
24 | LA MONARQUÍA ROMANAEscritas cientos de años después de los sucesos que describen, las historias sobre la Roma inicial indican que Roma tuvo siete reges (reyes) que gobernaron de 753 a 509 a. C., durante lo que hoy en día llamamos monarquía romana o «periodo real». Aunque rex suele traducirse como «rey», ello simplifica en exceso una institución más compleja. El sistema romano no implicaba el reinado hereditario, y el poder del rex no era absoluto. El hecho de que, supuestamente, los romanos odiaran la realeza pero venerasen a los reges (con la excepción del tiránico Lucio Tarquinio el Soberbio) sugiere que ellos mismos reconocían esa diferencia. Los reges parecen haber sido una combinación de sumo sacerdote, juez supremo y líder militar. Pese a que luego gobernaban de por vida, se cree que eran elegidos por el Senado y confirmados por el voto del cuerpo legislativo, la asamblea de la curia (comitia curiata).Primeros reyesNormalmente se considera que la historia de la monarquía romana se divide en dos partes: el primer grupo de reyes son contemplados como personajes míticos. Estos son Rómulo (pp. 22–23), Numa y Tulio Hostilio. Rómulo (que según la tradición reinó en los años 753–715 a. C.) es el arquetipo de líder romano, y Numa Pompilio es recordado como un rey filósofo que creó muchas de las instituciones religiosas de Roma. Tulio Hostilio es el epítome del rey guerrero, mientras que Ancio Marcio, el cuarto rex, es una Los reyes de Roma
Reyes filósofos y tiranos△ Anco MarcioCon aspectos de los dos reges anteriores, fue un personaje inusual y su reinado (640–616 a. C.) careció de acontecimientos notables. Es recordado como ancestro de la gens Marcia, una de las familias más antiguas e importantes de Roma.△ Tulio HostilioSu reinado, que tuvo lugar entre 672– 640 a. C., estuvo marcado por la guerra. Dirigió la conquista de Alba Longa, ciudad cercana a Roma que era el centro de poder en la región y se consideraba hogar de origen de Rómulo y Remo.△ Numa PompilioSe dice que reinó en los años 715–672 a. C.; dirigió un periodo relativamente tranquilo y se lo vincula con muchas reformas religiosas, entre ellas la introducción del calendario, varios cultos (pp. 32–33) y el cargo de sumo sacerdote (pontifex maximus).