CuentOs Clasicos para Recordar© de la adaptación de los cuentos, Varda Fiszbein, 2009 © de las ilustraciones, María Jesús Álvarez, 2009© de esta edición, RBA Libros, S.A., 2009Pérez Galdós, 36 08012 Barcelonawww.rbalibros.com / rba-libros@rba.esPrimera edición: octubre 2009Edición gráfica y diseño: Elisenda Nogué (www.metagrafica.com)Los derechos de traducción y reproducción están reservados en todos los países. Queda prohibida cualquier reproducción, completa o parcial, de esta obra. Cualquier copia o reproducción mediante el procedimiento que sea, constituye un delito sujeto a penas previstas por la Ley de la Propiedad Intelectual.Referencia: ODBO316ISBN: 9788427215412Composición digital: Newcomlab S.L.L.,

sumario
El patito feo ·······························································8La Bella y la Bestia ····················································14El soldadito de plomo ··············································20La Sirenita ································································26Pulgarcito ·································································32Rapunzel ··································································38El sastrecillo valiente ·················································44La Reina de las Nieves ··············································49Los músicos de Bremen ············································56Las Hadas ·································································62Alí Babá y los cuarenta ladrones ·······························68Piel de Asno ···························································· 74El traje nuevo del Emperador ···································80Los siete cabritillos ···················································87
El patito feo
H
abía una vez una pata que tenía los polluelos más hermosos de la granja donde vivía. Siempre que sus patitos estaban a punto de nacer, acudían sus amigas del corral para admirar a los recién nacidos y felicitarla. Ella se alegraba mucho, y aunque aceptaba sus elogios con modestia, en el fondo de su corazón se sentía muy orgullosa y pensaba:Mis patitos son preciosos y a su mamá se parecen, sus plumajes son sedosos y dorados cuando crecen. Un verano, cuando la pata esperaba que una vez más nacieran sus hijitos rodeada por sus vecinas, tan ansiosas de verlos como ella, empezaron a salir uno a uno del cascarón hasta seis y, cada patito recién nacido, era recibido con risas y gritos de contento.
Reinaba tal entusiasmo que nadie se dio cuenta de que aún quedaba un cascarón entero en el nido. De pronto, lo oyeron romperse:
Cruj, crij, un crujido
y el patito que faltaba apareció en el nido.Pero ¡vaya sorpresa! Este último patito no se parecía en nada a sus hermanos, se le veía muy grande y muy diferente. Y aunque nadie lo dijo, todos pensaron que era más desgarbado y
más feo
.Además, se pusieron a mirarlo con tanta curiosidad que el patito fue corriendo a esconderse bajo el ala de su mamá.Pero ella lo apartó y se sintió muy avergonzada. ¡Nunca había visto un patito como aquél! ¡No parecía hijo suyo!




·11·En seguida empezaron las desventuras para el pobre patito, que era muy sensible y cariñoso. Pronto se dio cuenta de que allí no lo querían ni su mamá ni sus hermanitos, que se burlaban de él siempre que podían:—Más que un pato, es un patoso —decían, y se ponían a imitarlo porque caminaba de manera muy distinta a ellos.Por eso nunca jugaba con nadie y se pasaba los días solitario y apenado. A medida que crecía, todo se ponía peor; ya que se notaba más que era diferente a todos. Hasta que se cansó de las pullas y desprecios y se dijo:—Tengo que escapar de aquí, no me quieren, siempre se burlan de mí...Y a la mañana siguiente, muy temprano, cuando todos dormían, se escapó por un agujero de la cerca del corral y se fue caminando despacito, despacito, hasta que llegó a otra granja.Apenas puso una pata allí, lo cogió en sus brazos la granjera y el patito suspiró contento:—¡Por fin alguien que me acepta! —se alegró, porque de inmediato ella le puso una gran fuente de comida.Pero se equivocaba, y lo comprendió un día en que oyó a la granjera decir a la cocinera:—Hay que darle de comer bien a este animal y, en cuanto esté bien gordito, nos daremos un festín de pato con patatas. El pobrecito se echó a temblar y otra vez dijo:—Tengo que escapar de aquí, no me quieren, lo que quieren es comerme...¡Qué mal lo pasó el patito! Esa vez le tocó huir en pleno invierno y tuvo que caminar entre la nieve y el barro helado, mojarse con la lluvia y soportar fuertes vientos. Además, por el campo andaban los cazadores, que sin duda, si lo veían, le dispararían.Y por tercera vez dijo:—Tengo que escapar de aquí, no me quieren, no quieren más que cazarme...




Por fi n, cuando comenzaban a nacer los primeros brotecitos verdes que anunciaban la llegada de la primavera, llegó casi desfallecido hasta un estanque donde se detuvo a descansar. Y allí pudo ver un espectáculo maravilloso.Por el agua se deslizaban nadando unas aves graciosas y bellísimas.Una de ellas se acercó, paseando airosa hasta la orilla, y le dijo:—Cuac, cuac, ¿no quieres bañarte? ¡Venga, anímate!El pobrecito no lo podía creer; para colmo, los nadadores del estanque eran tan hermosos, con sus largos cuellos y sus plumas brillantes, que él que se sentía más feo y desgarbado que nunca.—Es que no sé si sabré nadar —balbuceó.—¡Cómo no vas a saber! Todos sabemos nadar.—Oh —dijo—, también vosotros os queréis burlar de mí. Y seguro que cuando esté en el agua os vais a morir de risa.—Pero ¡qué dices! ¡Cómo nos vamos a burlar y por qué no ibas a nadar siendo como eres un cisne como nosotros!Por fin pensó:—¡Que pase lo que sea!—y se tiró de cabeza al agua y comprobó que era cierto:
¡Sabía nadar!
Un cisne mayor y muy elegante se acercó y le dijo entonces:—Mírate en el agua y verás lo hermoso que eres.Cuando se atrevió a mirar su refl ejo en el agua, comprendió que no le mentían, que en realidad era un cisne y había sido rechazado por los patitos sencillamente por ser distinto.Entonces, se prometió a sí mismo que nunca se burlaría de nadie por ser diferente.