A todas esas personas que inequívocamente alguna vez han tenido que preguntarse: ¿por qué me pasa esto a mí?
A todos esos corazones que cargan con culpas que aún trabajan en sanar y que todavía cuesta soltar.
A esas almas heridas que han sido lastimadas, ultrajadas e incluso asesinadas cuando su «no» no fue escuchado.
A los que viven sabiendo que fuera hay un mundo repleto de monstruos, pero aun así se levantan con valentía y enfrentan día tras día.
A los esperanzados, atormentados, valientes y no tan valientes que aun así lo intentan.
A los que creen, a los incrédulos, a los soñadores y a los realistas.
A los que intentan definirse y solo encuentran en sí mismos una serie de contradicciones que los hacen ser quienes son.
A los que sonríen, a los que lloran, a los que se permiten vivir las alegrías, pero también abrazar el dolor.
Y a ti que existes, que temes y vives porque aun cuando sabes que el mañana es incierto te levantas con la esperanza de vivir un día mejor.
El mundo es aterrador y vivir muchas veces duele, pero no olvides que eres una estrella de este enorme misterio que llamamos universo y tu luz importa, no debe apagarse e incluso si apenas titila, aquí estaremos para apreciarte.
PLAYLIST
Old Me de 5 Seconds of Summer
Moves like Jagger de Maroon 5
Maroon de Taylor Swift
Enemy de Imagine Dragons
Dazed & Confused de Ruel
Out of the Woods de Taylor Swift
Teenage Dream de Katy Perry
Not Afraid Anymore de Halsey
Play with Fire de Sam Tinnesz
Dark Red de Steve Lacy
I’m Tired de Labrinth & Zendaya
Bones de Imagine Dragons
Welcome to My Life de Simple Plan
Tuyo mía de Danny Ocean
Human de Rag’n’Bone Man
Him & I de Halsey & G-Eazy
Adore You de Harry Styles
Dusk Till Dawn de Zayn & Sia
Secrets de OneRepublic
Set Fire to the Rain de Adele
De cero de Morat
Dame de RBD
Luna de Zoé
Salir con vida de Morat
Wake Me Up de Avicii & Aloe Blacc
Somewhere I Belong de Linkin Park
Die for You de The Weeknd
Welcome to the Jungle de Guns N’ Roses
EL NEGOCIO
El negocio no es un culto secreto ni tampoco tiene pretensiones de ser una mafia.
No es un juego de niños, pero se supone que es inofensivo.
Está para dar respuestas y encontrar soluciones.
Y, aunque no lo sabe todo, conoce muchas cosas.
En teoría, no lastima, tampoco quiere ocasionar daño.
Somos simples estudiantes, con herramientas, ingenio y demasiada curiosidad que coquetean con el poder.
El negocio nació como una herramienta de ayuda, un simple proyecto destinado a hacer las cosas más fáciles. Un medio honesto, fiable y legal para alcanzar un fin.
Pero todo cambió cuando ella fue la consecuencia de un error, cuando su vida fue destruida por algo que apenas comenzaba.
Nada es igual desde entonces.
Hemos crecido. Todos creen en nosotros. Todos quieren nuestra ayuda.
Sin embargo, también quieren destruirnos.
Destruirme.
Seguimos siendo tan legítimos como se puede ser, pero no siempre somos correctos.
Seguimos siendo los mismos integrantes.
Seguimos ayudando y cobrando por ello.
Pero ahora todo se siente más oscuro.
Ya no parece tan inocente.
Ya no es inofensivo.
Este es el negocio y todos siempre vienen a por ayuda.
Todos vienen a mí. ¿Sabes por qué?
Porque te ofrezco soluciones, escondo tus trapos sucios y mejoro tu vida. Pero no te equivoques, no soy el chico bueno. Sin embargo, tampoco soy el chico malo.
Ahora, dime: ¿qué necesitas?
Te doy la bienvenida a mi negocio. Si necesitas ayuda, solo pregunta por mí, Jagger Castleraigh.
NOTA NO ENTREGADA A JAGGER



OCROX UNIVERSITY OF NOTTINGHAM: «TOMANDO EL PASADO, APRENDIENDO EL HOY Y EDUCANDO AL FUTURO»
Tras alternar durante los últimos cuatro años como la universidad número dos o tres en el ranking mundial de las universidades con mayor desempeño académico y egresados con un futuro prometedor junto a sus sedes de Viena (OUOV), Berlín (OUOB), Sídney (OUOS) y Washington (OUOW), la Ocrox University of Nottingham consigue ser la número uno.
Y es que la prestigiosa institución, con un variado y completo plan de estudios que abarca un sinfín de especialidades, demuestra una vez más por qué sus estudiantes tienen la suerte de educarse dentro de sus instalaciones.
Con una enriquecedora arquitectura que rinde homenaje al pasado, pero celebra los cambios de la modernidad, la OUON ofrece un ambiente sano, didáctico e idóneo para que sus estudiantes convivan en medio de sus estudios, recreándose con actividades extracurriculares, estableciendo vínculos afectivos y desarrollando muchas de sus capacidades sociales.
Este año, el nivel de abandono de los estudiantes de la institución se redujo a un 13 por ciento, lo que la ha convertido en la universidad con el porcentaje más bajo. ¿Qué estudiante quisiera darse de baja en una universidad que parece tenerlo todo?
Con cuatro grandes fraternidades y cinco hermandades, los estudiantes forjan un vínculo y relaciones personales que los hacen sentir cómodos y en casa, desarrollando una experiencia social con fiestas, reuniones, actividades al aire libre y torneos que se hacen desear. También encontrarán edificios residenciales con un costo elevado y otros pocos con precios accesibles. La universidad cuenta con un programa de ayuda estudiantil que les permite a algunos estudiantes trabajar durante veinte horas a la semana a cambio de una remuneración económica de un 80 por ciento del salario mínimo.
En cuanto a lo académico, no hay que olvidar que la institución cuenta con un profesorado enriquecido en conocimientos, premios y reconocimiento internacional que forjan al futuro.
La OUON es la cuna de los grandes profesionales que cambiarán el mundo.
Esta institución también celebra la diversidad y acumula sus propias costumbres y tradiciones, siendo la fuente de sabiduría ubicada entre la Facultad de Medicina y Ciencias Tecnológicas el lugar que alberga un sinfín de monedas de diversos países cubiertos de sueños y deseos de los estudiantes que asumieron el reto y la responsabilidad de ser parte de esta comunidad universitaria.
En lo referente a la seguridad, es importante recordar que el campus universitario cuenta con una moderna, amplia y eficaz seguridad de alta gama que se ha ido fortaleciendo a lo largo de los años con el propósito de brindar seguridad a todo el alumnado (habría que recordar que hijos de importantes empresarios, políticos, celebridades y figuras públicas asisten a esta casa de estudio), y, aunque a lo largo de los años los rumores del uso de drogas no han cesado, esta sigue pareciendo una movida típica e inevitable de la vida universitaria, nada muy grande, se aplica un férreo control sobre ello.
Aún continúa el programa de otorgamiento de becas para jóvenes de entre dieciocho y veintidós años del tercer mundo, reafirmando de esta manera su compromiso de brindar oportunidades a estudiantes de bajos recursos con gran potencial.
Con tal despliegue de capacidades, parecería imposible no hacer a Ocrox University of Nottingham la número uno finalmente.
¡Felicidades a la OUON! Sin duda alguna, siguen siendo la cuna de un buen futuro y el comienzo de grandes oportunidades.
PRÓLOGO
Tienes que estar bromeando.
Tienes que estar jodidamente bromeando.
Miro incrédula a Rose, mi hermana mayor, y solo puedo pensar: «¿Por qué mis padres me dieron una hermana estúpida?». Estoy a muy poco de enloquecer y, aunque por lo general eso sucede con bastante facilidad cuando pierdo el control de las cosas, esta vez es muy diferente.
En general, Rose no suele ser tan estúpida como lo es en este momento. Suele ser una chica que, aunque se mete en problemas, sabe cuándo no debe excederse y que ha sabido llevar bien, mejor de lo que se esperaba, sus asignaturas en la universidad. Es sociable, amigable con todos e incluso empática, pero no es la mejor a la hora de escoger relaciones amorosas.
En este momento, se encuentra con la vista clavada al suelo mientras mueve uno de sus pies como si esperara con temor mi veredicto, el cual básicamente es colocarle un candado en las bragas y lanzarle un manual de las normas a su profesor.
—¿Eso no pasaba solo en los libros que lees, Rose? —pregunto aparentando calma, sin embargo, tengo un tic nervioso en el ojo izquierdo que me delata.
—Sí, pero ¿quién dice que no podemos adaptar un libro a la realidad?
Es una buena actriz, pero la conozco demasiado bien para tragarme la inocencia que aparenta en este momento.
—¿Y esa es la parte que se te ocurrió adaptar?
—¿Sí?
—¡Oh, Dios mío! ¡Oh, Dios mío! Voy a matarte. Quedarás tan muerta que ni los gusanos querrán comerte.
—Por favor, debes ayudarme. Por favor.
Une las manos en la pose universal de súplica, hace un puchero con los labios y pestañea una y otra vez. Ella es una experta en derretir a las personas, le doy el crédito por eso.
—No es mi deber, Rose.
En otra ocasión, la llamaría Rosie, como he hecho siempre, pero de verdad que estoy muy enfadada.
—Pero eres mi hermana y estoy muy asustada. Estoy desesperada.
Compartimos una larga mirada y termino por suspirar.
Me encantaría ser más determinada y firme sobre mis decisiones, pero la verdad es que nunca le he dado la espalda a mi hermana mayor, ni siquiera cuando se trata de grandes problemas.
—Vete, déjame pensar cómo sacarte de este lío, Rose.
—¿Lo prometes?
—Es eso o matarte, y no tengo lugar donde sepultar tu cuerpo.
De nuevo sus labios se convierten en un puchero antes de que salga de mi habitación. Una vez que estoy sola, comienzo a caminar como un animal enjaulado o como un prisionero sin cigarrillos en la cárcel. ¡Mierda! ¿Por qué tengo una hermana que en ocasiones puede ser tan estúpida?
Pienso en nuestro peculiar papá, en la locura y el estado de relajación de mamá. Sé que si ellos se enteran de las travesuras de Rose serán malas noticias, lo que haría que mi hogar se convirtiera en un completo caos.
Al final, cuando ya he caminado demasiado dentro de las cuatro paredes, me dejo caer en la silla de mi escritorio, inhalando y exhalando.
En mi cabeza evoco la voz de mamá dándome técnicas de relajación para no perder el temperamento. Verás, por norma general, soy una persona tranquila, no me gusta ser el centro de atención y disfruto más siendo una observadora, pero dentro de mí habita un pequeño demonio de fuego que llamo «temperamento». Este temperamento, cuando estalla, me convierte en alguien explosiva que actúa por puro impulso y que luego lamenta las consecuencias.
Mamá, con su constante estado de meditación y relajación, ha intentado que trabajemos en ello, pero, hasta el día de hoy, la mejor respuesta es solo evitar que mi temperamento estalle. Casi como si yo fuese una especie de Hulk —sin ser enorme ni verde— suelto por Inglaterra.
Venir a Ocrox University of Nottingham siempre me pareció la decisión correcta. Fue como cuando trazas una lista en donde están todas tus esperanzas y aspiraciones, todo parecía idílico y perfecto.
La OUON es una de las universidades más prestigiosas del mundo, junto a sus sedes en otros países. Todos saben que obtener una licenciatura, maestría o posgrado dentro de una institución educativa tan importante te garantiza un futuro prometedor.
Ingresar no es nada fácil y no solo para aquellos afortunados que obtienen una beca, sino también para los que costean su alta matrícula. Debes poseer una media bastante alta, aunque a veces supongo que la burocracia juega un poco a la hora de dejar entrar a algunos.
Lo primero que establecí cuando supe que Rose vendría a estudiar a la misma universidad fue sencillo: que no me metiera en sus futuros problemas. Porque Rose y problemas son dos palabras que siempre van de la mano. Como ves, no salí ilesa y ahora necesito soluciones para los problemas de mi hermana.
Miro fijamente mi portátil, aún estoy dentro del grupo de Facebook de la facultad. Estoy tan molesta…, pero necesito soluciones rápidas, así que me siento frente al objeto que servirá de herramienta para sanar el daño y comienzo a escribir rápidamente, aunque sé que no me pueden ayudar.
Dakota Monroe: ¡Ey! ¿Alguien aquí sabe cómo limpiar un desastre universitario sin que todos se enteren? Ya saben, lo usual, lo casual.

Doy clic a publicar mientras miro la pantalla fijamente, pero al darme cuenta de que no hay un cambio inmediato, comienzo a angustiarme de nuevo.
—¿Por qué? ¡¿Por qué?! —Golpeo mis pobres teclas como si ellas fueran Rose o su profesor.
Rose puede ser atolondrada, infantil y risueña, pero es mi hermana y nunca la dejaría en problemas. Lo cual es gracioso, porque ella es la hermana mayor por un año.
Entramos juntas a la universidad porque se tomó un año libre y aunque en general todos la consideran tonta, la verdad es que es buena estudiante. Incluso fue la número tres en la lista de espera de la universidad y consiguió entrar tras redactar un potente informe que convenció al consejo académico de que la admitiera. Sin embargo, esto es algo que ella no dice en público, por lo general deja que las personas crean que entró por algún tipo de corrupción y empujón, deja que todos piensen lo que quieran.
No me pesa ayudar a mi hermana cuando se mete en problemas porque, cuando la he necesitado, ella ha estado ahí para mí, pero a veces preferiría que no me involucrara, pese a que la mayor parte del tiempo sus problemas son mínimos y los soluciona sin mí. Cuando me involucra, tiendo a estresarme demasiado.
Pero bueno, me queda muy claro que ya he aceptado ayudarla con este lío, así que suspiro y vuelvo la mirada a la pantalla de la portátil. Supongo que muchos ignoran mi publicación y algunos son tan estúpidos que dejan un «me divierte» al que quiero responder: «No, idiota, no es divertido. Estoy a punto de sufrir un aneurisma». Pero entre tantos estudiantes sin corazón, tres se apiadan de mí y me dan la misma respuesta, que obtiene múltiples me gusta. En sí, no es una frase, oración o algo parecido. Son solo dos palabras que conforman un nombre y apellido: «Jagger Castleraigh».
Segundos después aparece una nueva respuesta. Una mano señalando al comentario de arriba junto a: «Ese es tu hombre, si él no puede meter tus trapos sucios bajo la alfombra, entonces date por perdida».
¿Jagger? ¿Tiene que ser Jagger?
Me declaro perdida.

Estoy apuñalando mi comida y todos somos conscientes de eso, pero déjame decirte que en mi mente tengo razones para ser tan agresiva con mis alimentos.
En primer lugar, Drew, quien me ha gustado durante el casi año completo que llevo acá, le está succionando la boca a Alondra, de quien, por cierto, detesto que me guste su nombre. Luego está el factor de que, desde la esquina de la mesa, con dos chicos aclamando su atención, Rose me mira con intensidad como si me implorara que le dijera que ya tengo solución para su problema.
Y, en último lugar pero no menos importante, está el hecho de que estoy planteándome hablarle a Jagger en serio y comprobar si es cierta toda la fama que le precede, y no exactamente la fama sobre sus habilidades «camísticas». Y sí, la palabra no existía, pero ahora sí.
Camística: Adjetivo relativo a las habilidades obtenidas bajo las sábanas, contra la pared, en la ducha, donde usted quiera ir a practicar lo que llamamos sexo.
Sé quién es Jagger. La verdad es que sería difícil que alguien no lo supiera cuando es uno de esos chicos que se hacen sentir a donde quiera que vaya, que llama la atención y que parece ser amigo de todos. Además, lo he visto estar en el círculo social de Rose un par de veces y ella lo ha mencionado unas pocas veces; no como una conquista, sino como una persona que ha sido amable con ella y una vez la ayudó a quitarse a un chico de fraternidad de encima cuando se volvió algo irrespetuoso. Sin embargo, nunca he tenido una conversación con él más allá de palabras de cortesía como «permiso», «disculpa» y «lo siento». Esta última fue cuando me tropecé con su espalda y se giró a observarme durante unos largos segundos que me hicieron sentir intimidada; a eso se reduce mi escasa relación social con Jagger.
Me duele la cabeza, tendría que ser una chica de diecinueve años con solo estrés pre y posparciales, sin todo este drama innecesario. Sentirme así me hace darme cuenta, muy a mi pesar, de que no hay manera en la que termine de comer, por lo que dejo que Avery, mi asocial compañera de piso, se tome el resto del desayuno que apenas he tocado.
Decido que lo mejor será que me vaya a clase. Me toca Finanzas y, debido a mi mal rendimiento en dicha asignatura, prefiero ir temprano. Así que, tras tomar mi mochila, me despido rápidamente de Avery y me pongo en marcha al auditorio donde se imparte la clase, pero no voy demasiado lejos cuando Rose comienza a caminar a mi lado.
—Tu clase no es en mi escuela, Rosie —señalo lo obvio y apuesto a que mi hermana entorna los ojos.
No me responde de manera inmediata. En lugar de ello, enlaza su brazo con el mío como una reina social que se encarga de devolver todos los saludos que llueven a su paso, muy diferente a mí, que, aunque soy amigable, mi circulo de «amigos» dentro del campus es bastante reducido debido a que vivo más por el estrés de llevar las clases al día.
—Gracias por ayudarme. —Nos detenemos frente al auditorio—. Sé que lo último que deseabas era que desequilibrara tu vida perfectamente planeada.
—No tengo tal cosa como una vida perfectamente planeada —la interrumpo.
Sí, tengo metas que, como cualquier persona, me gustaría alcanzar. Pero mi objetivo inmediato es conseguir buenas notas en mis materias. No soy mala estudiante, pero me cuesta memorizar las cosas y soy más de analizarlas en profundidad, por lo que algunas asignaturas me cuestan más que otras. He renunciado a mucha vida social en pro de encerrarme a leer mis textos para no quedarme atrás en mis clases, porque me lleva tiempo comprender todo a la perfección.
—Yo tampoco quería arruinarlo para ti, pero estoy asustada, Dakie. —Se lame los labios—. No parecen amenazas vacías y no entiendo por qué tanto odio por un desliz.
En eso tiene razón. Independientemente de su error de juicio, los pocos mensajes que le han estado llegando tienen un desprecio incontenible, como si Rose estuviese arrastrando consigo un odio que no va del todo dirigido hacia ella. No lo entiendo, pero quiero resolverlo.
Suspirando, le coloco las manos en los hombros y la miro fijamente a los ojos. Por suerte, solo es unos centímetros más alta que yo.
—No contaba con esto, menos en medio de mi supervivencia para aprobar una de mis clases —porque esto será una distracción—, pero eres mi hermana y quiero ayudarte. Lo único que te pido es que seas cuidadosa, no te guardes nada que pueda servirme y que esto no recaiga solo en mis manos.
—No seré pasiva en esto, promesa.
—Somos un equipo, encontraremos la solución.
—Gracias —lo dice con sinceridad. Le devuelvo la sonrisa, luego ella mira detrás de mí y levanta la mano para saludar—. Hola, Jagger.
Y, por alguna razón, me tenso y siento que las orejas se me calientan, apuesto a que me he sonrojado.
—Hola, Rose —dice la voz masculina y de tono grave detrás de mí.
Cuando me giro, me encuentro con su pecho a una distancia prudente y, cuando alzo la vista, mis ojos conectan con los suyos grises, que desde mi punto de vista son bastante intensos. Tragando, sin saludar ni decir nada, vuelvo a girarme hacia mi hermana.
—Te veo después, Rosie.
—Presta atención a clase, Dakie —bromea mi hermana antes de prestarle atención a Jagger.
Se despide con la mano y escucho a Jagger hablarle. Luego creo que ella camina hacia él, pero no estoy segura porque entro con rapidez al aula y subo las escaleras en busca de un asiento que resulta estar en la sexta fila.
Como tengo unos minutos libres, los dedico a pensar en la situación de mi hermana.
¿Quién le dijo a Rose que fuera y se acostara con su profesor de Ética? Quien irónicamente parece no tener ética. Sí, el tipo tiene un trasero aceptable, treinta y dos años y una melena llena de rizos rubios para morirse, pero hay estudiantes mucho mejores que él. Estudiantes que estarían felices de salir con Rose.
En el casi año que llevamos en la OUNO, Rose lo había hecho bien. Aunque se enredó con personas que, siendo franca, me parecieron cuestionables o no me importaron, nada había sido tan épico como esto.
Tan épico como para tener a algún enfermo diciendo que la grabó a mitad de un encuentro sexual con su profesor. Tan enfermo como para enviarle capturas de ciertas partes del vídeo. Lo sé, es perturbador y es el tipo de problemas que esperas que solo pasen en una producción de cine independiente, con un buen mensaje de «no al acoso», pero en esta ocasión es real.
Masajeándome las sienes, intento aplacar mi dolor de cabeza, pero dejo de hacerlo en cuanto el teléfono me vibra en el bolsillo del tejano.
Demi: Me he quedado dormida.
Dakota: No creo que eso sea algo que nos sorprenda.
Veo que está escribiendo y espero con paciencia a que Demi, una de mis pocas amigas, responda. Se distrae con facilidad y cambia todo el rato de un chat a otro antes de responder.
La conocí en mis clases de orientación y, aunque estudia Biología Marina y no tenemos ninguna clase juntas, seguimos conversando porque su personalidad chispeante no me dejó escapar.
Demi: Pero he conseguido llegar y, de hecho, es el profesor quien aún no ha llegado.
Demi: Dime que tú estás haciendo algo más interesante.
Dakota: No, espero a mi verdugo.
Dakota: ¡Ah! Y acabo de ver el pecho de Jagger.
Demi: *gritos internos* ¿Y no te has desmayado?
Me río por lo bajo antes de teclear una respuesta.
Dakota: No me ha dado tiempo, solo he podido mirarlo a los ojos. Me acobardé.
Demi: Si quieres ayudar a Rose, entonces debes darte prisa a hablarle y descubrir si es tan bueno como dicen.
Dakota: ¿Bueno ayudando a las personas?
Demi: Y en otras áreas...
Dakota: Sabes que no se trata de eso.
Demi: Podría tratarse de eso.
Suelto un bufido.
No es que no tenga fe en mí misma o no aprecie mi apariencia, pero considero que soy otra castaña común y bonita fácil de encontrar en cualquier rostro. Quizá mi atributo es que mis labios sean amplios y carnosos. Soy bonita o eso me han dicho, pero he visto a todas las fans de Jagger y todas son hermosas, aunque también las hay sencillas. En realidad, desconozco sus gustos, pero estoy suponiendo que es exigente, después de todo, es hermoso de una manera que resulta dura y muy masculina.
Pero ¿por qué pienso en eso? Ese no es mi interés en Jagger, sus habilidades camísticas no son mi asunto.
Dakota: Se trata de que necesito ayuda.
Demi: De que ROSIE necesita ayuda.
Demi: Pero ¡habla con él!
Dakota: Lo intentaré, nos vemos más tarde.
Recibo una ráfaga de emojis que me hace entornar los ojos, pero también sonreír porque así es Demi.
Mientras bloqueo el teléfono y lo guardo de nuevo, escucho una voz que se acerca. En efecto, cuando alzo la vista, encuentro a mi amigo Ben, que toma asiento a mi lado.
Él es un amigo genial y, aunque no le cuento tanto mis cosas como a Demi, la verdad es que siempre nos hablamos y lo quiero. Agradezco compartir con él muchas de mis clases, pero Ben tiene un gran defecto que es difícil de ignorar.
—Hola por aquí. ¿Cómo estamos hoy de humor? —pregunta estirando sus largas piernas hacia delante.
—No muy felices.
—¿Y eso por qué?
Pienso en todo el asunto de Rose y la molestia vuelve a embargarme.
—Los chicos son idiotas —es mi declaración final.
—Soy un chico —aclara lo obvio, enarco una ceja.
—Sí, y eres un idiota —añado, pero termino por sonreír antes de girarme a mirarlo—. En realidad, son ciertos problemas que espero resolver.
—Pero no te estreses demasiado, siempre me transmites tus vibras —se queja, y eso me hace reír por lo bajo.
Mi gran amigo, porque es alto y fornido con una complexión gruesa, se reacomoda en el asiento sonriendo y saca un puñado de caramelos de la mochila. Siempre trae dulces consigo debido a que es adicto al azúcar y así de dulce es su personalidad, lástima que su novia sea una arpía succionaalmas. Y ese, amigos míos, es el gran defecto de Ben Morgan: Lena, su novia.
Él me ofrece varios caramelos que no dudo en aceptar. De hecho, me encargo de comer tres a la vez y, por la manera en la que me mira, soy consciente de que mi gran hazaña dulcera lo desconcierta.
—Pensé que no comías dulces hasta después del almuerzo y apenas estamos en el horario del desayuno.
—Algunos pierden sus angustias en el licor o las drogas, yo me perderé en el azúcar. Amén a eso.
—Entonces, ¿qué fue esa pregunta en el grupo de la escuela?
Por un momento, tardo en entender a lo que se refiere, pero todo viene a mi mente con rapidez. Y me pongo en alerta al darme cuenta de lo idiota que fue publicar algo como eso en el grupo donde el acosador de Rose podría verlo y sospechar. En retrospectiva, fue un movimiento bastante estúpido.
—Rosie tiene problemas —termino por decir.
Veo que la expresión de su rostro no cambia y eso me alivia, porque sería triste pensar que se trata de Ben. Confío en él y es un amigo valioso para mí, incluso cuando su novia hace que no pasemos mucho tiempo juntos fuera de clases.
—Mira qué bonita no sorpresa.
—Pero esta vez es bastante serio. —No puedo evitar justificar a Rose.
Siempre quiero protegerla de los demás.
—¿Y Jagger Castleraigh puede ayudarte a resolverlo?
—Cállate. —Casi lo pellizco ante la pregunta que me tiene desequilibrada.
Jagger es una persona muy conocida en la universidad. Si por lo que sea nos escuchan hablar de él, podría prestarnos atención. Sobre todo en esta clase. Aunque Jagger no la está cursando, se encuentra realizando algún tipo de investigación bajo la tutoría del profesor McCain, pues tiene que ser el único estudiante de la OUON al que le agrada a este señor. Tener un profesor así de estricto, cascarrabias y peleado con el mundo en Finanzas es jodido. Tanto que debo recuperarme de mi nota medianamente aceptable del primer examen.
—¿Y bien? —me apremia Ben a responder a su pregunta.
—Solo fueron sugerencias de algunos.
—Si el problema es muy grande, debo decir con conocimiento de causa que él podría ayudarte.
—¿Te ha ayudado alguna vez?
—No a mí, pero he visto que sí ha ayudado a otros. Se hace cargo de los problemas de los demás.
—Hacen que parezca un mafioso.
—No, es solo que tiene habilidad, destreza y contactos, pero Jagger no da nada gratis.
No respondo, doy por terminada la conversación.
Golpeo un bolígrafo contra mis labios y me pierdo en mis pensamientos. Todo sería más sencillo si el vídeo fuese eliminado y quedara como un mal momento, pero la vida nunca ha sido fácil.
Unas cuantas risitas me hacen salir de mi mente porque sé que tiene que tratarse de algo o alguien muy llamativo haciendo acto de presencia. En efecto, Jagger se encuentra entrando en el auditorio.
En parte puedo entender los suspiros colectivos que llueven cuando Jagger pone el pie en algún lugar. Físicamente, es un sueño, tan agradable de ver, tan seductor.
Lo primero que siempre llamará la atención son los tatuajes que le cubren los antebrazos, aunque en este momento los cubra su camisa. Las manos también las tiene tatuadas y lleva más en el cuello. Lo observo mientras saluda a un par de personas antes de dejarse caer en el asiento de la primera fila. Sin cuaderno, sin lápiz, solo con su presencia y aun así tiene la mejor nota de la escuela de Negocios. Y, por supuesto, es el mejor en su carrera: Economía, y he escuchado que se especializa en Economía Internacional.
De verdad, no lo entiendo. Quizá se trate de que nunca me ha interesado hacerlo o, al menos, intento esforzarme al máximo por verlo lo menos posible y no irritarme con él, porque no es su culpa que sea tan atractivo.
Lo miro con tanta intensidad que alza la vista y se encuentra con mis ojos. De inmediato, bajo la mirada al cuaderno que no recuerdo haber sacado. Mi corazón late como loco ante la idea de que me haya pillado y, cuando alzo de nuevo la vista, me regala una sonrisa juguetona, como si me dijera: «Te pillé».
De nuevo bajo la cabeza y quiero maldecir, podía haber sido menos obvia. Tiene que ser la primera vez que recibo una mirada suya —que yo me haya dado cuenta—, pues hasta ayer pensaba que era invisible en su interesante vida.
Pero claro, tal vez me conoce como la hermana de Rose o recuerda cuando me choqué con su espalda y solo se quedó mirándome como si algo estuviese mal en mí.
El profesor amargado, que fue bautizado con el apellido McCain, entra y de inmediato todos se sumen en el silencio, porque el tipo podría hacer que te lo hagas encima con una simple mirada. El profesor saluda a Jagger con la cabeza y procede a empezar a torturar a mi cerebro.
Se me dio bien Finanzas I. Quizá no fui la mejor, pero mi nota fue algo que me hizo sentir bien y contenta conmigo misma, pero Finanzas II con este profesor es tan agradable como un lavado de cerebro. Me hace sentir idiota porque copio de manera constante, pero me pierdo, lo cual luego requiere que me encierre semanas con el libro para entender por mí misma lo que él da en tantas clases. Y eso hace que profese un profundo desprecio hacia el profesor McCain y una sana, espero, envidia hacia Jagger. No solo fue el mejor de la clase del profesor en su momento, aunque puede que diera otros temas con él, sino que ahora el amargado es su tutor de un trabajo de investigación destinado a darle más créditos. Envidia, envidia y más envidia.
Copio mucho y entiendo poco, una representación clásica de la vida del universitario frustrado.
Mi teléfono vibra con múltiples mensajes y los leo como puedo. Son de mi hermana.
Rosie: Estoy asustada, acaba de llegar un mensaje extraño. Voy a reenviarlo.
Rosie: Re: Predecible. Me gusta eso. Me pones las cosas muy fáciles. Una ficha ya se ha movido, un nuevo jugador muy deseado ha entrado. Bienvenidos todos al juego.
Es un mensaje que hace que me surjan escalofríos en el cuerpo. ¿Qué demonios…?
Rosie: ¿Qué quiere decir con eso? Suena espeluznante.
Rosie: Es un puto enfermo.
Rose está comenzando a enloquecer. Paso de estar avergonzada a estar algo asustada por los mensajes raros de su acosador con estatus de extorsionista. Y eso solo me pone más ansiosa, por lo que me tomo un par de los caramelos que me ha dado Ben. Cuando empiezo a abrir el envoltorio, odio el sonido que hace.
—¿Señorita Monroe?
Oh, no. Alerta de ser el objetivo de desprecio del señor amargado.
Dirijo la mirada al frente. El profesor tiene el ceño muy fruncido, su molestia es evidente y está claro que yo soy la causa de tal emoción. Me encojo un poco en mi asiento, deseando hacerme más diminuta.
Soy el centro de atención y eso no me gusta, menos cuando es de manera negativa.
—¿Sí? —Mi voz suena débil incluso para mí.
—Si no le interesa la clase, puede salir a comer sus dulces. De esa manera, nos evitamos la molestia de la interrupción.
—Lo siento, profesor. No volverá a ocurrir.
Me frunce un poco más el ceño como si no creyera en mi palabra, lo cual seguro que es el caso, y se vuelve de nuevo a la pizarra para hacer unas anotaciones. A mi lado, Ben se ríe y lo golpeo en el estómago sin dejar de mirar la pizarra.
—No es gracioso —acuso.
—Sí que lo es.
Bajo la vista a mi mano y me llevo los caramelos a la boca con un movimiento rápido. Después de todo, ya he conseguido abrirlos y necesito aplacar el dolor de la vergüenza.
Demi: Tengo media hora libre!!! Café?
Dakota: Tengo veinte minutos y necesito urgentemente ese café.
Demi: Estoy llegando.
Demi: Te pido lo de siempre
Dakota: ¡Lo de siempre!
—¿Te veo mañana? —pregunta Ben poniéndose de pie, como si tuviera alguna especie de resorte en el trasero, pero es la desesperación de ir a ver a la chupaalmas: su novia.
Mientras me guardo el teléfono y termino de recoger mis cosas, lo miro.
—¿Qué pasa con la siguiente clase?
—Saldré con Lena.
—Ya, claro.
—¡Luego me prestas los apuntes! —grita bajando las escaleras.
Espero a que el profesor salga del auditorio porque no quiero toparme con él y, cuando por fin salgo del lugar, me doy cuenta de que el pasillo se encuentra menos concurrido. Jagger está hablando con Joe, otro estudiante de la escuela con el que se lleva bastante bien.
No sé qué le dice, pero él asiente y esboza una sonrisa de lado antes de hacerle un gesto de despedida con la mano y caminar para seguir con su camino.
Sigo con la mirada su espalda ancha alejándose envuelta en una camisa de mangas largas color negro.
Estoy indecisa sobre seguirlo. Sé que si de verdad quiero pedirle el favor, en teoría, tendría que hacerlo ahora, pero no sé… No me encuentro particularmente emocionada por perder mi dignidad en este momento.
Mientras me debato sobre qué decisión tomar, Jagger saluda a otra persona de la que no sé nada antes de retomar su caminata y entonces tomo la decisión de que no tengo nada que perder. Bueno, aparte de mi dignidad.
A una distancia prudente, comienzo a seguirlo mientras intento preparar en mi mente un discurso que sea lo suficiente convincente. Aunque podría alcanzarlo sin más y decírselo, pero estoy algo nerviosa. Él dobla la esquina y segundos después también lo hago yo, pero grito cuando me choco con un cuerpo duro y firme.
—¡Ay!
Unas manos me sujetan por los hombros y dichas manos están tatuadas. Poco a poco, casi de una manera dramática, alzo la vista y me encuentro con unos ojos grises muy claros que me miran fijamente mientras una de sus cejas se arquea formando una pregunta que no emite con palabras.
Lo único que hago es mirarlo, procesando que ya no hay vuelta atrás. Estoy frente a Jagger Castleraigh y… ¡Vaya! Mira eso, es lo suficiente alto para hacerme sentir muy pequeña.
—¿Por qué me sigues, Dulce?
Su voz me saca de mi ensoñación.
—No… No me llamo Dulce —aclaro frunciendo el ceño y dando un paso hacia atrás para liberarme de su agarre.
—¿Eres la chica que comía caramelos durante la clase?
—Bueno, sí, pero no sucede siempre, fue una casualidad…
—Entonces, eres Dulce.
—No. Soy Dakota.
—Dakota, la chica dulce.
—No… —Me detengo porque me doy cuenta de que estoy a punto de caer en una discusión absurda—. Soy Dakota.
Me mira de la manera en la que la hizo hace un tiempo cuando tropezamos, como si estuviese intentando entender algo de mí que yo desconozco. ¿Qué podría querer descifrar? Tal vez sea que me parezco a mi hermana en el exterior, pero soy muy diferente en el interior. Claro, Rose y yo no somos iguales, pero nuestro cabello, nuestra estatura y nuestros rasgos faciales dejan claro que estamos emparentadas.
—¿Por qué estabas siguiéndome, Dulce?
—No te seguía.
—Ah, perfecto, nos vemos.
Lo veo dar unos cuantos pasos, llevándose mis esperanzas con él y maldigo porque debo hacer algo para retenerlo.
—¡Espera! —Se detiene y se voltea mirándome expectante—. De acuerdo, quizá iba en el mismo camino que tú.
—Vale, hasta luego…
—No, no. Espera —insisto. No me lo pone fácil este espécimen de hombre.
Me encargo de alcanzarlo y es imposible no notar la diversión que brilla en sus bonitos ojos. Tomo un profundo respiro, aquí va mi dignidad. «Recuerda siempre que te amé».
—Necesito un favor.
—Creo que no te he escuchado, Dulce. Creo que debes hablar un poco más alto —pide.
—He dicho que necesito un favor —repito apretando los labios.
—¿Un qué?
—¡Un favor, joder! ¡Un maldito favor! —grito exasperada, la diversión en su rostro ahora es mucho más evidente.
—Así que Dulce tiene su carácter…
—Dakota.
—Dulce.
—Necesito…
—Un favor, ya lo has dicho —completa, y abro la boca ante su astucia.
En este momento, no sé qué decir y él se dedica a mirarme durante unos largos segundos en los que me hace ser muy consciente de mí misma, de mi apariencia, de mi ropa y de la manera estúpida en la que me siento intimidada por él.
—Este favor que…
—Dímelo más tarde. Nos vemos, Dulce.
Incrédula, lo veo comenzar a alejarse y casi troto para alcanzarlo. Cuando lo hago, lo escucho suspirar como si yo fuera una cosa que no entiende y que le impide llegar a algún lugar. Estoy segura de que ese es el caso.
—Dulce, debo llegar a un lugar y estás resultando ser un impedimento.
—Bonita manera de llamarme estorbo.
—Bueno, me alegra que te parezca bonito. Tú eres bonita.
Una vez más me quedo en silencio, esta vez estoy sorprendida de su cumplido. Suspira de nuevo pasándose las manos por el cabello castaño claro y se despeina en el proceso.
Está muy impaciente, puedo notarlo.
—Este favor… —comienzo de nuevo.
—Dímelo más tarde.
—Pero… ¿Dónde?
—Fiesta.
Esa es la única respuesta que me da antes de alejarse a paso rápido. Me quedo de pie en el lugar.
Es la primera vez que hablo con Jagger Castleraigh y he conseguido que me llame Dulce, impacientarlo y que me invite a una fiesta que no sé dónde es.
Nadie puede decir que no quiero a mi hermana.

—Así que has hablado con Jagger…
—No iría tan lejos —le respondo a Demi. Le doy un sorbo a mi café mientras nos sentamos en uno de los bancos que rodean la fuente de la sabiduría.
La veo dejar su té a un lado mientras se recoge el cabello castaño y rizado en un moño alto. Hace todo este exagerado movimiento de apreciar los pequeños rayos del sol.
—Oh, vamos, no me obligues a sacarte las palabras. Cuéntamelo todo.
—Lo seguí, me tropecé con su espalda, balbuceé y él me dijo que lo viera en la fiesta, pero ¿qué fiesta?
—Es algo que podemos chequear en el grupo de Facebook del campus o preguntándole a cualquiera, pero ¡te invitó a una fiesta!
—No me invitó —aclaro—. Me hizo ir para poder pedirle ayuda.
—Para mí ese es un pequeño detalle.
—¿Pequeño? —Me río—. Demi, ayudar a Rose es lo único que quiero.
Suspirando, apoya la cabeza en mi hombro mientras le da un sorbo a su té, que ya debe de haberse enfriado.
—Pobre Rose, nadie merece tal canallada.
Hasta el momento, además de Rose y el involucrado profesor de Ética, Demi es la única que lo sabe. Se lo conté y está tan indignada como yo.
—Estoy segura de que Jagger podrá ayudarte.
—Eso espero, pero lo que en realidad me preocupa es qué me pedirá a cambio.
—Esa sí es una pregunta interesante. —Se incorpora de nuevo para girarse y poder mirarme mejor con esos ojos azules—. Así que… ¿Qué se siente al ser el foco de atención del famoso Jagger?
—¿Eres su mayor fan? —bromeo, y ella me guiña un ojo.
—Jagger merece tener fans. Nunca hemos hablado, pero siempre que cruzamos miradas cuando nos vemos me sonríe. He escuchado que a su manera es amable.
—¿Qué significa «a su manera»? —Enarco las cejas.
—Que todos somos amables a nuestra manera —concluye sonriendo—, pero no te hagas la loca, responde a mi pregunta.
—Tener la atención de Jagger fue… —busco qué palabra usar— intenso.
No digo que por un momento enmudecí y que me fijé demasiado en su aspecto, su voz y nuestra diferencia de estatura. Ni tampoco que iba pensando en el encuentro mientras venía a verme con ella.
—¿Cómo de intenso?
—No tan intenso como tú con tus preguntas, Demi.
—Vale, vale, me calmo. Debo recordar que haces esto por un fin y que no es conocerlo.
—Exacto.
—Pero si en el camino se da la oportunidad, aprovéchala.
Una vez más, entorno los ojos, pero esta vez estoy sonriendo.
—Buscaré una lista de las fiestas que se celebran hoy e iremos descartando.
—Gracias por ayudarme.
Lo único que hace es sonreírme y para mi suerte cambia de tema para hablar de lo densa que considera que fue su clase y que no le agrada tanto uno de sus compañeros. Durante toda la conversación, río y bebo de mi café.
—¿Por qué no te has traído a Ben contigo?
—Ben está con Lena.
—Ah —hace una mueca—, qué desagradable. ¿Algún día la dejará?
—Crucemos los dedos para que suceda.
—Bueno, mi gran amiga, es mi hora de volver a mi edificio solitario, desprotegido, pobre y de becado…
Está claro que está bromeando porque la realidad es que las residencias de los estudiantes becados son más pequeñas que las otras, pero son espaciosas y cómodas.
—Luego debo ir a cubrir mis horas de trabajo en la secretaría de Medicina. —Frunce el ceño—. Te veo más tarde y te escribo cuando sepa algo de las fiestas.
Me da un pellizco en la barbilla y se va, dejándome que me termine el café con tranquilidad, porque la verdad es que soy una chica que disfruta de su tiempo a solas.
Siempre he sido de pocos amigos y eso no cambió al llegar a la universidad. Conozco a muchos de mis compañeros y a otros con los que me he topado en algunos lugares, pero la categoría de amigos solo la llenan Demi y Ben.
Cuando la alarma de mi teléfono suena para anunciarme que ya debo volver a mi escuela para la próxima clase, tiro el envase vacío del café y me acerco a la fuente mientras me saco una moneda del bolso.
¿Qué podría desear?
Cierro los ojos y solo pienso: «Que Jagger acepte ayudarme».
Sonrío al oír el sonido de la moneda cayendo al agua, uniéndose a miles más que descansan ahí.
Me giro y comienzo a caminar hacia mi próxima clase, pero no alcanzo a ir muy lejos cuando alguien me da un toque en el hombro, cosa que me sobresalta.
Al girar, me encuentro con un hombre alto, de cabello corto y rubio con unos ojos azules bastante pálidos. Me sonríe y creo que hago una mueca, porque no lo conozco y me mira con cierta familiaridad.
—Se te ha caído esto —me hace saber extendiéndome lo que parece una nota.
—Creo que eso no es mío, pero gracias. —Intento girarme de nuevo.
—Es tuyo, se te ha caído del bolso.
Paso la mirada de la nota a su rostro y termino por asentir con lentitud y tomarla. Me la meto en el bolsillo de los tejanos.
—Gracias.
—No hay de qué —dice guiñándome un ojo y pasando de mí.
Sus piernas largas lo hacen caminar con grandes pasos y poco tiempo después va bastante delante de mí, luego toma un camino muy distinto al mío.
Cuando llego a mi próxima clase, recuerdo que Ben no vendrá porque está con Lena. Hasta unos minutos después no me acuerdo de la nota que el chico ha asegurado que se me ha caído.
La recupero y la aliso, puesto que se ha arrugado. Frunzo el ceño cuando leo las simples palabras impresas en ordenador:

Es una nota bastante extraña, la verdad es que no creo que sea mía, así que tenía razón cuando le he dicho al chico rubio que no era mía.
La arrugo y la arrojo al bolso para tirarla al finalizar la clase. Suspiro pensando de nuevo en encontrar a Jagger donde sea que suceda la fiesta a la que irá.

—La fiesta comienza dentro de media hora —grita James pasando por delante de mi habitación, pero no despego la vista del libro—. ¿Me has escuchado, Jagger?
—Por suerte, aún no estoy sordo —respondo sin mirarlo.
—Entonces, suelta ese libro.
—Unas pocas páginas más.
La petición se vuelve imposible cuando James entra a mi habitación y se lleva mi oportunidad de adelantar la lectura sobre mi trabajo de investigación.
Siento su mirada en mí y sé que puede ser lo suficiente persistente como para quedarse un buen rato. No hasta que me decida, pero sí para demostrar algo.
Cierro el libro, he decidido no hacernos perder el tiempo a ambos. Cuando dirijo la mirada hacia él, una risa se me escapa al ver la camisa que lleva puesta. Es tan ridícula como muchas más de su colección de ropa.
—¿Qué camisa es esa? —me atrevo a preguntar.
—Una camisa llena de vida.
—Una camisa vomitada por un arcoíris.
—Lo siento, señor todo oscuro.
—Ni siquiera voy a discutir contigo. Puedes irte a la fiesta, primero iré a por comida…
—Jagger, van a llevarse a todas las nenas buenas.
—Dame tu definición de nenas buenas —pido, aunque puedo conocer a la perfección la respuesta que va a darme.
—Ropa pequeña, bragas sexis, cuerpos candentes y mucha diversión.
—Tal vez deberías esforzarte de ese modo cuando presentas un examen en Literatura.
—Jódete.
Tomo mi billetera, las llaves de mi auto y cierro la puerta de la habitación detrás de nosotros.
—Decide rápido, ¿irás primero a por comida conmigo o irás por tus nenas buenas?
—Lo siento, colega, pero las tetas ganan. —Es una respuesta que ni siquiera me sorprende.
Con Jamie, la forma en la que todos llamamos a James, algunas cosas a veces resultan predecibles cuando lo conoces bien.
En mi vida tengo más prioridades aparte de lo que él llama «nenas buenas». Aunque no soy un santo y admito libremente que me gusta el sexo, me gusta pensar que tengo estándares que van más allá de qué tan mínimas sean las prendas de ropa, o al menos eso espero.
Mientras bajo y salgo de la fraternidad, me doy cuenta de que está bastante tranquila. Es posible que la mayoría ya se encuentre en algunas de las fiestas o emborrachándose antes de llegar a una, es una movida muy común de un viernes por la noche.
Salgo del campus cuando decido que quiero comer afuera, específicamente en el local de hamburguesas rápidas donde trabaja Olivia.
En cuanto llego al lugar, me siento en la barra. De esa manera, podré hablar con ella y sus otros trabajadores mientras como, al igual que la mayoría de las veces. Disfruto de una buena hamburguesa con su compañía a la vez que me hace preguntas sobre mi semana, los estudios y cómo me porto. Las cosas básicas que me hacen extrañar a mamá, a mi antigua mamá, pues solía hacerme estas preguntas.
Olivia y Marie se han vuelto personas muy importantes para mí, sobre todo esta última. Marie es una mujer increíble que me da todo ese amor maternal del que he estado hambriento durante mucho tiempo.
Cuando decido que es el momento de irme, ha pasado una hora y media. Pero como no estoy muy lejos de la universidad, consigo llegar en pocos minutos. Estaciono el auto y hago la caminata hacia la fraternidad donde se está celebrando la fiesta.
Me es inevitable no entornar los ojos cuando veo a un estudiante, que luce bastante joven, vomitando en los arbustos.
—Es asqueroso, ¿verdad? —me pregunta una guapa morena de piel oscura que reconozco.
—Algunas veces esa eres tú, Aria. —Le sonrío, acercándome hacia ella. Se encuentra sentada en la baranda de la gran mansión fumándose un porro.
—Me gusta creer que yo me veo mejor.
Me detengo frente a ella para devolverle la larga mirada que me lanza.
Mi historia con Aria es complicada, en cierto modo.
Es la amiga de mi mejor amiga, la conocí cuando Maddie y ella se hicieron inseparables al llegar a la universidad. No sucedió nada porque en ese momento era imposible y para mí nunca había sido una posibilidad, pero eso cambió hace poco más de un año. Comenzamos a hablar más entre nosotros en algunas fiestas y me di cuenta de que me atraía de la misma manera en la que yo parecía atraerle.
Coqueteamos y al final nos besamos. Después de ello vino el sexo casual y conversamos sobre no ser exclusivos ni esperar demasiado de ello. Estaba bien y luego ella inició una relación, ahí es donde las cosas se volvieron un poco incómodas.
No me gustó demasiado verla dentro de una relación, pero fue un proceso de adaptación. Sin embargo, aquel noviazgo duró poco. Cuando me propuso volver a nuestro antiguo arreglo, aquello no duró demasiados orgasmos porque se sintió forzado después de acostarnos. De alguna manera, creo que los límites no le quedaron muy claros y, al darnos cuenta de que no valía la pena estropear la amistad por ello, lo dejamos.
Ahora sigue siendo la mejor amiga de mi amiga, la que saludo y hablo con ella cuando coincidimos. En cierta manera, podría llamarla una especie de amiga debido a que nos vemos con bastante frecuencia gracias a Maddie.
—Nadie se ve bien vomitando —me limito a decir. La veo llevarse el porro a los labios para dar una profunda calada antes de ofrecérmelo, pero sacudo la cabeza en negación.
Las drogas son algo a lo que renuncié desde hace unos años, incluso si solo se trata de lo que aquí llaman «una hierba inofensiva». No me gusta consumir cualquier cosa que invada o perturbe mis sentimos y el funcionamiento de mi cerebro, es algo paranoico, pero me tocó aprenderlo de una manera muy dura.
—¿Me esperas? —pregunta dando otra calada. Suspiro y apoyo la espalda en la baranda.
—Date prisa, cuanto más rápido entre, más rápido puedo irme.
—No te recuerdo como alguien al que le guste lo rápido —coquetea, y sonrío.
—Recuerdas muchas cosas de mí, ¿eh?
—Es que eres inolvidable —bromea. Me guiña un ojo y decide apagar el porro cuando se da cuenta de que terminárselo le tomará demasiado tiempo.
La ayudo a bajar cuando estira la mano hacia mí y sostengo la mirada de esos instigadores ojos avellana que me miran con picardía y coqueteo.
Eso es algo que no ha cambiado, ella aún coquetea y empuja. A veces me pregunto si de verdad es inofensivo o espera que las cosas se relajen lo suficiente como para volver a ser lo que fue en un principio.
Y sí, la recuerdo bastante bien. El sexo era increíble y me gusta conversar con ella, pero no la extraño de esa manera. No correré el riesgo de joder la amistad de mi mejor amiga con ella por unos orgasmos.
—Vamos, entremos —digo tirando del borde de su camisa, antes de liberarlo cuando comienza a caminar a mi lado.
Apenas entro a la fraternidad reconozco a casi la mitad de las personas. Me tomo el tiempo de saludar, rechazar cervezas que no sé quién rayos ha servido y declinar la oferta de una pastilla de éxtasis.
—Eres demasiado popular —dice Aria, alzándose sobre las puntas de sus zapatos—. No veo a Maddie.
Paseo la mirada por el lugar y tampoco la localizo. Tal vez esté apretujada entre todas las personas que bailan.
Cuando mis ojos se deslizan hacia el frente, me encuentro con unos ojos azules. Pertenecen a una castaña de cabello rizado envuelta en un vestido negro bastante favorecedor.
La he visto varias veces, pero como nunca he preguntado o escuchado su nombre, no lo recuerdo. Tengo un amplio conocimiento sobre la universidad que he ido recolectando durante los años que llevo aquí. Además, tengo una memoria increíble, pero su nombre no me viene de inmediato.
Sin embargo, la castaña me mira con familiaridad y me sonríe alzando la mano a modo de saludo. Respondo con un leve asentimiento y una mínima sonrisa antes de que Aria se coloque frente a mí.
—Es patético cómo babean por ti.
—Eso es cruel de decir, solo está saludando —comento, mirando hacia abajo para poder toparme con sus ojos—. Además, ¿tú no babeabas por mí?
—Aún lo hago y ella no te conoce, solo te está mirando como un artista.
Ignoro su declaración odiosa. Miro por encima de ella a la castaña que ahora está conversando con otra persona que me da la espalda.
—Demi Foster —murmuro recordando al fin—, estudiante de Biología… Marina.
—Es espeluznante que almacenes tanta información inservible. —Vuelvo mi atención a Aria ante sus palabras—. Espero que recuerdes todo lo que me gustaba.
—Lo que estoy recordando muy bien es lo pretenciosa y prejuiciosa que puedes ser. No es un rasgo atractivo.
—Pero te gustó.
—Exacto, me gustó.
Ella sabe leer entre líneas y entiende mi mensaje: me gustó en su momento, no ahora.
Suspirando de manera teatral, se peina el cabello con los dedos antes de relajar su postura y sonreírme.
Aria puede ser la persona más agradable que conozcas o la más odiosa. Con ella no hay un punto medio y todo depende de lo bien que congenies con ella desde el primer encuentro.
—Iré a bailar, está claro que hoy no estás de humor —me dice con diversión.
—¿El problema soy yo? —pregunto divertido, viendo como comienza a bailar al ritmo de la música.
—Obvio, los chicos calientes como tú siempre sois el problema. —Me guiña un ojo antes de darse la vuelta y alejarse bailando.
Una vez más, deslizo la mirada por el lugar y de nuevo descubro a Demi mirándome. Me sonríe antes de escribir algo en su teléfono.
—¡Jagger!
Volteo ante el grito femenino justo en el momento preciso en el que unas piernas se envuelven alrededor de mi cintura, mientras unos labios carnosos dejan un beso en mi barbilla.
—Sabía que vendrías.
—Hola, Millie. —Sonrío de costado.
Millie estudia Teología, es una chica inteligente, está definitivamente más que buena y sabe qué hacer cuando la ropa no está. Es divertida y hablar con ella siempre es divertido. Cuando comenzamos a enrollarnos, al igual que yo, ella no buscaba una relación, acababa de salir de una larga y a mí me vino bien el arreglo.
El sexo para mí tiende a ser casual, pero por lo general —no siempre— es con mujeres que ya he conocido y con las que he congeniado, aunque suelo repetir. Es cierto que también he tenido aventuras de una noche y el punto en común de todos estos encuentros es que siempre dejo claros los intereses de ambas partes porque la mentira no va conmigo.
No dudo que en alguna ocasión pueda llegar una chica que me golpee duro y me haga querer algo más que físico, pero por el momento no ha sucedido. Cuando pase, no correré.
No voy prometiendo ser un príncipe, pero mi padre me dijo algo una vez: «No importa si quieres un beso, su cuerpo o su corazón. Siempre trátala con respeto, recuerda que no vienes del viento, vienes de una hermosa mujer que te ha enseñado a respetar y valorar».
Si lo analizas bien, cuando conoces mi historia familiar, te das cuenta de que en realidad la última parte era innecesaria. Mi mamá no me enseñó de respeto ni de valores, ella es el peor ejemplo de ambas palabras, pero a papá le gusta mentirse a sí mismo cuando se trata de Megan y hay secretos que él aún no conoce.
Sin embargo, entendí el mensaje. Así que, aunque vaya a ofrecerles algo rápido y fugaz, me encargo de tratarlas como princesas. Con respeto.
Por eso me hierve la sangre cuando veo idiotas tratando mal a alguna mujer, queriéndose pasar de listos, intimidando o degradando. A ver, que si una mujer quiere irse a follar con un rollo de una noche en cada fiesta, ¡pues bien! Como diría el abuelo: «Lo que es igual no es trampa».
Mientras se esté soltero, libre y sin compromiso, nadie tendría que juzgar con quién o cuántas personas te acuestas, pero escucho con demasiada frecuencia palabras como zorras, perras o putas.
—¿Nos podemos divertir hoy?
Pregunta Millie acariciándome la barbilla con una de sus uñas. Me mira de una manera en la que sabe que tiene toda mi atención.
—Creo que ya te estabas divirtiendo, cariño —le respondo sonriéndole.
Riéndose, me da un rápido beso en la boca que me deja deseando más en cuanto se aleja y baja de mí para estar de pie.
—¿Quieres alguna bebida?
—Eso sería amable de tu parte, Jagger, luego yo podría ser amable contigo. —Se pasa el dedo índice por el escote de la camisa ajustada que lleva y casi suspiro. Es imposible que no reaccione a eso, aun cuando no me planteé divertirme con Millie. El cielo sabe que sabemos divertirnos muy bien juntos.
—Seré amable contigo incluso si tú no lo eres más tarde —aseguro tras acariciarle la barbilla con los dedos—. Ahora, iré por nuestras bebidas. No te pierdas, Millie.
Voy en busca de las bebidas sin aceptar ninguna mierda que otro me ofrezca. Soy del tipo que tiene que servirse su propia copa para saber que está como lo quiero y sin ninguna basura que lo altere. Es algo que siempre tengo presente, lo aprendí de la manera más dura.
Una vez que tengo las copas listas, regreso y no encuentro a Millie. La busco con la mirada y la encuentro arrastrando a Callie, su amiga, en muy borracho estado, antes de dejarla brevemente con sus otras dos amigas para correr hacia mí.
Al llegar hasta mí, me toma del cuello y me da un beso húmedo. Nuestras lenguas juegan por unos breves segundos y, cuando se aleja, me lamo su sabor en mis labios.
—Ahora vuelvo, vamos a asegurarnos de que Callie descanse. Algún idiota ha creído que podía aprovecharse de ella ebria, como si no tuviese amigas. Patanes.
—Cabrones —agrego, lo que hace que me gane otro beso. Toma uno de los vasos y se lo bebe de un solo trago.
—Vuelvo dentro de un momento, espérame.
Corre de nuevo con sus amigas sabiendo que la esperaré. Dejo en alguna mesa el vaso vacío de Millie y bebo del mío sin ninguna prisa, pues embriagarme no está en mi lista de cosas por hacer hoy.
Camino por el lugar. Me río cuando veo a James rodeado de tres chicas que están embelesadas por él, no se puede negar que es encantador. Y mirando un poco más allá, veo a Joe, es de los pocos de mi clase que me cae bien.
Él parece estar discutiendo con su novia Bonnie, pero eso no es raro. Estoy muy seguro de que aman pelear solo porque aman aún más reconciliarse.
Ojalá disfrutara de las fiestas como antes.
He decidido hacer tiempo mientras Millie regresa, no tengo demasiadas ganas de estar en esta fiesta, así que camino hasta Chad, el presidente del Centro de Estudiantes. Es un tipo estricto cuando debe jugar su rol, pero es un desastre cuando lo pones en una fiesta.
—Jagger.
—Chad, veo que te diviertes.
—Amigo, es mi momento de diversión. —Hace una pausa breve antes de volver a hablar—. Tengo un trabajo para ti.
—¿Estás imitando la voz de Al Pacino?
—¿Me ha salido bien?
—Absolutamente patético —sonrío—, pero al menos lo has intentado.
—Necesito cierta información, te haré llegar la carpeta. Si aceptas, te daré buen pago.
—No olvides que el precio y el cómo pagarlo lo estipulo yo.
—Perdóname si te he ofendido, poderoso Jagger.
—Veré qué necesitas y entonces te diré si estoy dentro.
Con Chad siempre es bueno hacer negocios, nunca son movidas raras ni difíciles. La última vez fue un poco más serio, alguien le estaba hackeando sus dispositivos electrónicos y luego lo amenazaron. Podrían haber hecho que lo expulsaran, pero, por suerte, mi equipo y yo pudimos evitarlo. No fue fácil, pero tampoco imposible.
Fue un buen trabajo, nada aburrido y algo complejo de una manera que nos hizo pensar mucho. Fue algo muy diferente a la cantidad insana de personas que me buscan para que les cambie las notas en el sistema. No negaré que es algo que he hecho para algunos unas cuantas veces, aunque me gustaría decirles que lo único que tienen que hacer es estudiar; si eso no funciona, entonces, están en la carrera equivocada.
Permanezco al lado de Chad, hay un par de tipos más y tres chicas con una conversación bastante interesante a la que acabo por unirme.
Pasada la media hora y un par de bebidas más, decido que Millie se está demorando y que quiero un poco de aire.
—Oye, Abel —llamo a uno de los traficantes inofensivos de la universidad para captar su atención.
—¿Qué pasa, Jagger?
—Si Millie pregunta por mí, dile que estoy en la piscina.
Alza su pulgar en respuesta, Está más entretenido mirándole el culo a Ana, porque Abel siempre será así de mirón. Me alejo para salir del lugar que parece estar albergando a demasiadas personas de fiesta e inhalo el aire fresco que me ofrece la noche.
Veo a Joe y Bonnie alejándose hacia una zona llena de arbustos y sonrío. Sé que viene la fase de reconciliación que tanto aman, bien por ellos.
—¿Cuándo he dejado de divertirme? —susurro.
A veces me siento nostálgico sobre el principio de mi primer año en la OUON. Todo parecía tan sencillo e iba tan bien que no entiendo cómo no calculé todo lo que podía salir mal.
También he llegado a añorar estar en una relación, pero no me he vuelto a sentir con ganas de iniciar una. No se ha dado la oportunidad y nunca he sentido que fuera el momento.
Y en cuanto a las fiestas… Me gustan o al menos me gustaban antes de que sucediera algo en mi primer año aquí. Vengo a muchas de ellas y no siempre tengo esta actitud de desinterés al respecto. Sin embargo, en ocasiones como esta, tan solo salgo a por algo de aire libre, para alejarme de todo el sudor y sexo que parece alborotarse en estas fiestas.
Me saco una cajetilla de cigarrillos del bolsillo delantero de mi pantalón y descubro que solo queda uno. Le pido un encendedor al tipo que está fumando cerca y me enciendo el cigarrillo.
La música aún se escucha con claridad desde aquí y hay tres chicas junto a dos chicos dentro de la piscina, dos de ellas no tienen nada que les cubra los pechos.
Tampoco soy fan de las piscinas. Se debe a que fue en una fiesta con piscina donde mi vida pasó de ser controlada a ser un completo caos y una pesadilla. Fue también el lugar donde perdí algo valioso y a alguien importante. Fue el lugar donde tuve mi fallo más grande.
No puedo evitar hacer una mueca porque soy consciente de que hay muchas cosas que me causan esa sensación de amargura.
—No lleves tus pensamientos ahí, Jagger —me reprendo.
Decido no caer en esos pensamientos y cambio mis reflexiones mientras fumo.
Estoy a solo semanas de terminar mi penúltimo año en la universidad y no todos los recuerdos de este lugar son felices.
Papá solía decir que nací con muchas habilidades sociales. De alguna forma, siempre estoy haciendo contactos, sé administrarme y tengo mucho ingenio para crear locuras que terminan teniendo mucho potencial. Quizá por eso no me sorprendió que en mi primer año, poco a poco, me fuese creando una especie de negocio. Después de todo, estoy precisamente en la escuela de Negocios.
«El negocio», como tendemos a llamarlo, fue creciendo, ganando reconocimiento y volviéndose más potente de lo que siquiera imaginé. Para cuando terminé mi primer año, estaba haciendo dinero, todos sabían quién era y parecía ser el tipo que tenía todas las respuestas.
Me pregunto si es un legado que dejaré en esta universidad o que se irá conmigo cuando me gradúe.
—Jagger.
Esa voz femenina definitivamente no es la de Millie. Al girarme, la chica de cabello castaño que me mira me confunde por un momento. Hasta que ella frunce el ceño y la recuerdo, no solo porque la vi y hablé con ella más temprano al salir de la clase de McCain.
Es la hermana menor de Rose Monroe, con quien sí que he conversado muchas veces. También es la chica a la que he mirado varias veces con curiosidad y a ella también la he descubierto en ocasiones mirándome con molestia sin ninguna razón que yo supiera.
Pero en este momento no me mira con molestia, me mira con incertidumbre y valentía. Me intriga bastante, pues no esperaba que Dakota Monroe se relacionara conmigo o buscara mi ayuda alguna vez.
—Así que Dulce ha venido a mi encuentro —digo dándole una calada al cigarrillo a punto de consumirse del todo.
Mi apodo, tal como esta mañana, le genera disgusto.
—Llevaré flores a tu funeral —dice mirando a mi cigarrillo.
—Gracias por tu preocupación, pero todos moriremos algún día —sentencio.
—Algunos preferimos morir más tarde que pronto.
—Cierto —concedo sin dejar de mirarla y dándole la última calada a mi cigarrillo.
Dakota debe de medir al menos un metro sesenta y ocho, ya que es más baja que su hermana. Es una chica bonita de una manera convencional, aunque sus labios pequeños pero carnosos se destacan de una manera preciosa en su rostro de facciones delicadas. La complexión de su cuerpo es delgada, sin embargo, en ella destaca la hinchazón de sus pechos de una manera discreta. Tiene similitudes físicas con Rose, solo que esta última es más voluptuosa y alta.
He visto a esta chica en la clase del profesor McCain varias veces y su mirada sobre él podría lanzarle puñaladas al corazón. También la he visto un par de veces en los cafetines, pero han sido solo eso, pequeños vistazos en los que he intentado descifrar por qué siempre parece tan seria y pensativa. Sin embargo, conozco a su hermana. Muchos conocen a Rose, no es que me haya enredado con ella, pero es una chica que sabe cómo llamar la atención con su alegría y diversión donde sea que vaya.
También recuerdo que una vez Dakota se chocó con mi espalda. En aquel entonces la miré durante unos segundos porque era la primera vez que no la veía tan inalcanzable y distanciada del mundo. Intentaba entender por qué siempre se escondía en las clases y por qué lucía tan fría; solo mantiene contacto con su amigo Ben y, ahora que lo recuerdo, también con Demi.
Con ese tropezón, reafirmé mi idea de que era bonita, pero no es que alguna vez hayamos hablado en una conversación plena, al menos no hasta hoy.
—Así que necesito…
—Un favor —completo sonriéndole—. Esa parte ya me la adelantaste, Dulce.
—Dakota. —Se coloca las manos en las caderas mostrándome un poco de su carácter—. Dakota no es un nombre muy difícil de pronunciar.
—Claro, Dulce. ¿Por qué crees que seré el chico de tus favores?
Sus mejillas se sonrojan y ahora me interesa saber lo que está pensando. Por suerte, no tengo que esperar mucho porque ella habla y me entran ganas de reírme:
—No estoy hablando de sexo.
—Yo tampoco —mi sonrisa crece mientras la miro sonrojarse—, pero si ese es el tipo de favor…
—¡No!
—De acuerdo.
—Me han dicho que tú podrías ayudarme.
—¿Con qué?
Se pasa las palmas de las manos por el tejano ajustado. Parece nerviosa de una manera que me desconcierta.
—Sabes que no soy ni un mafioso ni un sicario, ¿verdad? —pregunto para aligerar el aire nervioso que parece estar consumiéndola.
Su respuesta es asentir antes de morderse el pulgar, pero lo baja de inmediato en cuanto se da cuenta de lo que hace.
—Tu nerviosismo me hace creer que se trata de quitar una vida, sepultar cuerpo o planear un crimen.
—No, no, nada de eso.
—Estoy bromeando, Dulce.
—¿Cómo puedo confiar en ti y decírtelo?
—¿Cómo puedo ayudarte con un favor si no me lo dices?
Por un momento, parece que va a llorar. El labio inferior le tiembla y también parece perdida. Enseguida se recompone, sacude la cabeza y se coloca unos mechones de cabello detrás de la oreja.
—Solo olvídalo. ¡Todo siempre es malditamente complicado! No puedo tener una vida tranquila como cualquier estudiante yendo de fiesta, emborrachándose, siendo idiota.
Se deja caer sobre el césped. Parece derrotada y eso hace que se vea mucho más joven.
Boto lo que queda del cigarrillo y me dejo caer a su lado. Permanecemos en silencio mientras la miro de reojo.
Mirándola bien, es bastante bonita y sus ojos son de un marrón que parece contener algún chocolate fundido en ellos.
—¿No puedes decírmelo? —rompo el silencio al darme cuenta de que esto no nos está llevando a ningún lado.
—No si no vas a ayudarme.
Estiro las piernas y apoyo mi peso sobre las palmas de mis manos, a los lados. Veo a la chica que está enseñando sus tetas dentro de la piscina besuquearse con uno de los tipos y estoy seguro de que el chico le está agarrando los pezones, pero aparto la vista, pues la chica nerviosa que está a mi lado requiere de mi atención.
—No hago nada gratis, ¿sabes eso?
—Eso escuché. ¿Cuánto quieres? —Es temeraria la manera en la que realiza la pregunta, no hay titubeos y encuentro que eso me gusta.
Mientras me mira, decido que Dakota no luce como muchas chicas con experiencias de esta universidad. Parece que está en su propio mundo y, siendo franco, tengo mucha curiosidad sobre por qué siempre parece distante y molesta. Y aún más intrigado sobre por qué este ángel bueno busca ayuda de mí.
—Hago mucho dinero, Dulce. Y te contaré un secreto.
—¿Cuál? —Luce curiosa cuando me acerco a ella para poder susurrar.
—Mi abuelo tiene mucho dinero y ama mucho a su único nieto, que vengo a ser yo. Así que no necesito más dinero.
—Pero cobras…
—Me gusta hacer mi propio dinero y no solo ser el chulo de los esfuerzos del abuelo.
—Entonces, ¿no quieres nada a cambio?
—No he dicho que vaya a ayudarte.
—Oh… —Se aflige de nuevo.
Permanecemos en silencio y entonces me río. No imaginé que Dakota Monroe iba a necesitar de mi ayuda, que vendría a una fiesta y que yo estaría sentado sobre el césped solo hablando con una chica dulce.
—¿Cómo supiste en qué fiesta estaría?
La verdad es que pensé que solo por pura suerte daría con la fiesta de la que le hablaba, teniendo en cuenta que hay tres dentro del campus y otras dos en los pubs de afuera a los que solemos ir los estudiantes de la OUON.
—Una amiga me ayudó…
—¿Demi? —pregunto, sonriendo cuando la sorpresa es evidente en su expresión.
—¿Cómo lo has sabido?
—Es que sé muchas cosas.
En realidad, es que ahora puedo entender la mirada insistente de su amiga y cómo escribía en su teléfono mientras lo hacía.
—Demi solo quería ayudarme —la defiende pese a que no he dicho nada—, pero no nos desviemos del tema. ¿Cuánto me cobrarás?
—No quiero tu dinero, Dulce.
—¿Qué quieres?
—Te lo diré cuando el favor esté hecho. ¿Trato?
—No puedo pactar algo con los ojos cerrados. ¿Qué quieres?
—Esa es mi oferta. Te ofrezco mi ayuda sin saber qué es y tú aceptas sin saber cuál es el pago. Lo sabrás al final, cuando todo esté hecho.
De nuevo se mordisquea el pulgar mientras me mira. Puedo ver que se está matando al pensar si esto es una buena idea. No sé qué espera de mí, pero yo me lo pensaría bien. Sin embargo, creo que su problema tiene que ser lo suficiente grave como para que extienda su mano delicada hacia mí.
—Tenemos un trato, Jagger.
Estrecho su mano sonriéndole. Esto se ha puesto bastante interesante.
—Jagger —me llama una voz que definitivamente pertenece a Millie.
Me pongo de pie y extiendo mi mano hacia Dakota, que me permite ayudarla a incorporarse. Me acerco a su oreja sin soltar mi agarre en su mano.
—El lunes espero tu explicación del favor. Nos vemos al salir de la clase de McCain, Dulce.
Le libero la mano y me alejo. La dejo ahí de pie y me acerco a Millie, que de inmediato enlaza su brazo conmigo y me cuenta lo mucho que ha costado que Callie se calmara. No soy tan atento con ella como suelo serlo, pero eso es porque mis pensamientos están dispersos pensando de qué modo Dakota Monroe va a pagarme el favor.
Pero siendo sincero, el pensamiento poco a poco se borra de mi cabeza cuando, un poco más tarde en una habitación, Millie y yo somos colisiones de piel, sudor y gemidos mientras intercambiamos placer. Es un buen momento, ambos lo disfrutamos. Cuando me estremezco después de mi orgasmo, descanso mi frente contra su hombro.
Ha sido muy buen polvo, lo he disfrutado, ambos lo hemos hecho, sin embargo, sigo tenso y con la mente dispersa.
Es como si durante el sexo callara muchos pensamientos, pero todos volvieran con fuerza después del orgasmo.
Ruedo hacia un lado luego de darle un beso en la boca a Millie y me deshago del condón arrojándolo poco después en una papelera convenientemente ubicada al lado de la cama.
—¿Te sucede algo, grandote?
Volteo para dedicarle toda mi atención. Me la encuentro boca abajo, sosteniéndose la barbilla con las manos y sin ninguna vergüenza o timidez por su desnudez. Millie es una chica segura y confiada, no es que tuviera razones para no serlo.
—Solo trabajo y algunas cosas de casa —termino por responder de manera simple.
No miento. No soy específico sobre mis problemas porque esos solo los conocen personas de confianza. Aunque seguro que muchas de las personas que ingresaron a la universidad cuando yo lo hice o que estuvieron antes recuerdan la tragedia de la que fui parte o protagonicé en mi primer año, no es algo de lo que se hable. No es bonito, fue atroz y terrible. Solo algún morboso comentaría sobre ello.
La cuestión es que me siento inquieto. Este semestre ha sido un poco extraño para mí, ha estado plagado de muchos recuerdos agrios. Además, está mi madre, con la que tengo una pésima relación, que me persigue para que la escuche y la comprenda. Se piensa que tiene redención, que en mí hay alguna bondad del perdón, como si no sospechara que cada dolor que me ha causado sigue presente y latente.
Me giro en mi posición, retiro el cabello del rostro de Millie y la beso antes de ponerme de pie y comenzar a vestirme.
Ella no me pide que me quede y eso está bien, ambos tenemos definida nuestra relación. Termino por atarme los cordones de las botas y me encuentro con que ella sigue acostada en la cama, tan desnuda como cuando follamos, lo cual ocasiona que mi polla comience a entusiasmarse un poco.
Le sonrío.
—Eres toda una tentación, Millie.
—Me gusta tentar —casi ronronea, cosa que me hace reír—. Espero que podamos divertirnos pronto.
—También lo espero.
—Y, Jagger, sonríe un poco más, eres demasiado caliente cuando lo haces. —Me sonríe—. He dormido con idiotas, pero, por sorprendente que parezca, tú no eres uno de ellos.
Sacudo la cabeza riéndome y salgo de su habitación. Me cruzo con muchas chicas de la hermandad, pero ellas solo me saludan o se ríen. Cuando estoy afuera, la madrugada es bastante fría y hay más estudiantes de lo normal para esta ahora, pero se debe a que la fiesta en la fraternidad está en pleno apogeo.
Meto las manos en los bolsillos de mi pantalón y camino sin un rumbo definido, sintiendo un leve vacío en mi pecho y una sensación de angustia. Tengo este repentino impulso de que me abracen de manera maternal, de que alguien me diga que todo estará bien y sentirme en casa, así que, aunque es bastante tarde, camino hacia mi auto para ir a casa de mamá Marie.
Me arrepiento de no tener un abrigo conmigo y, cuando llego a mi auto siento alivio, pero frunzo el ceño al ver una nota en el parabrisas. ¿Es acaso una multa? No he estacionado mal o en un lugar prohibido. También podría ser algún idiota jugando a fastidiarme o una chica interesada. Sea cual sea el motivo, tomo la nota y subo a mi auto. Lo arranco para poder activar la calefacción y, mientras mi cuerpo se relaja conforme va entrando en calor, desdoblo la nota.

¿Qué carajos…? Es una nota impresa, sin firma y con esas palabras que me producen una mala sensación.
Saco mi teléfono y llamo a Jamie, pero por supuesto que no responde. Sin embargo, por suerte para mí, Louis, otro de los chicos que forma parte del negocio, responde a mi segunda llamada.
—¿Qué sucede? —Su voz suena ronca debido al sueño.
—He encontrado una nota extraña en mi auto. ¿Podemos hablar de ello?
—¿No puede esperar?
Suena más dormido que despierto.
Respiro hondo. Soy razonable al darme cuenta de que podemos discutir de esto después, tal vez se trate de una broma de algún imbécil.
Excepto que, hace unos años, hubo unas notas parecidas que tal vez…
—¿Jagger? ¿Me dejarás seguir durmiendo? No todos nos vamos de fiesta.
—Sí, claro, Louis. Lamento haberte despertado. Hablamos mañana.
—Querrás decir más tarde —gruñe antes de colgar.
Arrojo mi teléfono al portavasos y leo la nota una vez más. Quiero creer que es alguna broma, pero no se lee tan inocente.
¿De qué juego se supone que fui parte antes? Porque si se refiere a aquella noche… Eso nunca fue un juego.