¿QUIÉN INVENTÓ EL LIBRO?

Es una buena pregunta, ahora que tienes este libro entre las manos. La respuesta no la tenemos, porque los libros son casi tan antiguos como la civilización. Además, como muchos de los grandes inventos de la humanidad, fue una idea que surgió de manera gradual y con la ayuda de muchas personas.

Pero ¿sabemos al menos cuándo se inventó? El primer libro que conocemos son unas tablillas de arcilla cocida que tienen unos cinco mil años y que se usaron en la Antigua Mesopotamia. Mil años más tarde, en el Egipto de hace cuatro mil quinientos años, aparecieron los primeros rollos de algo parecido al papel.

Estaban hechos de papiro, que es un tipo de planta muy fibrosa y abundante en el río Nilo. Con ella, hacían páginas de varios metros de longitud. Pero ¿cómo pasar páginas tan grandes en un libro? Tenía truco: los libros estaban hechos de tan solo una página estrecha pero muy larga que, al desenrollarse poco a poco, era fácil de manejar.

Los primeros libros como los actuales son romanos, de hace dos mil años: tenían muchas páginas y tapas de madera.

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¿CUÁNDO SE INVENTÓ LA ESCRITURA?

La primera escritura que conocemos tiene cinco mil doscientos años de antigüedad y la inventaron en la antigua ciudad de Uruk, donde actualmente está Irak.

Pero no pienses que se usó para escribir cartas de amor o poemas. Los primeros escribas —las personas profesionales de la escritura, cuando esto de escribir era muy nuevo— se dedicaban al comercio y a los impuestos. Registraban quién debía qué a quién usando arcilla y tallos de cañas.

El sistema de escritura que usaban se llama «cuneiforme» y consistía en hundir la punta de una caña cortada en una tablilla de arcilla húmeda. Luego, si querías quedarte la página, tenías que hornearla o secarla al sol.

Lo de escribir es tan buena idea que no se nos ocurrió una sola vez. En realidad, muchas civilizaciones en el planeta han inventado sistemas de escritura de manera independiente. En América, por ejemplo, los mayas inventaron un sistema propio hace unos dos mil años y, también de forma independiente, en la actual China hace unos tres mil años.

Pero ninguno de estos sistemas de escritura es el que usamos en este libro. Aquí usamos el alfabeto. Sin su desarrollo, la escritura habría sido mucho más difícil.

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¿Y EL ALFABETO?

El alfabeto es uno de los inventos más importantes de la humanidad y se inventó en algún momento del segundo milenio antes de Cristo, probablemente por los fenicios que vivían cerca de Uruk.

Aunque usaban otros símbolos, el funcionamiento de su alfabeto era idéntico al nuestro: representaban sonidos usando dibujos de cosas cuyo nombre empezaba por ese sonido.

¿Un lío? Te pongo un ejemplo: dibujaban la cabeza de una vaca para simbolizar el primer sonido del nombre de la vaca en su lengua. Aunque no lo usamos igual que ellos, sí hemos conservado esa primera letra, que sigue siendo la primera de nuestro alfabeto: la A. Fíjate que, si le das la vuelta a una, te queda una A. ¿A que parece una cabeza de vaca, con su forma triangular y sus cuernos a ambos lados?

El alfabeto se considera una gran innovación en la historia de la humanidad, porque es mucho más sencillo que la escritura en pictogramas o jeroglíficos. Los alfabetos tienen unas veintidós letras con las que puedes descifrar palabras nuevas que jamás te habías encontrado antes, como, tal vez, «gaznápiro». ¿A que, aunque no sepas qué significa, la puedes leer perfectamente? Esa es la magia del alfabeto.

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¿CÓMO SE PUEDE ESCRIBIR SIN ALFABETO?

Hay muchas lenguas que no usan el alfabeto. Algunas de las primeras que hemos presentado —el cuneiforme de Uruk o los jeroglíficos de Egipto— utilizaban un símbolo para representar una palabra o un trozo de una palabra.

En la actualidad, el chino se escribe así, y tiene unos veintidós mil símbolos en total… aunque suelen usarse solo unos seis mil quinientos. Parece imposible, ¿verdad? Aunque no lo creas, hasta el siglo XVIII, más de la mitad de los libros del mundo estaban escritos en chino.

Los estudiosos creen que ningún sistema es necesariamente mejor que otro. El sistema de escritura chino requiere más memorización, mientras que nuestro alfabeto, el latino, precisa de más análisis.

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¿POR QUÉ NO HABLAMOS TODOS LA MISMA LENGUA?

Nacemos con un poderoso instinto para el lenguaje. Con las palabras pasa igual que cuando tenemos hambre y comemos: nuestro instinto se adapta y se nutre de lo que escuchamos y, sobre todo cuando somos muy jóvenes, aprendemos sin dificultad.

Pero ¿por qué tenemos diferentes maneras de hablar, en lugar de una sola? No sabemos si alguna vez hubo algo parecido a una lengua única. Tal vez, cuando nuestros ancestros adquirieron la capacidad de hablar… pero ¿cómo sería aquella primera lengua? Lo desconocemos. Lo que sí sabemos es que, conforme los humanos nos multiplicamos y llegamos a todos los rincones del planeta, creció el número de personas y el de las lenguas que hablamos.

Es normal que las lenguas cambien. Si lo piensas, seguro que hay algunas palabras que tú utilizas y tu familia no. El lenguaje se adapta con velocidad a las modas. Además, las palabras que usamos las personas nos identifican como parte de un colectivo.

Hoy, hay 7.168 idiomas en el mundo y cuatro de cada diez están en peligro de extinción. En cambio, solo veintitrés idiomas representan más de la mitad de la población mundial.

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¿QUIÉN INVENTÓ EL PAPEL?

Lo hizo Cai Lun, un inventor que vivió en China entre los años 50 y 120. En realidad, la idea de hacer papel con fibras de madera o trapos viejos existía en China desde tres siglos antes. Algunos científicos creen que en el Antiguo Egipto también se conocía el papel, pero que no se usó porque era más fácil y abundante el papiro.

En cualquier caso, Cai Lun fue quien consiguió perfeccionar el arte de hacer papel. Refinó todos los pasos de su producción: ingredientes, receta, maquinaria... Su papel era fácil de producir y muy barato, lo que hizo que se usara mucho más, primero en China y luego en toda Asia.

Con el tiempo, los comerciantes árabes que visitaban China descubrieron los secretos de la fabricación de papel y copiaron la tecnología. En Europa, se utilizaba entonces pergamino, que era muy caro, y, en Egipto, escaseaba el papiro, que se empleaba desde el tiempo de los faraones.

Los principios básicos de las técnicas de fabricación de papel de Cai Lun se mantuvieron en uso hasta la llegada de la Revolución Industrial a Europa, cuando nuevas máquinas y nuevos conocimientos químicos permitieron la creación de un papel mucho más barato, resistente y duradero… como el que tienes entre las manos.

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¿DE QUÉ ESTABAN HECHOS ANTES LOS LIBROS?

Aunque en la antigüedad el papiro era el rey de los soportes sobre los que escribir, tenía algunos problemas: se deshacía en ambientes húmedos y la planta a partir de la que se fabricaba, que solo crecía cerca de Egipto, se explotó tanto que empezó a escasear.

La solución, entonces, fue el pergamino: una especie de papel que se fabricaba con pieles de animales. Se usaban pieles de cordero, oveja, cabra, ternero y, en algunos casos, ¡hasta piel de ardilla!

Para fabricarlo, la piel se sumergía en cal durante unos tres días; luego, se le quitaba el pelo y se raspaba. Finalmente, se le daba con piedra pómez (¡lo que se usa para quitar duricias en los pies!) hasta que la superficie quedaba lisa y uniforme.

Por aquel entonces, esas pieles abundaban por todas partes y, además, al contrario que el papiro, el pergamino aguantaba muy bien el paso del tiempo.

Según una leyenda, el rey de Egipto Tolomeo V prohibió la exportación de papiro por la preocupación de que su rival, Eumenes II, fundase una biblioteca en Pérgamo, una ciudad en la actual Turquía. Ante la falta de papiro, Eumenes hizo que se usaran pieles de animales en su lugar. Del nombre de la ciudad de Pérgamo viene «pergamino». Esto último seguro que es verdad… ¿y el resto de la leyenda?

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¿CÓMO SE INVENTÓ LA IMPRENTA?

Johannes Gutenberg, inventor alemán, ha pasado a la historia como el creador de la imprenta. Como en muchos otros inventos, había ingenios parecidos antes, pero Gutenberg consiguió mejorarlos entre 1440 y 1454.

Una imprenta es una máquina que transfiere tinta de una superficie, normalmente con letras talladas en madera o metal, a otra, que puede ser de papel o de tela.

Aunque desde el siglo III había imprentas de madera en China, Gutenberg consiguió fabricar una máquina mucho más eficiente. La imprenta que Gutenberg inventó era capaz de imprimir hasta doscientas cincuenta páginas por hora.

La innovación del alemán fue utilizar el mecanismo de la prensa que se usaba en Europa para el vino o el aceite, con un gran tornillo de madera, y añadirle planchas de metal en las que el texto estaba hecho, una a una, con letras de metal que podía reordenar para hacer las diferentes páginas de un libro.

¿Sabías para qué la usó primero? Para imprimir unos papeles oficiales que daba la Iglesia para perdonar pecados. Justo después imprimió el primer libro de imprenta de la historia occidental: la Biblia de Gutenberg.

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¿QUIÉN INVENTÓ EL BOLI?

Esta historia tiene, al menos, tres personas como protagonistas: un estadounidense y dos hermanos de Hungría.

En 1888, John Loud registró una patente (un documento que demostraba oficialmente que él había inventado alguna cosa) para algo muy parecido a un bolígrafo de los de hoy. Tenía una bola metálica en la punta y un depósito de tinta, aunque tenía problemas: o se secaba o goteaba.

Muchos otros intentaron arreglar el invento, pero no lo consiguieron, hasta que llegaron los hermanos Bíró. László, el mayor, trabajaba de periodista y estaba harto de perder tiempo llenando plumas estilográficas y limpiando páginas manchadas de tinta. Como trabajaba en periódicos, se dio cuenta de que las tintas utilizadas para su impresión se secaban rápidamente, dejando el papel seco y sin manchas.

Su idea, por tanto, fue la de usar una pluma para ese tipo de tinta. László y su hermano György desarrollaron fórmulas de tinta especialmente viscosa para los nuevos diseños de bolígrafos.

Su éxito mundial llegó a través de un empleado británico, que pensó que sería útil para los aviones, porque funcionaba bien a grandes altitudes. El Gobierno británico compró la patente de los hermanos Bíró e hizo fabricar los bolígrafos para la Royal Air Force.

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¿QUIÉN INVENTÓ EL PRIMER LIBRO ELECTRÓNICO?

El primer libro electrónico es de fabricación gallega. Lo inventó una profesora española llamada Ángela Ruiz Robles, que quería que la escuela fuera más intuitiva y divertida, y que la mochila del colegio no pesara tanto.

Se puso manos a la obra y, en 1949, registró su invento, que había bautizado como «Procedimiento mecánico, eléctrico y a presión de aire para lectura de libros». Hoy, lo llamamos e-book o libro electrónico.

Su «enciclopedia mecánica» tenía pulsadores muy fáciles de manejar que permitían que el alumno viera lecciones de forma muy visual, interactiva y amena.

Esas lecciones tenían dos partes: la primera con conocimientos básicos de lectura, escritura, numeración y cálculo; y la segunda funcionaba con bobinas de película que se veían sobre una lámina transparente. Antes de los libros modernos, ¡el de Ángela ya te permitía estudiar en la oscuridad!

Lástima que en España no atrajera mayor interés. Años más tarde, un académico norteamericano volvería a inventar el libro electrónico.

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¿Y LA ELECTRICIDAD?

La electricidad no la inventó nadie, porque ya existía como fenómeno natural. Pero como descubridores sí que tuvo a unos cuantos.

Aunque el descubrimiento suele relacionarse con Benjamin Franklin, un inventor norteamericano que en 1752 voló una cometa durante una tormenta para demostrar que los relámpagos eran en realidad electricidad, hubo muchas personas antes y después que fueron clave para que entendamos qué es la electricidad.

El más antiguo que conocemos es Tales de Mileto, un filósofo griego que fue el primero en describir que, cuando se frota una piedra de ámbar con la piel de un animal, esta atrae plumas. Es la versión antigua de frotar un boli de plástico con tu jersey y atrapar trocitos de papel.

Mucho más tarde, en el año 1600, el científico inglés William Gilbert inventó la palabra «electricus», que significa ‘parecido al ámbar’. Lo siguieron otros científicos, que fueron colocando piezas de este puzle antes que Franklin.

Después de Franklin, Alessandro Volta (el inventor de la pila) o Michael Faraday (un físico que hizo muchos descubrimientos sobre el electromagnetismo y nos ayudó a entender qué es realmente la electricidad) también fueron clave en el estudio de este fenómeno natural.

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¿Y LA BOMBILLA?

Durante más de un siglo, la bombilla incandescente ha iluminado a la humanidad. Fue un invento revolucionario, pero que, cuando lees estas páginas, está de capa caída debido a la reciente invención de la lámpara led.

Detrás de la invención de la bombilla no hay un solo nombre, sino muchas personas que fueron aportando ideas, planteando un mismo problema hasta que uno, al final de esa larga lista de cerebros, dio con la mejor solución. Y en inventos que cambian el mundo, es lo preferible, porque esto muchas veces significa que pueden producirse en gran número, venderse a un precio más barato y llegar a la mayoría de la población.

Así fue con la bombilla incandescente. Científicos e inventores como Alessandro Volta, Humphrey Davy, James Bowman Lindsay, Warren de la Rue y William Staite dieron pasos muy importantes hacia la bombilla.

No obstante, los que están al final de esta cadena de ideas son: Joseph Swan y Thomas Edison, quienes inventaron la bombilla casi al mismo tiempo. Ambos usaron materiales parecidos para resolver los problemas que otros inventores no habían logrado solucionar.

De todos modos, fue Edison quien descubrió la mejor fórmula para convertir su invento en el primero viable comercialmente.