
¡Hola!
Antes de comenzar, quería felicitarte. Felicidades por haber recibido este libro y tenerlo entre tus manos. Estoy seguro de que vas a aprender muchas cosas importantes para tu vida. ¡Felicidades, porque con este libro vas a crecer!
Crecer es la aventura más maravillosa que podemos vivir. Crecer es hacernos mayores poco a poco. Crecer es ir aprendiendo algunas cosas que antes no sabíamos. Crecer es participar poco a poco del mundo que nos rodea. Crecer es ir entendiendo cada vez más las cosas difíciles de la vida. Crecer es pensar cada vez más por nosotros mismos las cosas que aprendimos cuando éramos más pequeños. Crecer es ir siendo cada vez más responsables de lo que hacemos y de lo que decimos. Crecer es prepararnos para la aventura de la vida. Igual que un deportista necesita entrenar para estar en forma el día de la competición, las personas necesitan esforzarse para estar en forma en la vida cuando sean mayores. Para ello debemos estar dispuestos a esforzarnos y a aprender cada vez más; solo así tendremos todas las herramientas necesarias para vivir plenamente.
Crecer es ir consiguiendo algunas herramientas que necesitaremos más tarde. Me acuerdo de los famosos videojuegos de Mario Bros., en los que tenías que obtener algunas herramientas que se podían utilizar después en el momento más oportuno. Por ejemplo, se podía conseguir la capacidad de volar y se guardaba hasta que fuese necesario utilizarla. Crecer es muy parecido. Se trata de ir aprendiendo a usar algunas herramientas que nos servirán después. Esas herramientas hay que guardarlas muy bien y luego hay que saber utilizarlas en el momento oportuno. Normalmente, a partir de los nueve años ya estamos capacitados para crecer. No significa que ya seamos mayores. Significa que a partir de entonces ya podemos comprender algunas cosas difíciles que antes no éramos capaces de entender. Por esta razón, muchos niños y niñas de todo el mundo hacen su primera comunión a los nueve o diez años. Aunque todavía no son adultos, ya están preparados para comprender algunas cosas un poco difíciles de la vida. Así que, si tienes más de nueve años y quieres crecer, ¡este es tu libro!
Ya no eres tan pequeño o tan pequeña. Ahora comienzas a hacerte mayor de verdad. ¡Menuda aventura! Poco a poco irás siendo más responsable de todo lo que haces y de todo lo que dices. ¡Y eres muy valiente si quieres crecer de verdad! Es posible que te hayan regalado este libro en tu primera comunión. O quizá no, pero te servirá igualmente si tienes más o menos esa edad. A partir de la primera comunión, estamos un poco más preparados para vivir en el mundo que nos rodea. Es un gran paso, y por eso lo celebramos tanto, rodeados de las personas que más nos quieren. Es el momento en el que comenzamos a participar en la sociedad siendo un poco más responsables. Además, con la primera comunión empezamos a vivir la fe como los mayores. ¡Ya podemos celebrar la eucaristía y comulgar como ellos! ¡Y esto es un gran regalo! No se trata solo de una fiesta, como tantas veces te habrán dicho. Se trata, sobre todo, de una experiencia muy grande del amor de Dios, que se hace alimento para nosotros. Dios alimenta nuestra vida haciéndose pan. ¡Es el pan de la vida! Dios, que es lo más grande de este mundo, ha decidido hacerse pequeño y humilde como un trocito de pan para alimentar a todas las personas.
Jesús mismo se hace alimento para darnos fuerza cada día. Como sabes, un coche necesita gasolina o electricidad para moverse. También nosotros necesitamos alimentarnos para poder caminar. Pero las personas necesitamos dos tipos de alimentos: el alimento que comemos y el alimento espiritual. El alimento espiritual son todas las cosas que no podemos ver, pero que nos dan la fuerza necesaria para vivir. ¡Las personas somos seres espirituales! Por eso necesitamos alimentos para nuestra vida entera, no solo para nuestro cuerpo. De nada sirve tener el cuerpo muy bien alimentado si vivimos sin alegría o sin esperanza. No solo tenemos cuerpo, también tenemos corazón, y necesitamos alimentarlo. Por eso, los amigos de Jesús no comemos un pan cualquiera en la comunión, sino que nos alimentamos con el pan en el que Jesús mismo ha querido quedarse. ¡El pan de la eucaristía, el cuerpo de Cristo! Es el pan que nos da la vida y hace crecer nuestra fe y nuestro corazón. ¡Con el pan que comulgamos en la misa alimentamos nuestra vida entera! Estoy convencido de que tú quieres alimentarte muy bien, no solo comiendo, sino también llenando tu vida de alegría, de esperanza, de paz interior, de fe… Este libro te ayudará mucho a crecer en ese sentido.
¡Felicidades! ¡Si estás leyendo este libro, eres un poco más mayor! A partir de ahora tienes que ir guardando en tu corazón y en tu memoria un montón de herramientas que irás necesitando en muchas ocasiones a lo largo de tu vida. ¡Las palabras que vas a encontrar en este libro son algunas de esas herramientas! No son solo palabras que hay que aprender, sino que… ¡hay que practicarlas! Imagínate que aprendiésemos a vivir solo leyendo… ¡Luego saldríamos a la vida y no sabríamos vivir! A vivir se aprende leyendo y practicando aquello que hemos leído y aprendido. Necesitamos practicar lo que vamos aprendiendo para descubrir cómo utilizar esas herramientas que hemos ido guardando. ¡Por eso, a lo largo del libro irás encontrando diferentes retos! Sí, una tarea para que practiques lo que has aprendido con las personas que te rodean o pensando un poco más. Hay retos que son de pensar, otros son de manualidades o de experimentos. Otras veces las palabras terminan con una pregunta a la que necesitamos dedicarle tiempo. Es muy importante que cumplas cada uno de los retos. ¡Verás como al terminar el libro te das cuenta de todo lo que has crecido! Si pones en práctica cada palabra, crecerás de verdad.
Una curiosidad de este libro es que puedes leer las palabras en el orden que tú elijas. ¡Tú decides qué recorrido quieres hacer! No tienes por qué leer las palabras en el orden que te propongo, pero es bueno que al final no te dejes ninguna sin leer. También es importante que tengas esto en cuenta: si al leer una palabra te digo que recuerdes otra palabra, ve a esa anterior y léela. ¡Te ayudará mucho para entender la palabra que estás leyendo! Lo mejor es que leas una palabra cada día para que luego puedas practicarla, pero tú decides cómo quieres leer este libro.
En las siguientes páginas te vas a encontrar con cincuenta palabras que necesitas conocer para comenzar a ser un poco más mayor. Algunas de ellas son muy difíciles porque hablan de cosas que no se pueden ver ni se pueden tocar. A todas esas cosas las llamamos valores. ¡Seguro que ya conoces algún valor importante! El valor del amor, el valor del perdón, el valor de la paz… Aunque ya los conozcas, en este libro aprenderás algo más de cada uno de ellos. Pero entre las palabras elegidas no solo hay valores, también hay palabras difíciles e importantísimas que utilizamos los creyentes en Dios y que no siempre conocemos bien. ¡Algunos mayores tampoco las conocen bien! Con este libro aprenderás el significado de esas palabras difíciles e importantes de la fe que te ayudarán a crecer. Ya sabes, las siguientes páginas están cargadas de valores y de palabras difíciles y muy importantes para los amigos de Jesús.
A lo largo de este libro, Jesús será la persona que te ayudará a comprender mejor cada una de las palabras que te propongo.
Veremos cómo entiende cada palabra y qué nos dice a nosotros para que podamos practicarla como él quiere. ¡Jesús es siempre el mejor ejemplo porque él supo practicar todas estas palabras como nunca nadie lo había hecho! En Jesús todas las palabras que vas a aprender se hacen vida. Él las practicaba cada día y por eso podemos aprender de él. Jesús nos enseña el verdadero significado de esas palabras difíciles que encontrarás en este libro y que luego descubrirás en la vida cuando vayas creciendo. ¡Él nos ayuda a crecer! Es como los buenos maestros, que ayudan a sus alumnos a aprender de verdad para que puedan vivir. ¡Jesús es el mejor maestro!
Según vayas leyendo las palabras, te darás cuenta de que se repiten algunas cosas. Por ejemplo, verás cuánto se habla de amor en estas páginas. Esto tiene una razón. Para los cristianos, Dios es amor. Todo se comprende mejor a la luz del amor. Si una palabra resulta difícil de practicar, es como si estuviese a oscuras, pero el amor nos ilumina y nos ayuda a llevarla a la vida. El amor es una de las claves más importantes de todas las que vas a descubrir en este libro y en la vida, y es muy necesario para dos cosas. En primer lugar, para que nuestro corazón no se vuelva duro ni rígido. ¡Hay un montón de personas rígidas con el corazón de piedra! Se creen que tienen la razón siempre e incluso justifican algunas barbaridades en nombre de Dios. El amor verdadero nos cura de esta enfermedad de la rigidez. En segundo lugar, para que nos esforcemos por conseguir un mundo lleno de amor. Este no llega por arte de magia, sino que necesitamos esforzarnos por conseguirlo. Una persona que ha aprendido el verdadero significado del amor según Jesús nos lo presenta es una persona capaz de acoger a todos con cariño y sin rigidez, pero al mismo tiempo sabe que debe esforzarse y animar a otros a esforzarse por amar un poco más como Dios ama.
El amor puede curarnos de dos grandes enfermedades. La primera es la enfermedad de los fariseos que aparecen en el Evangelio. Los fariseos eran las personas que se creían muy amigas de Dios y muy cercanas a él y, sin embargo, estaban lejísimos de Dios porque no eran capaces de amar de verdad. ¡También hoy puede haber fariseos! Gente que dice ser amiga de Jesús, pero que no es capaz de amar como Dios ama. Suelen tener un corazón muy rígido, y son incapaces de admitir que los demás también nos pueden enriquecer. La segunda es la enfermedad de los gentiles del Evangelio, que no ponían su confianza en el Dios del amor, sino en otros dioses más materiales. También hoy puede haber gentiles. Son las personas que creen que el dinero, la fama o el poder lo arreglan todo, pero, en el fondo, no son felices. Es como si el dinero o el poder fueran más importantes que Dios. Solo hay que tener un poco de corazón para darse cuenta de que esas cosas no nos hacen felices de verdad. Ya lo sabes, el amor nos ayuda a curarnos de esas dos grandes enfermedades. No te olvides. Por eso descubrirás cuánto se habla de amor en este libro, porque el amor nos ayuda a comprender y a practicar mejor cada palabra. Ya lo dijo Jesús: «El mandamiento más grande es “Amarás a Dios y a los demás como a ti mismo”». ¡El amor es la clave secreta de todo el libro y el valor más importante de todos!
Te felicito una vez más por haber llegado hasta aquí. Ahora solo te falta ponerte manos a la obra. Espero que disfrutes mucho de la lectura de estas páginas y que puedas compartir con muchas personas todo lo que vas aprendiendo. Recuerda que es más importante leer una palabra al día y practicarla que leer muchas palabras y no practicar ninguna. ¡Solo la persona que lee y practica cada palabra puede crecer de verdad! ¡Gracias por creer que estas palabras pueden ayudarte! ¡Estoy seguro de que así será! Te deseo una feliz lectura y una práctica muy provechosa en cada palabra. Enhorabuena por animarte a crecer. ¡Esa es una decisión muy valiente!
¡Ánimo y adelante!



La alegría es un gran poder que todos desean. Sin embargo, para ser personas alegres, debemos esforzarnos mucho y trabajar muy duro cada día en la limpieza de las cosas que vamos guardando en el corazón. Algunas de ellas son muy pesadas y ocupan mucho espacio. Pienso, por ejemplo, en la tristeza que algo nos provoca o en los enfados que traen el peso de la rabia a nuestra vida. La tristeza o la rabia ocupan espacio en el corazón e impiden que el poder de la alegría crezca en nosotros. Por eso, aquellos que logran sacar de su corazón estas cosas pesadas y dejan sitio al poder de la alegría se convierten en personas llenas de luz y de sonrisas. ¿Quién no quiere tener un amigo alegre? ¡Todos queremos estar cerca de alguien alegre!
Cuenta la Biblia que los primeros amigos de Jesús llenaban de alegría las ciudades que visitaban. Llevaban tanto júbilo a las casas y a las personas enfermas, pobres y tristes que todos querían formar parte de su equipo. Sin duda, tenían un poder maravilloso que supieron cuidar durante mucho tiempo: el poder de la alegría.
Se cuenta también que las primeras misas se celebraban con gran alegría. ¿Te imaginas la misa como una fiesta de amigos llenos de gozo en torno a Jesús? ¡Con razón muchas personas querían sentirse parte de esa fiesta!
¡Encuentra la alegría en tus seres queridos y en ti mismo!

La alegría fue una de las claves más importantes de los primeros discípulos para conquistar corazones, y ha sido un poder fundamental en la vida de muchos santos y santas de todos los tiempos. Hay un refrán que dice: «Un santo triste es un triste santo». Es lo mismo que decir que un santo que no es alegre es un pobre santo. ¡La alegría es uno de los poderes más importantes de los santos!
Jesús sueña hoy también con un grupo de amigos que llenen las ciudades de alegría como sus primeros seguidores y que alejen de ellos todo lo que ponga triste a la gente: el odio, la guerra, la violencia… Él quiere que llevemos alegría a todas las personas tristes y solas que nos encontremos en el camino de la vida.
¿Estás dispuesto a dejar más espacio en tu corazón al poder de la alegría, para así regalarla a cuantos te rodean?
¡Si te esfuerzas
por conseguirlo,
todos querrán
ser tus amigos!


Seguro que has oído alguna vez a alguien decir «¡aleluya!» después de superar una prueba o un tiempo de esfuerzo. «¡Aleluya!» es un grito de victoria que indica que algo difícil ha pasado y que hemos conseguido dejarlo atrás. Por ejemplo, cuando comienzan las vacaciones muchos dicen: «¡Aleluya! ¡Se terminaron las tareas de clase!». Pero también podemos usar esta palabra como exclamación ante una buena noticia. Ojalá gritemos de alegría algún día: «¡Aleluya! ¡Todos los niños del mundo pueden ir al cole!».
Para conseguir que haya muchas buenas noticias tenemos que convertirnos en sembradores de aleluyas, pero ¿cómo podemos hacerlo? Piensa, por ejemplo, qué puedes hacer tú para que aquellos que tienen algún problema logren superarlo. Mira a tu alrededor e identifica a alguna persona que esté pasando por una situación difícil y piensa cómo puedes ayudarla. Así puedes convertirte en sembrador de aleluyas, si consigues que alguien se enfrente a un problema y salga victorioso. Entonces esa persona pensará: «¡Aleluya! ¡Lo he logrado!»; y tu corazón se llenará de una profunda alegría por haberle prestado tu ayuda.
Tampoco podemos olvidarnos de que hubo un grito de aleluya muy importante en la historia, el primero. Después de que Jesús entregase su vida por amor a todos en la cruz, sus discípulos se dieron cuenta de que su proyecto no había sido un fracaso y que estaba aún vivo en sus corazones. Por eso gritaron de alegría: «¡Aleluya! ¡Ha resucitado!». ¿Ves? La historia de Jesús también termina con un grito de aleluya porque fue capaz de volver a la vida después de vivir el sufrimiento de la cruz. ¡Dios transforma todas las dificultades en oportunidades, incluso la muerte! También nosotros podemos experimentar hoy a Jesús como un amigo bueno que nos acompaña viviendo en nuestros corazones, por eso estamos alegres y decimos: «¡Aleluya!».
Entrégate a Dios
y grita: «¡Aleluya!».

Además, los cristianos tenemos un tiempo reservado a lo largo del año en el que la palabra «aleluya» se dice todos los días. ¡También se puede cantar! Se trata de una gran fiesta de cincuenta días que llamamos Pascua, durante la cual recordamos con mucha alegría que Jesús está vivo en cada uno de nosotros, especialmente en el corazón de sus amigos favoritos, los pobres y los que sufren.
¡Anímate a llenar
el mundo de aleluyas
para que todos
vivan felices!
