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HORAS DESDE LA DESAPARICIÓN DE SHARA WHEELER: 12
DÍAS HASTA LA GRADUACIÓN: 42
Chloe Green va a romper el cristal de la ventana de un puñetazo.
Por norma general, cuando se le pasa por la cabeza algo así significa que está al límite «mentalmente». Pero ahora mismo, apostada junto a la puerta trasera de la casa de los Wheeler, se siente físicamente preparada para hacerlo.
La hora destella en el móvil: 11.27. Treinta y tres minutos hasta que termine la última celebración religiosa de la iglesia cristiana Willowgrove, donde los Wheeler pasan la mañana fingiendo ser una pareja normal y agradable cuya hija normal y agradable no ha protagonizado un número de desaparición en la fiesta de fin de curso hace doce horas.
Tiene que ser un truco, seguro. Por supuesto, Shara Wheeler está bien. Shara Wheeler no se ha fugado de verdad. Shara Wheeler está haciendo lo mismo de siempre: representar el papel de chica inocente con ojos de cervatillo que hace que todo el mundo la considere profunda y encantadora, cuando en realidad es el tostón más aburrido de todo ese pueblo mortalmente aburrido.
Chloe va a demostrarlo. Porque es la única lo bastante lista para verlo.
Quería «disfrutar» del baile de fin de curso después de un año entero esforzándose por ser la primera en entregar todos los trabajos y consolidar su puesto como mejor estudiante de la promoción de 2022. Tardó semanas en encontrar el vestido perfecto en una tienda de segunda mano (de gasa negra y encaje, como una vampira asesina sexy), y se suponía que tenía que ser una fiesta de fin de curso ideal. No «la» fiesta de fin de curso perfecta (ni citas ni ramilletes), sino «su» fiesta ideal. Únicamente con sus amigues, vestides de tiros largos y apretujades en el coche de Benjy, cantando a pleno pulmón las letras de Lil Yachty en una habitación con una lámpara de araña antes de desplomarse en un reservado de la Waffle House a la una de la madrugada.
Pero treinta minutos antes de que se anunciara quiénes formarían parte de la corte del baile, la vio: Shara, con los labios rosados y una cascada de tul rosa almendrado, pasó rozando la mesa de los refrescos mientras se dirigía a la puerta. Chloe llevaba toda la noche observándola, con la esperanza de tener la oportunidad de estar a solas con ella.
Sin embargo, cuando llegó a la puerta, Shara se había esfumado y cuando la presidenta del consejo de estudiantes, Brooklyn Bennett, subió a la tarima para coronar a Shara como reina de la graduación, seguía sin aparecer. Nadie la vio marcharse y nadie ha vuelto a verla desde entonces, pero su jeep blanco no está en la entrada de los Wheeler.
Así pues, aquí está Chloe, la mañana después, con el maquillaje corrido alrededor de los ojos y el pelo acartonado por la laca, lista para entrar por la fuerza en casa de Shara.
Encuentra la llave de repuesto dentro de una piedra visiblemente lisa con el versículo de Josué 24:15 grabado encima. «Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor».
Durante todo el trayecto en coche hasta el club de campo, Chloe se imaginaba la cara que pondría Shara cuando la viera en su puerta. Los ojos verdes agrandados por la sorpresa, el suspiro teatral, el reticente reconocimiento de que su pequeña farsa para llamar la atención no iba a salir como ella planeaba porque Chloe es un genio con mucho atractivo que no se deja engañar. Esa inmensa satisfacción iba a dar a Chloe energía durante los exámenes finales y, seguramente, también durante los dos primeros cursos de la carrera.
Sin embargo, cuando asoma la cabeza por la puerta abierta y escudriña la inmensa cocina de los Wheeler, no hay ni rastro de Shara.
Así pues, hace lo que haría cualquiera en su situación. Cierra la puerta y va a echar un vistazo por toda la primera planta.
Shara no está.
Vale. No pasa nada. Pero, a ver, tiene que estar en algún sitio… Seguro que está en la planta de arriba, en su dormitorio.
En el rellano de la planta superior, una puerta entreabierta revela un cuarto de baño que debe de ser el de Shara. Empapelado en beis y rosado, encimera de porcelana en la que hay un sinfín de productos para el cuidado de la piel y un frasco de su esmalte de uñas de referencia (Ballet Slippers, de la marca Essie). Chloe duda un momento en el umbral; su objetivo no es ese, pero junto al lavabo hay un coletero de seda con estampado de flores que no había visto nunca, pese a todas las clases avanzadas que ha pasado mirándole la coronilla a Shara. Siempre lleva la reluciente melena rubia suelta y recién cepillada. Es su estilo. Seguro que se pone el coletero por la noche para lavarse la cara.
Irrelevante.
Chloe se detiene junto a la puerta siguiente. Está entornada y tiene una S de color rosa pintada a mano.
Sería mentira (una mentira del tamaño del presupuesto para el equipo de fútbol de la Escuela Cristiana Willowgrove) decir que nunca ha imaginado en qué clase de incubadora de perfección se mete Shara Wheeler cuando vuelve a casa cada día. ¿Un depósito de sustancia viscosa para mantener el cutis hidratado? ¿Un estilista profesional a su servicio? ¿Adónde va Shara cuando no está en sus pintorescas citas en Starbucks con su novio quarterback ni alargando trabajos de literatura comparada sospechosamente buenos? ¿Quién es cuando, por una vez, nadie la mira?
Solo existe una forma de averiguarlo.
Abre la puerta con el pie y…
La habitación está vacía.
Como era de esperar, el cuarto de Shara no es más que una habitación normal y agradable. Sospechosamente sosa, incluso. Cama, cómoda, mesilla de noche, tocador, combinación de librería/escritorio, lámpara con pantalla redonda y una cadenita plateada. Hay un ramillete seco del baile de bienvenida en el alféizar de la ventana y una barra de cacao Burt’s Bees en una bandeja de concha encima del tocador, junto a un frasco de desodorante con olor a lilas y una pila de libros de bolsillo con páginas marcadas para los trabajos del instituto. Las paredes son de un sobrio azul celeste, con fotos enmarcadas de su familia, de su novio y de su panda de amigas, todas con idénticas melenas al viento, codos puntiagudos y perfecto maquillaje Glossier.
¿Dónde está ahora la Panda de Glossier? Chloe supone que pasando la resaca como pueden. Está claro que ninguna se ha presentado allí para buscar pruebas. Eso es lo que pasa con las niñatas populares: no tienen la clase de vínculo forjado a fuego de ser rara y queer en una ciudad entre pequeña y mediana de Alabama. Si Chloe intentara esfumarse de esa manera, habría toda una milicia de Shakespeare gais echando abajo todas las puertas de False Beach.
¿Por qué no está Shara?
Chloe aprieta los puños, entra y empieza por el escritorio.
Si no puede interrogar a Shara, tal vez su habitación pueda darle algunas respuestas. Fisga entre lo que hay en el escritorio y en las estanterías, en busca del calendario de Perdida de Shara Wheeler con días de la semana en los que indique «comprar provisiones» e «inculpar a Chloe de mi asesinato». Lo único que encuentra son trípticos de universidades y una caja de tarjetas y sobres con las iniciales de Shara impresas para escribir las notas de agradecimiento ante la inminente avalancha de cheques que recibirá de su familia rica por haberse graduado. Ninguna página de diario incriminatoria arrugada en la papelera, solo el cartón del envoltorio de un brillo de labios.
Joyero: nada importante. Armario: ropa, una balda para los zapatos ordenados con mucho esmero, vestidos de fiesta para las aperturas y clausuras de curso, metidos en fundas para ropa con cremallera. (¿Quién usa esas fundas?). Cajón de la ropa interior: medio vacío, suficientes prendas discretas, aunque finas como un pétalo, para un par de semanas. Cama: sobre la colcha color marfil bien extendida, una camiseta de Harvard doblada con cuidado. Dios libre a quienes se olviden de que a Shara la han aceptado en su primera opción, tras tener ofertas de prácticamente cualquier otra universidad de la Ivy League del país.
Chloe ensaya un siseo entre dientes. No es más que un puñado de objetos perfectamente normales que reflejan la vida perfectamente normal de una chica perfectamente normal.
Retrocede para acercarse al tocador y abre el cajón. Una colección de brillos de labios en tonos casi idénticos de un rosa neutro, la mayoría a medio usar, con las etiquetas algo borradas. Al final de la hilera hay uno recién estrenado, tan lleno y reluciente que solo puede habérselo puesto una vez, como mucho. Se fija en que coincide con el envoltorio de la papelera.
Cuando desenrosca la tapa, el aroma le impacta con la misma fuerza que la primera vez que lo olió: a vainilla y menta.
Se abre la ventana.
Chloe suelta un juramento, se arroja sobre la alfombra y gatea hasta meterse debajo del escritorio.
Un par de Vans negras aparecen en la repisa de la ventana y con ellas llega la flaca silueta de un chico con vaqueros desgastados y una camisa de franela. Se detiene (Chloe no le ve la cara, pero el chico retuerce el cuerpo como si estuviera comprobando que el camino está despejado), y entonces entra de un salto en la habitación.
Pelo oscuro y rizado con mechas color caramelo, piel marrón clara, nariz larga y recta, una mandíbula cuadrada y a la vez delicada como una espina de pescado.
Rory Heron, la respuesta de Willowgrove a cualquier chico malo y taciturno salido de las películas de adolescentes de finales de los noventa. El soltero más cotizado entre el peldaño de colgados, skaters y vagos de la escala social. Nunca ha compartido ninguna asignatura con él, aunque, por lo que tiene entendido, tampoco es que pise mucho las clases.
Chloe ve a Rory trazar con la mirada el mismo camino que ella hace un momento: la cómoda, la cama, las fotos de la pared. Al darse cuenta de que sin querer ha tirado con el pie el ramillete del alféizar, que ha caído al suelo, lo recoge con delicadeza y examina los capullos secos antes de devolverlo a su sitio. Chloe entrecierra los ojos. ¿Qué hace Rory Heron aquí, en la habitación de Shara, mimando sus ramilletes?
Entonces el chico se vuelve hacia el escritorio, la ve y grita.
Chloe se pone de pie a toda prisa y le tapa la boca con la mano.
—Calla —sisea Chloe. De cerca, Rory tiene los ojos de color avellana y los ha abierto muy alarmado—. Te van a oír los vecinos.
—El vecino soy yo —dice cuando Chloe lo suelta.
Se queda mirándolo e intenta encajar el personaje que representa Rory con el pijerío extremo del Club de Campo de False Beach.
—¿Vives aquí?
Rory la fulmina con la mirada.
—¿Por qué lo preguntas? ¿No tengo pinta de poder permitirme vivir aquí?
—Yo más bien diría que eres de los que prefieren morir antes que vivir aquí —responde Chloe.
—Créeme, no estoy aquí por gusto —contesta Rory, todavía con el ceño fruncido, pero ahora de otra manera—. Eres… Chloe, ¿verdad? ¿Chloe Green? ¿Qué hacías debajo del escritorio de Shara?
—Y tú, ¿qué hacías entrando por la ventana de Shara?
—Tú primero.
—Yo-yo…, eh… —tartamudea Chloe. La entrada de Rory ha apagado parte del fuego que sentía dentro, y ahora ya no está segura de cómo justificar su presencia. Se le empieza a calentar la cara; ojalá se acabase pronto el tormento—. Me han dicho que se escapó anoche.
—Yo he oído lo mismo —dice Rory. Habla con la misma clase de estudiada apatía con la que se desplaza, con los hombros caídos y sin mostrar sus emociones—. ¿Sabías…, sabes dónde está?
—No, solo… quería ver si de verdad se había largado.
—Y por eso te has colado en su casa —dice Rory como si tal cosa.
—¡Tenía llave!
—Ya, claro. Pero sigue siendo allanamiento de morada.
—Solo si cometo un delito.
—Bueno, pues llámalo invasión de la propiedad privada.
—Y cómo llamarías a lo de entrar por la ventana, ¿eh?
Rory hace una pausa y baja la mirada hacia las punteras de las Vans.
—Es distinto. Shara me dijo que dejaba la ventana abierta.
—Eso no es una invitación a entrar, colega.
—Por favor, ya te lo he dicho, soy su vecino. La gente, ya sabes, siempre le pide a sus vecinos que echen un vistazo a sus cosas cuando no está. Es costumbre.
—¿Y eso es lo que estás haciendo?
—Quería asegurarme de que se encontraba bien.
Chloe pone cara de escéptica.
—No te he visto hablar con ella ni una sola vez en mi vida.
—Ni siquiera la conoces, ¿verdad? —contrataca Rory—. ¿Y tú qué haces aquí? ¿Por qué te importa si se ha marchado o no?
¿Por qué le importa? Porque tanto Shara como ella han dedicado todos los días de sus años de instituto al singular objetivo de ser la primera de la promoción y pronunciar el discurso de clausura; lo único que ha motivado a Chloe tanto como ese honor es saber que Shara Wheeler no podrá conseguirlo. Porque Shara Wheeler tiene todo lo demás.
Porque si Shara se ha fugado de verdad, equivale a una renuncia, y Chloe Green no quiere ganar por defecto.
Porque, hace dos días, Shara vio que Chloe estaba sola en el ascensor del Edificio B antes de la quinta hora, le tiró del codo y la besó hasta que se le olvidó un semestre entero de francés. Y Chloe sigue sin saber por qué.
—¿Y tú por qué estás aquí? —le devuelve la pregunta a Rory.
—Porque yo… me preocupo por ella, ¿vale? Los imbéciles de sus amigos no, pero yo sí.
—Ya, te preocupas. —Chloe pone los ojos en blanco—. Y eso te da derecho a liderar la partida de búsqueda.
—No…
—Entonces, ¿qué te da derecho?
Se produce otra pausa. Rory cambia el peso de un pie a otro. Y entonces baja la mirada, levanta las oscuras cejas y dice:
—Eso.
Cuando Chloe sigue su mirada, encuentra un sobre apoyado con aire inofensivo en un organizador de cartas de color rosa. En la parte de delante, Shara ha escrito con su típica letra cursiva el nombre de Rory.
¿Qué? ¿El nombre de Rory?
Rory tiene los brazos más largos, pero Chloe reacciona más rápido. Coge el sobre y lo abre con un dedo. Saca una tarjeta de ese papel rosa con el monograma de Shara y lee su impecable letra en voz alta.
Rory:
Gracias por el beso. Si pensabas que nunca me había fijado en ti, te equivocabas.
XOXO
Shara
P.D.: melocoton100304
P.P.D.: Dile a Smith que revise los borradores. Chloe debería pillar el resto.
—¿La besaste? —exige saber Chloe.
Rory parece preparado para encajar un puñetazo, actitud que debería reservar para cuando el auténtico novio de Shara se entere.
—¡Me besó ella!
Chloe vuelve a notar la rabia que le entra en el cuerpo y la apaga.
—¿Cuándo?
—Anoche. Antes de la fiesta.
—¿Dónde?
—En… la boca.
—¡El punto geográfico, Heron!
—Ah, en la azotea de mi casa.
Shara besó a Rory. Y ahora Rory está ahí plantado, en su habitación, defendiéndola delante de Chloe porque él… Ay, madre.
Es la chica de la casa de al lado y está enamorado de ella. De eso se trata. Es tan predecible que resulta irritante.
—Bueno, pues no te emociones mucho —dice Chloe—. A mí también me besó.
Rory la mira a la cara.
—No te rías de mí.
—De verdad que no —insiste Chloe—. En el instituto, el viernes.
Él cierra con fuerza los ojos, empieza a pasarse la mano por los rizos y luego se detiene antes de estropear el peinado que se ha hecho.
—Vale, entonces, esto —dice, al tiempo que hace un gesto entre los dos y abarca la habitación en conjunto— ya tiene más sentido.
Un silencio incómodo y torpe se apodera de la habitación como el olor corporal de los deportistas en el gimnasio del colegio el viernes que toca espectáculo de animadoras. Chloe aprieta la mandíbula antes de hablar…
Se abre la puerta principal en el piso de abajo.
—Mierda —dice Chloe.
Comprueba la hora en el reloj de la mesilla: 12.13 h. Rory le ha hecho perder la noción del tiempo.
—Tendrás que usar la escalera —le indica Rory, que ya se ha puesto en marcha.
—Joder con Shara Wheeler —murmura Chloe, y se abalanza con tanto ímpetu por la ventana que casi se salta el primer peldaño.
Ya en el suelo, Rory se apoya la escalera en un enclenque hombro y, con torpeza, intenta volver a colocarla junto a la verja. Desde luego, físicamente es una cara bonita sobre un palo de escoba. Entiende por qué hay tantas chicas de tercero y de segundo obsesionadas con su onda de tío bueno liante que toca la guitarra en el aparcamiento, pero da pena verlo levantar algo.
—Te ayudo —dice Chloe mientras coge el otro extremo.
Rory gruñe mosqueado, pero no se queja.
Trepan hasta entrar en el jardín trasero de la casa de él, tan frondoso y bien cuidado como el resto del club de campo. Cuando vivía en California, Chloe nunca había entrado en un club de campo que estuviera vallado, hectáreas y hectáreas cercadas con un control de acceso con vigilante, como el portero de un campo de golf. Había tenido que hacerse pasar por la niñera de alguien para poder entrar.
—Venga, suéltalo —dice Chloe, y se limpia lo que le queda de perfilador de ojos. La mano se le tiñe de negro—. ¿Qué significa el melocotón ese? Me refiero a la nota.
—No tengo ni idea —dice Rory.
—Entonces, mañana en el insti se lo contaremos todo a Smith, a ver si él lo sabe.
Rory hace una mueca. Tiene un aspecto ridículo, ahí plantado dentro de una comunidad vallada fingiendo ser una especie de softboy indie de pacotilla.
—¿Quiénes? ¿Nosotros? —pregunta—. ¿Quieres contarle a Smith que besaste a su novia?
—¿No quieres saber qué hace Shara ni dónde está?
—¿Por qué no esperamos a que vuelva y se lo preguntamos?
—¿Qué te hace pensar que va a volver dentro de poco? —insiste Chloe—. ¿Y si tiene una especie… una especie de segunda vida secreta en otra ciudad o está liada con un viejo rico o algo por el estilo? ¿Qué pasa si no aparece antes de que vayamos a la uni? ¿Qué pasa si la perdemos de vista para siempre? ¿Y si te pasas el resto de la vida preguntándote por qué narices te besó Shara Wheeler?
Rory, que ha ido entrecerrando los ojos cada vez más conforme Chloe hablaba, esboza una media sonrisa irónica y dice:
—Te tiene bien pillada, ¿eh?
—Adiós —dice Chloe, y gira sobre sus talones—. Ya lo haré yo sola.
—Espera —la llama Rory.
Chloe se detiene.
—¿Mañana a qué hora?
—Nada más llegar —dice Chloe—. A primera hora toca Física para Futbolistas.
—Genial. —Le abre la puerta del jardín—. Pondré en orden mis asuntos.
—¿Por qué no te presentaste a la audición para el musical de primavera? Eres tan dramático...
—No es mi rollo.
Se quedan ahí plantados, con las llaves de Chloe tintineando en la mano y Rory con cara de estar a punto de ponerse a escribir poemas deprimentes sobre Shara. O lo que sea que le guste. De repente se alarma, con la sensación de que le han adjudicado el peor trabajo en grupo del mundo y no logra imaginar en qué van a mejorar las cosas cuando se les añada Smith Parker.
—Eh. —Chloe carraspea—. Esto, quizá…, no se lo digas a nadie más, ¿vale? Que Shara me besó… No sé si debería haberte… Bueno, es igual, creo que no debería enterarse todo el instituto salvo que ella misma lo cuente.
Rory niega con la cabeza.
—No pensaba contárselo a nadie.
Satisfecha, Chloe levanta la barbilla, se da la vuelta y abre la puerta haciendo fuerza.
—Nos vemos mañana en clase. Más vale que te presentes. Ahora sé dónde vives.
—Capto la amenaza —dice Rory con un saludo taciturno. Se queda al otro lado de la verja cuando Chloe cierra la cancela.
Tras cruzar el jardín delantero de la casa de los Heron, Chloe dobla la esquina y aparece en una arboleda con una fuente muy ornamentada en forma de horrendo delfín, donde había aparcado el coche.
En el asiento del conductor, por fin relaja el cuerpo de un modo que solo se permite cuando está absolutamente sola. Deja caer los hombros. Las llaves se le resbalan de la mano y caen a la alfombrilla del coche. Inclina la cabeza sobre el volante. Desde el salpicadero, el gato de la suerte en miniatura la saluda perplejo.
Shara Wheeler la ha besado y la ha dejado plantada. Y ni siquiera es a la única.
Pero… aquel brillo de labios. Vainilla y menta. No cabe duda, es cien por cien el brillo que llevaba cuando se besaron. Chloe no olvidaría aquel aroma jamás de los jamases.
Eso significa que Shara lo compró específicamente para besarla con él.
Prueba de que, cuando está en casa por la noche en su cuarto de color azul celeste, cepillándose el pelo, pintándose las uñas y dando tres vueltas con una goma elástica al taco de tarjetas de repaso, Shara piensa en Chloe.
Y eso le sabe un poco a victoria.
TIRADO A LA HOGUERA
Nota manuscrita de Chloe a Georgia.
POR FAVOR, QUE NO SE NOTE TU REACCIÓN. Si madame Clark pilla esta nota y la lee en voz alta como hizo con la lista de culos de Tanner, te mato. En serio...
Shara Wheeler acaba de besarme. O sea, ahora mismo, mientras subía a esta clase.
POR FAVOR, NO REACCIONES. Estás tranquila. Eres un lago en calma, eres mis madres después de una infusión de maría.
Yo había ido al ascensor de los profes para atajar y ella ha entrado y me ha besado, así, SIN MÁS.
¿¿¿Y creo que también la he besado??? ¡Está buenísima! ¡He entrado en pánico! Puede que sea la cruz de mi existencia, pero también es como si viviera en las colinas de Suecia y se pasara el día bordando flores como un extra del Midsommar. ¿A que cuando la ves piensas que tiene que oler bien? Pues huele genial, a lilas, salvo por el brillo de labios, que era de vainilla y menta. A ver, ¿de qué otra manera podía reaccionar cuando una chica así estaba a punto de besarme? Cualquiera habría hecho lo mismo.
TOTAL. Me ha besado, me ha besado de verdad, te lo juro, me ha besado, y luego se HA ESFUMADO.
¿Qué significa eso? Shara Wheeler es la hetero más trágica que se ha metido en un top escotado de Brandy Melville. Seguro que solo quería reírse de mí. ¿¿¿O no??? ¿Qué hago?
Lilas, Geo. LILAS.
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días DESDE LA DESAPARICIÓN DE SHARA WHEELER: 2
DÍAS HASTA LA GRADUACIÓN: 41
Lo primero que vio Chloe cuando el Subaru de sus madres cruzó el límite metropolitano de False Beach fue la cara de Shara Wheeler.
No es que le diera esa sensación (aunque sí da la impresión de que Shara Wheeler esté por todas partes, en todo momento). Fue literal: en un cartel de diez metros de altura que se veía desde la interestatal, entre una tienda de gofres Waffle House y un Winn-Dixie bajo un cielo gris y cenagoso, había una foto de una preciosa chica rubia con una sonrisa bonita, que llevaba una pila de libros y un transportador de ángulos entre los brazos.
¡A JESÚS LE ENCANTA LA GEOMETRÍA!, aseguraba la valla publicitaria, una afirmación que a Chloe le pareció un poco arriesgada. ¡UNA EDUCACIÓN CENTRADA EN CRISTO EN LA ESCUELA CRISTIANA WILLOWGROVE!
Hay un total de cinco institutos en False Beach, y Willowgrove es el único que tiene un programa de estudios avanzados decente y un departamento de teatro con presupuesto suficiente para representar El fantasma de la ópera. Como friki de la literatura metida hasta los huesos en una fase gótica, Chloe consideraba a los catorce años que esas eran las cosas más importantes que podía ofrecerle un centro de secundaria. Su mami había estudiado en Willowgrove allá por los años noventa y había intentado advertirle de cómo era, pero Chloe había insistido mucho. Si esa era la única opción que tenía, toleraría todo el rollo de Jesús.
—¿Y a qué viene ese nombre de False Beach? —le preguntó Chloe a su mami por la irritante millonésima vez aquel día mientras quedaban deslumbradas por el cartel de Shara.
Era la pregunta que llevaba haciéndole desde que su mami le había dicho el nombre de su pueblo natal.
—Es una playa, pero no —respondió su mami, como siempre, y su otra madre pasó una página de Los cuentos de Canterbury, y siguieron avanzando, cada vez más lejos del atardecer de California, para llegar a Alabama, el culo del mundo.
False Beach se halla en las anchas orillas del lago Martin, cosa que provoca la ligera ilusión de que se trata de un pueblo costero, como Gulf Shores o Mobile, más al sur por la costa, pero no lo es. Está en el interior, a cuatro horas del golfo de México, más cerca de Atlanta que de Pensacola, casi justo en el centro del estado. La orilla del lago ni siquiera es de arena, porque el lago tampoco es un lago de verdad. Es un embalse construido en la década de 1920, rodeado de zonas pantanosas, bosques y acantilados.
No es más que un pueblo junto a una balsa de agua en el que no ocurre nada interesante. Y, siguiendo la naturaleza propia de los pueblos y las ciudades pequeñas, tal como Chloe ha aprendido, cuando ocurre algo todo el mundo se entera. Eso significa que, el lunes por la mañana, el único tema de conversación es dónde puede estar Shara.
Bueno, la verdad es que no es taaan distinto de cualquier otro día en Willowgrove. Aquí, Shara Wheeler es Helena de Troya, si esta fuera famosa tanto por ser guapa como por ser trágica e increíblemente inteligente para su pueblo, o Regina George, si su marca se pusiera a hacer el doble de horas de voluntariado de las obligatorias.
Shara Wheeler es guapísima. Shara Wheeler es listísima. Shara Wheeler nunca se ha portado mal con nadie en su vida. Shara Wheeler tiene voz de ángel, en serio, pero nunca se ha presentado a la audición para el musical de primavera porque no quiere quitarles la oportunidad a otros estudiantes que la necesiten más. Shara Wheeler es el amuleto del equipo de fútbol americano, y, si se pierde un partido, están gafados. El año pasado se organizó un movimiento de chicas de primero que se perfilaron los labios de manera muy exagerada para recrear el característico labio superior de Shara, carnoso y vuelto hacia arriba. Es un milagro que a nadie se le haya ocurrido todavía poner su retrato en un envase de mantequilla, por ejemplo.
Hoy:
—Me han dicho que nadie la ha visto desde la fiesta de fin de curso.
—Me han dicho que Smith cortó con ella y se volvió loca.
—Me han dicho que se fugó para construir casas para los sin techo.
—Me han dicho que está embarazada y que sus padres la han mandado a otro sitio hasta que dé a luz para que nadie se entere.
—Imbécil, ese el argumento de Riverdale —dice Benjy cuando se lo oye decir a un estudiante de segundo que pasa por ahí.
Suspira y, con mucho cuidado, deja en la parte inferior de la taquilla el polo del uniforme del Sonic, que se pondrá para ir a trabajar después de clase.
Chloe frunce el entrecejo mientras se mira en el espejo de la puerta de la taquilla. La irrita que ahora mismo su vida también tenga que girar alrededor de Shara Wheeler.
—¿Estás bien, Chloe? —pregunta Benjy.
—Pues claro que estoy bien —responde Chloe, y recoloca las relucientes puntas plateadas que lleva en el cuello de la camisa.
Georgia describe su interpretación del uniforme como «sacarle partido». Chloe lo describe como «por favor, déjame sentir una dulce pizca de personalidad antes de que me la aplasten a la hora de comer». Da igual lo que sea.
—¿Por qué me preguntas si estoy bien?
—Porque solo te has maquillado un ojo.
—¿Qué? Vuelve a comprobar el reflejo. Ojo izquierdo: perfilado con la precisión de una experta con el Negro Negrísimo. Ojo derecho: desnudo como un recién nacido.
—Ay, madre.
Saca a toda prisa un perfilador de ojos del kit de maquillaje de emergencia que guarda en la taquilla. Lleva tanto tiempo allí que tiene que probar primero en la palma de la mano para comprobar si funciona. Nunca pensó que fuera a necesitarlo.
—Total —dice Benjy, retomando el hilo de la conversación—. Le he dicho a Georgia que esta semana tendremos que hacer la noche de cine en su casa porque Fres quiere ver esa peli que comentó tu madre, Dentro del laberinto, y si mi padre entra y ve el maillot de David Bowie de licra, va a empezar a hacerme preguntas que no me apetece responder. Así que… —Se calla un momento—. Oye, ¿por qué se está acercando Rory Heron?
Una silueta diminuta aparece por encima del hombro de Chloe en el espejo, justo debajo de las puntas desfiladas de su melena corta, pero va creciendo por momentos: es Rory, con aspecto de estar tremendamente irritado por haber tenido que pisar el campus antes de tercera hora.
—Le debo dinero para un regalo de clase para madame Clark —miente Chloe a toda prisa.
Termina de hacerse la raya y tapa el perfilador.
—Que te diviertas —dice Benjy, y se larga rumbo a la primera clase.
Chloe cierra la taquilla y se da la vuelta para mirar a Rory.
—Me alegro de no tener que volver al club de campo.
Rory parpadea.
—Sabes que toda esa pose es… agotadora, ¿verdad?
—Gracias —dice Chloe—. Suelta.
Va abriéndose camino entre la multitud matutina hasta el laboratorio de física, con la mirada puesta en la persona alrededor de la cual parecen orbitar todos los demás jugadores del equipo de fútbol: Smith Parker, el novio de Shara, quarterback, víctima de la trágica situación de tener un nombre que parece un apellido y un apellido que parece un nombre.
Recuerda el día en que empezaron a salir Smith y Shara. Era la semana de bienvenida de tercero y la escuela entera estaba abducida por el extraño ritual sureño de pagar un dólar al consejo de estudiantes para que mandasen claveles a la persona de la que uno estaba enamorado. Ese año, Chloe se vio obligada a ser la pareja de laboratorio de Shara en Química Avanzada y Shara acababa de tachar la fórmula química de Chloe para escribirla ella (Chloe tenía razón) cuando dos docenas de claveles quedaron desparramados sobre los apuntes. Todos y cada uno de ellos eran de Smith para Shara. Eran la pareja del año de Willowgrove desde ¿hacía cuánto, vamos a ver? Además, los claveles ni siquiera son bonitos.
En opinión de Chloe, Smith no es mucho mejor que los otros cabezas huecas del equipo de fútbol, a quienes está obligada a despreciar por principios. Teniendo en cuenta que la mayor parte de la matrícula del curso anterior se dedicó a la renovación del estadio y que la entrenadora de las animadoras está enseñando Ética, las prioridades de Willowgrave son bastante obvias. Cada uno de los partidos que gana Smith arranca más dinero de los programas de letras, el único sitio para los estudiantes que de verdad tienen talento.
Visto de cerca, Smith no es… tan cachas como pensaba Chloe. Es más estrecho que cuadrado, se parece más a un bailarín que a un jugador de fútbol. Es uno de los pocos deportistas que Chloe considera guapos en lugar de feos pero atractivos y de cuello ancho. Tiene los pómulos altos, unos llamativos ojos castaños con el rabillo muy marcado y las cejas arqueadas, y una piel morena que, por sorprendente que parezca, sigue perfecta durante la temporada de fútbol. Es alto, incluso más alto que Rory. ¿Acaso ha crecido desde la fiesta de fin de curso? ¿Siempre ha tenido la mandíbula tan marcada y de forma triangular? Es como un problema de geometría del examen de admisión.
—Smith —dice Chloe.
Al principio él no responde, sino que sigue gritando por el pasillo a uno de sus compañeros de equipo (a ver, en serio, la temporada de fútbol acabó hace cuatro meses, ¿no son capaces de encontrar otro rasgo de personalidad?), así que lo intenta otra vez
—¡Smith!
Cuando por fin la mira, se le ocurre que a lo mejor Smith Parker ni siquiera sabe quién es Chloe. Bueno, seguro que por lo menos la conoce como la chica rara y queer de Los Ángeles con dos madres lesbianas, lo mismo que saben de ella todos los demás, pero ¿de verdad sabe quién es ella? La reputación que se ha ganado por dirigir el equipo de Trivial con puño de hierro puede resultarle irrelevante a Smith. ¿Le habrá contado Shara que Chloe es la única que merece ser considerada su némesis académica?
—¿Qué tal? —pregunta Smith.
Ve junto a ella a Rory, que intenta encogerse dentro de la sudadera del uniforme, y lo saluda con un gesto de la barbilla.
Chloe frunce los labios.
—¿Podemos hablar contigo un momento?
Smith mira por encima del hombro hacia donde está Ace Torres, en la puerta del laboratorio, chocando los cinco con otro tío del equipo. Todo el mundo sabe que la primera hora de Física de cuarto en Willowgrove tiene un nivel bajísimo y se puntúa con una manga ancha brutal para ayudar a que los deportistas del centro tengan una media de notas alta.
—Lo siento, tengo que ir a clase, en serio —contesta.
Chloe resopla.
—Es Física para Futbolistas.
—Ya lo sé —dice Smith—, pero…
—Y es el último mes de clases —añade Chloe—. A nadie le importa si alguien llega tarde, y a ti menos que a nadie.
—Mira, he tenido un fin de semana bestial —dice Smith mirando a Chloe. Esta vez, ella advierte las bolsas que tiene debajo de los ojos y se pregunta cómo habrá pasado el domingo: seguro que dedicándose a empujar vacas con sus amigos o algo así—. ¿Por qué no me dej…?
—He besado a Shara —suelta Rory.
Smith se queda de piedra. Rory se queda de piedra. Las vacas a las que han dejado tranquilas a las afueras del pueblo se quedan de piedra.
Cuando Smith vuelve a hablar, lo hace en voz baja.
—¿Qué?
—O sea, eh… —dice Rory. Resulta casi divertido ver como toda su fachada de pasota que se salta las clases y siempre mira hacia abajo queda reducida a nada. Los chicos dan vergüenza ajena—. Ella, eh…, antes de marcharse, nosotros, eh…
—Ha besado a Shara. Y yo también —dice Chloe, que da un paso adelante como el Espartaco de quienes han besado a la novia de Smith Parker—. Es decir, me besó ella, si hablamos con propiedad. Pero yo le devolví el beso.
Smith se queda mirándola a la cara, luego mira a Rory y luego de nuevo a Chloe.
—Tíos, ¿os parece gracioso? —pregunta—. Porque no lo es.
—Sí que es un poco gracioso —comenta Chloe.
—No es broma —insiste Rory.
Si Smith sabe algo sobre las clases sociales inferiores de Willowgrove, debería saber que Chloe y Rory ni siquiera se han mirado una sola vez a los ojos en el pasillo del instituto, y mucho menos han conspirado para reírse del quarterback. Todo el ecosistema de Willowgrove depende de las rígidas divisiones entre cada estrato social. Smith tiene que saber que Chloe no iría en contra del orden natural si no fuese absolutamente necesario.
A Smith le tiembla un músculo de la mandíbula.
—Pues vaya mierda de noticia —dice Smith—. ¿Por qué me lo contáis?
—Porque tenemos que hablar —intenta Rory—. Los tres.
Chloe se decide por algo más directo.
—Rory, enséñale la nota.
—¿Qué nota? —pregunta Smith.
Rory se hace el remolón, pero al final le da la vuelta a la mochila y desabrocha la cremallera. Está llena de parches de la revista Thrasher y chapas pretenciosas, y contiene exactamente cero libros de texto.
—Nos dejó esto —dice Chloe cuando Rory le da la tarjeta a Smith—. ¿Sabes qué significa la última parte?
Smith clava la mirada en la tarjeta un minuto entero por lo menos, luego la dobla, cierra el sobre y se la devuelve con calma.
—Te gusta, ¿verdad? —le dice a Rory—. ¿Todavía?
Chloe mira a uno y luego al otro, observa la boca tensa de Smith y la triste arruga entre las gruesas cejas de Rory. No suele creer que los chicos adolescentes puedan tener muchos sentimientos complicados, pero salta a la vista que ahí hay alguna historia turbia. El Remolino Shara.
—Más o menos —dice Rory con la voz de alguien que se ha colado por la ventana de la habitación de Shara un día antes.
Smith asiente con amarga satisfacción y se dirige a Chloe.
—¿Y a ti?
Chloe parpadea y baja la voz.
—Casi no la conozco. No tengo ni idea de por qué me besó. Solo quiero sacar mejores notas que ella y ser la primera de la promoción.
Smith asimila lo que le ha dicho y vuelve a asentir. Chloe empieza a sospechar que el tío no pilla las bromas.
—No sé qué significa el melocotón —dice Smith—, pero los números son la combinación de mi taquilla.
La taquilla de Smith Parker es una leonera.
Por lo menos, huele mejor que las taquillas de los otros jugadores de fútbol, pero está abarrotada de libros de texto y cuadernos con un montón de hojas metidas y más libros de los que supuestamente debería leer para la clase de Literatura. También hay una cantidad sorprendente de cosméticos: crema hidratante, coleteros, corrector antiojeras marrón oscuro, bálsamo labial de color granada. Lo empuja todo detrás de una caja de galletas de avena de la marca Little Debbie.
—¿En serio, tío? —dice Chloe, y señala las galletas con la barbilla.
Smith se encoge de hombros.
—Tengo que tomar muchas calorías.
Mientras Smith hurga entre el revoltijo de cosas, Chloe se queda mirando la foto de la puerta de su taquilla. Salen Smith y Shara en la fiesta de bienvenida del otoño anterior, él con el clásico conjunto de pantalones elegantes y camisa abrochada hasta el cuello y ella con aquel vestido…
Chloe no fue a la fiesta de bienvenida. Pero vio el vestido de Shara en Instagram como cualquier otro ser vivo del planeta. No era más que un vestido liso de seda azul con un escote modesto, pero se le pegaba al cuerpo como el agua y no llevaba sujetador. Durante una semana entera, estuvo en boca de todos. Noticias matutinas de la BBC. Titular: LA HIJA FAVORITA DE DIOS INSINÚA UN PEZÓN.
Mira de reojo a Rory para ver si él se ha fijado en lo mismo, pero está concentrado en Smith, que acaba de sacar algo de detrás de la botella de Gatorade.
—Espera —dice Smith—. Yo no he dejado esto aquí.
Es una bolsa de caramelos que lleva cuidadosamente atada, con un lazo rosa, una segunda tarjeta del papel personalizado de Shara. En el sobre pone el nombre de Smith.
—¿Gominolas de melocotón? —pregunta Chloe.
—Shara siempre les da unas cuantas a las animadoras que me preparan la bolsa de chucherías de los días de partido —dice Smith—. Son mis favoritas.
—¿Todavía? —dice Rory.
Smith se queda mirándolo.
—¿Qué?
—Las gominolas de melocotón son de críos —dice Rory, encogiéndose de hombros.
—¿Vas a abrir el sobre o no? —interviene Chloe.
Smith suspira y saca la tarjeta. Chloe la lee por encima de su hombro antes de que él tenga oportunidad de apartarla.
Smith:
Creo que tal vez el problema sea que no sé cómo contarte la verdad. Quizá por eso tuve que hacer esto. No sé cómo decírtelo, pero quizá pueda mostrártelo.
Te prometo que estoy bien. No te cabrees mucho por lo de los besos. No fue culpa de Rory ni de Chloe.
XOXO
Shara
P.D.: Todavía no habéis acabado con las posdatas del mensaje anterior. Asegúrate de que Rory sigue las indicaciones. No debería costarle.
P.P.D.: Dile a Chloe que ya le escribiré.
—Ni idea de lo que significa todo esto —dice Smith, y baja la tarjeta a un lado del cuerpo.
Rory inclina la cabeza e intenta leer de lado las palabras.
—No creerás que ha acabado como Liam Neeson en Venganza, ¿verdad? —pregunta Chloe.
—No.
—Entonces, ¿se habrá ido por propia iniciativa?
—Supongo.
—¿Y si está huyendo de la escena de un crimen? Tal vez haya matado a alguien…
—Lo dudo.
Rory yergue la espalda e interviene:
—¿Y qué te importa?
Uf.
Smith hace una pausa y luego cierra la taquilla.
—A ver, inténtalo otra vez.
—Buf, no sé —dice Rory—. ¿No pensabas dejarla por las groupies de la liga de fútbol después de la graduación? Ahora lo tienes mucho más fácil.
—Auch —suelta Chloe.
Smith se muerde la comisura del labio y asiente despacio moviendo la barbilla, como si Rory fuera un pateador enclenque de cuarenta kilos de un equipo visitante. Entonces saca el móvil, lo desbloquea y se lo muestra.
Está abierto por el registro de llamadas y todas las que salen (diez llamadas solo en las últimas dos horas) son a la misma persona. Shara, Shara, Shara, Shara, Shara.
—Ace y yo nos recorrimos en coche hasta el último rincón de False Beach para ver si la encontrábamos —dice Smith—. Miramos en todos los sitios a los que le gusta ir, comprobamos si estaba en el Cinemark de Houghton o en el Sonic o en ese parque con tantos magnolios que hay cerca de Dick’s Sporting Goods, pero no estaba por ninguna parte. Me pasé horas buscándola. Así que, sí, me importa.
La expresión de Rory es la del cursor que parpadea al principio de un documento de Word en blanco, así que Chloe toma la palabra.
—Entonces, nos necesitas —le dice a Smith—. Salta a la vista que esto es… una especie de rompecabezas que Shara ha preparado para nosotros y cada uno tiene una pieza. En cuanto lo resolvamos, sabremos dónde está.
Smith por fin aparta los ojos de Rory para mirarla a ella.
—¿Y tu pieza del puzle dónde está?
—Aún tengo que averiguarlo —se queja Chloe—. Pero no tiene sentido buscarla si no podemos ponernos de acuerdo en que tenemos que ir todos a una.
Smith vuelve a fijar la atención en Rory.
—¿A ti te parece bien?
—Mira, ojalá me la sudase todo esto, pero no es así —dice Rory, que por fin se ha recuperado—. Si Shara se empeña en nombrarnos a los tres, seguramente significa que debemos estar todos aquí, así que no voy a darle más vueltas. Lo haré.
—Yo también —añade Chloe—. Es decir, que si quieres averiguar dónde está tu novia, tendrás que aceptar que nos haya besado. O sea, rápido.
A su alrededor, el resto de Willowgrove va entrando con cuentagotas a la primera hora de clase y todas y cada una de esas personas se paran un segundo a mirarlos al pasar. Chloe Green, la que sacó casi la máxima puntuación en el examen de acceso a la universidad. Smith Parker, el santo que ha dado a Willowgrave el título de campeón del estado dos años consecutivos. Y Rory Heron, famoso sobre todo por inundar el laboratorio de biología a propósito. Que los tres ocupen el mismo espacio está abriendo una brecha en el continuo espaciotemporal de Willowgrove.
Salta a la vista que Smith está haciendo cálculos mentales. No cabe duda de que Rory y él estarían dispuestos a hacer casi cualquier cosa antes de pasar un segundo en compañía del otro, lo que significa que la vida de Chloe está a punto de convertirse en un tornado infinito de egos, pero podrá soportarlo siempre que le permitan tener una victoria merecida. Igual que la Escuela Cristiana Willowgrove, es un mal necesario.
—También me apunto, supongo —dice Smith. Mira de reojo a Chloe—. Ahora entiendo a qué se refería Shara cuando hablaba de ti.
Chloe parpadea.
—¿Qué te dijo de mí?
—No te preocupes por eso.
—Genial —dice Chloe, quien, por supuesto, ha empezado a preocuparse—. Pero si hay algo que debamos saber, como si ha dicho o hecho algo raro últimamente, deberías contármelo.
—Contárnoslo —la corrige Rory.
—Contárnoslo —repite Chloe.
—Lo único raro —dice Rory por fin— es que no paraba de decir que no podía quedar porque tenía deberes. O sea, lo hace a menudo, pero me refiero a que sacaba la excusa de los deberes mogollón de veces. Así que supongo que… Quizá estaba haciendo otra cosa.
—¿Te parecía… infeliz? —pregunta Chloe.
—A veces con Shara cuesta saberlo —dice Smith—. Algunas veces simplemente desconecta. Tipo que no responde a los mensajes durante un fin de semana entero o pone el teléfono en modo avión, sin explicaciones, y dos días más tarde es como si no hubiera pasado nada.
—¿Y qué haces? —pregunta Rory—. Cuando se esfuma.
—Hasta ahora nunca había tenido que hacer nada —dice Smith—. Siempre volvía.
Grupo de chat
Participantes: Chloe Green, Smith Parker y Rory Heron
he creado un chat. por favor, no respondáis salvo que tengáis info de SW.
Smith
ok
Smith, acabo de decir que no respondáis.
Smith
sorry
Chloe ha cambiado el nombre del grupo a
«He besado a Shara Wheeler»
Rory

Smith
ni hablar
Smith ha borrado el nombre del grupo
no sé por qué te cabreas si es verdad
TIRADO A LA HOGUERA
Contenido de una de las cintas de Rory, sin rebobinar. Lleva una pegatina verde en la que pone “personal”.
He besado a Shara Wheeler.
La cosa fue así: lo de la graduación y la fiesta de fin de curso me parece un rollo, pero tiene un punto fascinante y morboso. Salí por la ventana y me senté en la azotea para cotillear a la gente que bajaba de las limusinas junto al club que está al otro lado de la pista de golf. Y allí fue donde me encontró. Se remangó el vestido, trepó por el enrejado y de ahí al tejado, me dijo «hola» y luego me besó. Y entonces se largó otra vez.
No fue un momento en plan terremoto, como siempre había imaginado, sobre todo porque yo estaba super… confundido.
Me quedé ahí sentado y vi a Smith llegar en coche a su casa, igual que lo he visto llegar un millón de veces desde segundo, con esa gran sonrisa; hasta le vi lo blancos que tiene los dientes. Se hizo unas fotos con Shara delante de su casa como si no hubiera pasado nada.
Brooklyn Bennett colgó una historia pasiva-agresiva en Instagram para decir que el consejo de estudiantes se había gastado la mitad del presupuesto de la fiesta en un montón de globos que tenían que lanzar cuando se anunciara el nombre de la reina, algo que no llegó a ocurrir. Jake vio a Ace en el Sonic y Ace dijo que Smith le contó que había ido a buscar las cosas de Shara al guardarropa y que, antes de que volviera a la pista de baile, ella había desaparecido. A estas alturas todo el mundo se ha enterado. Nadie sabe dónde fue ni por qué.
Pero yo la besé.