Título original inglés: Amelia Fang and the Lost Yeti Treasures.

Publicado originalmente en inglés en 2019

en Gran Bretaña por Egmont UK Limited,

The Yellow Building, 1 Nicholas Road, Londres, w11 4an.

© del texto y las ilustraciones: Laura Ellen Anderson, 2019.

Todos los derechos reservados. La autora hace valer sus derechos morales.

© de la traducción: Maia Figueroa Evans, 2020.

© de esta edición: RBA Libros, S.A., 2020.

Av. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.

rbalibros.com

Primera edición: enero de 2021.

rba molino

ref.: odbo731

isbn: 978-84-2722-246-5

realización de la versión digital • el taller del llibre

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del editor cualquier forma de reproducción, distribución,

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CRÉDITOS

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Para Cliff.Gracias por lo bien que te has portado conmigoy por el apoyo que me has dado durante mi carrera.Sigue fuerte y sonriente.Besos.

DEDICATORIA

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ÍNDICE

MAPA DE LA MONTAÑA DE LOS YETIS viii

¡SALUDOS ESPELUZNANTES! x

1. POMPIS Y BOATO DE UNICORNIO 1

2. PÍNTAME COMO A UNO DE TUS YETIS 17

3. ABRAZA AL YETI QUE LLEVAS DENTRO 33

4. ¡NO ES PARA ESOS CACHETES! 47

5. A NADIE LE GUSTAN LOS CAMBIOS 63

6. LAS BRAGAS DE FLAMENCOS DRAGÓN DE JANE 75

7. ME HE DESPERTADO DENTRO DE LA PARED 87

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8. HORRORES CON VOLANTES Y PURPURINA 101

9. EL AMARILLO NO TE SIENTA BIEN 113

10. A MIL QUINIENTOS KILÓMETROS DE AQUÍ 125

11. EL GRAN COLECCIONISTA DE PURPURINA 137

12. NO, ME NIEGO 147

13. ¿QUÉ HAGO DENTRO DE LA PARED? 161

14. ¡GRITAR! 173

15. ME HAN ESCACHARRADO LA GUAPURA 187

16. UNA SITUACIÓN EXTRAÑA Y PELIAGUDA 201

17. PARA SIEMPRE 213

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MAPA DE LA MONTAÑA DE LOS YETIS

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¡Saludos espeluznantes!

LE GUSTA:

El Club de los Calabacistas

Hacer nuevos amigos

NO LE GUSTA:

Discutir con sus amigos

Perderse actividades con calabazas

LE GUSTA:

Cavar fosas

Los bailoteos

NO LE GUSTA:

Estar lejos de sus amigos

Estar de mal humor

LE GUSTA:

Ayudar a sus amigos

Comer ojos en vinagre

NO LE GUSTA:

Ningún tipo de tobogán

Estar solo

LE GUSTA:

El abrillantador Rey Chispas

Ser fabuloso

NO LE GUSTA:

Los dormitorios desordenados

La falta de sueño reparador

Tufón

Florencia

¡SALUDOS ESPELUZNANTES!

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LE GUSTA:

El supereructo gran reserva

¡Las calabazas!

NO LE GUSTA:

Las fiestas aburridas

Que falte purpurina

LE GUSTA:

Cuidar de yetis ancianos

Su hija Florencia

NO LE GUSTA:

Los yetis en peligro

Que lo despierten muy pronto

LE GUSTA:

Llevar una diadema brillante

Presumir de diadema brillante

NO LE GUSTA:

No llevar la diadema brillante

Perder la diadema brillante

LE GUSTA:

Las cosquillitas

Los abrazos

NO LE GUSTA:

Las discusiones entre amigos

Escupir bolas de semillas

Clementina

Margot

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CAPÍTULO 1

POMPIS Y BOATO DE UNICORNIO

—¡POSADERAS DE CUMPLE!

Amelia Fang se despertó sobresaltada. Pulposi, su calabaza de compañía, se cayó de la cama y aterrizó con un ¡poing!

—No puede ser de noche tan pronto… —se quejó Amelia, y se tapó con la manta.

—PARECE QUE LA CELEBRACIÓN YA HA EMPEZADO —dijo Florencia Tronco mien-tras se estiraba.

Grimaldi Guadaña dio un alarido y se es-condió debajo de la ropa de cama.

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1. POMPIS Y BOATO DE UNICORNIO

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Era el periodo de las vacaciones de invier-no en el Reino de la Oscuridad y eso signifi-caba ¡seis semanas sin ir a clase! La joven vampira Amelia Fang y sus tres mejores amigos iban a pasar el primer fin de sema-na de las vacaciones en la Montaña de los Yetis. Era el hogar de todos los yetis ancia-nos jubilados del reino, y allí vivían en có-modas fosas conectadas por una red de tú-neles iluminados con velas.

Clementina, la yayeti de Florencia, cum-plía trescientos cincuenta años y los yetis an-cianos lo celebraban con una fiesta que dura-ría todo el fin de semana. Amelia y sus amigos estaban muy emocionados porque iban a dormir juntos. Eso quería decir que habla-rían hasta altas horas del día, que se con-tarían historias trágicas a la luz de las velas y harían mucho el tonto.

La puerta de la fosa donde dormían Ame-lia, Florencia y Grimaldi se abrió de golpe y un yeti anciano bramó:

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¡A CHOCAR EL TRASERO!

Y salió corriendo.

—Florencia, ¿por qué todos gritan eso? —preguntó Grimaldi con la voz ahogada desde debajo de la colcha.

La pequeña parca se asustaba con suma facilidad.

—EL SALUDO COMÚN DE LOS YETIS ES HACER CHOCAR LAS NALGAS. ES COMO DARSE LA MANO —explicó Florencia mien-tras encendía las velas de las paredes de la fosa—. ES TRADICIÓN CHOCAR EL TRASE-RO CON LOS YETIS QUE CUMPLEN AÑOS TANTAS VECES COMO AÑOS CUMPLEN.

—Un momento, tu yayeti cumple tres-cientos cincuenta años, ¿verdad? —repuso Amelia—. Eso significa…

—¡SÍ! TRESCIENTOS CINCUENTA CHO-QUES —afirmó Florencia.

Hizo cinco sentadillas profundas y dio un puñetazo al aire.

—ESTOY PREPARADA PARA LO DE HOY.

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Florencia Tronco era una raza rara de yeti, además de una apasionada de las fle-xiones con un solo brazo y de divertirse con sus amigos.

—ESTOY DESEANDO QUE CONOZCÁIS A MI YAYETI CLEMENTINA —dijo con ale-gría—. ¡CREO QUE OS ENCANTARÁ!

La puerta de la fosa se abrió de nuevo de par en par y a Pulposi se le escapó una caca del susto. Un yeti ENORME de pelo blanco y rizado y gafas de montura gruesa se agachó para entrar en el dormitorio.

—¡BUENAS, PAPÁ!

Florencia sonrió de oreja a oreja, y los dos yetis chocaron los cinco.

—¡BUENAS NOCHES, FLO! ¿ESTÁIS BIEN, CHICOS? —preguntó Lorenzo Tronco, el padre de Florencia—. ESPERO QUE HAYÁIS DORMIDO BIEN, ¡LAS PRÓXIMAS DOS NOCHES HAY MUCHO QUE CELEBRAR!

—Buenas noches, señor Tronco —lo salu-Amelia con educación—. Hemos dormi-

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do como sapos muertos. Las fosas son su-percómodas.

—¡FANGTÁSTICA NOTICIA! —contestó Lorenzo—. A LOS YETIS ANCIANOS LES ENCANTARÁ CONOCER A LOS AMIGOS DE

FLO. NO OS PREOCUPÉIS, QUE NO HA-BLAN COMO NOSOTROS. SOLO LAS RA-ZAS RARAS TIENEN UNA VOZ TAN BO-NITA Y RETUMBANTE.

Lorenzo sonrió.

—SUPON-GO QUE ESO OS TRANQUI-LIZA. ¿OS IMA-GINÁIS PASAR TODO EL FIN DE SEMANA ENTRE GRITOS?

—Yo me lo había planteado… —dijo Grimaldi pensativo.

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—¿Cuántas fosas hay en la Montaña de los Yetis? —preguntó Amelia con curiosidad.

—HAY UN MONTÓN —respondió Floren-cia—. ¡MI PADRE LAS CAVÓ TODAS CUAN-DO AÚN ERA APRENDIZ DE EXCAVADOR! VIENE TODAS LAS NOCHES A CUIDAR DE LOS YETIS ANCIANOS. Y CUANDO YO SEA MAYOR, QUIERO DEDICARME A LO MISMO.

—¡ESA ES MI CHICA! —exclamó Lorenzo, y le dio a su hija un beso baboso en la cabeza.

—PAPÁÁÁ, ¡QUÉ ASCO! —se quejó Floren-cia mientras se secaba la baba del pelaje.

—SERÁ MEJOR QUE VAYA A SERVIR EL DESAYUNO —dijo Lorenzo, y se frotó las zarpas—. HAY LUCIONES SUPERVISCO-SOS CON UNTABLE DE PELUSA DE LEN-GUA. APROVECHAD ANTES DE QUE DE-REK SE LO COMA TODO. ¡LE ENCANTA LA PELUSA DE LENGUA!

Y, con eso, Lorenzo se fue dando pisotones.

De pronto, el príncipe Tufón La Floofle I salió de la fosa de enfrente. Llevaba en el pelo

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más purpurina de la habitual, tenía los col-millos relucientes y su rostro resplandecía en extremo.

—¡ARGH! —bramó Florencia, y se cubrió los ojos—. NO LO MIRÉIS A LA CARA.

Tufón frunció el ceño.

—¿Cómo te atreves? —dijo antes de aca-riciarse las mejillas—. Estoy mejor que nunca. He descubierto este abrillantador multiusos de purpurina en la revista men-sual Príncipes preciosos. Se llama Rey Chis-

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pas. De verdad, vale para TODO: las uñas, las mejillas, el pelo, los colmillos y LOS ZA-PATOS.

Movió el pie de lado a lado y el reflejo de la luz de las velas rebotó en las paredes.

—¡Los resultados son fenomenales!

Amelia entornó los ojos.

—¡Más bien fluorescentes!

—Me alegro de que este fin de semana ten-gas un dormitorio para ti solo —dijo Grimaldi

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tapándose los ojos con la capucha de su túni-ca negra.

El padre de Florencia había insistido en que el príncipe Tufón, que era mitad hada y mitad vampiro, tuviera su propia fosa du-rante la estancia. Florencia le había asegura-do que no necesitaba tratamiento de reale-za, pero Tufón acogía las atenciones con entusiasmo. «¡Así tengo más sitio para mi reserva de fin de semana de abrillantador Rey Chispas!», había declarado con gusto.

—¿Vosotros también oléis a pedo? —pre-guntó Amelia.

—HUELE COMO A POMPIS Y BOATO DE UNICORNIO. UN OLOR UN POCO AMAR-GO, DULCE Y EMPALAGOSO. COMO A GLO-RIA, PERO MÁS ALMIBARADO.

—¡Es el abrillantador! —confirmó Tufón.

Pulposi olisqueó los zapatos de Tufón y se puso a lamérselos.

—Es abrillantador, Pulposi —repuso Tu-fón—. No se come.

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—¿Dónde está Pumpy? —preguntó Grimaldi.

—Castigado —respondió Tufón, y se en-derezó la pajarita—. Ha sido una calabaza muy mala, así que mi madre ha contratado a un entrenador de calabazas durante las vacaciones de invierno.

Pumpy era la calabaza de compañía de Tufón y, a veces, costaba controlarlo. Aun así, Tufón lo quería mucho.

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—¡Vamos a la fiesta! —propuso Tufón, y se enrolló un fular de seda en el cuello.

De camino a la fosa de la fiesta, bien tapa-dos con ropa de abrigo, Amelia y sus amigos atravesaron los túneles iluminados con ve-las. En las fosas de la Montaña de los Yetis

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hacía un frío increíble, más que en cualquier otro lugar que Amelia conociera. Gracias a la revista Ciertamente calabaza había apren-dido que a las calabazas NO les gustaba el frío y buscaban lugares acogedores donde resguardarse. (A Amelia le fascinaba todo lo que tenía que ver con las calabazas y de ma-yor quería ser calabazóloga). Para mantener a Pulposi bien calentito, le había tejido un traje de lunares para el fin de semana.

Los cuatro amigos entraron en la fosa de la fiesta, que estaba decorada con banderi-nes, telas de araña y fotografías de Clemen-tina, la yayeti de Florencia. Había una mesa redonda con el banquete de comida espan-tosa más grande que Amelia había visto nunca, ¡era incluso más impresionante que el surtido escalofriante que su madre servía en el Baile Barbárico anual! Había reci-pientes llenos de un líquido verde que bor-boteaba, una selección de cuencos de pús-tulas junto a los dulces de mermelada de