DEDICATORIA

A las voces que han sido calladas a la fuerza con violencia física, verbal, mental y emocional.

A cada mujer que al salir de casa siempre espera poder regresar.

A las que ya no están porque su lucha fue interrumpida y nos dejaron un silencio desgarrador unido al dolor.

A todos los que alguna vez les ha costado llamarse «víctimas» aun cuando lo han sido.

A los inquietos, repletos de chispas especiales, curiosos y valientes que siempre quieren saber los porqués y hacer frente a lo que temen.

A los soñadores que buscan más y también a los que aún dudan de su camino pero eso no los detiene de despertar cada día con la esperanza de encontrar más.

Y a esos amigos que se han vuelto familia, un lugar seguro, que no juzgan y te abrazan en el marco de la soledad, te acompañan en los llantos y gritan por ti de felicidad.

Y, sobre todo, esto va para ti, que estás leyendo estas líneas, que te adentras valientemente una vez más en esta aventura llena de locura, porque te lo repetiré en esta y mil vidas: tu voz importa, eres una estrella que titila con fuerza en mi cielo, yo creo en ti y te agradezco por existir.

Y para finalizar, para tu buena suerte, repite conmigo: «Clover, Clover, Clover».

clover_libro_02-4

PLAYLIST

Follow You de Bring Me the Horizon

Just Right de Got7

Nothing’s Gonna Stop Us Now de Startship

Heal de Tom Odell

Pretty Boy de The Neighborhood

King Of My Heart de Taylor Swift

S&M de Rihanna

Sex, Drugs, Etc. de Beach Weather

You Rock My World de Michael Jackson

Hold On de Chord Overstreet

Where Have You Been? de Rihanna

Anaconda de Nicki Minaj

Maneater de Nelly Furtado

Wow de Sabrina Carpenter

Continuo atardecer de Latin Mafia

Hero de Sterling Knight

Who I Am de The Score

Playing God de Paramore

22 de Taylor Swift

no body, no crime de Taylor Swift

Cómo dormiste? de Rels B

Porfa no te vayas de Beret y Morat

Paper Crown de Alec Benjamin

Satellite de Harry Styles

Bad Liar de Imagine Dragons

Debí suponerlo de Morat

Iris de Goo Goo Dolls

clover_libro_02-5

UNIVERSIDAD OCROX DE NOTTINGHAM:

TOMANDO EL PASADO,

APRENDIENDO DEL PRESENTE

Y EDUCANDO EL FUTURO

Desde el equipo directivo y el consejo de la universidad, queremos hacer pública nuestra postura ante los sucesos ocurridos el pasado 30 de octubre a las afueras del campus. Pese a que este episodio tan sentido, lamentable y doloroso se desarrolló fuera de los límites de la facultad universitaria, reconocemos la participación de un porcentaje bajo de nuestra comunidad estudiantil.

Repudiamos lo sucedido y no aprobamos el uso de la violencia, el consumo excesivo de alcohol ni cualquier ingesta de sustancias estupefacientes. Como institución de orden mundial a cargo de la formación de un gran número de jóvenes, siempre nos hemos caracterizado por brindar seguridad, apoyo y bienestar a nuestro estudiantado dentro de los límites de su libertad y respetando su privacidad. Nos apena profundamente que esta libertad haya formado parte de la turbulenta violencia empleada en una fiesta organizada por uno de nuestros estudiantes.

La institución se compromete a colaborar con las autoridades que trabajan en la investigación y a brindar apoyo terapéutico a todos los estudiantes que lo necesiten.

Alentamos a la comunidad estudiantil a cooperar con las autoridades policiales para esclarecer lo sucedido. Asimismo, pedimos el cese de rumores infundados a raíz del pánico, que entorpecen la búsqueda de respuestas y perjudican a terceros.

Enviamos nuestro apoyo y condolencias a los familiares afectados por esta tragedia e invitamos a todos a participar en la misa conmemorativa para los estudiantes fallecidos.

Que esta oscuridad no caiga en las luces de esta institución y que no sea un precedente del futuro. Podemos ser mejores. Seamos responsables y no abusemos de nuestra libertad.

Sigamos tomando el pasado, aprendiendo del presente y educando el futuro.

clover_libro_02-6

Meses antes de la fiesta del amor (San Valentín)

Una mirada a mi alrededor es todo lo que necesito para darme cuenta de que muchos están angustiados e inquietos sobre los resultados de los parciales; afortunadamente, ese no es mi caso.

Y no se trata de que me crea un irlandés con mucha suerte o que cargue un trébol de cuatro hojas tatuado en la piel y otro palpable en mi billetera. No, se trata de que soy el mejor de esta clase, los profesores lo saben y mis compañeros también. Soy el mejor porque me esfuerzo, porque soy apasionado y parece que tengo un talento nato.

Hay muchas personas que cuando comienzan la carrera universitaria se cuestionan si están en el lugar correcto; ese no es mi caso. Cuando puse un pie en la OUON sentí que este era mi lugar de formación, no negaré que también hizo cosas buenas por mi ego el hecho de haber sido aceptado en una de las universidades más prestigiosas a nivel mundial, y no quiero presumir, pero pude haber optado por una beca, solo que mi papá es ese tipo super orgulloso que quiso derrochar dinero en mi educación.

Así que, sí, soy el mejor de mi generación de criminalista y, para mala suerte de los de Criminología y Ciencias Forenses, también me destaco como primero en sus clases, aunque reconozco que hay un sinfín de talentos y excelentes estudiantes; un ejemplo de ello es mi compañero Kevin, que en este momento intercambia unos mensajes que lo tienen sonriendo de manera sucia mientras el bombón de Oscar, un estudiante de Ciencias Forenses que es de los mejores de su clase, intenta lanzar miradas a lo que escribe. A su lado está la dulce y amorosa Maida, que cuando atrapa mi mirada me da un saludo con la mano que devuelvo, y también está Clover.

Clover Mousavi es una mujer difícil de ignorar, no solo por su cuerpo curvilíneo y la belleza exótica, se trata también de ese magnetismo que desprende, del poder de su mirada y sus ingeniosas palabras en las breves conversaciones que hemos sostenido. Es infinitamente inteligente y me atrevería a decir que ambiciosa cuando se trata de sus estudios, siempre está diciendo qué va a pasarme o que no descuide mi lugar, a veces me suena a coqueteo o quizá solo escucho lo que quiero, porque desde el primer día siempre lanzo vistazos hacia ella y me tomo el atrevimiento de prestar atención a algunos detalles de tanto en tanto.

Justo ahora, esos ojos rasgados hacia arriba y marrones conectan con los míos y cuando sus labios carnosos se entreabren yo sigo el movimiento con la mirada, lamiéndome los labios porque repentinamente me siento sediento. No sé por qué algo tan simple me seduce, y cuando ella se da cuenta de que la atrapo mirando mi boca, vuelve la atención al frente, haciéndome sonreír.

Me volteo de nuevo en el asiento y saco el teléfono para escribirle a mi imbécil, Stephan.

Callum: me saltaré la próxima clase ¿Aún tienes el porro?

La gran perra: haces que parezca que tráfico hierba

Callum: pero ¿Aún lo tienes?

La gran perra: lo siento mi machote me lo fumé

A mi hermana Kyra le daría un ataque si viera la manera espléndida en la que Stephan prescinde del uso de las comas.

Callum: quería relajarme

La gran perra: consigue una mamada

Callum: tranquis, no te preocupes por mi satisfacción sexual

Rio por lo bajo ante la serie de emojis que envía en respuesta, y luego alzo la mirada en automático cuando dicen mi nombre para entregarme el parcial corregido.

Tomo la mochila y me guardo el teléfono mientras bajo detrás de dos personas que fueron llamadas después de mí, pero mi paso es perezoso. Así que cuando tomo mi examen de la profesora —que me ama porque soy su favorito— le sonrío, y puede que sea demasiado simpático mientras bajo la mirada justo a tiempo para ver un parcial sobresaliendo pese a la hoja que tiene encima, leo el nombre:

«Clover Mousavi».

¡Mierda! Lo que me sorprende no es que tenga una calificación igual a la mía, a mí lo que me sorprende es su letra, su caligrafía, porque he memorizado lo suficiente bien las íes, des y eles de mi trébol de las notas para sospechar que son inquietamente iguales a las de Clover.

Y vale, no son las únicas letras que se parecen, es idéntica, y a mí se me acelera el corazón mientras la profesora dice su nombre y lanzo un vistazo para verla reírse de algo que le dice Maida antes de tomar su mochila. Por un momento la veo venir a cámara lenta y luego me apresuro a salir del salón con la mente dando vueltas y una vocecita diciéndome: «esa es la chica».

Y de manera inoportuna, Joe Jonas aparece en mi cabeza cantando la icónica parte de This Is Me en la que le dice a Demi que ella es la chica, pero es que para mí este momento es épico.

Apresuro el paso mientras respondo los múltiples saludos que recibo y llego hasta la fuente de sabiduría en donde me dedico a pensar en los pros y contras de que Clover pudiese ser mi trébol de las notas —honestamente, estoy casi completamente seguro de que es ella, pero me da miedito admitirlo y que se rompa la magia—. Sorprendentemente hay un sinfín de pros, y en contra solo el hecho de que está saliendo con un insípido estudiante cuyo nombre no recuerdo.

Me convenzo de no indagar, de no pensarlo demasiado, pero en las siguientes dos semanas le lanzo más miradas de las usuales. Fijándome en sus sonrisas, cómo a veces se distrae en clase y cómo me mira cuando cree que no me doy cuenta —esa es especialmente mi parte favorita, en donde me luzco un poco para parecerle más tentador—.

Mientras más vistazos robo de ella, más rápido llego al entendimiento de que quiero y me ilusiona que se trate de ella, me llego a sentir afortunado y me pregunto por qué las notas y nunca hablarme directamente de su interés, por qué no se ha acercado cuando ha estado soltera o actúa con absoluta normalidad cuando conversamos.

En mi mente me encuentro deliberando qué tanto quiero enfrentar la situación y trato de alejar el temor de romper la magia, pero eventualmente me rindo y acudo a Jagger, el estudiante de primer año que siempre tiene respuestas.

Él solo me confirma poco después lo que ya sé, entonces saboreo la satisfacción, porque me hubiese decepcionado que no fuese ella y porque ahora, oficialmente, mi trébol de las notas tiene un rostro.

Dejo de lanzarle tantas miradas respetando que está en una relación, y porque no quiero ser rarito, pero sí que se me cruza por la cabeza de tanto en tanto.

Y cuando finalmente deja a su novio, me quedo a esperar que me enfrente, que se confiese, pero, ¡ja!, soy un iluso, porque es escurridiza y no dice nada.

Así que digo «Clover» tres veces y luego de una intensa fiesta del amor en San Valentín, meses después, en la que terminamos fumando hierba en mi auto y besándonos por primera vez, reafirmo algo: esa es la chica, y si soy inteligente, podría ser para ella ese chico.

clover_libro_02-7

—Hogar, dulce hogar —canturrea Edna, haciendo acopio de toda la simpatía que pocas veces posee.

Giro y le dedico el intento de una sonrisa, porque estoy lidiando con un dolor de cabeza y lo único que quiero hacer es dormir.

Pasar los últimos dos días en el hospital ha sido agotador y francamente angustiante. No me gustaban el olor, la comida y el recordatorio de que me habían atacado. Por las noches me era inevitable no pasear la mirada por las paredes, las ventanas y finalmente la puerta a la espera de que alguien saltara sobre mí, de que terminaran lo que sea que empezaron, pero me limitaba a tomarle la mano a Callum. Que se quedara las dos noches conmigo ha ayudado.

Hace poco más de dos días fui agredida en unos edificios abandonados de la Universidad Ocrox de Nottingham, una de las universidades más prestigiosas del mundo y con un supuesto equipo de seguridad excelente. Pero todo eso son mentiras, te diré lo que he descubierto de esta institución tan reconocida y amada a la que yo me moría por venir y en la cual estoy pagando un precio muy alto con mi estabilidad mental, emocional y física.

Sí, la OUON cuenta con unas instalaciones espectaculares; tiene un profesorado dotado de experiencia y conocimientos superiores a otras universidades; se celebran fiestas, festivales, deportes y encuentros culturales; es costosa, aunque otorga becas, y el sistema de fraternidades y hermandades es lo que desea todo adolescente, viendo películas estadounidenses. Sí, eso la hace un sueño, hace que todos se queden boquiabiertos y sientan celos cuando dices que estudias aquí.

¿La pesadilla? Está corrompida, como otras muchas cosas en el mundo, y tiene en sus raíces un despliegue de drogas que va más allá del uso propio inofensivo y una red peligrosa liderada por Bryce Rhode, una basura humana que resulta que es el hijo de un importante criminal austriaco. Bryce pertenece a una mafia en Austria y lamentablemente en los últimos meses desarrolló una obsesión perversa por mí, y Callum, movido por su rabia y el deseo de protegerme, puso en peligro su vida.

Durante meses me sentí cazada, como si tuviese un blanco puesto en mi espalda, temerosa de encontrarme sola, desprotegida y a merced de Bryce para que me lastimara. Ahora tengo la sensación de que eso finalmente pasó… ¿Lo detuve?

—Clover. —El toque de la mano de Edna en mi codo acompaña sus palabras.

Me vuelvo para verla y fuerzo una sonrisa para hacerle saber que estoy bien, aunque en este momento no me siento de esta manera.

—Me ducho y me voy a dormir —le hago saber.

—¿Llamarás a Callum o quieres que lo haga yo? No ha dejado de escribirme, qué intenso.

A Callum le habría gustado traerme a casa, pero tenía una importante prueba en una de sus clases de Criminalística que no quería que se perdiera, por lo que llegamos a un arreglo con Edna, mi mejor amiga y compañera de piso, para que me trajera. No es que eso lo hiciera muy feliz, porque quiere cuidarme, pero aceptó.

—Dile que ya estamos en la residencia, solo quiero descansar.

En los ojos de mi amiga de la infancia veo su preocupación, pero me dedica una sonrisa falsa que es mucho mejor que la mía mientras me abro paso a mi habitación.

Tengo una sensación desagradable, un vacío en el estómago, y ganas de salir de mi propia piel o arrancármela. Me siento ajena al entorno e incluso a mi cuerpo.

Me desnudo poco a poco y, cuando termino, entro en la ducha sin preparar el agua. Una ráfaga de agua helada cae sobre mí; me estremezco y siento que mi piel se corta con el frío, pero no me importa, dejo que el agua caiga sobre mí mientras mis ojos se pasean por los moratones que alcanzo a ver.

Se supone que no debo mojar la venda de la mano y mucho menos la herida cosida donde falta un parche de cabello. Los rasguños y cortes en el rostro, junto con los raspones de otras partes de mi cuerpo, seguramente deberían arder, pero por un momento me siento entumecida.

Noto un frío que viene desde dentro, y giro la manilla de la ducha para que salga caliente. Cierro los ojos y dejo que el agua helada me envuelva mientras intento recordar.

Fui atacada y estuve desaparecida durante horas. Me encontraron magullada, lastimada y con parte de la ropa desgarrada. Sé que estaba corriendo y que en algún punto Edna se cansó y dijo que me esperaría en la cafetería, y yo continué trotando, pero el camino estaba cerrado… Fue entonces cuando una mujer apareció y la seguí por un camino alternativo, pero… ¿Por qué mi mente difumina su rostro? Ella tiene que ver con todo esto.

Recuerdo el dolor, la angustia y el miedo, pero no las voces, no los rostros, no lo que me decían. Sin embargo, lo sé, simplemente sé que esto es cosa de Bryce; era el único al que le traía placer hacerme daño.

¿Por qué esforzarme en recordar algo que lo más probable es que me haga daño? Si lo olvidé, tuvo que ser traumático o muy doloroso. Mi mente me protege de romperme, y tal vez lo mejor es dejar de intentarlo.

Lo mejor es olvidar.

El agua se calienta demasiado, pero no me muevo, y llego a un acuerdo conmigo misma: dejar de intentar recordarlo.

Lo que sí recuerdo es lo invadida que me sentí cuando me hicieron exámenes para determinar si había sido violada. Los resultados fueron negativos, pero, aunque no encontraron indicios de penetración forzosa ni voluntaria, sé que algo pasó, que mi cuerpo fue ultrajado de alguna manera. Él hizo algo y me da pánico averiguarlo.

Abro los ojos y tomo bastante jabón líquido. Comienzo a estregarme la piel, incluso sobre las heridas, esperando lavar cualquier rastro de esos recuerdos perdidos, cualquier toque, palabra… Todo. Y finalmente lloro mientras lo hago, me rasguño la piel y siento que me arde con la temperatura del agua.

Ya no estoy entumecida.

Siento, pero no recuerdo.

Abro los ojos con lentitud y me encuentro las cortinas cerradas, tal como las dejé antes de dormirme, y la lámpara encendida porque no quería estar a oscuras, aún no. Continúo moviendo la mirada hasta toparme con unos ojos verdosos acompañados de una sonrisa suave.

Callum está sentado en una butaca que ha movido hasta un lado de mi cama.

—Hola, mi trébol —susurra, deslizando sus dedos hacia mi cabello, y le sonrío.

Callum me hace sentir segura, querida y a gusto. Me hace sentir un montón de cosas con simplemente verlo, y cuando me toca no quiero que pare.

Todavía me sorprende que enviarle notas anónimas sin ningún propósito de tener una relación con él terminara así, cuando me cautivó en una fiesta del amor por San Valentín.

No pensé que me pillaría de él con tanta fuerza, ni siquiera imaginé que él podría ser mejor que todas mis expectativas. Nunca había conocido a alguien como Callum y nunca me había sentido así por un novio, es la primera vez.

—Hola, Irlandés —digo con voz rasposa por el sueño.

Su mirada se pasea por mi piel, irritada por los cambios bruscos y fuertes de temperatura en la ducha, pero no lo comenta. Estoy segura de que Edna se lo dijo.

—¿Qué hora es? —pregunto en medio de un bostezo mientras me incorporo.

Las sábanas se acumulan en torno a mis caderas, y él me mira durante unos largos segundos.

A veces me pregunto qué le ronda por la cabeza a Callum cuando tiene esa mirada, una que no es tan brillante y alegre como siempre, sino más oscura, calculadora e intimidante. Me queda claro que mi novio no es normal, que hay cosas que moralmente no son correctas y que a veces está dispuesto a hacer cosas peligrosas y destructivas hacia los demás. También está su pasión por los conocimientos de tortura y por cómo funciona el cuerpo ante el dolor o al morir, y cómo reacciona cuando alguien lo hace cabrear en niveles excesivos.

Aún recuerdo su mirada fría cuando casi mata a Bryce después de que en una fiesta me tocara sin mi consentimiento, y también me contó que huyó de un ataque y apuñaló a alguien. Son cosas de las que no se arrepiente, que sé con certeza que haría de nuevo, y eso no tiene nada que ver con que sea sobrino político de Lorcan McCarthy, un importante miembro de la mafia irlandesa; es algo que forma parte de Callum, y a veces me pregunto si se encuentra en sus genes.

Pero sé que no es una mala persona, que nunca haría daño a la gente a la que quiere y que le importa. Es un hermano increíble, un hijo soñado y un amigo difícil de no querer. ¿Y como novio? Ni siquiera puedo comenzar a describirlo.

—Son las diez de la noche, has estado dormida más de seis horas.

—Eso es bastante.

Nuevamente, su mirada se pasea por mi piel irritada, que unté con pomada antes de acostarme con la ayuda de Edna, después de que me reprendiera por mi descuido en la ducha.

—Estoy bien —aseguro, y su mirada conecta con la mía—. Soy una chica fuerte.

—Por supuesto que lo eres.

Y sé que lo cree, que no son solo palabras.

Me deshago de las sábanas y me pongo solo unas bragas tipo bóxer y una camisa que, de hecho, es suya y me queda ajustada. Bajo de la cama, voy hacia él para sentarme sobre su regazo y apoyo la cabeza en su hombro. Me remuevo hasta estar cómoda y suspiro.

—Aquí es donde quiero estar —susurro, inhalando el exquisito olor de su perfume, pero también ese olor que es simplemente suyo.

—¿En mis brazos? Es una excelente elección —bromea, y desliza los dedos sobre uno de mis muslos y me envuelve con el otro brazo—. ¿Quieres hablar de lo sucedido? —pregunta con suavidad, y durante unos cortos segundos mi respuesta es tensarme.

—No tengo nada de lo que hablar, Callum, no lo recuerdo. —Hago una pausa—. ¿Crees que miento? Si lo supiera, es evidente que querría que quien me lastimó pagara. No es bonito no tener recuerdos, siento que tengo un gran espacio en blanco del que todos quieren información.

Excepto que no quiero recordar, pero no se lo digo. No soportaría su mirada de decepción si supiera lo cobarde que soy con todo esto.

—Sé que no me mientes, solo quiero que sepas que estoy aquí para escucharte, sea lo que sea, Clover, y para recordarte que lo que ha pasado no es tu culpa, no lo provocaste.

—No me gusta ser una víctima —confieso, y su mano me toma la barbilla para que alce la mirada y me encuentre con la suya, llena de determinación.

—Ser una víctima es una mierda, pero no es algo de lo que avergonzarse, porque no hiciste nada malo, no pediste serlo y no te hace débil.

—No quiero que me miren diferente.

—No te miro diferente, y te aseguro que los demás tampoco. Solo estamos cabreados por no haber podido hacer más, por no haberte cuidado, por no haberlo evitado. Pero te seguimos viendo como nuestra hermosa y fuerte Clover, sigues siendo mi increíble novia que me da las erecciones más potentes y me acelera el corazón. —Su pulgar me acaricia debajo del labio inferior—. Aún quiero besarte esa boquita, perderme en tu mirada y en largas y duras folladas contigo. Tranqui, mi trébol, para nosotros esto no cambia lo maravillosa que eres.

Estoy enamorada, no hay manera de eludirlo ni negarlo.

Me he enamorado de un pelirrojo irlandés que me dedica canciones pop icónicas, siempre sonríe, está bueno, estudia Criminalística y es el mejor de su clase, es fiestero, popular, sucio y me da el mejor sexo de mi vida. Me he enamorado de un hombre que me quiere como soy, me ve como una diosa, quiere protegerme, me mima y se deja mimar. Estoy enamorada de Callum Byrne, un muchacho que a veces resulta peligroso, cuya mente es un misterio; puede que sea peligroso, pero también es el más leal.

Lo amo, y me pregunto si debería decírselo o esperar hasta que él se sienta igual que yo.

No me asusta amarlo. Me asusta lo que conlleva ese amor, pero me alegra que sea él quien tiene mi corazón, porque se siente tan bien… Para mí tiene sentido, me resulta algo del todo natural.

Lo tomo por el cuello y atraigo su rostro al mío con las intenciones claras de besarlo, pero él me detiene con una sonrisa.

—Tienes los labios magullados —me recuerda.

—No importa.

—¿Ahora eres una masoquista?

—¿Eso hará que me azotes? —susurro en respuesta, y su risa me hace sonreír.

—Qué ingeniosa. —Me da un beso en la punta de la nariz—. ¿Sabes qué? No puedo besarte en la boca, pero podemos encontrar otro lugar.

Sus labios se desplazan con suavidad por el borde de mi mandíbula hasta llegar a un punto del cuello que sabe que hace que me caliente con rapidez. Primero siento sus dientes y luego su lengua, antes de que comience a besarme. Seguramente me deje un chupetón, pero no es algo que me moleste, porque yo he dejado muchos en su cuerpo, así que llevo una de mis manos a su cabello, cierro los ojos y siento solo su beso. Nada más existe, solo nosotros.

Tengo miedo de que después de ese día no vuelva a ser la misma, tengo miedo de evadir esos recuerdos y tengo miedo de recordar, pero de lo que no tengo miedo es de nosotros, de Clover y Callum.

clover_libro_02-8

—Eh, eh, machote. ¿Me estás escuchando?

Parpadeo un par de veces antes de dirigir la mirada hacia mi imbécil: Stephan.

Él continúa con un libro de una de sus clases sobre el regazo mientras bebe leche, que asegura que ayuda con los dientes, y tiene la mirada hacia la pantalla del televisor, donde reproduzco una película de terror.

—Siendo honesto, no escuché nada de lo que dijiste, mi mente desconectó —aseguro, tomando una de las galletas bajas en sal que me ha dado.

Comer galletas bajas en sal no es mi cosa favorita, pero Stephan estudia para ser ortodoncista y muchas veces quiere controlar el cuidado de mis dientes, aunque suene extraño. Cuando bebo Coca-Cola en su presencia, me la quita; si como muchos dulces, me recuerda las putas caries, y si decido comer carne, recita el punto exacto en el que debe estar cocinada para no lastimarme las muelas.

—Quisiera comer Doritos —me encuentro diciendo.

—Es dañino para los dientes.

—¿No lo es también fumar cigarrillos y porros?

—Sí, pero por eso elegimos dañarlos con ciertas cosas y evitamos otras.

Me es inevitable no sonreír ante sus palabras, porque eso es muy típico de él.

Siempre he sido un muchacho amistoso, tengo una gran cantidad de amigos y creo que pocas personas me odian, pero mi conexión con Stephan, aunque no compartimos clases, fue inmediata, casi como amor a primera vista, y eso que odio mucho ese tropo en los libros de romántica que leo, pero nos vimos y nos enamoramos platónicamente como amigos.

Aparte de mis hermanas, nunca me sentí tan cercano y conectado con alguien. Somos diferentes en muchas cosas y muy parecidos en otras tantas. No sé cómo, pero funciona, y a veces fantaseo con que en el futuro incluso podremos leernos la mente. ¡Loquísimo, lo sé!

—¿Sabes qué? Fumemos.

Y por un momento inocente pienso que se trata de cigarrillos, pero no pierde el tiempo y arma un porro. Mientras, yo me pongo de pie para abrir las ventanas y que así se ventile el olor cuando fumemos. Normalmente cuando lo hacemos es de noche y estamos en el jardín de la casa.

Ahora que no está Michael, que era nuestro compañero de piso y un lacayo de la basura de Bryce, la verdad es que las cosas van mejor. Vale, puede que los gastos sean más altos que antes, pero merece la pena, porque no queremos meter a un extraño que rompa nuestra armonía. Ya ves que Michael fue un completo error.

Cuando vuelvo al sofá me encuentro a Stephan dando la primera calada.

—Hacer porros rápido es una buena habilidad, digna de ponerla en el currículum —lo molesto.

—Estoy seguro de que a mi padre no le haría gracia.

Me pasa el porro mientras expulsa el humo. Al inhalar, lo siento en mi garganta y luego lo dejo salir por los orificios de la nariz.

—¿Y en qué pensabas, machote?

—En varias cosas —respondo, dando otra calada antes de pasárselo—. Lo primero, por supuesto, es Clover.

—¿Qué hay de Clover?

Ha pasado una semana y media desde el ataque. Aunque me encanta que ella esté bien, me inquieta su tranquilidad, la facilidad con la que descarta sus recuerdos perdidos y que finja que no ocurrió nada. Dos veces intenté sacar el tema, no para torturarla u obligarla a recordarlo, sino porque quería hacerle saber que nadie la juzgaba o culpaba, que estábamos con ella, pero, por la manera en la que ignoró el tema, casi creería que la hice enfadar.

—Me preocupa que no hable de lo sucedido.

—Bueno, fue lo suficientemente traumático como para olvidarlo —me recuerda, como si lo necesitara.

—Sí, pero donde otra persona tal vez quisiera recordar, parece que…

—¿Que no le importa?

—No, no es eso —respondo sin dudar—. Más bien parece que quiera que esos recuerdos nunca vuelvan, como si me mintiera cuando me dice «Quiero recordarlo». ¿Por qué mentirme?

—Tal vez siente que es lo que quieres escuchar.

—Lo único que sé es que cuando alguien comienza a mentir en una relación la confianza se va al carajo, y eso me preocupa.

—Es un argumento válido, háblalo con ella.

—Lo he intentado, pero me da la impresión de que se cabrea o lo evita. Vamos, que me corta con rapidez. Sigue siendo mi trébol, pero no puedo evitar sentir que a veces se pierde.

—Tengo mucha fe en vosotros y sé que podréis superar esto y pasar página —me asegura, dándome nuevamente el porro.

—Estoy enamorado.

—Lo sé, es muy obvio. La deseabas desde las notas. Nunca te vi tan emocionado como cuando aceptó salir contigo, y eso que siempre eres muy risueño… Excepto cuando te vuelves el Terminator malvado. —Me dedica una sonrisa boba, lo que me hace saber que el porro comienza a hacer su efecto—. Pero eso no siempre pasa.

Le devuelvo la sonrisa y miro hacia el televisor, donde están matando a un hombre de una manera bastante gráfica pero muy falsa para mi gusto. Stephan asegura que no siempre soy un Terminator malvado porque él solo lo vio cuando intenté ahogar a Bryce Rhode, pero lo cierto es que en mi cabeza, de tanto en tanto, aparecen pensamientos siniestros o violentos sobre personas que me desagradan. Lo importante es que no actúo sobre ello y que no tengo interés en volverme un desalmado, pero tampoco me importa ser moralmente aceptado por la sociedad. Mis prioridades son mis intereses y las personas que me importan.

—La cuestión es que estoy enamorado con locura. Ella me encanta. —Sonrío—. Todo. Cuando la veo, te juro que siento un montón de mariposas en el estómago. Haría cualquier cosa por ver siempre su sonrisa y lo haría todo, pero todo, sea bueno o malo, por Clover. Salvaría o quemaría el mundo por ella. La idea de que la lastimen me vuelve loco, y mis celos… ¡Duendes! No me gusta pensar en terminar y que esté con otros. Desataría un infierno por ella y le conseguiría un gran pedazo de cielo. Ocultar cadáveres, lastimar, matar, ser bueno, ser normal, sangrar… Haría todo eso por mi trébol.

Stephan se queda con el porro colgando de la boca mientras me mira como si fuese otra persona. Incluso diría que me observa con cautela, así que le enarco una ceja.

—¿Qué pasa? —pregunto.

Él se aclara la garganta y da otra calada antes de volver a hablar:

—¿No crees que eso es excesivo?

—Creo que no es suficiente.

—¿Estamos hablando hipotéticamente? —quiere saber mientras me entrega el porro, y mi respuesta es encogerme de hombros.

Pero sé que no son hipótesis, para mí son verdades. Mi amor por Clover pueden criticarlo quienes lo vean como excesivo, tóxico o intenso, pero poco me importa. Ella es la persona que me ha cautivado, atrapado y enamorado; tiene mucho poder sobre mí y ni siquiera lo sabe, porque así es mi trébol. De nosotros dos, yo soy el de las malas intenciones, el «desequilibrado», el cuestionable y el de la chispa especial de la que todos se ríen pensando que es una broma, sin aceptar que está en mí ser así.

El tío Lorcan, un importante miembro de la mafia irlandesa y el mejor amigo de mi padre, tenía razón. Me gusta el poder, y tener demasiado en mis manos podría ser peligroso. Soy curioso, demasiado arriesgado y siempre tiendo a estar feliz, pero cuando me molesto me voy a los extremos y me gusta interpretar a mi antojo lo que se considera bueno, malo y aceptable.

A mí no me molesta ser como soy, pero entiendo que a otros quizá podría incomodarlos y podrían considerarme peligroso para la sociedad.

—La otra cosa en la que pensaba era Bryce…

—¿Qué pasa con esa basura?

—Nos jodió tanto que me resulta difícil creer que simplemente se haya ido, que ya no esté y que podamos respirar en paz y vivir en armonía. —Me giro para mirarlo—. Los villanos solo desaparecen cuando están muertos, y Bryce no nos ha dado ese placer.

—O cuando van a la cárcel.

—Eso no es cierto, la cárcel es solo una anarquía disfrazada de control policial. Una jerarquía como cualquier otra donde escala el que pague más. Es donde los delincuentes descubren su lugar mientras escalan o perecen, y cuando salen, porque siempre salen, joden aún más. —Le sonrío—. Créeme cuando te digo que a los villanos solo los detiene la muerte, y es mejor si son espantosas.

—Tienes unos pensamientos muy… interesantes. Parece que el porro hoy tiene otro tipo de efecto en ti.

—Pero en serio, Stephan, piénsalo. ¿Cómo alguien con tanto poder, rabia y mala sangre se va sin más?

—Bueno, eso es gracias a tu tío Lorcan, ¿no?

Es lo que pienso, pero siento que todavía debería estar alerta y esperar que algún día pase algo. Que lo obligaran a irse tuvo que cabrearlo mucho, y él es vengativo, sé que volverá.

El sonido del timbre de la casa nos sobresalta a ambos y nos reímos. Gracias al cielo es él quien decide abrir la puerta, porque estoy demasiado cómodo mientras doy otra calada al porro.

—Oh, visita inesperada —canturrea Stephan con voz adormecida.

—Hueles a hierba. —Reconozco la voz de Edna mientras se cierra la puerta.

—Toda la casa huele a hierba. —Y esa es la voz de mi trébol.

Me inclino hacia atrás para no perderme su paseo hasta la sala. Cuando nuestras miradas conectan, sonrío y ella también lo hace.

Está preciosa, como siempre. Lleva unos tejanos muy ajustados que seguro que le abrazan espectacularmente el culo, una camisa de tirantes con escote leve y un cárdigan de algodón abierto. Mi parte favorita es que tiene el pelo suelto, que se ha delineado los ojos de esa manera seductora y que los raspones de su rostro ya no se notan demasiado.

—Hola, mi trébol.

—También puedes saludarme a mí —se queja Edna, que es la primera en saludarme, y me toma el porro de los dedos.

—Sírvete a ti misma —digo con ironía antes de guiñarle un ojo.

Tiro la cabeza hacia atrás para ver al revés a Clover, quien se detiene detrás del sofá y se inclina para darme un beso suave en la boca, muy al estilo del Spider-Man de Tobey Maguire. ¡Increíble!

Stephan se encarga de preparar otro porro mientras Clover rodea el sofá hasta dejarse caer a mi lado. No tardo en subir una de sus piernas sobre mi regazo para acariciarle ese muslo carnoso que me encanta morder.

Edna no me devuelve el porro, aunque tampoco le quedaba demasiado, pero es una egoísta, y así se lo digo.

—¿Egoísta? Pero si ya comparto contigo a mi mejor amiga —me hace saber, y frunzo el ceño.

—No comparto a Clover con nadie, ni siquiera contigo.

—Deja de buscar pelea con Edna —se ríe Clover, acariciándome el pelo de manera muy placentera.

Los tres fijamos la mirada en el televisor, donde supongo que está muriendo el último personaje que quedaba con vida, mientras Stephan termina en tiempo récord el nuevo porro. Lo pasa por encima de mí para entregárselo a Clover.

—No, gracias, los porros tienden a…

No acaba la frase, pero sé lo que sigue: a adormecerla.

Y estoy a punto de tomarlo, pero entonces lo acepta y le da una profunda calada. No entiendo cómo no la hace toser, pero su cuerpo se relaja un poco y sus ojos se quedan mirando al frente como si pensara demasiado.

Comparto una mirada con Edna, quien también la observa con sorpresa e incertidumbre. No tengo ninguna conexión con ella, pero no es difícil entender que algo que para muchos puede parecer un acto normal a nosotros nos alarma.

Clover solo fuma hierba en contadas fiestas y cuando el ambiente es tranquilo entre amigos y se ha cansado de beber o no le apetece. De hecho, nuestro primer beso ocurrió después de que intercambiáramos unas caladas en mi auto. Pero fumar durante una tarde tranquila para adormecerse no es algo que suela hacer y, además, acababa de rechazarlo hace tan solo un minuto.

—Pensé que no querías —comenta Edna— porque te adormecía.

—Tal vez necesito dormir —responde dando otra calada, retiene el humo y alza el rostro hacia mí.

La entiendo perfectamente, por lo que presiono mis labios sobre los suyos antes de abrirlos y absorber el humo que libera su boca.

—¡Joder! Qué caliente. —Oigo a Stephan.

Y lo es. Justo después de pasarme el humo, Clover me mordisquea el labio inferior y comienza a besarme mientras le pasa el porro a mi imbécil antes de envolver los brazos alrededor de mi cuello y subirse a mi regazo.

Me odio un poco porque, ¡duendes!, mi angustia entra en pausa cuando siento la suavidad de su culo reposar sobre mi polla semidura y sus abundantes tetas contra el pecho. Ella tiene el control sobre el beso, metiéndome la lengua y mordisqueándome los labios a su antojo.

Sabe a la dulzura de las fresas y al humo del porro… Es muy apasionada, me tira del cabello y toma lo que quiere, y no es que yo me queje. Le dejo hacer lo que quiera conmigo; al fin y al cabo, soy suyo.

—¿Salimos y fumamos en el jardín? Al principio me pareció caliente, pero ahora entiendo que sobramos —oigo que dice Edna, pero no me concentro en la respuesta de Stephan, porque solo tengo cuatro segundos para respirar antes de que Clover me devore la boca de nuevo.

Finalmente, mi trébol me deja respirar cuando sus besos se trasladan hasta mi cuello, donde me lame, chupa y muerde mientras mis manos le masajean el culo, confirmando con una rápida mirada que Stephan y Edna se han ido, pero no puedo pensar demasiado en ello porque Clover se mueve contra mi polla y hace que comience a endurecerme del todo.

Desde el ataque, Clover y yo no hemos follado. Nos hemos besado un montón y ha habido toques insinuantes, pero me he comportado y ella no me había dado señales de querer iniciar el sexo. Sin embargo, hoy parece que quiere dejarme muy claro lo mucho que desea que esté dentro de ella.

Siento que todo va bastante rápido. Mientras me marca el cuello, una de sus manos se mete debajo de mi camisa y me pellizca un pezón antes de tirar del piercing, provocando que empuje mis caderas contra ella.

Le dejo quitarme la camisa y luego le aprieto con fuerza el culo cuando ella me lame la clavícula antes de ir a por mi pezón de nuevo y tirar de la argolla con los dientes.

Baja de mi regazo y cae de rodillas mientras trabaja en mi cinturón y el botón del tejano.

—¡Mierda! Mi trébol… —Lanzo otra mirada a mi alrededor y confirmo que no hay rastro de nuestros amigos—. ¿Quieres que vayamos a la habitación?

—No, te quiero ahora en mi boca.

Y no sé si yo iba a insistirle, pero cualquier pensamiento queda en el olvido cuando me saca del bóxer y me lame. Se toma el tiempo de recorrer cada vena y espacio de piel con esa lengua habilidosa, chupa la punta para recoger la humedad y luego baja la cabeza para meterse tanto como puede en la boca.

Le toco la garganta… ¡Joder! Sus mamadas siempre son impresionantes.

Durante un par de minutos, soy el objetivo de su ataque intenso y agresivo. No es suave, sino que parece que persigue algo, que quiere demostrar algo. Aunque me desconcierta, estoy tan sumido en el placer que no lo analizo demasiado.

La miro. Tiene la barbilla cubierta de saliva y presemen, los ojos oscurecidos y ese cabello precioso acunándole el rostro. Es preciosa y es mía.

—Haría cualquier cosa por esa boquita —digo, y su gemido me acaricia la punta—. Verte chuparme es de mis cosas favoritas.

—¿Qué otras cosas son tus favoritas? —pregunta antes de lamerme.

—Abrirte las piernas y comerte, follarte en cualquier posición, todo lo que se trate de ti.

Sus labios entreabiertos me acarician la punta. Por un momento parece pensativa, y me tenso porque siento que el ambiente cambia.

—¿Clover? —pregunto, incorporándome para acariciarle la barbilla.

Me mira enfocando esos hermosos ojos en mí. No sé qué encuentra, pero su cuerpo se relaja antes de volver al ataque hasta hacerme gemir mientras digo su nombre y tantas cosas sucias que ni siquiera registro. Mi mano le envuelve el cabello y soy brusco empujando hacia su boca, pero ella disfruta de las arcadas, la baba y el dominio. Cierra la boca en torno a mi grosor y gran parte de mi erección cuando me corro, disparando lo suficiente como para que incluso se derrame por la comisura de sus labios.

Estoy jadeando y la miro con los ojos entrecerrados.

—Ven aquí, mi trébol.

Nuevamente sube a horcajadas a mi regazo, y me encargo de lamerle la barbilla cubierta de su saliva y mi semen; no me importa, me encanta lo sucio. Cuando ya la he limpiado bastante bien, la beso. Como esta vez tengo el control, mi beso es lento pero invasivo mientras ella se relaja contra mi cuerpo.

—Ahora me toca comer a mí —susurro contra su boca, yendo a por el botón de su pantalón, pero me toma la muñeca y sacude la cabeza en negación.

—Ahora no —responde en voz baja sin mirarme, y apoya la mejilla en uno de mis hombros.

Asiento como si lo entendiera. En realidad sí lo hago, pero lo que no comprendo es lo que le pasa por la cabeza. Tengo miedo, porque el fuego que ardía hace unos minutos se ha extinguido. Ella es de las personas más fuertes que conozco, pero en este instante, mientras se acurruca contra mí y no dice nada, siento que incluso mis palabras podrían romperla.

¿Qué le hicieron a mi trébol?

Tragándome la ira, impotencia y tristeza, me muevo para guardarme la polla sensible antes de envolver a mi trébol en un brazo. Con la otra mano le acaricio el cabello, desenredando el desastre que ocasioné.

—Eres increíble, Clover Mousavi —susurro.

—¿Sí?

Suena vulnerable, y trago antes de asentir:

—Sí. Nunca te subestimes, mi trébol.

Su respuesta es plantarme un beso en el cuello antes de suspirar. Pasados unos minutos, se queda dormida sobre mí mientras miro al techo y me esfuerzo por no imaginar lo que sucedió, por liberar mi ira y entender cómo puedo ser el apoyo que ella necesita.

—Clover, Clover, Clover —musito, esperando que eso nos dé la suerte suficiente para todo lo que pueda venir en nuestro futuro.

clover_libro_02-9

—Te ves como la mierda —me dice Kevin de una manera que no deja espacio para la amabilidad.

—Pensaba que, en esta relación, era yo quien no tenía tacto —murmura Oscar antes de beber café.

—Solo digo que tiene unas ojeras bastante marcadas.

—No me dio tiempo de disimularlas con corrector. —Le saco la lengua, pero mantengo la cabeza apoyada en una mano.

La cabeza me duele y sé que es por la falta de sueño de las dos últimas noches.

Dos semanas y media han pasado desde ese día que no recuerdo.

En general he dormido bien, pero, aunque no tengo pesadillas, he experimentado unas pocas noches de insomnio en las que me siento inquieta y me asusta mi soledad. Cuando eso sucede veo vídeos en YouTube o leo alguna historia en JoinApp.

Las últimas cuarenta y ocho horas solo he dormido tres horas. Además del dolor de cabeza y los ojos irritados, también tengo un humor ácido.

—Si solo van a decir lo horrible que estoy, pueden irse.

—¿Qué pasa? —me pregunta de forma directa Oscar.

—Por cierto, Callum te está buscando —me hace saber Kevin.

Ahora escondo el rostro entre los brazos sobre la mesa.

Él me ha escrito esta mañana, pero como no soy la mejor versión de mí misma en este momento, no le he respondido. Admito que me estoy ocultando porque no quiero que me vea así y se preocupe. Callum me conoce demasiado bien, será difícil fingir que no me siento como una mierda si lo veo.

De hecho, es posible que, nada más verlo, me lance a llorar a sus brazos. Eso sería patético.

—No me pasa nada —digo sin mirarlos, pero apuesto a que el largo silencio significa que están intercambiando miradas.

—No nos creemos que no te pase nada.

—Entonces váyanse y déjenme sola.

—Si quieres hablar de lo sucedido… —comienza Oscar.

—¡Que no! ¡Que no quiero! ¿Tan difícil de entender es? —Me incorporo—. Dejen de preguntarme si estoy bien cuando ya pueden verlo, y dejen de preguntar cosas de las que saben que no quiero hablar. Si quisiera hablarlo, ¿no se lo habría dicho ya? —me exalto—. Estoy harta de que me pregunten por recuerdos que no tengo, de que me presionen a hablar de algo de lo que no sé. ¡No quiero hablar de cómo me siento! Tampoco pueden entenderme, así que basta. No puedo tenerlos a ustedes, a Maida, a Edna y a Callum intentando arreglarme como si fuese una muñeca rota. ¡No estoy rota! Simplemente tengo días malos como cualquier persona. No soy débil ni patética.

Aprieto las manos en puños cuando me doy cuenta de que me tiemblan, pero luego debo relajar una de ellas para enjugarme con rabia las lágrimas que se me escapan.

Es horrible hablarles de esta manera a mis amigos, que solo quieren ayudarme, pero es aún peor darme cuenta de que lo último me lo he gritado a mí misma, porque parece que hoy en día es fácil olvidar que me amo, que soy fuerte y que no soy patética.

He tenido muchísimos días buenos después del ataque. Los malos han sido pocos, pero, cómo se han sentido…

Cinco días malos en dos semanas y media que han ido empeorando.

—Clover, no queremos obligarte a hablar de algo de lo que no quieres hablar —me dice Kevin con una suavidad y seriedad que pocas veces usa—. Tampoco creemos que seas débil. Tú… eres valiente, fuerte y maravillosa. Caerte cuando no te sientes bien no es de débiles. A veces es necesario llorar, lamentarse y sentir para poder continuar.

—No quería gritarles, solo estoy irritada porque no he dormido. Iré a la residencia a descansar. ¿Pueden prestarme los apuntes luego?

Comparten una breve mirada antes de aceptar. Tomo mi mochila y les dedico un intento de sonrisa antes de alejarme mientras escribo un rápido mensaje en mi teléfono.

Clover: estoy cansada, no iré a clase

Clover: me echaré una siesta. Te veo mañana, mi Irlandés

Doy otro vistazo a la hora en mi teléfono: 2.15.

Me envuelvo mejor con el edredón y desplazo la mirada por la oscura habitación antes de volver la atención al portátil que tengo frente a mí, específicamente a la pantalla que refleja mi búsqueda en Google:

«Pastillas para dormir».

Estoy agotada.

Faltar a clase no me ayudó. No pude echarme la siesta; pese al cansancio de mi cuerpo y mi mente, no pude relajarme. Cerraba los ojos y nada pasaba. Lo intenté con música y pensando en cosas relajantes, pero no pude dormir, y ahora es de madrugada y sigo igual.

—El temazepam me ayudaría a dormir del tirón —murmuro, leyendo los componentes.

Pero es un medicamento con efectos secundarios y no puedo tomarlo sin receta. Sin embargo, estoy tan desesperada por dormir que por un momento me pregunto si debería escribirle a uno de los camellos del campus. Tal vez alguno de ellos pueda conseguirlo y…

—¿Qué piensas, Clover? —me pregunto horrorizada—. No puedes pedir pastillas para dormir que no te han recetado… No puedes pensar en ello. ¿Qué te pasa? ¿Tanto te han jodido la cabeza?

Cierro el portátil, molesta y decepcionada, y me sumo en una oscuridad inmediata antes de que encienda la linterna del teléfono. Aún envuelta en el edredón, me pongo de pie, abro la puerta de mi cuarto y camino hacia la habitación de Edna, pero las risitas que provienen de su interior me hacen saber que está acompañada, y no le cortaré el rollo con mi problema.

Suspirando, regreso a mi habitación y me acuesto tras dar otro trago a la botella de agua que traje conmigo. Apago la linterna del teléfono y cierro los ojos para intentar dormir.

—Vamos, puedes hacerlo.

Las lágrimas de frustración se deslizan por mis mejillas, humedeciendo la almohada antes de que presione el rostro contra ella para ahogar los sollozos.

Solo quiero descansar. Es lo único que quiero y necesito.

Vuelvo a mirar la hora en mi teléfono: 2.46.

Clover: no puedo dormir

Clover: llevo más de cincuenta horas sin dormir

Clover: solo quiero descansar, ¿por qué no puedo hacerlo?

Bloqueo el teléfono y lloro un poco más antes de ordenarme que respire profundamente.

Los minutos pasan. Aunque mi mente no piensa en algo concreto, sigo igual de tensa y despierta.

Mi teléfono vibra sobre la mesita de noche y lo tomo. Son las 3.22. Sin embargo, reparo en la respuesta a mi mensaje:

Mi irlandés: abre la puerta, mi trébol

De nuevo, los ojos se me llenan de lágrimas mientras camino hasta la sala. En la habitación de Edna ya no hay ruido, deben de estar durmiendo.

Abro la puerta con lentitud y me encuentro a Callum con un pantalón de chándal verde menta y un suéter con el escudo de Ocrox, despeinado y con los ojos hinchados, pero luciendo una media sonrisa. Tiene una mochila colgando del hombro y en la mano sostiene un termo.

—Viniste.

—Si me necesitas, aquí estaré, mi trébol.

Acorto la distancia entre nosotros y lo abrazo antes de comenzar a llorar. Siento que me envuelve con uno de sus brazos mientras nos hace avanzar y cierra la puerta.

Odio que me vea así.

Pero me encanta que esté aquí, no estar sola, tener su apoyo.

—Lo siento —digo en medio de un llanto que trato de que sea flojito para no despertar a Edna y su compañía—. Es que llevo días sin dormir, mi cerebro no se apaga, lo intento y no puedo. Estoy desesperada. He buscado en Google pastillas para dormir sabiendo ya la respuesta, que todo es con receta médica, y la desesperación me hizo pensar por un instante en contactar con un camello del campus que me las conseguiría. ¿Te das cuenta? He caído bajo, muy bajo, Callum.

—No has caído bajo.

—Sí.

—Entonces, si lo sientes así, sabes que puedes levantarte. —Me planta un beso en la sien—. Vamos a tu habitación.

Cuando llegamos, gradúa la luz hasta que queda de una tonalidad tenue antes de abrir la mochila y sacar un juego de sábanas.

—Siéntate mientras me encargo.

Lo dejo tomar el control. Me recuesto en la silla de mi escritorio y lo miro mientras pone a un lado el nuevo juego de sábanas y me sirve en la tapa del termo lo que sin duda luce como té, y me lo entrega en mis manos temblorosas.

—Manzanilla con un toque de lavanda… y tres gotas de valeriana.

—¿Tienes valeriana en casa?

—Stephan tiene para cuando está muy estresado por alguna clase y necesita ayuda para relajarse, y ya sabes que le encanta toda esa mierda de las infusiones. Bébela, te ayudará a relajarte mientras cambio las sábanas.

Asiento. Bebo y continúo mirándolo.

—La almohada está mojada por mis lágrimas, no es baba —digo, y él ríe por lo bajo y sigue en ello—. ¿Crees que eso ayudará?

—Cuando Arlene era pequeña, tenía terrores nocturnos en ocasiones y mamá siempre le cambiaba las sábanas porque a ella le resultaba reconfortante y lo veía como una nueva oportunidad para intentar dormir. Es algo que Arlene continúa haciendo cuando no puede dormir. Puede que sea solo simbólico, pero la ayuda.

Asiento, me parece que tiene sentido. Puedo imaginar a la hermana menor de Callum siendo así de valiente.

Cuando termina de cambiar las sábanas, saca de la mochila su perfume junto con su loción de después del afeitado.

—Me escribiste porque te genero seguridad, confías en mí y me asocias con dormir sin problemas cuando pasamos la noche juntos —dice, rociando un poco de ambos en las sábanas—. Esto te hará sentirte acompañada cuando no esté.

Trato de fingir que los ojos no se me llenan de lágrimas mientras bebo la infusión.

Cuando termina saca algo de la mochila y se acerca a mí.

—Imaginé que tendrías los ojos irritados, por lo que traje mis lágrimas artificiales.

—Gracias al cielo —musito, inclinando la cabeza hacia atrás para que pueda aplicarme una gota en cada ojo.

El alivio refrescante es casi inmediato.

Me termino la bebida y él vuelve a tapar el termo, que deja en mi mesita de noche. Hace un montoncito con las sábanas sucias contra mi armario y me lleva a las sábanas frescas que huelen a él. Veo que toma algo de la mochila mientras me meto debajo de la sábana, se lo unta en la mano y, cuando se acuesta a mi lado, apago las luces y después siento sus dedos en un lateral de mi cuello hasta que bajan a mi hombro, masajeándome.

—Hay noches malas, mi trébol, pero no dejaremos que sean eternas —me promete.

Sus dedos trabajan mi cuello, mis hombros, mis brazos e incluso mis dedos antes de pasar a mi rostro y mi cabello.

No consigo dormirme de forma inmediata, pero me relajo sintiendo el calor de su cuerpo y siguiendo el ritmo de su respiración.

Le pregunto qué hora es, pero se niega a decírmelo, me pide que no piense en ello y continúa.

La manzanilla, las sábanas nuevas, sus manos y su compañía… Cuando creo que nada va a funcionar, finalmente me siento los ojos pesados.

Estoy segura de que han pasado horas, que es posible que el amanecer esté cerca, pero mi cuerpo se rinde y consigo sumirme en el sueño pensando en las palabras de Callum: las noches malas no son eternas.

clover_libro_02-10

Estoy en un pequeño grupo de personas que mantienen una conversación interesante sobre una fiesta que se celebrará en una de las fraternidades. Normalmente prestaría atención y hablaría muchísimo más, en lugar de decir unas palabras aquí o allá, porque todos sabemos que me encanta hablar y a la gente le gusta escucharme.

Podría justificarme con que estoy distraído con la exposición que me tocará dar hoy en una de mis clases y que cuenta para el treinta por ciento de mi nota final, pero la verdad es que pienso en Clover.

En Clover llorando hace dos días en mis brazos mientras me confesaba que no podía dormir, y luego durmiéndose al amanecer pegada a mi cuerpo como si temiera que me fuese.

Agradezco haber sabido todos esos consejos para dormir sin medicación gracias a mi madre y también agradezco lo bueno que soy actuando para fingir que no me cagué de miedo cuando Clover me confesó que había estado pensando en ir a buscar a los traficantes del campus para que consiguieran droga bastante fuerte para dormir; mi preocupación radica en que son drogas duras y fuertes con serios efectos secundarios y probabilidades de adicción. Ingerir píldoras para dormir sin que te las hayan recetado es un tema grave.

Ayer nos perdimos las clases porque nos despertamos al mediodía. Al principio actuamos con normalidad, hasta que nos sentamos a conversar sobre lo sucedido.

Nunca había visto a mi novia como alguien terco, pero ayer me di cuenta de que tiene mucho de eso cuando le da miedo enfrentarse a realidades que no son bonitas y que duelen. Cuando mencioné ir a terapia, se enfadó. No insistí porque no puedes obligar a alguien, tiene que tomar la decisión por su cuenta, y vi que no estábamos llegando a ningún punto, así que opté por sugerirle que volviera a correr y que lo hiciéramos juntos. Aunque no lo dice, sé que le asusta hacerlo sola desde que estuvo desaparecida. La insté a que meditáramos juntos al menos media hora por la noche y eso le agradó, también le enseñé a prepararse la infusión para cuando yo no esté a su lado y le di una crema que ayuda a relajar los músculos.

—¿Tú qué opinas, Irlandés?

Parpadeo y vuelvo a la conversación sobre la fiesta. Les pido que me repitan la pregunta, que es una estupidez: sobre si creo que la cerveza será barata porque el hijo del embajador de Chile y dos hijos de una pareja perteneciente a la Cámara de los Lores forman parte de la fraternidad, además del sobrino o no sé qué de un actor que no conozco y que aparece en una serie nueva que les encanta a todos.

—Si quieren buenos tragos, lleven los suyos. —Es todo lo que digo, y me dan la razón como si hubiese dicho gran cosa.

Me quedo un poco más con ellos hasta que mi mirada se topa en Jagger y James, que van caminando juntos mientras se ríen de algo. Sé que con ellos estaré más entretenido, por lo que me despido de este grupo y troto hacia los dos estudiantes de primer año, que son sorprendentemente populares.

—Irlandés —me saluda James cuando me meto entre los dos.

—¿Irán a la fiesta de la que todos hablan?

—Iré al cine con Lindsay —me responde Jagger.

—Yo sí iré. ¿Te veré ahí?

—Paso, Clover y yo nos quedaremos a ver Todo en 90 días: Antes del viaje.

Jagger y James dejan de caminar para mirarme con desconcierto, y me encojo de hombros antes de sonreírles.

—A mi trébol y a mí nos encanta ver este tipo de programas, nos entretienen.

—Por cierto, ¿Clover está bien? —me pregunta Jagger, y arqueo ambas cejas hacia él.

—¿Por qué lo preguntas?

—Hace dos días la vi gritándoles a sus amigos y parecía estar a punto del colapso. Ni siquiera me oyó cuando le pregunté si estaba bien al irse.

—Tuvo un día difícil —me limito a decir.

Jagger no sabe que Clover estuvo varias horas desaparecida, cómo la encontramos ni las consecuencias con las que está lidiando.

Además, ese día todos estaban más concentrados en la expulsión de Bryce. Y hablando de él…

—Así que… ¿qué se sabe de Bryce? —pregunto, no tan casualmente.

—Nada, esa escoria por fin se fue y no sabremos más de él —celebra James, y asiento no muy convencido.

Una persona que tuvo tanto dominio y poder en el campus y que al parecer tenía planes con su droga no puede desaparecer y ya. Por supuesto, me encantaría que ese fuese el caso, pero me pregunto si en un futuro Bryce Rhode volverá.

El tío Lorcan dice que no puede acercarse ni a Clover ni a mí porque estamos bajo su protección, pero no dejo de pensar que, si no somos nosotros, ¿quién será su próxima víctima? ¿De verdad los estudiantes del campus estamos a salvo?

—Sé que podría empezar a estudiar en la Ocrox de Washington —comenta Jagger—, pero no preguntes cómo lo sé, porque no te lo diré.

—Muy típico de ti. Pero lo importante es que está lejos, en otro continente, con todo un océano separándonos —enfatizo—. No puedo evitar preguntarme cuántos líos montará en Washington, aquí dejó demasiados… Y debe de tener mucha influencia para que lo acepten en otra sede cuando debería tener un expediente abierto aquí.

—La burocracia y el nepotismo —agrega James.

Sé que se trata también de sus conexiones criminales, pero no puedo decirlo.

—Parece que nos deshicimos de él. —Jagger me sonríe y le devuelvo el gesto—. Bryce ya no es nuestro problema.

Y espero que tenga razón, porque Bryce Rhode ya me jodió mucho la vida. Es lamentable pensar esto, pero espero que él ya no sea mi problema y que se convierta en el de otro.

clover_libro_02-11

Las personas suelen decir que el tiempo lo cura todo. Aunque mayormente sería escéptica con ello, tengo que admitir que, si bien el paso de las semanas no ha borrado lo ocurrido, podría decir que me he ido adaptando.

Ha pasado un mes y medio desde el ataque. Todavía hay días en que me cuesta conciliar el sueño y en ocasiones me es inevitable no quedarme pensando en todo el espacio vacío de mi cabeza donde deberían estar mis recuerdos, pero entonces suspiro y la verdad es que un retorcido alivio me recorre al darme cuenta de que me estoy protegiendo, que probablemente puedo vivir sin esos recuerdos.

A veces, cuando me embarga la angustia de imaginar cosas que pudieron pasar, recuerdo que los exámenes determinaron que no fui violada, lo que me da una especie de tranquilidad. Me he esforzado mucho en no intentar suponer lo que pudo haber sucedido, y decidí convencerme de que ese día no existió. A veces resulta difícil y frustrante cuando tienes amigos y un novio preocupados, con ansias de saber qué ocurrió y con la necesidad de que vuelvas a ser tú misma.

Tomar la decisión de dejar mis recuerdos encerrados en un lugar de donde espero que no salgan me ha permitido avanzar y poco a poco me siento yo misma. Retomé mis rutinas, me divierto con mis amigos y, aunque Callum todavía no da el primer paso de intentar follar, hemos sido juguetones con nuestra boca y nuestras manos. Él ha ido con cuidado desde que se la chupé en su sofá y me negué a que me lo devolviera; creo que lo sintió como un rechazo y como sinónimo de que no estoy lista para el sexo.

La primera vez que su boca volvió a estar entre mis piernas, temí que aflorara algún recuerdo o evento traumático, pero lo único que sentí fue placer, confianza y comodidad mientras le dejaba hacerme algo en lo que sabía que era muy bueno. Comernos el uno al otro ha sido increíble, y también tocarnos y besarnos hasta el orgasmo, pero me estoy volviendo impaciente por la falta de sexo. Me preocupa pensar que Callum tenga sus reservas debido a la incertidumbre de lo que pasó ese día, incluso cuando una parte de mí reconoce que eso es un pensamiento estúpido.

Me enerva que la «normalidad» no llegue con facilidad. Si bien todo mejora, me pregunto si en algún momento todo será como antes, si tal vez el hecho de negarme a recordar lo empeora, pero no pienso retroceder, no pienso mirar atrás.

—¿Te quedarás con los ojos perdidos para siempre o moverás el culo para que vayamos a por café? —me pregunta Oscar con su bondad y sutileza habituales.

—Tan amoroso como siempre —se ríe Maida.

Asiento en acuerdo mientras guardo mi libro de prácticas forenses dentro del bolso tipo mensajero y me pongo de pie para seguirlos hasta la salida.

—Siento que el próximo examen será un ataque brutal a nuestros cerebros —dice Maida, enlazando el brazo con el de Oscar.

—Podemos con ello —aseguro, porque sé que somos malditamente buenos.

No me queda duda de que a mis amigos y a mí nos espera un futuro brillante dentro del mundo de las Ciencias Forenses, y que nuestro título universitario vaya a tener el sello de la Universidad Ocrox de Nottingham garantiza que se abrirán muchas puertas. Por eso me he esforzado en ser de las mejores de mi promoción y así conseguir siempre ser una de las primeras opciones, y ha funcionado muy bien, excepto en las clases que comparto con Callum, porque creo que aún nadie es capaz de superarlo, pero, para mi fortuna, él estudia Criminalística.

Oscar, siendo como es, no puede evitar comentar que el examen será un juego de niños comparado con el hecho de que nos acercamos cada vez más al momento temido de muchos: el trabajo de fin de grado. Y sonrío al escucharlos debatir sobre qué es peor, pero no intervengo porque mientras camino intercambio mensajes con Callum.

Clover: ¿Qué tal pasar la noche en mi resi?

Clover: estoy dispuesta a dormir desnuda si tú me calientas

Mi irlandés: pensé que tenía el talento nato de calentarte con solo mi presencia

Lucho contra la risa mientras escribo con rapidez mi respuesta antes de que entremos en la cafetería, donde pido un chocolate caliente y me pongo a un lado junto a mis amigos y espero la respuesta de Callum, que no tarda en llegar.

Mi irlandés: sé que te mueres por mis huesos

No es algo que pueda negar, pero me planteo ser directa en mi próximo mensaje. Decido hacerlo porque siempre hemos sido sinceros el uno con el otro y no está en mí guardarme mis pensamientos e inquietudes. La honestidad y confianza es algo que me encanta de nuestra relación, así que apoyo la cadera sobre el mostrador mientras tecleo con rapidez.

Clover: ha cambiado algo desde ese día que deba saber? Siempre hemos tenido un apetito sexual muy grande y no puedo evitar pensar que, pese a que te la chupo con regularidad y tú me comes siempre que puedes, más allá de eso, de meterme dedos y hacerte pajas, no hemos follado. No soy una mujer insegura, pero tengo que admitir que me inquieta el estatus del sexo en nuestra relación

Clover: no quiero que me percibas como una mujer frágil a la que vas a romper, porque me gusta que seas duro conmigo, adoro cada instante en el que siento que empujas dentro de mí. Estoy bien, Callum, y también tengo necesidades. Estoy ansiosa de que me folles, de que el sexo vuelva. Amo tu boca y tus dedos en mí, pero también me encanta cómo se siente tu polla en mi coño

Clover: puede que no recuerde lo que sucedió ese día, pero no estoy rota. Aprecio tu cuidado y delicadeza fuera de la cama, pero eso no tiene lugar en el sexo entre nosotros, no somos así. Quiero recuperar nuestra vida sexual, confía en mí, puedo con esto. Quiero esto

Clover: soy una bomba de deseo sexual a nada de explotar. Un mes y medio sin estar juntos es demasiado y lo sabes. Sé que me deseas, pero si temes por mi salud mental o emocional, ellas están a bordo de que volvamos a follar. En serio, estoy bien, soy fuerte

—Pareces estar escribiendo algo realmente intenso —dice Oscar, intentando ver mi pantalla, pero la bloqueo tras confirmar que los mensajes se marcan como leídos.

—Asuntos de novios —respondo—. Es que…

—¿Sí? —me insta Maida mientras tomamos nuestros pedidos ya listos.

Hago un gesto con la cabeza para que nos sentemos en el lugar menos concurrido antes de comenzar a hablar:

—Callum y yo no hemos follado desde aquel día.

—¿No lo han hecho? —Maida suena incrédula, y yo bebo de mi chocolate, que está demasiado caliente—. Pero si ustedes siempre andan cachondos el uno por el otro. Tengo la teoría de que en el campus nadie folla tanto como ustedes.

—Hemos tenido sexo oral y trabajo manual, pero no hemos follado con penetración.

—¿Temes que sea porque Callum te ve diferente por lo sucedido? —me pregunta Oscar, leyéndome muy bien.

—Sé que suena estúpido, pero sí.

—No es un pensamiento estúpido —me tranquiliza—, pero te sientes así porque en el fondo sabes que él solo quiere ser cuidadoso, que tal vez crea que no estás lista para ello. Él no lo ha iniciado, pero tú tampoco, ¿verdad?

Asiento antes de maldecir al quemarme la lengua con el chocolate.

—Canela Pasión Oriental —me dice Maida con suavidad, sosteniendo el café entre ambas manos—, seré honesta. Cuando te encontramos, te veías… mal. Fue aterrador y angustiante.

Egoístamente no había pensado en el impacto que tuvo que ser para ellos encontrarme en esas condiciones. De alguna manera eso también los marcó. Ese día no solo fue catastrófico para mí, y debo tenerlo en cuenta.

—No me gusta que me pregunten por algo que no sé. Tienen razón, soy fuerte y no voy a romperme.

—Bien, entonces todo aclarado —celebra Maida, dándole un apretón a mi mano antes de ponerse cómoda en el asiento—. Volviendo al tema de Callum. Igual que acabamos de hablar, debes hacerlo con él…

—Justo eso es lo que escribí por mensaje. Lo solté todo y…

En ese preciso momento, mi teléfono vibra con su respuesta, que rápidamente decido leer.

Mi irlandés: Te estaba esperando. Sé que eres fuerte, mi trébol. Prepárate, te follaré tan fuerte que no sé cómo conseguirás volver a caminar

—Esa sonrisa sucia me dice que él lo entendió —comenta Oscar.

—Oh, mi irlandés lo entendió muy bien.

Mi teléfono vuelve a sonar y pienso que se trata de Callum, pero en realidad es una foto que proviene de un número desconocido.

La imagen enfoca una parte del lateral del rostro de alguien. Lo llamativo es que la piel tiene una cicatriz de un rojo profundo, como una especie de queloide, y aunque apenas se muestran unos pocos centímetros, parece que hay más fuera del enfoque de la cámara.

Eso es todo.

—Qué raro —musito mientras le escribo a la persona que se ha equivocado. Poco después, la imagen se elimina y el número me bloquea.

Este mes y medio de ausencia de Bryce nos ha dado la oportunidad de llevar una vida universitaria normal, sin más preocupaciones que las clases, los amigos, estar en contacto con mi familia y Callum. Incluso he ido a varias fiestas, pese a que me he dedicado más a bailar que a beber, pero me lo he pasado bien.

Ya no tengo que caminar con miedo ni angustiarme por tener a Bryce respirando detrás de mí. Además, Lorcan nos prometió alertarnos si alguna vez Bryce volvía al país. Con esa escoria fuera de nuestras vidas, Callum y yo tuvimos la oportunidad de comenzar a salir más. Bueno, no todo era idílico, teniendo en cuenta que aún estaba la sombra de lo que ocurrió ese día, pero, tras mi arrebato de mensajes de ayer, siento que finalmente va quedando atrás.

Pensé que Callum aparecería ayer en mi resi, directo a follarme, pero la verdad es que solo fue a hacerme la cena y darme unos deliciosos besos, y luego tuvo que irse porque debía terminar un trabajo de alguna clase para hoy.

Sin embargo, me compensa muy bien con el pícnic que estamos teniendo en este momento al aire libre frente a la Facultad de Medicina. Los toques sutiles, las sonrisas y miradas me hacen saber que estamos iniciando un juego previo al sexo, y estoy muy emocionada.

Incluso la pequeña discusión que estamos teniendo sobre una de nuestras clases compartidas parece leña que arrojamos a nuestro fuego.

—Deja de actuar como un sabelotodo y rellena tu libro de práctica como quieras. Luego verás que tengo razón cuando tu nota sea más baja que la mía —aseguro.

—¿Le preguntamos a Oscar para confirmar quién tiene razón? Si estoy equivocado, quiero saberlo antes de comenzar a estudiar para el examen final.

—¡Bien! Vamos a preguntarle y verás que yo gano.

—¡Apostemos! —dice con una sonrisa entusiasta—. ¿Qué quieres si ganas?

Entrecierro los ojos hacia él, consciente de que apostar con Callum es tanto un peligro como un extraño juego previo.

—Si gano yo, cumpliremos una de mis fantasías.

—No necesitas apostar por ello, con gusto lo hacemos. —Me guiña un ojo—. Ahora, viendo que esto va a ser sobre sexo, si yo gano, te follaré en un lugar inesperado que yo elija.

—Trato. —Extiendo la mano.

—Trato.

Por cómo suena, me irá bien tanto si pierdo como si gano.

Mientras él saca su teléfono y comienza a escribirle a Oscar y también a Kevin, el mío vibra y sonrío al ver que se trata de Valentina.

—¡Hola! —la saludo con entusiasmo.

—Cariño, si quieres estar para el nacimiento de tu hermanito, será mejor que te pongas en marcha. Las contracciones ya han empezado y, aunque son muy leves, podría nacer en pocas horas. Odio esta sensación.

—¡Por fin! —digo, recogiendo con una mano todos mis apuntes de sobre la mesa—. Estaré ahí, lo prometo. Ya mismo me pongo en marcha. Te amo, puedes con esto y más.

—No tengas bebés, Clover —se lamenta con un pequeño gemido lastimero—. Date prisa, aquí te espero.

La llamada finaliza y Callum me pregunta qué sucede.

—Necesito tu auto o un taxi. Mi hermanito va a nacer y tengo que estar ahí. —Cierro la mochila—. Tengo que llegar a Londres hoy.

—Es un viaje de tres horas, creo. Puedo llevarte. —Recoge sus cosas y el pícnic improvisado que teníamos.

—Es jueves, te perderías la clase de mañana.

—No he faltado nunca, y Kevin puede darme los apuntes. Vamos, mi trébol, te llevaré a conocer a tu hermanito.

Sonriendo, me acerco a él y le doy un beso en la boca antes de abrazarlo.

—Gracias, gracias, estoy emocionada.

Conseguimos preparar la mochila rápidamente con unas cuantas prendas de ropa, poner gasolina y llevarnos bocadillos para el largo camino. Contenta, les escribo a todos mis amigos haciéndoles saber el acontecimiento. Cuando nuestro viaje por carretera comienza, Callum detiene el auto.

—¿Qué sucede? —pregunto alarmada.

—¡Duendes! Conoceré a tu papá —dice con los ojos muy abiertos.

—Oh.

—Sí. «Oh».