Introducción

Nadie sabe realmente qué es la ansiedad hasta que la experimenta. Quien se adentra en su territorio se asemeja a Alicia, que, persiguiendo al Conejo Blanco, termina atrapada en un mundo con sus propias normas que al principio no puede entender bien. De pronto, se encuentra vagando por un territorio que le resulta ajeno y extraño, y sin embargo se termina transformando en un terreno horriblemente familiar, porque debido a sus características y orografía es un mundo cíclico, en el que vuelve una y otra vez por los mismos caminos a los mismos lugares. Las personas con trastornos de ansiedad están atrapadas en un mundo del que no saben cómo salir.

Quizá el lector se encuentre ansioso por empezar este libro, o quizá empiece estas páginas con cierto escepticismo. La mayoría de los casos que observo en consulta no son de personas que acaban de tener un primer ataque de pánico, o que han empezado a descubrir la ansiedad (esto facilitaría enormemente nuestro trabajo), sino que son individuos que han desarrollado un estilo de vida en torno a esta, lo que se traduce en que ya han tenido experiencias terapéuticas antes, con mejor o peor resultado. Han leído mucho sobre la ansiedad, han consultado muchos métodos y consejos de gurús que tuvieron un ataque de ansiedad y dicen haber encontrado el método definitivo. Han hecho yoga, reiki, han tomado todos los remedios de los herbolarios, han podido pasar o no por medicación; son auténticos veteranos de una guerra contra sí mismos.

Antes que psicólogo fui paciente; mi encuentro con la ansiedad apareció en mi juventud, hace algo más de veinticinco años. El impacto fue tal que marcó un antes y un después en mi vida, afirmación que he escuchado en numerosas ocasiones en boca de mis pacientes. Pasé años tratando de entender lo que me pasaba, encajando las piezas de un puzle improvisado, dibujando un mapa de un territorio que asaltaba toda la lógica conocida, y más tarde definió mi futuro profesional. Así que, sin riesgo de exagerar, puedo decir que la ansiedad ha sido la maestra más importante de mi vida.

Haber experimentado los mismos síntomas, pensamientos o emociones que las personas que tengo frente a mí en consulta me ha permitido, en efecto, tener una visión particular con respecto a la ansiedad, y seguramente motivó el amor a una profesión y la admiración hacia mis pacientes. Sin embargo, creo que es la práctica y experiencia profesional las que deberían tomar voz en este libro.

Después de veinticinco años viendo casos de ansiedad a diario, quizá podríamos ahorrarnos tiempo empezando con una buena y una mala noticia: la mala es que no existe una cura de la ansiedad; la buena es que es muy posible que, si el lector acaba este libro e interioriza sus contenidos, entienda que no hay necesidad de curarse, sino de entenderse.

El miedo surge por desconocimiento, por una visión parcial que nos lleva a creencias y conclusiones distorsionadas y erróneas. En cierta ocasión, un director de cine me habló sobre una película en ciernes que unos estudios de Hollywood le habían confiado para dirigir. En el guion aparecía la típica casa en venta adquirida por una familia por un precio mucho más reducido debido a una misteriosa razón: nunca debían abrir la puerta del sótano. Un día vino con cierto disgusto, ya que el estudio le obligaba a abrir la puerta en los primeros veinte minutos. Pero, una vez abierta la puerta..., ¿qué podía mostrar que no fuese decepcionante? Todos nuestros terrores se fabrican en las sombras; la luz del día nos muestra un perchero al que habíamos vestido de fantasma.

No hay que buscar indicios de alarma. Nadie está afirmando que la ansiedad sea algo crónico, como no son crónicas nuestras creencias o nuestras concepciones. Este particular país de los horrores es un mundo en el que la persona está atrapada, como un satélite que orbita alrededor de un planeta. Como cualquier otro sentimiento, la ansiedad no puede ni debe ser eliminada, sino que lo problemático es cuando giramos a su alrededor.

La experiencia indica que no es la ansiedad la que nos impide avanzar, sino las ideas, los hábitos, el condicionamiento y los constructos que podemos tener en torno a esta.

No busquemos curaciones ingenuas

Puede ser fácil llegar a la conclusión de que salir de la ansiedad es algo parecido a extirpar un cáncer, y que necesitamos encontrar las claves para eliminarla de nuestra vida. Algo así como una mancha o un mal recuerdo del que me quiero librar.

Pero nadie se cura por olvido, no hay que desaprender nada, porque no podemos hacerlo. Más bien debemos incluir nuevos aprendizajes que nos permitan entender y gestionar las experiencias nuevas que estamos viviendo. La ansiedad no se cura, como hemos hablado; más bien se coloca en un lugar en el que no nos hace daño, en el que no entramos en conflicto con ella y podemos escuchar lo que nos dice sin asustarnos. Como observaremos más adelante, son precisamente los intentos de mitigarla, controlarla o evitarla los que terminan generando el sufrimiento entre quienes la padecen.

Quizá pensamos que hemos terminado cayendo en un agujero casi por accidente e intentamos volver al punto de partida; nuestros esfuerzos se dirigen entonces a tratar de eliminar esa sensación nueva, a volver a una situación inicial. Pero, pensándolo bien, ¿quién quiere volver a ser el de antes? Si lo pensamos bien..., ¿no fue el de antes el que nos trajo hasta aquí? El que cayó en el agujero era ese al que tanto idealizamos.

No podemos salir por el mismo lugar por el que entramos; no es así de fácil.

Quizá a estas alturas uno pueda encontrarse muy enfadado, resignado, deprimido, y esas emociones también las trataremos, pero aconsejaría no perder el tiempo en planteamientos ingenuos y dogmáticos; no nos engañemos más.

Salir de la ansiedad no es sencillo; si así lo fuese no estaríamos leyendo este libro. Alguien habría inventado un método universal, un programa de tres o cinco pasos infalibles. Mi labor durante muchos años ha sido asistir a personas que, pese a ser muy diferentes, han llegado a los mismos pasajes del infierno. Cada una ha llegado por razones diferentes, pero los cuadros, sintomatologías y comportamientos son muy similares.

Una sencilla investigación en Amazon incluyendo «libros sobre ansiedad» en la barra de búsqueda, arroja más de diez mil resultados. Muchas de estas obras ni siquiera están escritas por profesionales de la salud mental. Se ofrecen numerosos testimonios de personas que cuentan su historia de superación, pero están contando lo que les sirvió a ellas. Nadie ha encontrado una formula única y exacta, ya que son multitud los factores que están involucrados. Hay a quien le sirvió el yoga, superar la procrastinación, el pensamiento positivo, el mindfulness o hablar a su niño interior. Seguro que les fue útil, pero fue la experiencia de un individuo, y un factor no puede abarcar la complejidad a la que se enfrenta alguien que está padeciendo un trastorno de esta categoría.

Nuestra labor en consulta no es tanto dar una solución a las personas como proporcionar una guía adecuada con la que puedan realizar un mapa que, a su vez, las ayude a conseguir sus objetivos. Se trata de cuestionar viejas ideas, ofrecer otras maneras alternativas de pensar, hacerse las preguntas adecuadas, y exponer cuáles son los procedimientos que están basados en una evidencia científica.

Puede que no comprendamos, o no queramos aceptar, la lógica de la ansiedad, pero debemos entender que sigue unas reglas que, si aprendemos a descubrir, podrán ahorrarnos mucho trabajo y esfuerzos dando vueltas y vueltas a las mismas ideas.

El principio de Anna Karenina nos dice que «Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera». Sin embargo, podríamos apuntar que más bien los individuos infelices creen ser infelices de manera propia y original, pero no son conscientes de que el sufrimiento humano tiene mecanismos comunes que guardan una gran semejanza entre los diferentes individuos. Los profesionales de la salud mental llevamos mucho tiempo buscando patrones, al igual que una mente con ansiedad busca patrones amenazantes.

Hacernos con un buen mapa

Al no podernos curar por amnesia, debemos atender a una realidad. La ansiedad no aprende, ya que usa las mismas fórmulas una y otra vez. Aunque la persona cambie de síntoma o de trastorno, en realidad está usando mecanismos parecidos. Sin embargo, nosotros tenemos la capacidad de aprender.

Dante comienza la Divina comedia con este verso:

Del camino a mitad de nuestra vida

encontréme por una selva oscura,

que de derecha senda era perdida.

Para encontrar a su amada, Dante tiene que realizar un viaje por los diferentes círculos del infierno. Por fortuna, cuenta con un guía, Virgilio, alguien que conoce los caminos por los que Dante está a punto de internarse. El objetivo en este libro es hacer de Virgilio y realizar ese acompañamiento.

No somos, ni seremos, los primeros habitantes en la tierra de la ansiedad. Esta tierra recibió a muchos otros antes. En las sesiones de terapia, los psicólogos escuchamos las historias de muchos de estos viajeros y tenemos el privilegio de acompañarlos. Si el lector elige continuar, podremos hacer este viaje juntos.

Afortunadamente, cada vez sabemos más gracias a todos los relatos que hemos encontrado en las consultas. Todas esas descripciones nos permitieron dibujar mapas, y esos mapas contienen caminos de entrada y de salida. Una parte importante del contenido de este libro es el de mostrar esos caminos, para que entendamos por dónde entramos y qué salidas podemos hallar.

Tener un buen mapa nos ayuda a no dar vueltas constantes en círculo, a establecer una dirección, realizar hipótesis de trabajo adecuadas, priorizar las metas importantes... No podemos ser cándidos, sino conscientes de que, si queremos realizar un buen trabajo, deberemos abordar diferentes áreas.

El mapa no incluye solo el diagnóstico; es incluso más importante la función que la ansiedad tiene para cada individuo, entender las razones por las que continúa aferrado a esa tierra, al igual que el contexto en el que se desenvuelve la persona. En las siguientes páginas trataremos de dibujar ese lienzo e identificar los componentes principales para que podamos comprender su mecanismo, y tener las cosas lo más claras posibles.

En el capítulo 1 trataremos de definir conceptos básicos de la ansiedad. Todo mapa se escribe sobre un papel, una base en la escribimos símbolos inteligibles donde vamos a plasmar ese mapa. Hablaremos de términos y aclararemos elementos que nos van a resultar muy útiles en nuestro peregrinaje. ¿Es lo mismo la ansiedad que el estrés? ¿Qué es una amenaza, y por qué la evaluamos como tal? ¿Cómo se produce esa respuesta a nivel interno, y qué mecanismos se hallan implicados? ¿Cuáles son los mitos más importantes con respecto a la ansiedad que nos impiden avanzar?

En el capítulo 2 hablaremos de los síntomas y estilos de pensamiento, que nos introducen y mantienen atrapados dentro del plano de la ansiedad. Cualquier territorio tiene su orografía, sus accidentes geográficos: cuevas, cordilleras, ríos, lagos. Conocer la composición de estos nos ayudará a planear mejor el camino. Existen cadenas montañosas que es mejor atravesarlas; en cambio, otras pueden ser rodeadas, o podemos encontrar pasos que las atraviesen. No todos los mares tienen el mismo oleaje, ni todos los bosques son igual de tupidos. Conocer la mecánica y el porqué de estos síntomas y estilos de pensamiento nos permite obtener una libertad para decidir nuestro destino. ¿Cuándo pasamos de ser un cuerpo a tener un cuerpo? ¿Cuáles son los síntomas más temidos y por qué razón se temen?

Las personas suelen recorrer caminos parecidos cuando aterrizan en esta tierra, y son esos mismos caminos los que, si no los conocemos, nos pueden hacer volver sobre nuestros pasos una y otra vez. De esto trataremos en el capítulo 3. El conocimiento de un mapa no solamente nos ayuda a entender qué caminos nos han hecho llegar hasta aquí, sino también cuáles nos hacen permanecer en el mismo lugar. ¿Existen condicionantes ambientales o la ansiedad es cuestión de aprendizaje? ¿Pueden llegar a ser las soluciones que utilizamos para liberarnos de la ansiedad precisamente los causantes de esta?

En el capítulo 4 conoceremos la topografía de los diferentes territorios. No es lo mismo el mapa de una persona con TOC que el de alguien que padece una ansiedad generalizada o ataques de ansiedad cuando va a coger el transporte público. Los síntomas podrían ser similares, pero hay desigualdades muy sutiles que pueden marcar la diferencia. Entender los mecanismos profundos que alimentan las distintas caras de los trastornos de ansiedad nos permitirá saber cómo operan los mecanismos que la producen. ¿Nos ayuda tener una clasificación diagnóstica? ¿Cómo podemos clasificar los diferentes trastornos de ansiedad? ¿Qué podemos aprender del mecanismo que esconde cada uno de estos «países»?

En la última parte, para definir ese mapa hablaremos de los diferentes contextos ambientales que dificultan o facilitan nuestra búsqueda. ¿Cómo es mi entorno social? ¿Hasta qué punto está comprometido mi entorno laboral? ¿Existe orden o estabilidad, o estoy constantemente resolviendo problemas que no me corresponden? ¿Tengo un espacio propio? El contexto es algo parecido a las condiciones meteorológicas: muchas veces no tenemos el control sobre dichas condiciones, pero podemos estar mejor o peor preparados. Este será el contenido del capítulo 5.

Si no conocemos bien estas sinergias que se dan entre los diferentes elementos de este mapa, si no hemos definido bien estos elementos, no podremos realizar acciones efectivas, y es muy posible que nuestro progreso se convierta en una espiral que nos lleve una y otra vez a un estado de desesperanza.

¿Qué han tenido en común los procesos que han tenido éxito a lo largo de mi carrera? La cuestión de por qué unas personas han seguido adelante o no ha dependido de varios factores. Por supuesto, no podemos anticipar una fórmula segura, de nuevo no consiste en la aplicación de cinco pasos. Pero si hay algo que puede definirlos a todos es que lograron ser muy conscientes de cuál era su situación; tenían un mapa bien definido con el que podían economizar esfuerzos y dedicarse a aquello que era realmente importante.

Por otro lado, ¿qué habilidades y aprendizajes fueron los más necesarios durante la terapia?, ya que, una vez definido el mapa, es indispensable fabricar las herramientas que permitirán viajar por él y sortear los diferentes obstáculos. Dichas herramientas son imprescindibles para manejarnos adecuadamente.

Lo primero que podemos aprender es que la ansiedad en sí no existe si no se la mira. La atención y la capacidad de focalizarla no solo ha sido objeto de interés de la psicología, sino de muchas otras disciplinas. Sin embargo, resulta de especial interés entender cómo podemos tener, con el entrenamiento adecuado, la capacidad de no identificarnos con nuestros pensamientos y emociones, y a la vez proporcionar herramientas que ayuden a desactivar la ansiedad. La intervención en trastornos de ansiedad a menudo contempla una batería de técnicas como la respiración, la relajación y la defusión cognitiva. Todo ello lo aprenderemos en el capítulo 6.

No somos conscientes de que la mayoría de nuestros estados de ánimo y emociones provienen de los mensajes que nos dirigimos a nosotros mismos. La relación con la realidad está mediada continuamente por el lenguaje que utilizamos para describirla. Aprender a entender esta poderosa herramienta tiene un efecto directo sobre nuestra percepción acerca del mundo, pues supone entender las reglas verbales que sostienen el miedo y la ansiedad. Profundizaremos sobre el efecto directo del lenguaje en la ansiedad en el capítulo 7.

En el capítulo 8 trataremos sobre cómo podemos aprender a manejar las emociones que acompañan a la ansiedad, y que, si no se conocen adecuadamente, pueden entorpecer nuestro objetivo. La vergüenza, la culpa, el enfado o la indefensión pueden ser escollos en nuestro recorrido que, si no aprendemos a manejar, pueden ser los planetas sobre los que orbitemos.

El capítulo 9 rescata la importancia de la terapia de conducta, y trata de profundizar en los mecanismos de aprendizaje para entender cómo el tratamiento de la ansiedad debe tener en cuenta la enorme contribución de las reglas del condicionamiento clásico y operante.

Por último, en el capítulo 10 reflexionaremos sobre cómo hay que dejar de tener una mentalidad de supervivencia para tratar de ir más allá. La ansiedad no es una cadena que nos mantiene estancados, sino que giramos en torno a ella, como planetas atrapados en una órbita atraídos por la fuerza de la gravedad.

El dominio y la profundización de estas cinco herramientas nos permitirán llevar a cabo nuestro propósito de colocar la ansiedad en el lugar que le corresponde.

Cómo complementar el libro

El planteamiento de este libro es que, únicamente con la información que se recoge en sus páginas, podamos cumplir los objetivos propuestos. No obstante, AMADAG, el centro que fundé hace años, ha tenido como misión principal la divulgación de los trastornos de ansiedad, por lo que hemos creado una gran cantidad de material audiovisual que permitiría complementar y aclarar muchos de los conceptos de los que hablamos en este libro.

Todo este material está recopilado en una app llamada La teoría de la mente, que se puede descargar en iOS o Android fácilmente. Tan solo hay que escribir «La teoría de la mente» en el buscador de aplicaciones y se podrá tener acceso a gran cantidad de contenido actualizado.

Sin embargo, para facilitar el seguimiento y complementar cada capítulo con ejercicios y poder profundizar en conceptos, se ha creado una web en la que el lector podrá ampliar la información que encontrará en estas páginas.

En cierta ocasión, un paciente comentó: «Ya sé de qué va esto, va de hacer cosas imposibles». Y no le faltaba razón en su perspectiva, porque, de algún modo, su formulación había cambiado las reglas del juego. Había aprendido que las cosas eran imposibles en su cabeza, en sus creencias, pero que su cabeza no era la voz de Dios, solo un intento de ordenar la realidad.

Me gustaría saber que han quedado claras las pretensiones de este libro. No pretende dar respuestas categóricas, sino tratar de que el lector se formule las preguntas adecuadas. Las buenas preguntas resultan ser las mejores guías, y además siempre llevan un trabajo detrás que implica el sabor de un buen viaje. Decía Marie Curie que en la vida nada hay que temer, que solo hay que comprender. El conocimiento nos libera, nos ayuda a poner luz donde antes había sombras. Pero que nadie se lleve a engaños: no existe ninguna técnica ni conocimiento efectivo que no salga realmente de nosotros. Quizá consista no solo en aprender, que es «adquirir un conocimiento», sino en aprehender, es decir, «coger, asir, captar por los cinco sentidos». Implica crecer, desprenderse, arriesgarse, aceptar lo que hay, asumir, y, sobre todo, querer ir más allá. Dicen que la ignorancia se solventa viajando, y podríamos añadir que los verdaderos viajes son aquellos en los que el que partió no es el mismo que el que regresa.

Mi deseo para el lector es precisamente ese, que viaje y evolucione, que este libro le ayude a hacerse las preguntes adecuadas y a tomar decisiones.

... Nos vemos a la vuelta.

RUBÉN CASADO