UNO
DECLARACIÓN DE JOSEPH (JOE) MEAD, 17
Yo estaba mirando cómo bailaba Ellie Kimber.
DECLARACIÓN DE VIOLET NKIRU CHIKEZIE, 16
Estábamos mirando cómo bailaba Ellie Kimber. Llevaba un vestido tan corto que casi ni parecía un vestido. Bajo aquellas luces, el vestido brillaba como la cola de una sirena. La piel también le brillaba; sus piernas parecían tan largas que era difícil saber dónde terminaban. Mi hermano pequeño me cogía con tanta fuerza de la mano que bajé la mirada para ver qué le pasaba. Se retorcía al ritmo de la música igual que ella. Aquello me hizo sonreír. A nuestro lado, mi madre chasqueaba la lengua como si desaprobara lo que veía, pero no dejaba de mirar.
DECLARACIÓN DE PEACHES BRITTEN, 16
Todos estábamos mirando cómo bailaba Ellie Kimber. Parecía una estela plateada en un cielo lleno de estrellas. Aunque la odiaras, no podías apartar la vista.
DECLARACIÓN DE ELLIOT (ELLIE) KIMBER, 17
Yo estaba bailando. Por si no lo sabíais, es la mejor manera de olvidarse de todo. Cierras los ojos, echas la cabeza hacia atrás y te dejas llevar. Me sumergí en la música, como si flotara de un lado a otro con ella, entrando y saliendo de la realidad a medida que giraba la cabeza. El bajo sonaba como el latido de un corazón, pero no como cuando lo oyes, sino como cuando lo sientes. Estaba justo delante, contra las vallas, junto a los amplificadores; lo bastante cerca de ellos como para sentir la vibración en el aire.
Lo sé, no fue buena idea. Se supone que debería cuidar de mis oídos, pero, aunque no me funcionara ninguno de los dos, habría estado allí por la manera en que la música hacía temblar el suelo, golpeándolo bajo mis pies. Es muy parecido a lo que siento cuando corro, pero sin el dolor y sin tener que concentrarme. Sin el sentimiento de culpa.
JOE
La música ni siquiera merecía la pena. El Festival Ambereve es igual cada año: un par de leyendas locales a las que, para variar, les dejan rasguear su guitarra en algún sitio que no sea la Noche de Talentos del Queen’s Head. Y luego, de cabeza de cartel, Eric Stone; ya sabes, el único famoso de Amberside. Aunque dejase de estar de moda hace como, no sé, ¿veinte años?
PEACHES
Mi madre se acuerda de cuando Eric Stone era grande. Grande como los Beatles, pero con un corte de pelo mejor, o eso dice ella. Al parecer, en una ocasión ella le tiró el sujetador. Ahora Stone vive en el barrio de los millonarios en la parte alta del pueblo y nos mira a todos por encima del hombro. Yo lo único que sé de él es que es el viejo barbudo que me gritó cuando la cagué durante su prueba de voz. Menudo payaso.
VIOLET
No suelo escuchar el tipo de música que toca el tal Eric Stone, pero la manera en que Ellie se movía mientras sonaba era preciosa. Casi me hizo sentir celosa, aunque yo nunca podría hacerlo. Lo de bailar así delante de todo el mundo, quiero decir. Nunca se me ocurriría, y no solo porque a mi madre se le habría quedado la boca seca de tanto chasquear la lengua en caso de que lo hubiera hecho. Mi madre sacó mi nombre de un libro de cuentos para niños y a veces hasta me sorprende lo bien que encaja conmigo: Shy Violet. Ya me entienden, shy significa «tímida». Yo no soy de las que se ponen a bailar. Me gusta más quedarme a los lados, donde se está más tranquilo, y observar sin tener que estar pendiente de si alguien me mira o no. Cuando Ellie baila… es como si le diera igual que todo el mundo la estuviera mirando. Aunque, ¿por qué iba a importarle? Cuando baila, es la única persona que hay en el mundo. Solo está ella.
JOE
Se mueve como si fuera… No sé, menos sólida que los demás. Como si no tuviera huesos que le impidieran el movimiento. Es lo mismo que hace que todos nos la quedemos mirando cuando camina, como si se deslizase, por los pasillos del instituto. No soy capaz de apartar la mirada de ella. Nadie lo es. Y no es solo por el rollo ese de que es «modelo», aunque he visto a las demás chicas mirarla como si guardara algún secreto, como si creyeran que si lo descubren podrán copiarlo. La miran como si ansiaran meterse bajo su piel y convertirse en ella.
Así es como la miraba yo en aquel momento. Fijamente. No podía evitarlo.
Sam me dio un codazo, me cogió la lata por la anilla y se rio de mí mientras me la quitaba.
—¡Ten cuidado o se te saldrán los ojos de las cuencas! —me soltó.
Ni siquiera le miré.
—¿Qué dices?
—¡Los ojos, hermano!
Volvió a reírse de mí, pero sé muy bien que él también la estaba mirando. Todos la mirábamos. Es que Ellie era…
VIOLET
Preciosa.
PEACHES
Una zorra.
ELLIE
Estaba esperando a que empezaran los fuegos artificiales. En el Ambereve todo sigue siempre el mismo patrón: puestos en la calle principal durante todo el día y atracciones para los más pequeños, mientras los seguratas intentan evitar que los estudiantes que se han emborrachado con sidra acaparen el tiovivo. Manzana especiada caliente en vasitos de papel, tanto la versión para adultos como la que no tiene alcohol. Manzanas de caramelo. Barritas de turrón en bolsas de rayas. Y, después, el desfile.
VIOLET
Todo Amberside asiste al desfile. Sobre todo este año.
ELLIE
El año pasado lo cancelaron. Ya sabéis, el desfile, el festival, todo, así que este año fue una especie de liberación, como si nos hubiéramos reunido todos al principio del camino para coger aire juntos. Aunque probablemente no hubiera más gente de lo habitual, daba la sensación de que éramos más que nunca. Todos queríamos estar más cerca que en otras ocasiones. La gente se apretujaba de tal modo que daba la sensación de que nuestros corazones latían al unísono. Fue maravilloso.
PEACHES
Te piden que cojas una de las antorchas que ponen delante de Guildhall y que la metas en una almenara que hay de camino. Por un día, a nadie le importa estar entregando palos con fuego a adolescentes puteados con el mundo, aunque entre ellos esté el chaval ese de mi instituto que se hizo famoso porque se quemó el pelo.
JOE
Dougie se quemó una vez. ¡Fue la leche! No le pasó nada, pero no le volvieron a crecer las cejas hasta Navidad.
ELLIE
Luego, como todos los años, coges calle arriba hasta llegar a Hearne House.
PEACHES
En los carteles pone LA HISTÓRICA HEARNE HOUSE, aunque nosotros usamos un nombre más sencillo.
VIOLET
La casa de la colina.
ELLIE
Todo el mundo está desfilando o viendo el desfile. Desde los estudiantes del Instituto Clifton a los de la Universidad de Sefton. ¡Hasta los que dicen que son demasiado viejos para estas cosas! Incluso padres, con la excusa de que van a supervisar a sus hijos. Los niños se cuelgan del brazo de los mayores y les piden que les dejen llevar la antorcha un rato.
Recuerdo que, en un momento dado, me pregunté qué aspecto tendríamos desde el aire. Todos esos puntitos de luz en movimiento, como estrellas fugaces que se reflejan en un lago oscuro y serpenteante. Cometas pequeños. Encontré a mis padres en el desfile casi por casualidad y recuerdo que mi madre estaba diciendo que las hogueras en las noches cálidas, cuando aún no tienes que ir abrigada y puedes disfrutar de ellas, tienen algo mágico.
Mi padre la miró y negó con la cabeza. «No la animes», le dijo.
Me eché a reír y los perdí de vista justo cuando cruzaba el puente y me reunía con mis amigas: Jessa, Cori, Sutton y algunas otras que andaban por allí con la esperanza de no quedarse atrás. Cuando la multitud entró en el campo fue como abrir una puerta y dejar que una ráfaga de aire caliente entre en una habitación helada. Corrimos hacia el escenario.
VIOLET
Hicimos cola en el puente que cruza el río. La casa no es más que un puntito en mitad de todas las hectáreas de tierra que la rodean y la única manera de entrar es por el puente. Una parte del río pasa por debajo del puente y después fluye por el lado interior del muro, como si fuera un foso, pero al revés. Los muros de los lados del puente son muy altos, lo que convierte la casa en una fortaleza. Me pregunto a quién no querían dejar entrar.
PEACHES
Me pregunto a quién no querían dejar salir.
Yo no tenía antorcha, porque llevaba en Hearne House desde las nueve de la mañana, junto con los técnicos y otros voluntarios del grupo de teatro local. El trato era que los miembros del Amberside Dramatics podían representar obras en la casa tres veces al año y que, a cambio, tenían que ayudar en los acontecimientos que se celebrasen allí; por lo general, bodas y conferencias. El Ambereve es el más importante de los acontecimientos que se celebran. Habíamos colocado las estructuras metálicas de luces sobre el escenario temporal y aún estábamos haciendo las últimas pruebas de los focos cuando empezó a llegar la gente. La mitad del pueblo apareció en masa y el puente se convirtió en un cuello de botella por el que la gente tuvo que pasar apretada, de uno en uno, guiada por los de seguridad hasta la Hoguera de Bienvenida, que es donde hay que tirar la antorcha.
Lo del fuego se supone que tiene que ver con la unidad. No creo que muchas personas se paren a pensar en la sensación de calidez y comodidad que experimentan al participar en este acto de piromanía conjunta.
JOE
Este año, la hoguera era enorme. Si hay algo en lo que Amberside se deja la piel, es provocar un incendio. Y la Hoguera de Bienvenida ni siquiera era la mayor atracción. La explanada se había llenado de gente que esperaba la música y las luces. Dougie, Sam y yo tuvimos que darnos prisa para asegurarnos nuestro sitio habitual en la ladera sur, apoyados en el muro que separa la explanada de los jardines privados.
La lata de cerveza estaba vacía cuando Sam me la devolvió, pero no me molestó. A decir verdad, solo estaba haciendo ver que bebía. Soy experto en fingirlo. No tenéis ni idea de toda la pasta que he gastado en cigarrillos que no fumo. Mi intención era volver a coger un buen ritmo de entrenamiento a partir del día siguiente, esta vez en serio, y desde que habíamos entrado en octubre, bastante brutales eran ya de por sí los madrugones como para, encima, tener resaca. Además, este año estaba siendo más frío de lo normal. Dejé la lata en el suelo y seguí mirando cómo bailaba Ellie, rodeada por la habitual multitud cambiante de chicas desesperadas porque se fijara en ellas. Estábamos esperando a que empezaran los fuegos artificiales.
VIOLET
Mi madre me dijo que solo iba por los fuegos artificiales de después del concierto. Otras personas iban a bailar, a pasar tiempo con sus amigos. Yo había ido para pasar algo de tiempo con mi madre. No me da vergüenza confesarlo. En casa siempre hay demasiadas tareas: los deberes del instituto, cuidar de papá y un millón de cosas más. Siempre me ha parecido un milagro tener unas pocas horas para dejarlo todo a un lado y observar cómo baila la gente. Y a mamá esperando los fuegos artificiales.
PEACHES
Los fuegos artificiales no suelen estar mal. En cualquier caso, son más impresionantes que Eric Stone. Sin embargo, a mí me daba igual el castillo de fuegos artificiales, por mucho que hubiera conseguido un sitio estupendo desde el que verlo. El motivo de que me hubiera tirado el día entero pidiendo permiso para pasar el concierto balanceándome en la estructura que estaba junto encima del escenario no eran los fuegos artificiales.
Me había costado muchísimo convencer al jefe del escenario de que me «necesitaba» en el puente de luces, de que debía ser la elegida para pasarme el concierto en lo más alto de todo, iluminando la calva de Eric Stone con uno de nuestros destartalados focos. El jefe me había mirado como si me creyera capaz de conseguir que la estructura se viniera abajo. No me había sentado muy bien, pero había merecido la pena solo por ver el mundo a mis pies desde allí arriba, mucho más pequeño e insignificante de lo habitual. Ni siquiera ver a Ellie Kimber había estado tan mal, teniendo en cuenta que estaba tan por debajo de mí. Un cambio radical en nuestros respectivos estatus sociales. Allí arriba me sentía completamente libre. Libre de todo. Incluso de mí misma.
JOE
—¡Se están tomando su tiempo! —se quejaba Dougie mientras miraba al cielo—. ¿¡No suelen empezar justo cuando está con su último gran éxito!?
Eric Stone estaba tocando Rock Saw Us, que era su mayor éxito, el que le había granjeado el apodo de Rocksaurus entre aquellos que asistían habitualmente a sus prehistóricos y repetitivos conciertos.
—A lo mejor tiene material nuevo —comenté—. O a lo mejor este año acaban el concierto con alguien decente.
—O a lo mejor es que el encargado de lanzarlos está distraído con ese culo —soltó Sam mientras señalaba—. ¡Fijaos en ese culo!
Yo estaba concentrado en otra cosa.
Ellie Kimber llevaba un vestido corto de lentejuelas que reflejaba todos y cada uno de los colores de las luces. Parecía pintado con aerosol. Es probable que hubiera llegado a fijarme hasta en cuántos mechones de pelo se le habían soltado de la cola alta, de un tono rubio dorado, que hacía girar mientras bailaba, pero los médicos dicen que es normal que tenga lagunas de memoria.
A decir verdad, no sé a qué culo se estaba refiriendo Sam. Pero no es que mi mente me esté jugando una mala pasada: entonces tampoco lo sabía.
Miré a Dougie y a Sam y puse los ojos en blanco. Eso sí que lo recuerdo. Estaban sonriendo.
«¡Vamooos! —me dijo Sam—. ¡Ponle nota!». Y tuve que hacerlo, claro. Dougie se tiró contra Sam riéndose. Me giré para echar una ojeada a los culos que se sacudían en nuestra dirección, fingí que daba con el culo en cuestión y le puse nota.
VIOLET
La primera explosión iluminó el cielo y el rostro de mi madre. Me quedé observándola y me esforcé por guardar aquel recuerdo en la memoria. Era tan raro que sonriera que almacenaba las pocas sonrisas que le veía. Mi hermano soltó un grito y se pegó a mí. Le metí los dedos en el pelo ensortijado para que se sintiera seguro.
—Tranquilo, Ade. Suenan muy fuerte, pero no hacen nada. ¡Mira qué colores!
Aún inseguro, asomó poco a poco hasta que me vio la cara. Entonces, me puso la mano en la mejilla y me dijo que la piel se me había vuelto azul.
ELLIE
El cielo se abrió en una lluvia de brillantes chispas azules. Un cielo azul en plena noche, que nos pintaba a todos del mismo color. Una gran explosión seguida de una serie de detonaciones más pequeñas. Aquello era mejor que la música. Eché la cabeza hacia atrás para ver qué lanzaban a continuación.
PEACHES
Cuando empezaron los fuegos artificiales, pasé las piernas y un brazo por las guías de la estructura y me incliné hacia delante, momento en que sentí que el centro de mi nada desdeñable gravedad cambiaba y se balanceaba. Dos mil personas levantaron la vista para mirarme. Aquello era una novedad, dado que, en Clifton, por lo normal, me sentía la peor de los pringados.
Yo diría que fui la primera que se dio cuenta de lo que estaba pasando; pero, claro, estaba en una posición ventajosa. Además de que no estaba mirando los fuegos, sino a las personas que tenía por debajo y los colores que se reflejaban en ellas. Incluso perdí el control del foco unos instantes y dejé al mismísimo dinosaurio del rock sumido en la más profunda oscuridad.
JOE
Sam me agarró de la camisa por la espalda y me preguntó:
—¿Qué es eso?
VIOLET
—Tú también estás azul —le dije a Ade mientras le pasaba las yemas de los dedos por la mejilla a medida que las luces cambiaban por un espectro de tonos eléctricos que nos teñían momentáneamente la piel—, pero ahora vuelves a ser marrón. Y naranja. Y marrón. ¿¡De qué colores soy yo!?
PEACHES
La gente tenía los brazos levantados y miraba al cielo. Todos se movían al ritmo de la música, por lo que tardaron unos instantes en darse cuenta de la otra onda de movimiento que había empezado a pasar entre ellos. Por algún motivo no encajaba. Era como si fuera a contracorriente.
ELLIE
El mundo era ruido y luz.
JOE
Sam me tiró de la camisa. De repente, estaba de rodillas justo detrás de mí.
—¡Joe, mira! —me dijo.
VIOLET
Ade sonrió y acercó los dedos para tocarme la barbilla.
—¡Eres de todos los colores, V!
PEACHES
Al principio fue poca cosa. Fue como si una brisa soplara en un maizal y doblara unos cuantos tallos altos a su paso. La multitud se movió por debajo de mí, como alejándose del ritmo de la música, apretándose los unos contra los otros, confundidos.
Entonces, algo empezó a abrirse paso entre ellos como si de una guadaña se tratase.
DOS
PEACHES
La gente empezó a caerse. Se retorcían de repente allí donde estuvieran y caían al suelo. Me costaba entender lo que estaba sucediendo. Los fuegos artificiales volaban por encima de mí. Lo único que oía era su eco y lo único que veía, repartidas entre la multitud, personas que caían. No como si fueran fichas de dominó, unas detrás de otras, sino aquí y allá. Como al azar. Pensé que debía de tratarse de una broma, una flashmob de esas. Algo preparado.
JOE
—¡Pero ¿qué coño…?!
Para entonces ya me estaba poniendo de pie y le tendí la mano a Doug para ayudarlo a levantarse porque una chica venía hacia nosotros tambaleándose… como si fuera un zombi de esos que salen en las películas malas de terror. Con los brazos por delante, como si no supieran lo que buscan. Pues eso hacía la chica.
VIOLET
Se oyó un ruido como de petardo, pero tan fuerte que fue como si me hubiera explotado justo al lado de la oreja. Ade me cogió de la mano con mucha fuerza. Le había dicho que no tuviera miedo porque los fuegos artificiales estaban demasiado lejos.
JOE
Se nos acercaba. A Sam, a Doug y a mí. Tenía el pecho empapado de un líquido de color rojo negruzco.
ELLIE
Noté un empujón en la espalda, tan fuerte que me quedé sin aire. No fue una persona en concreto, sino que, de pronto, todo el mundo se había echado hacia delante. Me aplastaban contra la valla.
PEACHES
Cuando la gente empezó a empujar hacia uno y otro lado, lo único que marcaba el camino que se había abierto entre las personas fueron los cuerpos caídos de los que ya no podían correr. Al final del camino había dos de ellos. Iban vestidos de negro, encapuchados, con la boca y la barbilla tapadas con un pañuelo. Empuñaban unas armas enormes, rifles o algo así. De esas que parecen de mentira porque solo las ves en películas y videojuegos.
No podría deciros nada de ellos, ni la edad, ni el color de la piel. Desde donde yo estaba parecían… muy pequeños y, al mismo tiempo, capaces de cambiar el mundo.
Se volvieron cada uno en una dirección y empezaron a disparar de nuevo. A abrir nuevos caminos.
VIOLET
Ade me apretaba la mano con muchísima fuerza.
Y entonces me la soltó.
JOE
Doug fue el primero en llegar hasta ella. La conozco, estaba pensando yo. Va un curso por debajo de mí. Pero no me acordaba de cómo se llamaba. Por alguna razón, aquello era lo único en lo que podía pensar. En cómo se llamaba. Ahora ya lo sé, por las fotos, pero… parecía tan confundida.
—¿Podemos ayudarte? ¿Podemos…?
Se cayó en los brazos de Doug. Sam tenía los ojos muy abiertos y me miraba aterrorizado. Busqué el móvil. Es lo que se hace cuando ves morir a alguien. Llamar para pedir ayuda.
ELLIE
La gente saltaba las vallas. Pasaban por encima de mí para saltarlas. Tenía tanto miedo que ni siquiera entendía de dónde llegaba el ruido. Además, cuando solo tienes un oído bueno, tu percepción del sonido siempre está distorsionada. A mí siempre me parece que los sonidos vienen de la derecha. Más por instinto que por lógica, me esforcé por ir hacia la izquierda, por apartarme del ruido. Intenté trepar yo también la valla. Quise coger del brazo a Jessa para llevármela conmigo, pero ella me puso el codo en el hombro, la mano en un lado de la cara y me apretó la mandíbula con sus dedos pegajosos mientras trepaba la valla y saltaba. Ni siquiera miró hacia atrás para ver si la seguía.
Algo caliente me salpicó la nuca.
PEACHES
Una bala rozó el metal de la estructura de luces del escenario y saltaron chispas.
ELLIE
Ya no había fuegos artificiales, pero seguía habiendo pequeñas explosiones a mi alrededor. Ecos sin luz que sacudían el suelo. La valla se cayó.
PEACHES
Toda la gente corría hacia el escenario, en masa, lo que la convertía en un blanco más fácil. Los de la banda se escondían detrás de los instrumentos. Los vi arrastrarse hacia los lados del escenario. Eric Stone se tiró al suelo de una manera muy teatral, como girando sobre sí mismo, y se alejó reptando por el suelo.
ELLIE
Era como si siguiera bailando, solo que no era yo quien movía los brazos y las piernas. Primero me empujaban hacia un lado y, acto seguido, tiraban de mí hacia el otro. Como una marioneta sin cuerdas.
VIOLET
A Ade le dieron en el hombro y en la pantorrilla. En aquel momento yo no lo sabía. Solo sabía que parte del cuerpo de mi hermano había explotado en una lluvia de sangre y que mi madre lo agarraba con todas sus fuerzas y gritaba su nombre mientras se lo apretaba contra el pecho. Hacía cosa de un año que Ade pesaba demasiado como para que lo llevaran en brazos, pero mi madre lo levantó como si nada. Sus gritos se oían por encima de los tiros.
JOE
Todo sucedió en un segundo, o eso me pareció. La chica aquella —Hannah, se llamaba Hannah— cayó al suelo y, a continuación, todo el mundo empezó a gritar, la explanada entera. Mientras miraba, pensé que me había vuelto loco. La situación no me pareció más normal cuando vi al primero de ellos, una figura oscura con un arma en las manos, pero sí más reveladora. Lo vi todo con la mente más clara y fría. Alguien estaba disparando. Doug tenía a una chica muerta en los brazos. Estábamos arrinconados contra el muro.
No dijimos nada. Echamos a correr.
VIOLET
Solo hay una manera de entrar en Hearne House y solo hay una manera de salir. Había tanta gente por todos lados, corriendo en todas direcciones, que era evidente que no lo tenían tan claro como yo. Pero mi madre no corría. Ni siquiera se movía. Estaba paralizada, con Ade en los brazos.
Yo quería hacer lo mismo, pero tenía muy claro que solo había una manera de salir de Hearne House y que en la explanada había hombres armados.
Le pegué una bofetada a mi madre. En alguna ocasión había oído que el dolor hace que superes el miedo, pero sigo sin tener claro por qué pensaba que aquello iba a funcionar. Ni siquiera tengo claro cómo tuve las narices de hacerlo, en un momento así, pero fue como si la bofetada le recordase que debía respirar. Me miró y le expliqué qué teníamos que hacer para escapar de allí. Mi madre llevaba a Ade como si no pesara. Echamos a correr hacia el río.
PEACHES
Supongo que si hubiera permanecido donde estaba, allí arriba, no me habría pasado nada. «¡Quédate ahí, idiota, por encima de todos, que la gente nunca mira hacia arriba!», le habría gritado a cualquier persona. Pero en aquel momento me sentía como una presa fácil.
ELLIE
No veía nada con claridad. No veía a ningún conocido. Las chicas que un momento antes bailaban a mi lado habían desaparecido como por arte de magia. Me sentía más amenazada por la multitud que se apelotonaba encima de mí que por cualquier otra cosa. Alguien me pegó un empujón y caí al suelo de rodillas. Alguien me pisó la cara con la fuerza suficiente como para dejarme un moratón. Seguía intentando situar el ruido: qué era, qué lo producía. Yo creo que en mi fuero interno lo tenía claro, pero nunca piensas «armas». Piensas «fuegos artificiales». Te preguntas si alguien habrá tirado petardos entre la multitud.
Algo estaba bloqueando mi capacidad para aceptar la realidad. Como si mi cerebro estuviera intentando protegerme fingiendo que no sabía lo que estaba sucediendo.
Entonces, alguien me cogió con fuerza por los hombros. Era uno de los de seguridad, que llevaba el chaleco amarillo suelto y ondeaba. Pensé que estaba intentando ayudarme, pero lo que hizo fue romper mi caparazón protector de negación.
—¿¡Por qué nos están disparando!?
Su voz era como un estertor pastoso. Me escupió sangre a la cara. Supongo que, cuando te alcanzan en los pulmones, tu cuerpo intenta espirar la sangre, como hace con el aire.
PEACHES
Lo más importante era que, una vez abajo, ya no tendría que seguir presenciando lo que estaba sucediendo.
Para entonces, ya habían dejado de disparar indiscriminadamente. La multitud se había reducido en algunas zonas y se apelotonaba en otras. Cuando empecé a bajar la escala de la estructura, peldaño a peldaño, me di cuenta de que la táctica de los atacantes cambiaba. Empezaban a elegir los objetivos. Decidían a quién disparaban. Cazaban.
JOE
En algún momento, perdí a Doug de vista. Y a Sam. Mi cabeza no dejaba de decirme: «Sal de aquí sal de aquí sal de aquí». Era lo único que tenía en mente.
PEACHES
Nunca sabré si hice bien o mal, pero juraría que uno de ellos me miró. Sentí que se me erizaban los pelos de la nuca.
VIOLET
Ade lloraba. Estaba vivo. Sobreviviría. Lo que teníamos que hacer era correr.
PEACHES
En ese momento me entró el pánico. Tenía las manos sudadas y me resbalaban en las barras de metal. Supe que no podría bajar lo suficientemente rápido como para esquivar una bala. Aún estaba a un metro y medio del suelo cuando me solté de la escalera.
JOE
Querría recordarlo mejor. En plan, me gustaría hablaros de los cadáveres por encima de los que pasé, de los brazos y las piernas que pisé como si estuviera jugando a algo muy caótico en el patio. Me gustaría… Me gustaría decir que sabía que ya estaban muertos, que no habría podido ayudarlos de ninguna manera, pero no puedo. No lo sé. No sé si murieron rápido o despacio, ni cuánto les dolió.
Tengo la sensación de que alguien debería saberlo. Pero yo solo puedo contar mi historia, no la suya.
Puede que, en parte, eso sea lo me hace sentir culpable. No eran más que una visión borrosa por debajo de mí, un obstáculo. Eran personas, pero yo solo… Tenía que llegar al río y no me detuve.
PEACHES
Fue el tobillo el que sufrió más con la caída, al menos, durante el par de segundos que tardó en ceder bajo mi peso. Pensé que me lo había roto y que, aun así, iba a tener que echar a correr. Pero cuando me puse de pie, aguantó.
Miré hacia atrás y me quedó claro que, o me había equivocado o el tirador no me había visto. Se alejaba de mí.
ELLIE
La necesidad imperiosa de echar a correr se apoderó de mí como no lo había hecho jamás en la pista. Todo mi cuerpo me pedía que me moviera, pero estaba atrapada. El de seguridad se me había desmoronado encima y la gente que se había subido al escenario salía despedida hacia atrás, hechos pedazos como botellas en un muro. Me abrí paso entre brazos y piernas y las manos se me mancharon de sangre. Tenía el estómago revuelto y el corazón me latía como si se me fuera a salir del pecho, pero tenía que salir de allí.
VIOLET
La gente nos atropellaba y nos empujaba. La mitad intentaba llegar al río y la otra mitad intentaba alejarse de él. Era como si nos estuvieran atacando, pero no le solté la mano a mi madre. Teníamos que salir de allí como fuera.
JOE
«¡Sal de aquí sal de aquí sal de aquí!», me repetía una y otra vez, como si no conociera otras palabras.
PEACHES
Fuera hacia donde fuera, iba a tener que salir a campo abierto. Sabía que, como poco, había dos tiradores, pero en ese momento solo veía a uno de ellos.
ELLIE
Saqué la pierna como pude. Por fin, por fin podía moverme. Levanté la vista. Venía a por mí.
VIOLET
Muchos pasaban corriendo en dirección contraria, intentaban hacerlo por entre nosotras, chocaban con nuestras manos enlazadas. Alejaban a mi madre de mí.
PEACHES
Subir al escenario no era buena idea. Había visto lo que les pasaba a los que lo habían hecho. Así que me metí debajo. No era la primera a la que se le ocurría la idea.
Estaba oscuro, cosa que por extraño que parezca agradecí, y silencioso. Si hubiera tenido los ojos cerrados, nunca habría sabido que en aquel pequeño hueco debajo de la estructura no cabía ni un alma más. Distinguía a las personas por la palidez de su rostro y por lo blancos que se les veían los ojos, pero era como si estuviéramos los unos fundidos con los otros. Me apretujé ocupando el menor espacio posible. Estaba encima de las piernas de alguien. Poco después, noté que una persona se medio tumbaba encima de mi espalda. Éramos como una baraja de cartas desordenadas.
ELLIE
Nunca olvidaré aquellos ojos. Todo lo demás en él resultaba de lo más inhumano: una figura negra y voluminosa con una extensión metálica y brillante en un brazo. Pero entre la capucha y el pañuelo con el que se cubría de nariz para abajo había una franja de piel pálida. Tenía los ojos azules. Nos miramos fijamente. Intenté pensar en a quién rezar, si es que debía rezar. No parecía que fuera a servir de mucho. Imaginé el rostro de mis padres y pensé «Lo siento» con todas mis fuerzas.
PEACHES
Estaba mirando a los ojos a otra persona; unos ojos oscuros y asustados que le pertenecían a un cuerpo estirado a lo largo del mío. Estábamos lo bastante cerca como para besarnos. Poco a poco, me acostumbré a la oscuridad y vi los rasgos de su cara.
ELLIE
Dio media vuelta.
JOE
Me choqué con ella.
ELLIE
Nunca entenderé por qué. Me miró a los ojos, recargó y dio media vuelta.
JOE
De frente, directamente, con tanta fuerza que la tiré al suelo. Pero ella no era un cuerpo más, alguien que quizá estuviera medio vivo o quizá medio muerto, como los demás. No podía dejarla allí y olvidarme de ella. Me había ayudado con las matemáticas durante todo el último trimestre. Era callada y siempre daba la impresión de que dudara por algo. Sabía cómo se llamaba. Le tendí la mano y se me agarró al brazo para ponerse de pie.
—¿Violet?
VIOLET
Me daba igual si le estaba haciendo daño a Joe. No estaba pensando en eso. Ni siquiera lo veía a pesar de que le estaba gritando a la cara.
JOE
La sujetaba con fuerza por la mano e intentaba decirle que teníamos que llegar al puente, pero ella no dejaba de gritar. Sus palabras eran como un aullido muy muy agudo.
VIOLET
—¡He perdido a mi familia! ¡Por favor, ayúdame, he perdido a mi familia!