la rutina
tiempo cruel e imponente,
sigues clavando agujas en mi cuello
otra vez te alejas, te vas, te pierdo
¿por qué nunca eres suficiente?
estoy hecha de sangre, de huesos y de ti
una lágrima que guardo, otra que dejo ir
como un roce que pasa a ser recuerdo
como si pudiera repetirte, te viví
tiempo cruel e imponente,
fue el silencio dormido en mis labios
un veneno que me acompañó por años
cada vez que te gasté, me arrepentí
tiempo cruel e imponente,
si caduco antes de que te detengas
le contarás a todos que tú nunca esperas
y yo siempre quise ahorrarte, ganarte,
aprovecharte, perseguirte, detenerte,
pero nunca
logré escapar de ti
—el poder de Chronos
«Debo admitir que no suelo ser despiadado por elección propia», opinó Chronos, conocido por su brutalidad y fuerza destructiva. «Es la naturaleza del tiempo que viene a devorarte y tu naturaleza de no sacarle provecho».