Prólogo
2 de abril de 2015
Cepillo mi cabello mientras canto una tonta canción pegadiza que escuché en la radio, tomo el cepillo como micrófono y bailo. Alguien toca mi puerta, interrumpiendo el magnífico concierto que estoy llevando a cabo para mi público invisible.
—¡Aska, nos dejas sordos! —se queja mi hermana mayor Alice.
—Cállate, tú eres la que canta mal.
La escucho reír antes de que una puerta —supongo que es la de su habitación— se cierre. Vuelvo a cepillar mi cabello húmedo y me estremezco a causa del frío, lo que me hace darme cuenta de que me he dejado la ventana abierta y solo llevo puesto el pijama. Podría pescar un resfriado con mi descuido.
Camino hasta la ventana y descorro las cortinas para cerrarla, pero antes de que pueda hacerlo algo me detiene o tal vez deba decir alguien. Me quedo con la boca abierta al ver a mi vecino con una toalla alrededor de sus caderas mientras parece muy enfrascado hablando por teléfono.
Observo los tatuajes en uno de sus brazos y en su costado, veo las tabletas de su abdomen —aun cuando es de contextura delgada— y agradezco que nuestras casas estén tan cerca, o al menos que nuestras habitaciones estén una frente a la otra. Va descalzo y de manera distraída tira de su cabello hacia arriba; su otra mano sostiene el teléfono contra su oreja.
Es toda mi fantasía, y él la está alimentando.
¡Jesús! ¿Desde cuándo mis hormonas están tan descontroladas? Casi me doy miedo a mí misma. Me inclino hacia delante en la ventana, pero siendo lo suficientemente sensata para no caerme y partirme los huesos contra el suelo.
Y es que mi vecino, Drake Harris, una vez más me tiene cautiva y atrapada con tan solo un vistazo. ¿Cuánto tiempo hace que siento esto? Creo que ya ni siquiera lo recuerdo. Solo sé que él pone a prueba mi fuerza de voluntad y mi inocencia.
Cualquiera diría que este enamoramiento es un desperdicio de tiempo. Él no me vería más que como su vecina de toda la vida o la hermanita del mejor amigo de su hermano. No es que me ofenda, tiene sentido. En primer lugar, nos separan unos pocos años, no muchos, pero actualmente, teniendo en cuenta que él es mayor de edad y yo no, suena escandaloso. En segundo lugar, él es un auténtico mujeriego. Y en tercer lugar: me cree la persona más dulce, pura e inocente del planeta.
El muy tonto no tiene ni idea de que protagoniza escenas candentes en mi cabeza y que cada vez que puedo no pierdo la ocasión de comérmelo con los ojos mientras fantaseo en un mundo donde Daska (Drake + Alaska) es real; no es que me permita pensar mucho en ello porque volver a la realidad es muy duro.
Así que sacudo la cabeza y me concentro en el ahora. Drake se gira y veo su espalda, quiero patalear de la emoción. No es la primera vez que lo veo sin camisa, pero siempre doy gracias por tener la fortuna y la bendición del cielo de poder apreciar una de las maravillas del universo. Otra maravilla que no se puede ignorar es su culo. Cuando bajo la vista a ese bulto de su trasero aferrando la toalla, veo que justo por encima hay unos benditos hoyuelos que me hacen suspirar.
Ni siquiera mis personajes logran esta perspectiva visual y, créeme, tengo buena imaginación.
Me inclino mucho más hacia delante y, cuando la toalla comienza a aflojarse en sus caderas, pierdo el equilibrio de mi mano. Afortunadamente logro agarrarme a tiempo de la cortina, pero… Bueno, he conseguido tirarla abajo y la veo caer en el pequeño jardín lateral que separa nuestras casas. Mierda.
¿Cómo les explico a mis padres que la cortina se ha caído por la ventana? Decir que estaba babeando ante la visión de Drake sin toalla no parece ser la respuesta idónea, incluso si la sinceridad va ante todo.
Decido que puedo preocuparme luego por la cortina, en este momento la prioridad es el espectáculo que mi vecino me ofrece de forma gratuita, así que subo la vista esperando seguir viendo más material de fantasía, pero todo lo que encuentro es una ceja enarcada y a Drake de pie ante su ventana, ahora abierta.
Aún lleva la toalla, pero ahora simplemente me observa.
¿Atrapada? Seguro. Llegó el momento de fingir indiferencia o demencia.
—¿Qué le ha pasado a tu cortina? —pregunta.
Bajo la vista para ver al soldado caído en nuestro jardín después de sufrir bajo mi ataque por querer ver más de Drake. Lo siento, señora cortina.
—Se ha caído. —Es mi brillante respuesta.
En líneas generales soy una persona muy ingeniosa y con buenas respuestas, pero parece que en este momento mi cerebro ha hecho cortocircuito.
—¿Y cómo ha sucedido eso? —Reposa el trasero, que antes me comía con la mirada, contra la ventana y se cruza de brazos.
—Me he asomado y se ha caído —continúo con mi brillante explicación.
—Hum… —Se pone nuevamente de pie—. Supongo que deberás tener más cuidado la próxima vez, ¿no?
—Claro, lo tendré.
Me sonríe pareciendo bastante divertido y entonces lleva su mano a la toalla y no puedo evitar dirigir mi vista ahí. Contengo la respiración cuando comienza a aflojarla, pero frunzo el ceño cuando la libera y aparece un short.
—¿Estabas esperando algo, Aska? —cuestiona sacándome de mi ensoñación.
Alzo la vista con rapidez y siento el calor esparcirse por mis mejillas. Esto está resultando vergonzoso porque estoy siendo muy evidente.
—¡Cielos, no!
Él ríe y cierra las cortinas de su habitación, yo cierro mi ventana y sonrío. Quizá debería escribirle algún otro poema a Drake. ¡Me inspira tanto! Me dejo caer sobre la cama y reproduzco en mi mente la escena de la toalla que acabo de presenciar.
Este enamoramiento tonto algún día se va a desgastar, ¿verdad?
Pasados unos minutos, preparo mi portátil para escribir antes de dormir, pero finalmente decido que es hora de ir por mi cortina antes de que mis padres lo noten y no pueda dar ninguna excusa. Tomo un suéter para esconder que no llevo sujetador, puesto que estoy con el pijama ajustado, y salgo de la habitación.
Bajo las escaleras y no me encuentro a nadie en la sala, sin embargo, escucho la risa de mamá y papá en la cocina. Abro la puerta de la casa y camino rápidamente hasta el lateral para recuperar mi pobre cortina.
La tomo con la intención de regresar, pero hay dos obstáculos. Me detengo al ver a Drake y Dawson salir de su casa. Teniendo en cuenta que son gemelos parecería que es difícil distinguirlos, pero además de que Drake lleva tatuajes, este tiene una actitud descarada y hay picardía en su mirada mientras que Dawson es dulce e incluso romántico. Sin embargo, estoy muy segura de que ambos son unos rompecorazones a sus diecinueve años.
Y, pese a ser gemelos, siempre he tenido muy claro cuál de ellos es el que me vuelve loca: Drake Harris, el más mujeriego.
Parece que se están riendo de algo; Dawson es el primero en verme, por lo que camina hacia mí sonriendo. Le devuelvo el gesto de inmediato, es imposible no hacerlo.
—¡Aska! Es una alegría verte aquí abajo en pijama y con tu… ¿cortina? —Se ríe ante lo último y yo me encojo de hombros.
—Fue un pequeño accidente de torpeza —me excuso, esperando que Drake lo deje pasar.
—Y vaya accidente, ¿no, Aska? —Pero por supuesto que él no lo permite. Entorno los ojos hacia él.
—Sí, un pobre accidente. —Intento cambiar rápidamente de tema—: ¿Van a alguna cita?
—Una pequeña reunión —responde Dawson—. Nada muy importante.
—Tal vez un día te invite a una… Cuando tengas dieciocho —se ríe Drake.
Vive para molestarme la mayoría de las veces del mismo modo en que suele ser dulce conmigo, o al menos lo era antes de que yo cumpliera los quince años hace ya casi dos. Antes pasaba tiempo conmigo, después de eso se alejó.
—Tal vez cuando eso pase te diga que no quiero ir —respondo de manera tardía a su declaración anterior.
—Supongo que en ese caso esperaremos a ver qué sucede. ¿Nos vamos, Dawson?
—Sí. Buenas noches, Aska. —Dawson besa mi mejilla y me sonríe—. Y evita futuros accidentes con tu cortina.
—Que te diviertas.
—Dulces sueños —imita Drake en burla a su hermano besando mi mejilla y luego pellizcándola—. Si tienes pesadillas, solo piensa en mí.
—Pero si tú eres la pesadilla.
—Entonces creo que estás confundiendo la palabra «pesadilla» con «sueño», Aska. Tienes un grave problema de definición de términos.
—Ya, déjala —se ríe Dawson tirando del brazo de Drake.
Si supiera que tiene razón y que, de hecho, ha estado en algún que otro sueño… hormonal. Sacudo la cabeza y vuelvo a mi casa. Me encargo de poner la cortina y luego procedo a escribir, excepto que borro todo lo que escribo en mi supernovela exitosa con contenido adulto.
Todo lo que escribo es muy parecido a la escena de la ventana, solo que para mi protagonista la historia parece terminar diferente. Lo borro una y otra vez hasta que decido no luchar contra ello y dejarlo. Harper, disfruta de lo que Cody te hace, ya que a mí ni en sueños.
Frunzo el ceño escribiendo unas líneas muy sinceras que, evidentemente, no voy a publicar:
Soy Alaska Hans, tengo dieciséis años y mi vecino es el maldito cielo para la vista. Para mi vista. Mi propia fantasía. A veces escribo deseando que esos fuéramos él y yo. Mi primer sueño húmedo fue con él y aún tengo varios de ellos.
Confesión frustrada: me torturo pensando cómo sería si me viera como algo más.
Confesión realista: Drake y yo… no sucederá.
Lo borro todo y resoplo frustrada. ¿Tan difícil es aceptar la realidad? Suspiro y me pongo de pie, camino hacia mi ventana y veo la suya. Mi amor platónico.

1
Dime qué lees y te diré…
DRAKE
10 de abril de 2015
—¿No te parece que Aska a veces actúa de una forma rara? —le pregunto a mi hermana Hayley.
Ella alza brevemente la vista de su teléfono móvil para prestarme atención mientras continúo saltando a la cuerda. Me mira durante varios segundos sin responder, algo muy típico de ella porque a veces le gusta hacerse de rogar.
—No. Tú a su edad eras mucho más raro y estabas un montón de tiempo en la ducha supuestamente bañándote —responde finalmente.
No puedo evitar reír, lo que me hace perder la cuenta y el tiempo en los saltos de la cuerda. Dejo la cuerda a un lado y tomo una toalla para limpiarme el sudor. Hayley detiene el cronómetro que llevaba con mi serie de ejercicios y me sonríe.
La verdad es que mi hermana es como una princesa para nosotros, es la única chica de los cuatro hermanos Harris. Y, además, es la pequeña. El mayor de todos es Holden, que es un reconocido presentador de televisión del programa Infonews; luego venimos nosotros, los gemelos, y por último, Hayley, lo más hermoso e insoportable de la familia. No se puede negar que es una consentida. Nuestra hermana nunca escoge muy bien a sus novios porque parece que en lugar de novios busca sirvientes. Pobres desgraciados.
Bebo agua de mi botella y me echo un poco sobre el rostro antes de sentarme al lado de mi hermana en las escaleras de nuestra casa.
—Hablo en serio. Todo el tiempo parece metida en su teléfono, a veces ríe mirando a su alrededor como si le avergonzara algo y luego tiene esa mirada risueña. Además…
—Ya. ¿Te diste cuenta de todo eso con un rápido vistazo?
—Soy así de observador.
—Quizá es que Aska tiene un novio. —Se ríe y yo sacudo la cabeza.
—No lo creo.
—¿Por qué no? Es una chica preciosa.
—Nunca dije que Aska fuese fea. Eso sería una estupidez.
Alaska es preciosa, al menos a mí me lo parece y seguro que cualquiera con ojos lo notaría. Los Hans siempre han sido nuestros vecinos, y el hecho de que Jocker Hans, presentador también de Infonews, se hiciera el mejor amigo de mi hermano mayor selló el pacto entre nuestras familias para volvernos a todos cercanos.
—Entonces ¿por qué no podría ser que tuviera un novio? —pregunta mi hermana desconcertada.
—Porque Aska no es así.
—Discúlpame, pero es una adolescente y recuerda que en esa etapa las hormonas están disparadas. Incluso a esa edad algunas chicas ya soñamos e imaginamos si alguna vez tendremos sexo.
—Pero Aska…
—Pareces horrorizado. —Se ríe—. Me siento celosa de que no te preocuparas así por mí.
—Sí lo hice.
—No lo recuerdo.
—Eso es porque eras muy pequeña.
—Estúpido, tenía dieciséis años hace casi cuatro años. —Golpea mi brazo y yo río envolviéndola en un abrazo—. ¡Qué asco, Drake! Estás sudado, suéltame. Apestas.
Escuchamos un auto detenerse y dejo de abrazarla para ver a mi copia romanticona bajar del coche que compartimos. Viene con una sonrisa de idiota que me hace enarcar una ceja.
Tener un gemelo te hace sentir como si tuvieras otra mitad; dudo que alguna vez me sienta así de unido a ninguna otra persona. El amor que siento por Dawson es especial; es mi otra mitad, mi complemento. Y es el mejor hermano que puedo tener.
—Parece que recibiste una mamada sin que te mordieran —suelto.
—¡Drake! —se queja Hayley ante mi expresión, lo que me divierte aún más.
—Es todo tuyo. —Dawson me arroja las llaves del auto y, aún sonriendo, entra en casa pasando por entre medio de nosotros.
—No quieres escucharlo, pero conozco a mi copia romanticona y ese hombre ha tenido un orgasmo de alguna manera.
—¡Arggg! Asqueroso. —Hayley se pone de pie y entra en casa resoplando, no puedo evitar reír antes de ponerme en pie y retomar mis ejercicios.
Salto a la cuerda hasta terminar mi serie, luego me toca hacer unas sentadillas y flexiones, hasta llegar a los abdominales. Voy por mi segunda serie cuando una sombra cae sobre mí. Alzo la vista y me encuentro con una de las hermanas Hans.
—Alice Hans.
—Drake Harris —imita mi tono de voz antes de reír mientras me observa—. ¿Así es como consigues los músculos? Pensé que todos ustedes habían nacido con ellos.
—Nací con ellos, solo hago ejercicio para que crezcan.
—¿De qué hablan? —cuestiona Alaska situándose frente a mí.
Lleva el mismo uniforme de escuela privada que Alice. La falda de Alaska es más larga y su camisa más holgada que la de su hermana. Ellas son muy diferentes, del mismo modo en que lo somos Dawson y yo.
—De lo bonita que te ves en uniforme. —Le guiño un ojo y de inmediato ella frunce el ceño antes de mover su pie contra mi pierna como si se contuviera de patearme. Me incorporo antes de estar sentado—. ¿Qué tal les ha ido a las bonitas damas en la escuela?
—Pregúntale a Aska por qué tiene una notificación escolar.
Las palabras de Alice me toman por sorpresa. Puede que la hermana mayor sea un poco más desobediente y rebelde mientras que Alaska sigue las reglas y es soñadora, pero normalmente ambas son alumnas ejemplares en cuanto a notas. Ambas se sientan en el césped, Alaska a mi lado y Alice justo enfrente.
—¿Qué pudo haber hecho este pequeño ángel? —cuestiono con curiosidad y un poco de sarcasmo.
—Me distraje en clase con el teléfono en una asignatura que nos exige apagarlos. —Se encoge de hombros dándome una pequeña sonrisa—. No es gran cosa.
—Y yo que me esperaba que te hubiesen encontrado fumando un porro o algo así de escandaloso.
—Ya lo has dicho, yo soy un ángel.
—¿Qué hay de ti?
—Buenas notas, cero notificaciones y ansiosa por terminar este último curso.
—¿Alguna decisión sobre la universidad?
—Me tomaré un semestre para pensar bien mis opciones, ya me he equivocado bastante en mi vida.
Asiento entendiendo a lo que se refiere. Hace un tiempo Alice vivió una mala y delicada situación cuando se le practicó un aborto. Más allá de si está bien o no, uno de los problemas más graves fue el hecho de que lo hiciera bajo coacción del imbécil con el que salía y no porque ella se hiciera cargo de su cuerpo. Me hubiese gustado haber golpeado a esa pequeña mierda que se hace llamar hombre, pero Jack, el hermano mayor Hans, se encargó de él. Y de no haberlo hecho él, antes de poder intervenir yo, ese tipo se habría encontrado con Jocker, que estaba preparado para darle unos cuantos saludos con sus puños. Creo que poco a poco Alice ha vuelto a sentirse mejor de nuevo. Su terapeuta la ha ayudado mucho.
Siento un dedo en mi brazo y cuando giro mi cabeza me encuentro el dedo de Alaska trazando uno de los tatuajes.
—¿Qué hará la dulce Aska cuando termine la escuela dentro de unos años? —pregunto para enfocarme en otra cosa que no sea su tacto. ¿Qué está pasando?
Abre la boca como si fuera a decir algo de inmediato, pero luego se sonroja alejando su dedo de mi brazo para colocar su cabello oscuro detrás de sus orejas. De pronto, se ve un tanto tímida.
—No lo sé. —Es su respuesta final, pero sé que quería decir algo más.
—Algo me dice que sí lo sabes.
Se encoge de hombros y vuelvo mi atención a Alice, que comienza a hablarme. A diferencia de mi hermano, que estudia una carrera universitaria para ser veterinario, yo me dedico al marketing. Cuando me gradué hice un curso de marketing y luego he hecho algunos más para reforzar conocimientos. Ahora trabajo desde casa para un par de agencias y me va bien, no me arrepiento de mi decisión. Era lo que quería y me desenvuelvo genial en un trabajo que me gusta mucho, me siento libre.
Mientras Alice y yo seguimos hablando, Alaska tiene de nuevo esa expresión risueña y sus mejillas se sonrojan mientras revisa notificaciones que llegan a su teléfono. Me intriga demasiado saber qué está sucediendo con ella. ¿Realmente está saliendo con algún tipo?
Hago como que me estiro y miro hacia la pantalla del teléfono. Hay una serie de palabras que no logro entender, pero capto el nombre de la aplicación: JoinApp. Trato de memorizar el nombre de la aplicación y la mitad de un nombre de usuario que capto. Ella bloquea la pantalla y suspira antes de ponerse en pie.
—Me voy a casa —anuncia.
No nos da tiempo a decirle nada cuando ya está corriendo hacia su casa. Miro a Alice y ella solo se encoge de hombros.
—Ya sabes que Aska es así de atolondrada —dice mientras se pone de pie—. Te dejo hacer tus ejercicios, dile a Hayley que vendré más tarde.
—De acuerdo.
Retomo mi rutina de ejercicio para finalizarla y me repito una y otra vez el nombre de la aplicación para no olvidarla.
Creo que estoy a nada de tener el peor dolor de cabeza de todos los tiempos. Fui muy crédulo al creer que esto sería sencillo, qué inocente de mi parte.
JoinApp resultó ser una aplicación para leer y escribir historias que pasan por muchas categorías y en donde, al parecer, a partir de una cantidad alta de suscritores comienzas a obtener ingresos según tu nivel de influencia en la aplicación, además de publicidad que pagan en la plataforma a los autores más reconocidos. Me gustaría hacer una recomendación sobre el marketing, pero no es en esto en lo que estoy enfocado en este momento.
Intento de nuevo poniendo otro nombre: Alaska Brooke Hans.
Usuario no encontrado.
¡Mierda! Me acuesto y observo fijamente mi teléfono móvil. Me he tenido que bajar la aplicación y me he creado un usuario, y, aunque el logo de esta aplicación me asegura que es la misma página en la que ella se encontraba, no encuentro a Alaska.
Me pongo cómodo contra las almohadas intentando recordar lo poco que vi. Estoy seguro de que vi su usuario, solo que no logro recordarlo.
—Oye, he quedado con Holden. ¿Vienes?
Como siempre, Dawson no toca a la puerta mientras entra, toma una de mis chaquetas y se gira esperando que responda.
—No. Paso, estoy en plan de investigación.
—¿Qué investigas?
—¿Recuerdas algún apodo o clave que haya usado Alaska alguna vez?
—A veces es obvia poniendo claves, como por ejemplo su fecha de nacimiento. En Instagram es Aska Hans…
—No, piensa en otro.
—Oh. Recuerdo que me escribió una carta de cumpleaños cuando tenía diez años.
—Sí, lo recuerdo. Yo recibí la mía. —Sonrío ante el recuerdo.
—Ella firmó como Alas Book H. Nos dimos cuenta de que sería una devoralibros como el señor Hans y Jocker.
Desbloqueo rápidamente mi teléfono, escribo el seudónimo que mi hermano acaba de darme y finalmente, tras una hora y media de investigación, doy con Alaska. Sé que es ella por su foto de perfil. Sonrío y me pongo de pie abrazando a Dawson antes de alzarlo.
—¡Bájame, idiota!
—Eres un maldito genio. Seguro que todos los animales confiarán en ti para que los cuides —le digo antes de besar de manera sonora su mejilla.
—Ya, calma. Deja la locura. ¿Qué estás haciendo?
—Algo de investigación. Vete, vete, saluda a Holden, dile que lo veré mañana.
Dawson ni siquiera se molesta en entenderme cuando sale y le grita a Hayley que se dé prisa. Escucho a mamá comenzar a recitar todo lo que mi copia romanticona debe decirle a Holden. Vuelvo a acostarme con mi teléfono. Comienzo por leer su biografía.
Hola, mundooo. Si estás aquí es porque te parecí remotamente interesante y eso está bien, muy bien.
Alerta de spoiler: puedo ser terriblemente rara.
Soy un intento de escritora, lectora profesional. Mi edad es una incógnita. De Londres, pero con un corazón mundial para amar a personas especiales de todo el mundo.
Antes de conseguir la paz mundial creo que primero debemos matar la hambruna.
Hay un mundo de sueños esperando ser explorado y tengo muchas ganas de conocerlo.
Mi mente tiene pensamientos sexis.
Tengo metas por alcanzar y sueños por vivir.
Espero que disfrutes leyendo el loco mundo que hay en mi cabeza y que quiero compartir contigo.
Besitos con sabor a fresa.
ALAS BOOK H.
Sonrío y me sorprendo cuando veo que tiene casi noventa mil seguidores. Parece que ha escrito tres historias. Decido empezar a leer la más antigua hasta llegar a la más nueva. Nunca me ha interesado leer novelas, pero siempre hay una primera vez.
La primera de sus obras es una historia corta que consta de seis partes y es terriblemente dulce. Es tan cursi y cliché que en algunas ocasiones pongo los ojos en blanco y hago muecas, pero admito que hay muy pocos errores ortográficos y gramaticales en esta historia, y no esperaba nada menos romántico de una chica que desborda dulzura y amor hacia todo el mundo. Puesto que mi cuenta es anónima, le dejo un par de comentarios y un corazón.
Como aún es temprano, decido comenzar a leer su segunda historia. Con un montón de drama que ni siquiera sé de dónde sale, te atrapa más que la anterior. Casi estoy esperando que los protagonistas sean hermanos o que la indeseada diga estar embarazada del protagonista porque es así de dramática y novelera, pero es entretenida y descubro que me meto tanto que me siento frustrado en muchas escenas. Debo admitir que para esta historia pulió un poco más su redacción y los errores ahora son casi mínimos. La historia posee veintinueve capítulos, así que cuando termino son las tres de la madrugada y tengo los ojos muy cansados. Bostezo y escribo un rápido comentario.
Excelente historia, un tanto dramática… Bien, muy dramática. Nadie pasa por tanta mierda en su vida.
Sin embargo, me entretuvo y me atrapó.
Si yo fuese tú, acomodaría un par de detalles, pero es una buena historia.
Por cierto, no tienes que generalizar en tus notas como si creyeras que solo te leen chicas.
Sí, soy un chico. Así que bien puedes comenzar a poner en tus notas:
«Hola chicas y chicos. ¿Les ha gustado la historia?».
Conecto mi pobre teléfono sin batería y procedo a dormir, aliviado de saber que Alaska invierte su tiempo en algo tan inocente, productivo y sano como escribir. Ya leeré más adelante su última historia todavía en curso.
12 de abril de 2015
Es un domingo cualquiera, el segundo de abril para ser exacto, y quizá esto no sería tan destacable y le diera tanto énfasis si no se tratara del importante acontecimiento de que estoy obteniendo un vistazo a la mente de Alaska Hans a través de otras de sus historias.
Pero lo que marca este segundo domingo de abril es el contenido de la historia, la manera en la que sus palabras comienzan a colarse hondo, consiguiendo reacciones e impresiones inesperadas.
¿Ella realmente escribió esto?
Bien, esta historia de Alaska comienza muy diferente. Demasiado.
Sus personajes son más adultos que los anteriores y se desenvuelven de una manera distinta. Su personaje masculino tiene mucho dinero porque es un actor que vive una vida que quedaría perfecta para ser documentada por MTV. La protagonista es una maquilladora latina. No es tan inocente como sus anteriores personajes.
Sin embargo, esta historia atrapa desde el prólogo y aunque es casi medianoche me planteo leerla aprovechando que ya terminé mi trabajo por hoy. No son capítulos largos y parecen concisos, resultan muy divertidos. Descubro que me hacen reír muchas expresiones latinas que no tengo ni idea de dónde aprendió.
Todo va bien.
Hasta el capítulo cinco.
En el capítulo cinco, después de que la protagonista entre en el camerino del superactor caliente —como ella lo llama—, las cosas comienzan a ponerse un tanto subidas de tono con besos que me sorprenden en su explícita descripción y con un magreo de teta que no me creo que haya sido escrito por Alaska.
Trago y bajo el teléfono.
Era un beso arrollador que estaba encendiendo cada parte de mí, su mano apretó con fuerza mi pecho, su pulgar parecía muy dispuesto a dar con un pezón que no dejaba de erguirse. Lo sentía en todas partes. Era su lengua acariciando la mía, su mano en mi pecho, sus piernas entre las mías creando fricción y haciendo que una incesante humedad comenzara a estropear mis bragas.
Más, yo quería pedirle mucho más, mientras la razón y la cordura escapaban de mí.
Quería sentirle en cualquier parte de mi cuerpo, no importa en dónde la pusiera. Yo quería sentirla.
Sus besos mordisquearon mi barbilla mientras su mano liberó mi pecho y pareció concentrarse en otro lugar. Desconcertada di un paso hacia atrás para observarlo. Fue entonces cuando su pantalón bajó un poco y luego lo hizo su bóxer.
Jadeé ante la vista de su miembro erecto. Dios mío. Pero eso no fue nada comparado con mi reacción ante lo que él me dijo a continuación:
«Harper, chúpame la polla».
El teléfono cae contra mi rostro haciéndome saltar. Mierda.
Lo agarro de nuevo y necesito leer una y otra vez la última línea para realmente entender que Alaska ha escrito «chúpame la polla». ¡Jesús! Pero ¿qué es esto?
¿Lo ha escrito la dulce Alaska Hans que nunca habla de nada sobre el sexo? Eso ha sido desconcertante e inesperado. Si sigo leyendo no podré volver a ver a Alaska con los mismos ojos.
Tomo fuertes respiraciones, intentando no tomar de nuevo mi teléfono, aunque estoy muy tentado.
—A la mierda, ya lo comencé. Voy a terminarlo.
Agarro mi teléfono nuevamente y leo una vez más la escena antes de seguir. Y como dice Alaska:
Alerta de spoiler: Harper se la chupa, duro y fuerte. Y es tan explícito que casi creo que me lo están haciendo a mí.
¡Joder! ¿Qué mierda has estado haciendo, Alaska?
2
Doble identidad
ALASKA
17 de abril de 2015
Estoy perdida en mis pensamientos sobre mi familia, pensando cosas como lo afortunada que soy por formar parte de ella y que quiero golpear a Alice por haberse comido lo que quedaba de mi helado sin preguntarme, cuando mi mejor amiga se deja caer delante de mí en el aula de clases.
—¿Has visto la manera impresionante en la que aumentan tus seguidores?
Alzo la vista de mi libro para encontrarme con los ojos de Romina, mi mejor amiga, quien además me ha ayudado muchísimo con todas las expresiones latinas que utiliza el personaje principal de mi historia.
—¿Cuántos? Llevo dos días sin revisar porque me pone de los nervios. ¿Cómo crees que han reaccionado los seguidores al trío?
—¡Les encanta! Creo que el mundo entero se masturba con esa escena.
—Oh, Dios, cállate. Alguien podría escucharte.
—Eres una superestrella en ascenso, no tienes de qué avergonzarte. —Se deja caer a mi lado y suelto una risa con mis mejillas todavía sonrojadas—. Míralo tú misma.
Tomo su teléfono móvil y miro impresionada cómo ha aumentado el número de corazones que recibo en mi perfil y los comentarios de mi historia. ¡Hay muchos guiños! Lo que significa que tiene muchas visitas.
Si llego a quinientos mil seguidores, pasaré a ser considerada una persona influyente en la comunidad, y la plataforma estará obligada a contactar conmigo y a pagarme a cambio de poner publicidad en mi historia. Además, obtendría publicidad gratis para que más personas me leyeran.
¡Esto es demasiado emocionante! Nadie me dijo que mi historia sucia, nacida de un reto con Romina, alcanzaría tal éxito. ¿Quién dijo que las chicas vírgenes, dulces y jóvenes no podíamos escribir sobre sexo?
—Esto es una locura, Romi.
—Una locura buena y ¡tienes lectores masculinos!
—¿Es raro que me sienta tan orgullosa de una historia así de caliente?
—¿Y qué si tiene escenas de sexo explícito? Eso no quita que tenga una muy buena trama y que nos tenga a todos atrapados. Te prometo que soy la máxima shippeadora de Harper y Cody. Son tan espectaculares que cuando lo están haciendo ni siquiera parpadeo para no perderme ninguna coma o punto.
Me desplazo por los comentarios desde su cuenta y sonrío ante ellos. Son muchos, parece que todos han quedado maravillados con el último capítulo que subí hace unos días: un trío. Pensé que no les gustaría, puesto que no es un trío exactamente. Solo es otro tipo viendo cómo Harper y Cody lo hacen mientras él se acaricia a sí mismo y relata lo que quiere que ellos hagan. No sé de dónde me vino la idea, pero simplemente la escribí y a todos parece haberles gustado mi extraño trío en escena sexual.
Me detengo ante un comentario.
TattosHD: ¡Joder! ¿Cómo es que esta escena ha venido a tu mente?
Esto ha sido demasiado para leer.
¡Basta!
Y te lo dije: deja de generalizar en términos femeninos, que también hay chicos leyéndote.
—Oye, mira. Un chico parece enojado de que siempre en mis notas hable en femenino. Y ahora que mis lectoras lo han visto, su respuesta tiene como quinientas intervenciones.
—Es que te lo he dicho, tienes lectores con pene.
—Eso es raro… No quiero pensar en si provoco reacciones calenturientas en las personas que me leen.
—Alerta de spoiler, Alaska: En el mundo habrá personas que más que excitarse se correrán leyéndote o después de masturbarse.
—No es una imagen que quiera en mi cabeza. Razón por la que mi nombre nunca debe ligarse a todo ese sexo explícito y desvergonzado.
—Si fuera mi arte, lo gritaría al mundo.
—Ajá, luego vas y me cuentas qué diría mi padre o mis hermanos si descubren lo que he estado escribiendo. Sería vergonzoso y ellos pensarían que hago todo eso.
—O que tienes una imaginación muy gráfica —argumenta.
—Ambas opciones resultarían vergonzosas. Además, esto quizá sea solo un pasatiempo. Que todas estas personas estén leyéndome no garantiza que sea buena escribiendo.
—Oh, no, te prohíbo arrastrarte en la autocompasión, Alas. ¡Eres muy buena! Palabra de lectora empedernida.
—Gracias, Romina. Eres mi cómplice.
Nuestros compañeros de clase comienzan a entrar en el aula, lo que nos hace saber que el profesor no tardará mucho en llegar. Le devuelvo su teléfono a Romina y trato de leer una última línea del libro que tomé de lo que yo llamo «el paraíso de papá», pero no puedo evitar sonreír notando que en el mundo hay personas disfrutando de lo que escribo y que mi historia no deja de crecer.
¿Seré realmente buena? Después de todo, mi historia tiene mucho sexo, pero también me he esforzado en darle al menos una trama. La idea es que se diviertan leyéndola sin parecer otra estimulación visual pornográfica. Espero que ni mi familia ni ningún conocido me descubra nunca.
Finalmente las clases terminan por hoy. Estoy riendo con Romina y otras compañeras de clase cuando uno de los chicos de una clase más adelantada que la mía me llama. Me doy la vuelta y me encuentro con un chico de piel trigueña, simpático. Es uno de esos idiotas que todo el tiempo intenta ver debajo de nuestras faldas cuando bajamos por las escaleras: Rodrerick.
—¿Tienes un momento? —me pregunta.
Me lo pienso, pero al final me acerco porque la curiosidad es grande. Me dedica una sonrisa coqueta y enarco una ceja.
—¿Y bien? —pregunto.
—He estado un tiempo reuniendo el coraje para decirte esto —dice—. Me gustas, Alaska. Eres la más linda y sexi de esta escuela. Nos traes a todos locos, incluyéndome a mí, y me gustaría que averiguáramos si tenemos química.
¿Química? Él ni siquiera me cae bien. Siempre es un pesado con las chicas y sus bromas son demasiado desagradables. Le muestro una sonrisa forzada.
—Agradezco lo que…, eh…, dices —no encuentro las palabras correctas—, pero no estoy interesada en salir con nadie.
O no con alguien que no me gusta, en todo caso. Su sonrisa vacila y por un momento parece que me mira enojado, pero luego se recompone.
—¿Estás segura? —pregunta.
—Sí, muy segura. —Hay unos segundos de silencio—. Entonces…, eh…, nos vemos.
Le despido con un gesto torpe de la mano y vuelvo con Romina; las demás ya se han ido. La pongo al día y se ríe diciéndome que Rodrerick es un imbécil y que menos mal que lo he rechazado. Luego pasamos una vez más a hablar de mi historia porque Romina de verdad parece mi mayor fan.
Río con sus ocurrencias y luego ella mira por detrás de mí con curiosidad, antes de sonreír.
—Oh, Alas, ahí está tu vecino ardiente —me dice, y de inmediato me giro y alzo la vista.
Lo que encuentro me sorprende en la misma medida en la que me hace sentir cierta emoción.
¿Qué está sucediendo? Drake nunca ha venido a mi escuela. Hay un grupo de chicas comiéndoselo con los ojos mientras intentan llamar su atención. Él alza su mano en mi dirección y tímidamente le devuelvo el saludo. Entonces ¿está aquí por mí? No me quiero ilusionar.
Lo veo sonreírme, lo que ocasiona que su grupo de fanáticas me miren de mala manera. Él dobla sus dedos indicándome que me acerque.
—Y al parecer él viene por ti, eso es muy romántico —dice mi amiga de forma soñadora—. ¿Se ha fijado en ti?
—Deja de soñar —le pido, pero luego soy yo la que se va al mundo de los sueños—. ¿Ves a Alice?
—No.
—¿Se habrá ido sin mí? Esa abandonahermanas —me quejo, girándome hacia Romina—. Bueno, iré a ver qué quiere Drake. Te veo mañana.
—Está bien. Sube capítulo hoy, por favor.
—No te aseguro nada, pero te haré llegar un spoiler. —Le lanzo un beso y corro hasta Drake. Respiro hondo al detenerme frente a él—. Hola.
—Hola, Aska. —Sus manos están metidas dentro de los bolsillos traseros de su pantalón mientras se balancea adelante y hacia atrás.
Finalmente se inclina y besa mis dos pómulos pecosos haciendo que en consecuencia mis ojos se abran por la sorpresa, y admito que los nervios recorren mi cuerpo. Eso nunca había sucedido. Sí, Drake siempre ha sido mi amor platónico, pero soy realista sobre el hecho de que no tenemos ninguna posibilidad de estar juntos. Sin embargo, hoy me siento emocionada y no sé por qué.
—¿Sabías que parece que siempre estás sonrojada?
—¿Has visto a Alice? Se supone que nos iríamos juntas como siempre. —Miro alrededor, ignorando deliberadamente su pregunta.
—Fue a por un helado con sus amigas. Le dije que yo te acompañaría a casa.
—¿Has venido a buscarme?
Odio sonar demasiada emocionada ante la perspectiva. Él me sonríe, al menos no se está burlando de mí.
—Pasaba por aquí.
—Justo por aquí —digo sin creerle.
—Exacto. —Toma la mochila rosa de mis manos y la sostiene contra su hombro—. Andando, te llevaré a casa.
Por un momento me quedo de pie mientras lo observo alejarse. Cuando nota que no lo sigo se da la vuelta y enarca una de sus cejas. Soy consciente de que me está esperando a mí, lo que hace que mis piernas estén a punto de ponerse a temblar. Él puede enloquecer a cualquiera. Corro para alcanzarlo y, cuando lo hago, oigo que alguien grita mi nombre. Me giro y veo a un compañero de Alice arrojándome un beso mientras pasa en el auto de su hermano.
—Me encantas, preciosa. —Me arroja otro beso y me guiña un ojo antes de que el coche se aleje.
¡Vaya! Eso sí que no me lo esperaba, sonrío. Admito que eso de llamar la atención de alguien de un curso superior me gusta y va genial para mi autoestima. Además, contando la declaración de Rodrerick, hoy parece que soy una rompecorazones.
Drake golpea ligeramente mi codo con el suyo para llamar mi atención. Lo miro aún sonriendo con una autoestima elevada.
—¿A qué ha venido eso? —pregunta.
—No lo sé —me encojo de hombros sin borrar la sonrisa—, pero parece que le gusto. No lo sabía, quizá deba preguntarle a Alice sobre él.
Tal vez no sea un idiota como Rodrerick; creo que estoy un poco entusiasmada ante esta posibilidad.
—¿No te parece que eres muy joven?
—No, ya no soy una cría. Además, él es muy atractivo, varonil y no es como tantos idiotas de la escuela.
—Creo que eres muy joven.
—Recuerdo que tú tenías muchas citas cuando tenías dieciséis años. ¿Eras entonces muy joven? —contraataco.
—Atrapado. —Me sonríe—. Pero es que no quiero que te hagan daño.
—Oh, qué bonito —me burlo de él, y luego le muestro la lengua haciéndolo reír.
—¿Eres creativa, Aska? —Cambia de tema tan rápido que me cuesta unos segundos procesar su pregunta.
—¿A qué viene esta pregunta?
—Simple curiosidad.
Sin embargo, cuando lo adelanto para caminar de espaldas y de frente a él para poder observarlo, noto la diversión en su rostro. ¿Qué me estoy perdiendo? Entorno mis ojos y él estira su mano para tomar mi codo haciéndome detener cuando una bicicleta pasa a mi lado.
—Ten cuidado.
—Claro —digo, y suena más como un suspiro.
Me aclaro la garganta y abrocho los botones de mi chaqueta porque comienza a hacer frío. Normalmente con Alice tomaríamos un bus para llegar a casa, y en cambio Drake me está haciendo caminar, pero ¿hasta dónde? Esta podría ser una eterna caminata.
—¿Por qué estamos caminando?
—Dawson tiene el auto y pensé que tal vez te gustaría un chocolate caliente y galletas antes de que te lleve a casa.
No es una cita.
Él me ve como su tierna vecinita.
No sabe de mis pensamientos sexuales hacia su persona.
No sabe que me encanta.
Pero, aun así, estoy sintiendo un revoltijo en mi estómago ante la idea de pasar más tiempo con él. Cuando era pequeña Drake solía sentarse en nuestro porche a hablar conmigo o a escuchar mis tonterías, pero desde el año pasado las cosas parecen distintas porque aunque él no me esté evitando, conversamos muy poco y nuestros intercambios parecen muy diferentes.
—Eso me gustaría —respondo finalmente.
—Bien. —Me devuelve la sonrisa y toma mi mano—. Si piensas continuar caminando de espaldas, déjame guiarte, no queremos que termines cayéndote.
«Toma mi maldita mano todo el absoluto tiempo que quieras».
—Está bien.
Él me observa fijamente mientras caminamos y eso me pone tan nerviosa que evito su mirada, lo que parece que le resulta divertido. ¿Por qué estoy tan nerviosa?
—Así que te gusta leer, Aska.
¿Qué pasa con Drake hoy? Parece que está sacando temas de la nada que me descolocan. Decido responderle, aunque siento un poco de desconfianza hacia este interrogatorio.
—Es una de mis pasiones. Podría perderme en un mundo de libros.
—Recientemente he descubierto que me gusta leer. Antes lo hacía de vez en cuando, pero me he dado cuenta de que solo basta con encontrar la historia adecuada. —Sus palabras me maravillan y embelesan.
Ante mis ojos es como si Drake estuviera enfocado con una luz favorecedora al admitir que ha descubierto que le gusta leer. ¿Podría ser más perfecto?
—¿Cuál es tu tipo de lectura favorita? —cuestiona.
Casi tropiezo, pero él agarra mi mano evitando que me caiga. Mis mejillas, que de por sí ya tienen tendencia al color rosa, ahora se sonrojan mucho más. Leo de todo, desde poesía hasta historia, pero una parte de mí, una muy grande, siente pasión por los romances.
Me gusta leer novelas románticas dulces que te hacen sonreír y te dejan empalagosamente feliz, con ganas de vivir una historia así de bonita y dulce.
Pero me enloquece, me desarma y me encanta un romance lleno de pasión, donde te muestren todos los matices del amor: tierno, duro, fuerte, cálido, apasionado… Todo. Y ese es el tipo de libro que me vuelve loca desde hace un año.
Sin embargo, no todo el mundo lo entendería. Seguro que muchas personas me tildarían de inmediato con el mal uso de la palabra «pervertida», dirían que leo basura y muchas cosas más, porque así juzgan muchos hoy en día.
Si no lees historias con palabras impronunciables, clásicos, acción o poemas, entonces se supone que estás leyendo basura porque un pretencioso lo dice. Trato de que no me afecten las opiniones de los demás porque la verdad es que amo el romance y punto. Y deliro cuando son sucios y llenos de drama.
—Me gusta leer novelas románticas. —Mi voz suena un tanto tímida—. Leo de todo, pero ahora ese es mi tema favorito.
—¡Qué casualidad! He estado leyendo justo ese género.
Oh, Dios mío. Los ángeles cantan mientras lo iluminan. Apuesto que mis ojos son dos corazones.
—Y admito que me ha cautivado. Primero leí ese romance dulce y soñador con el que las chicas parecen soñar. —Sonríe antes de morder su labio inferior—. Ven, aquí está la cafetería.
Lo sigo casi en trance porque estoy procesando que Drake lee novelas románticas y no teme decírmelo. Me indica que tome asiento mientras le digo lo que quiero y él se encarga de pedir. Me siento y abro los botones de mi chaqueta. Siempre me ha parecido tonto que la escuela sea de uniforme con falda cuando se sabe que el clima de Londres es frío la mayor parte del tiempo.
Mi teléfono vibra con constantes notificaciones. Lo reviso rápidamente y sufro porque, como siempre, debido a la cantidad de notificaciones que recibo, mi batería no suele resistir mucho tiempo. En cualquier momento se apagará.
Bajo mi teléfono y lo guardo mientras veo a Drake acercarse. Se sienta frente a mí sin dejar de sonreír. ¿Qué es lo que le sucede? Parece que tiene alguna noticia que se está conteniendo por compartir.
—¿De qué estábamos hablando? —pregunta.
—Me decías que habías leído una novela romántica muy dulce.
—Oh, sí. Era demasiado dulce, pero me gustó. ¿Sabes lo que descubrí después?
—No. —Estoy demasiado intrigada y hambrienta de más información.
—Primero leí un par de historias dulces, pero luego encontré una novela romántica diferente. —Se inclina un poco hacia delante—. Había sexo.
Veo los labios de Drake moverse de nuevo mientras dice la palabra «sexo». Siento mis mejillas calentarse y él vuelve a su asiento.
—Era un romance con sexo sucio. Oh, espera, Aska. —Hace una pausa—. No debería estar diciéndote estas cosas, lo siento.
—Está bien, puedo entender esas cosas. No soy una niña.
—No eres una niña —repite como si probara las palabras—. En fin, la historia era muy interesante y explícita.
Si era siquiera parecida a la que actualmente estoy escribiendo, no quiero ni imaginar las reacciones de Drake. Por suerte no se trata de mi historia. Sería demasiado vergonzoso.
—Pero no sé cómo va a terminar —finaliza.
—¿Por qué? ¿Te queda mucho por leer?
—No, porque ya alcancé a la escritora.
—¿Cómo? —Las alarmas comienzan a sonar en mi cabeza.
—Es que encontré por casualidad una interesante aplicación. Se llama JoinApp.
Estoy segura de que mi rostro pierde color y solo pueden verse mis pecas. Oh, mi Jesús en tubo, por favor, que haya escuchado mal, por favor, que…
—La descubrí hace poco. Es muy buena. ¿Has oído hablar de ella?
—Muy po-poco, la verdad es que no sé mucho de ella. —Mi voz suena rara y él enarca una de sus cejas—. Creo que deberíamos irnos, parece que va a llover.
—No creo que vaya a llover.
—Yo sí lo creo.
—Debemos al menos esperar a que nos traigan lo que hemos pedido.
Me balanceo en mi sitio queriendo correr antes de caer bajo mi propia lengua. Él, por el contrario, luce muy cómodo admitiendo su nuevo hobby: leer en JoinApp. Las alarmas en mi cabeza me piden que huya antes de que este choque de trenes ocurra.
Estoy segura de que esto tendrá un desenlace que no me conviene lo más mínimo. ¿Adónde quiere llegar Drake? Temo lo peor.
—Bueno, te estaba hablando de esta interesante aplicación. ¿De verdad no la conoces? Si parece que es superconocida, me extraña que tú, que tanto te gusta leer, no aproveches la oportunidad de leer contenido gratuito.
—Paso mucho tiempo leyendo los libros del paraíso Hans. —Mentira.
Aunque me quedan un montón de libros por leer de la superbiblioteca de papá, la verdad es que leo muchísimo en JoinApp. Me encanta descubrir autores nuevos, de cualquier edad, que al igual que yo escriben historias y comparten sus pensamientos con el mundo.
—Te recomiendo la página, es entretenida. Y te recomiendo esta historia que estoy leyendo, aunque quizá te parezca demasiado sucia —prosigue.
«Por favor, para, Drake». Siento que tendré un ataque al corazón en cualquier momento.
—No es mi tipo de lectura —le corto intentando huir de cualquier posibilidad de profundidad de esta conversación.
—Igualmente, déjame recomendarte esta historia, sería bueno que discutiéramos luego qué nos parece.
—Está bien. —Mi voz parece un chillido. Su sonrisa crece y finge redoble de tambores con sus dedos.
—Te recomiendo leer Caída apasionada.
He muerto.
Siento mi rostro calentarse de una manera en la que nunca lo ha hecho.
Por todos los orgasmos que nunca he tenido, esa es mi historia.
Esa es mi sucia historia.
Él me mira fijamente y hay un brillo en su mirada.
Oh, Jesús en short corto. Drake lo sabe. ¿Lo sabe?
Y entonces sucede la mayor revelación del año cuando por el altavoz anuncian nuestro pedido:
—Alas Book H. Su pedido está listo.
—Te atrapé, pequeña escritora —me sonríe Drake.
3
Sueños peligrosos
DRAKE
Veo con asombro cómo el rostro de Alaska pasa por una palidez mortal antes de volverse de un rojo que me asusta. Luego, empieza a inspirar y espirar tan rápidamente que me alarmo al creer que se está asfixiando. Entonces emite un extraño quejido antes de ponerse de pie, tomar la mochila que había dejado a mis pies y salir a toda prisa de la cafetería.
Mierda.
Me pongo de pie rápidamente y agarro nuestras bebidas, olvidando que como se supone eran para tomar aquí no tienen protector, razón por la que me quemo y maldigo mientras dejo caer los vasos con el contenido. La cajera se queja, tomo las galletas envueltas en unas servilletas y corro para alcanzar a Alaska.
La muy tonta está corriendo como si huyera de un asesino. Grito su nombre y se vuelve, pero sin detenerse. Corro para alcanzarla; sin embargo, ella llega a una parada de autobuses y sube a uno de ellos. Disminuyo mi trote al ver que el bus se aleja.
—Oh, no vas a escapar, pequeña escritora. Somos vecinos.
Para poder atrapar a Alaska debo esperar hasta que llega el siguiente bus. No dudo en tomarlo. Va un poco lleno y me quedo de pie tratando de no magullar las galletas entre el jaleo de las personas. El viaje se me hace eterno porque casualmente en cada una de las paradas quiere bajarse alguien, y cuando finalmente estoy a tres manzanas de nuestra residencia, me bajo yo del bus.
Camino hasta llegar a nuestra cuadra, pero antes de entrar en mi casa, me detengo en la casa de los Hans, de la cual proviene una música a todo volumen, lo que me confirma que los padres de Alaska no se encuentren en ella. Pese a la intensidad del sonido, parece que me oyen porque la música se detiene y, segundos más tarde, la mayor de las hermanas abre la puerta.
—Oh, eres tú —dice Alice para luego verme de manera desafiante—. ¿Qué le has hecho a Aska? Ella me ha pedido que te diga que murió y enterramos su cuerpo en algún país extranjero de otro continente. ¿Qué te parece en Colombia o en Guatemala?
Por un momento su pregunta me desconcierta, pero sacudo la cabeza concentrándome en preguntarle dónde se encuentra Alaska.
—Arriba —responde—, pero en serio. ¿Qué le has hecho? Nunca la he visto tan sonrojada y acelerada en su vida.
—He leído sus historias. ¿Sabías que ella escribe?
—Sí, sé que mi hermana se pasa horas escribiendo en su portátil. ¿Ella lo publica?
—Lo hace.
—¿Dónde? Debo leerla, siempre es muy reservada sobre ello.
Y ahora entiendo por qué. No pretendo incomodar más a Alaska. Si ella no desea que las personas de su entorno lo sepan, los demás tendrán que descubrirlo del mismo modo en el que yo lo hice. Siento que esto es una cuestión de confianza y que, por respeto a ella, debo mantener oculto.
—Lo siento, pero le guardo el secreto. ¿En dónde está?
—En su habitación, aprovecha que papá y mamá no están, pero no intentes pasarte de listo —me advierte.
La respuesta que le doy es un asentimiento mientras me dirijo hacia las escaleras. Alice me llama y cuando me vuelvo, sus ojos, que admito que son impresionantes y preciosos, me miran con diversión.
—¿Sus historias son buenas? —quiere saber.
Depende de cómo lo mires: ¿me calenté leyendo escenas de sexo escritas por mi vecina? Sí. ¿Puede hacerte leer escenas rosas sin que te dé diabetes? Sí. ¿Te puede presentar una discusión tan frustrante que quieres entrar en el libro y golpear a todos? Sí. ¿Mata a su antojo y te hace pensar sobre la vida? Sí.
Alaska Hans tiene talento.
—Es muy buena.
—Genial, no esperaba menos de mi hermanita. Ella tiene ese aire de superestrella.
Asiento en señal de acuerdo y subo las escaleras de dos en dos, queriendo llegar hasta la pequeña escritora. Mi familia y la de los Hans han sido vecinas desde siempre, así que conozco esta casa como la mía propia y en consecuencia sé dónde queda la habitación de Alaska porque está justo frente a la mía. Al llegar toco la puerta.
—Déjame —responde.
—Aska, soy yo, tu genial vecino Drake.
—Déjame al cuadrado —se queja.
No puedo evitar reírme y apoyo mi frente en la puerta. Tiene cada ocurrencia… Alaska es encantadora y sus acciones siempre tienen un efecto en mí.
—¿No puede un lector hablar con su escritora favorita? —intento.
—Cállate. Esto es muy vergonzoso —vuelve a quejarse—. Por favor, olvídalo.
—De acuerdo, lo haré. —Cruzo los dedos porque esa declaración es una mentira.
De ninguna manera olvidaré esto. Aunque lo quisiera borrar, me resultaría imposible. ¿Todo ese talento? ¿Sus historias? ¿El sexo sucio y explícito? Sí, todo eso se ha quedado en mi cabeza para siempre.
—Abre y al menos toma mi ofrenda de paz… Son galletas.
Tarda, pero la tentación parece ser más grande que su vergüenza porque la puerta finalmente se abre. Cuando la veo me muerdo el labio mientras me recuerdo que no puedo ver a Alaska de esa manera. Y es que ella es una chica preciosa, demasiado, y no es algo que ignore, razón por la cual ya no estoy tan abierto a conversar con ella con tanta frecuencia como lo hacía antes.
Salgo de mis pensamientos y le extiendo las galletas. Ella no duda en tomarlas mientras parece que intenta evitar mi mirada.
—No hablaremos nunca de esto y no volverás a leerme —sentencia.
Todo lo que hago es mirarla mientras engulle una de las galletas, a la espera de que confirme que olvidaremos todo esto. Sonrío de manera amplia y sus ojos se entornan.
—Hum… No lo sé —termino por responder.
La reacción de Alaska es cerrar la puerta en mi cara, en una clara muestra de lo molesta que está. Suelto una risa y vuelvo a tocar su puerta, atreviéndome a un segundo intento.
—Vete —me dice.
—De acuerdo, solo quiero decirte algo. —Sé que me está escuchando—. Cuando tu chica le haga mamadas a tu personaje, procura que cubra sus dientes, lo olvidaste en tu escena superdetallada del capítulo cinco y temía que le mordiera la polla.
—¡Oh, Dios mío! ¡Solo vete, estúpido idiota!
Sacudo la cabeza riendo aún más mientras bajo las escaleras de su casa.
21 de mayo de 2015
—Pareces muy pensativo, copia mal hecha.
Sonrío sin darme la vuelta para ver a mi gemelo. Él se sienta a mi lado en las escaleras frente a la puerta de nuestra casa. Bloqueo el teléfono para que no sepa que estoy leyendo la historia de Alaska… Una vez más, y no cualquiera, se trata de Caída apasionada, la historia supersucia.
Alaska no ha subido ningún capítulo nuevo desde que la descubrí hace semanas, tal vez ha pasado incluso un mes. Muchos de sus lectores se encuentran preocupados y otros molestos. En mi caso, me siento culpable porque creo que tuve mucho que ver con el hecho de que no volviera a actualizar la historia que gusta tanto.
Mi intención no era cohibirla sobre el hecho de escribir, no pensé que esa sería su reacción. Tampoco pensé que yo sería esta persona que ha releído una vez más todos los capítulos mientras espera a que ella decida de nuevo retomar su famosa historia sucia.
Cada vez me encuentro más intrigado sobre los pensamientos de Alaska. En esa historia no hay nada inocente, el sexo se lee muy real incluso si algunas de las cosas son un poco surrealistas. ¿Estas son las cosas que rondan en su cabeza? ¿Son las cosas que Alaska quiere experimentar? ¿Y por qué rayos me enfrasco en estos pensamientos?
—¿Qué pasaría si…? —comienzo a preguntarle a Dawson después de un rato largo de silencio, pero me callo abruptamente.
—¿Sí? —me insta con paciencia, una cualidad que posee mi gemelo.
No prosigo, pero lo que me preguntaba es qué pasaría si admito que me estoy sintiendo muy extraño acerca de mi vecina unos años menor que yo.
—Nada —termino por responder a mi hermano—. Era una tontería.
—¿Seguro? —pregunta, y yo asiento—. No te creo, pero supongo que me lo dirás cuando sientas que es correcto hacerlo, mi superconexión de gemelo me lo dice.
Eso me hace reír y él despeina mi cabello antes de ponerse de pie. Me avisa de que usará el auto y, en vista de que no tengo ningún plan por el momento, no hago objeciones. De esa manera una vez más me quedo solo con mis pensamientos y desbloqueo el teléfono para continuar el último capítulo que Alaska subió hace un mes. Cuando termino, dejo un mensaje en su perfil, entre tantos, que no es para ella sino para sus locos fanáticos desesperados:
¡Locos! Hay que tener paciencia. Alas no va a abandonarnos, ella tendrá sus razones. Solo esperemos. Cuando vuelva estoy seguro de que lo hará con todo. Alas, si lees esto: siempre contigo.
Presiono «publicar» y sonrío. Dudo que Alaska lea mi mensaje entre tantos, pero al menos espero que sus lectores lo hagan. De verdad, parece que están a nada de volverse locos.
Guardo mi teléfono, alzo la vista al cielo y respiro hondo. Cierro los ojos sintiendo el aire frío contra mi rostro. Hago un repaso en mi cabeza de los trabajos pendientes que tengo y me planteo si debo escribirle a alguna de mis amigas para saber si quiere quedar para un rato de diversión, pero todo ello queda atrás cuando oigo unos pasos acercarse. Al alzar la vista me encuentro con la persona en la que justamente pensaba unos minutos atrás. Ella me da una tímida sonrisa y se sienta a mi lado sin decir ni una palabra.
La verdad es que, desde el día en el que le dije que sabía que escribía, Alaska me ha estado evitando. Lo he tomado como que de verdad no quiere hablar del tema y, aunque no estoy de acuerdo, decido que por hoy fingiré que aquel día no ocurrió. Es la primera vez en semanas que hablamos porque ella quiere y no por casualidad.
—¿Qué hacías aquí sentado? —me pregunta tras un breve silencio.
Muerdo mi labio pensando en qué responderle. Si le digo que releía su historia, seguramente enloquecerá. Pruebo con ir con una verdad a medias.
—Estaba pensando sobre cómo mi vecina me evita —digo.
—No te evito.
—No dije que estuviese hablando de ti, Aska.
Me vuelvo a verla y está frunciendo el ceño. Cuando gira la cabeza, su mirada se encuentra con la mía. De nuevo ahí está la sensación que no debería existir cuando la miro.
—¿Estás molesta conmigo? —pregunto.
—No. ¿Por qué debería estar enojada contigo? —Baja sus manos a sus pies y juega con los cordones de sus Converse—. Si estuviera enfadada, no habría bajado para estar contigo al verte desde la ventana.
Me inclino hacia ella y beso su mejilla tomándola por sorpresa, de inmediato su piel se sonroja mientras sus ojos me miran con curiosidad. Sin duda, es de las chicas más hermosas que he visto nunca.
La veo lamer sus labios y mira hacia el suelo antes de alzar de nuevo la vista e inclinarse hacia mí. Ahora es ella quien deja un suave beso contra mi mejilla y, por unos desconcertantes segundos, siento la tentación de mover mi rostro para que sus labios hagan contacto en otro lugar.
¡Estoy mal! Parece que estoy perdiendo la cordura por culpa de mi vecina menor que yo. ¿Qué carajos me está pasando? Necesito ubicarme y darme cuenta de que no estamos en la misma onda ni en las mismas etapas de la vida.
—¿Quieres ir por un helado, Aska? —pregunto tras ordenar mis pensamientos.
—¿Como cuando éramos más pequeños y me invitabas?
Suena genuinamente entusiasmada y me siento un idiota porque, cuando Alaska dejó de verse como una tierna niña para convertirse en esta chica sexi y despampanante, tomé distancia para proteger nuestra amistad y ser sensato, pero no me di cuenta de que tal vez, al igual que yo, ella extrañaría estos momentos pequeños en donde compartíamos pensamientos y conversaciones.
—Sí, pero ahora tengo más dinero para comprarte un helado más grande.
—Oh… No, de ninguna manera puedo rechazar esa invitación.
Me levanto y estiro mi mano para que la tome, ella lo hace y tiro hasta ponerla de pie. Es más baja que yo y no puedo evitar pensar que esa es la razón por la que siempre he sentido que nuestros abrazos eran perfectos. Me mira con entusiasmo y le devuelvo el gesto.
—Iré adentro por mi billetera. Debemos ir caminando o en bus, Dawson tiene el auto.
—No hay problema. Todo sea por el helado.
Río divertido y le doy una larga mirada antes de espabilar, girarme y entrar en casa a por mi billetera. me acompaña el constante pensamiento de que entre Alaska y yo cada vez las cosas se sienten de manera más diferente. Y no sé si eso es algo bueno.
4 de junio de 2015
Me encuentro sentado trabajando en mi escritorio con el ordenador portátil encendido, analizando el concepto para la publicidad de un cliente nuevo que me pagará muy bien. Por esta razón tardo en notar que han llamado a mi puerta. Digo un «adelante» mientras escribo en el teclado un desglose de los elementos en los que debo centrarme para que esta publicidad funcione.
Estoy demasiado concentrado en la pantalla hasta que unas suaves manos cubren mis ojos. La reconozco antes de que pueda incluso hablar.
—¿Adivinas quién soy? —pregunta con voz ronca.
—Alaska —digo sin duda y con mi respiración un tanto pesada.
La escucho reír mientras sus manos bajan a mi cuello y lo acaricia de una manera que me hace estremecerme. ¿Qué está haciendo?
Abro los ojos. ¡Mierda, mierda! No, no, no. No puede ser. Acabo de tener un jodido sueño con Alaska.
En las últimas semanas parece que he tenido demasiado a Alaska en mis pensamientos, pero nunca lo había llevado a este nivel en donde mi inconsciente me haría soñar algo tan adulto. Me siento avergonzado.
No, no puede pasarme esto. Esto simplemente no puede suceder.
4
Desbloqueo
DRAKE
10 de agosto de 2015
Nadie me dijo que viniera un lunes a una fiesta de chicas de diecisiete años.
¿Quién demonios hace una fiesta un lunes? Y, en serio, este ambiente parece sacado de una película como Proyecto X es una completa locura y admito que también me parece… bastante genial, es algo bueno que esté acompañando a Alaska, lo que me lleva a otro punto destacable:
Nadie me dijo que viniera a cuidar a Alaska.
Pero tuve una conversación con Jack sobre los posibles escenarios inciertos que pueden presentarse en una fiesta y luego, cuando fuimos al programa donde trabaja mi hermano y el de Alaska, reafirmé mi opinión y Jocker, con una mirada muy extraña, cedió porque dijo que le estaba causando dolor de cabeza con todas mis teorías.
Así que de ese modo acabé en la fiesta de diecisiete años de una amiga de Alaska. La misma Alaska que lleva unos pantalones de cuero demasiado ajustados y una camisa traslúcida con un top corto por debajo. Cada vez se hace más evidente que dentro de pocos días ella cumplirá diecisiete años. Que está creciendo.
Y todavía me siento demasiado culpable y avergonzado de mi sueño de hace unos meses. ¿Dice eso que soy una mala persona? No era mi intención. Entiendo nuestras diferencias de edad y la distancia entre nuestras etapas de vida. En realidad no nos separan tantos años, pero aun así está el hecho de que nos conocemos de toda la vida, desde niños…
Sacudo la cabeza, yo tengo diecinueve años, ella cumplirá diecisiete. Necesito calmarme. Me mantengo con la espalda recostada en una pared, observándola interactuar con sus amigos y veo a algunos mocosos devorarla con la mirada. Doy un sorbo al zumo de fresa. Alaska no mentía cuando dijo que era una fiesta sin alcohol.
Mi teléfono móvil vibra y, cuando veo el nombre de Natasha, maldigo porque la olvidé por completo cuando decidí ser niñera no deseada en esta fiesta. Respiro hondo y contesto, esperando que la música me deje escuchar.
—Hola, Natie —tanteo, y hay unos pocos segundos de silencio que me advierten que esto no será bonito.
—¿Dónde se supone que estás? Llevo más de una hora esperándote en mi casa… Sola, como habíamos quedado.
—Tuve un imprevisto.
—¿Por dónde andas? —ignora mi declaración. Puedo intuir que está molesta, pero todavía igual tiene ganas de que nos encontremos.
—Esa es la cuestión, que no estoy yendo a ningún lado —confieso.
Hay unos breves segundos de silencio que no presagian nada bueno. Natasha es una de esas amistades con las que quitarse la ropa es divertido, una con la que estableces límites en donde ambas partes son conscientes de que solo es sexo. Y no hago esa declaración porque quiera jugar a ser el mujeriego, simplemente me baso en hechos en los que descubrí que mis relaciones duran muy poco porque soy un pésimo novio, así que hace mucho tiempo decidí que no forzaría nada.
Si quieres un novio buscas a Dawson y si quieres una aventura me buscas a mí… Y también puedes buscar a Dawson. Sí, mi copia romanticona puede cubrir ambos papeles porque es así de versátil, mientras que yo me enfoco en mi área: sin compromisos, porque como novio soy un desastre total; aunque supongo que, el día que quiera una relación, sucederá, no me asustaré y correré en círculos, solo debo advertirle a la afortunada que no se lleva al mejor partido.
—¿Estás con otra?
—Depende. Quiero decir, no es cualquier chica. —Me giro para alejarme, aunque estoy muy seguro de que ella ya percibió muy claro que me encuentro en una fiesta, aun cuando no sabe que se trata de una fiesta de adolescentes—. No quiero sonar imbécil, pero no somos exclusivos. De acuerdo, soné imbécil, pero es la verdad, Natasha. No me comprometí a algo más que sexo. Lamento haber olvidado mencionarte que tenía planes, estuvo mal, pero eso es todo lo que debo lamentar, ¿verdad? ¿No te estás poniendo rara sobre nosotros?
—Busca a alguien que te la chupe. Jódete. No soy plato de segunda mesa.
Cuelga, es evidente que está molesta y quizá esta era la pista que necesitaba para darme cuenta de que las cosas con ella se estaban poniendo un poco intensas. De igual manera le debo una disculpa en persona, espero no olvidarme de ello. Guardo mi teléfono y vuelvo a la fiesta, pero ¡sorpresa, sorpresa! He perdido a Alaska de mi vista.
Camino hasta su amiga, esa que siempre va a su casa, y por un momento la chica solo me observa, pero luego sonríe como quien sabe un gran secreto.
—Romina, ¿cierto?
—Sí, y tú eres Drake, al menos que seas el otro, no logro ver si tienes los tatuajes.
—El otro se llama Dawson —bromeo—, y, sí, soy Drake.
—Oh, sí, el otro no vigilaría a Alas.
—¿La llamas Alas?
—Eh, sí.
—En fin. ¿Puedes decirme adónde se ha ido Alas? —pruebo el apodo en mi lengua, suena bien, de hecho, Alaska tiene un buen seudónimo.
Y eso me lleva de nuevo a pensar que hace mucho que no actualiza su historia, desde que la descubrí, sus lectores están a nada de caer en la locura debido a su desaparición.
—Rodrerick quería hablar con ella en privado. —Romina sonríe de lado, captando de nuevo mi atención con sus palabras—. ¿Qué crees que querría decirle él en privado?
Si planea decirle en privado lo que yo a su edad quería compartir con mis compañeras de clase, entonces, es mi deber de cuidador rescatar a la pequeña escritora. Así que comienzo a buscar a Alaska y la encuentro poco después debido a los susurros debajo de unas escaleras.
—Vamos, Alaska. ¿Acaso no has besado a nadie? Solo un beso, nena.
—No te creas tanto, no querer besarte no significa que nunca haya besado. Pensé que me dirías algo importante, apártate. —Reconozco su voz, la del infeliz no.
—¿Qué te cuesta darme un simple beso?
—Te apesta la boca, aléjate.
Cuando tenía diecisiete años, Holden nos dijo a Dawson y a mí que no siempre debemos imponernos como un salvador, porque algunas veces algunas chicas tienen el control y saben cómo resolver los problemas; aunque él iba con unos cuantos tragos encima y luego sugirió a Derek, su amigo y compañero de programa, que se tatuara el pene. Por lo que no sé si puedo catalogar como un buen consejo el que me dio en el estado en el que se encontraba.
Así que, pese al estado alcoholizado de mi hermano, tomo el consejo en este momento y me mantengo al margen escuchando a Alaska lidiar con esto. Por el momento lo maneja bien y, si ella me necesita, con gusto haré una intervención en su batalla.
—Dame un maldito beso, Alaska.
—Aléjate… ¡Quita tu mano de mi culo, asqueroso bastardo!
Oigo un quejido y me alarmo, pero justo entonces Alaska emerge de la oscuridad con las mejillas muy sonrojadas debido a la molestia. Entorna los ojos cuando me ve, luego acorta la distancia y me abraza. Le devuelvo automáticamente el abrazo.
—Quiero irme a casa.
—Bien, te llevaré a casa. —El bastardo tocador de culos sale y lo señalo—. Mantén tus manos y cualquier parte de tu cuerpo para ti. Dijo no y espero que lo entendieras.
El tipo comienza a caminar para pasar por nuestro lado y le veo las intenciones de chocar con mi hombro, pero me giro en última instancia y golpea al aire casi perdiendo el equilibrio. Alaska ríe y yo sonrío. No golpeo ni me meto en líos con niños menores de edad, pero si Alaska no hubiese podido con la situación, claramente eso me habría importado poco.
Bajo mi vista hacia ella, que aún me abraza. Ella aclara su garganta y da un paso hacia atrás, saliendo de mi abrazo. Me giro y flexiono mis rodillas para agacharme, apuesto a que se encuentra muy desconcertada.
—Vamos, te sacaré de esta fiesta a caballito.
Ella ni siquiera finge pensárselo, casi me hace perder el equilibrio porque literalmente salta sobre mi espalda mientras se aferra a mi cuello con sus brazos, y sus piernas rodean mis caderas. Su cabello lacio y oscuro hace cosquillas en mi mejilla.
—Corre, caballito —susurra.
Y tengo un grave problema, porque por un leve lapsus olvido que Alaska va a cumplir diecisiete años, que es mi dulce vecina, la menor de los Hans, y que siempre ha sido la chica a la que molesto y protejo, la hermana de mi amigo, pero nunca nada más. Trago con dificultad y me ordeno volver a mí.
Me perdí durante unos breves segundos, pero por suerte todo ha vuelto a su lugar.
Las personas nos miran al pasar y Alaska se despide como si fuera alguna especie de reina en su trono. Una manera bonita de decir que me usa como esclavo para salir con la pose de una reina en una fiesta que no es la suya. La dejo vivir su momento.
Camino hasta mi auto y me agacho para que pueda bajar de mi espalda. Creo imaginar que hay un roce de labios en mi cuello antes de que baje. Quiero creer que lo imaginé.
Ella abre la puerta del auto para mí, gesto que me toma por sorpresa y me hace reír. Esta chica me alegra el día con cada una de sus ocurrencias.
—Pase adelante, caballero que se coló en una fiesta para ser un dolor en el trasero fingiendo ser mi niñera.
—Ese es un largo mote de cariño. Gracias por abrir la puerta para mí. —Subo al auto y me encargo de encenderlo mientras ella lo rodea y sube al puesto de copiloto.
Mi teléfono vibra y pienso que se trata de Natasha de nuevo, pero es Dawson, así que no dudo en contestarle.
—¿Qué sucede? —pregunto.
—Necesito el auto, me llegó una invitación que no quiero rechazar. ¿Hay posibilidades de que vuelvas pronto y pueda usarlo?
—Estás de suerte, voy para allá y me quedaré en casa. Tienes el coche a tu disposición.
—Genial, límpialo si lo dejaste sucio de fluidos corporales.
—Ahora me encargaré de ensuciarlo. Te veo en breve, copia romanticona.
—Nos vemos, copia mal hecha.
Arrojo el teléfono móvil al portavasos y me pongo en marcha. Alaska tararea la canción que suena en la radio.
—Así que… ¿qué pasaba con el imbécil? —pregunto finalmente.
—¿Rodrerick? —Asiento como respuesta—. Nada, pensó que quería compartir una sesión de besuqueo con él. Según sus ojos, yo le envié señales. Le apestaba la boca, no besaré a alguien que tenga mal aliento y mucho menos a alguien que no me gusta—. Me divierte ver su evidente indignación—. Qué idiotas pueden ser los chicos a esta edad.
—Y a veces a cualquier edad, tenemos nuestros momentos.
—Seguro que sí. —Ella ríe repentinamente.
—¿Qué?
—Tomé bombones de chocolate con nueces y me los guardé en el top ¿Quieres?
Aprovecho el semáforo para darme la vuelta y verla justamente cuando mete la mano dentro de su top. Estoy entendiendo bien que Alaska quiere darme bombones de chocolate que guardó en sus pechos, ¿verdad? Esta ha sido una noche extraña.
—Abre la boca, te los daré.
—No creo que sea una buena… ¡Ay! —Me quejo cuando me pellizca y aprovecha para meter un bombón en mi boca. Mastico mientras la escucho reír—. No te quejes si algún día te pellizco yo a ti.
—Hummm, me pregunto en dónde me pellizcarías.
No sé si lo dice adrede, pero trato de ignorar la connotación de sus palabras y no le respondo al respecto. La siguiente vez que me da el bombón, no hay necesidad de pellizcarme; debido a que eran pocos, rápidamente se acaban y luego estamos en silencio. Veo que nos encontramos muy cerca de llegar a nuestros hogares, así que opto por realizar mi pregunta ahora, antes de que pueda perder la oportunidad.
—Aska, ¿por qué no seguiste tu historia?
—¿Qué? —Mi pregunta la ha tomado con la guardia baja.
—No te hagas la tonta, sabes de lo que hablo.
Permanece en silencio y la veo brevemente, está jugando con un mechón de su oscuro y largo cabello. Suspira.
—Me bloqueé. Me dio mucha vergüenza que lo leyeras y cuando intenté escribir de nuevo te imaginaba leyéndolo y me daba de todo. —Alcanzo a ver cómo cubre su rostro con sus manos—. Es demasiado vergonzoso.
—No era malo. Sí, me sorprendió bastante descubrir que esas ideas salieron de tu atolondrada cabeza, pero escribes muy bien. Seguro que hay cosas que debes mejorar, pero en el camino se aprende, ¿no? Y con respecto a todo ese sexo loco, solo algunas cosas parecían muy irreales, puedo darte mi opinión si quieres —le ofrezco con diversión, pero con sinceridad.
—No pretendo hablar de sexo contigo.
Entro en nuestra calle y me detengo frente a mi casa sabiendo que en cualquier momento Dawson saldrá y tomará las llaves del auto. Me giro a ver a Alaska, por suerte aún no baja y no parece querer huir de esta conversación.
—Bien, no hables de sexo conmigo, pero ya pasó lo peor, que ha sido que yo descubriera tu secreto. No se lo he dicho a nadie, ni siquiera a Dawson. —Me encojo de hombros—. Por la manera en la que lo hacías no parece un simple hobby. No te detengas por lo que yo piense, haz lo que quieras, no renuncies a ello. No tienes de qué avergonzarte. Vi todas las personas que te leen y es impresionante.
—Igualmente ya no importa, llevo tanto tiempo sin escribir que mis lectores deben de odiarme.
Parece muy afligida y baja la mirada. Estiro mi mano y tomo su barbilla alzando su rostro para que me mire. Se muerde el labio inferior y me mira como si yo pudiera ofrecerle todas las respuestas del mundo. Ojalá pudiera.
—Mentiras, casi hacen misas en tu honor para garantizar que estés bien —digo, y eso la hace sonreír—. Muchos estarán enojados, pero también habrá muchos felices de saber cómo continúa la historia de Harper y Cody. Y siempre vendrán lectores nuevos.
»Además, ¿no estabas entusiasmada con eso de conseguir quinientos mil seguidores para obtener la publicidad gratis y remuneración? ¡Vamos! Eres la reina de JoinApp.
—No es cierto —dice, sin embargo, me está sonriendo.
—No te miento. No suele gustarme leer y en pocos días lograste que devorara todas tus historias.
—¿No solo leíste Caída apasionada? —Parece muy sorprendida.
Le suelto la barbilla y le sonrío, parece tan curiosa por escuchar mis próximas palabras que me apiado y confieso:
—Antes de llegar a esa historia en concreto, leí las primeras, fui en orden. Eres bastante diversa sobre lo que escribes. Devoré esas historias sin darme cuenta. Confía en lo que te digo.
Por unos instantes no me dice nada, pero luego su sonrisa se torna amplia y sus mejillas se sonrojan mientras sus ojos brillan. Su alegría es evidente y eso me contenta.
—Gracias, Drake. Ahora puedo entender que no lo haces con intenciones de burlarte de mí.
—Mi intención nunca fue burlarme de ti, tal vez debí de abordarlo de una mejor manera, pero mi intención nunca fue esa.
—Ahora lo entiendo. —Muerde su labio y mira hacia sus manos antes de devolver su mirada a la mía—. Gracias por tus palabras, significan mucho para mí.
—No tienes nada que agradecerme y, si algún día necesitas algo de marketing o algún diseño con gusto, te lo haré gratis. Tal vez cuando tu libro salga a la venta, porque seguro que llegarás lejos.
Desabrocha su cinturón de seguridad y se inclina hacia mí presionando sus sonrosados labios, que admito que son perfectos y provocativos, contra mi mejilla.
—Muchas gracias por haber ido a cuidarme, incluso cuando no te lo pedí.
—Soy el protector de Alaska Hans —murmuro, y ella se aleja un poco para sonreírme.
Bien, creo que estamos demasiado cerca y que estamos jugando con un fuego con el que no estoy listo para quemarme.
—Drake, mueve el culo. Voy tarde —se queja Dawson tocando mi ventana y sobresaltándonos.
Con rapidez nos alejamos, desabrochamos los cinturones de seguridad y bajamos del auto. Dawson nos mira de manera sospechosa mientras le entrego las llaves. Sé que él puede notar que el ambiente es raro, pero espero que no lo comente, al menos no ahora.
—Aska, ¿cómo es que terminaste con mi copia mal hecha? —pregunta, al menos no es una pregunta tan grave.
—Cosas de la vida.
—Alice está en casa con Hayley, por si quieres unirte. —Dawson la besa en la mejilla antes de subir al auto—. Hablamos luego, copia mal hecha.
—Seguro —respondo de forma distraída.
Dawson no tarda en irse y me vuelvo hacia Alaska, quien me observa y luego finge no haberlo estado haciendo. Se balancea sobre sus pies.
—¿Quieres entrar en mi casa y reunirte con tu hermana? —pregunto tras unos instantes de silencio.
—No, tengo cosas que hacer en la mía —dice, y luego me mira—. Gracias por lo de hoy, te veo luego, Drake.
—Por la ventana, por ejemplo —bromeo, y ella se sonroja porque sé que a veces me espía.
Me quedo viendo cómo camina hacia su casa. Antes de entrar en ella se gira y parece sorprendida de encontrarme aún de pie afuera, observándola. Alza la mano en señal de despedida y le devuelvo el gesto.
—Buenas noches, Alas.
11 de agosto de 2015
Estoy comiendo avena todavía adormilado cuando Dawson aparece. Me mira brevemente mientras busca una caja de cereales y saca del refrigerador el envase de la leche. Una vez que su espléndido desayuno está listo, toma asiento frente a mí en la mesa.
Estamos en silencio, pero sé que eso no permanecerá durante mucho tiempo, así que decido que para cuidarme las espaldas, prefiero preguntar en primer lugar.
—¿Adónde fuiste anoche? No me di cuenta de cuándo volviste.
—Fui a estudiar con una compañera de clases —responde sin problema alguno.
Y es que, desde siempre, Dawson y yo nos lo decimos todo, entre nosotros no suele haber secretos y él es mi mejor amigo.
—Estudias para ser veterinario, no el cuerpo humano —le recuerdo.
Él comienza a toser cuando se ahoga por reír mientras come, y le sonrío. Pone los ojos en blanco y se encoge de hombros.
—Es verdad que la primera hora repasamos un tema que ella no entendió, pero también es verdad que luego follamos. Somos buenos amigos y ella parece que está conforme con que fuera cosa de una vez.
—Es que tienes una cara tan parecida a la mía que vives conquistando a todas a tu paso.
—Claro, lo que digas, idiota —se ríe—. Ahora, hablemos sobre ayer… Te encontré en un ambiente extraño con Alaska.
—No sucede nada —digo demasiado rápido y ese es mi error.
—Hum, me parece que protestaste demasiado rápido. Además, te conozco demasiado bien, mi querido Drake. ¡Vamos! Dime, sabes que no te juzgaré.
Dejo de comer para pasar las manos por mi rostro. De verdad siento que me estoy ahogando en un vaso de agua porque tal vez estoy haciendo el problema más grande de lo que es.
—Algo extraño me está pasando con Alaska —confieso—. Empezó hace tiempo, por eso tomé distancia, pero ahora parece mil veces peor. No sé qué es lo que pasa.
—¿Te gusta?
—Ella va a cumplir diecisiete años, no parece correcto.
—No te estoy preguntando sobre lo que es correcto, copia mal hecha. Aunque supongo que con eso ya me has dado tu respuesta.
—¿Qué respuesta?
—Solo espera, te darás cuenta con el tiempo de lo que yo ya veo —responde mientras se encoge de hombros.
No pregunto más y eso lo hace enarcar una ceja a medida que me observa continuar comiendo.
—¿No vas a preguntarme? ¿No vas a presionarme para que te cuente qué es lo que veo? —cuestiona. Esta vez soy quien se encoge de hombros.
—No estoy preparado para una respuesta.
—Pobre, copia mal hecha.
—Pobre de Alaska, que tiene que soportar a un vecino como yo. Debería patearme el culo.
—No creo que a ella vaya a ofenderle tener tu atención, es todo lo que diré por ahora.
Lo miro intrigado, pero de nuevo no pregunto. Luego él cambia de tema y me habla sobre cómo Martin, su amigo que no me cae muy bien, parece cabreado porque él se enrolló con su compañera ayer. Su amigo me da mala espina, siempre parece enojarle todo lo que Dawson logra, pero mi hermano, tan bueno como es, se lo deja pasar todo. Le recomiendo que abra los ojos y él le resta importancia.
Termino de comer y subo a mi habitación. Me siento frente a mi escritorio y enciendo el portátil mientras miro mi teléfono y respondo un par de mensajes, confirmo verme con una amiga más tarde y luego aparece una notificación nueva en mi teléfono.
Sonrío ante la notificación inesperada:
Alas Book H. ha subido un nuevo capítulo de Caída apasionada.