CRÉDITOS
Título original inglés:
Endangered Operation (Carmen Sandiego. Chase Your Own Caper)
Autor: Sam Nisson.
Copyright © 2019 by Houghton Mifflin Harcourt IP LLC.
Carmen Sandiego, los logotipos y diseños asociados, y los personajes relacionados son marcas comerciales de Houghton Mifflin Harcourt IP LLC, y están usados bajo licencia.
Publicado por acuerdo especial con Houghton Mifflin Harcourt IP LLC.
Todos los derechos reservados.
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© del texto: Sam Nisson, 2019.
© de la traducción: Efrén del Valle Peñamil, 2020.
Arte de la cubierta original: Chromosphere.
Adaptación de la cubierta: Lookatcia.com.
Diseño de los personajes: Keiko Murayama.
Arte del interior: Artful Doodlers.
Diseño del interior: Chrissy Kurpeski.
© de esta edición: RBA Libros, S.A., 2020.
Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.
rbalibros.com
Primera edición: enero de 2020.
rba molino
ref.: odbo653
isbn: 978-84-272-2143-7
realización de la versión digital • el taller del llibre, s. l.
Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito
del editor cualquier forma de reproducción, distribución,
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operación
TIGRE
tú eliges cómo acaba
Traducción de Efrén del Valle
RBA
TRAMA VILE
en la sala de profesores de la academia vile cundía el desánimo. Los cinco entrenadores, líderes de la organización criminal más poderosa del mundo, se habían reunido para trazar sus planes. Muchas de sus estratage-mas recientes se habían visto frustradas por Carmen San-diego, una exalumna reconvertida en ladrona renegada, y estaban buscando maneras de compensar los beneficios perdidos.
—Tengo una estupenda oportunidad —dijo la entre-nadora Brunt, una mujer increíblemente fuerte que ha-blaba con un pronunciado acento de Texas—. Estoy en contacto con un coleccionista muy rico que ha ofrecido una fortuna por todos los artículos de esta lista.
Deslizó una hoja de papel sobre la mesa para que los otros profesores pudieran verla.
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El profesor Maelstrom cogió la lista. Era un hombre de aspecto severo y piel pálida, cuya voz te hacía sentir escalofríos.
—Tigre siberiano, hurón de pies negros, tortuga ca-rey... —leyó—. Mi querida entrenadora Brunt, ¿es esto una lista de animales?
—No son animales cualesquiera —contestó Brunt con una mueca—. Todos los animales de esta lista son extre-madamente raros o están en peligro de extinción, lo que significa que valen un montón de dinero.
—Qué asco —dijo la condesa Cleo levantando la bar-billa. Como siempre, iba engalanada con las mejores ropas y joyas—. El único animal que me interesa es el visón.
La doctora Saira Bellum cogió la lista de la mesa.
—Aquí hay criaturas fascinantes —comentó mientras se recolocaba las gafas—. Si decidimos seguir adelante, puedo organizarlo para que reciban comida y el transpor-te adecuados.
Shadowsan, un maestro ninja que nunca sonreía, se cruzó de brazos.
—Ignoraba que VILE se hubiera convertido en una tienda de mascotas —protestó.
—Relájese, Shadowsan —dijo Brunt con una sonri-sa—. Un gran ladrón puede robar lo que sea. No importa que tenga pelo y zarpas siempre y cuando nos haga ganar una fortuna.
—Excelente argumento —dijo Maelstrom—. Propon-
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go una votación. Los que estén a favor de esta operación, que levanten la mano.
Brunt, Maelstrom y Bellum lo hicieron inmediata-mente, y al poco se les unieron Cleo y Shadowsan, aunque a regañadientes.
—Fantástico —dijo Brunt—. Bueno, ¿qué animal va-mos a capturar primero?
¿Se saldrá VILE con la suya y podrá capturar los animales más excepcionales del mundo?En esta historia, depende de ti. Tus opciones te llevarán a uno de veinte finales posibles.
¿ESTÁS A PUNTO?
Pasa a la página 5.
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Eres vigilante en el zoológico de Schönbrunn, en Viena, Austria.
Como les cuentas con orgullo a los visitantes, Schön-brunn es el zoo más antiguo del mundo. Fue construido en 1752 por el emperador Francisco Esteban para conser-var su colección de aves exóticas, monos y otros animales. En 1906, albergó a la primera cría de elefante nacida en cautividad.
En la actualidad, el zoo conserva una colección de más de setecientas especies de animales, a las que intenta ofrecer un hábitat gene-roso en el que pue-dan llevar una vida plena, tal como lo harían en la natura-leza.
Te apasiona tu trabajo, aunque es algo duro: tienes que alimentar a los ani-males, observar si hay señales de enfermedad o malestar, y aparte limpiar sus espacios.
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Hoy estás cuidando la última adquisición del zoo, Nadezhda, una cría de tigre siberiano.
Estos tigres son los más grandes del mundo, y viven mayoritariamente en los bosques de abedules del este de Rusia.
Son una especie en peligro de extinción, pues solo quedan quinientos cuarenta ejemplares en libertad, aproximadamente, viviendo en estado salvaje.
Nadezhda significa «esperanza» en ruso, porque, al quedar tan pocos tigres siberianos, cada uno de ellos re-presenta la esperanza de la especie.
Es casi de noche, y el zoo de Schönbrunn ya ha cerra-do al público.
Entras en el edificio de la nursería donde vive Nadezh-da. Por desgracia, su madre no le prestaba la suficiente atención, cosa que no es rara entre las tigresas primerizas, así que los veterinarios del zoo decidieron que debía ser alimentada a mano.
—¡Nadezhda, hora de cenar! —la llamas.
La pequeña tigresa vive en una zona vallada que ocupa casi la mitad de la sala, y se encuentra llena de juguetes y de lugares para que un bebé tigre se pueda esconder.
Normalmente asoma la cabeza en cuanto oye tu voz, pero hoy no la ves y notas una punzada de inquietud en el estómago.
Observas que la puerta de atrás del edificio de la guar-
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dería está abierta, aunque a estas horas debería estar cerra-da con llave.
Cuando miras, ves a dos personas huyendo tras una hilera de árboles. Uno de ellos es un hombre corpulento que lleva algo del tamaño de la jaula de transporte de Na-dezhda.
¿QUÉ HACES?
Si vas en busca de ayuda, pasa a la página 35.
Si persigues a los ladrones,
pasa a la página 83.
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—¡Vamos a buscar a la boa de Cropan! —dices—. Tienen una historia increíble. Es una especie en peligro de extinción, una de las serpientes más raras del mundo. De hecho, son tan raras que los científicos no han encontrado una viva desde hace más de cincuenta años.
Carmen sonríe.
—Y yo que me consideraba esquiva... ¿Dónde se es-conden?
—Viven en una región de Brasil. Un grupo de herpetó-logos, los científicos especializados en serpientes, se propuso encontrar una, así que colgaron carteles con su descrip-ción para pedir ayuda a los lugareños. El plan funcionó: unos trabajadores encontraron una boa de Cropan en una carretera, la recordaron de los carteles y la capturaron para entregársela a los científicos.
—Vaya —dice Carmen—. Si VILE colecciona anima-les raros, entiendo por qué quieren esa serpiente. ¿En qué parte de Brasil vive?
—En la mata atlántica —le dices—. Al sur de São Paulo.
—Pues iremos —responde Carmen con firmeza—. ¡Ju-gador, resérvanos un vuelo a São Paulo!
—¿Quién es Jugador? —preguntas.
—Os presentaré en el avión.
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Dos horas después despegas del Aeropuerto Internacional de Viena en un vuelo privado.
No puedes creerte que esté pasando; nunca has salido de Europa.
A bordo van otros dos pasajeros, una pareja de herma-nos llamados Zack e Ivy procedentes de Boston, Estados Unidos. El Jugador es un genio informático adolescente que vive en Niagara Falls, Canadá. Es miembro vital del equipo de Carmen y se ocupa de documentarse para las misiones, piratear sistemas de seguridad y organizar el transporte, todo desde su habitación.
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—Eh, Ivy —dice Zack—, ¿recuerdas cuando atra-pé aquella serpiente en Boston Common? El truco es agarrarla por detrás de la cabeza para que no pueda mor-derte.
—Creo que te falla la memoria —responde Ivy, que le da un ligero puñetazo en el hombro—. Aquella serpiente te mordió.
—¡Solo dos veces!
—Correcto —dice Ivy—. Y medía como veinticinco centímetros de largo. Desde luego, no queremos que nos muerda una gigante boa venenosa.
—Lo cierto es que la boa de Cropan no es venenosa —dice el Jugador por un altavoz.
—El Jugador tiene razón —tercias—. Las boas matan por constricción. Eso significa que rodean a su presa y la aprietan para cortarle la circulación.
—¡Ostras! —dice Ivy—. Nada de abrazos.
—Entonces, ¿cómo podemos capturarla? —pregun-ta Zack.
—Si sabes lo que haces, no es tan difícil —explicas—. Puedes utilizar un gancho para levantar a la serpiente y meterla en una bolsa o en un cubo.
—De eso te encargarás tú —te dice Carmen sonrien-do—. Ahora durmamos un poco. Estaremos un rato en el aire.
Te das cuenta de lo cansado que estás después de tu aventura nocturna y te alegra descubrir que el asiento es
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reclinable y se queda plano como una cama. Luego cierras los ojos y escuchas el leve zumbido de los motores...
Ivy te despierta dándote unos tirones en el hombro y, al incorporarte, te frotas los ojos y ves la luz del sol entrando por las ventanillas del avión. Contemplas la costa de Bra-sil, con sus colinas, granjas y tramos boscosos extendién-dose a lo lejos.
—Nuestra serpiente está ahí —anuncia Carmen.
—Esa es la mata atlántica —di-ces—, uno de los ecosistemas más diversos de la Tierra. En ella vi-
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ven unas veinte mil especies de plantas y toda clase de aves, mamíferos, reptiles y anfibios. Hace quinientos años era mayor que Austria, Alemania y Francia juntas, pero ahora la han talado casi por completo, y por eso animales como la boa de Cropan están en apuros.
—No soy experto en junglas —dice Zack mirando por la ventanilla—, pero ese lugar parece bastante grande. ¿Cómo vamos a encontrar una serpiente?
—Sí —añade Ivy—, sobre todo una serpiente que lle-va escondida cincuenta años.
Piensas un instante y se te ocurre una idea.
—Después de pasar un tiempo con la boa de Cropan, los científicos volvieron a soltarla en el bosque, pero le implantaron un pequeño radiotransmisor para vigilar sus movimientos y conocer mejor a su especie.
—Interesante —dice Carmen—. Podríamos localizar su radiotransmisor. Jugador, ¿puedes piratearlo?
—No es como un teléfono móvil —responde el Juga-dor—. Tendríamos que fabricar un localizador y acercar-nos para captar la señal de radio.
—Con los recambios adecuados, podría fabricarlo sin problemas —dice Ivy.
—Perfecto —responde el Jugador—. Pero ¿y si VILE también conoce la existencia del radiotransmisor? Jugarán con ventaja.
—Bien visto —dice Carmen—. El plan es el siguiente: Zack e Ivy, iréis a São Paulo a buscar el material necesario
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para fabricar el localizador. Yo iré al bosque donde dejaron en libertad a la boa y buscaré indicios de la presencia de VILE.
—¿Y yo? —preguntas.
—Tú decides.
¿QUÉ HACES?
Si acompañas a Carmen,pasa a la página 97.
Si te quedas con Zack e Ivy,
pasa a la página 57.
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—¡Un momento! —dices, levantando las manos—. Nadezhda, la cría de tigre, está llorando porque ha pasado su hora de cenar y no tiene nada que comer.
—Le he dado un biberón —dice Alce—, pero no tenía hambre.
—Solo come si se siente segura. No te ofendas, pero contigo no está cómoda porque no te conoce.
La Tigresa lo mira con desdén.
—¿Adónde quieres llegar?
—Por favor —dices—, llevadme con vosotros. Cuidaré de Nadezhda y os prometo que no daré problemas.
—Parece una buena idea —dice Alce.
—Viniendo de ti, eso no significa absoluta-mente nada. —La Tigre-sa pone los ojos en blan-co—. De acuerdo. Y, ya que estamos, puedes enseñarnos el camino hacia la entrada oeste.
Decides seguirles el juego por ahora. En el peor de los casos, podrás cerciorar-te de que Nadezhda re-cibe buenos cuidados y
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mantendrás los ojos bien abiertos por si tienes la oportu-nidad de huir.
Alce coge la jaula de transporte y los tres enfiláis el camino. Nadezhda se tumba sobre la manta y gru-ñe, y tú le sonríes con la esperanza de que una cara conocida la reconforte un poco.
—¿Cuánto falta? —pregunta la Tigresa.
—No mucho —respondes.
Les haces dar un largo rodeo que pasa junto al aviario, una zona boscosa rodea-da por una red. Más adelante ves la entrada oeste, una taquilla y una hilera de tornique-tes al otro lado de una valla.
La Tigresa hace una llamada.
—Vendrán a recogernos en cualquier mo-mento —dice.
Utilizando una de sus zarpas, fuerza la cerradura de la valla, que se abre con un chirrido. Salís a la acera que pasa por de-lante del zoo justo cuando aparece una furgoneta negra, y un hombre menudo, con rasgos afilados y gafas, se asoma por la ventanilla.
—Hola, Hombre Nutria —dice la Tigresa.
—Me alegro de verte, como siempre. Imagino que en esa jaula está nuestra prisionera felina.
—Otra misión cumplida —responde la Tigresa.
—Ja, muy bien. Alce, deja a la cría en la parte trasera de