Prólogo

PRÓLOGO

Natalia Seijo lleva muchos años trabajando con casos clínicos de difícil comprensión para muchos expertos, consiguiendo resultados incluso cuando el pronóstico era malo. Su excepcional experiencia clínica, unida a su destreza y sensibilidad, ha dado como resultado este precioso libro.

El cuerpo tiene memoria es un regalo tanto para terapeutas y profesionales de la psicología como para cualquier persona que tenga interés en profundizar su conocimiento sobre la relación entre salud mental y física, los síntomas somáticos y el impacto del trauma en el cuerpo, un tema del que se habla muy poco en nuestra sociedad. También nos cuenta cómo desenmascarar los efectos del estrés y entender qué relación puede tener con múltiples problemas médicos muy frecuentes.

En esta obra práctica y repleta de casos de consulta muy ilustrativos, Natalia Seijo muestra de manera sencilla y accesible cómo el cuerpo está constantemente comunicándonos información relevante que no siempre sabemos interpretar. Nos ayuda a prestar atención al cuerpo y entender todo lo que ha ido guardando a lo largo de nuestra vida, cómo se expresa y cómo podemos descifrar las señales que nos envía.

Poder divulgar temas tan complejos de una manera comprensible, amena y cercana no es tarea fácil ni está al alcance de cualquier psicólogo. Natalia Seijo ha conseguido plasmar todo su conocimiento adquirido a lo largo de una trayectoria profesional brillante en una guía práctica llena de regalos informativos. Es un orgullo para mí poder escribir unas líneas sobre su trabajo y me llena de satisfacción saber que muchas personas podrán acceder a su experiencia a través de este fantástico libro.

DOLORES MOSQUERA, psicóloga,

directora del Instituto para el Estudio del Trauma

y los Trastornos de la Personalidad (INTRA-TP) y autora

INTRODUCCIÓN

«La única manera de lograr lo imposible es creer que es posible».

Alicia a través del espejo

¿Cuánto tiempo tarda una persona en entender su interior, lo que siente genuino, la interacción con los demás, las experiencias vividas? Es un largo proceso lleno de entresijos que, en muchas ocasiones, nos enfrenta a vivencias sin resolver. Las memorias de vida, es decir, los recuerdos de eventos significativos, se almacenan. Algunas de ellas son maleables y cambian con el tiempo, debido, por ejemplo, a la influencia de nuevas experiencias o a la reinterpretación de eventos. Sin embargo, hay otras memorias que se mantienen inamovibles.

Tanto la cabeza como el cuerpo recogen información, pero, mientras que la primera tiende a almacenar recuerdos que pueden cambiar, el segundo los almacena de manera estática. Con frecuencia, cuando se vive, se sufre y se disfruta, el cuerpo se muestra como un «convidado de piedra» que guarda lo vivido y lo almacena en silencio esperando la oportunidad para liberarlo. Es decir, el cuerpo es el testigo silencioso de todo lo vivido, es ese observador que lo conoce todo de nosotros pero que se pronuncia poco o nada mientras suceden los acontecimientos. Lo hace más tarde, cuando se expresa y nos comunica, pero tiene sus tiempos y códigos, que por lo general nos son desconocidos.

Aunque pensar en el cuerpo como el «convidado de piedra» nos resulta útil para diferenciarlo del rol más «activo» y cambiante que tiene la mente, esto no significa que sea un agente pasivo en nuestra vida, al contrario: tiene un impacto muy significativo en nuestra existencia. Sin embargo, mientras estamos distraídos viviendo, a menudo perdemos la noción de su importancia, y podemos llegar incluso a desconectarnos de él.

Nacemos con una conexión natural con nuestro cuerpo, de la que depende nuestra supervivencia. Cuando somos pequeños, sentimos lo que el cuerpo necesita y demandamos ciertos cuidados para poder crecer y convertirnos en adultos. A medida que pasa el tiempo, las circunstancias van impactando en el cuerpo. Surgen las emociones, las sensaciones y los sentimientos, y comienza el proceso de descifrar toda esa nueva experiencia interna en la que se mueven diferentes energías con sus grados de intensidad. Toca aprender a sentir con un nuevo abecedario con el que el cuerpo se comunicará, toca aprender un lenguaje para transmitir lo que se vive desde dentro. Es durante la infancia cuando empezamos a identificar el significado de cómo nos sentimos a través de nuestros padres o cuidadores. Sin embargo, a medida que vamos creciendo, solemos perder la noción de cómo se siente y qué necesita nuestro cuerpo en favor de las necesidades de nuestro entorno.

Cuando esto ocurre, nos puede coger desprevenidos que, de repente, sintamos dolor. El cuerpo de pronto se hace presente, deja de ser «el convidado de piedra» y se manifiesta, pues el dolor no es otra cosa que la expresión en el cuerpo de algo que no funciona bien. En la mayoría de los casos, se busca la causa médica, se encuentra la solución y llega el alivio. Sin embargo, la dificultad comienza cuando no hay explicación médica obvia y no se encuentra la causa que justifique ese dolor, por lo que el alivio no llega.

En estos casos, el origen del dolor es psicosomático, es decir, psicológico y/o emocional. Esto no significa que pueda minimizarse, que «no exista» o que «nos lo inventemos». Que el origen esté en la cabeza y no en el cuerpo «físico» no implica que la persona no esté sintiendo un malestar intenso en el cuerpo. Implica que su dolor es real, aunque no tenga explicación médica.

El dolor crónico, la fibromialgia, el síndrome disfórico premenstrual, la dermatitis atópica o el síndrome de intestino irritable son algunos ejemplos de dolencias que a menudo no se resuelven porque habitualmente se desconoce la causa que las provoca y a nivel orgánico «todo parece funcionar bien». También las endometriosis que no responden a tratamientos convencionales, así como las infecciones por repetición como la candidiasis. Sin embargo, tal vez no se encuentra solución porque se busca en el lugar equivocado. El origen del dolor crónico, una vez descartado que tenga una base «física», puede ser una experiencia traumática (un abuso sexual, el maltrato físico, accidentes) o experiencias menos traumáticas y que sin embargo pueden implicar un fuerte impacto emocional (la pérdida de trabajo, estar en una relación tóxica, el estrés financiero).

En ocasiones, hay experiencias del pasado que duelen como si pertenecieran al presente. Pueden ser recordadas o no con claridad desde la cabeza, pero quien sin duda mantiene el recuerdo de las experiencias vividas es el cuerpo, que envía señales para que nos percatemos de que hay algo a la espera de ser atendido y que por sí mismo no puede procesar.

Todos, en mayor o menor medida, somatizamos, es decir, nuestras emociones afectan al cuerpo. La somatización es normal y natural. Sin embargo, cuando el dolor de origen desconocido es cada vez más frecuente o cuando interfiere habitualmente en nuestro día a día, podemos sentirnos indefensos y desesperados.

A lo largo de mis años de experiencia profesional, me he encontrado con pacientes cuyo cuerpo contenía las emociones, sensaciones y el dolor emocional de situaciones sin resolver, sin hablar y sin llorar. He sido testigo de la huella que puede dejar el impacto del trauma, y de la necesidad de ser escuchado. También he podido observar con satisfacción cómo la psicología los ha ayudado a sobreponerse y a contar con más herramientas para enfrentarse al dolor. En este libro, he incluido casos reales (con los nombres cambiados y detalles modificados) que sirven para ilustrar de qué hablamos cuando nos referimos a la «memoria del cuerpo» y que dan una visión humana a una problemática que a menudo se ha despreciado.

El enfoque psicoterapéutico con el que abordo estas situaciones es la terapia EMDR, desarrollada por Francine Shapiro en los años ochenta, que se basa en que los traumas no procesados quedan almacenados de manera disfuncional en el cerebro y pueden causar síntomas persistentes como los que ya he enumerado. El EMDR (Eye Movement Desensibilization and Reprocessing) tiene que ver con el uso de los movimientos oculares para la desensibilización y el reprocesamiento de los recuerdos, así como el reconocimiento de las sensaciones físicas relacionadas con el trauma. Aunque al principio puede provocar cierto escepticismo, es un método de psicoterapia efectivo y ampliamente investigado; a diferencia de otras terapias, que se centran en solucionar los problemas del aquí y del ahora, el EMDR invita a procesar los recuerdos asociados a experiencias dolorosas que son el origen de lo que todavía molesta y daña en el presente. Como resultado se integran los recuerdos, dejan de perturbar y llega la calma y la disminución de los síntomas con los que estaban asociados.

Este libro quiere ser una guía, un mapa que acceda a lugares poco explorados. Mi deseo es que ayude a entender lo que ocurre, cuando lo convencional no da resultado y el origen no está en el cuerpo, sino en la cabeza. Mi intención en estas páginas es ofrecer estructura y claridad, además de compasión (desde el comprender) y acompañamiento, a todo aquel que se acerque a leerlas.

PRIMERA PARTE

EL LENGUAJE Y LA MEMORIA DEL CUERPO