9Nota editorial«Oh, cuán floreciente época vivimos», comenta Ma-falda al principio de este libro. Con la mirada perdi-da bajo el casco militar y pertrechada con metralleta,bombas y granadas, parece advertirnos de que nuestro tiempo y nuestra sociedad son un difícil campo de ba-talla. Y en verdad lo eran en la convulsa época en que nació, la década de 1960, en plena guerra fría, por lo que a lo largo de los diez años en que fueron publica-das sus tiras, Mafalda se hizo eco de los grandes con-flictos del momento —la guerra de Vietnam, la carre-ra armamentística, los intentos de la ONUen Ginebra («capital del fracaso») de lograr un acuerdo de desar-me nuclear, la deriva del castrismo y un largo etcétera—,pero también de los grandes cambios que supusieron el movimiento feminista, la revolución social, los me-dios de comunicación, la sociedad de consumo o el im-pacto de los Beatles en la juventud.Siempre acompañada de una radio, un televisor oun periódico, Mafalda aprende que día tras día las no-ticias parecen repetirse: pobreza y hambre, desigualda-des, autoritarismos, conflictos bélicos..., una situaciónque ni presidentes, ni reyes, ni papas, ni las mismísimasNaciones Unidas parecen saber evitar; como bien dicenuestra sabia amiga, a los gobernantes «no se les pue-de dar un año nuevo que enseguida lo rompen». Unoquerría, igual que ella, que hubiera un día a la semanaen que los informativos nos engañaran un poco dandobuenas noticias, o que bastara con borrar del mapa-mundi a Pekín, el Kremlin y el Pentágono para ver sial fin podemos vivir tranquilos, pero la realidad es to-zuda. «Dramática situación en medio Oriente», «Másvíctimas en el Congo», «Nuevo choque racial en Esta-dos Unidos», «Disturbios en Pekín», «Bombardeos enVietnam», rezan los titulares del periódico que Mafal-da le lee a una mosca mientras esta se golpea contrala ventana, para preguntarle a continuación si todavíaquiere salir. Pero sí, como reflexiona Mafalda y como Quino seencargó de mostrarnos una y otra vez en sus tiras, lamosca, al igual que la humanidad, desea con todas susfuerzas salir adelante y ser libre. Este es el dilema alque el gran humorista argentino, que siempre se de-batió entre el pesimismo y la esperanza, dio una y milvueltas a lo largo de su trayectoria. Como viñetista