Conocí a Elizabeth (Esmi) hace poco menos de dos años a través de su cuenta de Instagram, aunque realmente me descubrió antes ella a mí. Por lo que me contó, mi cuenta le inspiraba cuando estaba acabando sus estudios de psicología. En aquel momento, no había tantísimas cuentas de Instagram y lo que yo mostraba a través de la mía le ayudaba a visualizar el camino que aún le quedaba por recorrer. Es por esto que muchas veces me dice que me siente como una hermana mayor que la ha acompañado en la difícil tarea de ser toda una psicóloga y una mujer emprendedora.
Cuando empecé a leerla quedé prendada de su forma de escribir, sentía que en muy pocas líneas reflejaba a la perfección muchos de mis sentimientos. Era como si alguien le pusiera voz a mis emociones y pensamientos. No podía dejar de compartirla y, a pesar de que ella en ese momento no llegaba ni a los veinte mil seguidores, algo dentro de mí me decía que «esta chica lo va a petar». A día de hoy, veo que no me equivocaba para nada, pues no solo yo tenía esa sensación cuando leía sus posts, sino que miles de personas pudieron verse reflejadas en ellos y encontrar a través de sus reflexiones palabras para expresar lo que llevaban mucho tiempo callando.
Durante su primer año pude acompañarla en el proceso de crecer tanto personal como profesionalmente a la misma velocidad que aumentaban sus seguidores. Os aseguro que no le fue tarea fácil adaptarse a los cambios y demandas de su vida laboral. Pude ser conocedora de sus miedos, inquietudes e inseguridades durante todo ese proceso. Observaba como corría y corría detrás de la vida queriendo llegar a todo, sintiendo el vértigo en cada nuevo paso e intenté ser su fiel consejera en ese camino lleno de baches... Veía en ella tanto carisma y potencial que solo deseaba que pudiera verse también ella por unos instantes a través de mis ojos, así tendría un poquito menos de miedo a saltar.
En parte lo conseguí, pues solo hay que verla ahora, siendo a su corta edad directora de un máster, docente, coordinadora de su propio equipo de psicólogas, divulgadora en una cuenta de Instagram con más de cien mil seguidores y escritora de su segundo libro... Cuando la observo y veo esa carita tan dulce y a ella tan pequeñita, me siento profundamente orgullosa porque lo que está haciendo por las personas es muy muy grande.
Voy a dejar un poquito de lado a la persona para centrarme en la escritora y su segundo libro, Hasta que te caigas bien (que al final es a lo que yo venía). Este libro es un claro reflejo de la evolución que ha vivido como profesional y persona a lo largo de 2022. En él muestra gran parte de los aprendizajes forzosos que ha adquirido tanto en este frenético año como a lo largo de su vida. Si en su primer libro Querida yo: tenemos que hablar ya apuntaba maneras, el segundo es una auténtica maravilla. Es como una conversación íntima con una misma, una de esas conversaciones dolorosas y que remueven, pero que, a la vez, te dan las respuestas que necesitas, te calman e indican el camino.
En los últimos años, Esmi y yo hemos tenido muchas conversaciones así juntas, que han sido el empujón que necesitábamos para después mantener esas mismas conversaciones con nosotras mismas. Al leer su libro, la veo a ella y me puedo trasladar mentalmente a esas noches en las que nos quedábamos hasta las tantas de la madrugada abriéndonos y permitiendo que cada una se asomara por unos instantes a la historia de la otra. Imagino que son la escucha activa y la sensibilidad las que nos han permitido convertirnos en buenas compañeras de vida, pese a ser tan distintas.
Con este libro, Esmi te deja asomarte por una rendijita a su vida y a su vulnerabilidad con el objetivo de que veas que ser una persona fuerte o carismática (como considero que es ella) no resulta incompatible con ser alguien «blandito», sensible y, a veces, vulnerable. Si no nos atrevemos a mostrar esa parte y la tapamos pensando que es una grieta por donde los demás podrán entrar a hacernos daño, nadie será capaz de entenderla, abrazarla y cuidarla, y nos convertiremos en solo ego. Espero que sepáis valorar y cuidar el regalo de su sensibilidad y que os inspire a atender, integrar, mimar y mostrar la vuestra con aquellas personas con las que queráis construir vuestra «burbujita». Os prometo que este libro cuidará de vosotros mientras tanto, que estaréis abrazados durante todo ese proceso y que al final os sentiréis, al menos, un poquito más en paz con vosotros mismos y vuestra historia.
Gracias, amiga, por haberme abierto las puertas de tu vida. Prometo cuidar con mucho mimo esa parte de ti que se siente pequeñita, pero recuerda que también eres muy GRANDE.
Te quiere, tu compitrueno, Adri (@seressexuados).
Antes de que empieces a leer(me), quiero comentarte algunas cositas... En primer lugar, ¡hola! Yo soy Elizabeth, pero me llaman Esmi porque mi cuenta de Instagram es @esmipsicologa. Si este es el primer libro mío que lees, bienvenida a mis páginas, y si no, encantada de verte de vuelta. Es un honor para mí que tengas la vocación de mi vida (escribir) entre tus manos, sobre todo si esta te ayuda.
Otra cosita que quiero comentar es que, aunque con estas páginas espero poder ayudarte lo máximo posible, no quiero que lo veas como un libro de autoayuda que solucionará todos tus problemas. Ni este ni ninguno. Superar los obstáculos que te pone la vida no puede depender de un libro porque a veces no depende ni de ti. Así que lo que espero es que te ayude en la medida de lo que pueda(s) a hacer un clic. Que te emocione, te cure, te haga reflexionar y conecte contigo.
Pensaba que este libro sería larguísimo porque cuando me pongo a hablar no paro, pero no, es pequeñito (como yo) y lo pienso abrazar tal y como es, como he aprendido a hacer también conmigo. Me ha quedado cortito porque me he obligado a parar cuando sentía que estaba dando vueltas sobre un mismo tema, recordándome a esos libros que se me hacían eternos por repetir una y otra vez los mismos conceptos.
¡Ah, sí! También quería decirte que verás que uso el masculino y el femenino de forma indistinta. Es porque en este libro cabemos todos y me parecía un rollo poner «todos/as» constantemente.
Quiero contarte además que habrá algunas partes un poquito más densas que otras, más teóricas, sobre todo al principio, pero todas y cada una de ellas son necesarias para que entiendas los conceptos que necesito explicarte. Así que léelas y no me las pases por alto, ¿vale? ¿Me lo prometes? ¿Palabrita? Palabrita.
En el libro hablaremos de conocernos lo suficiente para conseguir saber qué es lo que nos gusta de nosotros mismos y qué no tanto, para poder trabajar en cambiarlo. Decir «es que yo soy así» ante las críticas cuando sabemos que llevan razón y cruzarnos de bracitos nunca nos ayudará a evolucionar hasta ser una mejor versión de nosotros mismos. Querernos tal y como somos está muy bien, pero para poder hacerlo tendremos que caernos bien primero y, para conseguirlo, será necesario conocernos y revisarnos.
Empezarás conociendo y entendiendo la parte más vulnerable de ti, cuando eras un niño, pasando por quien y como has sido y llegando a quien eres actualmente, para así poder determinar quién quieres ser de aquí en adelante en cada uno de los ámbitos de tu vida. Con esto no me refiero a ser rico, más alto o guapo, me refiero a quién quieres ser tú por dentro, contigo y con los demás. Cómo quieres conseguir relacionarte con el mundo y contigo misma.
Evidentemente, «quién quieres ser» no es algo que se pida a la carta porque no es cuestión de escribirlo en un papel y tenerlo, pero sí podemos modularlo. Podemos modularlo en el momento en el que nos conocemos lo suficiente como para conseguir actuar de forma consciente y no por impulsos. Cuando logramos parar, pensar y decidir cómo actuar a continuación, respetando nuestros valores y la persona que somos, nos convertimos en seres libres. Porque no, libre no es la persona que reacciona tal y como le sale en ese momento, libre es quien tiene la posibilidad de elegir cómo actuar porque no es esclava de sus impulsos. Libre es quien consigue responder de forma consciente, estando orgulloso de cómo lo hace y de las decisiones que toma. Esa persona es realmente libre.
Ser la mejor versión de una misma no siempre es posible porque a veces la vida se pone fea, muy fea. Se pone tan fea que no sabemos por dónde avanzar para salir de esa, lo vemos todo muy negro y no sabemos qué clase de peripecias tendremos que hacer para superar ese bache. Si no me conoces mucho, puedes pensar que no tengo ni idea de lo que es que las cosas se pongan feas, pero créeme si te digo que sí, que sí lo sé. Si vas a leerme y vamos a pasar todo este rato juntos, vas a tener que confiar en mí, así que créeme. Sé lo que es no ver la salida, que te pase una detrás de otra y que no te dé tiempo ni a salir a coger aire. Esa es la sensación que he tenido durante toda la vida: que me ahogaba y que, cuando estaba a punto de llegar a la orilla, otra ola volvía a meterme para dentro. «¿Por qué yo? ¿Por qué a mí? ¿Por qué todo lo malo me pasa a mí?». Son preguntas que me he hecho mil y una veces e incluso, cuando todo parecía ir bien, esperaba a ver cuál era el siguiente golpe. A estas alturas, la normalidad me parece sospechosa.
Cuando era pequeña, muy pequeña, pensaba: «¿La vida es esto? ¿Sufrir de esta forma es lo normal? ¿Esto es lo que me depara el resto de mi vida?». Recuerdo que miraba al resto de los niños y pensaba: «¿Por qué yo no tengo una vida normal como ellos?». No fui una niña feliz, al contrario. Fui una niña muy triste y con muchos problemas de salud como consecuencia. Los días pasaban y para mí la vida era una pesadilla, y, cuando parecía que algo podía mejorar, de repente llegaba otra cosa que lo empeoraba todo aún más. Una vez, mi madre me dijo: «Te juro que antes de tenerte me leí todos los libros sobre maternidad habidos y por haber, quería hacerlo todo perfecto y que tuvieses una vida maravillosa y fácil, pero cada dos por tres pasaba algo que me tiraba por los suelos los enormes esfuerzos que hacía por darte paz y estabilidad». Y es que, sí, a veces la vida se pone muy fea y no podemos hacer otra cosa que comernos los golpes, recomponernos al ritmo que podamos y seguir.
Entiendo de dolor, entiendo mucho de dolor y por eso me dedico a abrazar y tratar de sanar el de los demás, como ahora voy a intentar hacer con el tuyo. Quiero que lo entiendas, lo integres y, más allá de apartarlo, le hagas un huequito en ti para tenerlo localizado, pero que no te impida llevar una vida plena. No todo está bajo tu control, pero todo lo que esté en tu mano mejorar, ¿por qué no intentarlo? Yo te acompaño.
Espero hacerte sentir arropada en todo momento, de corazón. Así que, con muchísimo amor, tacto y sensibilidad, nos ponemos manos a la obra.
TÚ CONTIGO