Capítulo 1

1

Socorro, Nuevo México

Hoy cumplo veinticinco años y es un buen día para dar un paso adelante. Tengo que ir dejando atrás el duelo. Miro por la ventana de mi habitación y dudo si es el mejor momento para enterrar el pasado o si más bien tendría que entenderlo mejor y afrontar mi presente con esperanza. Como buena piscis que soy, llevo demasiados meses sin enraizar mi vida, viviendo de la nostalgia y los sueños. Clavo la mirada en las colinas rojizas de las montañas áridas y desérticas de mi pueblo a ver si logro ver a Maktub, posado en ellas o alzando su poderoso vuelo de aguilucho por encima del desierto que nos rodea. Un águila joven de cabeza blanca con la que tengo una conexión muy especial. Pero hoy no hay rastro de él. Giro la cabeza hacia mi minúsculo armario, como si de una revelación se tratara, y tomo la iniciativa de afrontar mis miedos. Hoy es el día. Marzo avanza lento y el frío empieza a desaparecer, tanto fuera como en mi corazón.

Trato de mantener el equilibrio mientras trepo por el taburete inestable de la cocina, hasta alcanzar la caja de zapatos que guardo con tanto mimo encima del armario de la habitación. La abro despacio, como si no supiera lo que contiene y se tratara de material peligroso. Inflamable. Listo para dinamitar mi vida. Estallar con todo el arsenal de recuerdos del pasado. Debería poner un cartel que diga: Cuidado, contenido altamente emocional. Sin embargo, solo tiene escrito mi nombre. Alex. La voy a abrir tras demasiados meses sin ánimo ni valor para hacerlo.

Saco la vieja y empolvada cámara analógica de mi padre de su interior y, por un instante, me sobrevienen un montón de recuerdos. Me siento pequeña. Bajo con cuidado y me arrodillo a los pies de la cama. La acaricio para quitarle las motas de polvo que la cubren y sonrío al recordar todas las tardes de domingo que mi padre se pasó enseñándome a fotografiar. Las memorias dolorosas se entremezclan con las bonitas, y el susurro de la muerte me visita como tantas veces en este último año. Pienso en papá, en cómo se fue, en lo que sentí al verlo sin vida, en lo injusta que fue su partida para mí y el modo en que aconteció todo. Aprieto los labios para retener la ira y la pena. ¿Acaso la muerte del cuerpo acaba con todo lo demás? ¿Tan simples somos? Trato de averiguarlo cada día que pasa.

«La velocidad de obturación, ahí está el secreto».

Recuerdo sus palabras y el modo en que sonaba su voz como si le escuchara ahora mismo. Me lo repetía una y otra vez al tiempo que me mostraba sus fotografías, instantes en movimiento atrapados en el papel. Siempre con ese halo de vida a pesar de contener tanto pasado.

Cuando por fin logré entenderlo y dominar la cámara a la perfección, ya era demasiado tarde. Él ya no estaba y, desde entonces, decidí guardarla en esa caja de zapatos repleta de carretes por estrenar. Sabía que, en algún momento, estaría preparada para usarla de nuevo.

Ver la vida a través del visor de una buena cámara te da una ventaja frente al resto del mundo. Eres dueña del tiempo, del tuyo y del de los demás. Puedes retratar momentos y hacerlos eternos. Y tengo la suerte de vivir a escasos treinta kilómetros del Bosque del Apache, uno de los mayores puntos de avistamiento de aves salvajes en libertad de Estados Unidos, aquí en Nuevo México. Nada tienen que ver sus paisajes desérticos de montaña rojiza y arcillas de mil tonalidades con el oasis de vida de las lagunas del Bosque del Apache. Es un sitio de parada crítico para las aves acuáticas migratorias. Y, por supuesto, también para tantísimas aves rapaces y carroñeras que surcan nuestros cielos, las que controlan la muerte, las que velan por ella, las que la transforman de nuevo en vida. Necesito fotografiar eso y todo lo que me enseñan en cada avistamiento. Quizá me ayude a cerrar la herida que dejó papá. Desde pequeña, perderme con mis prismáticos por los senderos, lagunas y bosques de este paraje natural ha sido un leitmotiv en mi vida. Siempre junto a papá y su cámara. Además, tenemos la suerte de vivir en uno de los estados con más cultura indígena aún viva de todo el país, donde sus leyendas y sabiduría se palpan en el aire, sin duda. Solo has de estar dispuesto a escuchar y a sentir.

Eso es lo que me ha ocurrido con Maktub. Ha sido el punto de unión entre la vida y la muerte. En una de mis expediciones de avistamiento de aves acuáticas, me topé con el polluelo de águila, lo recogí sin dudarlo y lo ayudé a sobrevivir. Me defendí bastante bien y aprendí muchísimo gracias a mi experiencia como enfermera. De esto hace ya casi un año. Poco después de la muerte de papá. Estuvo algo más de cuatro meses conmigo en casa y, cuando logró levantar el vuelo, lo liberé en Bosque del Apache. Pero se improntó conmigo, como era de esperar en un ave joven criada por una humana. Cree que soy su madre, y su biología no le permite separarse de mí hasta los cuatro o siete años, cuando encontrará una pareja con la que aparearse y estar toda la vida. Hasta entonces, me temo que siempre volverá a mí y yo a él. Esa es la razón por la que, desde ese momento, le visito casi todas las semanas. No sé cómo es capaz de encontrarme cada vez que voy. Aparece con solo caminar por los senderos y hacer el sonido de reclamo que le hacía de pequeño cuando aprendió a volar. Ha llegado a sobrevolar Socorro en mi búsqueda. Nuestra conexión es sencillamente inexplicable. Brutal. Es libre, pero mi ayuda le ha supuesto un vínculo demasiado fuerte como para desarrollarse con los suyos como es debido. Esa sensación de culpa es la que me impulsa a seguir a su lado, a visitarlo, a observarlo y a aprender de él hasta que esté listo para emprender una nueva vida sin mí.

Decido visitar el Bosque pronto, cámara en mano, para fotografiarlo por primera vez, ahora que dispongo de quince días libres por delante. Llevo demasiado tiempo sin disparar. Mi trabajo es muy exigente. Soy enfermera y, por norma, suelo hacer guardias largas para después librar varios días seguidos. Llevo dos años y medio en el hospital de Albuquerque y tiene sus ventajas, aunque me ha costado adaptarme a los horarios nocturnos. Lo mejor es la cantidad de días de descanso que tengo. Mi rutina en el hospital suele ser bastante variada y no me aburro, a pesar de que son muchas horas, doce seguidas normalmente. Rondas, cuidados intensivos, reuniones, ratitos con mi gran compañera Martha, comida recalentada en el microondas, alguna que otra serie en el móvil en las horas muertas y mucha sensación de orgullo cuando ayudo a los pacientes a sentirse mejor y recuperarse.

Me dirijo al espejo con la intención de que hoy sea un día especial, con la cámara entre las manos casi temblorosas de la emoción y la seguridad de que empieza una nueva etapa. Sí, ha pasado un año, no solo desde que mi padre me dejó, sino desde que rompí con James. Es cierto, ya no se me desboca el corazón cada vez que me lo cruzo por los pasillos del hospital. Ahora lo pienso y me doy cuenta de que la llegada de Maktub fue de gran ayuda para despedir tanto a papá como a James.

Su autoridad y carisma me hacían caer rendida a sus pies cada vez que su mujer estaba fuera por negocios. También cuando le venía en gana que nos encerráramos en su despacho de cirujano para ponerme contra la mesa y follar en silencio, con tanta intensidad como prisa, para luego salir a los pasillos y fingir que casi ni nos conocíamos . Eso sí, un montón de promesas incumplidas de lo importante que era para él y lo mucho que iban a cambiar las cosas cuando su hija mayor cumpliera los quince. Menudo cabrón mentiroso. No puedo evitar que la rabia aún se apodere de mí cuando pienso en todo lo que vivimos juntos… Ha pasado casi un año y todavía me enerva recordar lo tonta que fui. Todo ocurrió muy deprisa. Empecé mi residencia en el hospital recién salida de la carrera, con toda la ilusión que puede albergar alguien que ha logrado aprobar con matrícula. Sí, me esforcé mucho y ser la mejor en lo mío era muy importante para mí. A las pocas semanas de entrar, coincidí con James en los pasillos, se fijó en mí de inmediato y se mostró muy amable y dispuesto a ayudar. El gran cirujano de renombre y la nueva enfermera inexperta. Se ofreció a apoyarme si me sentía un poco perdida con las rutinas los primeros meses, y la verdad es que fue un apoyo al que acudir cada vez que algo me sobrepasaba, cada vez que no congeniaba con algún paciente o cada vez que me daban ganas de matar a mi supervisor, Louis, con el que nunca he logrado conectar. Yo era novata y James tenía sus armas. Fue inevitable acabar desayunando juntos después de una guardia en una cafetería a la salida del hospital, contándonos la vida. Al acompañarme a mi casa, acabamos fundidos en un beso apasionado que juró haber esperado desde hacía años, ya que no era feliz en su matrimonio con dos hijas, horarios opuestos a su mujer y las presiones del día a día. James es atractivo, apenas llega a los cuarenta y sabe ejercer en su beneficio el poder que tiene.

Me miro al espejo y me doy cuenta de que esa chica de veintitrés años que tiró dos años por la borda con él ya está muy lejos del reflejo que me devuelve el cristal. Ahora, con casi veinticinco, ya todo es diferente. Me he convertido en una mujer libre e independiente que no volverá a caer en los encantos de ningún hombre que no esté a la altura de lo que yo estoy dispuesta a entregar en una relación.

Los veinticinco van a cambiarme. Lo sé, y hoy es el mejor día para celebrarlo. Llevaba una semana mirándome al espejo y contemplando un rostro que parecía preguntarme hasta cuándo iba a seguir de duelo. Me di cuenta de que se acercaba mi cumpleaños y me estaba forzando por salir de la oscuridad. Era una señal. Así que aquí estoy y he decidido hacerme un regalo. Me he propuesto hacer tres cosas realmente relevantes, tres cosas que no haría mi yo de veinte años. La primera es volver a fotografiar.

Monto el carrete de la cámara mientras rezo para que no se haya dañado en todo este tiempo y me desnudo despacio ante el espejo. Contemplo mi cuerpo y me siento orgullosa de él. Ladeo un poco la cintura para realzar mis curvas e inclino ligeramente la cabeza para que se me marquen las clavículas, mientras la luz que se filtra entre las cortinas ilumina mis pezones y realza el vello púbico que acabo de rasurar. El pelo castaño recién cortado me cae sobre los hombros en una media melena muy atrevida para mi estilo, ya que siempre solía llevar el pelo largo. Decidí cortarlo hace unas semanas para renovar, cambiar y avanzar. También me atreví con el flequillo, que ahora me enmarca los ojos en una línea recta y perpendicular a mi mirada. Reconozco que tiene un punto Cleopatra que me gusta, me hace sentir sexy. Regulo el diafragma y la velocidad de obturación y disparo. ¡Ahí está! He inmortalizado en el carrete el reflejo de mi cuerpo desnudo y para nada frágil en el espejo.

Lo realmente atrevido de todo esto es mandar el carrete a revelar a la tienda del pueblo y que Paul me vea desnuda al hacerlo. Fantaseo con la cara de sorpresa que pondrá. Nos conocemos desde pequeños, pues mi padre ha revelado las fotos en la tienda de su familia toda la vida y yo siempre he ido con él. Paul y yo nunca hemos conectado demasiado, pero nos conocemos lo suficiente como para que le descoloquen mis nuevas fotografías. Me gusta imaginar que mira mi foto y se excita. No tengo ningún interés en Paul; es unos ocho o nueve años mayor que yo y, aunque tiene cierto atractivo, es el típico chico soso y serio con el que no querrías tener una cita. Aun así, me divierte imaginar cómo se altera ante el desnudo de la niña del pueblo que iba siempre con su padre a comprar carretes. Hemos compartido alguna que otra charla sobre fotografía y cámaras de fotos, siempre con su poca humildad coronando las conversaciones, ya que él sabe más que nadie. Tengo ganas de que pase un apuro al entregarme la foto revelada. Ambos sabemos la de rato que hay que pasarse ante una foto cuando la revelas con el mimo y el arte con los que lo hace él. Eso tengo que concedérselo. Él que es tan correcto siempre… Sonrío para mis adentros y admito que estas cosas me dan vidilla y pienso repetirlas. Quiero volver a ser esa chica alocada que cerraba los bares todas las noches de fiesta y que decía no a todos los salidos que intentaban ligar con ella desesperadamente.

La segunda cosa especial que voy a hacer hoy en mi cumpleaños es hablarle a un desconocido que me llame la atención sin pudores ni filtros. Eso ya lo veremos más adelante. A ver si hoy me cruzo con alguien interesante. Hace tiempo que me apetece conocer a una persona nueva e ilusionarme. De un tiempo a esta parte, no he estado muy por la labor de ampliar mi círculo de amistades, la verdad. Y, por último, no pienso llegar tarde al trabajo nunca más. No quisiera perder mi puesto de enfermera en el hospital de rehabilitación más reconocido de Albuquerque, el Lovelace Rehabilitation Hospital.

Me tomo el trabajo como algo personal y no siempre es una buena idea, pues a veces me implico demasiado y acabo sufriendo más de lo debido. Este último año, me he entregado mucho más. Veo los ojos de mi padre en las miradas agotadas a causa del sufrimiento de los pacientes y me desvivo por ellos. Es mi manera de volver a él. De despedirme de él. Y ya ni siquiera me parece algo triste, solo mi modo de trabajar. No es que el puesto me llene del todo, pero lo disfruto. Siento que ayudo a las personas. Es un trabajo que se me da bien, aunque me cuesta ceder ante la autoridad. La burocracia del hospital, los horarios inflexibles y las normas inquebrantables no van conmigo para nada. Quizá por eso acabé con James, porque era una manera de romper la jerarquía del lugar. Cuando James se agachaba entre mis piernas y yo estaba encima de él, era yo la que dominaba. Aunque no duraba mucho después de que se corriera. En fin, son cosas del pasado.

Hoy me pienso pasar la mañana tendida en el sofá viendo series y chafardeando mis redes sociales después del doble turno de guardia de ayer. Por la tarde, quiero acercarme a Bosque del Apache para fotografiar a Maktub y, cuando caiga el sol, me arreglaré para la cena con mamá y mi hermana Joey. Hace varias semanas que no las veo y tengo ganas. No me gusta pasar tanto tiempo lejos de ellas. Mamá es española y acaba de pasar unas semanas en su pueblo natal, como cada año. Joey, como buena hermana mayor, no se separa de ella y la ha acompañado. Volvieron hace unos días para pasar unos meses aquí antes de volver a irse en verano. He de verlas y enterarme de cómo les ha ido. Las aprecio mucho, pero debo admitir que mi relación con papá era distinta a la que tengo con ellas. Él era mi apego seguro y siempre congeniamos mucho más. Hasta me parezco más a él físicamente. Era de origen mexicano, aunque se mudó de muy pequeño a Estados Unidos con su tía Carolina y perdió la conexión con su familia, hasta el punto de sentirse más estadounidense que mexicano. Por ello, nunca nos llevó a su país y no conocimos esa parte de nuestra familia. Rober, nuestro padre, siempre nos hablaba con nostalgia de sus recuerdos de infancia y relataba muchas de las leyendas mayas con las que creció. Pero siempre nos hicimos más con la familia materna al nunca visitar la paterna. Mis abuelos maternos se mudaron aquí con ella cuando era muy chiquita y viajamos a España a visitar al resto de la familia a menudo. Esa es la razón por la que siempre hemos hablado español en casa, y quizá también sea la razón por que anhelo tanto visitar México, porque forma parte de mis raíces más ocultas. La tía Carolina siempre le decía a papá que debía llevarnos algún día para mostrarnos todos los encantos de su país. Pero nunca ocurrió.

Tengo ganas de abrazar a mamá y ver si ella también sale poco a poco del duelo que supuso la pérdida de su gran amor. Joey es la que lo ha llevado con más serenidad, sin duda. Pero no es fácil para ninguna.

Me atrapo como de costumbre en las fotos que han subido mis contactos de Instagram y, tras una hora de deslizar y deslizar, cotillear y cotillear, me dirijo a la sección de Inicio para que me muestre nuevos perfiles interesantes. Como de costumbre, la mayor parte de cuentas que me sugiere son de viajes y gastronomía, pero hay una foto abajo del todo a la derecha que llama mi atención. Un mar esmeralda con un pequeño velero y un chico apuesto sonriendo al timón. Clico, atraída por esa imagen de postal, y el tipo me parece muy atractivo al verlo en grande. Veo que es una cuenta de ocio y vela, cosa que no me interesa mucho, pero toco la imagen por si sale el chico en cuestión etiquetado y… voilà. Ahí está. @Lukka_free.

Ojeo las pocas fotos que tiene en su muro. Parece que no usa mucho su Instagram, pero lo poco que veo es él en un barco, él con una chica muy guapa, que le gusta la cerveza y que probablemente sea amante del mar. Demasiado guapo para ser real. Salgo de su perfil, sin darle a seguir siquiera, y dejo el móvil para despejar un poco la vista. Entonces, por un instante, se cruza en mi mente la brillante idea de escribirle. ¿Por qué no? Quizá sea el desconocido al que le hable hoy sin tapujos… Total, seguro que no será fácil encontrar por la calle a alguien que me llame tanto la atención.

«Sí, sí. Buena idea, cerebro pensante de Alex. No tienes nada que perder».

Me muerdo el labio inferior en un acto reflejo, como casi cada vez que una idea, algo o alguien me parece interesante, y alargo el brazo para volver a coger el móvil. Busco su nombre y me dispongo a ello.

Es guapo, muy guapo. Moreno, con el pelo oscuro ondulado que casi le roza los hombros, una mirada intensa y una sonrisa de manual: amplia, limpia y cautivadora. Tiene un aire a modelo de perfume de los que salen en la televisión y, por lo poco que se intuye a través de la ropa, me da la impresión de que su cuerpo va en la línea de su rostro.

Voy a hacer lo primero que me he propuesto en mi lista. Tengo que escribir a ese desconocido. Tecleo sin apenas pensar.

@Alex.wildwings: Si te quedara una hora de vida y solo pudieras pronunciar una frase, tu gran frase, ¿cuál sería?

Y espero nerviosa una respuesta, que no se hace esperar.

2

@Lukka_free: ¿Y tú quién eres?

@Alex.wildwings: ¿Esa sería tu gran frase? ¡Uau!

@Lukka_free: Qué listilla.

@Alex.wildwings: No puedo decir lo mismo…

@Lukka_free: No has entendido nada.

@Alex.wildwings: No te habrás explicado bien.

@Lukka_free: Si me quedara una hora de vida y una desconocida como tú se presentara delante de mí, y hablo con conocimiento de causa porque he mirado las fotos de tu perfil, mi última gran frase sería: ¡No veas! ¿Y tú quién eres? No quisiera morir sin saberlo…

@Alex.wildwings: Ah… Ya entiendo. ¿Eso te sirve para ligar?

@Lukka_free: ¿Te sirve a ti ser tan invasiva y escribir a chicos desconocidos haciéndote la interesante?

«Será imbécil», pienso al leer su última frase.

No se me pueden ocurrir peores ideas. Menuda tontería, aunque debo admitir que me ha sorprendido lo rápido que ha contestado. Era de esperar que se hiciese el interesante en caso de responder. Vuelvo a mirar la foto que tiene en la playa con la chica guapa y comprendo que debe ser un ligón de manual. Con ese físico, es normal. En fin.

«Ya está la tontería».

Ya lo he hecho, voy a centrarme en cosas productivas de verdad. Elijo la nueva serie a la que me voy a enganchar esa mañana y disfruto pensando en la cantidad de tareas pendientes que voy a completar estas dos semanas. Qué buenos son los días libres.

Al final, hemos pospuesto para mañana la cena con mamá y Joey porque mi madre está con migraña, y he aprovechado para quedarme hasta tarde en el Bosque. Maktub no ha aparecido, así que he dado un paseo y tomado alguna fotografía de paisaje sin mucha gracia. A veces pasa… Menudo cumpleaños. No puedo evitar que un halo de decepción tiña mis pensamientos, pero le doy la vuelta rápidamente y valoro la libertad de la que dispongo y lo mucho que estoy aprendiendo desde que vivo sola y soy más independiente. Decidí independizarme hará unos tres añitos y es lo mejor que he hecho nunca. Vuelvo a casa pasadas las diez de la noche y me preparo algo especial para cenar antes de volver al sofá y perderme en el thriller al que ya puedo admitir que me he enganchado.

Veo que aparece una nueva notificación en mi teléfono, lo que inevitablemente añade suspense y vidilla a la noche.

@Lukka_free ha enviado un mensaje

Miro la notificación con atención y la releo. ¿En serio? Agarro el móvil con pereza y abro la aplicación para ver qué me depara la noche.

@Lukka_free: He muerto sin saber quién eres.

@Alex.wildwings: Ja, ja, ja. Tendremos que conocernos en la próxima vida.

@Lukka_free: Eso parece…

@Alex.wildwings: Puedes llamarme «desconocida».

@Lukka_free: Me gusta. No conozco a ninguna desconocida.

@Alex.wildwings: Te gustan los jueguecitos de palabras, ¿eh?

@Lukka_free: Y a ti te gustan los jueguecitos en general, ¿eh?

@Alex.wildwings: Un poco. La vida sería muy aburrida sin ellos. @Lukka_free: Coincido.

@Alex.wildwings: Al menos estaremos de acuerdo en algo en nuestra próxima vida.

@Lukka_free: ¿Y tú? ¿Cuál sería tu gran frase?

Me sorprende su interés en seguir jugando. Paro la serie y me incorporo en el sofá para escribir con más comodidad.

@Alex.wildwings: Pues no tengo ni idea.

@Lukka_free: Pues vaya…

@Alex.wildwings: Quizá podría sorprenderte si fueras más original y no repitieras mis preguntas.

@Lukka_free: Entendido. En ese caso… ¿Cuál es tu palabra favorita? @Alex.wildwings: ¿En serio?

@Lukka_free: Totalmente.

@Alex.wildwings: Ja, ja, ja.

@Lukka_free: ¿De qué te ríes?

@Alex.wildwings: De nada, de nada.

@Lukka_free: Al menos te estoy haciendo pensar. Eso es sexy.

@Alex.wildwings: Serendipia. Es una de mis palabras favoritas.

@Lukka_free: ¿Y eso qué significa?

@Alex.wildwings: Algo así como un descubrimiento por sorpresa que uno no buscaba ni esperaba.

@Lukka_free: Vaya. Algo así como tú.

@Alex.wildwings: ¿Cómo?

@Lukka_free: Pues que no me esperaba para nada que me escribieras. Y aquí me tienes, enganchado a la pantalla sonriendo como un bobo.

@Alex.wildwings: ¿Estás sonriendo?

@Lukka_free: Será mejor que me acueste por hoy… Buenas noches, desconocida.

Una sonrisa inesperada se me tatúa en la cara, ¿Acabamos de flirtear o me lo parece? Releo la conversación y me pregunto qué le ha llevado a seguir escribiéndome. Sea lo que sea, me ha gustado. Intento borrar la cara de boba que se me acaba de quedar y lanzo el móvil a la otra punta del sofá para evitar la tentación de volver a chafardear su perfil y sus fotos. Es mono.

Al final, el día de mi cumpleaños no ha terminado mal del todo…

«Presiento que este es el comienzo de una hermosa amistad», pienso, igual que Humphrey Bogart en Casablanca.

3

Abro los ojos; un nuevo día. Cada vez me noto más activa. Estos descansos llenan mi cuerpo de energía positiva. Ya han pasado tres días desde mi cumpleaños. Ayer pude quedar con mi madre y mi hermana por fin. ¡Cómo lo necesitaba! Últimamente, ninguna de las tres habla de papá cuando nos reunimos. No estamos preparadas. Fue una velada bonita, a pesar de todo. Me contaron su estancia en España y, cómo no, terminamos hablando de los españoles y el vino.

También he disfrutado una barbaridad de mis escapadas al bosque con la cámara de papá. Han sido eficaces y productivas. No solo he visto por fin a Maktub, sino que he sacado las primeras fotografías y capturado la belleza de su vuelo.

Bostezo y me estiro. Lo primero que hago es mirar el teléfono, pues ese misterioso Luka me tiene un poco enganchada. No pensé que me siguiera el juego, pero ha resultado ser un buen entretenimiento. A ratos, pienso que es una pérdida de tiempo, ya que estos días no he dejado de mirar el teléfono para ver si me había vuelto a escribir. Me pregunto si estar tan pendiente de un chico al que no conozco de nada es una señal inequívoca de que hay una atracción real. Hemos cruzado alguna que otra palabra estos días: me saluda por la mañana, me pregunta cómo ha ido el día por las noches y, aunque no hemos profundizado mucho, me hace sentir bien ver que hay alguien que se interesa por mí. Me da pereza levantarme de la cama y no dejo de darle vueltas a la cabeza. Termino por incorporarme sobre las doce y me dispongo a hacer algunas labores en casa, pero se me ocurre otro plan mejor cuando me encuentro sobre el sofá toda la ropa limpia que tengo que doblar. Me voy de excursión al bosque.

Al llegar, me doy cuenta de que el invierno ha llegado a su fin. El Bosque se caracteriza por las lagunas, los árboles solitarios de copa baja y las praderas de plantas acuáticas. Monte bajo alrededor de las zonas de agua, así como montañas peladas y rojizas a lo lejos. La temperatura es agradable, la humedad de las lagunas ya no te cala los huesos y los gansos y las grullas canadienses que han hecho parada aquí durante la época fría deciden que es hora de seguir su viaje. Una bandada incontable de esas aves alza el vuelo con majestuosidad. Resulta difícil de explicar lo que se siente cuando más de cinco mil criaturas agitan el aire con las plumas para partir. La imagen llena el cielo, y me siento afortunada por presenciarlo y retratarlo. Está nublado, mucho, y es ideal para sacarles una foto. El estruendo de diez mil alas retumba hasta los huesos de quien lo mira. Maravilloso. Encuadro bien el instante y disparo con un abismo de emoción en la boca del estómago. Una foto, solo una foto. Espero que sea la buena. Después, me apresuro a coger los prismáticos para observarlos con detenimiento mientras se alejan. Las aves emprenden un largo camino hasta las regiones costeras del ártico canadiense, de donde son originarias y donde se emparejarán, anidarán y tendrán sus polluelos. Me fascina la capacidad que tienen esas aves para partir sin mirar atrás. En ese momento, me sobreviene un pensamiento que no quiero tener.

«Igual que hizo papá».

Me permito sentir una ligera rabia y, poco a poco, a medida que camino por el sendero que recorre la laguna, expulso el dolor y respiro. Me vibra el móvil y agradezco que alguien me arranque de mis pensamientos.

@Lukka_free: Oye, desconocida. No sé qué pedir y me pregunto por qué se decantaría alguien como tú. ¿Un sushi a domicilio o una pizza?

Sonrío para mis adentros. Me gusta haber recibido un mensaje de Luka. Noto un leve cosquilleo en el estómago, pero ahora de nervios. ¿A qué se supone que estamos jugando con estas preguntitas de la nada como si nos conociéramos desde hace mucho? Sea cual sea la respuesta, me muero por jugar. Un leve impacto en el hombro me obliga a soltar el móvil de golpe, y cae al mullido suelo a la vez que sonrío. Maktub. Majestuoso como siempre. Aún en su faceta juvenil, pues hasta los cinco años no va a desarrollar su característico plumaje blanco en cabeza y cola.

Le alargo el brazo para que baje hasta mi antebrazo y le doy unos toquecitos en el pecho. Me responde con un leve chillido, característico de su especie, y me hace sentir completamente plena. Pasamos un buen rato juntos. De vez en cuando, alza el vuelo, da una vuelta y vuelve a mi lado. Hace que me olvide de todo y que disfrute del presente. Hasta el punto de olvidar que no le he contestado a Luka. Ya son las cuatro de la tarde, debería volver y comer algo. Me ruge el estómago.

Una vez me encuentro tranquila en casa, me tomo mi tiempo para entrar en Instagram y recuperar nuestra conversación pendiente.

@Alex.wildwings: Por una pasta fresca hecha por mí, sin duda.

@Lukka_free: Tarde, pedí la pizza.

@Alex.wildwings: ¡Pues menudo asco!

@Lukka_free: ¿Eres de las que miran la dieta?

@Alex.wildwings: ¿Empiezan las preguntas personales?

@Lukka_free: Yo creo que las empezaste tú…

@Alex.wildwings: Intento no comer comida procesada.

@Lukka_free: Bien…

Sonrisa tonta. Otra vez. ¿Qué se supone que estamos haciendo? Me pregunto de dónde será este chico… Y me enfrento a la colada mientras divago. Pongo dos lavadoras más mientras doblo toda la ropa que tengo encima del sofá. No logro sacarme a Luka de la cabeza en toda la tarde. Me apetece conocerle más y seguir hablando con él. Ya son las once de la noche y he conseguido terminar con la ropa y tender las lavadoras. Espero que no llueva. Miro el cielo y veo que está un poco nublado. Me siento a cenar algo rápido, demasiado tarde para mi gusto, mientras chafardeo el móvil. Veo que Luka sube un vídeo a su cuenta y lo miro con intriga. Parece estar en una convención de vehículos, vehículos de lujo. Nunca me han gustado ese tipo de coches. Él no aparece en el vídeo, así que no me llama la atención más allá de la intriga que me suscita. Le escribo. Me apetece compañía un rato.

@Alex.wildwings: ¿Y tú qué me aconsejas para conciliar el sueño? ¿Comedia o thriller?

@Lukka_free: ¿Tienes Netflix?

@Alex.wildwings: Nah.

@Lukka_free: En ese caso, olvida la película y quédate hablando conmigo.

Siento un cosquilleo en el estómago. Quiere hablar conmigo. Pero ¿estoy realmente preparada para ilusionarme con una nueva relación? ¿He cerrado bien mi historia con James o me quedan heridas? Esto no ayuda en absoluto. Me arrepiento de haberle escrito y apago el móvil en un impulso. Una parte coherente de mí siente que no he hecho bien.

4

Entra la luz por la ventana y ya llevo un rato despierta. Me doy cuenta de que anoche fui estúpida porque, en realidad, me hubiese apetecido seguir charlando con Luka. Trato de arreglar la tontería que cometí y le escribo como si nada.

@Alex.wildwings: Buenos días… Me decanté por el thriller.

No contesta, ni al instante ni en las horas siguientes, así que aparco el móvil en el fondo del bolso y me voy a hacer la compra, que ya toca. Llamo a Martha, mi compañera, amiga y confidente en el hospital, que hoy también libra, para que me acompañe. Acabamos con dos carros llenos de ingredientes y anécdotas acumuladas sin contar, ya que hacía dos turnos que no coincidíamos.

Llego a casa cargada como nunca. Me he propuesto empezar con el batch cooking, que consiste básicamente en cocinar un día para toda la semana y guardarlo en táperes. Me gusta cocinar y nunca lo hago por falta de tiempo, así que me animo tras ver un par de vídeos sobre el tema en YouTube. A Martha le ha parecido superbuena idea y me ha propuesto que lo hagamos en su casa, pues tiene que quedarse con los niños ya que su marido entra a trabajar en breve. Selecciono cuatro cosas que voy a necesitar después de guardar el resto de la compra, vuelvo a embolsarlas y salgo para su casa sin dudarlo. Empezamos cocinando un poco de arroz, un sofrito de verduras y pollo al wok, mientras hervimos verduras por otro lado para hacer una menestra con huevo y atún. Nos montamos un menú sencillo compartiendo ingredientes, y disfruto con cada paso mientras bebemos una copita de vino blanco, picamos queso y nos olvidamos del mundo entre risas. Los niños disfrutan de una película y dan a Martha una paz poco habitual que, sin duda, disfrutamos juntas.

Vuelvo a casa cenada pasadas las once y, cuando me dispongo a dejar el móvil e irme a la ducha, veo que Luka me ha escrito.

@Lukka_free: Buenas noches, desconocida.

No le respondo… Prefiero dejar un poco de espacio. Me doy una ducha y trato de leer un poco en la cama, pero la cabeza no deja de darme vueltas.

«Quizá debería fluir sin pensar tanto…».

Le contesto.

@Alex.wildwings: No puedo dormir…

@Lukka_free: Yo también lo estoy intentando… ¿Vives sola?

@Alex.wildwings: Sí, y no sabes la de malabarismos que tengo que hacer para pagar el alquiler a final de mes.

@Lukka_free: ¿Eso es lo que te impide dormir? Estamos a final de mes.

@Alex.wildwings: En realidad no. Pensaba en ti y no podía dormirme.

Sinceridad en vena. Me atrevo a abrirme. Total… ¿Qué tengo que perder si no tengo nada con él?

@Lukka_free: Me gusta que hayas decidido escribirme, pues.

@Alex.wildwings: Cuéntame algo aburrido para que me entre el sueño.

@Lukka_free: ¿Vas a pedirme cosas fáciles algún día?

@Alex.wildwings: Algún día… je, je.

@Lukka_free: Je, je, je. Me gusta hablar contigo.

@Alex.wildwings: Eso no me aburre…

Me muerdo el labio y noto un pellizco en la boca del estómago. Me gusta. Me gusta mucho. Es como si tuviéramos una conexión especial, aunque solo hayamos hablado por aquí. ¿Qué será lo que hace que no me lo quite de la cabeza? ¿Cómo sería verlo en persona? No quiero ponerme mística.

@Lukka_free: ¡Ups, sorry! Veamos. De pequeño, un día iba con mi abuelo por la montaña y vimos un arroyo a lo lejos. Salí corriendo y mi abuelo gritó para advertirme que era peligroso, pero ya sabes, solo era un niño. Cuando llegué a la orilla, el río bajaba con fuerza y… ¡Zas! Resbalé y caí al agua. Era muy pequeño, cuatro años como mucho. Me golpeé la cabeza y empecé a ir río abajo.

@Alex.wildwings: Ya veo que hoy no podré dormir… Sigue…

@Lukka_free: Mi pobre abuelo hizo todo lo que pudo, pero me sacó con vida gracias a nuestro perro. Estaba inconsciente.

@Alex.wildwings: Menudo drama… ¿Te salvó el perro? ¿La historia es real?

@Lukka_free: Parece una película, ¿verdad? Pero sí, me salvó Tristán, un mastín enorme. Se lanzó al agua y me cogió del brazo. Aún tengo la cicatriz. Cien por cien real.

@Alex.wildwings: Te lo estás inventando.

Sonrío sola mirando la pantalla cuando me manda una foto. La abro y es su codo. Es verdad que tiene una gran cicatriz. La foto es oscura y no veo mucho más allá de su brazo. Se la debe haber hecho ahora mismo para pasármela.

@Alex.wildwings: Vaya…

@Lukka_free: ¿Cicatrices?

@Alex.wildwings: Solo una, y no tiene ninguna historia como la tuya detrás.

@Lukka_free: Todas las cicatrices tienen historia.

@Alex.wildwings: ¿Tú crees?

@Lukka_free: Y, si no, nos la inventamos.

@Alex.wildwings: Invéntate la mía, vamos.

@Lukka_free: Tengo que verla…

Me quito los pantalones del pijama sin dudarlo y le tomo una foto a mi muslo y rodilla. Se la envío sin pensar, pero soy consciente de que es algo insinuante.

@Lukka_free: Si me mandas estas fotos, seré yo el que no duerma… Es sexy.

@Alex.wildwings: Céntrate en la cicatriz y siéntete afortunado. No suelo fotografiarme con el móvil.

@Lukka_free: Chica rara. ¿Tienes hermanos?

@Alex.wildwings: La cicatriz…

@Lukka_free: Es un dato que necesito para tu historia.

@Alex.wildwings: Listillo… Sí, una hermana mayor.

@Lukka_free: Ibais tu hermana y tú corriendo por la playa cuando visteis un pobre pez atrapado en la orilla. Apenas podía respirar. Tu hermana se asustó y tú, para demostrarle la heroína que eres, corriste hasta el animal indefenso para devolverlo al agua, pero no viste el castillo de arena que había a escasos metros, tropezaste y te clavaste una piedra que te dejó cicatriz de por vida.

@Alex.wildwings: ¿Y el pobre pez murió?

@Lukka_free: Nooo. A pesar de estar dolorida y sangrando, te lanzaste sobre el pez y le salvaste la vida.

@Alex.wildwings: ¿Sabes? Soy de esas personas…

@Lukka_free: ¿De las que se tropiezan?

@Alex.wildwings: De las que salvan animales.

@Lukka_free: ¡Ah! Pues eso me gusta.

@Alex.wildwings: Me gusta que te guste…

@Lukka_free: ¿Cumplido?

@Alex.wildwings: Puede…

@Lukka_free: Intenta dormir, bonita…

@Alex.wildwings:

Tomo aire despacio, dejo el móvil y me acuesto con una sonrisa en los labios y sintiéndome arropada. A estas alturas de la película, conectar con alguien y que fluya, hablar, tener una conversación natural, reír juntos… me parece un privilegio teniendo en cuenta lo rápida que pasa la vida, los días, el trabajo… Y también teniendo en cuenta lo superfluas que son algunas relaciones. Duermo con la conciencia tranquila y sin sobresaltos. Sin duda, me ha sentado muy bien escribirme con Luka… y sentir. Una buena medicina, está claro.